Disclaimer: Nada de lo que reconozcan me pertenece.

La historia está llegando a su fin!!


Conociendo el futuro.

Capítulo 20.

Todos estaban reunidos en torno a la chimenea, esperando el escrito. Pronto, unas llamas amarillas aparecieron, dejando tras de ellas el nuevo capítulo. Neville se puso de pie y lo tomó.

Las reliquias de la muerte.

Cuando aparecieron, Hermione ya estaba poniendo las protecciones. Comenzaron a comentar acerca de la pérdida de tiempo que había sido ir con Xenophilius; como siempre, Harry quería creer.

El aludido comenzó a ruborizarse violentamente mientras algunos reían. Ese era Harry.

Peverell. Algo le resultaba familiar. '¡Marvolo Gaunt!' Chilló por fin.

En la sala todos lo observaron, curiosos, al parecer nadie lo conocía.

'El abuelo de Voldemort. ¡El anillo que Voldemort convirtió en Horrocrux tenía el escudo de los Peverell!'. Si todo era como Harry suponía, la piedra que tenía el anillo era la piedra de la Resucitación. Entonces, una gran cantidad de información comenzó a rodar por la cabeza de Harry.

Dumbledore tenía la capa de invisibilidad antes de que sus padres murieran, seguramente para examinarla, pues creía que era una de las reliquias. El anillo... ¡El anillo estaba dentro de la Snitch! Y la varita '¡Quien-tú-sabes está detrás de la varita de la muerte!'

Algunas expresiones ahogadas se escucharon.

Ron los incitaba a pensar en lugares donde podrían estar escondidos los Horrocruxes. Además buscaba el programa de radio 'Potterwatch', hasta que una tarde lo encontró. Se enteraron de las muertes de Ted Tonks, Dirk Cresswel, Gornuk el duende y de una familia muggle. Escucharon a Kingsley y después a Remus, que aseguraba a todos que Harry estaba vivo y que no perdieran las esperanzas y Harry no podía sentirse más agradecido con él y se preguntaba si ya lo había perdonado.

Continuaron escuchando el programa hasta que terminó y Harry cometió una estupidez. Pronunció el nombre, Voldemort, y el tabú se activó. Una serie de Snatchers los rodearon.

Los ojos de Lily se humedecieron y cubrió su boca con una mano. James la rodeó con sus brazos y observó a Remus, agradecido. Harry, por su parte, no podía quitar su mirada del licántropo, que le sonreía ampliamente, diciéndole que todo estaba bien. Daisy, los observaba, curiosa, volteando su cabeza de un lado a otro, como observando un partido de tenis.

- ¡Ay, que no entiendo! - en la sala todos comenzaron a reír. Para pasar a una nube de tensión alrededor del cuarto.

- Bueno... pues - comenzó Harry, observando a Remus.

- Técnicamente yo... en realidad...

- ¡Dímelo ya! - exclamó, impaciente. Remus tomó una gran bocanada de aire, antes de contestar. La conocía y no iba a reaccionar de una manera placentera. Tal vez si...

- Promete que no te enojarás.

- ¿Por qué habría de enojarme? - el licántropo estaba a punto de buscar otra forma de seguir evadiendo la pregunta, pero su esposa no era de la misma opinión.

- ¡Ay! Mi marido pensó en abandonarnos a mí y a Teddy cuando se enteró de que estaba embarazada.

Los ojos de Daisy se tornaron súbitamente oscuros. Esa chispa que la caracterizaba desapareció sin dejar huella. Su mirada reflejaba todo lo que sentía. No eran necesarias las palabras y Remus pudo leer su expresión sin dificultad. Se veía triste, decepcionada, traicionada, defraudada, rabiosa, a punto de asesinar a alguien. Su falta de palabras fue lo que asustó más a Remus. Nada bueno se desprendería de eso. Sólo hacía falta esperar.

- Que hiciste ¿Qué? - susurró. Su voz a penas se escuchó, pero fue una sentencia. Miró a Sirius, que simplemente se veía aterrorizado. 'Oh, oh'.

