NdA. No sé que pueda añadir. Gracias a Luis Esteban, Salva y Vania -el de carne y hueso. Gracias a Alexei, en donde quiera que esté, zchroznyé libtve vu!

Faltan solo los omakes, antes del owari definitivo.


4

Renji se despertó, con esa desorientación ligera que nos acontece a todos cuando estamos en un lugar desconocido. El golpear del mar contra la base del risco se antojaba un rugir lejano, agradable; la luz de luna –helada, intangible- repartía motas luminosas en la habitación.

Se dio cuenta de que estaba solo y de que se moría de sed; el reloj en la pared indicaba las 2 50 am. Demasiado bítter; nota para la bitácora, no beber más de tres jarras o tendrás una cruda peor que la del sake. Se frotó las sienes adoloridas, preguntándose dónde diablos estaría Ishida.

-Muy bien, comencemos de nuevo…

Esta vez, fue Renji quien comenzó a cantar, mientras Fernanda y Yandu golpeaban las varillas, para tomar el ritmo. Esta vez, Uryuu fue un guerrero más y a lo largo de todo el canto de guerra, no despegó sus ojos de Renji. Esta vez, el golpe de Reiatsu salió en forma de ola, yéndose a estrellar al mar y levantando una magnífica de más de cinco metros que no tardó en salpicarlos a todos, como un viento poderoso. Hono saltó, al terminar y aplaudió junto con el resto, a Renji.

-¿Podrías dirigirnos el sábado, Renji-kun?

El pelirrojo miró a Ishida. No, no estaba solicitando su permiso, pero no sabía que hacer y a todos les pareció lo contrario. Uryuu, los brazos cruzados, se limitó a asentir, una ligera sonrisa en los labios. El respeto de Hono aumentó diez metros más; si alguien tan fuerte y bravo como Renji obedecía a Bodhi…

Tiberio ladró y Sun Sun se acercó a ellos

-Es tarde, Vania ¿Podemos ir a casa?

El ruso miró a los otros dos; habían bebido lo suficiente como para estrellarse en las motocicletas. A una seña, Renji lo siguió y no tardaron en dejarlas aseguradas detrás del pub; ya regresarían por ellas después. El camino en el jeep fue largo y Uryuu se quedó dormido entre Tiberio y Sun Sun, la exfracción despeinando sus negros cabellos, Renji contemplando su rostro bañado por la luna. Vania le dio un amigable codazo

-Mejor que te acostumbres. Esto es tooooodos los días…

Renji se levantó tambaleante y sacó una jarra de algo que parecía té helado, del refrigerador, sirviéndose un vaso entero. El líquido estaba amargo y sintió la lengua como si hubiera tragado vidrios ¿Qué diablos era aquello? ¿Veneno? Fue cuando escuchó el ruido en el porche.

Clac clac clac

El portón de madera estaba abierto y Renji corrió el mosquitero en un segundo. La visión de Ishida, tejiendo bajo la luz de la luna fue tan absurda como lo había sido en camp Adelaide, con el añadido del pesado suéter blanco y Numberone dormido en un cojín, ambos disfrutando de la tibia brisa de la madrugada.

Uryuu escuchó el ruido y apagó el cigarrillo; sólo entonces Renji advirtió que estaba fumando. El quincy lo miró, silencioso, sin sonreír. Oh oh. Desde que llegué, Ishida ha sido todo sonrisas y eso me asustó. Y ahora, que no sonríe, tal como cuando lo conocí, me aterra.

-¿Qué carajo es esto? –Renji señaló el vaso –sabe… horrendo

Uryuu suspiró

-Es mate

-¿Mate de "matar"?

Una risa leve

-Mate pampero, Renji. Es argentino; mis vecinas me enseñaron a prepararlo, cebarlo, como ellas dicen. Ellas lo beben caliente. A mí, me gusta helado; y no te lo bebas así tan de repente o te purgará…

Renji se terminó el vaso con el gesto del que desayuna clavos licuados y no le teme ni al diablo. Luego, se tiró en la vieja mecedora; el mimbre crujió bajo su peso

-¿No puedes dormir?

