Disclaimer:
Yo: ¡He teñido mi cabello rubio, tengo una tarjeta de crédito y habló inglés británico! ¡Ahora sí! ¡Harry Potter es mío!
Abogado: JKR es la única rubia, multimillonaria e inglesa que es dueña de HP.
Yo: ...
Conociendo el futuro.
El testamento de Albus Dumbledore.
Ron y Hermione durmieron en la sala. Ron insistió que Hermione se quedara en el sofá, mientras él dormía en el suelo, junto a ella. No pudieron recobrar el sueño rápidamente esa noche; los sucesos de los días anteriores seguían siendo muy frescos y tenían imágenes muy vívidas cada vez que cerraban los ojos. Gritos, hechizos, desesperación, miedo. Las tumbas de Tonks, Lupin y Fred.
Hermione dejaba que las lágrimas corrieran silenciosas por sus mejillas. Había sido demasiado en muy poco tiempo. Ron se percató de eso y se sentó a un lado de ella, secando las lágrimas con pequeños y tiernos besos; Hermione soltó una risita y enroscó sus brazos alrededor del cuello del chico, enterrando su rostro en su pecho. Ron devolvió en abrazo, acariciando su cabello y susurrándole palabras de consuelo. Cuando logró tranquilizarse, recostó su cabeza en el pecho de su novio, al igual que una de sus manos, cerrando los ojos, logró quedarse dormida.
Ron, por el contrario, seguía mostrando resistencia. Fred… Le dolía demasiado. Sabía que su familia no volvería a ser la misma sin él. Sus bromas a su madre sobre su verdadera identidad, su forma de animarlo, todo lo que significó a lo largo de los años. Suspiró y apretó un poco más a la chica en sus brazos, y logró esbozar una sonrisa.
Se había dado cuenta de que era especial desde el primer momento en que la vio en el Expreso de Hogwarts, por más de que él lo negara. Lo había embobado con su forma de expresarse y sus ansias por saber y demostrar que sabía. Su primer año los había unido, pero no se imaginaba hasta qué punto llegaría a querer a la niña con pelo enmarañado. En su cuarto curso comenzó a notarla desde otro punto de vista; llegando a su sexto curso, cuando entendió que estaba enamorado de su mejor amiga. ¿Y qué decir de su año en busca de los Horrocruxes? Esos celos sin sentido que sentía por la relación de Harry y Hermione, hasta que entendió que era únicamente una hermandad.
La amaba. De eso no había duda, y era muy feliz a su lado, todo parecía perder peso junto a ella. Era la pequeña luz en su oscuridad. Haría cualquier cosa por ella; no importaba el precio, mientras ella fuera feliz. Besó su frente y luego depositó su mejilla en ese lugar, cerró los ojos y luego no supo nada.
El día comenzaba tranquilamente en la casa Potter. Ginny y Sirius se encontraron en el pasillo y se dieron los buenos días, aún un poco soñolientos. Bajaron las escaleras, silenciosamente. Ginny estaba a punto de entrar en la cocina, cuando Sirius la tomó del brazo; levantó la mirada para ver una sonrisa esbozándose en sus labios y señalaba con un dedo a la sala, donde se encontraban Ron y Hermione… abrazados. Ambos intentaron contener la risa, luego los cucarían por eso. Se sentaron en el antecomedor de la cocina, esperando. Nadie más bajaba y Sirius comenzaba a exasperarse.
- Debemos hacer algo, Sirius – ese comentario desconcertó completamente a Sirius.
- ¿A qué te refieres?
- A cambiar el futuro.
- Cosas horribles sucederían.
- No lo creo… Mira, no me juzgues loca; pero tengo el presentimiento de que sería lo correcto por hacer.
- ¿Estás segura?
- Sí, creo que es algo que debe ser cumplido.
- Hablaremos con Dumbledore.
- Bien.
- James entró a la cocina, aún soñoliento y comenzó a preparar el desayuno, Sirius lo observaba, divertido.
- ¿Desde cuándo cocinas?
- Desde que Harry grita a estas horas de la mañana.
- ¿Harry está aquí?
- Sí, Padfoot no pudo llevárselo anoche, creo que tenía una cita – Sirius sonrió, tristemente - y es Luna Llena.
- Iré a verlo – gritó, emocionada, saliendo de la habitación.
- James… ¿Con quién salí, anoche?
- ¿Con quién más crees? Espera… ¿Ya no están juntos?
- Doce años en Azkaban no son fáciles de superar.
- Pero, yo creí que ella te habría esperado.
- Y lo hizo – un nudo se ató en la garganta de Sirius – y murió.