- Yo uh... - Daisy inspiró profundamente y sonrió, amablemente. Oh, pero Remus sabía mejor que eso. No se tragaría ese gesto de tranquilidad por nada del mundo.

- ¿Me vas a decir por qué lo hiciste? - su voz era suave y atrayente, y el viejo licántropo comenzaba a temer por su vida.

- Tenía miedo y... pensé que era lo mejor para ellos - una chispa de furia se encendió en su mirada.

- ¿Por ser un licántropo? - un murmullo casi pasó desapercibido.

- ¿A-ajá?

- ¡CON UN DEMONIO REMUS! - momento de la explosión - ¿CUÁNTAS VECES TE DIJE QUE NO ES NADA POR LO CUÁL ESTAR AVERGONZADO? ¡NO PUEDO CREER QUE HAYAS SI QUIERA PENSADO HACER ESO! ¡Y LO INTENTASTE! ¡MERLÍN SABE LO QUE YO O DAMIÁN HABRÍAMOS DADO POR QUE SIRIUS ESTUVIERA JUNTO A NOSOTROS! ¡Y TÚ! ¡TÚ SIMPLEMENTE TE DECIDES A ARREBATARLE ESA OPORTUNIDAD A TU FAMILIA! ¡ERES UN EGOÍSTA! ¡UN...! ¡UN...! ¡NO TENGO PALABRAS PARA DESCRIBIRTE!

- Daisy... - Sirius intentó abrazarla para calmarla, pero sólo logró tornarla en su contra.

- No lo hagas, Sirius.

Fue lo último que dijo, antes de salir disparada a su cuarto. La sala permaneció en silencio. Remus simplemente estaba destrozado. Cada palabra que había dicho era cierta, era todo lo que podía pensar. Los chicos que no conocían su temperamento estaban asombrados. ¡Incluso Feline lo estaba! Era un cambio totalmente de la chica con la que habían convivido a la fiera en la que se convertía. Sirius suspiró profundamente y se disculpó, mientras entraba en la habitación tras su esposa. Remus no tardó en retirarse también.

- Sinceramente, no sé como vaya a terminar esto - comentó James. Todas las miradas se posaron en él, que se encogió de hombros - nunca la vi tan alterada como hoy.

- Lo sé - susurró Padfoot, dándole una mirada significativa a su mujer - ¡Ya se! Cuando le dije que...

- Cállate, Sirius - le espetó Feline.

Daisy había cerrado con un portazo y después se había dirigido al baño. Apoyó las manos en el lavamanos, mientras observaba su reflejo. No debería haberse exaltado de tal manera, pero no pudo evitarlo. Había imaginado a Sirius dejándola deliberadamente y no logró soportarlo. Se acuclilló ahí mismo y comenzó a sollozar levemente. No escuchó cuando abrieron la puerta, pero logró sentir la presencia de su esposo en cuanto se encontró detrás de ella. Sin dudarlo ni un segundo, se abalanzó a sus brazos, aferrándose a su cuello. Sirius la cargó hasta un sillón y se acomodaron ahí. Ella no podía parar de llorar y él sólo podía acariciar su cabello.

En la sala, los que quedaban se miraban, mientras nuevas llamas aparecían. Volvieron a acomodarse en sus asientos.

La mansión Malfoy.

Los Snatchers los tenían rodeados. Comenzaron a interrogarlos. Pensaban que los iban a liberar, pero uno de ellos encontró una foto de Hermione en el profeta, diciendo su nombre verdadero y que viajaba con Harry Potter.

Entonces Greyback decidió llevarlos ante Voldemort, a la mansión Malfoy. Narcissa les abrió y Fenrir le informó que habían atrapado a Harry. Tras un momento de discusiones, Bellatrix observó la espada de Gryffindor, que habían tomado los Snatchers de la tienda del trío, y se mostró realmente asustada, alegando que Snape la había mandado a su caja de seguridad en Gringotts.

Mandaron a Ron y Harry a los calabozos, mientras Hermione se quedaba para ser interrogada. Desde el calabozo, la escucharon gritar.

