Hemos hablado, pero yo me hacía pasar por otra persona. Hablábamos bastante, pero luego, vi que eso no era algo bueno. Porque así, ¿qué iba a ganar? Era algo que no podía saber, entonces, dejé de entrar a ese correo. Pero hoy sentía algo diferente, y entré a ese correo. Para mi sorpresa, él estaba conectado. El corazón empezó a latirme a mil por hora. No quería que estuviera conectado, porque ¿qué le iba a decir? No tenía cómo empezar una conversación. Pensé en desconectarme, pero luego no, mejor me quedo conectada pero no le hablo.

- Hola, a los años – me escribió él. Me quedé helada, en una pieza. ¿Ahora qué hago? Pensé para mí misma.

- Hola, ¿Qué tal? – Pude teclear, mientras las manos me traspiraba.

- Bien, y tú ¿Cómo estás? – Me preguntó. ¿Cómo estoy? Nerviosa, ansiosa, triste, feliz, todos los sentimientos encontrados, pensaba.

- Bien, también – le respondí

- Ah, oye y ya que está de moda las bodas, ¿ya te casaste? – Me preguntó, de repente. Me quedé en una pieza, ¿Me estaba preguntando si ya estaba casada? No lo podía creer, pero luego sacudí todos mis pensamientos e ilusiones que estaban por venir, porque él esto se lo estaba preguntando a otra chica. Sacudí la cabeza, y me acordé que antes cuando habíamos hablado, le comenté algo de que me iba a casar. No podía romper la farsa. A parte, cuando dijo eso de que estaba de moda, lo decía por una "amiga" de ambos que se acababa de casar. Y en una oportunidad, él me dijo que había estado enamorado de ella. Me lo dijo, pensando que yo era otra persona. Cuando me dijo eso, sentí furia, traición. Pero, tenía que fingir. Aparte, yo ya me sospechaba algo. Porque luego de que termináramos, él empezó a parar a todas partes con ella. Y ella cambió mucho conmigo. Aunque, hablando por chat, él me aclaró que nunca había pasado nada entre ellos, porque ella estaba con otro, el que ahora es su esposo. Tenía que fingir.

- Ah, sí. Hasta con hijo – le contesté y solté una risita. Más loca no puedo ser pensaba, mientras seguía sonriendo.

- Mentirosa, no te creo que te hayas casado. A ver, muéstrame una foto de los tres – me dijo. Y me quedé ¡plop! ¿Y ahora? ¿Qué foto le muestro? Me quedé pensando, tal vez sería bueno buscar una foto de una artista o modelo desconocido. Pero, ¿cómo lo encuentro rápido? No tenía mucho tiempo – ¿Viste? No te has casado. No hay foto… Y ya lo hubiese sabido – me dijo él, al ver que yo no respondía. ¿Ya lo hubiese sabido? ¿Cómo podría saber eso? Pensé muy confundida, entonces me rendí.

- Ok, lo admito. No estoy casada, ni con hijo – le dije.

- Y eso, ¿por qué? – Inquirió él.

- Porque no creo mucho en el amor – le respondí.

- Ya veo… Pero ya lo harás – me dijo. Suspiré.

- No lo sé – le contesté, sincera.

- La gente está que se casa bien joven – me dijo, distrayendo mis pensamientos que ya se estaban sumergiendo en el pensar en si me voy a casar o no. Suspiré. A seguir el juego pensé.

- Sí, pues. Y lo peor es que es por amor, ni siquiera por hijos – le dije. Pues, la "amiga" se había casado por amor, no porque vaya a tener un bebé.

- No es lo peor, es lo mejor. Es lindo casarse enamorado, ¿no crees? – Me dijo, y me quedé pensativa. ¿Por qué me movía tanto hablar con él?

- Sí, tienes razón – Confesé. A seguir la farsa, pensé – Y tú, ¿ya te casaste? – Le pregunté, como quien no quiere saber.

- Aún no, pero ya quiero – me dijo. Y me acordé cuando ambos éramos enamorados. Soñábamos con casarnos, cuando yo tuviera 23 y él 25. Y ¡Qué curiosidad! Yo estaba a unas semanas de cumplir 23 y él está a unos meses de cumplir 25. Me quedé impactada. Ya quiere casarse, entonces, ya debe haber novia.

- ¿Y qué te impide? – Le pregunté.

- Que no encuentro a la persona ideal – me respondió. Oh vaya, ¿estaba tratando de sacar plan conmigo? O mejor dicho, ¿con la chica que yo inventé? ¡Increíble! Bueno, tan inventada no estuvo. Porque mucho de mi personalidad había ahí, pero no creo que él me conociera tanto.

- Bueno, y eso ¿por qué? – Le pregunté.

- Es que creo que no hay chica para mí. O no estoy hecho para ninguna chica – me dijo y me entristecí. No signifiqué nada en su vida. No fui chica para él.

- Ah, eres muy exigente – le dije, adivinando. O mejor dicho, asegurando.

- No es eso, es difícil de explicar – me dijo. Y de nuevo con ese secreto, que nos hizo terminar. O al menos, eso creo.

