Disclaimer: Desafortunadamente sigo sin ser rubia, no soy JKR y Harry Potter no me pertenece.


Conociendo el futuro.

2. En memoria.

Al día siguiente, Lily se despertó esperando que todo hubiese sido un mal sueño. Que esa extraña nota nunca hubiera aparecido en su sala y que todo fuera una cruel mentira. Observó a su esposo que estaba plácidamente dormido. Besó su mejilla y se levantó, sintiendo como una mano tomaba su brazo y la arrastraba de nuevo a la cama; James besó sus labios y acarició su rostro.

- Buenos días – susurró Lily.

- Son mejores si despiertas de esta manera.

- Lo sé – sonrió y salió de su habitación para preparar el desayuno y atender a Harry que ya estaba despierto. James salió gruñendo de la cama para ayudar a su esposa. Ese día sería muy largo; tendrían alguna visita y tendrían que leer ese odioso libro en que le decían como su hijo sufriría sin su apoyo.

Sirius llegó en ese momento, le habían pedido que cuidara a Harry mientras leían el siguiente capítulo; aún no le explicaban nada de lo que había sucedido el día anterior. Le entregaron al niño, y el salió muy contento de poder ejercer su ocupación como padrino, conformándose con la explicación: Lily y yo queremos estar solos.

Se sentaron en la sala frente a la chimenea, esperando que cualquier cosa ocurriera. Unas llamas azules aparecieron, junto con un alto, de tez blanca, al igual que su larga barba, ojos azules escondidos detrás de unas gafas de media luna. Les sonreía amablemente: Albus Dumbledore.

- Buenos días, jóvenes.

- P… profesor.

- Parece que les sorprende verme.

- Así es, en verdad no sabíamos qué esperar.

- Pues aquí me tienen. Creo que sería mejor que comenzáramos a leer el capítulo. Si no les molesta, me gustaría leerlo yo.

- Adelante, por favor, siéntese.

El anciano mago hizo como se le indicó; al levantar el pergamino que contenía el siguiente capítulo, dejó al descubierto que una de sus manos parecía quemada. Lily dejó escapar una expresión de horror.

- Es realmente repulsiva ¿Cierto?

- ¿Qué le sucedió, profesor?

- Son heridas de guerra, mi querida Lily.

- ¿Se encuentra usted bien?

- Temo que no, pero no estamos aquí para hablar sobre mí.

Y leyó:

Capítulo dos: en memoria.

Harry estaba sangrando. Agarraba su mano derecha con la izquierda y maldijo por lo bajo, abrió la puerta de su cuarto y escuchó porcelana rompiéndose…

¿qué dem…?

Miró a su alrededor, el vecindario de Privet Drive…

- ¡Un momento! ¿Qué demonios está haciendo Harry en Privet Drive?

- ¿Qué es Privet Drive?

- Es el lugar donde vive mi hermana, su esposo y su hijo.

- ¿¡Qué!?

- Pues… verán, la noche en que ustedes murieron, Voldemort intentó asesinar a Harry, pero no lo logró, ya que el sacrificio que hizo Lily por él, creó un hechizo tan poderoso, que la maldición asesina rebotó contra el mismo Voldemort, debilitándolo, haciendo que desapareciera por un tiempo; quedando en Harry únicamente una curiosa cicatriz, en forma de rayo y una conexión con Voldemort. – James sintió como la mano de su esposa iba apretando su brazo más y más con cada dato que Dumbledore les revelaba.

- Señor… ¿Desde qué época viene usted?

- Vengo de un poco antes del final del sexto curso de Harry.

- Y… ¿Harry es feliz, Albus?

- En cierta forma, sí. Ha tenido que pasar por situaciones muy difíciles, a lo largo de todos estos años – parecía que Lily quería preguntar algo, pero la cortó – será mejor que continuemos con la lectura.

Harry había pasado la mañana completa vaciando su baúl de la escuela por primera vez desde que la había empacado hacía ya seis años.

- ¿Seis?

- A mí también me sorprende, pero supongo que debió de abandonar la escuela para cumplir su misión.

- ¿MISION? ¿Qué tipo de misión podría tener un muchacho de diecisiete años?

- Nada más y nada menos que destruir al propio Voldemort - contestó Albus, Lily no pudo más y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas; James estaba igual de consternado que ella… Harry, su pequeño hijo, tendría que destruir al más malvado de todos los magos oscuros que habían pisado la tierra.

Ahora procedió un poco más cuidadosamente. Se arrodilló frente al baúl, revisó el fondo y encontró un botón que cambiaba de apoyen a Diggory y Potter apesta, un viejo y roto chivatoscopio, y un guardapelo dorado que dentro contenía una nota con la firma R.A.B. Finalmente se encontró con la superficie filosa que lo había dañado: era un fragmento de un espejo encantado que su padrino muerto le había dado.

En ese momento James no pudo contenerse más, su mejor amigo estaba muerto, dejó salir un aullido y escondió su rostro en el cabello de su esposa, quien lo abrazó y acarició su alborotado cabello azabache, indicándole con un gesto a Dumbledore para que continuara con la lectura.

