Disclaimer: Nada de lo que reconozcan me pertenece.


Conociendo el futuro.

Capítulo trece.

Sirius observó a la chica, con horror. La última vez que la había visto estaba bien y ahora, encontrarla en ese estado, le destrozaba. Sin pensarlo dos veces, la cargó y salió corriendo de la sala, con dirección a la enfermería. Cuando llegó, ya estaba cerrada, pero golpeó la puerta con todas sus fuerzas. Poppy salió, con una bata alrededor de su cuerpo y con una expresión de preocupación. Sirius entró y la depositó en una de las camas. La enfermera comenzó a revisarla y a hacer lo que podía por ella. Sirius la observaba, nervioso. Los demás llegaron.

- ¿Quién es? – preguntó Harry.

- Es… Daisy – respondió Sirius. Todos voltearon a verlo a él y luego a Feline, que estaba pálida y envuelta en los brazos de Padfoot, que parecía a punto de cargarla y llevársela a algún sitio lejano.

- ¿Quién es Daisy? – preguntó Tonks.

- Si no estoy equivocado, es Bárbara, es decir, Feline – señaló Remus. Sirius asintió, lentamente - ¿Se cambió el nombre? ¿Por qué?

- Porque… - Sirius soltó algo de aire que tenía contenido – ella y yo tuvimos un hijo, Remus.

- ¿¡Qué!? ¿Ella? ¿Cómo? ¿Por qué no me lo dijo? – dijo muy rápido.

- No fueron muy unidos esos años ¿Recuerdas?

- Merlín. Estuvo sola todo el tiempo ¿Verdad? – Sirius asintió levemente.

- ¿Sabes qué es la peor parte? – Remus negó con la cabeza – que sí lo conociste.

- ¡¿Qué?! ¿Quién es?

- Damián White.

- ¿Un niño que iba en primer curso cuando yo di clases?

- Ahora ves el parecido.

- Si – susurró y volvió su mirada a la enfermería. Sacudió la cabeza – no puedo creerlo. Si tan sólo yo hubiera confiado…

- No fue culpa de nadie – dijo Sirius, colocando un brazo alrededor de los hombros de su amigo – bueno, tal vez de la rata.

Pasaron un buen rato fuera de la enfermería. Recordando historias y riendo y mirando hacia la enfermería. Sirius y Padfoot parecían los más afectados. Sirius parecía estar en otro mundo, permanecía muy callado y miraba constante y ansiosamente hacia la enfermería. Padfoot tampoco hablaba y estrechaba a su esposa contra él lo más que podía. Feline pareció desesperarse y tomó su rostro, levantando una ceja para cuestionarlo. El la abrazó y besó su cuello tiernamente. Harry se puso de pie y dijo:

- Será mejor que volvamos a la sala y durmamos un poco. Mañana venimos a ver cómo sigue ¿De acuerdo? – todos accedieron. Bueno, todos, menos Sirius.

- Ustedes vayan, yo los alcanzo después – dijo y entró a la enfermería. Poppy lo observó, pero no dijo nada. Él necesitaba saber cómo estaba - ¿Cómo se encuentra?

- No está en las mejores condiciones. Parece que no se ha alimentado bien al menos por un mes entero, por no decir que no ha comido nada en absoluto. Tiene varios cortes en varias partes de su cuerpo, al parecer producto de maldiciones cortantes. Además, aún tiene algunos de los efectos que dejan los Crucios. Y estaba a punto de sufrir hipotermia.

- Malditos mortífagos bastardos – murmuró - ¿Se pondrá bien?

- Creo que sí. Solo necesito saber qué tan graves son los efectos de los Crucios.

- Gracias, enfermera.

Sirius colocó una silla junto a su cama y se sentó ahí, junto a ella. Acarició su cabello y su rostro. Le dolía verla en ese estado. No podía soportarlo, pero tampoco podía no estar ahí. Tomó su mano y la besó. Merlín, la había extrañado. Estaba feliz de que estuviera ahí… pero no en esas condiciones. Su costado tenía un corte profundo y en su mejilla había un gran morete. Al verlo, Sirius golpeó la pared. Soltó su mano, para no lastimarla y apretó sus puños, impotente, los puso sobre la cama. Intentaba respirar profundamente, pero no lograba calmarse.

Sintió que algo se posaba sobre su puño, volteó rápidamente y vio la mano de Daisy sobre la suya. Observó su rostro, quería ver sus ojos. Los tenía entreabiertos y gruesas lágrimas corrían por sus mejillas, él se apresuró a secarlas y a mirarla, consternado. ¿Por qué lloraba? ¿Le dolía algo?

- ¿Sirius? – preguntó con una voz tan débil y frágil, que un escalofrío recorrió la espalda de Sirius.

- Soy yo – susurró.

- No estoy muerta ¿Verdad? Porque duele demasiado como para estar muerta – Sirius rió un poco ante el comentario, ella lo lograba; lograba hacerlo reír aún cuando se sentía el ser más miserable del mundo.

