– ¿Ella viene con nosotras? – Preguntó Ximena, distrayéndome de mis pensamientos. Al parecer, la idea no le agradaba para nada – Sí – respondí sin más explicaciones. Ximena miraba a Suzanne con recelo, no le quitaba la mirada de encima – Es lógico que tu prima me odie. Pero me intimida su mirada – me dijo Su – No te odia – fue lo único que le dije. Tatty se dio cuenta, y jaló a Ximena hacia adelante. Su y yo, nos quedamos caminando detrás de ellas. Caminamos en completo silencio.
Llegamos a mi casa. Tatty y Ximena, se metieron a su casa – Nos vemos – les dije – Así será – me respondió Ximena, aún seria – Tu casa ha cambiado bastante – me dijo Suzanne, rompiendo el silencio – Eso pasa cuando dejas años en venir – le contesté. Ella me dio una sonrisa, a la que correspondí – Toma asiento – le dije, cuando estábamos en mi sala – Ya vuelvo. Voy a ver a mi mami – le dije – Espera… Voy contigo – me dijo. La miré sorprendida – Quiero ver a mi tía – añadió. Suzanne le decía tía a mi mamá, de cariño. Mi mamá, al igual que yo, había tomado bastante afecto a la familia de Rob. Pero, principalmente, se llevaba mejor con Suzanne. Era como su otra hija, se preocupaba por ella también. Su y yo éramos como hermanas. Cuando pasó lo que pasó, a mi madre también le afectó. Entramos al dormitorio de mi madre, estaba con los ojos cerrados. Pero en cuanto escuchó nuestros pasos, los abrió – Hola madre – le dije. Ella me miró, y luego miró a Suzanne. Le dedicó una sonrisa – Hola, hija. Suzanne, ¡qué milagro por aquí! – Le dijo. Suzanne sonrió, avergonzada – Vengo a ver a mi tía enfermita – le dijo, mientras se sentaba a su lado en la cama. Le dio un beso en la frente, mi madre con su mano le acarició el rostro – Te alejaste sin explicaciones. Te extrañe mucho, sobrina – le dijo mi madre. Suzanne se abrazó de ella, muy fuerte – Lo sé tía. Yo también las he extrañado un montón. Pero tuve que alejarme – le dijo Suzanne – ¿Tuviste? ¿Por qué? ¿Por tu hermano? – Le inquirió mi madre. Cuando dijo 'por tu hermano', sentí que mi corazón se partía en dos – Mejor las dejo solas – les dije. Suzanne me miró, al toque – No te vayas, Jen. Por favor, quédate – dijo Su – Tengo cosas que explicarles a ambas – añadió. Suspiré y me quedé. Me senté al otro lado de la cama de mi madre. Ella me tomó de la mano, sabía que este momento era muy duro para mí. Sabía lo mucho que había sufrido, por no saber las verdaderas razones por las que ella se alejó de nosotras – Ok, hija. Prosigue – le dijo mi madre a Su. Ella le dedicó una ligera sonrisa – Sí, fue por mi hermano – admitió ella. La miré desconcertada – Pero, tú siempre me dijiste que tu hermano no iba a interferir en nuestra amistad – le recordé y mi madre asintió – Lo sé, pero Rob… – empezó a decir. Cuando dijo Rob, el corazón me dolió – me exigió que dejara de verte – confesó. ¿Qué? ¿Por qué hizo eso? – Y ¿por qué te exigió eso? – Preguntó mi madre, leyéndome la pregunta en el rostro – Porque, yo paraba hablando de Jen en mi casa – respondió ella – Y él no quería escuchar tu nombre – me dijo. Di una ligera sonrisa, estaba nerviosa y consternada – Es difícil de entender, lo sé. Pero mi hermano es capaz de saber lo que pienso, con sólo mirarme – dijo Su. Empecé a reírme con más fuerza – Típico de ustedes. Siempre decían eso – le dije, mientras no paraba de reírme. Mi madre apretó mi mano, y dejé de reírme – Continúa – le dijo mi madre a Su – El punto es que, mi hermano amenazó con irse lejos si no dejábamos de mencionar a Jen – prosiguió Suzanne. ¿Qué? ¿Tanto le afecté? No podía creerlo. Puse los ojos en blanco – Mis padres no querían que él se aleje de nosotros. Ya que él dijo que, si se iba, no volvería a comunicarse con nosotros – continuó – Que niño – dije, algo enojada. Su soltó una ligera sonrisa – Mis padres me pidieron que me alejara, porque no querían perder a un hijo. Y Rob sí estaba dispuesto a hacerlo, lo conocemos bastante bien. Como él a nosotros – dijo Su – Y si yo le engañaba, diciéndole que ya no te veía pero seguía frecuentándote. Él lo iba a saber, nos conocemos demasiado bien – prosiguió Su. Di un suspiro – Ok, entiendo… Pero, ¿por qué ahora decides regresar? – Le pregunté. Me miró fijamente – Te he extrañado mucho, Jen. Las he extrañado bastante – dijo ella – Y sé que mi hermano también. Aunque, él tiene sus prejuicios – añadió. No le tomé importancia a lo último que dijo. No le permití a mi corazón ilusionarse – Él llegó a casa, y no pudo ocultar que te había visto. Se le notaba en la mirada, era obvio – dijo ella – ¿Qué? – Inquirió mi madre. Di un suspiro – Lo vi en la playa, hoy. Hace unos minutos – le conté – Así es. Tuvo que contarnos lo que había sucedido. Y yo, me armé de valor – dijo Suzanne – ¿Armarte de valor? – Inquirí. Siempre pensé que Su había sido