Disclaimer: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling Sólo los nuevos personajes son de mi invención =P
Capítulo 4: El nuevo profesor de DCAO
El viaje en esos pequeños transportes fue más divertido que los primeros días de Harry en Hogwarts, donde Filch, el conserve, se encargó de molestarlo cada vez que lo encontraba solo y sin nadie que lo acompañara. Los único que estaban en el castillo eran él, Melannie, Robert, Peeves, Filch, junto con su gata, Hagrid y la profesora Sinistra.
Lo que aparentemente sería mera diversión para Harry se vio truncada por los hechos que ocurrieron el año pasado. El regreso de Voldemort, causo gran controversia y caos en el mundo mágico; miedo a salir de sus casas sobre todo, pero para algunas familias este hecho, de ocultarse, lo tomaban como una burla a su moral, además, tratándose de el-que-no-debe-nombrarse, estar en un lugar u otro era relativamente igual.
Harry fue el único alumno de Hogwarts que presenció la selección de Melannie, que para alivio de ambos, quedó en Gryffindor.
A la semana de llegar, un suceso no pasó desapercibido ante los ojos de Harry; un carruaje tirado por thestrals, llegó a las once de la mañana, bajando de él una figura, cubierta por completo por una gruesa capa negra, que hacía imposible distinguir si era hombre, mujer, maestro o alumno; su rostro estaba cubierto por el albornoz. En su mano llevaba una pequeña maleta color negro con letras rojas, pero estando Harry en el tercer piso, le fue imposible ver que decían.
–¿Qué miras?– preguntó la joven, bajando del cuarto piso con un paquete entre sus manos.
–Mira, parece que alguien acaba de llegar al castillo– le respondió, señalando el carruaje y al misterioso personaje dirigiéndose hacia la entrada principal.
–¡No me digas!– exclamó Melannie de manera sarcástica. Harry se volteó a verla sin comprender el tono –Harry, anoche la profesora Sinistra nos dijo que hoy por la mañana llegaría un nuevo profesor... creo que estabas muy distraído anoche ¿verdad?
–Si, eso creo... bien, ¿vamos a darle la bienvenida?
–De acuerdo, sólo déjame dejar unas cosas en mi habitación y listo.
Harry la miró irse por el pasillo, hacia el lado opuesto de la torre de Gryffindor, desde que llegaron se les explicó que el estudiante de intercambio y su respectivo tutor dormirían en habitaciones separadas de las demás, por no ser exactamente miembros de alguna casa; la selección del sombrero seleccionador fue únicamente para regularizar sus horarios y no causar conflictos después. Harry volvió a mirar por la ventana, ni el carruaje ni los thestrals estaban ya, únicamente estaba el recién llegado, con su maleta en mano, esperando que alguien abriera las puertas del colegio; el fuerte viento azotaba con fiereza el frágil cuerpo de aquella persona, que parecía no inmutarse ni un poco, sólo seguía allí, esperando. Con un movimiento rápido y, por decirlo de algún modo, tenebroso, giró su rostro hacia arriba, centrando su mirada en una ventana del tercer piso, donde podía distinguirse claramente una silueta que lo vigilaba. Harry sintió su corazón acelerarse rápidamente, ese individuo, sea quien fuese, lo estaba mirando a él, ¿cómo supo que lo observaba, desde esa altura? Siguieron observándose mutuamente, sin ningún otro movimiento más que del viento que rompía contra la túnica negra, moviéndola de una forma espectral, que en cierta forma recordaba a un dementor, acercándose a su víctima con sigilo y sin emoción alguna; estos pensamientos estremecieron más a Harry, que, por alguna extraña razón, no podía dejar de mirar al nuevo profesor. Con lentitud, éste último levantó la mano, cubierta por completo por la túnica; Harry llevó su mano a su bolsillo en un reflejo para coger la varita, este personaje le daba escalofríos, pero a diferencia de los pensamientos de Harry, el desconocido agitó su mano ligeramente de un lado a otro, a modo de saludo, pero con sus manos aún cubiertas con la magnitud de las mangas, lo que le daba, según Harry, un aspecto infantil y hasta cómico; cesó de su intento de conseguir su varita y tocó la ventana con su mano derecha, intentando devolver el saludo.