- Bueno, ten paciencia. Analiza tus relaciones anteriores y por ahí ya la encontraste o te sirve para que aprendas. Ya la encontrarás – le dije, con algo de ilusión de que sea yo. Pero no podía ilusionarme, ¡Ahí! Mi corazón es tan tonto. Nos quedamos unos minutos, sin decir nada.

- ¿Y tú? ¿Ya la encontraste? – Me preguntó de repente. Me agarró desprevenida.

- ¿A quién? – Le pregunté, haciéndome la tonta.

- Ahí pues, a tu persona ideal – me dijo y me quedé pensando en qué responderle. No sabía qué decirle. Me quedé pensando por unos segundos antes de… - ¿Tú crees que no sé quién eres? – Me dijo de repente. ¿Qué? Me quedé ¡Plop!

- No te entiendo – le dije, la verdad, siendo sincera.

- Sé quien eres. ¿Crees que voy a hablarle a una persona desconocida así por así? Siempre supe quién eras – me dijo, y sentí que todo el mundo se me vendría encima. ¿Esto significaba que se iba a alejar? – Admítelo, dime quién eres – me pidió, o mejor dicho me exigió.

- Ok, lo admito. Me atrapaste, soy yo – le dije, reconociendo al fin, lo que tanto me costó decirle.

- Bien, ahora dime tu nombre. Porque ese nombre no es el tuyo – me dijo, refiriéndose al nombre que tenía en mi Nick.

- Exacto, ese nombre no es mío… Pero dime tú el nombre – le reté, para ver si realmente sabía que era yo.

- No, dímelo tú. Quiero que me lo digas tú, porque tú te has cambiado de nombre – me volvió a exigir. Me quedé pensando. ¿En serio sabía qué era yo?

- Tú dices saberlo, tal vez no lo sabes. No puedo decirte mi nombre, dilo tú. ¿Tanto te cuesta? – Le encaré. Se demoró en contestar.

- No me cuesta decirlo, pero quiero que seas tú quién lo haga – me aclaró.

- Ajá, no sabes quién soy entonces – le dije.

- Que sí sé quién eres. – me dijo. Y sonreí, porque sabía que él hablaba así, cuando renegaba – Ya dime, quién eres – añadió, y sentí cólera. ¿Qué pasaba si le decía mi nombre y no era yo quién él pensaba que era? Me iba a destruir, me iba a derrumbar. Porque, eso significaría que ya no significo nada para él.

- Basta ya, ¿vale? – Le dije, y no sé por qué le puse el 'vale' como si fuera de otro país.

- ¿Vale? – Se dio cuenta él – ¿Acaso estás en otro país? – Me preguntó. Suspiré, porque me estaba empezando a ilusionar y eso no quería.

- No estoy en otro país, sigo aquí – le respondí.

- Dime tu nombre pues – dijo él – Mira, te voy a dar dos opciones – me empezó a decir, y me recosté al espaldar de la silla. Esperando lo peor, que más ya no podía haber – O me dices tu nombre, o te borro – me sentenció. Me quedé mirando a la computadora por unos segundos, ¿cómo era posible que él me dijera eso? Mi corazón ya se había empezado a ilusionar con la idea de que él aún me amaba, pero con esas opciones pensé que no debía de ser así.

- Tú y tus opciones, nunca cambias – le dije, mientras una lágrima quería salir de mis ojos. Pero no lo dejé, no podía llorar. No otra vez.

- Esas son mis opciones – me recordó – Estoy cansadito, quiero irme a dormir. Por favor, apúrate – añadió.

- Yo también estoy cansada. Mañana tengo que ir a trabajar y tengo que terminar un trabajo – le dije. Le iba a decir lo de mi madre, pero decidí no hacerlo. ¿Acaso vendría a consolarme? No lo creo.

Pasaron unos minutos, que fueron larguísimos. Le mandé un correo, diciéndole que lo sentía mucho, pero que no podía decirle mi nombre. Que le llamara miedo, no lo sé. Podía ser, pero simplemente no podía. Y aceptaría su decisión de borrarme de su msn. Y pasaron unos segundos, antes de que:

- Veo que ya tomaste tu decisión. Veo que opción tomaste – me dijo por msn.

- Te acabo de pasar un correo – empecé a decirle – lo siento, no puedo decirte mi nombre – añadí.

- Ya veo. Veo que opción decidiste – empezó a decir él, mientras las lágrimas querían brotar de mis ojos. Ya no iba a poder hablar con él, de nuevo – Pero, no te voy a borrar ni a eliminar de mi msn – me dijo, y me quedé helada. ¿Qué? ¿Por qué hacía eso? No lo entendía – Bueno, me despido. Chau, cuídate – finalizó.

- Chau – fue lo único que pudieron teclear mis dedos. Porque aún estaba en shock. No me borró de su msn. Se desconectó, y yo también hice lo mismo. Me fui a mi cama, sorprendida por lo que acababa de pasar. Todos los recuerdos cayeron sobre mí. Lo felices que habíamos sido juntos, o al menos así fue para mí. No las detuve más, y dejé que las lágrimas salieran de mis ojos. Y llorando, me quedé dormida.

---- ESTE ES OTRO CAPITULO MAS… GRACIAS A LOS QUE LEEN MI HISTORIA…. ¿QUE SEGUIRA? DEJEN COMENTARIOS, SON BIENVENIDOS… SALUDOS ----