No sé qué tanto podré comentar acerca de mi entrevista con Tsunade-sama, pues estoy a mitad de mi descanso y no dispongo de mucho tiempo, pero ahí va:

— ¡Entre! —había ordenado la hokage y pues así lo hice.

Lo primero que vi fue un montón de papeles parlantes, pero una mano salida de quién sabe dónde los apartó y al final pude ver el rostro de la godaime detrás de ellos.

Yo la verdad estaba muy emocionada. Había tardado un mes y medio, pero al final veía un personaje importante de la serie.

En cambio la godaime no se veía tan emocionada como yo, de hecho parecía más bien aburrida. Me señaló una silla para que me sentara y comenzó nuestra conversación.

— Bien, ¿qué quieres? —me dijo y yo me quedé muda. Ahora que lo pensaba no tenía idea de lo que iba a pedirle. Tanto tiempo concentrada en verla que ni siquiera había pensado como que le diría cuando la viera. Me hubiera sido más fácil que en vez de hacerme la pregunta de una vez ya me hubiera entregado un departamento seguro en dónde quedarme, lecciones de ninjutsu gratuitas con mis personajes favoritos y un vale para comprarme toda la comida que necesitara. Pero no, en vez de eso sólo estaba ahí, sentada detrás de su escritorio lleno de trabajo pendientes, mirándome con esos ojos intimidantes como diciendo "Apúrate ¿no? ¿No ves que desearía estar en cualquier otro lugar en vez de estar aquí, atendiéndote?"

Tuve que pensar rápido qué responderle. Entonces decidí hacer lo que había leído que habían hecho otros self-insert y que había funcionado muy bien: contarle toda la verdad. No estaba segura si la godaime resultaría más comprensiva que los guardias, pero seguro que si se lo demostraba con hechos terminaría convenciéndola de la veracidad de mi historia.

Así que eso hice… y fue como empezó mi pesadilla.

Primero se lo tomó de a chiste y después de revisar dudosa mi petición escrita y ver que no debía de estar en la lista de urgentes (y que yo infiriera la razón de por qué había sucedido así a través lo que podía captar de sus quejas al aire), decidió echarme de su oficina y hablar muy seriamente con quien me había dejado entrar (es decir: Shizune, Kotestsu e Izumo); entonces desesperadamente empecé a desembuchar información que sólo un televidente podía conocer.

Acto seguido el rostro de la hokage cambió drásticamente a uno de seriedad. Eso me animó a seguir contando más cosas, seguro empezaba a convencerla.

No sé cuándo pasó, pero en algún punto ella llamó a un especialista para que se hiciera cargo de mi caso, así que cuando terminaba de contarle como Naruto y el resto acababan de rescatar a Gaara y empezaba a contar con lujo de detalles la batalla entre Shikamaru y Hidan (me había saltado el relleno), tocaron la puerta.

Ella dio su clásico "¡Entre!" y un hombre bastante intimidante pasó.

Yo me sorprendí al reconocerlo y no pude evitar mostrarlo cuando grité su nombre:

— ¡Morino Ibiki! —dije mientras lo señalaba con la coronilla de mi dedo índice.

Jamás hubiera creído que él sería de los primeros personajes cannon que conocería. Hubiera sido más lógico pensar en que conocería antes al protagonista cuyo nombre llevaba la serie que al examinador de la primera prueba de los exámenes Chunnin que, a pesar de no ser de relleno, hacía muy pocas participaciones en la serie.

Tsunade-sama e Ibiki también se sorprendieron, pero supuse que no por lo mismo. Al final Tsuande-sama entrecerró los ojos y le dirigió una mirada cómplice que yo no pude interpretar hasta muy tarde.

— Entiendo —le dijo Ibiki y se volteó hacia mí— ¿Puedo saber de dónde vienes? —me preguntó.

— De México —le respondí sinceramente, pero éste sólo frunció el ceño. Seguramente estaba pensando en que me estaba burlando de él.

— ¿Y cómo llegaste aquí?