Un ruido lo sobresalto y le hizo desconcentrarse de su visión, volteó hacia abajo, era la señora Norris, la gata de Filsh, que lo miraba desde el suelo, de una manera profunda y estremecedora; esa gata le molestaba demasiado, desde que entró a primer año parecía como si lo acosara, sólo el miedo a un castigo le detenían de meterle un buen puntapié cada vez que se encontraban. La gata lo miró con curiosidad innata y después de un contacto visual, casi duelo de miradas, esta se dio la vuelta y bajo por los escalones.
Al regresar Harry su mirada hacia fuera, vio que el nuevo profesor ya no estaba, sólo alcanzó a ver un pedazo de su túnica entrar al castillo; se dio la vuelta rápidamente para bajar y al hacerlo, chocó con su amiga, tumbándola al suelo.
–Te dije que esto era rutinario para mí– le dijo Melannie, mientras se levantaba con ayuda de Harry, refiriéndose a la escena del supermercado. Harry sólo sonrió, y acto seguido, ya estaban bajando las escaleras para llegar al Gran Comedor y recibir al nuevo maestro.
Llegaron justo a tiempo a la puerta, pues llegaron al mismo tiempo que el recién llegado, que los saludó con una ligera inclinación de la cabeza y entró al gran comedor, seguido de los dos amigos, que esperaban ansiosos ver el rostro de ésta persona. Harry escuchó los pasos firmes y seguros del susodicho, que se dirigía a la mesa pequeña que se había colocada por la estadía de Harry, Melannie y Robert en Hogwarts durante las vacaciones, donde comían junto con la profesora Sinistra y Hagrid.
Al llegar, el invitado les pidió con señas que se sentaran, mientras esperaban a la profesora Sinistra para hacer la presentación oficial ante ellos, que serían los primeros en todo el colegio en saberlo. Aquella persona se quedó de pie, aún con la capa negra, y el albornoz puesto que le cubría tres cuartas partes del rostro, dejando para ver sólo la boca, la cual no se podía distinguir debido a la sombra que producía la capa misma, se alejó unos pasos de Harry y Melannie, y centro su vista en el techo, el cual mostraba un cielo oscuro, a pesar de ser alrededor de las diez de la mañana, las nubes se arremolinaban en lo alto, guiadas por el fuerte viento. No desvió la vista de allí sino hasta que llegó la profesora Sinistra, una mujer de mediana edad, con el cabello negro y rostro enseriado, vestida con una túnica negra cerrada hasta un poco abajo del cuello y un sombrero igual negro, pero con un velo que cubría sus ojos.
–Alumnos– dijo la profesora Sinistra, parándose junto al nuevo maestro –Es un verdadero honor para mí el presentarles a su nueva maestra de Defensa Contra las Artes Oscuras, la señorita Alexandra V. Shatner.
Diciendo esto, la mencionada enderezo el rostro, dejándose ver. Tenía un rostro con facciones muy exquisitas, nariz delgada y unos labios muy finos pintados en rojo, sus ojos, de un color violáceo delineados en color negro, lo cual profundizaba mucho su mirada, tenían un reflejo de bondad y dulzura, su tez era muy blanca, como el mármol, de un aspecto pálido o enfermizo, lo cual la hacía mas atractiva a la vista de cualquier hombre. Les sonrió a los que estaban sentados en la mesa y los saludo con el mismo gesto infantil con el que había saludado a Harry, ellos le devolvieron el gesto. Viéndola de más cerca, se podían distinguir a la perfección sus manos, las cuales eran tan blancas como su rostro, sus uñas estaban pintadas de rojo con las puntas negras.
La puerta volvió a abrirse por segunda vez, ingresando esta vez por ella Hagrid y Robert, que venían platicando de manera muy animada, Hagrid llevaba puesto un abrigo de piel de topo color marrón oscuro, mientras que Robert llevaba puesto un pantalón de vestir negro, una camisa azula marino desfajada y unos converse de color negro, en conjunto con una túnica de Hogwarts, llevaba ambas manos metidas en los bolsillos; iban sumidos en su plática pero se callaron inmediatamente vieron a la profesora Shatner. Ella y Robert se miraron fijamente por unos momentos, en los que no hubo reacción en sus rostros, ni sentimiento alguno que reflejaran sus ojos, era verse de una manera fría sin expresión y sin parpadear, todos miraban impactados tal reacción imaginando que en cualquier momento algo malo sucedería; entonces, el silencio sepulcral fue interrumpido por ella, que esbozo una sonrisa muy sutil, que le dio a su rostro un gesto de ternura.
–Como siempre, he ganado– dijo ella, dejando a los demás confusos.
