Me di cuenta que Robert me miraba, pero preferí ignorar sus miradas. Prefería pensar que él no estaba ahí. No quería que mi corazón se hiciera falsas ilusiones – Bueno, vamos al comedor – dijo Sally. Y todos nos encaminamos al comedor.

Nos tocó elegir los sitios dónde sentarnos. Vi cómo todos sabían dónde sentarse, menos yo. No quería sentarme en el mismo lugar donde antes me sentaba a cenar, cuando era novia de Robert. Porque siempre era al lado de él. Y creo que esta vez no sería la excepción. Porque todos se pusieron de acuerdo para que me termine sentando a su costado – No te incomodes, no muerdo – me dijo él. Le di una ligera sonrisa, y miré hacia otro lado – Yo no soy quién se incomoda – Murmuré para mis adentros, y él soltó una risita – Te equivocas – me dijo y me sobresalté. ¿Cómo me había escuchado? Puse los ojos en blanco, y me acordé que él siempre hacía eso. No sé cómo, pero siempre alcanzaba a escuchar mis más bajos murmureos. La empleada nos sirvió la comida. Se veía deliciosa. Cada vez que comía con los Bassi, siempre daban un fuerte suspiro antes de empezar a comer. Hasta parecía que dejaban de respirar. Y esta vez, no fue la excepción. Le pregunté a Rob por qué hacían eso, pero él siempre decía que eran ideas mías. Almorzamos en silencio, hasta que Collin con Lucas, empezaron a hacer bromas. Todos rompimos a reír – Estos están cada día más locos – me dijo Robert, con una enorme sonrisa en su rostro. Me perdí en su mirada, pero sacudí mi mente. Le devolví la sonrisa – Así parece – dije y seguí comiendo. Seguimos comiendo y riendo, la pasamos muy bien. Me sorprendía que Robert se riera conmigo. Y creo que no era la única, porque había varias miradas curiosas que nos quedaban mirando, hasta que volteábamos a encararlos y sólo así volteaban la mirada. Quise ayudar, llevando los platos – Yo lo hago – me dijo Suzanne – Quiero ayudarte – le dije con una sonrisa. No me discutió y nos fuimos a la cocina a dejar los platos. Yo me ofrecí para lavar los platos y Suzanne los secaba. Pero nunca falta 'la descuidada de Jennifer' y se me cayeron un par de platos. Por agarrar uno de ellos, me terminé cortando la mano. Sangre comenzó a salir de mi mano derecha, con la izquierda abrí el caño y dejé que el agua cayera sobre mi mano. Suzanne miró aterrorizada y salió corriendo. A ella siempre le asustaba la sangre, y Robert se ponía nervioso con la sangre. Hasta Matthew era así, creo que eso ambos le sacaron a él. Porque Sally, era la única que no temía a la sangre – ¡Mamá! – Escuché que gritaba Suzanne. De pronto, tenía a Sally al lado mío – Déjame ver – me dijo y dejé que revisara mi mano, que me dolía demasiado – ¿Está bien? – Escuché que preguntaba Robert, desde la puerta. Parecía preocupado – Niños, serán mejor que salgamos de aquí – dijo Matthew. ¿Niños? ¿Aún les llamaba niños? – Pero, papá… – empezó a decir Robert – Pero nada, tú no vas a poder resistir – dijo Matthew – Vas a ver que sí – dijo renegando Robert. Y de pronto, también lo tenía cerca de mí – Déjame ayudarte – le dijo Robert a Sally. Y tocó mi mano. Al sentir su fría mano, me estremecí – Disculpa – me dijo – Sé que mi mano está helada – se disculpó. Pero no me estremecí por lo helado de su piel, sino porque era su mano. Los demás se fueron y nos quedamos sólo los tres. La sangre no paraba de salir, el corte era demasiado profundo – La sangre no deja de salir – dijo Sally. Robert tosió – Será mejor llevarla a un hospital – dijo, tratando de no seguir mirando mi mano – Robert – empezó a decir Sally, con una voz que parecía que se iba a ahogar. Miraba fijamente mi mano, de donde no dejaba salir sangre – ¿Qué pasa? – Preguntó Robert – No puedo resistirlo – dijo Sally, y fue lo último que escuché, porque caí desmayada.