Ron no podía dejar de abrazar a la castaña mientras escuchaba las palabras salir de la boca de Neville. La chica iba palideciendo ante el recuerdo del crucio de la vieja arpía, mientras Harry apretaba los puños, intentando descargar su coraje.

Luna también estaba ahí y desató a los chicos. Accionaron el Deluminador y observaron a Ollivander, Dean y Griphook. Griphook fue llamado para que comprobara que la espada era falsa, mostrando que la de Bellatrix aún estaba en su caja de seguridad. Harry sacó el pedazo de espejo que le quedaba y observó un ojo azul que le veía, en su desesperación pidió su ayuda. Poco después, Dobby llegó.

- ¿Dobby? - preguntó James.

- El elfo de los Malfoy, al que Harry liberó.

- Ah, dale.

Harry le dio instrucciones de llevar a Luna, Dean y Ollivander a Shell Cottage, la casa de Fleur y Bill. Pero sus amigos no querían irse, querían ayudarlo. Él les dijo que se verían después en Shell Cottage, y sólo así accedieron. Cuando desaparecieron, Lucius Malfoy preguntó si habían escuchado algo en el calabozo, y mandaron a revisar a Petigrew.

Un gruñido general se escuchó en la sala; Padfoot tenía cara de querer matar a alguien y parecía muy dispuesto; Moony se encontraba en un estado similar, pero él sabía controlarse, era la gran diferencia; Feline se moría de ganas de gritarle todas sus verdades mientras le daba una paliza; y James, bueno, la cara de James era indescriptible, parecía a punto de explotar, literalmente.

La puerta se abrió lentamente y Harry y Ron se abalanzaron contra él, y forcejearon para salir de ahí. Colagusano comenzó a estrangular a Harry, pero él lo convenció de que no lo hiciera. Ron le quitó su varita y, al momento, la mano de plata se enroscó alrededor del cuello de su dueño, matándolo.

Algunas expresiones ahogadas se unieron a la sensación de matar al maldito traidor.

- ¿Tenía una mano de plata?

- Ajá, tuvo que donar su mano real para la causa revive-a-Voldy, entonces su señor le dio una de plata.

- Que terminó matándolo.

- Qué ironía.

Griphook dijo que la espada era falsa. Ron desarmó a Bellatrix y Harry tomó su varita, pero ella tomó a Hermione y amenazó con matarla con un cuchillo. Entonces un candelabro cayó y Dobby hizo su aparición, mientras Ron salía de ahí con Hermione. En medio de la confusión, Harry tomó a Griphook, que tenía la espada en su posesión y se desapareció.

Dobby le ayudó a aparecerse nuevamente en Shell Cottage, para descubrir que estaba gravemente herido. Y el pobre elfo, en brazos de su héroe, murió.

Las lágrimas caían por los ojos de Harry, que se refugió en el cuello de su novia. Los demás lo observaban, intentando entender el por qué Dobby era tan importante para él, al menos los del pasado.

El fabricante de varitas.

Harry cavó una tumba para Dobby. Su cicatriz dolía, pero él era dueño del dolor. Había aprendido a cerrar su conexión con Voldemort.

Expresiones de alivio y celebración se escucharon por la sala, mientras todos se sentían felices por escuchar eso.

Ron se le unió a cavar la tumba y sepultaron a Dobby. Luna agradeció a Dobby el haberlos sacado del sótano, al igual que Ron, Dean y Harry. En una piedra, Harry talló 'Aquí yace Dobby, un elfo libre'.

Lágrimas silenciosas caían por las mejillas de Harry, limpiándolas disimuladamente. Ginny se recargó junto a él y él la abrazó, sintiéndose más fuerte de esa manera.

Se enteró de que los Weasley habían sido marcados por los mortífagos, sabiendo ahora que Ron viajaba con él. Harry solicitó hablar con Griphook y Ollivander, decidiendo hablar primero con Griphook.

Griphook empezó a hacer observaciones, como la manera en que Harry había cavado la tumba de Dobby y cómo lo había rescatado a él mismo. Harry no supo interpretar eso, pensando que le estaba reclamando, fue al grano. 'Queremos que nos ayudes a abrir una cámara en Gringotts'.

