Fate-mama

Capítulo Segundo: H. Testarossa Fate

Las manos alisaron la falda oscura antes de acomodarse el saco de igual color, pues el frío estaba empezando a levantarse. Alzó el rostro hacia el cielo, contemplando el alto edificio en el que Hayate le había citado para su "cita".

Soltó un bufido y regresó la mirada al reloj en su muñeca, por quinta vez en los pasados 3 minutos.

Daban las 7:00 p.m., cuando una figura enfundada en un vestido blanco, que terminaba en un pico en diagonal, apareció caminando a lo lejos. El ruido de las zapatillas hizo que Fate se despegase de la pared en la que se encontraba apoyada.

A unos cuatro pasos de ella, la otra persona se detuvo, moviendo su sombrero límpido para mostrar su rostro.

-"Hola."

Fate ladeó la cabeza a un lado, confundida ante el cordial saludo y la gentil sonrisa. No queriendo ser descortés, aceptó la mano que le era ofrecida.

-"Nanoha."

-"Fate. Fate Testarossa Harlaown."

-"¿La madre de Vivio, me supongo?"

-"Sí. Ya tuvimos el… um, placer, de conocernos antes."

Fate sonrió de lado, con ironía.

Sin embargo, la pelirroja al frente suyo pareció ignorar el gesto, pasándola de largo y asomándose en vez a la entrada del lugar. Después, giró sobre sí misma para verla, sonriente.

-"¿Entramos?"

Todavía confusa por la amabilidad –y peor aún, confundida porque ahora no tenía motivo para ser defensiva con quien la había atacado días atrás-, asintió despacio.

La rubia caminó sin prisas, no molestándose por dejar a la otra ir siempre a la delantera. Unos cinco pisos después, arribaron al restaurante donde Yagami había reservado la cena.

Los ojos borgoñas recorrieron el lugar, aprobando la elegancia, mas cuestionándose si realmente podían darse el lujo de gastar en algo así. Los ojos azules, por su parte, viajaron a todos los rincones con embelesamiento, no pudiendo evitar ser atraídos a los altos ventanales que fungían como paredes y permitían ver la ciudad allá abajo.

-"Es hermoso."

-"Sí lo es."

-"En verdad que estoy sorprendida."

El comentario, aunado a la mirada de reojo que Nanoha le lanzó, hizo que Fate alzara la ceja en modo de pregunta.

-"Tiene que acordar que nuestro primer encuentro no es muy memorable, Fate-san. Honestamente, me la vi difícil en imaginar que haría tiempo para recibirme; imagínese ahora mi sorpresa con semejante lugar que ha elegido para traerme…"

-"Yo no lo elegí –respondió normal, apoyando las manos también en el vidrio para contemplar la ciudadela-. Hayate lo hizo."

-"Nyahaha, debí suponerlo."

Los ojos borgoñas se viraron a verla, sólo para encontrar los párpados cerrados de la otra. Enseguida, Takamachi le pidió que tomasen su asiento para ordenar la comida de una vez, a lo cual ella aceptó en silencio tras quitarse el saco negro, dejando a la vista la camisa blanca que llevaba debajo.

Los menús vinieron y se fueron, así como el mesero anotó sus órdenes mientras uno más les servía algo para beber.

No fue hasta que se quedaron solas, que Nanoha decidió entablar conversación.

-"Mirándola más de cerca –añadió, mientras daba un sorbo a su vaso-, no parece una persona muy ocupada."

-"Las apariencias engañan" –Fate sonrió con malicia.

-"¿No eres muy joven para ser madre?"

-"¿No eres muy joven para ser maestra? –Fate devolvió, a lo que la pelirroja alzó la ceja divertida-. Oh, espera, eso no sonó muy convincente."

-"Me he dado la cuenta –rió bajito-. Adoro enseñar, adoro a los niños; es todo lo que puedo decir."

-"Bieeeeen –arrastró la palabra, delineando el contorno de su vaso con sus dedos-. Al menos una de nosotras adora su trabajo."

-"¿Cuál es el tuyo?"

-"Papeleo de oficina –Fate suspiró para hundirse en su silla-. Nada del otro mundo, reportes por aquí, informes por allá; control estadístico, escaneos terrestres, sincronización de dispositivos, seguimiento de… Ya sabes, etc., etc."