Empecé a sentir mi cuerpo y mis ojos. Me desperté, pero no abrí los ojos. Estaba demasiado asustada. Vagamente, recordaba a Sally mordiéndome la mano y parecía que no iba a parar. Robert le gritaba, pero no paraba. Ya no aguantaba el dolor y caí desmayada – ¿Estará mejor? – Preguntó Matthew – Sí, sólo aplíquenle el medicamento como les dije… Y por favor, eviten estas cosas – dijo un hombre, cuya voz no reconocía – Así lo haremos – dijo Robert. Abrí los ojos y me vi echada en una cama, tenía mi mano vendada. ¿Tan fuerte había sido el corte? Me miré la mano vendada unos segundos, y después me puse a ver a mi alrededor. Estaba en el dormitorio de alguien. Empecé a analizar las cosas que había, era el dormitorio de un chico. Pero ¿de quién? Miré y miré – Oh – jadeé. Era el dormitorio de Robert, lo reconocí por la batería que tenía frente a su cama, a la cama dónde estaba echada. Sólo él, tocaba batería – Jen – dijo Robert y se acercó a mi lado – ¿Cómo te sientes? – Me preguntó. Me quedé muda, ¿estaba preocupado por mí? Las palabras no salieron de mi boca – ¿Jen? Responde – dijo Robert, algo preocupado. Matthew se acercó – Hijo, déjala despertar bien. No la agobies con preguntas – dijo su padre. Rob dio un suspiro – Eh… Estoy confundida – alcancé a decir. Rob y Matthew se dieron una mirada cómplice. Hice una mueca de disgusto. Odiaba que me ocultaran cosas, como el secreto de Rob – Es lógico – dijo Robert. Me moví un poco para acomodarme, pero me dolió el brazo. Jadeé de dolor, pero Rob me agarró la mano y me la acarició. Qué bien se sentía, viniendo de él. Pero no podía dejar que las cosas avanzaran, no le convenía a mi corazón. Saqué mi mano – Lo siento – susurró – ¿Qué fue lo que pasó? – Pregunté – ¿Qué es lo que recuerdas? – Preguntó Matthew. Dudé unos segundos antes de responder, no quería decir nada sobre mis sueños con Sally mordiéndome la mano – Me corté con un par de platos, salía mucha sangre. Robert y Sally me estaban curando, pero la sangre no paraba… Y luego, me desmayé... Creo – respondí. Ambos se miraron, y Matthew asintió – Trataron de curarte, pero la sangre no dejaba de salir – empezó a decir Matthew – Luego, al ver tanta sangre, te desmayaste – agregó. Me sorprendí de aquello, porque yo nunca le había tenido fobia a la sangre. Era imposible que me desmayara por eso, decidí hablar – También recuerdo a Sally mordiéndome la mano, y tú Robert, no dejabas de gritarle y Sally no dejaba de morderme. Dolía mucho – dije, y Rob abrió los ojos como platos. En seguida, miró a Matthew. Él tenía el rostro tranquilo – Estás exagerando – dijo el padre de Rob. ¿Me estaba llamando loca? Bueno, me lo merecía por decir semejante barbaridad – ¿Entonces qué pasó? Dímelo tú, Robert – le pedí. El susodicho se lo pensó algunos segundos – Bueno, mi madre no mordió tu mano. Sólo trató de succionar la sangre. Y creo que eso te asustó, porque te desmayaste – dijo tranquilamente. Eso tenía más sentido, claro succionar la sangre. Cómo no se me había ocurrido, y pues yo era temerosa para algunas cosas. Y seguro, me asusté por eso y no por la sangre. Suspiré – Ok – dije y me moví para levantarme. Sentí un mareo, y no puede mover mis piernas – ¿A dónde crees que vas? – Me inquirió Robert, impidiendo mi salida – Me voy a mi casa – respondí – No conviene que tu madre te vea así – dijo Matthew – Suzanne ha llamado, diciendo que te quedarás a una pijamada con ella – dijo Robert, algo sonriente – Mañana tengo que ir a trabajar – dije – Pues, no lo harás. No puedes ir así – dijo Robert. Puse