Hola de nuevo, perdón por la tardanza, pero no he tenido mucho tiempo. Hoy fue un día bastante agotador gracias al trato que hice con Tsunade (y que si no se me olvida relataré en otro capítulo). Hoy tuve un arduo entrenamiento. No es por ofender ¡pero Guy es un pesado! (literalmente) Con razón Tenten se la pasa quejándose... Además, tuve que atender mi pequeño negocio, por lo que no estoy de tanto humor, así que seguiré de una vez mi historia.

¿En qué me había quedado? ¡Ah, sí! Mi primer día en Konoha.

Como les había dicho, me había quedado acampando afuera a lado de los guardias. Pues esa situación se repitió toda la semana, y ya para ese momento ya sabía jugar Póker, Corazones, Continental, Viuda Negra, Veintiuno y otros juegos de ociosos. ¡Quién hubiera imaginado que estar en la entrada de una aldea ninja iba a ser tan aburrido!

Durante esa semana ocurrieron varias cosas, la primera fue que al segundo día me echaron del lugar en el que acampaba, pues decían que era muy poco decoroso para los clientes verme en mis fachas justo en la entrada de la Aldea en la que iban a contratar un servicio, por lo que me tuve que mudar un poco más lejos, escondida entre los árboles. de esa manera yo no pudía ver a los que entraban ni ellos a mí. Seguro que por eso no pude ver a mis personajes favoritos hasta después.

También me enteré de que los nombres de los guardias eran Haruto y Yuta y que estaban relevando a unos tales Kotetsu e Izumo en una misión (los últimos dos nombres me sonaron). Para el final de la semana ya me llevaba más o menos bien con ellos, seguro me consideraban su mascota o algo así. Creo que han sido de los pocos que tan rápido me hice amiga en este lugar, lo único decepcionante del asunto era que para colmo, ¡ni siquiera son personajes cannon! De todas formas fueron muy amables conmigo, me daban de comer y también me regalaron el papel higiénico que usaba cada vez que el proceso de la digestión natural terminaba. Incluso de vez en cuando pasaba un rato con ellos en la cabina de la entrada y jugábamos cartas.

Además de eso, por lo poco que pude oír de la situación actual de Konoha, me enteré de que estaba en algún punto temporal en el ánime pero aún no en el manga, lo cual tenía sentido, pues si me iban a transportar al mundo de Naruto lo mejor era que fuera en la versión animada y no en la del papel.

Como adivinarán, eso era una ventaja para mí, pues como buena fan que no había tenido nada que hacer el jueves pasado, ya había leído lo más reciente del manga, por lo que ya sabía cómo que cosas iban a pasar.

Después de pasar toda una semana con los guardias, éstos sintieron lástima de mí y decidieron que podía pasar, siempre y cuando uno me escoltara. Yo acepté gustosa, pues estaba segura de que cuando llegara con Tsunade todo se arreglaría. Grasso error.

Algo curioso de contar es que mientras avanzábamos por las calles se podían ver ninjas saltando de techo en techo. Eso hubiera sido emocionante si no fuera porque me ponía nerviosa que uno se fuera a caer en mí o me diera una patada en un descuido, por lo que me agachaba cada vez que una sombra pasaba arriba de mí. Yuta, el guardia que me estaba acompañando, no parecía preocupado por ello, pero, ¡claro!, como él si tenía reflejos ninjas, seguro que ante cualquier anormalidad siempre podía hacerse a un lado en un fugaz movimiento sin verse afectado.

Después de caminar por un rato llegamos a los edificios de la hokage. El lugar era enorme. Yo esperaba ser recibida inmediatamente como persona importante y desconocida que era, pero al parecer ser la máxima autoridad y única líder de la Aldea que tomaba todas las decisiones importantes era un trabajo muy ocupado y solicitante, por lo que no podía atender a todos tan rápida y fácilmente como yo creía.

Primero tuvimos que hacer una hilera enorme con los demás clientes para solicitar una entrevista. Los clientes eran de lo más variado, había desde grandes señores feudales, asesinos y gente poderosa y rica; hasta el barrendero, el conserje y otro ninja de la misma aldea (quizás estaba ahí para pedirle a otro ninja que hiciera una misión que tenía asignada y no quería realizar).