-"Se oye interesante."

-"Lo es… Si te agradan esas cosas."

-"Entonces –Nanoha se aventuró a preguntar-, ¿qué te agrada a ti?"

Fate alzó la mirada de la mesa para mirar a la ojiazul, y la estuvo mirando así durante un largo rato, sin decir ni una palabra. Ante eso, la profesora se preguntó si habría hecho mal en preguntar aquello; y estuvo a punto de disculparse, cuando un mesero arribó con sus platillos.

Los alimentos fueron dispuestos en la mesa y las dos comenzaron a comer. El ruido de los tenedores tintineando, el cuchillo cortando, las voces de los demás comensales alrededor haciendo eco.

-"Solía estar en campo activo."

El susurro al otro lado de la mesa captó la atención de Takamachi, que no dudó en parar de comer para observar a la rubia que jugaba sin ánimos con su comida.

-"No tenía mi propio escuadrón, normalmente me asignaban diferentes. Lo mío eran las misiones; salir, pelear, patear a los tipos malos –una risa suave escapó de sus labios aquí-. Ya sabes, toda una maga de combate."

-"Y… -Nanoha titubeó-… ¿qué pasó? ¿Por qué no seguiste siéndolo?"

-"Cosas… Cosas pasan, Nanoha."

La aludida no presionó más, intuyendo ligeramente el motivo por el que la rubia delante suyo había cambiado de puesto. Vio a Fate retomar su comida, despacio y casi desganadamente.

No había pretendido en un principio llevar las cosas a este punto. La verdad es que la primera impresión que se había llevado de Fate Testarossa, era la de que lidiar con ella sería todo un dolor de cabeza.

Para Nanoha había sido la típica mujer prepotente que jamás se equivoca ni acepta tener errores.

Así que había ido preparada hasta las amarras para confrontarla si era necesario. Y sin embargo…

Aquí estaba. Con una rubia tan calmada e inofensiva.

No había nada que enfrentar. Al menos, no aún.

-"Y… -quiso aligerar el ambiente-. ¿Dónde está el Señor Testarossa?" –bromeó.

-"¿Disculpa?"

-"Hazte –Nanoha le sacó la lengua-. Anda, Fate, que te estoy preguntando por el marido."

El entrecejo de la nombrada se alzó todavía más, con una sonrisa entre divertida y sarcástica formándose entre sus labios.

-"Vale, ¿es que jamás te tomaste la molestia de preguntarle a Hayate?"

-"Me lo dices como si tuviera pinta de entrometida."

-"Ohh, así que vienes reclamándome sobre mi hija, pidiendo una cita conmigo y encima me dices que no eres una entrometida."

-"Nyahaha, ya. Deja de voltearme la pregunta y responde."

-"No sé de qué estás hablando –la rubia cerró los ojos y llevó un bocado a su boca-. Soy soltera."

-"Espera –la pelirroja se detuvo de golpe-, ¿no estás casada?"

-"Vivio es mi hija, no biológicamente, claro. Pensé que lo sabías. ¿No se supone que las maestras saben todo sobre sus alumnas?" –cuestionó con diversión.

-"Wow, me has tomado desprevenida."

-"Cielos, realmente me haces reír" –acotó, negando con la cabeza y materializando sus palabras.

El comentario hizo que Nanoha sonriera atrevida, alzando el ceño y mirando de forma entretenida a la otra. La rubia, sin embargo, se dedicó a tomar el pañuelo en su regazo para limpiarse los restos de comida de sus labios.

Fate se tomó su tiempo, disfrutando ser el centro de atención. Apenas hubo terminado, apartó lo que le quedaba de comida, o eso intentó hacer cuando una mano se lo impidió.

-"¿Me disculpas?"

-"Tienes que estar bromeando, Fate –en este punto, el acto en sí tomó el poco enojo de la aludida como para siquiera darse cuenta que su nombre había sido pronunciado, confianzudamente, por una extraña-. ¡Ni siquiera has comido la mitad de tu porción!"

-"Mira, Nanoha, agradezco tu preocupación y todo, qué lindo detalle –quitó con delicadeza aquella palma de su camino-, pero ya no quiero."

-"Fa…"

-"Tengo antojo de postre, ¿vale? Anda, cero palabras, ya."

