Fate-mama
Capítulo Tercero: Vivio
-"¡Miss!"
Nanoha le sonrió a Vivio y le acarició la cabeza, cambiando su expresión a una de ligero enfado cuando se halló frente a frente con la dichosa madre.
-"¿Qué? No es mi culpa, ella me oyó diciéndote así" –Fate se excusó y alzó los hombros; su voz escuchándose para nada arrepentida.
-"Tienes tanta suerte de que sólo tenga cinco años, o no estarías en una sola pieza, Fate Harlaown."
-"¿Por qué estás molesta de todos modos? –movió el brazo para indicarle que avanzara-. Vamos, yo invito los helados."
-"¿Cómo que por qué? –Nanoha infló los cachetes-. Me hace sentir muy vieja…"
-"Pero no lo eres –Fate rió-. Todavía eres muy linda y joven para preocuparte por eso."
Nanoha se detuvo por dos o tres segundos, volteando a ver a la rubia que había seguido caminando sin darse cuenta que la había dejado atrás. Era sábado por la tarde y habían quedado, como primer paso para mejorar la relación entre Fate y Vivio, de ir al parque.
Ahora la pelirroja se preguntaba si acaso había sido una mala idea salir en un día tan caluroso… ¿Porque era el sol lo que hacía arder sus mejillas, cierto?
-"¡Nanoha, no te quedes ahí!"
-"¡C-Claro! ¡Ya voy!"
La instructora no pudo evitar reír tontamente. Para cuando alcanzó el carrito de helados y a las dos rubias, un cono de helado le fue ofrecido.
-"Umm, gracias" –le dijo amablemente a Fate.
La oficinista le sonrió con simpatía y la invitó a sentarse en una de las bancas allí cerca. Para comenzar a romper el hielo, Nanoha optó por una táctica muy simple: Preguntas.
Así inició entonces, preguntando cosas sobre la vida de ambas Harlaown. De esta manera, Nanoha y Vivio supieron que Fate trabajaba como analista en uno de los cuarteles principales de la TSAB; que su compañera de oficio se llamaba Teana Lanster, quien usualmente solía cubrirla cuando alguna emergencia se suscitaba (por ejemplo, olvidarse de que la escuela había cerrado clases una o dos horas atrás… Claro que este detallito fue sabiamente omitido).
Allí mismo laboraba Hayate Yagami –aquí Nanoha la interrumpió para contarle que ya la había conocido en ocasiones anteriores- y sus guardianes; aunque tenía una más estrecha relación con alguien de nombre Signum.
Fate igual les contó que había ganado muchas medallas, e inclusive se sintió animada cuando su hija le pidió que le relatase alguna de sus fantásticas batallas.
La profesora sonrió cuando eso ocurrió, anotando mentalmente que la rubia era muy apasionada en cuanto de búsquedas y batallas se trataba.
Finalmente, luego de algunas cosas menos relevantes, le tocó el turno a Vivio. Durante su plática, Fate aprendió que detestaba los vegetales, que su materia favorita eran las matemáticas y la historia Belka, que le gustaba mucho jugar con Zafira y que la pasaba increíble cuando Subaru se quedaba a cuidar de ella.
Y viendo que su mamá tenía una afición parecida a la suya, la niña se animó a decirle que la pelimorada incluso le había enseñado algunos movimientos.
La ojirubí rió ligeramente al imaginárselo, sintiéndose aliviada de que al menos compartían algo en común (y de que tal vez, ella misma podría enseñarle algunas técnicas).
-"Quieta, quieta –dijo Nanoha entre risas, al ver a la chiquilla colmada de energías-, no tenemos tanta pila como tú, Vivio."
-"Ne, ¿Miss Nanoha?"
-"Esto te va a salir caro, Fate-chan –la pelirroja la miró con ojos entrecerrados al escuchar el mote-. Dime, Vivio" –dirigió la vista hacia abajo.
-"Tú no nos has dicho nada."
-"Tiene razón" –Fate acordó.
Nanoha comió el último pedazo de su cono de helado antes de ver a las otras dos. Su alumna se mantenía sentada en medio de ella y Testarossa, siempre con la cabeza hacia arriba para poder hacer contacto visual con ellas.