los ojos en blanco – Me quedaré hoy y mañana voy a trabajar – dije y no permití contradicciones – Ok – dijo Robert, con una ligera sonrisa – Voy a avisar a Sally y a Su que ya despertaste – dijo Matthew y se fue. Oh no, a solas con Robert. Me sentí algo incómoda, y creo que él también. Miré hacia el vacío – ¿Qué piensas? – Me preguntó – En lo extraño de la situación – admití y pude ver que él sonrió – Yo también – confesó. Iba a decir algo, pero mi celular empezó a sonar – ¿Me pasas mi casaca? – Le pedí. Pues ahí estaba mi celular – ¿Te paso tu celular? – Me preguntó, y la verdad no le discutí. Pues mi mano me dolía y tenía que evitar el menor movimiento – Por favor – le respondí. Sacó mi celular del bolsillo de la casaca. Lo miró – Es un tal Alec – me dijo, dándome el celular – Disculpa, no quise ver – añadió. Sonreí y agarré el celular con la mano buena – Hola, Alec – respondí – Hola muñeca, ¿estás en casa? – Me preguntó. Sonreí al escuchar muñeca – No – respondí – ¿Y a qué hora regresarás? Quiero verte – me dijo. Suspiré, que bueno que no tenía que inventar ninguna excusa. No me sentía muy bien como para verlo – La verdad, no dormiré hoy en casa. Me quedaré con una amiga – le dije – Que pena, en serio deseo verte. Mañana, ¿a qué hora sales del trabajo? – Me preguntó, sonreí. Vaya que no se rendía, y no sé por qué me agradaba Alec – A las seis – respondí – Mándame la dirección por mensaje y voy a recogerte – me dijo – Me haces acordar – le reté – Créeme que lo haré – dijo riendo, y yo correspondí a su risa. Y me acordé del dolor de mi mano – Au – me quejé – ¿Qué pasa? – Preguntó Alec preocupado, y vi que por un lado tenía a Robert, viendo lo que tenía – Nada, un simple dolor de estómago de tanta risa – dije – Bueno, te dejo descansar – me dijo – Ok, tú también deberías. Cuídate, adiós – le dije – Adiós, preciosa – me dijo y colgamos. Cuando volteé, pude ver la mirada incómoda de Robert. ¿Y ahora? ¿Por qué se ponía así? – Ese Alec, ¿es muy importante para ti? – Me preguntó. Suspiré, sorprendida – Recién lo he conocido ayer – le conté – Ustedes lo conocen, así como a su padre – añadí y Robert me miró curioso – ¿Su padre se llama Michael? – Me preguntó – Sí – respondí – ¿Cómo los conociste? – Me preguntó, no quería contarle toda la historia – Me perdí en la playa, y me los encontré. Habían estado por tu casa, y salían de un trabajo y me jalaron – le conté – Debes tener cuidado – me pidió Robert. Lo miré confundida – No te conviene acercarte a esa gente – añadió – ¿Qué? – Contesté riéndome. ¿Me iba a prohibir a acercarme a otras personas? – Especialmente Alec, él no es muy seguro – me dijo. ¿Qué no es muy seguro? – ¿Y tú acaso eres seguro? – Le pregunté, y me sorprendí al hacerlo. Me miró sorprendido también por mi pregunta – No, yo tampoco lo soy – me respondió y sentí que mi corazón se partía – Ok, tú no eres seguro y eso ya lo sé. Me dices que Alec no es seguro, eso no lo sé – le dije. Y pareció que le lastimó lo que dije – ¿Quieres intentar tener una relación con Alec? – Me preguntó. Dudé en responder, ¿por qué hacía eso? – No… No lo sé – respondí, confundida – Debo salir – me dijo y se fue. Me quedé tonta, mirando la puerta, por dónde él había salido. ¿Por qué me hacía esto? Quería llorar, pero tuve que tragarme mis lágrimas porque en ese momento, entraron Suzanne y Sally. Ésta última, me miraba con rostro de disculpa – ¿Cómo estás? – Me preguntó Suzanne – Me duele, pero es soportable – respondí sinceramente. El dolor de mi mano era mucho más soportable que