La pelirroja suspiró en derrota, reclinándose hacia atrás en lo que su compañera llamaba a un mesero para que retirara su plato; el cual fue reemplazado al poco tiempo por uno más chico con una bola de helado en él.

-"Entonces… basta de rodeos –Fate dejó de jugar con su cucharilla, que había estado delineando su postre-. ¿Para qué querías hablar conmigo?"

El tono ligeramente triste, así como la mirada que se mantenía baja, hicieron que las facciones de Nanoha demostrasen preocupación. Un poco incómoda con el cambio de ambiente, pasó la lengua por sus labios para después respirar con calma.

-"Me agrada Vivio –comenzó suave-. Es una buena niña, y puedo ver que no eres una mala madre, Fate. El asunto es… ya verás, sus notas han bajado y tú casi nunca te involucras con ella."

-"¿Cómo puedes saber eso?"

-"No vas a buscarla (o llegas tarde a hacerlo), faltas a las reuniones y ni siquiera asistes a los festivales de St. Hilde. ¿Por qué?"

-"Tengo mucho trabajo, señorita Takamachi –los ojos borgoñas la confrontaron, haciendo a la otra estremecerse por el repentino cambio de actitud-. Alguien tiene que hacerlo."

-"Yo en…"

-"¡No, no lo entiendes!"

Las palmas que se aferraron a la mesa junto al cuerpo que se puso de pie de súbito, obligaron a la profesora a reclinarse atrás en su asiento. Sorprendida, sus ojos azules observaron a los otros ojos cerrarse con fuerza, los labios siendo mordidos en lo que probablemente los dientes se encontraban unos contra otros.

Los nudillos blancos sujetaron el mantel, hasta liberarlo poco a poco. Muy despacio, las pupilas rojas fueron reveladas mientras una lengua repasaba su propia boca, en signo de contención.

-"No lo entienden –repitió más tranquila-. Y joder, no espero que lo hagan."

-"¡Fate, espera!" –quiso detenerla al verla tomar su saco de la silla.

-"Le agradezco por preocuparse por mi familia, y esto lo digo en serio. Pero basta, no tiene que liarse en cosas ajenas" –dijo al voltearse.

-"No es ajeno –Nanoha rebatió, no agradándole el trato de "usted" al que la rubia había cambiado de repente-. Míralo como quieras, mas ahora sabes mi nombre de pila y yo el tuyo. Puedes decir, somos amigas."

-"Por favor, disfrute de la cena, profesora –Fate la miró por última vez-. Sería una lástima que se desperdiciara comida tan exótica."

Sin mediar una palabra más, la madre se dio la media vuelta y salió de allí, alcanzando a colocarse su saco al entrar al elevador. Nanoha no apartó la vista hasta que las puertas se cerraron y el aparato tintineó, indicando movimiento.

Con un suspiro de fastidio, se llevó las manos al puente de la nariz mientras cerraba los párpados. Cuando los hubo abierto, lo primero que vio fue la bola de helado de vainilla enfrente suyo, intacta.

Derritiéndose lentamente sobre la cuchara a su costado.

"Serás una mula."


Las risas de los niños corriendo en el patio de la escuela, a través de los árboles y meciéndose en los columpios, hicieron nacer una sonrisa en los labios de Nanoha.

Ese día la Academia había invitado a los padres de familia a una pequeña reunión, instalando puestos de comida y de juegos alrededor de ésta.

La educadora caminó divertida, escuchando el crujir de las hojas secas bajo sus zapatos blancos y azules. No obstante, se detuvo al encontrarse de frente con dos rubias que avanzaban en su dirección.

-"¡Buenos días, Nanoha-san!"

-"Buenos días –la aludida sonrió más, agachándose para saludar-, Vivio."

La niña rió infantilmente cuando una mano alborotó sus cabellos. Después, Takamachi se puso de pie, encontrándose con un par de ojos borgoñas que la vieron con cierto fastidio y vergüenza.

-"Me alegra verte, Fate-san. Qué bueno que decidieras venir."

-"Uhm…" –se limitó a no decir nada.

-"Vivio, ¿por qué tu mamá y tú no me acompañan un rato? Me gustaría hablar con ella un poco."

