Disclaimer: Nada de lo que reconozcan es mío.
Conociendo el futuro.
Capítulo 10.
En la sala de los Potter había una reunión muy particular, donde pasado y futuro convivían. James, Lily, su pequeño hijo Harry Potter, además de su ya crecido hijo que estaba acompañado del pequeño Ted Lupin. Ginny y Ron Weasley, junto con Hermione Granger y Sirius Black. Moony, Padfoot y Feline, además del profesor Dumbledore.
Unas llamas grises inundaron la sala y un nuevo capítulo apareció. Esta vez se notaba más grueso que las veces anteriores y no había ninguna nota que indicara nada más.
La boda.
Ese día, Harry tomó poción multijugos, para poder hacerse pasar por 'el primo Barny'. La madriguera se veía espléndida. Harry se sentía un poco incómodo, pues el chico muggle de quien habían tomado el cabello era un poco más ancho que él.
- Claro que era más ancho que tú, ¡Un palo estaría más ancho que tú! – dijo Lily.
- Estás exagerando – le respondió Harry, con una gran sonrisa.
Fred, al notar eso, comentó:
- Cuando YO me case, les ahorraré todo esto. Podrán usar lo que quieran y le hechizaré a mi madre hasta que acabe todo.
Hermione comenzó a llorar largo y tendido, Ron la abrazaba, pero parecía que estaba en la misma situación. Todo el mundo, excepto Harry, los observaba, extrañados.
- ¿Qué sucede? – preguntó Sirius, temiendo lo peor.
- Fred… bueno, él murió el día de la batalla final.
- ¿Qué? – la voz de Ginny se quebró en su garganta y sus ojos se llenaron de lágrimas. Harry tomó su mano y secó una de las lágrimas que caían por las mejillas de la chica.
- Lo siento, Gin – la pelirroja se abrazó a él con fuerza.
Comenzaron a llegar los invitados y los chicos a recibirlos. Lupin y Tonks llegaron, disculpándose por haberse ido tan repentinamente de la fiesta, gracias a la política anti-hombres lobo del ministerio, Harry les aseguró que estaba bien, Lupin sonrió un poco, pero cuando se volteó, Harry pudo observar que su expresión volvía a la miseria.
Moony bajó un poco la cabeza, Feline le apretó la mano para indicarle que todo estaba bien y Padfoot pasó un brazo por los hombros de su amigo. Sirius lo observaba con simpatía, pero con cierto reproche.
- Así que… ¿Quién es Tonks? – preguntó Feline.
- Es la esposa de Lupin – contestaron los del futuro al unísono.
- Madre de Teddy aquí – comentó Harry, señalando al bebé en sus brazos. Los ojos del licántropo se abrieron de par en par; se había percatado del niño y sabía que su hijo estaba en ese tiempo, pero nunca le pasó la idea por la cabeza. Los presentes sonrieron.
- ¿Ese… ese es mi hijo? – titubeó.
- ¡Sí! ¿Quieres cargarlo?
- Uh… yo… este… - pero no era una pregunta, Harry colocó a su ahijado en los brazos de su padre. El niño sonrió ampliamente, como reconociendo a la persona quien lo sostenía. Moony le sonrió en respuesta y abrazó al pequeño.
Hagrid y Xenophilius Lovegood (que traía puesta una camisa amarilla con extraños símbolos, un triángulo, rodeado por un círculo y atravesados por una línea recta), junto con su hija, Luna (quién parecía extasiada porque un gnomo la mordió), también aparecieron. Harry rió de los comentario de Tía Muriel hacia Ron y de cómo alababa su diadema hecha por duendes. Viktor Krum también hizo su aparición en la fiesta, para alegría de Hermione y celos de Ron.
Sirius y los merodeadores comenzaron a silbar, mientras Ron se ponía tan colorado como su cabello y Hermione reía por las tonterías de su novio. Al final, lo besó ligeramente en los labios, ganándose otra ronda de chiflidos y más ruborizaciones.
Fleur se veía radiante ese día. Parecía que brillaba con cada paso que daba y cuando llegó con Bill, parecía que éste nunca se había enfrentado a Fenrir Greyback.
Moony ahogó un grito.
Muchas lágrimas y un beso después, comenzó la fiesta. Krum le interrogó acerca de Xenophilius, cosa que a Harry le pareció extraña.
- ¿Por qué?
- Si no fuera invitado de Fleur, lo retaría a un duelo ahora mismo.
- ¿A qué te refieres?
- El símbolo en su pecho, el símbolo de Grindelwald.
