Disclaimer: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling Sólo los nuevos personajes son de mi invención =P
Capítulo 5: Recuerdos
–Debo asumir que esto es parte de tu "acuerdo" ¿no es así? – preguntó el hombre de cabellera color castaño claro. Extendió su mano para coger un mechón de la joven, pero esta con un suave movimiento de su cabeza lo evitó.
–No es de tu incumbencia, hermano– le respondió ella, tomando un objeto de la mesa y guardándoselo en la túnica. Se dio la vuelta y miró a su compañero a los ojos.
–No hagas eso, sabes que tu mirada produce miedo incluso entre nosotros– le dijo el joven en forma de burla, fingiendo un escalofrío.
–No pretendas que te causo miedo. Es imposible que sientas temor hacia mi, ya no somos tan diferente como hace dos siglos– le dijo, mirando el reflejo de sus pupilas en los ojos de su hermano mayor. Los ojos de ella parecían carbones encendidos, rojos como el fuego mismo.
–Pero aún así eres... eres algo extraña, única por así decirlo. El color de nuestros ojos, al ser transformados, es negro y debe pasar mucho tiempo para poseer el poder necesario que se demuestra en un tono rubí en nuestras pupilas, y sin embargo los tuyos desde un principio fueron rojos– dijo él, caminando hacia ella, la gabardina negra que llevaba puesta se arrastraba suavemente por el suelo, produciendo un sonido peculiar y bajo –Bueno, tienes razón, ya que ahora tanto yo como nuestro hermano hemos dominado el máximo poder... por escaso tiempo, pero podemos.
–Lo sé, y sigo sin explicarme el porque les es difícil manipularlo, sin embargo no me importa, me agrada sentir el miedo entre los demás vampiros fuera de nuestro grupo, de ese modo saben el temor que sienten los pobres humanos que son torturados a muerte por desquiciados como tú.
–Ya vas a empezar– espetó, acercándose más y más a la joven de ojos rojos y piel pálida, producida por el efecto de la semivida del vampiro.
–Nunca he de acabar, Malcolm.
El hombre esbozó una sonrisa irónica de medio lado.
Con un movimiento brusco la tomó de su muñeca derecha y la atrajo hacia si, acercándose de manera sutil y seductora a su rostro, cerrando los ojos y rozando levemente sus labios, unas cuantas veces, y entre cada caricia exhalando y aspirando el poco aire que quedaba libre entre los escasos milímetros que dejaba entre ambos. Sintió como ella cerraba los ojos y abría lentamente su boca para unirse al jugueteo que ni siquiera llegaba a un beso suave. Hasta que Malcolm lo decidió y por unos segundos capturó sus labios pálidos en un beso muy lento, pero rozando sus labios con sus colmillos y provocando ligeros cortes en la boca de su "hermana". Dejó el movimiento de sus labios y dejó su boca abierta pegada a la de ella, introduciendo su lengua y buscando la de la otra, la joven se estremeció ante este contacto pero se dejó llevar por la sensación, estaba más que extasiada con esos jugueteos, tímidamente, movió un poco su lengua, correspondiendo apenas el beso, demostrando su inexperiencia en cuanto a besos se refería, dejándole prácticamente toda la labor a él. Malcolm se alejó de ella y volvió a su jugueteo de rozar sus labios, centrando especial atención en la parte izquierda de su labio inferior, para después alejarse lo suficiente para verse de frente.
–Pequeña, ¿cuándo cederás ante mi y aceptaras ser mi compañera?– le preguntó, sujetándola por la cintura. Con su mano derecha acarició los labios de ella, recogiendo la poca sangre que había salido, dirigió sus dedos hacia su propia boca y bebió la sangre que estos habían recogido –Me deseas tanto como yo a ti, desde antes de que fueras inmortal lo hacías, nos deseábamos de manera ferviente y lo sabes, incluso podría decirse que esa atracción empezaba a tornarse en sentimiento... sentimiento que te ayudo a aceptar tu nueva condición... Hazlo por mí...
–Sabes que no lo haré– le dijo mientras se alejaba de él y se dirigía hacia la ventana, abrazándose a si misma, miró el cielo, estaba nublado y sólo se vislumbraba una figura borrosa de lo que era la luna. Tan bruscamente como al principio, su actitud para con él cambió, produciendo el mismo efecto en el susodicho –Somos hermanos y...
–¡Sabes tan bien como yo, que esos son meros modismos ínter sanguíneos, fuimos transformados por el mismo vampiro pero eso no nos hace hermanos mas que de nombre, de allí para afuera no hay ningún lazo que nos relacione directamente y lo sabes tan bien como yo!– le respondió entre desesperado y enojado.
–Además... no me apetece en lo más mínimo ser la compañera de alguien que "aprovecha" su tiempo libre, realizando actos viles que he intentado detener por casi 600 años.
–Intentos que han sido inútiles, pequeña. Debes entender que el hecho de que tu sangre no aceptara por completo el gen de mutismo y tú seas, por decirlo así, más considerada para con los mortales, no es razón para que los que si somos vampiros completos tengamos la misma compasión que tienes tú.
–Sé perfectamente lo que mi estado significa...