La infante levantó la mirada hasta su madre, con la confusión y pena escrita en toda su cara. Fate simplemente miró hacia la niña, asintiendo apenas. Nanoha simplemente se limitó a suspirar, percatándose de la incomodidad que tanto madre como hija demostraban al avanzar lado a lado.

O más bien, mano a mano.

Afortunadamente para la pequeña, un llamado infantil acudió a su rescate al vocear su nombre. Sin embargo, antes de responder, sus ojitos bicolores viajaron de nuevo hacia arriba con duda.

-"Uhm…"

-"Bien –la rubia más alta soltó en un susurro-. Ve y juega, sé feliz."

Vivio Harlaown no se lo pensó ni dos veces para soltarse y salir corriendo en dirección a sus compañeritos. Mientras tanto, Nanoha aprovechó el momento para sentarse en los columpios allí cerca; haciendo así, que la otra imitase el gesto y se acomodase en el columpio contiguo.

-"Es una niña muy alegre" –empezó la pelirroja.

-"Sí –sus manos se removieron, sintiéndose fuera de lugar cuando el tema de la conversación era su hija-. Sí lo es."

-"Me alegra verte de nuevo –su vista se apartó de sus estudiantes al fin-. Siento mucho si te ofendí ayer, pero lamento informarte que no terminé con lo que tenía que decirte."

-"Ya me lo suponía –los ojos borgoñas rodaron-. Sólo mantenla leve, ¿va? No me agrada que gente que desconozco venga por allí diciéndome qué hacer."

-"No te estoy ordenando nada" –Nanoha frunció el ceño.

-"¿Ves? Ya vamos a comenzar mal otra vez, pues si ese el asunto yo pico de aquí."

-"¡Fate!"

-"¿Qué?"

-"¡¿Es que acaso no piensas escucharme?! ¡Tú…! ¡Agh!"

El puchero de enfado en la profesora hizo que la rubia, que ya se había puesto en pie para marcharse, comenzase a reír. Pronto sintió la mano que Nanoha tenía en su brazo, soltarle, sólo para masajear las sienes de su dueña.

La ojirubí volvió a tomar asiento en el columpio, divertida por lo anterior y dispuesta a aguantar un poco más.

-"¿Soy qué?" –se burló.

-"Calla, que me sacas de las casillas."

-"Vaya, y pensar que soy yo quien debería decirte eso, Miss." (1)

Nanoha estuvo a punto de replicar, cuando el grito de un niño provocó la risa de otros cinco (entre ellos, Vivio). Por unos segundos, los ojos azules y rojos se desviaron al campo de arena, donde los chavales correteaban para ensuciarse las ropas unos a otros.

-"Ésas van a ser manchas difíciles de sacar, Fate-mama" –bromeó maliciosa.

La nombrada suspiró y se dio con la palma en la frente, reclinándose delante en su columpio y pensando en las futuras horas que le esperarían al lado de una barra de jabón y agua.

-"Ne, ¿Fate?"

-"¿Qué quieres?" –respondió suave, con la mano aún en su cabeza pero la vista perdida en algún punto.

-"Sé que voy a pisar terreno peligroso –susurró seria, tanteando el silencio y la cara calmada de la otra-. Es sólo que se me hace curioso el hecho de que jamás he oído que Vivio se refiera a ti como a su madre. Es decir, ¿ella te dice mamá, no?"

Para la maestra no pasó en alto el estremecimiento que recorrió el cuerpo de la más alta. De inmediato, como queriendo ocultar eso, Fate se enderezó en su asiento y tomó las cadenillas al lado de su columpio, creando después un ligero movimiento de vaivén.

-"¿Quieres decir que si ella me dice mamá y yo le digo hija? –sonrió de lado, no despegando la mirada de sus zapatos que rascaban la tierra al mecerse-. ¿O si ella llora por mami y yo le respondo: "Sí, mi cielo"?

-"Fate, no es mi intención…"

-"Pero lo has soltado. No, Nanoha, no me llama mamá –y en este punto, los ojos rojos se voltearon a verla con una fuerza, un dolor y una frustración contenida que la hizo temblar-. Y no puedo culparla, cuando meramente la hago de envase."