- No, no puede ser – exclamó, sorprendido, anonadado, triste; después de todo, ella también era su amiga.
- Al igual que tú, Lily, yo...
- No puedo creerlo.
- Lo sé, yo… no lo soporto, yo debí haberla salvado, no pude, me tenían encerrado en la casa de la arpía.
- ¿De tu madre?
- Sí, la usamos como cuartel general y no me dejaban salir.
- No había nada que pudieras haber hecho.
- Yo debí salir a rescatarla, James.
- ¿Solo? Porque sabes que nadie te hubiera apoyado.
- No, no podría haber ido solo.
- Entonces no fue tu culpa - Sirius soltó un suspiro, James imaginaba como se sentía, porque él sentiría lo mismo si le prohibieran ir a rescatar a Lily – Anda, comamos.
- Sirius sonrió, sólo James lograba sacarle una sonrisa cuando se sentía tan deprimido. La mañana siguió igual que todas las demás. Y llegó el momento de leer el siguiente capítulo. Se acomodaron en la sala, esperando que las llamas inundaran el lugar; en su lugar, un gran destello cegador apareció.
Un muchacho, no muy alto, de cabello negro revuelto y ojos verdes destellantes se encontraba frente a ellos, con un bebé en los brazos, lo abrazaba protectoramente. Parecía intranquilo y sorprendido de verlos ahí. Parecía querer decir algo, pero las palabras no salían de su boca. De pronto, pareció serenarse, como entendiendo algo.
- Ahora sí, increíble. Voldemort no pudo, pero un golpe en la cabeza sí. Maldita sea mi suerte.
- ¿Eh? – preguntó Ron, atrayendo la mirada del joven.
- ¿Ron? ¿Qué haces aquí? ¿También te moriste tú?
- ¿Morirme? ¿De qué hablas, Harry?
- Claro, ¿Qué no lo ves? Aquí están mis padres y Sirius y Dumbledore…
- Harry, solo regresamos en el tiempo, no estamos muertos – le dijo Hermione, despacio, mientras el color del rostro de Harry se desvanecía - ¿Acaso no te dijeron nada?
- No.
Continuó observando a su alrededor, viendo a los presentes y sintió que la felicidad comenzaba a llenar su corazón, rematando en una cabellera pelirroja y de ojos cafés, con un niño en los brazos, con ojos y cabello iguales a los de él.
- Ginny – susurró, antes de acercarse a ella y besar su mejilla, ella lo miraba extasiada, como si no hubiera nada mejor que él. Se miraron a los ojos, transmitiéndose todo lo que pensaban con esa mera mirada.
- Te extrañé – murmuró. Harry la abrazó con amor, delicadeza y sin querer dejarla ir, sin querer separarse de ella nunca jamás. Una pequeña tos tras él, le recordó que no estaban solos… y un poco a Umbridge.
- ¿No piensas saludar a tu padrino muerto? – preguntó Sirius, ofendido.
- ¡Sirius! – exclamó, corriendo a darle un abrazo, cuidando que el bebé que tenía en brazos no se cayera. Se sentía completamente feliz, como hacía meses que no se sentía. Se sentía completo, las lágrimas estaban en sus ojos, luchando por no salir – Lo siento, fue mi culpa, no debí haber hecho caso a Kreacher, fui un estúpido, yo…
- ¡Hablas demasiado! Mira, quiero presentarte a alguien – lo puso enfrente de sus padres, que lo miraban, extasiados – Harry ellos son tus padres.
Se quedaron así un momento, viéndose, simplemente examinando cada detalle. James sonrió y atrapó a su hijo en un abrazo, que le devolvió, gustoso; nada se comparaba con esa sensación, de tener padres, de saber que te aman a pesar de todo. Se separó de su padre, para voltearse a enfrentar a su madre, que estaba bañada en lágrimas; ella se acercó, poco a poco, a Harry, con la mirada fija en su cicatriz. La delineó con su dedo, luego acarició su mejilla y lo abrazó. Harry no logró retener algunas lágrimas, así que escondió su rostro en la cabellera de su madre.
Los que observaban la escena, sonreían. Sabían que Harry merecía esa dicha, después de todo lo que había hecho y sufrido. Se separaron después de un buen rato, se vieron a los ojos, los mismos ojos.
- Así que… Voldemort ¿Eh? Dicen que lo derrotaste.
- Uh… sí, no fue nada…
- ¡¿Nada?! – exclamó Ron – Nada es ser un elfo doméstico, esto es una hazaña, Harry.