Después de estar cinco horas palpando moscas en espera de mi turno (sí, palpando, que después de esperar tanto tiempo yo había encontrado tres moscas muertas en la ventana y las había estado apachurrando y sintintiedo con suavidad insistentemente para pasar el rato) al fin llegué hasta el recibidor. La chica que me atendió fue una de cabello negro y corto.

Al principio creí que podía ser Shizune, pues aunque no se parecía del todo, siempre cabía la posibilidad que ya en persona y en vivo las celebridades no se parecieran mucho a como lucían en la tele. Sin embargo, cuando le pregunté, sólo se rió de mí y me dijo que la susodicha era una de las más altas en la institución, pues era la secretaria personal ni más ni menos que de la figura más importante de la aldea, por lo cual era estúpido que estuviera atendiendo molestos clientes en la planta baja cuando debía de atender insoportables líderes shinobis ebrios en el piso de arriba.

Después de su explicación me entregó una pila de hojas que debía de llenar por triplicado y entregarlo en la sección A, D y E respectivamente; llenar un formulario; hacer algunos trámites; entrevistarme en un interrogatorio para ver si no venía de una aldea enemiga como espía, si pasaba la segunda fase; y tal vez, finalmente, ver a la hokage como en eso de 5 meses si empezaba ya.

Maldije un rato la burocracia de Konoha (que de hecho no era tan diferente a la de mi país) y tomé todos los papeles que de hecho ya sobrepasaban mi estatura actual y regresé a la entrada de la aldea para empezar a llenar el estúpido formulario.

Aún me acuerdo que una de las preguntas que venía era:

Pregunta 1463: ¿Para qué desea entrar a Konoha?
a) Vengo a solicitar una misión.
b) Es mi aldea natal.
c) Quiero destruirla.

La última opción me tomó por sorpresa, no podía pensar en nadie que la marcara, aun cuando esa fuera su verdadera intención. Simplemente era estúpido hacerlo.

Otra de las preguntas que me dio dolor de cabeza era mi lugar de origen. Entre las opciones no había ninguna que dijera "Una dimensión paralela", así que me decidí por: "Muy lejos."

Las demás preguntas tampoco tenían mucho sentido, me preguntaban cosas como: ¿Cuándo fue la última vez que tuvo que ir al baño? Yo había marcado que hacía una hora, pero cuando terminé el maldito formulario ya había ido otras cinco veces más, por lo que tuve que regresarme a actualizar.

También me preguntaban si tenía parientes, amigos, conocidos o hasta mascotas en Konoha, lo cual puse no. Seguramente eso me restaría una semana más.

Debo de admitir que muchas respuestas me las inventé y eso me trajo muchos problemas después, pero ahora no entraré en detalles.

Para cuando terminé de llenar todo y sacarle copias ya había pasado una semana (si se lo preguntan, la pregunta del baño fue una de las casi últimas) así que me dirigí de nuevo al edificio de la godaime. Esta vez Haruto me acompañó y me ayudó a cargarlo todo, que de otra forma, probablemente no llegaba.

Cuando llegué volví a hacer fila, esta vez sólo cuatro horas y media. Cuando al fin estuve enfrente de la recepcionista me dijo que como ya tenía todos mis papeles no debía de formarme otra vez aquí, pero que de una vez empezara a formarme para la sección A, que era la más tardada.

Contuve mis ganas de matarla sólo porque pude notar que ella cargaba un estuche de kunais bien afilados; y musitando groserías me dirigí a la enorme fila que terminaba, por mucho, más allá del edificio que era "la sección A".

Estuvimos nuestro buen rato esperando en la fila, y ya para ese momento Haruto ya estaba más aburrido de lo que estaba en la entrada, así que nos pusimos a jugar naipes. Así fue cómo conseguí la bandana sudada que ahora llevo en la frente.

La fila se movía lentísima, algo así como a 0.005 km/h, lo que equivaldría, so aún me acuerdo cómo hacer conversiones, a 5 metros por hora. Algunos vendedores habían empezado a mostrar tiendas de acampar y a tener compradores entre las filas. Yo me frustré de no haber traído la mía propia, pero de todas formas no me compré una nueva, pues estaba enojada, terca y sobre todo, no traía dinero.

