Conociendo el futuro.
Capítulo 15.
Feline despertó al día siguiente, junto a Padfoot. Sonrió y salió de la cama, procurando no despertarlo. Fue al baño y se observó el vientre en el espejo. No pudo evitar sonreír aún más y acariciarlo, mientras algunas lágrimas corrían por sus mejillas. Los brazos de su marido pronto la rodearon, y besó su mejilla.
- Dime qué lloras de felicidad, por favor – le susurró al oído.
- Sí, amor, lloro por eso – contestó, dándose media vuelta para encararlo; pasó sus brazos por su cuello y besó sus labios.
- Te amo – en respuesta ella volvió a besarlo.
Lily, James y el pequeño Harry estaban en la salita de estar. Lily leía mientras James jugaba con Harry, sobre una pequeña escoba de juguete que había aparecido. En ese momento todo estaba tranquilo. James y Lily no estaban trabajando, pues habían renunciado a sus trabajos cuando se enteraron de la profecía.
Ginny y Harry entraron a la sala, de la mano. Saludaron a los Potter y se sentaron en uno de los sillones, mientras observaban jugar al bebé y a su padre. Pronto se les unieron Ron y Hermione, Tonks y Remus, con Teddy. Feline y Padfoot llegaron un rato después con Moony tras ellos.
Unas llamas amarillas inundaron la sala.
La comisión del registro de nacidos de muggles.
Umbridge comenzó a parlotear algo a Hermione sobre diez personas ese día en la corte y una de ellos esposa de un trabajador del ministerio. Harry tuvo que bajar del elevador, dejando a Hermione sola con la vieja sapo.
Hermione se removió en su asiento, incómoda. Ron pasó un brazo por sus hombros, mientras algunos hacían caras de asco o de simpatía hacia Hermione.
Harry se encontró con Thicknesse. Tuvo que decirle que quería hablar con Arthur Weasley; Thicknesse le preguntó que si había tenido algún contacto con alguno de los indeseables, Harry le respondió que no.
- ¿Indeseables? – preguntó Lily.
- Sí, yo era el indeseable número uno – respondió Harry – supongo que vendrá algo de eso después.
Harry se escondió bajo la capa de invisibilidad, agachándose para que los pies del gran hombre del que estaba disfrazado no sobresalieran. Encontró algunos carteles en rosa con gatitos en todos lados, donde se leía: "Los sangre sucia y los peligros que representan a una sociedad pacífica de sangres limpia".
Escuchó a algunos empleados del ministerio hablar y luego voltear nerviosamente hacia una puerta. Donde se supone que debería ir un hoyo para espiar, había un ojo… el de Moody.
Los que no conocían ese detalle, ahogaron un grito. Miraron horrorizados a Harry, que se veía furioso por el simple recuerdo del ojo en la perilla de Umbridge.
Una placa rezaba: Dolores Umbridge, jefa de la comisión de registro de hijos de muggle. Harry colocó un Detonador Decoy y esperó a que explotara, para poder colarse en la oficina.
- ¡Bien hecho, hijo! – exclamó James, que parecía radiante de orgullo por haber heredado sus rasgos merodeadores.
- ¡James! – le regañó Lily.
- ¿Qué? No dirás que no te parece excelente la forma en que se coló sin que lo descubrieran.
- Pues… no – titubeó.
- ¡Ja! Claro que sí – Harry sonrió ante la desidia de su madre y la terquedad de su padre.
Harry recuperó el ojo de Moody y observó con disgusto el telescopio que utilizaba para espiar a sus empleados. Murmuró "Accio Relicario" sin esperar que el relicario llegara hasta su mano, cosa que no ocurrió. Encontró el archivo del señor Weasley y lo inspeccionó, dejándolo intranquilo.
También encontró un ejemplar de "La vida y mentiras de Albus Dumbledore" haciendo que la sangre de Harry comenzara a calentarse.
- Y con gran razón – comentó Lupin. Todos en la sala asintieron.
Reparó en un póster de sí mismo, con las palabras grabadas "Indeseable no. uno", una nota rosa con la imagen de un gatito decía "A ser castigado".
Un gruñido general se escuchó en la sala. James apretó los puños y Lily colocó una mano en su hombro. Él la tomó e indicó a Lupin para que siguiera leyendo.
Harry apenas tuvo tiempo de colocarse la capa encima cuando Thicknesse entró a la oficina. Harry sabía que su prioridad debía ser salir del ministerio sin ser descubiertos e intentar de nuevo otro día. Primero buscó a Ron, lo encontró, aún sin poder parar la lluvia en la oficina de Yaxley.
- ¿Yaxley? ¿Qué no es un mortífago? – preguntó Padfoot.
- Así es – contestó Harry – el ministerio estaba realmente bajo el control de Voldemort.
- Ese bastardo – murmuró.
Harry y Ron volvieron a separarse. Harry se dirigió a buscar a Hermione, que estaba en una cámara de interrogación, más pequeña que en la que le habían interrogado a él por uso indebido de la magia.
- ¿Por qué hicieron eso? – preguntó Lily.
- En mi quinto año, Umbridge mandó algunos dementores a Little Whinging, tuve que usar un patronus para que no nos besara a Dudley ni a mí.
- ¿Sabías conjurar un patronus a los quince? – James parecía impresionado, lo que hizo que Harry sonriera; le gustaba esa sensación de que alguien se sintiera orgulloso de él por algo tan 'pequeño' como eso.
- Desde los trece, en realidad - ¡Vamos! Un poco más no hacía daño a nadie. Lily le sonrió de tal manera que Harry estaba seguro de que jamás se le olvidaría.
- Impresionante.
- Sacó tu cerebro, amor – comentó James.