-"Soy maestra en la Academia St. Hilde, nivel elemental. Hace dos años que abandoné la casa de mi familia y ahora vivo sola; mi color favorito es el azul y el blanco, me encanta mi trabajo y… Em… nyahaha, ¿qué más puedo decir?"
-"¿Y está casada?" –Vivio preguntó.
Cuando Fate abrió la boca inmediatamente después, Nanoha pensó que la regañaría por su imprude…
-"¿O anda en unión libre?"
"Pero de verdad que no tienen vergüenza para preguntar."
-"No estoy casada –respondió Nanoha con una gota tras la cabeza-, ni tampoco estoy saliendo con alguien –agregó al mirar a Fate-. ¿Eso último era necesario, Fate-chan?"
-"Bueno, es que una nunca sabe –quiso defenderse-. Además esto de las preguntas fue tu idea."
-"Vale, vale. Ahora haremos algo diferente –los otros dos pares de ojos la observaron con curiosidad-. Cada una de nosotras le pedirá un favor a otra, y dicho favor deberá ser hecho, ¿va? Para que vayan calando el hilo, yo empiezo. Mmm… ¿Vivio?"
-"¿Uhn?"
-"¿Podrías darme un abrazo?"
La niña ladeó la cabeza al ver que su profesora abría los brazos; al cabo de unos segundos, asintió y se lanzó a ella. Nanoha rió en respuesta, revolviendo los mechones rubios juguetonamente.
-"Buena niña. Ahora es tu turno, Vivio, pide algo" –la animó Takamachi.
La nombrada se separó de su maestra despacio. Después, llevó un dedo a sus labios mientras se ponía a pensar; al echarle una ojeada a Nanoha, ésta le hizo señas con la mirada para que voltease a ver a la persona detrás suyo.
Entendiendo el mensaje, la pequeña dijo:
-"¿Puedo…? -se detuvo, nerviosa; miró de vuelta a la ojiazul, que le asintió, y luego regresó la vista al frente-. ¿Vivio puede… tener un abrazo… también…?"
Fate vio con sorpresa a su propia hija; no obstante, aunque ninguna palabra salió de sus labios, para Vivio fue más que suficiente ver a su madre sonreír, justo antes de que ésta se reclinase para envolverla entre sus brazos.
-"Eso es –felicitó Nanoha con dulzura-. ¿Verdad que no es tan difícil?"
-"De acuerdo –añadió la ojirubí al enderezarse y soltarse de la niña-, admito que tenías algo de razón."
-"¿Algo? –alzó la ceja divertida-. ¿Por qué no me dices que estabas equivocada?"
-"¿Por qué? –Fate la imitó-. Si quieres oírlo, te la vas a tener que obligarme a ello."
-"Puedo pedírtelo –sonrió traviesa-, que no se te olvide que seguimos jugando, Harlaown."
-"Ohh, ¿pero es que me estás amenazando?"
-"Puede que…"
-"¡Mal! ¡Las peleas son malas!"
Tanto Nanoha como Fate se callaron, observando desconcertadas el puchero en el rostro de Vivio, junto con la supuesta mirada enfadada que se suponía iba dirigida hacia ambas.
-"Vivio –quiso calmarla su maestra-, Fate-mama y yo no estábamos peleando."
-"Claro que no –vino a apoyarla su compañera-, sólo era un juego, ¿vale? Quita esa cara."
-"Beso."
-"¿Ah?" –corearon las dos.
-"Beso –repitió con los labios y el ceño fruncido-. Cuando te peleas con alguien, siempre, siempre, sieeeempreee –y aquí se encargó de remarcar la palabra- ¡se debe disculpar con un beso!"
-"¿Quién te enseñó eso?" –la más alta inqiuirió.
-"Mi profesora, por supuesto" –Vivio sonrió inocentemente y señaló a Nanoha.
La pelirroja, por su parte, se echó a reír nerviosa cuando Fate fijó la vista en ella. ¿Realmente ella había dicho eso? Quizás debería empezar a dejar de pensar que a los niños todo se les resbala…
-"Nyahaha, anda, en serio, de verás que no est…"
-"Vale" –Fate alzó los hombros.