— Pues para ser sincera ni yo sé. Yo estaba tranquila en mi escuela y de repente terminé en el bosque, aquí.

— ¿Y en dónde queda tu escuela? —dijo tratando de obtener la mayor cantidad de información posible.

— En México —le volví a responder con toda mi inocencia, pero Ibiki sólo me miró seriamente y después se dirigió hacia Tsunade-sama.

— Godaime-sama, ¿le molestaría que me lleve a pasear un rato a su invitada?

— Adelante.

Así que salimos los dos y ya en el pasillo me preguntó si quería ir a comer a algún lugar. Le contesté que quería ir al Ichiraku Ramen. Seguramente se le hizo raro que señalara un puesto de comida cualquiera tan específicamente, pero no hizo ningún comentario al respecto.

Comenzamos a caminar silenciosamente. Yo me encontraba algo inquieta, pues Ibiki siempre me había puesto nerviosa; además, no parecía el tipo de hombre que suele pasearse tranquilamente por la aldea para disfrutar del aire libre y el Sol en un día hermoso y brillante y que, además, invitara las comidas.

Pero después pensé: bueno, soy bellísima, ¿por qué no habría de hacerlo? Seguramente ya lo había enamorado a pesar de que era como unos 10 años mayor que yo y que lo acababa de conocer. En ese momento en mi mente eso era lo único que tenía sentido y que podía explicar su repentino comportamiento tan lejos de su personalidad habitual.

De cualquier forma, dejaría que me invitara el Ramen y me hiciera regalos, pero si trataba de sobrepasarse tendría que detenerlo.

Aún tenía esas ideas en mente cuando llegamos al puesto de comida. Estaba un poco más vacío de lo esperado. De hecho tenía la esperanza de encontrarme con Naruto ahí y enamorarlo de paso, después él e Ibiki tendrían que pelear por mi amor, pero yo escogería a Sasuke (a quién también traería enamorado por los suelos), pero terminaría finalmente con Neji y esa misma noche (sí, todo habría pasado en un día) haríamos cosas que no describiré aquí con detalle porque tendría que cambiar el rating a M. Sí, ese era mi plan, pero el rubio no apareció y tuvimos que empezar a comer sin él.

Yo me peleaba mucho con mis palillos (los cuales desde el principio me había causado problemas al no quererse separar, e Ibiki tuvo que intervenir para que no golpeara a nadie con ellos y yo interpreté eso como una muestra de cariño, afecto y consternación que respaldaba mi teoría de su enamoramiento) y al final, en un ataque de frustración por no poder agarrar los fideos sin que se resbalaran terminé acercando el plato hasta mi boca y empecé a sorber.

El plato era delicioso, ahora ya sabía porque Naruto estaba tan obsesionado con él. Simplemente su sabor excepcional era algo que hacía gritar a mi paladar de alegría, era eso o que haber estado comiendo las sobras de comida ninja medio caducadas en la entrada por mes y medio había dañado ten severamente mis papilas que cualquier cosa me sabía bien.

De todas formas, durante todo el rato Ibiki no había tocado su comida y sólo se había empeñado en mirarme atentamente. Me halagaba que estuviera tan obsesionado conmigo, pero me empezaba a parecer enfermizo.

Entonces, de pronto, me sentí mareada, todo se empezó a oscurecer a mi alrededor y caí inconsciente.

Cuando desperté me encontraba en una habitación completamente sellada y yo estaba atada firmemente a una silla.

Enfrente se encontraba Ibiki, recargado en la pared, quien al ver que yo ya podía ver, se levantó de su posición y se acercó a mí.

— Veo que ya despertaste —me dijo con una voz muy tétrica—, ahora me dirás todo lo que sabes sobre Konoha, cómo obtuviste esa información y para quien trabajas…

¡Perdón! En serio odio interrumpir mi relato así, pero creo que algo se me está quemando, así que tendré que cortar por ahora. Apenas tenga otro descanso y las ganas, continúo.