El continuo mecer de Testarossa se detuvo, con ella soplando bajito mientras dejaba las manos sobre su regazo y bajaba la cabeza, pensativa. Takamachi la contempló así durante varios segundos, comprendiendo a la perfección lo que ella había querido decir.

Fate ocupaba el lugar de madre para Vivio, pero eso era todo lo que realmente hacía. Ocupaba el nombre y ponía el cuerpo, mas las acciones maternales no nacían o eran muy vagas –¿por qué? La ojiazul desconocía la respuesta-.

Vivio era una niña encantadora, dinámica y muy social –si se dejaba de lado el hecho de que su vida familiar la estaba afectando-. Y Fate…

Bueno, por lo poco que la había conocido, aparte de testaruda y cerrada, se veía una buena persona. Mantenía a la niña lo mejor que podía, lo cual Nanoha corroboraba estaba haciendo un buen trabajo.

Materialmente, la pequeña lo tenía todo, o al menos lo indispensable junto a algunos lujos. Entonces, ¿cuál era el problema?

¿En qué punto esa relación de madre e hija llegaba a romperse? ¿Tal vez porque Fate no era la verdadera madre? La pelirroja negó con la cabeza; a pesar de eso, Vivio parecía aceptarla bien.

-"Vaya par de líos" –gruñó la docente, sintiendo la cabeza dolerle.

-"Haces caras muy extrañas cuando se te va la mente a la luna, Miss."

-"Mou, ¡trató de descubrir cuál es el problema! Sólo… Sólo no logro entenderlo. Pareces una persona muy linda… ¡No de esa manera, por supuesto! ¡Digo, sí, eres linda, pero yo hablaba de…! ¡Es que…! Ah, rayos, olvídalo."

Fate se rió, llevando una mano a sus labios.

-"Gracias, me lo han dicho muchas veces. Aunque eres la primera mujer que lo hace –le lanzó una mirada divertida-. Claro, Yagami no cuenta."

Nanoha prefirió no preguntar al respecto, limitándose solamente a sonreír apenada.

-"Um, Fate-chan…"

-"¿Fate-chan? –la rubia la interrumpió, alzando una ceja en el proceso-. Hay que verlo, profesora Takamachi, qué arrebato tan rápido de confianza."

-"Nyahaha, vamos, sabes que puedes decirme Nanoha."

-"Me gusta más cómo se oye Miss" –sonrió de lado, apoyando su mejilla en su mano mientras mantenía el contacto visual.

-"Uh, bueno –rió nerviosa, pasando una mano por su cabello-. ¿Fate-chan?" –llamó.

-"¿Sí?"

-"¿Cuál es el problema?"

La larga sonrisa enseguida comenzó a menguar, despacio, hasta que finalmente los labios se juntaron y no quedó ningún rastro de ella. Fate Testarossa rompió con el contacto visual para mirar al frente suyo; precisamente al cielo que era recortado por las copas de los árboles que abundaban allí.

El brillo en los ojos rojos si bien no era de tristeza, inspiraba cierta preocupación e inquietud a la ojiazul. Los párpados se cerraron entonces, ocultando las joyas rubíes; después de unos segundos, volvieron a abrirse.

-"Y…" –los labios rojos se movieron.

-"¿Disculpa?"

Fate tomó aire.

-"Yo soy el problema" –repitió más alto.

El rostro de la rubia se giró hacia la profesora, que se mantenía aferrada a las cadenas de su columpio mientras las puntas de sus pies se deslizaban en el suelo.

Nanoha no dijo nada en ese preciso instante, sino optó por soltar una mano para sujetar la que tenía al lado. Fate sonrió un poco ante el gesto, agradecida y visiblemente fuera de sí, como si aquello se le hiciera extraño.

-"¿Por qué?" –se atrevió a continuar, cuidando mantener un tono gentil en su voz.

-"Tienes 24 años, te la pasas cazando criminales y de un día para otro te das cuenta que… -se detuvo por unos segundos, como analizando el asunto y decidiendo cambiar el rumbo de sus palabras-. Sólo te das cuenta que tienes a alguien que depende enteramente de ti. El mundo se te pone de cabeza, y aunque sabes que haces lo correcto…"

-"¿Aja?" –quiso animarla al verla parar.

Fate tan sólo suspiró, sintiendo unos dedos cerrarse sobre ella, para darle un amigable apretón.