-"¿Qué…?"
-"Sí, digo, ¿por qué no? Es sólo un beso, Nanoha –agregó entre risas-. Además, tú eres la que dijiste que tenía que acercarme más a mi hija, ¿cómo voy a hacerlo si ahora que vamos avanzando bien le digo que no? Venga, ni que fuéramos novias o algo así" –terminó divertida.
La ojiazul sonrió apenada y asintió. Es decir, Fate tenía toda la razón, eran amigas, buenas amigas, no esa clase de buenas amigas, obvio. El asunto es…
"¡¿Por qué me estoy haciendo líos?! ¡Es sólo un beso y Fate-chan y yo no somos nada! Mírala, Nanoha, no es más que una mujer terca, terca, terca, terca, terca, linda… ¡demonios!"
Los párpados de la instructora se cerraron al mismo tiempo en que unas manos se apoyaron encima de sus hombros y una serie de cosquillas cálidas aterrizaba sobre su mejilla izquierda. Cuando abrió los ojos, vio a Fate separarse de ella para esbozarle una sonrisa.
-"¿Amigas?" –preguntó con diversión.
-"S-Sí, nyahaha…"
El sonrojo en los pómulos de la pelirroja no duró mucho, puesto que el sonido del celular de Fate captó la atención de las tres. La rubia atendió la llamada y luego de un par de asentimientos y cortas palabras, colgó; se dirigió entonces hacia Nanoha, ofreciéndole una sonrisa avergonzada.
-"Parece que me ha salido un imprevisto, tengo que marcharme."
La noticia no sólo entristeció a la madre, sino a la hija que de inmediato bajó un poco la cabeza. Sin esperar más, Fate se puso de pie, acto que Takamachi imitó.
Lo siguiente fue algo inesperado para la última, quien repentinamente se vio atrapada en un abrazo.
-"Muchas gracias, Nanoha –escuchó la suave voz susurrarle-. Hablo honestamente cuando te digo que esto me ha servido bastante, ya lo necesitaba. Gracias por preocuparte por una extraña como yo, especialmente cuando te traté mal al principio."
-"Está bien, ¿somos amigas, no? –sintió a la otra asentir, por lo que llevó una mano a su espalda para frotarla-. Llámame, ¿sí? Quisiera verlas pronto."
-"Así será."
Se despidieron la una de la otra. Apenas Fate se alejó unos pasos, llamó suavemente a Vivio, quien al fin atendió a bajarse de la banca. Sin embargo, cuando sus pies tocaron el suelo, Nanoha se agachó a su lado y le susurró algo al oído.
La rubia vio esto con curiosidad, la cual creció al ver a su hija mirar a la profesora para mover la cabeza y sonreír.
En el momento en que la niña salió corriendo, la mano de Fate se estiró a un lado, la cual fue tomada de inmediato. Nanoha no pudo evitar sonreír, notando que ahora el gesto no parecía tan extraño o descuadrado como hacía unos días; y con una parte de la misión cumplida, la ojiazul se dio la vuelta para retirarse de allí.
-"¿Fate… –la aludida miró hacia abajo-, Fate-mama, va al trabajo?"
Testarossa parpadeó dos veces. Luego, sus ojos adoptaron un matiz de cariño al escuchar cómo su hija la llamaba mamá por primera vez; apretó ligeramente entonces la manita entre la suya y desvió la vista al frente.
-"Sí, a Hayate le ha surgido un problema con unos papeles y quiere que la ayude. No te preocupes, le diré a Subaru que te… -hizo una pausa para cortar sus palabras, a pesar de que continuó caminando como si nada-. ¿Vivio?"
-"¿Uhn?" –alzó el rostro para verla.
Fate bajó la mirada y le sonrió.
-"¿Quieres venir a la oficina conmigo?"
-"¡¿En serio?!"
-"Sí –rió bajito-, no está de más que me ayudes a molestar a Tía."
-"¡Uhn! ¡Lo haré lo mejor que pueda, Fate-mama!"
-"Algo me dice que no debí dejarte tanto tiempo con Hayate…"
-"¿Qué es eso?"