Le tomó una hora completa vaciar el baúl completamente, tirar los objetos inútiles y apilarlos de acuerdo a si le serían útiles o no. Sus túnicas de la escuela y las de Quidditch, su caldero y la mayoría de sus libros de texto, estaban en la esquina de lo que dejaría atrás. Se preguntó que harían sus tíos con eso, seguramente quemarlos en la oscuridad de la noche, como si fuese evidencia de un terrible crimen. Sus ropas muggle, su capa de invisibilidad, su kit para hacer pociones, algunos libros, el álbum de fotografías que Hagrid le había regalado, un bonche de cartas y su varita estaban en una mochila vieja. En un bolsillo de enfrente, el mapa del merodeador y el guardapelo dorado. El guardapelo no estaba ahí porque fuera valioso – en todos los sentidos era inútil – sino por lo que había significado conseguirlo.

Dumbledore sonrió tristemente ante ésta declaración, significaba que su excursión había sido en vano. La pareja que estaba frente a él lo miraban, esperando alguna explicación.

- Harry y yo emprendimos un viaje a una cueva, donde se supone que encontraríamos un Horrocrux. Esto es un objeto que contiene un fragmento del alma de otra persona. Ese guardapelo era un Horrocrux de Voldemort, el problema es que parece que era falso. Fue lo último que hice en mi vida y fue un desperdicio.

- ¿Señor? Quiere decir que… ¿usted está muerto?

- En mi tiempo sí, lo estoy. Pero antes de morir, se me comunicó que debía cumplir una última misión y aquí me tienen.

- Lo siento mucho.

- ¡Oh!, ya era muy viejo, no me quedaba mucho tiempo de vida.

Harry terminó de leer el reportaje sobre la vida de Albus Dumbledore, en el diario el Profeta. Sintió tristeza, con un toque de humillación. Creía que lo sabía todo sobre su mentor, pero había sido forzado a reconocer que no lo había conocido en lo más mínimo. Nunca se había preguntado por su niñez o su juventud. Solo lo había tomado como lo conocía, venerable y con cabello plateado y viejo. La idea de un Dumbledore adolescente era simplemente rara: era como imaginar una Hermione tonta o una veela fea.

Dumbledore no pudo evitar soltar una carcajada, ¿Esa era la perspectiva de ese muchacho? Vaya, estaba más viejo de lo que había creído. Lily y James solo se veían con cara de estar imaginándoselo joven, sin barba y sin la fama que se había ganado.

Nunca le había preguntado por su pasado; era bien sabida su pelea con Grindelwald, nunca le había preguntado cómo había sido, ni de sus otros grandes sucesos. No. Siempre había sido el pasado de Harry, los planes de Harry, el futuro de Harry… y ahora le parecía a Harry, aunque su futuro fuera tan peligroso, que había perdido momentos irremplazables para preguntarle a este sobre él mismo. La única pregunta que le había hecho y le había contestado, sospechaba que su respuesta había sido deshonesta.

¿Qué ve usted cuando se ve al espejo?

¿Yo? Me veo con un par de gruesos calcetines de lana

Dumbledore soltó un suspiro, y recordó ese momento, sabiendo que su deseo aún no cambiaba en absoluto…

- ¿A qué se refiere con eso?

- El espejo de Oesed; cuando te miras en él, se refleja lo que más deseas con tu corazón.

- ¿Tiene idea de qué veía Harry?

- Si. Se veía él, con ustedes.

Lily rompió a sollozar. Era demasiado para ella no podía soportar saber todo eso. ¿Por qué su hijo tenía que desear tener un hogar? Ellos se esforzaban tanto para darle todo, lo mejor. No era justo que un maniático llegara a arrebatarle eso.

- ¿Cuántos años tenía, cuando encontró ese espejo?

- ¿De verdad quieres saberlo?

- Si.

- Once.

La rabia comenzaba a surgir en Harry, después de leer otro reportaje sobre su mentor, esta vez escrito por la odiosa y repulsiva Rita Skeeter. Las palabras aún resonaban en su cabeza: un capítulo entero a la relación Dumbledore-Potter. Una relación que se dice enfermiza, inclusive siniestra. Harry se sentó en la cama. El pedazo de espejo roto se encontraba lejos de él, lo levantó y comenzó a moverlo entre sus dedos, pensando, pensando en Dumbledore y en las mentiras con las cuales Rita lo estaba difamando.

Un flash del azul más brillante. Harry se congeló. Se lo había imaginado, debía de haberlo hecho. Observó sobre su hombro, pero su pared estaba del color durazno de tía Petunia: no había nada azul que el espejo pudiera haber reflejado. Observó en el espejo, pero solo vio su propio ojo verde observándolo.

Se lo había imaginado. No había otra explicación, lo había hecho por estar pensando en su director muerto. Si había algo seguro, era que los brillantes ojos de Dumbledore nunca volverían a penetrarlo de nuevo.

El pergamino desapareció en las llamas azules. Los presentes esperaron a que aparecieran las instrucciones para recibir el siguiente capítulo; no tuvieron que hacerlo mucho tiempo, ya que nuevamente surgieron unas llamas azules y apareció otro pergamino.

"Este visitante necesita retirarse; recibirán un nuevo huésped el día de mañana, además de que Albus Dumbledore de su época debe de estar presente. Contáctenlo para que pueda estar presente el día de mañana." Y nuevamente las llamas se tragaron el pergamino, pero también al director.