Capítulo 4: CONFESIONES Y RECUERDOS.
Paso hacia atrás, voltear la cabeza al lado contrario y pasar hacía atrás el resto del pie. Vuelta, vuelta, espalda hacia atrás doblándola por encima de la cintura unos quince grados. El brazo, posicionado en el lado del último pie movido, extenderlo suavemente y con la misma mano, mientras con la otra es cogida por tú compañero, hacer un giro elegante de media luna y…
_ Deja lo-dijo Robert.
_ ¿Por qué?- dije mientras volvía a reincorporarme con ayuda de Robert, que era mi pareja de baile.
_ No mantienes bien el equilibrio, y tus movimientos son robóticos y forzados – suspiro mientras ponía tres de sus dedos en el tabique nasal, entre los ojos.
_ Lo siento…
_ No importa- dijo alejándose a paso lento de mí, hasta que llego a una banca y se sentó, apoyándose en la pared mirando el techo, como pensativo. Hasta que me miro directamente a los ojos.- Es un chico, ¿verdad?
_ ¿Un chico? Pregunte
_ No me contestes con otra pregunta, por favor.
Me lo quede mirando por varios segundos. Desde que lo conocí en la escuela de interpretación, se había convertido en uno de mis mejores amigos. Aún recordaba cómo nos conocimos…
Era invierno, hacía cuatro meses que había empezado el curso. Yo quería bailar, esa era mi única y verdadera meta en la vida, pero, si sabia interpretar, quizás podría subirme, algún día, en un escenario en Broway bailando y actuando. Eso sería espectacular. Por eso me metí en la escuela.
Había hecho un par de amigas con las que salía de vez en cuando, pero no era de mi total confianza, pero me lo pasaba bien con ellas.
Aún así, un par de semanas después de navidad, se celebraba el día del fundador. Y a mí me toco ir a por el decorado, y con un poco de suerte, iba, lo dejaba y me fugaba de ese lugar para ir luego a mí lugar favorito. Una habitación que había en la escuela con una gran vitrina de cristal, un ventanal que daba al jardín de atrás de la escuela, lleno de árboles, arbustos, yerba y muchas flores, en el centro, un precioso lago. En esa misma aula o habitación, había otra pared, la mitad de grande que la anterior con un enorme espejo, en el que me encantaba bailar delante de él. De esa manera podía ver mis fallos, y mejorarlos.
Y ahí me encontraba yo, encerrada en ese castillo que teníamos por escuela. Abrigadísima. Llevaba puesto unos tejanos largos azul claro, un poco rotos, un jersey blanco de cuello. Encima, un abrigo negro grueso que hacía juego con las botas negras de talón alto. Una bufanda rosa y un gorra a juego, que me había tejido Tomoyo.
Me dirigía, con paso lento, a través de un pasillo de piedra descubierto del piso de abajo. Entre por un portón y empecé a entrar en calor al entrar, al fin, dentro del edificio. Subí por unas escaleras de caracol, hasta conseguir acceder al piso superior. Uno vez allí, me propuse buscar el cuarto de los adornos, pero algo me condujo, sin prestar atención, al cuarto que yo buscaba. Una armónica y una melodía triste. Tan triste, que sin darme cuenta deje que un par de tímidas lágrimas se deslizaran por mis mejillas hasta morir en los labios. Entre, y encima de la repisa de la ventana, un joven se encontraba tocando mientras observaba la luna llena de esa noche. Un chico de pelo negro y ojos azul oscuro como la noche, piel pálida que contrastaba con el polo azul marino que llevaba conjuntado con unos tejanos azul claro y unos botines masculinos de suela gruesa con cordones.
La verdad, es que me sentí totalmente avergonzada al encontrarme con que no podía dejar de mirarle. No solo era…su todo, lo que me invitaba a mirarle, sino también la noche, la melodía…la pálida luz que se filtraba por la ventana reflejándose en el cuerpo del muchacho.