-"Eso, pequeña Vivio, se conoce como hojas malditas que tienen a tu Fate-mama y a tu querida tía Tía (qué raro sonó eso…) presas durante horas y horas en esta oficina."
-"Ohh –la niña hizo un gesto de asombro, viendo a Lanster archivar algunas cosas mientras ella se mantenía de pie en la silla de su computadora-, ¿dónde está Tía Hayate?"
-"Ella y Fate fueron por la cena. ¿Te gusta la pizza?"
-"¡Uhn!"
-"Eso pensé –rió ligeramente-. Me alegra tenerte en el trabajo, haces el rato menos aburrido. Vale, dame espacio, nena."
Vivio hizo lo dicho, jalándose un poco en lo que Teana se sentaba en la silla, sólo para acomodar después a la rubia sobre sus piernas. Tomó sus lentes del escritorio y se los puso, para terminar de imprimir los últimos oficios que tantos problemas le habían causado a Yagami.
Diez minutos después, la puerta de la oficina se abrió con un chirrido.
-"¿Tía?"
-"¿Subaru?"
La ojiazul parpadeó, observando la cabeza morada y la sonrisa nerviosa de la chica que se asomaba por la puerta. Antes de que pudiese decir algo, Vivio se alborotó y se las arregló para bajar de sus piernas, corriendo a abrazar a Subaru.
-"Oh, ¡wow! Cuidado, vas a sacarme el estómago un día" –rió la nueva visitante, observando a la chiquilla sujeta a su cintura.
-"Ya terminé con el trabajo –dijo Tía, guardando el resto de archivos y apagando la PC-. ¿Quieres pizza? Hayate y Fate no tardan en llegar."
Subaru asintió, cargando a Vivio y caminando hasta su compañera. Jaló la silla de Fate y se sentó en ella, junto con la niña; empezaron a platicar entonces, riendo y haciendo bromas hasta que al poco rato arribó la cena y sus repartidoras.
Dos sillas más fueron jaladas y las rebanadas de pizza viajaron de servilleta en servilleta y de mano en mano, al igual que los refrescos.
-"Entonces, Fate –Yagami habló mientras mordía su pedazo de comida-, ¿a qué se debe tan milagroso cambio?"
-"No sé de qué estás hablando, Hayate."
-"Fate, Fate, Fate –la castaña negó fingiendo estar dolida-, no le puedes mentir a estos ojos que se han de comer los gusanos. Anda, suelta; yo no me quejo ni nada, pero hablo por todas cuando digo que nos ha sorprendido ver más seguido a Vivio en la oficina."
-"Es más divertido trabajar con la niña alrededor –opinó Tía, que la veía comer alegremente-. Claro, yo tampoco me lo esperaba."
-"Sólo seguí un par de consejos –la rubia no quiso decir nada más, tomando un sorbo de su refresco para disimular-, es todo."
-"¿De quién?"
-"¡Nanoha-san!"
Fate estuvo a punto de escupir el refresco cuando Vivio respondió contenta a la pregunta de Hayate, quien tras poner a trabajar su memoria, no tardó en poner una sonrisa peligrosa.
-"Takamachi Nanoha, vaya –Yagami lanzó un silbido-, tanto tiempo nos ignoraste a nosotras. Pero viene ella y enseguida el rumbo de tu vida da un giro."
-"Es la maestra de Vivio, Hayate, así que párale a tu imaginación" –se defendió Testarossa, terminando de comer su última rebanada de pizza.
-"A mí me parece que le ha salido de maravilla –intervino Subaru, echándole una miradilla a la niña en su regazo-; Fate-san y Vivio conviven un poco más que antes. Inclusive a nosotras nos ha pegado bien el cambio."
Fate asintió mientras jalaba la botella de refresco para servirle un poco más a su hija, que estiraba insistentemente su vaso. Apenas estuvo lleno, las manitas llevaron la bebida hasta sus labios para tomar un sorbo.
-"Nanoha-san y Fate-mama son buenas amigas. Las tres salimos de vez en cuando" –comentó alegre.
-"No esa clase de amigas, Hayate."
-"¡Ow! ¡Pero si no he dicho nada!"