Hablando con él, Harry recordó algo importante… ¡Gregorovitch! Sí, el vendedor de varitas. ¿Por qué Voldemort lo quería? ¿Por el asunto del núcleo de varitas? Harry también tuvo la oportunidad de hablar con Elphias Dodge, el escritor del obituario de Dumbledore; conversación en la que Muriel participó. Aunque con sus altos y bajos, la fiesta estaba siendo un éxito, pero todo se arruinó con una simple nota:
'El ministerio ha caído. Scrimgeour ha muerto. Van en camino.'
En la sala, todos miraban a los chicos del futuro con los ojos abiertos como platos. Eso era mucho más de lo que había pasado en su tiempo, Voldemort no tenía ese poder… aún.
- Pues… de ahí yo ya no sé nada más. Me trajeron desde ese punto – comentó Ginny.
- Aquí hay algo extraño – comentó Sirius – ahí acaba el capítulo, pero hay más escrito.
- ¿Y qué esperas para leerlo? – preguntó Lily, exasperada. James la abrazó y besó su cabello, en un intento de calmar el ansia de su esposa, aunque él se encontraba de una manera semejante. Sabía que su hijo terminó bien, pero no podía dejar de preocuparse por él y lo que le sucedía.
Un lugar para esconderse.
Todo se volvió borroso y Hermione comenzó a buscar a Ron desesperadamente. Mientras algunos se desaparecían y otros luchaban por defender el lugar. Y luego Ron apareció y Hermione se apresuró a hacer una aparición conjunta.
- ¿Dónde estamos? – preguntó Harry.
- Tottenham Court Yard. Caminen, debemos encontrar un lugar para que puedan cambiarse – les apresuró la chica.
- No tenemos nada con qué cambiarnos – dijo Ron.
- Desearía tener mi capa de invisibilidad – añadió el pelinegro.
Los merodeadores sonreían tontamente al pensar en sus aventuras con la capa de invisibilidad. Harry los observaba, intentando memorizar cada segundo con ellos, luego recordó que debía elegir entre quedarse ahí y regresar a su tiempo sin recordar todo lo que había hecho. Sentía que ya tenía la decisión que tomaría.
Entraron a un café y comenzaron a planear lo que harían después. Harry se percató de que dos hombres los observaban y no le dio buena espina. En un momento, Ron se abalanzó sobre Hermione, protegiéndola de algún maleficio. Harry lanzó un Stupefy, aturdiendo a uno de los mortífagos.
- ¡Woah! ¿A qué hora llegaron esos? – preguntó Padfoot, confundido. Feline rió y lo abrazó, Sirius se removió en su asiento, incómodo.
- Eran los hombres que estaban frente a ellos, pero estaban escondidos, amor – le respondió, Padfoot puso cara de entendimiento y besó la mejilla de su esposa.
Hermione los petrificó. Comenzaron a arreglar el desastre que había dejado el encuentro. Necesitaban un lugar para esconderse. Hermione y Ron parecían no poder pensar en un lugar lo suficientemente bueno.
Grimmauld place.
Sirius se veía intranquilo, pero Padfoot y Feline se veían horrorizados.
- ¿Qué demonios tendrían que hacer ahí? – preguntaron al unísono.
- Pues, fue el cuartel general de la orden del fénix por algunos años.
- ¿¡Qué?! ¿Cómo es posible? La vieja arpía jamás lo permitiría.
- Cuando murió tú heredaste la casa. Prestaste el lugar en mi quinto año para poder reunirse ahí – le dijo Harry – cuando tú moriste, yo la heredé.
- Vaya ¿Y qué sucedió conmigo? – preguntó Feline, curiosa.
- Pues… no lo sé, realmente.
- ¿O sea que no estuve ahí cuando creciste? – preguntó realmente triste y decepcionada.
- No. De hecho, no sabíamos de ti hasta que llegamos aquí.
- ¿Por qué?
- Cuando entré a Azkaban, la única persona que me creyó, fuiste tú – esta vez fue Sirius el que habló – Me visitaste muchas veces, hasta el día de navidad. Esa fue la última vez que te vi. Doce años después, me enteré que fue porque te diste cuenta de que estabas embarazada - Ante eso, la chica no sabía si reír o llorar. Padfoot la abrazó y ella enterró el rostro en su pecho.
- Un momento… ¿Por qué Harry heredó la casa y no mi hijo? – preguntó, en cierta forma molesta. Sirius sonrió, tristemente.
- Damián tenía donde vivir, tú le dejaste la casa. Harry no.