_ ¿Querías algo?- dejo de tocar la melodía que tanto me estaba gustando, asustándome de repente con su pregunta.
_ Na-nada- no me salían las palabras, aún llevaba el susto en el cuerpo.
_ Entonces…lárgate
_ Es…que…-dudé- he venido a por los adornos de navidad, para la fiesta- le expliqué.
_ Y, ¿Por qué antes me has dicho "nada"?-enfatizo la última palabra y por primera vez, me miro
_ Me había asustado.
Cuando acabé de decir esta última frase, él se me acerco muchísimo, tanto que casi podía sentir su respiración. Me cogió por el mentón con su mano y me levanto la cabeza para que lo mirara directamente a los ojos.
_ No entiendo, porque debería asustarte mi presencia.
_ Bue-no, yo no esperaba encontrarte aquí.-le respondí.
Empezó a reírse, soltándome del mentón y echándose hacia atrás para reírse. Me miro por última vez y se marcho.
"Que rarito"-pensé.
Empecé a buscar entre las cajas y demás trastos que había por la habitación, hasta que encontré lo que andaba buscando.
Lo lleve a la sala dónde se hacían los preparativos, los deje encima de la mesa central para que se viera bien. Y con mucho cuidado, me deslice fuera del salón para poder ir a la sala de baile que tanto me gustaba.
Pero antes fui al jardín, escondiéndome detrás de un árbol, mire hacia arriba, agarré una rama y peque un salto para llegar hasta un hueco del tronco del árbol para coger la mochila dónde guardaba la ropa de baile para casos de emergencia, y este, era uno de ellos.
Me dirigí a la clase solitaria que tanto me gustaba, vestida con los zapatos negros cerrados de hebilla con tacón de unos seis centímetros. Con unos calentadores, también negros, cortos. Y un vestido cortó hasta los muslos con unos leguis a juego con todo, también negro, por encima de las rodillas.
Bien, una vez vestida, lista, y totalmente preparada, ahí, delante del espejo...me solté. Vuelta sobre mi propio eje, dejando el pie izquierdo en el mismo sitio y me estiro hacia delante, dejando únicamente el pie izquierdo en el suelo…
Una manos rozaron levemente mis mejillas, poniéndome sobre los ojos un tela que me los tapo. Al principio me puse nerviosa, muy nerviosa. Pero enseguida unas fuertes manos me cogieron de la cintura, el aliento de la persona que poseía esas manos me erizo la piel. El peso de una mano deslizándose por mi pierna levantada me la hizo bajar.
De repente, me giro hacia él, quedando cara a cara con el hombre misterioso.
_ ¿Tienes miedo?
_ Mientras sepas bailar, y no me pises…no, creo que no.
_ Muy graciosa…-su voz sonó a un suspiro.
No sé por cuánto tiempo estuvimos deslizándonos por el parqué de la sala., pero esas manos, ese cuerpo y todos los movimientos me hacían sentir que nada en mis movimientos era imposible, e incluso sentí un poco de vértigo cuando me levanto por arriba de sus hombros, pero aún estando un par de metros del suelo, seguía sintiéndome segura.
Al bajar, me hizo girar un par de veces mientras él tenía entre sus dedos, un extremo del pañuelo que había puesto sobre mis ojos quitándomelo por completo.
Cuando vi al chico…casi me da un ataque, era el mismo que había visto en la sala de los adornos. Nos manteníamos a un par de metros de distancia, uno del otro, sin emitir palabra alguna.
Pero eso daba igual, a pesar de lo mal que me había caído al principio con ese aire de grandeza que había dado, en ese baile, que duro solo unos minutos, me transmitió lo suficiente como para darme cuenta de que podía contar siempre con él.
