Al día siguiente, no podía creer todo lo que había pasado el día anterior. No tenía ganas de levantarme. Pero tenía que hacerlo, debía que ir a trabajar. Me metí a la ducha, y mientras me bañaba, dejé correr las lágrimas por mi rostro. Definitivamente, su regreso había impactado en mi vida. Me cambié, me maquillé para tapar las ojeras que se me habían formado. Maquillando mi tristeza. Tomé sólo una taza de café, no tenía mucha hambre. Luego, fui a ver a mi madre. Quien aún estaba con ese dolor, pero ya menos que el día anterior. Estaba echada en su cama, le di un beso en la frente – Hola, cariño – me dijo ella, siempre tan cariñosamente – Hola, mamita. ¿Cómo sigues? – Le pregunté, con una media sonrisa. No quería que ella supiera lo que me estaba pasando, se preocuparía y eso no era bueno en su estado de salud. Ella sabía lo mucho que amé a Robert, y sabía que aún sentía algo por él. Pero no quería que supiera lo que había pasado, porque ella al toque se daría cuenta de que aún me afecta – Sigo con el dolor, pero algo menos que ayer – me dijo, acariciándome el rostro – Ya te vas a poner mejor. Sólo ten paciencia, ¿sí? – Le pedí, acariciando su frente – Ok, hija. Gracias por ser tan buena, te quiero mucho – me dijo, aún acariciando mi mejilla. En ese momento, sentía que las lágrimas iban a salir. Pero las contuve como sea, mi madre no podía verme mal – Yo también te quiero, y es mi obligación velar por ti – le dije – Ahora, eres como mi hija – añadí, en tono de broma. Ella sonrió pero no mucho, porque le ocasionaba dolor – ¿Necesitas algo? – Le pregunté, antes de retirarme – No, cielo. Estoy bien. Si algo se ofrece, llamo a una de tus tías. No te preocupes – me respondió – Ok, mami. Me voy al trabajo, cualquier cosa me llamas. Te quiero – le dije y le di un beso en la mejilla – Yo también cariño – me dijo, mientras me daba la bendición. Salí del cuarto, y me apoyé en la puerta. Respiré profundamente un par de veces, y luego me encaminé hacia mi trabajo.

Debo admitir, que mi cerebro sólo estaba concentrado en Robert. Pienso en él a cada rato, quiero que aparezca y me diga que aún me ama. Y que volvamos a estar juntos. Pero luego, me invade la realidad. Y la distancia que hay entre nosotros, es algo más que dos simples distritos. Había algo que él nunca me había dicho, y no podía obligarlo a que me contara.

Regresé a mi casa, y estuve con mi mami. Cuidándola, amándola y rezando para que se recuperara rápido.