- No, no estás muerta – ella soltó un suspiro.

- ¿Y mis hijos?

- ¿Damián? No lo sé.

- ¿Y Amelia?

- ¿Amelia? ¿Quién diablos es Amelia? – Daisy abrió mucho los ojos, como si hubiera recordado algo importante. Sirius sospechó y preguntó – Daisy ¿Quién es Amelia?

- Yo… eh… Demonios… es nuestra hija, Sirius – el hecho le cayó como un balde de agua fría.

- ¿Eh? ¿Por qué no la conocí cuando conocí a Damián?

- Porque… - nuevas lágrimas corrían por su rostro – porque no había nacido.

- ¿Cómo que ella…? – entonces recordó esa noche… - ¿¡Por qué demonios no me lo dijiste!?

- Sirius… - comenzó ella, pero él no pareció escucharla.

- No me dejaste conocerla, ni cuidarla – gritó, y luego, en un tono más bajo – no me dejaste estar contigo.

- ¡Lo siento! – gritó ella, con la cara empapada – Me asusté ¿De acuerdo? Tú eras un fugitivo y casi no podías vernos. Y yo…

Pero no pudo más. Comenzó a sollozar largo y tendido. Sirius se sentó a su lado, en la cama, pero sin tocarla. No podría soportarlo. Una niña… y podría haber hecho con ella lo que no hizo con Damián. Ese pensamiento lo destrozaba, al igual que Daisy llorando de esa manera. Colocó su cabeza entre sus manos, apoyando los codos en sus piernas y se frotó la sien, lentamente. Intentaba acomodar sus ideas.

- ¡Ah! – Sirius giró su cabeza hacia Daisy en una velocidad impresionante. La observó sujetando su costado, que sangraba a cantidades alarmantes.

- ¡Poppy! – exclamó Sirius y la enfermera llegó en seguida, observando la herida de la muchacha. E hizo todo lo que pudo para que dejara de sangrar, pero seguía sin tener un buen aspecto.

- Es todo lo que puedo hacer, ahora depende de cómo reaccione su cuerpo – Sirius asintió lentamente con la cabeza y volvió su mirada a Daisy.

Se miraron durante algunos segundos, donde la tensión era palpable. Sirius no lo aguantó más y se acercó a ella y la besó con delicadeza y dulzura, pero con la desesperación de todos los besos sin dar, todas las caricias guardadas y todo el amor contenido. Las lágrimas de ambos se confundían, pero no importaba, sólo importaban ellos. Que el mundo se viniera abajo, pero que a ellos no los separaran de nuevo. Sirius la abrazó, con firmeza, pero sin lastimarla, un mero gesto protector.

- Te extrañé – le susurró al oído.

- Y yo a ti – respondió ella - ¿Por qué estamos en la enfermería de Hogwarts?

- Hay algo que debes saber. Estamos en el pasado, en noviembre de 1981 y hemos cambiado el futuro.

- ¿Qué? ¿Qué han hecho?

- Técnicamente, Harry salvó a sus padres.

- ¿Jamie? – Sirius soltó una carcajada, como hacía tiempo que no reía.

- Sí, está aquí. Y Lily y el pequeño Harry y Moony y Padfoot y Feline y Remus y Harry y Ginny y Hermione y Ron y Teddy, el hijo de Remus y Tonks, esposa de Remus. A veces se nos une el Albus de este tiempo.

- Eso es… extraño – dijo y luego sonrió levemente – no irás a Azkaban y Damián tendrá un padre y Amelia no tendrá que tener trece años menos que Damián.

- Así es – contestó él, con cierta melancolía. El deseaba que sus hijos estuvieran ahí. Quería jugar Quidditch con Damián y ver a su hija como una copia de Daisy y ser sobreprotector con ella y soportar los regaños de Daisy para que la dejara en paz.

- Yo también quisiera que estuvieran aquí – dijo ella, con una lágrima rodando por su rostro – quiero ver a Amelia crecer y quiero estar ahí para Damián cuando tenga problemas de chicas y… quiero… quiero…

- Shhhh, tal vez la vida quiera ser justa con nosotros por una vez y nos cumpla ese deseo – dijo él, besando su frente. Ella bufó.

- ¿Desde cuándo eres tan filosófico? Pareces un anciano – tentó ella, con una sonrisa en su rostro.

- ¡Ah! Sirius-alma-libre-Black nunca envejecerá – dijo él.

- ¿Alma libre? A mí me habían contado algo muy diferente – comentó ella, acercándose peligrosamente a sus labios.

- Te han mentido, no sé de qué me hablas – siguió él.

- ¿Ah? ¿Sí? Me dijeron que tu corazón pertenece a alguien que te ama con locura – estaban muy cerca, pero no sus labios no se tocaban.

- Tal vez no sea tan falso eso que dices. Tal vez sea totalmente correcto – dicho eso, la besó. Ambos sonreían entre besos. Después de un rato, ella se quedó dormida en sus brazos.