-¿No es evidente?

Renji se sacudió el cabello, exasperado

-Sabes, Ishida-kun? No sé a qué puto carajo me mandaron los capitanes. Desde que llegué aquí sólo me he sentido hecho un idiota, no he dormido gran cosa y rompí el espejo de tus amigos. Hice el ridículo en la playa nudista y la verdad, no se vé que necesites nada. Estás –señaló hacia todos lados – rodeado de amigos que te quieren, hay dos exhollows que actúan como tus guardaespalas personales, tienes una linda casa –Numberone maulló en tono de reproche y eso hizo sonreír a Renji- y un lindo gato. La verdad es que, sin querer ofenderte, me gustaría volver al Seireitei

El gesto de Ishida fue extraño. No hizo ninguno

-Allá no hay mar. En el Seireitei

Renji frunció el ceño; pareciera que Ishida no lo escuchaba

-Claro que allá no hay mar ¿Y qué con eso?

-Surfeas muy bien. Nadaste contra las olas de una forma que yo no me atrevería. Te ganaste a todo el mundo en diez minutos mientras que yo tardé lo menos dos años y eso, con la ayuda de mis vecinas. Te portaste en Adelaide como si fueras un nudista de nacimiento. Comiste y bebiste como todo un nativo. E hiciste un Haka que logró que el maorí más salvaje que tenemos en el pueblo te respetara…

La voz de Ishida era suave, perdida entre el clac clac de las agujas y el rugir lejano de las olas, asombrando a Renji por su contundencia, por la calidez con la que expresaba su admiración, por la naturalidad de sus palabras, testificando un hecho. Numberone trepó al regazo de Renji y se quedó mirándolo; el pelirrojo acarició la cabecita del gato y éste ronroneó.

La voz distante los distrajo un momento a ambos. Yandu, indudablemente. El lamento era entre triste y calmo

-Rorogwela –dijo Uryuu- canción de luna para un niño solo. Yandu la canta cuando la luna sale, así sea de madrugada. Me gusta escucharla, sabes?

Sólo entonces, al pegar la luz helada sobre el fino rostro de Uryuu, dejando atrás sus largos mechones, Renji se fijó en el rastro sobre sus mejillas.

El quincy había llorado. El shinigami sintió que se le encogía el corazón. Otra vez había sido un idiota. Eso, lo enojó. Ya estaba cansado de sentirse así, sin importar las alabanzas de Uryuu o sus lágrimas por Ichigo. Era evidente que él no podía hacer nada y que el quincy estaba demasiado hundido en su dolor como para dejar acercarse a nadie más. Recordó lo que Grantz le dijera, que necesitaba tener paciencia, pero ¡Carajo! ¡El no había dicho que quería a Uryuu! Sólo quería protegerlo. Sólo no quería que sufriera. Y menos por alguien tan atolondrado y berrinchudo como Kurosaki Ichigo… maldito podrido shinigami sustituto.

¿Cómo iba a contarle a Ishida que sí, que la futura paternidad de Ichigo lo había cambiado y que no sólo no tenía remordimientos sino que ESPERABA que Uryuu se pusiera feliz, al saber lo del bebé?

¿Cómo iba a sacudirlo para que dejara atrás al naranjo y se diera cuenta de que había más cosas en el horizonte? Si ya había huído hasta el mismo fin del mundo… qué caso había en esa huída si se había llevado bajo el pellejo el retrato grabado de Ichigo?