-"No es lo mismo saber las cosas que hacerlas –susurró al fin-. Ahora, no puedo creer que haya permitido a Yagami arrastrarme hasta aquí para soltarte esto."

-"¿Yagami? ¿Fue por eso que en realidad viniste?"

-"¿Por qué? Sí. Vamos, Nanoha, es obvio. ¿O creíste que de verdad vine por mi propia voluntad? Hayate prácticamente le puso llave a mi oficina; hubieras escuchado los gritos de Tía cuando dio la hora del almuerzo y descubrió que estaba atrapada sin nada que comer."

La risa de la más alta le infundó más confianza a la pelirroja, a pesar de que le costaba seguirle el hilo cuando ella en sí no conocía bien a las personas a quienes Fate se refería.

Habiendo notado que la rubia empezaba a ser más accesible, Takamachi quiso agregar algo; mas fue Fate misma quien la interrumpió sin querer.

-"No soy muy buena con los niños."

Las palabras abandonaron su garganta en una sola tirada, en forma de un murmullo y en mímica de una sonrisa triste. Esta vez, la profesora hizo reparo en el cansancio dentro de aquellos pozos rojos.

-"Eso puedo verlo –respondió amablemente-. Pero por fortuna tienes gente que te ayude, seguro que a tu pareja le calan bien."

-"De acuerdo, vale, ¿es que no has hecho tu tarea? –los ojos azules la miraron confundidos-. No estoy casada ni estoy saliendo con nadie" –Fate rió.

-"¡Mou, y cómo quieres que yo sepa! –Nanoha bufó-. ¡No soy adivina!"

-"Pues pareciera que sí, porque has atinado con lo de Vivio."

-"Es mi alumna –esta vez, mostró una sonrisa brillante-. Amo a mis alumnos."

-"Me alegra escucharlo –Fate imitó el gesto-. Solamente no digas eso cerca de Hayate, no te gustaría oír sus comentarios."

-"Ella me parece una buena persona."

-"Confía en mí, Nanoha –negó con la cabeza y los ojos cerrados-, el diablo sabe más por Yagami que por diablo."

Las dos se miraron fijamente antes de romper entre risas, la rubia imaginándose a Hayate estornudando en cualquier desafortunado lugar donde se encontrase. Finalmente, acabó llevándose la mano a la cara para limpiar las lágrimas que ya le salían.

-"Ne, ¿Fate-chan?"

-"Esto es tan raro –comentó aún entre risas-. Ni siquiera te conozco pero me has sacado la información de oro y sin que yo que te volase la cabeza."

-"Nyahaha, tengo un don con las fieras."

-"No tiente su suerte, profesora Takamachi" –le advirtió en juego.

-"Basta, déjame hablar, ¿quieres? –tras un asentimiento de la otra, prosiguió-. Sólo quería decirte que puedo ayudarte con Vivio si quieres; te aseguro que si te das el tiempo de resolver las cosas, no te arrepentirás."

-"Nanoha –Fate recuperó la seriedad en su voz mientras se enderezaba en su columpio-, ¿por qué insistes tanto? Este problema es mío, no enteramente de Vivio."

-"Sí, ya lo sé. Pero lo hago porque me gustan las dos" –Nanoha mostró una gentil sonrisa y cubrió también con su otra mano la de Fate.

-"Oh, wow, gracias… Creo."

Los ojos de la rubia viajaron hasta su palma, hecha prácticamente un emparedado entre las manos de la pelirroja. Las pupilas azules siguieron el recorrido de su compañera, hasta abrirse en sorpresa de súbito.

-"¡Digo que me gustan como estudiante y como amiga! Porque tú igual me agradas… ¡pero no de esa manera! ¡Me agradas de agradar mucho, mas no mucho de bastante! Es decir, sí y no me gustas… ¡Con un demonio!"

Las manos soltaron a Fate y cubrieron de golpe la boca de Nanoha, que luego de bajarlas les sonrió nerviosa a los padres de familia que habían volteado a verla ante semejante grito.

-"¿Nanoha?"

-"¿Sí?"

-"Eres buena con los niños… y un fiasco con los adultos."

-"¿Nyahaha?"


(1) Miss: Nombre que generalmente se usa para referirse a una maestra o profesora; comúnmente, de inglés.