Llegó el fin de semana, y mi prima Ximena quería distraerme a toda costa. Vino corriendo al dormitorio de mi madre. Yo estaba ahí con ella, conversando de diferentes temas – Jen, ¿estás muy ocupada? – Me preguntó ella. Volteé a mirarla, y le hice una pequeña mueca – Estoy cuidando a mi mamá, ¿por qué? – Le respondí – Porque necesito que me acompañes a un lugar – me pidió – No puedo Xime, pregúntale a Tatty – le sugerí. Tatty era mi prima menor, hermana de Ximena, linda ella también – Justamente, ambas queremos que nos acompañes – me dijo – ¿Y a dónde? – Le pregunté. Dudó unos segundos antes de responder, creo que no quería que supiera mi mamá – Al cine y a otro lugar – me respondió – Anda hija, tienes que divertirte también… No te esclavices – me dijo mi madre. La última parte, lo dijo en tono de broma. Sonreí – ¿Estás segura? – Le pregunté – Sí… Es una orden – me dijo. La miré concierto recelo, pero sonreí – Yo no soy la hija, soy la madre – le dije. Sonrió un poco – No lo creo. Aquí yo sigo siendo la madre, así que vaya a divertirse – me ordenó. Asentí y salí del dormitorio – Gracias tiita – le dijo Ximena a mi madre, mientras le daba un gran beso y salía detrás de mí. Cuando estábamos fuera del dormitorio, encaré a Ximena – Ok, dime la verdad – le dije. Ella sonrió – Mira, la verdad es que, Tatty quiere que la acompañemos a ver a su novio. Ya sabes que su mamá no sabe y la mataría si se entera – me recordó. Puse los ojos en blanco – Bueno, también quien le manda a tu hermana a tener novio tan chibola – le dije – Ahí por favor, sólo tiene 14 años. ¿Acaso tú no tuviste novio a esa edad? – Me inquirió – Bueno, la verdad no – respondí con toda sinceridad. Me miró atónita – ¿Qué? – Inquirió. Sonreí un poco al ver su cara, es que era muy chistosa – No tuve novio a esa edad pues, ¿qué quieres que haga? ¿Tú tuviste novio a esa edad, acaso? – Le pregunté, y luego sonreí porque sabía la respuesta – Ahí, por favor. Claro que sí los tuve, hasta tú me tapabas, ¿no te acuerdas? – Me encaró – Bueno, sí… Esos tiempos, cuando éramos unas adolescentes – le dije. Ella soltó una risotada – Ahí, como si estuviéramos tan viejas. Tú sólo vas a cumplir 23 y yo tengo 20 – me dijo, sonreí – Bueno, ya, dale. Vamos a acompañar a tu hermanita con su primer amor – le dije. Me dio un abrazo – No te escapas, ¿a qué edad tuviste tu primer novio? – Me preguntó, puse los ojos en blanco, otra vez. A Ximena no se le escapaba nada – A los 17 – le confesé. Puso los ojos como platos, y soltó una carcajada. Le di un codazo – No te rías – le dije entre risas – Ahí, prima. Eras una loser – me dijo Ximena – Oye, no se te ocurra volver a decirme así – le dije, mientras le da un coscarrón en la cabeza. Ella se sobó la cabeza, aunque el golpe no fue muy fuerte – Au, eso duele… Y bueno, dime ¿quién fue el afortunado en ser tu primer enamorado? – Me inquirió, y me puse seria. Me di la vuelta y empecé a caminar, para buscar a Tatty. Ximena me siguió corriendo – No me digas que… ¿el mongolo de Robert fue tu primer enamorado? – Me dijo, casi preguntando. Suspiré y asentí – Ok, no toquemos más el tema – me dijo, mientras me pasaba su brazo sobre mis hombros – Gracias – le dije. ¿Cómo era posible que después de tanto tiempo, Robert me siguiera afectando? En fin, fuimos a buscar a Tatty – Listo, Jen nos va a acompañar – avisó Ximena – Gracias, primita… Ximena no quería estar sola y casi no me acompaña – me dijo Tatty, sonreí – Eres una mocosa agrandada – le dije, mientras la abrazaba.

Salimos rumbo al malecón. Nos encontramos con Louis, el enamorado de Tatty. Lo saludamos, y los dejamos solos – Sólo una hora – dijo Ximena, algo seria. Había que demostrar autoridad ante el muchacho – Pero… – empezó a decir Tatty – Pero nada, se ha dicho una hora y punto, ¿entendiste? – Dije yo, con la voz un tanto elevada. Tatty asintió, y yo le di una sonrisa a la que ella correspondió. Se acercó a despedirse de nosotras – Lo hacemos por tu bien. Te apoyamos, pero no abuses – le susurré, cuando se despidió de mí – Gracias, son lo máximo. Les agradezco mucho por todo – nos dijo ella y se fue con Louis. Ximena y yo nos fuimos por un parque que había cerca. Nos sentamos y cada una se sumergió en su propio mundo. Fue un largo momento en silencio – ¿Lo extrañas bastante verdad? – Me preguntó de repente Ximena, me sacó de mis pensamientos, debo admitir. Hice una mueca, no deseaba responder a eso, en verdad – No es necesario que respondas, se te nota – me dijo ella. Volteé a mirarla, algo sorprendida – ¿Tanto se me nota? – Inquirí, asustada. No quería que todos supieran que seguía enamorada de un imposible – La verdad, lo ocultas muy bien. Pero conmigo no puedes, te conozco demasiado bien – dijo Ximena – Tanto, como tú a mí – añadió. Sonreí, ¡Cuánta razón tenía Ximena! Nos conocíamos demasiado bien – Sí, lo extraño y demasiado… Pero, tengo que olvidarlo – dije, en un suspiro – Deberías hablar con él – me dijo. Agaché la mirada – ¿Qué pasa? – Me preguntó. Alcé la mirada, mirándola a los ojos – Hay algo que debo contarte – admití, y le conté todo lo que había pasado en el msn con Robert. Cuando terminé, Ximena estaba boquiabierta, casi sin respirar – Di algo – le dije, ya me estaba asustando con esa cara – Te, te, te encaró – dijo en un tartamudeo, que daba risa. Sonreí por su actitud – Waw, y no te borró como dijo que lo haría si no le decías tu nombre – añadió – Ajá, y eso es lo que más me confunde – admití – Es obvio que sigue enamorado de ti – me dijo, dándome esperanzas. Sacudí la cabeza – No, no digas tonterías. No quiero que mi corazón se ilusione con falsas esperanzas – dije. Mi prima linda me abrazó – No son falsas, ya lo verás – me dijo, dándome ánimos – Como digas, cambiemos de tema – sugerí, y hablamos de otras cosas sin importancia. Decidimos bajar a la playa, estábamos en sandalias. Nos la sacamos y caminamos por la orilla – Ya vengo – me dijo Ximena – ¿A dónde vas? – Inquirí, pero ya se había ido. Ximena era así, impredecible, única.