–Rayos– fue lo único que dijo el pelirrojo, antes de acercarse a la nueva profesora y saludarla, besándole la mano –Es un placer verte de nuevo, Alexa– saludó.
–Lo mismo digo... Robert Levincolle– respondió ella.
–¿Me permites?– le dijo, mientras extendía sus brazos con las palmas hacia arriba, ella le dedicó una sonrisa y se quitó la capa de viaje, cediéndosela al joven.
Después de esto, liberó su cabellera de la peineta que la sujetaba, su cabello negrísimo cayó sobre su espalda. Tenía un corte muy peculiar, el cabello lo tenía hasta la cintura, dividido en tres capas marcadas, su fleco era largo y le caía a ambos lados de su rostro, afinando aún más su belleza. Llevaba una túnica similar a la de Robert, igualmente abierta pero con el botón que estaba debajo del cuello abrochado; una falda negra un poco debajo de las rodillas en color negro, una blusa en corte v de color blanco y zapatos de tacón blancos.
–Gracias, siempre se me olvida quitarme esas cosas, una esta muy a gusto allí dentro que no quiere salir, en fin– dijo con una voz muy dulce –Disculpen ustedes, creo que es mi deber presentarme de la manera correcta. Soy la profesora Alexandra Shatner, pero pueden llamarme simplemente Alexa, sin apellidos ni títulos docentes; digamos que no es de mi total agrado... ¿no es así, Robert?
–¿Ustedes ya se conocían? –preguntó Harry, que desde un principio quedó extrañado ante la actitud y confianza con la que ambos se trataban. La misma duda tenía Melannie, que no hacía más que pasar la mirada de uno a otro.
–Como no iba a conocerla, si cuando yo estaba en Hogwarts ella fue mi... auch!– gritó después de que Alexa lo pisara, no con la punta del pie, sino con el tacón.
–Por decirlo de algún modo, estuvimos en Hogwarts durante la misma época– respondió Alexa.
Fue en ese momento que Harry prestó más atención en las facciones de su nueva maestra, a juzgar por las apariencias debía tener unos 26 años cuando mucho, por lo que dedujo que ella y Robert fueron de la misma generación, y por que no decirlo, también de la de Tonks y Bill, el hermano mayor de Ron. Robert, Hagrid y Alexa se sentaron en la mesa y almorzaron de manera muy tranquila y amigable; sobre todo por parte de la profesora y Melannie, que entablaron amistad muy rápido.
Pero la calma no duró mucho, ya que 15 minutos después de que la profesora Sinistra se retiró para ir a la lechucería y mandar las cartas del colegio, la gata de Filsh entró corriendo al comedor, perseguida por Peeves, que le arrojaba escupitajos de agua. Para refugiarse, la gata se arrojó a los brazos de Alexa, quien la recibió sorprendida; el poltergeist frenó bruscamente en el aire y miró a los allí presentes con una mirada maliciosa, la cual se borró inmediatamente y cambió a una de casi terror, después salió tan rápido como había entrado.
–¿Qué le ocurrió?– preguntó Harry –Nunca había dejado una maldad inconclusa.
–No lo sé, algo debió haberlo asustado– secundó Robert.
–Ese Peeves siempre ha sido muy extraño, pero ¿por qué perseguía a la señora Norris? Pobre gatita– interrumpió Alexa, que acariciaba al animal, el cual se le quedó mirando con sus ojos ambarinos. Acto seguido la profesora, miró a la otra joven, la cual se encogió de hombros –Como sea, debo instalar mis cosas en la oficina, ¿te importaría ayudarme, muchacho? –le preguntó a Harry, que asintió con el rostro y se levanto, tomando la maleta de la profesora, quien todavía llevaba entre sus manos a la gata de Filsh.
Se disculparon con los demás y salieron rumbo a la oficina que había albergado un profesor distinto desde casi siempre, se decía que el puesto de profesor de DCAO estaba maldito y que ningún profesor duraba más de un año, cosa que Harry comprobó cinco veces desde que ingresó a Hogwarts, se iba preguntando si este año ocurriría lo mismo. Para tratar de romper el hielo, Harry le comentó esto a la profesora Alexa, quien aligeró sus pasos y soltó una pequeña risa cristalina.
–Si, sé de la maldición, Harry– le respondió.
–Entonces... ¿qué opina?