Al día siguiente la fila avanzó un poco más rápido y para mi sorpresa ya estábamos en la caja para el anochecer. De todas formas, como cerraban como a eso de las 8:00 tuvimos que esperar otro día más.

Ya para el tercer día Haruto ya traía barba y yo ya estaba completamente desesperada. Llegamos, entregamos los papeles y nos fuimos a la sección D y E, las cuales resultaron inesperadamente rápidas.

Después de tanto trámite nos regresaron a casa, diciendo que cuando tuvieran la pre-aprobación, como en eso de tres semanas, nos enviarían una paloma mensajera para darnos más detalles acerca de la segunda parte del trámite que tardaría como unas 10 semanas más. Casi lloré de la desesperación.

Esperé otras dos semanas y al final de mi primer mes de lo que más había visto había sido la puerta, los arbolitos y mis compañeros del póker. Yo la verdad esperaba que para ese tiempo ya me hubiera vuelto amiga de toda la aldea y tratara a los personajes de la serie con tal familiaridad como si hubiera sido su mejor amiga desde la infancia. Pero en vez de eso estaba aquí, con otros dos OC, aprendiendo a arreglármelas sin un baño decente.

Pasó otra semana más y esperaba con ansias una respuesta, pero no llegó ni en los primeros días ni en los últimos. Para ese momento yo ya estaba toda decepcionada del asunto y creía fervientemente que mi solicitud de entrada y entrevista con Tsunade se había perdido en una de sus borracheras o había sido lanzado a un incauto que había osado llamarla "oba-chan".

Cuál fue mi sorpresa cuando al inicio de la siguiente semana me llegó una paloma pinta con el pase directo para ver a la godaime. Me arreglé todo lo que pude, ajusté un poco mis harapos ninjas para presentarlos (los había cortado para que no me quedarán tan largos y se vieran más "cool" y rebeldes, pero de todas formas el feo color seguía ahí y no me había salido muy bien mi arreglo, por lo que ahora me veía más como pordiosera y me tuvieron que prestar nueva ropa) y me dirigí hacia el despacho.

Mucho después sabría que todo había sido una especie de confusión en la que mi solicitud se había revuelto con la pila de cartas de urgentes cuando Shizune levantó todos los papeles que Tsuande había tirado en un ataque de estrés y holgazanería.

Seguí las instrucciones de la secretaria (quien leía distraídamente "Shinobi Teens"): al fondo a la derecha sin pierde; pero terminé en una habitación en donde Kotetsu e Izumi estaban jugando shogi tranquilamente mientras una enorme pila de papeles sin clasificar se tambaleaba peligrosamente. Claro que me emocioné al verlos (pues ya me acordaba quienes eran), pero en ese momento me urgía más ver a la hokage; además, si mal no recordaba, ellos supuestamente habían sido ascendidos a una misión muy importante, pero a juzgar por el desorden al parecer ni ellos ni nadie se lo tomaron muy en serio.

Al final, después de quejarse de que ya era la 23ava de la semana que iba con ellos (recordemos que acababa de empezar la semana) y de que hablarían muy seriamente con la responsable de todo eso, aunque seguramente no lo haría, me dieron la dirección correcta: al fondo a la izquierda.

Y ahora sí llegué al despacho de Tsunade, a quien debía de acostumbrarme a llamar lo más pronto posible Tsunade-sama por el bien de mi integridad física.

Toqué la puerta y se escuchó un desganado:

—¡Entre!

Yo estaba muy emocionada, así que entré lentamente.

Y entonces comenzó esa tortuosa entrevista-interrogatorio de dos semanas, que relataré después, pues mis músculos están sumamente adoloridos y sólo deseo dormirme de una vez.

Por cierto, muchas gracias a todas aquellas que me dejaron un review en el capítulo pasado, me emociona que las personas se interesen por mi pequeña a(des)ventura en Konoha. No sé cómo tomar que la mayoría le haya agradado mi sufrimiento de Mary Sue, pero aun así ¡no dejen de comentar! Me hacen sentir importante.

Gracias por todo y Buenas Noches.