Harry observó cómo cuestionaban a la 'esposa' de Ron. En esa sala llena de dementores, los únicos que estaban protegidos eran los cuestionadores. Harry se sentó detrás de Hermione, Umbridge y Yaxley. Harry le indicó a Hermione que estaba tras ella, haciendo que la chica brincara.
Hermione golpeó el brazo de su amigo, recordando ese momento, haciendo que todos los presentes rieran.
- ¡Ay! ¿Eso por qué?
- ¡Porque me sacaste un susto de muerte en ese momento! – exclamó, con una gran sonrisa.
Entonces algo llamó la atención de Harry: el relicario colgaba del cuello de Umbridge. Cuando Hermione preguntó por este y Umbridge mintió, Harry no tuvo más control sobre sus actos y aturdió a Umbridge y después a Yaxley. Hermione hizo una réplica del relicario y luego liberó a la señora Catermole. Comenzaron a lanzar patronus para ahuyentar a los dementores. Harry usó su personalidad para ayudar a escapar a algunos hijos de muggles, pero en cuanto iban a bloquear las chimeneas, se aseguró de que él y sus amigos salieran de ahí. Se aparecieron en Grimmauld place, esperando ya estar a salvo, cuando Harry visualizó a Yaxley agarrado de su pie.
- ¡Déjame ir! – exclamó. Entonces todo se volvió oscuro de nuevo.
En la sala todos se encontraban en silencio, esperando que hubiera algo más escrito, pero ahí terminaba todo. Todos miraban al trío, buscando alguna explicación; pero se limitaron a sonreír. Harry se levantó y estiró las piernas.
- Qué capítulo más interesante – dijo, recordando ese día. Los demás le dieron miradas asesinas - ¿Qué? Ya pasó, es algo que ya no importa.
- ¿Qué no importa? No, Harry, tú sí que estás mal – comentó Moony. Todos comenzaron a reír. Entonces las puertas de la sala se abrieron y Sirius y Daisy entraron por ellas. El silencio se mantuvo por un momento.
- ¿James? – preguntó Daisy, con un hilillo de voz. James asintió y se acercó a ella, que se abalanzó sobre él y comenzó a sollozar en su hombro.
- Ya, cariño, calma – dijo, intentando tranquilizarla. Después de un rato más, se separó de él, secando sus lágrimas.
- Ay, Merlín. Hacía más de un año que no estaba tan sensible – comentó, haciendo que los demás rieran. Luego se encaró con Lily y la abrazó – Lily, no sé cómo hiciste para recuperar tu figura tan rápido después del embarazo, me tomó AÑOS volver a la mía después de tener a Damián.
- A base de dieta y ejercicio – contestó ella, sonriendo. Esa chica nunca cambiaría su obsesión por su figura, al menos eso parecía – aunque supongo que también fue gracias a James.
- Sí, supongo – dijo Daisy, intentando no reflexionar mucho sobre las palabras de su amiga. Cuando llegó con Moony, lo inspeccionó con la mirada, él la miraba, nervioso - ¿Sabes? No te veía tan nervioso desde que Dumbledore descubrió que tú habías puesto la bomba de olor y pintura en la puerta de Filch.
- Filch duró un mes entero con su rostro cambiando de colores y con una peste horrible – dijo él, con una gran sonrisa. Daisy lo abrazó y volteó a ver a Remus. Se cruzó de brazos frente a él y luego negó con la cabeza.
- Lo peor de tantos años de estar enojada contigo y odiándote, fue que realmente te perdoné al día siguiente. Nunca podría estar más de veinticuatro horas molesta contigo. Supongo que nunca entendí por qué no estuviste conmigo cuando más te necesitaba – su voz se quebró en la última palabra y Remus la abrazó. Ella pasó los brazos por su cuello y escondió el rostro en el cuello de su amigo, mientras algunas lágrimas caían por sus ojos.
- Lo siento – fue todo lo que acertó a decir. Daisy se separó de él, asintiendo levemente con la cabeza. Se volvió a Tonks y le sonrió ampliamente.
- Así que tú eres mi cuñada – afirmó, con una gran sonrisa, que Tonks respondió con otra – ¿Y mi sobrino?
- Está dormido, con Harry – dijo Tonks.
- Oh… vale – entonces tocó el turno de Feline y Padfoot.
- Esto es tan endemoniadamente raro – dijeron Feline y Daisy, al mismo tiempo.
- ¿En qué mes estamos? – preguntó Daisy.
- Noviembre – contestó Feline; un brillo indescriptible apareció en los ojos de Daisy. Feline asintió, con una gran sonrisa, que poco a poco fue cayendo al ver la expresión que tenía Daisy.
- Felicidades – murmuró – cuida bien lo que comes, te juro que los antojos que te darán serán de lo más horribles y serán los que no te dejen bajar de peso hasta cuatro años después. Y las nauseas, Merlín te salve de ellas.
- Gracias por el apoyo – dijo Feline, sarcásticamente.
- De nada – se volvió a Harry, Ron, Hermione y Ginny – supongo que no me conocen. Soy Daisy White. Soy madre de Damián, creo que han oído algo de él.
- Sí, bastante, a decir verdad – respondió Ginny – es un año más chico que yo ¿No?
- Exacto – respondió, con una sonrisa nostálgica. Sirius se acercó a ellos y anunció:
- Daisy necesita descansar, mañana pueden seguir con las presentaciones.
- Pero… - protestó ella, mas una simple mirada de Sirius bastó para que accediera – descansen. Te juro que habrías sido una gran ayuda a la hora de acostar a Damián.
La risa de Sirius se escuchó en la sala, hasta que cerraron la puerta de su habitación.