Suspiré y seguí mirando el mar – Que hermoso – dije, contemplando las olas – Es más que eso – dijo alguien. Reconocí esa voz, pero pensé que era fruto de mi cabeza. La sacudí – No seas loca – me dije a mí misma – ¿Qué? – Preguntó la voz. Me negué a voltear, mi corazón estaba latiendo a mil por minuto 'No, no puede ser' pensaba para mí misma – Hola, Jen – dijo la voz y decidí voltear. Era él, era Robert, mi Robert. Me quedé helada, sin palabras. Parecía que estaba viendo a un fantasma, pero era mejor que eso. Aún conservaba su belleza, ese rostro perfecto. Su cabello castaño claro, brilloso y liso. Me vi en sus hermosos ojos verdes, me había olvidado la vitalidad que había en ellos. Su nariz hermosa y perfecta. Y sus labios, esos labios que los míos probaron tantas veces, seguían igual de bellos. Sentía que las rodillas me iban a fallar. Tomé un gran sorbo de aire. Vi como él sonrió, esa sonrisa tan perfecta, propia de él – Hola – alcancé a decir, bajando la mirada – ¿Cómo estás? – Me preguntó él – Bien, gracias, ¿y tú? – Le inquirí, sentía el temblor en mi voz pero no dejé que él lo notara – Bien, también – respondió con otra sonrisa. Creo que se dio cuenta de mi lucha para que no notara el temblor de mi voz. Rayos, me conocía bien – y ¿qué haces por acá? – Le pregunté. Respiró profundamente antes de responder – Siempre paro por acá, me sorprende verte a ti por acá – me dijo. Y me acordé que cuando estuvimos, paseábamos por esta misma playa. Pero, había cambiado, le habían añadido algunas cosas. Por eso, no la reconocí – No reconocí la playa – admití – Vaya que ha cambiado – añadí. Él sonrió – Así es, pero no ha perdido esa esencia, ¿te acuerdas? – Me inquirió. Lo miré sorprendida, ¿por qué me hablaba con tanta naturalidad? Cómo si no hubiese habido daño alguno y no hubiesen pasado tantos años – Sí, claro. Tienes razón – Le respondí. No podía seguir junto a él, puesto que ya no me amaba. Y no era sano para mí, estar ahí hablando con él, amándolo como aún lo amo – Bueno, me tengo que ir. Te cuidas, adiós – le dije y empecé a caminar – Espera – me dijo él. No me hagas esto, pensé. Mi corazón no puede ilusionarse con falsas esperanzas. Volteé para encontrarme con su hermoso rostro – Dime – le dije. Me quedó mirando, sin decir palabras. ¿Por qué se quedaba callado? Agachó la mirada, parecía sufrir o algo así – Adiós – me dijo. Me quedé helada, mi corazón ya se había ilusionado con que él diría algo, que nos haría volver. Pero ¡qué tonta de mí para pensar eso! Sentí cólera, fruncí el seño y me mordí el labio. No debes amarlo, pensé – Adiós – alcancé a decir y me encaminé hacia no sé dónde.