-"Basta mirarte a los ojos para saber lo que estás pensando" –agregó Tía, tomando un poco de su refresco.
-"Ne, ¿Vivio? –la aludida dejó de mordisquear su pizza para voltear a ver a la castaña, sin molestarse en quitar los restos de comida en sus mejillas-. ¿No te gustaría que Nanoha-san fuese tu otra ma…?"
¡WAHHH…!
¡PLOP!
Vivio se quedó mirando confundida a su Tía Hayate, cuya silla había sido mandada repentinamente al suelo por un empujón de la mano de Fate. Pronto, escuchó los pasos de su madre, sintiendo enseguida una servilleta ser puesta en su rostro para limpiarle la cara.
-"¿Fate-mama?"
-"Dime, Vivio" –respondió con suavidad, dedicándose a limpiarla con cuidado.
-"¿Es posible tener dos mamás?"
La pequeña parpadeó al notar como toda la habitación y sus habitantes se congelaban en sus lugares –incluyendo a su tía todavía tirada en el suelo-. La primera en moverse fue Hayate, que atinó a ponerse de pie y a salir corriendo por la puerta, justo cuando Fate se dio la media vuelta para salir como rayo detrás de ella.
-"¡Dos a uno a que Fate-san la derriba antes de llegar a la entrada del edificio!"
-"Anda, Subaru, deja de gritar y ayúdame a recoger todo. Tú también, Vivio –las dos asintieron, obedeciendo a las palabras de la mayor-. De todos modos, dudo que Hayate logre siquiera alcanzar el elevador; su única salvación es Signum, pero ella se retiró hace horas" –terminó en un suspiro, poniéndose de pie y agarrando una bolsa de basura.
Se dispusieron así a limpiar el lugar, hasta que al poco rato un fuerte golpe las hizo voltear hacia la puerta abierta del despacho.
"¡Te tengo, mapache escurridiza! ¡Pero vas a ver la que te va a caer por decir semejantes cosas!"
"¡Waaaaa, piedad, Fate-chan! ¡Mira que toda la gente nos está vien…! ¡Auch, me arrancaste un cabello! ¡SALVAJE!"
La campanilla de salida hizo su tintineo, siendo seguida por el corretear de varios niños que salían ya del salón. Un toque quedo en la puerta llamó la atención tanto de Nanoha como de Vivio, esta última apenas colgando su mochila al hombro.
-"Tía Hayate, ¡estoy lista!" –dijo la niña, una vez se hubo hallado a su lado.
-"Oh, buenas tardes, Hayate" –saludó Nanoha.
El tono decepcionado hizo que la nombrada alzase una ceja en sospecha; y siendo como era, no pudo evitar el formar una sonrisa mientras daba un paso dentro del aula.
-"Buenas tardes, Nanoha-chan. Lamento no ser Fate-chan para ponerte feliz, pero esta vez en verdad le cayó un pesado trabajo."
-"N-No es eso –rió nerviosa-, lo que pasa es que ha sido un día muy largo, nyahaha."
-"¿Segura? –agregó juguetona-. Porque podría jurar que apenas toque la puerta, tú esperabas ver a alguien más. ¿Verdad que sí?"
-"¡Hayate! –la pelirroja hizo un puchero-. ¿No venías a por Vivio?"
-"Sí, sí –ondeó la mano como si nada-. Es sólo que es tan divertido molestarlas. Por cierto, Fate-chan te manda saludos."
-"¿En serio?"
-"Aww, escúchate nada más, ¡toda emocionada!"
-"¡Fuera de mi salón, ya!"
Hayate pegó un gritito y cerró la puerta, jalando a Vivio consigo, para evitar que el portafolio que había sido lanzado le diera en la cara. Cuando escuchó el ruido de la bolsa caer, abrió despacio para asomar la cabeza.
Nanoha Takamachi le miró sin gracia, y Hayate no pudo evitar sonreír como gato al verla agachada en el piso, recogiendo lo que había amenazado con robarle una de sus valiosas siete vidas.
-"Antes que lo olvide, esto es para ti."