–Claro que lo sabes, de otro modo no te hubiesen pedido el favor que realizarás.
–Lo que me recuerda, entrégame lo que sacaste de mi bolsillo, lo necesitó– dijo ella, extendiendo su mano. Malcolm hizo una mueca de descontento y le entregó una pequeña caja negra en forma cilíndrica, parecida a una caja de anillo.
–Objetos muggles, ¿de qué te servirán? – inquirió el hombre, tumbándose de forma horizontal en un sillón individual que estaba a su lado, dejando balancear sus pies de un lado y su cabeza del otro, pero sin dejar de mirar a la joven. Colocó sus manos atrás de su nuca.
–A veces las personas pueden ver más allá de las apariencias, y este sencillo invento humano me será de gran ayuda para evitar ser descubierta.
–Te verás rara.
–No recuerdo haber pedido tu opinión, además, si a ti no te gusta, a mi me ha de encantar.
–Como sea... entonces partirás pronto ¿eh? Se te extrañara... bueno, yo te veré mucho antes de lo que piensas, resulta que...
El sueño terminó de modo tan repentino como había empezado.
La joven se levantó agitada, respirando profundamente y con la frente sudorosa. Miró hacia fuera de su ventana y vio que la noche era todavía dominada por la oscuridad iluminada apenas por las estrellas. Apretó sus sábanas con sus manos, encajando sus uñas en la tela blanca. Giro un poco su vista hacia el lado derecho y vio lo que parecía ser una mujer que la miraba desconcertada. En un parpadeo, la hermosa mujer desapareció, dejándola de nuevo sola. Otro sueño de seguro.
Se levantó de la cama y se dirigió al ventanal, recargándose en el marco y tratando de regularizar su respiración, paso su mano derecha por sus finos cabellos, dio un profundo respiro y miro de nuevo al horizonte, repitiendo el único nombre que se mencionó en sus sueños, cerrando los ojos y tratando de recordar todo lo sucedido.
Después de 15 minutos, regresó a su cama, recostándose de lado y tratando de olvidar los ojos negros de aquel individuo, tan fríos e irónicos, pero a la vez, con un dejo de mirada infantil. Volvió a dormir tratando de ignorar la sensación de ser espiada por esos ojos que parecían ser la envidia misma de la oscuridad de la noche.
Ojos que realmente la observaban desde afuera de la ventana, esperando sólo cierto tiempo para deleitarse viendo esa figura femenina dormida de nuevo en forma agitada, y moviéndose de un lado a otro, inquieta.
El sujeto esbozó una sonrisa, dejando ver algo de sus colmillos, se acercó más al cristal y ladeó el rostro para intentar vislumbrar mejor a la mujer. Con su dedo índice tocó el ventanal, el cual se abrió inmediatamente, dándole paso.
Malcolm entró y se colocó a un lado de la cama de la joven, se sentó junto a ella con mucho cuidado, antes de acercarse peligrosamente a su cuello.
****************
El sol comenzaba a salir desde el horizonte, apenas eran las 6 de la mañana, pero el amanecer se sentía muy frío, ráfagas de viento que se presentaban desde hace varios meses, no hicieron su excepción de presencia esos días, en los que tanto Harry como Robert aprovechaban para retar al viento y volar en sus escobas sobre el campo de Quidditch, haciendo carreras para atrapar la snitch, o arriesgándose con una bludgger que perseguía únicamente a los que poseían los bates, haciendo esto último para evitar que las pelotas golpearan a Melannie, que los observaba desde las gradas en los pocos momentos que separaba su mirada de su libro.
Muy a pesar de Harry, este descubrió que pese al comportamiento algo infantil de su amiga, esta parecía tener la frase "Soy un clon de Hermione" escrita en la frente; sólo que a diferencia de su amiga, la joven solía distraerse continuamente con cualquier cosa, interrumpiendo su lectura, ya sea deteniéndose a mirar el borde rasgado de las hojas del libro, ó mirando una mosca que oscilaba en el asiento de enfrente.
Desde hacía ya varios días, a la llegada de la profesora Shatner, descubrió esa afición por los libros que tenía su amiga, que siempre se aseguraba de sacar por lo menos un libro diferente cada día, los terminara o no, ya que, por lo que notó Harry, apenas y llegaba a la mitad del libro antes de abandonarlo en la mesa y recoger otro. Sin embargo, debía aceptar que le parecía sumamente interesante el afán que tenía ella de leer primero el final de libro antes de empezarlo, según ella, era para no tener que leerlo todo, pues consideraba que las partes más interesantes de una lectura eran: La primera mitad del libro, y las últimas 5 hojas. Ya que en ellas se encerraba todo lo más importante, lo demás eran nexos innecesarios que para ella no valían la pena de seguir. Eso era lo que la diferenciaba de Hermione.
Volvió su vista al campo justo a tiempo para evitar ser golpeado por una bludgger que se dirigía hacia él de manera apresurada y violenta, dirigiendo la punta de su escoba hacia arriba la evitó, pero en una fracción de segundo, la pelota dio un giró brusco de 90° y dio de lleno en las pajas de la escoba, rompiendo unas cuantas ramillas; Robert se dirigió hacia él, blandiendo el bate que tenía en su mano, llamando así la atención de la bludgger, que salió disparada hacia donde se encontraba el pelirrojo, que se divirtió buena parte del tiempo esquivando la pelota.