- ¡Pero eso es imposible! – exclamó Lily.

- Merlín, Harry, hasta tú deberías saberlo – dijo Moony, en un tono que hizo que Harry se sintiera ligeramente ofendido.

- Pero era necesario – fue todo lo que respondió.

Griphook les dijo que no podrían hacerlo, que no lo lograrían, pero prometió pensarlo. Después de hablar con él, Harry les explicó a Ron y Hermione que creía que había un Horrocrux ahí.

- ¿Por qué habría de esconderlo ahí? – preguntó Padfoot. Harry se encogió de hombros.

- Supongo que porque siempre envidió a cualquiera que tuviese una llave. Él era pobre y nadie vio por él, es todo lo que sé.

Se encontraron con Ollivander y Harry le preguntó si era posible que arreglara su varita, pero el fabricante le dijo que no. Identificó dos varitas que llevaban con ellos, la de Bellatrix y la de Malfoy, al parecer la segunda ahora pertenecía a Harry, ya que él lo había desarmado y ahora la lealtad de la varita estaba con él.

- Eso es extraño – comentó James.

- Lo es, pero para Ollivander parecía tener lógica.

Harry comenzó a adivinar lo que Voldemort había querido de Ollivander, como que le explicara el funcionamiento de los núcleos gemelos y le hablara de la Varita de Sauco. Tras una larga charla, Harry salió al jardín.

'Gregorovitch tenía la Varita de Sauco, Grindelwald se la quitó y entonces Dumbledore se batió a duelo con él. La varita está en Hogwarts'.

Ron lo apremió para que fueran a rescatarla, pero Voldemort había ganado una vez más.

Algunas expresiones ahogadas se esparcieron por la sala. Las llamas se llevaron el capítulo.

- Entonces… Voldemort ganó la varita.

- Sí – dijo Harry.

- Pero… ¿Dónde estaba?

- Bueno, la varita pertenecía a Dumbledore y cuando Dumbledore murió…

- Lo enterraron con ella – susurró Lily, horrorizada.

- Exacto.

Nuevas llamas aparecieron. Padfoot tomó el capítulo y comenzó a leer.

Shell Cottage.

Harry aún se preguntaba si estaba bien no haber impedido que Voldemort robara la varita. Los reproches de Ron le confundían tanto como el apoyo de Hermione. Griphook solicitó hablar con él.

'He decidido ayudarte a cambio de un pago'. La gran sonrisa de Harry se hizo pequeña. '¿Qué quieres?' preguntó 'La espada de Gryffindor'.

Los presentes en la sala soltaron un gruñido, muchos sabiendo lo que se avecinaba.

Harry decidió que se la daría, pero después de que la usara con los Horrocruxes, no importaba cuanto tiempo tomara.

Ollivander se fue a casa de la tía Muriel, donde estaban el resto de los Weasley. Justo antes, llegó Remus, estaba muy exaltado.

Las caras de preocupación de los del pasado se contrarrestaron con la de felicidad de los del futuro.

'¡Es un niño! ¡Ted Lupin, por el padre de Dora!'.

Los vítores no se hicieron esperar en la sala, y Padfoot chiflaba, mientras se mostraba un poco contrariado por pensar en su pequeña sobrina de siete años con un hijo. Se estremeció y decidió dejar las cosas por la paz.

En su emoción, abrazó a Harry y le pidió que fuera su padrino. Aceptó. Bill habló con él, acerca de los tratos con los duendes. Después, un pensamiento irónico llegó a su cabeza: Parecía ya en proceso de convertirse en un padrino tan imprudente para Teddy Lupin como Sirius Black lo había sido para él.

Las risas fueron algo incómodas, pensando en lo que realmente quería decir esa frase. Las llamas se llevaron el capítulo, pero trajeron a dos personas con ellas. Un muchacho alto, bien formado, con cabello tan claro como la arena y ojos color miel, se encontraba delante de una chica más bien bajita, rubia, con ojos de un intenso azul. El chico tenía su varita frente a él, intentando defenderse, pero la bajó ante el sonido de una sola palabra.

- ¿Teddy?