La instructora sujetó el sobre que le fue ofrecido, viendo a Yagami y a Vivio despedirse para irse de allí. Lanzando un suspiro, la ojiazul se puso en pie para volver a su escritorio.
Dejó allí su cartera y se sentó en su silla, contemplando el objeto blanco entre sus manos.
-"No hay duda de por qué Fate-chan se estresa tanto si tiene a Hayate consigo."
A pesar de sus pensamientos, Nanoha sonrió. La amistad que había formado con la madre de Vivio había crecido más y más, algo que ni siquiera ella misma se había esperado. Fue cuestión de poco tiempo para que, tal y como Hayate había dicho, se sintiera muy apegada a la rubia.
Era innegable ocultar el hecho de que le gustaba pasar el tiempo con ella; y aún mucho más innegable cuando la bromista castaña se lo restregaba en la cara en cada oportunidad que tenía.
Aunque al principio era algo vergonzoso, pronto Takamachi se hizo a la idea de que no tenía caso negar lo que era verdad. Le gustaba Fate.
Hayate sabía que le gustaba Fate.
Y realmente no era un asunto del cual preocuparse. Ya había visitado en algunas ocasiones a la rubia en su trabajo; ya había conocido a Teana, a Subaru e inclusive llegó a compartir el almuerzo con Signum.
Todas se llevaban absolutamente bien. En ese momento, Nanoha pensó que no sólo había ayudado a su amiga y a su alumna; sino que ella también había hallado nuevos amigos y… quién sabe, tal vez algo más.
-"Veamos…"
Rompió cuidadosamente uno de los extremos del sobre y sacó un trozo de papel. Dejando la envoltura a un lado, se dedicó a leer el contenido; conforme su vista repasaba el mensaje, una risa nerviosa escapó de sus labios.
"Si tú me quieres, dame una sonrisaaaa, si tú me quieres… ¡sólo dame una sonrisa, sí!
Atentamente, Hayate Yagami."
Al lado de la firma, un dibujo nivel preescolar de Hayate bailando y cantando estaba dibujado. Sacudiendo la cabeza, Nanoha pasó la tarjeta que estaba detrás hacia delante, sintiéndose aliviada al ver la letra de Fate.
"Antes que nada, te juro y recontra juro que no tengo nada que ver con lo que Hayate le haya agregado a mi carta (lo cual es 100% seguro, porque se la di para que te la entregase).
En fin, sólo quería saber si estabas libre el viernes en la noche; tenía pensado que tal vez podías venir a mi casa a ver películas conmigo y con Vivio. No sé, por favor, ¿llámame?
Disculpa que no haya podido verte desde la semana pasada, el trabajo está horrible. Espero verte pronto, Nanoha.
Te extraño.
Fate T. Harlaown."
La pelirroja sonrió tontamente al leer el final. Suspiró esta vez de felicidad y volteó a ver hacia la ventana, vislumbrando que el sol ya estaba empezando lentamente a caer.
-"Yo también te extraño, Fate-chan."
Metió las tarjetas en el sobre y guardó este último en su portafolio. Terminó de acomodar el resto de sus cosas y salió de allí, cerrando con llave la puerta del salón que ahora se hallaba vacío.
Solamente la luz del atardecer extendiéndose en el piso.
Sus ojos viajaron de derecha a izquierda en lo que sus manos golpeaban ávidamente las letras en el teclado.
-"Mama…"
Sentía la cabeza dolerle desde hacía un rato, la verdad es que el condenado calor en la oficina ya la estaba sofocando; y eso que se suponía las noches eran más refrescantes.
-"Mama…"
El resto de sus compañeras se había ido a tomar la cena, pero ella había preferido quedarse a terminar lo último que por fin le permitiría ser libre por ese fin de…
-"Mama…"
-"¿Qué? –las manos abandonaron el teclado para azotar su escritorio-. ¿Qué quieres, Vivio? ¿No ves que estoy trabajando? ¡Siento que el mundo me está dando miles de vueltas y tú sólo…! ¡Tú sólo…!"
Fate se detuvo, percatándose que de un momento a otro se había puesto en pie. Cuando sus ojos miraron a su hija –realmente mirándola y no viéndola por inercia-, se dio cuenta que la niña se había caído sentada en la alfombra de su oficina, debido a su repentina reacción.