- Ron tiene razón, esto es… - empezó James.
- Colosal – terminó Sirius.
- ¿Alguna vez pensaste en ser escritor? – preguntó Harry, Sirius negó con la cabeza – Podrían utilizar tus palabras muy bien en el profeta.
- ¡Estás demente! – Harry rió, luego se puso pensativo.
- ¿Qué hacemos aquí?
- Leemos un libro sobre nuestra aventura cazando Horrocruxes.
- ¿Hay un libro?
- Sí.
- Eso suena interesante.
- Pues, deberíamos empezar a leerlo – le preguntó Hermione. Harry se sentó junto a Ginny, con ambos niños en los brazos - ¿De quién es ese niño, Harry?
- Es Teddy – respondió con una gran sonrisa.
- ¿Está tan grande ya?
- Un año, exactamente. Estábamos en casa de su abuela, celebrando su cumpleaños, cuando aparecimos aquí, después de golpearme la cabeza.
- Uh… ¿De quién es hijo? – preguntó Sirius, confundido.
- ¿A quién se parece? – Sirius lo examinó. Tenía el cabello azul eléctrico y los ojos color miel.
- ¡NO!
- ¡Sí!
- Creí que era imposible.
- ¿De qué me perdí? – preguntó James, confundido, buscando la respuesta en su esposa, pero ella parecía estar en la misma situación.
- Remus y Tonks – respondió Harry, con una gran sonrisa.
- ¡NO! – repitió James.
- ¡Sí! – respondió Sirius, emocionado.
- ¡Tenemos un sobrino!
- Otro – corrigió Sirius.
- ¿Eh?
- Yo… uh…
- ¡SIRIUS BLACK! ¡¿TIENES UN HIJO?! – toda la sala explotó en la misma frase. Nadie lo sabía, era un secreto.
- Sí – admitió.
- ¿Cómo? ¿Con quién? ¿Quién es? ¿Cuántos años tiene? – le bombardeó Harry.
- Cómo, creo que sabes cómo, Harry – Harry se ruborizó – con quién, yo estuve casado, hasta… bueno, hasta Azkaban, donde terminé con ella.
- ¿La terminaste o te terminó?
- Yo terminé con ella, no sabía cuando saldría de ahí, no podía atarla de esa manera tan cruel… y, aún así, ella iba a verme a la prisión. Un día dejó de ir, y pensé que se había cansado de mí, así que intenté olvidarla. Cuando escapé de Azkaban, la busqué como Canuto y la encontré; ella llegaba de hacer las compras, llevaba muchas bolsas y me vio, se quedó pasmada y tiró lo que traía en sus manos, yo ya me iba, cuando se abrazó a mi cuello, entramos a su casa y… y me enteré de que tenía un hijo de doce años.
- ¿No lo sabías?
- No. Ella nunca me lo dijo, por eso dejó de ir a Azkaban. El es un muchacho alto, ojos grises, sonrisa muy amplia, como su madre – sonrió al recordar la hermosa sonrisa que ella solía darle a él y solo a él – Damián White, es un año menor que tú, Harry.
- ¿El es tu hijo? – preguntaron Hermione y Ginny, incrédulas, con aire soñador.
- Tienen la misma cara que las chicas cuando nos miraban en nuestros años de Hogwarts – comentó James, recibiendo un golpe de Lily y haciendo que las chicas se ruborizaran.
- Es el encanto Black.
- Ya caigo, por eso dijiste que White era nuestro apellido cuando vinieron Prongs y Moony.
- Sí; Daisy nunca fue muy creativa.
- Así que se llama Daisy.
- No realmente, usó ese nombre desde que entré en Azkaban, para evitarse problemas y todo eso.
- Vaya… nunca lo imaginé – Sirius sonrió levemente, luego propuso en voz muy alta.
- ¡Leamos!
El testamento de Albus Dumbledore.
Iba caminando por el camino de una montaña. Lejos, había una sombra de una pequeña ciudad. ¿Era el hombre al que había visto ahí, el que necesitaba tanto que él podía pensar en tan pocas otras personas, el hombre que tenía la respuesta a su problema?
¡AY! ¡Despierta! – Harry divisó a Ron; la cicatriz le dolía – estabas murmurando dormido.
¿Ah, sí?
Sí; 'Gregorovitch' solo decías eso.
¿Quién es Gregorovitch?
Tú eres el que lo repetía.
Harry no podía descifrar quien era el tal Gregorovitch, solo sabía que Voldemort lo buscaba y que tenía algo que ver con el Quidditch.
Como sea, feliz cumpleaños.
