Yo: Harry Potter ME PERTENECE

PEEVES: MIENTES, MENTIR NO ES BUENO, CREO QUE TENDREMOS QUE DARTE UNA PEQUEÑA LECCIÓN SOBRE LA HONESTIDAD…

YO: ¡ACH! VALE, PERO VOY A COMPRARLO.

PEEVES: AMBOS SABEMOS QUE ESO ES IMPOSIBLE SI NO TIENES DINERO.

YO: ¡CALLA! ENTONCES SE LO PEDIRÉ A SANTA, EL PUEDE DÁRMELO.

PEEVES: NO TE PERTENECERÁ JAMÁS, ACÉPTALO.

YO: ERES UN MALDITO, PEEVES. DE ACUERDO, NO ME PERTENECE Harry Potter, PERO ES GENIAL Y ESCRIBIRÉ HISTORIAS SOBRE ÉL PARA ENTRETENERME Y A LA GENTE.

Conociendo el futuro.

La despedida de los Dursleys.

James abrió la puerta, encontrándose con un sonriente Albus Dumbledore. Lo habían traído a la casa, con la escusa de que querían invitarlo a cenar. Lily preparó una deliciosa comida; cuando estaban con el postre, James le comunicó la verdadera razón de que requirieran su presencia.

- Verás, Albus. Hace tres días, Lily y yo estábamos en nuestra sala y unas llamas aparecieron en la chimenea y de ahí brotó una nota que decía que merecíamos conocer lo que estaba a punto de revelársenos y apareció un libro, donde se lee el futuro de nuestro hijo, el problema es que… nosotros estamos muertos.

- ¿Disculpa?

- Así es, profesor, nosotros morimos.

- ¿Y yo qué papel tengo en esto?

- Se nos pidió que lo trajéramos a leer con nosotros, desconocemos los motivos.

- Bien, vayamos a la sala.

Se sentaron a esperar el siguiente capítulo; unas llamas verdes aparecieron.

Profesor Dumbledore, su presencia es requerida para que usted pueda estar consciente de algunos sucesos que ocurren en su futuro, además de ayudar a comprender algunas de las cosas que se incluyen aquí.

Dumbledore quedó pensativo imaginando que podría ser lo que tendría que explicar. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por nuevas llamaradas verdes. Una linda pelirroja, de ojos azules salió de ellas.

- Hola, soy Ginny Weasley.

- Hola, somos Lily y James Potter.

- Yo soy Albus Dumbledore.

- ¡Oh! Sí, lo sé, profesor, usted fue un gran director.

- Me halaga, jovencita.

- De nada, profesor.

- Y bien… ¿Tú quién eres?

- ¡Cierto! Soy la novia de Harry.

- ¿La…? ¿La novia?

- Sí, así es.

- Disculpa que me sorprenda, Harry apenas tiene un año, ¿Sabes?

- No hay problema, señora Potter. ¿Le importaría que comenzáramos con la lectura?

- En absoluto.

La despedida de los Dursleys.

¡Oye, tú!

¿Sí?

¡Siéntate! – Harry alzó las cejas – por favor.

Harry se sentó. Sabía lo que estaba por venir. Su tío estaba dando vueltas por la habitación.

He cambiado de parecer.

¡Qué sorpresa!

No uses ese tono – comenzó tía Petunia.

Lily soltó un gruñido, Dumbledore la miró con curiosidad.

- Mi detestable hermana, enseñándole "modales" a mi hijo.

- Vaya, ¿Por qué Harry terminó con ellos?

- No tengo ni la menor idea.

Harry suspiró, todo el verano habían tenido esa misma discusión.

Todo es una sarta de mentiras. He decidido no creer nada de esto.

Y aquí vamos de nuevo – murmuró para sus adentros.

Según tú, nosotros (Petunia, Dudley y yo) idiotas, soltó Lily. Estamos bajo amenaza…

Por alguien de mi lote. Exacto.

No lo creo.

Pasaron un buen rato más discutiendo, Vernon creía que Harry quería quedarse con la casa, el tuvo que decirle que ya tenía la casa de su padrino y explicarle que Voldemort podría alcanzarlos en ese momento.

Una vez que cumpla diecisiete, el hechizo protector que me mantiene seguro se romperá, y también los expone a ustedes. La Orden está segura de que Voldemort intentará capturarlos, ya sea para torturarlos para intentar averiguar dónde estoy o porque piensa que al mantenerlos retenidos iré e intentaré rescatarlos.

Después de explicarle a Vernon (quién estaba obstinado en seguir creyendo que el gobierno, en este caso el Ministerio de Magia, era quién mejor podría ponerlos a salvo), que se creía que el Ministerio estaba infiltrado, seguía dudando.

- De acuerdo, tres cosas: ¿De qué hechizo protector está hablando? ¿Por qué Voldemort persigue a Harry? ¿Y por qué demonios Harry iría a rescatarlos si Voldemort los tuviera cautivos? ¡no me malinterpreten! No es que no me preocupe por mi hermana, pero ¿Por qué él?

- Pues… Cuando tu y James… murieron – le costó decir esa última palabra – tu lo hiciste protegiendo a Harry, así que cuando Voldemort quiso matarlo, no pudo, porque tú te sacrificaste por él; el hechizo rebotó contra el mismo Voldemort, que perdió sus poderes y Harry quedó únicamente con una cicatriz. Voldemort persigue a Harry porque, según una profecía, solo uno de los dos podrá sobrevivir mientras el otro permanezca en la tierra. Y Harry iría a rescatar a sus tíos porque es un terco y tiene complejo de héroe – Lily gruñó.

- Eso es tan Potter.

Harry explotó y apuntó al televisor:

¡Estos accidentes no son accidentes! Los choques, las explosiones y todo lo demás que está pasando desde que vimos las noticias. La gente muere y desaparece y él está detrás de esto. Se los he dicho, mata muggles por diversión. Incluso la niebla, es causada por dementores y si no recuerdan qué son, pregúntenle a su hijo.

- ¡Un momento! ¿Por qué deberían preguntarle a su hijo?

- En el quinto curso de Harry, unos dementores lo atacaron cerca de su casa, tuvo que defenderse y casi lo expulsan del colegio.

- ¡Increíble!

- Pero cierto.

Gracias a que Dudley tenía pavor a los dementores y que él decidió seguir a los de la Orden, los Dursley aceptaron la oferta. La despedida fue, en muchos aspectos, incómoda. Dudley quería saber por qué no iría con ellos, a donde iría. Además de una extraña despedida de Petunia, que pareció querer decir algo a Harry en el último momento, pero no lo hizo.

- Aquí termina ese capítulo.

- Así que… Petunia si quiere a Harry.

- Eso parece.

- Vaya eso es… inesperado.

- Sí, pero en cierta forma es bueno.

En ese momento las llamas verdes devoraron el pergamino, dejando una nota que decía: La señorita Weasley permanecerá a lo largo del resto de la lectura, ya que ella proviene de un tiempo previo a esto.

Ginny se mostró un poco nerviosa, pero rápidamente recobró la compostura, preguntando si podrían alojarla ahí por el tiempo en que permaneciera en esa época, a lo que Lily respondió que no la dejarían quedarse en ningún otro lado.