- ¿Le dejé la casa? ¿A qué te refieres con eso? – Sirius iba a hablar, pero Padfoot lo interrumpió.
- No contestes eso, no quiero saberlo – lo dijo con tanta brusquedad que pareció que golpearía a alguien.
- Amor... – comenzó Feline, más Padfoot no entraba en razón.
- ¡No! ¿Crees que me interesa saber cómo termina todo? Pues no, así que si tú quieres saberlo pregúntale cuando yo no esté – exclamó, casi gritando.
- ¡No es como si yo tampoco sintiera, Sirius! ¿Crees que me fascina saber que pasarás doce años en Azkaban? Definitivamente no. Quiero saber que sucede con mi hijo después de que no le quede nadie – los ojos de la chica estaban húmedos y estaba de pie. Luego simplemente salió de la habitación. Padfoot tardó en reaccionar, pero luego salió tras ella.
- Debemos continuar con la lectura – dijo Dumbledore.
Al llegar a la ancestral casa de los Black, Harry sintió que alguien había estado ahí. Los hechizos puestos en contra de Snape hicieron efecto: Su lengua se trabó y una figura fantasmagórica les preguntó:
- ¿Severus Snape?
- ¡No! Nosotros no te matamos – respondió Harry. Y la figura desapareció.
- El patronus del señor Weasley llegó y les indicó que todos estaban bien, pero que estaban siendo vigilados.
Momentos después, la cicatriz de Harry comenzó a arderle, así que fue directo al baño; no quería que sus amigos se preocuparan por eso, sobre todo Hermione, que le daría todo un sermón sobre seguir sin dominar la Oclumancia.
- ¿¡Aún no!? – explotó Sirius – ¿Después de todo?
- Uh… no – respondió Harry – pero ahora ya domino Oclumancia y legeremancia.
- ¡Eso no importa, Harry! En ese momento tú deberías de haberla dominado.
- Snape nunca fue de gran utilidad y no tenía otra forma de aprender.
- Sirius negó con la cabeza, cansado. Su ahijado nunca aprendió la importancia de bloquear esa conexión con Voldemort. Pero estaba bien y eso es lo que importaba. Soltó un suspiro mientras las llamas se llevaban el capítulo. Miró por la ventana y observó el atardecer, un escalofrío recorrió su espalda.
- Está anocheciendo – anunció. Harry se puso alerta.
- Debemos salir de aquí.
- ¿Qué?
- La casa ahora está desprotegida. Colagusano seguramente ya ha ido con su amo; Voldemort no tardará en llegar – los ojos de Lily se abrieron desmesuradamente y abrazó a su hijo contra su pecho.
- Harry… – murmuró. James no pudo evitar abrazar a su pequeña familia, protectoramente.
- Hogwarts estará abierto a todos ustedes, si lo desean – les ofreció Dumbledore.
- Gracias, Albus. Creo que será lo más seguro – aceptó James.
- La red flu está desconectada – dijo Lily.
- Bathilda puede prestarnos su chimenea – resolvió Dumbledore.
- ¿Qué esperamos? Tenemos que irnos ya.
James convocó un patronus y envió un mensaje a Feline y Padfoot para que se encontraran en el castillo. Salieron de la casa, muchos niños estaban disfrazados, pidiendo dulce o truco. Se apresuraron a casa de Bathilda. Tocaron a su puerta pero no salió. James se desesperó e hizo que la puerta saliera volando con un simple movimiento de varita.
Harry se quedó fuera de la casa, con Ginny, bajo la capa de invisibilidad, vigilando que nadie se acercara. Y lo vieron. Lord Voldemort se dirigía a la casa de los Potter. Abrió la verja y se encaminó a la puerta. La visión de Harry se tornó borrosa y tomó la mano de Ginny, que volteó a verlo y lo encontró pálido. Lo llevó dentro de la casa, donde ya casi todos habían pasado por la chimenea. Ginny jaló la manga de Sirius, quien se giró rápidamente para encarar a su ahijado.
- ¿Ya está aquí? – preguntó a Ginny, quien solamente asintió con la cabeza - ¡Rápido! No nos queda mucho tiempo.
Sintió que Harry comenzaba a perder fuerza; lo sostuvo e indicó a Ginny que se fuera. Se resistió por un momento, pero luego hizo como le ordenó. Un grito de furia inundó Godric's Hollow. Sirius sintió miedo y Harry se desmayó. El animago entró a la chimenea con el cuerpo del chico y pronunció:
- ¡Despacho del director, Colegio Hogwarts de magia y Hechicería!
Las llamas verdes los devoraron.