–Pienso, en lo personal, que no es más que una tontería; es un rumor que desde que surgió ha ido sugestionando la mente de cuanto profesor que ostenta este puesto... yo digo que son meras coincidencias, cuando yo estaba en Hogwarts había una profesora de DCAO, que duró muchos años en el puesto (tal vez demasiados), pero por motivos personales se tuvo que ir. También he escuchado que nunca has tenido un profesor de esta asignatura más de un año, pero si te pones a hacer recuento, todo tiene una razón– comenzó a explicar, Harry la escuchaba con atención –El profesor Quirrell entregó su alma a Voldemort y perdió la vida en tus manos. Lockhart, no creo que estuviese como maestro más de un año, era un inepto después de todo, creo que hasta le hicieron un favor al borrarle la memoria. Lupin, el candidato ideal para profesor, sin duda una persona calificada, pero víctima de la discriminación de la sociedad, cosa que me disgusta ya que ser un medio ser, no es excusa para correrlo, pero la gente se ha vuelto tan fría– esto último lo dijo con cierta nostalgia –Moody tal vez hubiese sido otro maestro calificado, pero su exceso de seguridad, por no decir paranoia, influyó mucho en su decisión de quedarse sólo un año... claro hubiera sido mejor que lo conocieras de la manera correcta y no rescatándolo de su propio baúl, te hubieras sorprendido de todo lo que es capaz de enseñarle a una persona. De Umbridge no quiero hablar, es una mujer repulsiva que nunca fue de mi total agrado– sentenció con una mueca de disgusto –Pero no creo que se deba a la maldición, como te dije, una profesora dio clases aquí en Hogwarts casi 60 años, le dio clases a Dumbledore, y a todos tus profesores, incluso a Voldemort, por supuesto… y sigue muy activa a pesar de su edad, pero bueno cada quien es libre de hacer de su vida lo que se le venga en gana…
–¿Cómo supo todo eso?
–Bueno, Harry– le respondió –Antes de aceptar cualquier trabajo una debe informarse bien de todo; así que al tomar el cargo, investigue los antecedentes laborales de cada profesor mientras estuvo aquí en Hogwarts... llegamos, deja el maletín sobre el escritorio y sal, por favor, necesito hablar con alguien.
Harry obedeció, dejando la pequeña maleta sobre el escritorio, al darse la vuelta vio como la profesora Alexa dejaba a la señora Norris junto a ella, mientras se acercaba a la chimenea, sin voltear y despidiéndose con un "con permiso, profesora" salió, al estar ya fuera y cerrando la puerta escuchó algo parecido a un pequeña explosión, alcanzando a oír un poco de la conversación.
–¡Alexa! Que gusto me da verte de nuevo– dijo una voz de mujer, seguramente con la que se había contactado la profesora Shatner.
–Lo mismo digo, estoy feliz de volver a pisar Hogwarts...
Harry se alejó de la oficina, no iba con sus principios escuchar conversaciones ajenas, al menos no aquellas que no le importaran; regresó al gran comedor, donde al entrar encontró una escena algo peculiar, Robert perseguía a Melannie, que encontró refugió detrás de una mesa, mientras que su tutor estaba del otro lado tratando de acorralarla. Harry no entendió tan peculiar situación, volteó a ver a Hagrid, que apenas y contenía la risa; éste último, al verse cuestionado por la mirada de su alumno, sólo señaló una copa derramada de jugo de calabaza, y al no entender Harry, miró otra vez a sus nuevos amigos. No pudo evitar reír un poco al ver que casi todo el contenido de la copa estaba sobre el cabello de Robert, lo cual era empeorado por el hecho de ser pelirrojo.
–Soy tu tutor, Melannie, me debes respeto– espetó Robert, aún imitando los movimientos de la joven que estaba del otro lado de la mesa.
–Sólo te hice una pregunta, pero estabas distraído y la única manera de llamar tu atención era arrojándote algo encima, no me fije que era una copa llena de jugo de calabaza– se defendió la joven de ojos grises, con una sonrisa en los labios.
–¡Por Dios! Esa ni tú te la crees.
–¿Quién dice que no? –reprochó la joven, escapado al fingir irse a la derecha pero cambiando de dirección y yéndose rápidamente por debajo de la mesa –Yo si me creo lo que digo– sentenció, antes de salir corriendo con Robert atrás de ella.
Apenas salieron, Hagrid y Harry soltaron la carcajada que habían retenido desde el primer momento. Todo indicaba que sus días serías mucho más agradables de ahora en adelante...