el dolor de mi corazón – Hija, lo siento mucho – se disculpó Sally – No tienes por qué – le dije – Trataste de salvarme – añadí. Ella no dijo nada, sólo me dio una sonrisa avergonzada – Bueno, estate un rato más, que luego te vas a mi cuarto… No pretenderás dormir con mi hermano, ¿a qué no? – Inquirió Suzanne – Créeme que no – respondí, algo incomodada por la pregunta – Puedes ver la tele, aún no podemos moverte – dijo Sally – Robert ha sacrificado su espacio por ti – dijo Suzanne, sonriente. Suspiré – Él no tiene por qué hacer esto… Y creo que sí puedo moverme – dije, mientras trataba de moverme para pararme. Pero no pude moverme más, me vino un ligero mareo. Suzanne me agarró – Por él no hay problema. Está más preocupado por tu salud – me dijo – Échate – me obligó. No le discutí – Aún no puedes moverte. Haz caso, ¿sí? – Me pidió Sally. ¿Cómo negarme ante aquella mujer? No podía. Simplemente, asentí – Ok – dije – ¡Suzanne, ¿puedes venir un momento?! – Gritó Lucas, desde el otro lado – ¡Ya voy! – Respondió Suzanne – Disculpa, ya regreso – me dijo. Le sonreí – No tienes por qué disculparte – le dije. Ella sonrió y se fue – La que se tiene que disculpar soy yo, por hacerles pasar por esto – añadí y miré a Sally, quien estaba seria – Tú no tienes por qué pedir disculpas. No fue tu culpa – dijo ella, muy seria. Me asusté un tanto – Claro que es mi culpa. Yo rompí los platos, fue un descuido mío. Por eso es mi culpa – dije muy sincera. Ella dio una sonrisa sin ánimo – El que te desmayaras no fue tu culpa – me dijo, casi arrepentida. No quise seguir hablando del tema – Ya no hablemos de esto… Dime, ¿qué tal te fue con el remedio? – Inquirí, para cambiar el tema. Creo que se puso más animada – Ya está terminado. Sólo para que se lo lleves a tu madre – me dijo. Empezamos a hablar sobre muchas cosas. Podía pasar horas de horas, hablando con Sally. Siempre aprendía de ella, era perfecta. Muy sabia – Cielo, creo que deberías quedarte a dormir en este dormitorio – dijo Sally. La miré confundida – No creo que sea buena idea. Voy donde Suzanne – dije y me moví para pararme. Otra vez el mareo. Rayos, ni las piernas las sentía. ¿Qué me pasaba? Esto no era normal, lo único que tenía era una simple cortada en la mano. Sally impidió que me cayera – Aún no puedes moverte – dijo con una mirada preocupada – Esto es demasiado extraño – dije, moviendo la cabeza – Sólo me he cortado la mano, y no puedo ni mover las piernas – añadí. Ella me miró como pidiendo disculpas – Debe ser por la pérdida de sangre. Por eso, no puedes mover las piernas – dijo, mirando hacia otro lado – ¿Tanto sangré? – Inquirí, confundida – Sí, por eso te desmayaste – respondió ella, y pude notar que la voz se le quebró un poco. Se aclaró la garganta – Hazme caso, no puedes moverte de este dormitorio – me dijo. Y no pude discutirle, tenía razón. Aparte, no podía mover las piernas. Pero algo había que hacer, para no quedarme en ese dormitorio – Pero, Robert necesita su cama… Creo que alguien puede cargarme y llevarme a otro dormitorio – sugerí. Sally me miró muy seria – El doctor dijo que no se te puede mover por nada del mundo, hasta que puedas mover las piernas – dijo – Déjate de niñerías, Robert puede dormir en el cuarto de huéspedes o acá, en el sofá – añadió. La miré perpleja, nunca la había visto así de seria. No le discutí – Ok – fue lo único que respondí – Bueno, me voy a decirle a Su que no podrás dormir con ella – dijo y se fue.

Y aquí un cap más de mi historia

Dejen comments por favor, si es que la leen.