valiente, admiraba eso en ella – Ajá, me le enfrenté y le dije que si te había encontrado, es porque era fruto del destino – dijo Suzanne, y la miré sorprendida – y que yo no pensaba volver a alejarme de ti… Que si él había soportado todos estos años e iba a seguir soportando, bien por él. Pero que yo, ya no podía más. Y necesitaba a mi mejor amiga, de nuevo. Por eso, salí a buscarte y te encontré, por suerte – dijo Suzanne, agarrando mi mano. Me quedé pensativa. Rob podía seguir viviendo sin mí por muchos años más, mientras yo cada año me hundo tristeza – ¿Me dejas regresar a tu vida? – Me preguntó Suzanne. No lo dudé ni 2 veces, extrañaba y necesitaba mucho a mi mejor amiga – Claro que sí – le respondí. Ella se paró y caminó hacia donde yo estaba, y me abrazó por la espalda – Las he extrañado mucho – nos dijo, abrazándome y dando la mano a mi madre – Nosotras también – dijo mi madre. Luego de tanta reconciliación, nos pusimos a conversar sobre la situación de mi madre – Tía, le estaba diciendo a Jen, que mi madre tiene un remedio natural para combatir los cálculos – dijo Suzanne – Gracias, cielo. Pero, ¿crees que tu madre querrá decirnos su secreto? – Preguntó mi madre. Su sonrió – No creo que le moleste revelar ese secreto – dijo, como si hubiese hecho alguna broma – Pero, en todo caso, puedo decirle que te prepare uno, tiita – sugirió – Eso estaría bueno – dije – Así no revelaría su secreto – dijo mi madre – Con tantos que tienen – dije. Suzanne me miró sorprendida por mi comentario, y yo le sonreí para evitar cualquier confusión y/o discusión. Ella me devolvió la sonrisa – Bueno, entonces no se diga más. En cuanto llegue a casa, pediré a mamá su receta. Si es posible la obligaré – dijo Suzanne, sonriendo. Ella era así de bromista, y mi madre siempre se la creía – Hija, no te vayas a poner malcriada con tu mami – le dijo mi madre, y Suzanne se echó a reír – Ahí, tiita. ¿Cómo crees que la voy a obligar? Qué poco me conoces – dijo Suzanne, y mi madre se encogió de hombros – Mami, ¿necesitas algo? – Le pregunté a mi madre, después de tanto rato que habíamos estado ahí. Que despistada que soy, eso debí preguntarle desde un principio – Nada, cariño. Antes de que llegaran, tu tía Angie me atendió – respondió ella. Le di una sonrisa, que buena es mi tía Angie. Es la mejor hermana que mi madre puede tener. Bueno, todos sus hermanos son buenísimos, pero mi tía Angie, es con quien convivimos todos los días.
Pasamos una noche muy agradable, Suzanne se quedó a cenar. Me ayudó a preparar la dieta para mi mamá. ¡Cuánto había extrañado a mi mejor amiga! La recontra quiero, ¿cómo era posible que Robert la haya obligado a alejarse de mí? La verdad, si él quería eso, pues que lo hiciera él sólo. ¿Por qué jalar a su familia en esto, también? Encima había amenazado con irse, y que no supieran más de él. De niños. Me estaba decepcionando un poco más de él.
Era la hora en que Suzanne ya se iba a ir – La pasé muy bien, Jen. Cuánto te he extrañado – dijo Su. Le sonreí – Yo también te he extrañado, lokis – le dije, mientras le daba un fuerte abrazo – Mañana vengo con el remedio para mi tiita – dijo ella, devolviéndome el abrazo – Ok, te esperaremos – le dije y nos despedimos.
Pasé el resto de la noche con mi madre, conversando de todo lo sucedido – Esa chica es muy linda. Que bueno que se enfrentó a su hermano – dijo mi madre – Ajá – fue lo único que pude responder. No deseaba hablar ni mencionar a Robert. Mi madre se dio cuenta de ello – Esperemos que Sally le de la receta a Suzanne – dijo mi madre – sé que lo hará – respondí convencida. Mi madre acarició mi rostro – Aprecias bastante a esa familia, ¿verdad? – Inquirió ella. Asentí – Siempre fueron buenos conmigo – respondí. Mi madre me dedicó una leve sonrisa – Sí los recuerdo. Siempre tan atentos, buenísimas personas – empezó a decir – Qué bueno que hayan regresado a nuestras vidas – añadió. Le devolví la sonrisa – Tienes razón – le dije – Sólo esperemos que a Robert no se le ocurra volver a acercarte a ti – dijo ella, algo enojada. La miré confundida – No me des esa mirada. Sabes que tengo razón en lo que digo – dijo mi madre. No entendía nada, no tenía pensado volver con Robert. Sabía que eso era algo imposible – No pienso volver con él – le aclaré. Mi madre dio un suspiro – Eso espero. Mira que prohibirle a su hermana verte y a toda su familia, amenazándoles con una niñería – dijo ella. Ahora yo daba un suspiro – Mamá, no tengo ganas de hablar de él – le dije. Mi madre sólo asintió. Luego, me fui a dormir a mi camita. Me puse el pijama y me tiré en mi cama, mirando al techo, sumergida en mis pensamientos. De pronto, mi celular sonó. Reconocí el timbre, era de mensaje de texto. No tenía ganas de leer, y me di la vuelta y me quedé profundamente dormida.