Dejó el vaso junto a la mecedora, controlando dos impulsos; el de tundir a Uryuu a puñetazos y romperle la perfecta nariz y la preciosa boca… o asfixiarlo entre sus brazos y comérselo entero, a punta de besos. La actitud del quincy lo desinfló y, los hombros hundidos, se puso en pié

-Me iré mañana, Bodhi… si llegas a necesitarme… o la ayuda de algún shinigami…

Ishida no respondió y Renji regresó a la cabaña, tirándose sobre el futón, totalmente frustrado. No, el quincy no había cambiado más que por fuera; seguía siendo el mismo estirado, orgulloso, insoportable, reprimido…

El mosquitero se deslizó y se cerró. Renji cerró los ojos, fingiendo estar dormido; la mano, fría y cálida a la vez, sobre su mejilla, lo desconcertaron un instante y pese a su esfuerzo por dominarse, tuvo que abrir los ojos. Aunque no lo hiciera, el maldito quincy de seguro notaría el salto en su reiatsu y lo haría sentir un tarado, otra vez.

Los labios de Uryuu contra los suyos estaban mojados; mate, lágrimas y luz de luna.

Renji era más de acciones que de palabras. Lo abrazó y Uryuu se acurrucó contra su pecho y ocultó su rostro en el hueco de su cuello, temblando

-Yo… perdóname, Renji –su voz fue apenas un suspiro. Renji lo sintió frágil contra sí, un cachorrito asustado y herido; sus brazos se aferraron a él, en un intento de darle seguridad, apoyo. Acarició sus cabellos, besándolos suavemente

-¿Por? ¿Por ser un quincy insoportable? ¿Por fingir que eres fuerte? ¿Se te olvida que los dos casi morimos juntos, gracias al hermanito de Vania? ¿Crees que los capitanes dijeron "hey, mandemos al más tonto de todos a ver cómo se halla el quincy"?

Uryuu se separó de él y le pegó en un hombro

-Hey! Yo no he dicho que seas un tonto… y ya te pedí perdón

-Peor. Has hecho que lo sienta. Y soy rencoroso

La risa de Uryuu fue un alivio para los tensos nervios de Renji. Este jaló a Uryuu hacia sí y lo besó a la fuerza, la boca cerrada al principio, hasta que Uryuu tuvo que respirar y Renji atrapó su labio inferior entre sus dientes, dándo paso a su lengua de lobo. El quincy lo tomó por los cabellos y acarició su nuca, hundiendo sus dedos en ellos y Renji no pudo evitar gemir de delicia. Uryuu se pegaba a él como una ola a la tabla; el shinigami sonrió en el beso, sin separarse ni darle un milímetro al quincy para moverse más, hasta que ambos tuvieron que respirar –maldito oxígeno ¿quién dijo que era necesario? ¿quién?

Ishida apoyó su frente contra la del shinigami

-No puedo hacer esto, Renji. Sabes que…

-No me amas. Sí, lo sé. También sé que no dejas atrás a ese idiota y sé algo más; que, si no lo haces, entonces todo esto –su mano señaló la cabaña, la luna, el mar- es sólo un disfraz, una máscara… un reflejo si quieres. Como el de Tiki. Igual de falso. Y sí, me estoy portando como el tiburón de tus tatuajes, Ishida Uryuu, porque eso hizo Arawa, no?

-¿De que demonios hablas?

-De la verdad. Arawa le mostró la verdad a Tiki, cuando movió el agua con la cola y EL desapareció ¿Vas a hacer lo mismo? Vas a "romperte en mil pedazos y brillar sobre la Tierra, hasta que EL regrese"? –Uryuu se quedó impávido, su rostro ahora en las sombras. Renji siguió hablando, furioso- pues mejor que lo sepas. NO VA A VOLVER, Uryuu. Es feliz; va a tener un hijo y…

La palma de la mano de Uryuu se estrelló con tal violencia sobre su rostro que le partió el labio. Renji retuvo las lágrimas, un tanto por el dolor del golpe y otro tanto por la rabia que la reacción del quincy le producía.

Ishida trató de levantarse, pero Renji lo tiró al futón y se trepó sobre él, inmovilizándolo con su cuerpo

-¿A dónde crees que vas?

-¡Suéltame, shinigami de porquería!