Las pupilas bicolores la observaron, oscilando pero aguantándose las ganas de soltar una que otra lagrimita. Después de todo, no era la primera vez que mamá tenía un mal día y ella simplemente llegaba en mal momento.
Fate suspiró profundamente, muy arrepentida; sobre todo cuando al fin había comenzado a comprender que una cosa era perder el control con sus compañeras, mas otra muy diferente el hacerlo con una niña de 5 años.
-"¿Vivio? Perdón –habló en voz baja. Bordeó enseguida su escritorio y se agachó enfrente de la pequeña; por unos segundos, se mantuvo callada, no muy segura todavía de lo que iba a decir-. Umm, cielo, no era mi intención, ¿vale? Mamá ha tenido un día muy estresado y… Ya, perdóname, ¿sí?"
La niña se sintió un poco extrañada, todavía tratando de acostumbrarse al nuevo trato más cercano que tanto ella como Fate estaban intentando hacer. Sin embargo, no tuvo tiempo de divagar más, pues pronto percibió como su madre la ponía en pie y le sacudía el polvo de su vestidito blanco.
-"Ahí estás –Fate sonrió, pero su sonrisa no tardó en desaparecer-. Realmente lo siento, Vivio, si te asusté. El trabajo me vuelve una loca a veces."
-"Mama –la nombrada frunció el ceño y puso sus dos manitas en el rostro de la otra, estirando sus cachetes para dibujar una sonrisa-, no estés triste. Vivio es una niña grande y entiende que los adultos hacen muchas, muchas cosas."
Fate rió entonces y apartó suavemente las palmas en su cara. Después se puso de pie; ya se había dado la media vuelta para terminar su faena laboral, cuando recordó algo.
-"¿Vivio? –preguntó al voltear a verla-. ¿Qué era lo que querías decirme?"
-"¡Uhn, sí! Como Fate-mama ha estado trabajando todo el día, Vivio fue a comprarle la comida."
Orgullosa de su hazaña, la chiquilla señaló con el dedo la lata de refresco de naranja, la bolsa de papas fritas y un paquete pequeño de galletas que descansaban en una mesita al centro del despacho.
Testarossa volvió a sonreír, totalmente consciente de que si bien no era la comida más saludable –especialmente cuando todo venía de una máquina expendedora-, su hija lo debía de haber conseguido para ella con lo poco que había ahorrado de su dinero de la escuela.
-"Gracias, Vivio, en verdad me estaba aniquilando el hambre. Te diré algo –agregó, abandonando la computadora para jalar dos sillas y tomar asiento en una de ellas-, ¿por qué no comemos juntas?"
-"¿No tienes que trabajar?" –preguntó inocentemente.
-"Sí, pero me falta muy poco, eso puede esperar."
-"Entonces no hay problema."
Vivio sonrió infantilmente y trepó a la otra silla, acomodándose para empezar a compartir la comida que había llevado. Estuvieron así un rato, comiendo y con la más pequeña hablando sobre las cosas que hacía en la escuela, o sobre el cómo se le hacía extraño el que Hayate hubiese dejado fuera de la casa a la Tía Signum el otro día.
Cuando estaban a punto de terminar el improvisado refrigerio, Fate se detuvo unos instantes para apoyar su mejilla contra su mano derecha; de esa manera, contempló a su hija comer alegremente, como probablemente no lo había hecho –o podido o querido hacerlo- antes.
-"¿Vivio?"
-"¿Un?"
La rubia rió al ver a la niña con trozos de galleta en la cara, así que tomando un pañuelo se dedicó a limpiarla.
-"Sé que no he sido la mejor de las madres –murmuró, apartando el trapo del rostro de la otra, para depositarlo en algún lugar-, y que también he cometido muchos errores. Eres una gran niña, me gusta que seas mi hija, siempre me ha gustado."
-"A mí igual me gusta Fate-mama."
-"Gracias –rió la aludida-. ¿Sabes? Me alegra bastante que las cosas estén cambiando; sé que debí haberlo hecho antes, es sólo que todo esto es algo nuevo para mí y no sabía si sería una buena madre o eso… Pero, parece que lo estoy haciendo bien, ¿no?"