Ahora, después de cinco años nos encontramos los dos sentados en una banca de nuestro gimnasio particular, muy parecido al que había en la escuela y dónde bailamos por primera vez, allí nos dimos cuenta que: "si nos mantenemos juntos, el mundo estará a nuestros pies" Y así ha sido por varios años. Casi todos, por no decir la gran mayoría menos dos o tres, hemos quedado entre los tres primeros en los concursos. Y siempre hemos recibido muy buenas críticas en la revista Dancing Now, que es la más famosa en el mundo del baile, la número 1. Lo que nos había colocado en los nacionales.
_ Si- conteste al fin- Me parece que es un chico- conteste mientras me encogía, poniendo los pies encima de la banca y cogiéndome las piernas con los brazos, escondiendo la barbilla entre ellas y mirando un punto perdido en el suelo.
_ ¿Es con el que has pasado la noche?
De repente, la sangre me subió a las mejillas haciéndome sonrojar.
_ ¿Creías que no lo sabía?- me volvió a preguntar.
_ No esperaba que fueras tan perspicaz – le conteste.
_ En realidad me entere porque Tomoyo me llamo y me pido que te hiciera de niñera.
_ Sera de carabina- refunfuñe.
_ Como sea-un media sonrisa apareció en su rostro al contestar- aún así tenia que asegurarme con quien pasaba la noche mi mejor amiga
_ ¡Uhm! No soy una cría- crucé los brazos en señal de protesta.
_ Lo sé- me dijo mientras me acariciaba el pelo.
_ ¿Qué tal con Mike?- pregunte mirándolo de reojo. Su caricia paro y se volvía a recostar en la pared.
_ Bueno…aún no tiene clara que sexualidad tiene- una sombra paso por su mirada-así que aún sigue con Cathy.
_ ¿Su mujer?
_ Desgraciadamente, si…
_ Vaya…
Cada par con lo suyo, y en los temas del corazón no se puede hacer nada. ¡Ojala se pudiera decir alguna palabra mágica y solucionar los problemas! Así nadie sufriría. Pero esa palabra, no existe. Y solo nos queda apechugar con los que hay. Aunque nos duela no poder ayudar, realmente, a un buen amigo.
Recogí mis cosas y me dirigí al hotel, para comprobar si Shaoran aún tenía la reserva a nombre de los dos. Pregunté a la recepcionista por él y me dijo que había salido.
Aún…tenía una última oportunidad, ¿no? Y aunque no fuera así, la partida no se da por perdida hasta que no has dejado de intentarlo.
Fui a mi departamento y prepare una pequeña maleta con ropa y algunas…pertenencias, por llamar así a los potinques que me llevaba conmigo. Y de nuevo, de vuelta al hotel.
Y aún no había llegado.
Así que pude colocar todas mis pertenencias en cajones, armarios, y ordenar un tanto la habitación.
Me di una ducha y me arregle, me puse un vestido blanco ajustado en el pecho de tirantes y en un vuelo a partir del mismo lugar, muy corto, pero tampoco demasiado. De zapatos, unos bonitos zapatos marrones de muchas tiras, atados en los tobillos y de un tacón de entre ocho y diez centímetros.
Una vez arreglada me fui del hotel para dar una vuelta por las calles de Tokio.
Y en una de las esquinas encontré un anuncio de lo más interesante.
"Se busca chica que sepa bailar y actuar para obra de teatro. Sera en la oficina Fin de la c/ Paradise, 33, a las nueve de la mañana. Se escogerá de entre todas las que se presenten a la mejor. Mucha suerte."
Apunte la dirección en mi agenda, más abajo del anuncio, ponía la fecha, dentro de dos días seria el casting. Y era mi gran oportunidad para subirme a un escenario y poder, algún día cumplir mi sueño en Broway.
NOTAS DE LA AUTORA:
Y aquí está el capítulo 4^^
Hoy ha sido un capítulo dedicado a Sakura y también a Robert.
Espero que les guste mucho, y en el próximo capítulo… ¡Shaoran y Robert!
Muchísimas gracias a todos los que leyeron los anteriores capítulos, y muchísimas gracias también a quienes leerán este.
Mil gracias.
Atte: Cristina