-No… -la voz de Renji fue calmada. Se inclinó sobre Uryuu, su rostro ahora iluminado totalmente por la luna. Tan pálido… tan bello, los ojos de ese azul de noche, húmedos, aterrados. Lo besó suavemente y Uryuu sintió la ternura del gesto y un pinchazo de arrepentimiento en el sabor de su sangre. Lamió la herida que acababa de hacerle, con cuidado

-Si no vas a soltarme… entonces… -se quedó en silencio, titubeando

-Entonces ¿Qué?

Cuando Renji volvió a mirarlo, los ojos de Uryuu habían cambiado. Igual que cuando había dominado sus temores, frente al reto del Haka. Igual que cuando había sobrevivido a la golpiza que Ryuuken ordenara para él. Igual que cuando se enfrentara a la falta de empleo, por la revocación de su licencia médica… por su propio padre. Igual que lo había hecho, en el pasado, frente a la sólida pared de una ola. Igual que cuando había soportado el tatú tatú tatú de la aguja que marcara su piel con un estigma tan sagrado que lo había vuelto temible. Igual que cuando había amenazado a Ichigo, ordenándole que se largara de su vida y lo dejase en paz, por siempre, el verano pasado

-Entonces cállate y hazme olvidarlo

Renji elevó una ceja, incrédulo. Pero ¡Quién se creía Ishida que era? Uryuu le guiñó un ojo

-Soy Tiki. Tú lo dijiste. Y eres mi reflejo. Eres EL

-¡Ja! ¡No me digas! ¿Qué tal si Tiki soy yo y tú, el reflejo?

Uryuu lo calló con otro beso

-¿Importa?

Piel morena contra blanca, las dos llenas de marcas por fuera, de cicatrices, de guerras y de recuerdos. De deseo. De ganas de consolar, por una parte y de recibir ese consuelo, por la otra. Las dos cubriendo un montón de sentimientos similares, de amistad, de reencuentro, de alegría, borrando el pesar, absolviendo la culpa del amor perdido, como lo hacen las olas del mar, cuando se llevan lo que ha muerto y lo regresan rehecho, brillante, hermoso.

O deshecho…

Así se deshizo Renji sobre la piel de Uryuu, una ola completa devorando su cuello, besando despacio sus pezones, lamiéndolos torturantemente, adorando su ombligo y al fin, hundiendo la nariz en el vello oscuro de su sexo, aspirando su perfume –Ishida no. 5 y sal de mar- hasta tragarse entero el glande, lamiendo, chupando, besando, mordiendo despacio, dos dedos hundidos hasta la base entre sus nalgas, acariciando despacio con sus otros dedos la suave bolsa entre sus piernas y el quincy, convulsionándose bajo ese tormento tan dulce, tan ansiado, tirando de sus cabellos y esparciéndolos sobre su cuerpo, acariciándose a sí mismo con aquel manto de seda roja, tan brillante bajo la luz de la luna y luego…

Y luego, Renji dentro de él, buceando sin aire en su interior, moviéndose, dentro, fuera, vaivén cada vez más rápido y firme y asíRenji y másjustoahí y notedetengas,porfavor y RenjiRenjiRENJI!

El shinigami se sintió deliciosamente aplastado, asfixiado, hundido en el mar cálido que era Uryuu entre las piernas, besándolo en el instante mismo del orgasmo, ahogando el grito con su nombre…

Las dos sombras sobre el futón parecieron volverse una, un solo hombre dormido, blanco y pálido como la luz de luna y su reflejo, enlazado totalmente a él.

El amanecer y la luna muriente, se asomaron por la ventana.


Uryuu se despertó, con esa desorientación ligera que nos acontece a todos cuando estamos en un lugar desconocido. El golpear del mar contra la base del risco se antojaba un rugir lejano, agradable; la luz del sol –cálida, agradable- repartía motas luminosas en la habitación. Olor a comida.