-"¡Uhn, uhn! –asintió enérgicamente-. Está bien, sé que Fate-mama también estaba triste al principio, cuando yo me quedé sola."
-"Vivio…"
-"Uhm –negó rápidamente-. Te quiero –susurró con la sinceridad de un niño, provocando que Fate sintiese unas enormes ganas de llorar-, porque si no hubieras estado allí, Vivio no estaría aquí ahora."
-"Lo siento… -sintió sus ojos rozarse-. ¡En verdad lo siento mucho!"
La analista abandonó su asiento y abrazó a su hija. Las lágrimas empezaron a salir y ella apretó aún más sus brazos, sintiendo manos más pequeñas tocar su espalda.
-"Lo siento –repitió de nuevo, manteniéndose de rodillas y conteniendo los sollozos-. Pude haberlo… hecho mejor."
-"No llores, Fate-mama. Estoy bien."
-"Pero es mi culpa…"
-"Te perdono."
La niña usó todas sus fuerzas para separarla y tomar su rostro; reiteró así sus palabras, limpiando con sus dedos los ojos húmedos y depositando un beso en su frente.
Luego, acarició su cabeza tal y como su maestra solía hacerlo.
-"Cuando alguien se siente mal, siempre, siempre…"
-"¿Siempre se debe dar un beso? –Vivio asintió al ver su frase terminada-. ¿Cierta profesora tiene que ver con eso, cierto?"
-"Uhm."
Fate sonrió ante ello.
-"Ne, ¿Vivio?"
-"¿Sí?"
-"Somos un equipo, ¿cierto?" –preguntó al sujetar sus manos.
-"Uhn –la niña aceptó, mirando detenidamente sus dedos juntos-. ¡Equipo!"
-"Vale –la ojirubí rió bajito-. Pero no olvides que Nanoha también forma parte, ¿de acuerdo?"
-"¡Fate-chan!"
La voz de Tía, que ya abría y se asomaba por la puerta, captó la atención de ambas, que de inmediato voltearon a verla. La ojiazul entró y empezó a recoger sus pertenencias, diciéndole a Fate que Takamachi Nanoha se había comunicado para ver si ya estaba en casa.
Recordando la invitación que le había mandado con Hayate, así como el pedido de llamarle al trabajo, la rubia decidió que lo mejor era acabar pronto con todo para retirarse libre.
Sin embargo, cuando vio la sonrisa brillante en el rostro de su hija dibujarse por tal noticia, no pudo evitar lanzar un suspiro de cansancio al verla desaparecer como bala tras la puerta abierta.
"¡Vivio, vuelve aquí! ¡Todavía no podemos irnos, aún no he terminado el trabajo! ¡Vivioooooo!"
-"Gracias por cuidar de ella, Subaru –Fate se dirigió a la joven que le entregó la mano de Vivio, justo en las afueras del edificio donde trabajaba-. Gracias a ti también, Tía, por haberme esperado."
-"Ni lo menciones, Fate. Bueno, nosotras ya nos vamos, que tengan bonita velada."
Subaru hizo una venia y se dio la vuelta para alcanzar a su compañera, que se había adelantado unos pasos. Apenas le tomó el ritmo, la pelimorada entrelazó sus dedos con la otra, gesto que fue bien recibido.
Fate vio esto por unos momentos.
Para ella no resultaba para nada extraño; después de todo, no era secreto que su amiga mantuviera una relación con la despistada de Subaru Nakajima. Muy al contrario de sorprenderle, la rubia tuvo la sensación de sentir una ligera envidia por ellas.
Se tenían la una a la otra, en una forma en que no las podría tener otra persona. Se amaban –porque era obvio que Tía la amaba, a pesar de que se hiciese la difícil a veces-.
-"¿Fate-mama? –la mujer parpadeó, como volviendo a la realidad, y bajó la mirada hasta su hija-. ¿Por qué estás triste?"
-"No, yo no… -se paró, decidiendo mejor sonreír aunque fuese un poco-. Sólo recordé algo, Vivio, pero ya pasó. ¿A casa?"
-"Uhm. A casa."