¡Cierto! – se recordó Harry, sacó su varita - ¡Accio Lentes!
Sirius y James lo veían con una gran sonrisa, pero Lily se limitó a decir:
- Muy maduro, que bien que ya eres mayor de edad.
- ¡Uno no cambia de la noche a la mañana, Lily! – no podía, simplemente no podía llamarla mamá, sería demasiado doloroso. Al parecer a ella le dolió que le llamara así, pero es que simplemente no podía; rápidamente agregó – además de que me sentía libre.
- ¿Y con un accio te sentiste mejor? – preguntó Sirius, con sorna.
- Pues… sí.
Ron le regaló una copia de "Doce formas de encantar a una bruja". Los señores Weasley le regalaron un reloj; cuando la señora Weasley comenzó a alegar que no era nuevo, Harry se limitó a abrazarla, diciendo todo lo que no podía expresar a su 'Madre postiza' como la llamaba, secretamente.
Ante esto, Lily, comenzó a derramar lágrimas por sus mejillas, nuevamente. Harry sintió un vuelco en el corazón, así que se levantó y se acercó a ella, secando sus lágrimas y abrazándola, la miró a los ojos y le dijo:
- Nunca me he olvidado de ti. Todo lo que hice fue por ti y por papá, ustedes fueron la fuerza que me impulsó a seguir y a no caer en la oscuridad. La señora Weasley me trató como un hijo desde mi primer año, cuando me regaló un suéter tejido para Navidad, como al resto de sus hijos. Pero jamás te reemplazaría, por nadie.
- Oh, Harry – dijo su madre, abrazándolo nuevamente, con la barbilla apoyada en el hombro de su hijo le susurró – estoy tan orgullosa de ti, de todo lo que has logrado, de ser quien eres. Y te amo, no importa que no seas mi pequeño bebé de un año, porque simplemente eres tú.
Harry se quedó con las palabras ahogadas en la garganta, mientras algunas lágrimas escapaban por sus ojos. Su madre besó su frente.
Hermione le dio un Chivatoscopio nuevo. Bill y Fleur le regalaron una rasuradora. Y Ginny, bueno, el regalo de Ginny fue el que más le gustó.
Harry le arrebató el libro de las manos a Sirius, con la cara tan roja, como el cabello de su madre.
- Harry quiere a Ginny, Harry quiere a Ginny – comenzó a canturrear, provocando que la chica también adquiriera el color de su cabellera en la cara.
- ¿Qué te regaló Ginny? – preguntó su padre, con curiosidad. Ron sonrió maliciosamente, era hora de vengarse por besuquearse con su hermana.
- Oh, nada interesante – Harry se volvió hacia él, sabiendo lo que se proponía, en su cara se leía el terror – unos cuantos besos, fue todo.
- Harry y Ginny, sentados bajo un árbol, besándose – seguía Sirius.
Por la noche, se celebró la cena de cumpleaños de Harry, donde todos los Weasley (excepto Percy), Tonks, Remus y Hagrid asistieron. El señor Weasley aún no llegaba, mientras que su esposa comenzaba a impacientarse. Estaban por empezar sin él, cuando llegó, diciendo que el ministro de magia iba en camino. Tonks y Remus se fueron rápidamente.
Cuando llegó el ministro, llamó a Harry, Ron y Hermione para hablar aparte. Comenzó a interrogarlos acerca de qué tan cercano eran a Dumbledore. Ron cometió el error de decir que no era muy cercano a su difunto director, cosa que Scrimgeour no dejó pasar por alto. Leyó el testamento en voz alta, donde heredaba su deluminador a Ron, su libro de "Leyendas de Beedle el Bardo" a Hermione y la espada de Godric Gryffindor a Harry, además de la primera Snitch que atrapó.
Ésta última provocó un poco de controversia, ya que creían que tenía oculto algún mensaje de Dumbledore; cuando Harry la tomó y nada pasó, el ministro se exaltó. Harry comenzó a retarlo, sobre hacer su trabajo correctamente. Después de una discusión, el ministro se fue.
Los tres examinaron sus herencias en el cuarto de los chicos, encontraron que la Snitch tenía grabadas unas palabras. 'Me abro al cierre' pero no les dijo nada.
Ahí terminó el capítulo, desapareciendo por completo entre llamas escarlata.
¡¡Holaaa!! ¿Qué les pareció el capítulo? ¡Harry por fin apareció! Junto con Teddy ¿Qué opinan? ¿Y qué hay del hijo de Sirius Black y su misteriosa esposa? ¡Dejen Reviews!
PD: ¡Gracias a todos por leer!