¿Carpa frita? Justamente. Y Numberone maullando y lamiéndose los bigotes, mientras Renji terminaba de preparar el desayuno. Bien podría acostumbrarme a esto, pensó el quincy.

La pequeña mesita ratona, frente al seki de paja y la chimenea, estaba atestada de comida, entre lo que Renji acababa de preparar y el breve pero fructífero saqueo al refrigerador de las vecinas. Con un gesto exagerado, Renji invitó al quincy a sentarse y ató una pequeña servilleta de tela al cuello de Numberone. El desayuno fue delicioso.

Y el resto del día, también; tomar el pequeño y atestado autobús, recoger las motocicletas en Alice, viajar otros veinte kilómetros hasta High Steel Dandy, porque era lunes y tocaba dar clase de música en la escuela mixta y regresar en la noche a la cabaña y pulir las tablas y darse un chapuzón de agua de mar con luna al anochecer y encender una fogata y cebar un mate y hacer el amor toda la noche –bueno, casi- y al día siguiente, viajar a Pueblo Grande Thumb, porque era día de mercado y aunque había comida en casa, Uryuu tenía que entregar tres juegos de sábanas bordadas a mano a la tía de Fernanda que trabajaba en la Embajada de España en Sidney y…

Y cuando Renji se dio cuenta, sus cuatro semanas se habían terminado y no tenía ni la menor gana de volver al Seireitei a cumplir papeleo infame o a perseguir hollows o a lidiar con los capitanes.

Y cuando Uryuu se dio cuenta, fue como recibir un coletazo de tiburón en pleno rostro y ya se sabe que estos bichos tienen la piel de lija y si les tocas el pellejo, la mano entera se te queda hecha tiras entre las rádulas que la forman…

-No voy a pedirte que regreses

Sólo dime que no te irás… que me harás sentir que nunca te irás. Y , cuando muera, te llevarás un poco de mar porque voy a quedarme en él y sólo así, podré estar a tu lado

-No pienso ir más allá del Seireitei- Renji besó a Uryuu con toda el alma- y volveré, cada vez que pueda

Uryuu apoyó su frente contra la del shinigami, sonriendo y a la vez, conteniendo el llanto. Renji frunció el ceño y se mordió el labio inferior

-No lo has olvidado, verdad?

Uryuu tragó saliva

-Lo haré. Si regresas pronto, te prometo que lo haré…

Un maullido desesperado vino a interrumpirlos; Numberone. Los dos saltaron como locos a las olas, para sacar al travieso gato que, como todos los gatos de puerto, no le temía al agua. Al saltar, tomados de la mano, la ola saltó hacia ellos, empapándolos antes de hundirse en el mar, propiamente.

Los polinesios, los habitantes de las islas, dicen que el agua de mar lava todos los pecados. De existir Pele, la Madre Tierra, acababa de darles a aquellos dos, la absolución definitiva; ninguno recordó a Ichigo, ni siquiera en el hecho de que Numberone tuviera el cabello anaranjado y acalambrado. El gato jamás fruncía el ceño, por demás.

Sus últimas horas juntos no fueron últimas; planearon la siguiente vacación y tal vez, alguna ocasión, Uryuu podría ir al Seireitei.

Aunque no hubiera mar, había Renji…

"-Agente Utah, todavía surfea?

-Todos los días, Bodhi. Todos los días…"

Point Break, Kathryn Bigelow. 1991


Empiezo este capítulo como lo termino. Más poético y menos descriptivo el lemmon que otros míos; la respuesta? No se me daba la gana un lemmon de calentón. Quería algo romántico, sumimasen. No hay nada muy claro, no hay un final pavorosamente feliz, sólo "Un futuro lleno de infinitas posibilidades", que creo que es lo más aproximado.

Yageni chan; ojalá y haya quedado a la altura de tus expectativas.

Namasté y mil gracias anticipadas por sus lecturas y reviews.

Kitsune Gin / FantasmaAlineal

Tierra, 20090401.1112