Harry se le quedó mirando, reflexionando un poco también sobre él.
Parecía un chico como cualquier otro, pero en definitiva se veía mucho más joven de la edad que tenía, de no haber sido por que él se lo dijo, nunca hubiese creído que tenía 27 años. Tenía un aspecto muy juvenil y lleno de energía. Sólo había conocido en su vida a una persona semejante al pelirrojo. Cedric. Quien fue asesinado por Voldemort hacia dos años.
Agitó su cabeza de un lado a otro, intentando eliminar el recuerdo de Tom Riddle de su cabeza. No quería pensar en él, no ahora que se encontraba tan a gusto en el aire. Dio un profundo respiro y miró de vuelta hacia las butacas. Observó como se acercaba la profesora Shatner y se sentaba junto a Melannie, ambas comenzaron a platicar de forma menos animada que las otras veces, entonces, devolvió la vista hacia Robert, y recordó algo que pasó a la llegada de Alexa...
....Flash Back....
–¿Ustedes ya se conocían? –preguntó Harry, que desde un principio quedó extrañado ante la actitud y confianza con la que ambos se trataban. La misma duda tenía Melannie, que no hacía más que pasar la mirada de uno a otro.
–Como no iba a conocerla, si cuando yo estaba en Hogwarts ella fue mi... auch!– gritó después de que Alexa lo pisara, no con la punta del pie, sino con el tacón
–Por decirlo de algún modo, estuvimos en Hogwarts durante la misma época– respondió Alexa, sonriéndole a Robert de una manera irónica.
...Fin del Flash Back....
Sonrió para si mismo al atar cabos sobre cierta conclusión. Tal vez, ellos fueron más que simples compañeros o amigos en Hogwarts.
Volvió a mirar de nuevo a Robert, que en ese momento descendió rápido seguido muy de cerca por la bludgger, que literalmente estaba al lado de él; cuando estaba por alcanzarlo, aprovechó una fuerte ráfaga de viento y se arrojó sobre la pelota, ayudado por el impulso del aire, cayendo sobre ella y presionándola contra el suelo, cerca estaba la caja donde la guardaban, y con cierto esfuerzo, se arrastró con la bludgger, colocándola en su lugar y sujetándola con las cintas para evitar que escapase.
–Bueno, creo que es todo por hoy– concluyó el pelirrojo, cargando con dificultad la caja de pelotas –¡Oh! Rayos, esto pesa demasiado... torpe de mi, si puedo usar magia– dijo antes de dejar caer la caja, a escasos dos centímetros de sus pies. Sacó su varita y con un simple movimiento, hizo levitar el objeto y comenzó a caminar junto a Harry, con la caja atrás de ellos. Esbozó una sonrisa cuando vio a la recién llegada, lo que hizo que la conclusión a la que había llegado Harry tomara más credibilidad.
–Entonces... ¿si le ha sido útil?– preguntó Melannie, mirando con nervios a su maestra
–Demasiado, no sé que haría sin ellos. En serio que piensas en todo– sonrió la profesora Shatner, dándole más confianza a la joven –Eres una niña muy inteligente.
Los pasos de Robert se detuvieron bruscamente ante lo escuchado, se quedó con la mirada perdida. Recordando. ¿Cómo era posible que una simple palabra, ajena a cualquier lógica, le hiciera recordar? Era un suceso que aunque quisiera, no podría olvidarlo, no era un recuerdo bueno, pero tampoco era malo. Simplemente era parte de su pasado...
....Flash Back...
Se sentía muy débil, a duras penas y podía respirar. Cada bocanada de aire era como si respirara fuego. El cuello le dolía demasiado, y no era para menos, las incisiones que tenía en un costado le quemaban la piel. Levantó un poco la mirada, sólo para encontrarse con ese sujeto, sentado en un sillón frente a él, sus brazos estaban a ambos costados del sillón, y miraba al joven con aires de grandeza. Al verlo reaccionar, sonrió un poco. En ese momento la puerta se abrió, dejando entrar una ráfaga de viento, seguida por un sujeto de unos 20 años; tenía el cabello rubio y un poco largo, peinado de lado pero sin ninguna clase de fijador, lo que le daba un toque juvenil y moderno, como decían los muggles, llevaba pantalón y camisa de vestir negros, una corbata roja fuera del cuello de la camisa y zapatos negros, una gabardina de cuero negro lo cubría. Se acercó al joven pelirrojo que estaba en el piso, recostado en un charco de su propia sangre.
–No lo volveré a repetir, Ned... ¿dónde está? – preguntó el rubio, su voz era juvenil, pero el timbre de voz que utilizó era profundo y tan tenebroso que atemorizaría a cualquiera. Hincó la pierna derecha en el suelo, pero sin tocar la sangre, con su mano derecha sujetó el mentón del joven y lo miró con esos ojos negros que eran mas intimidantes que su voz –Sabes muy bien que no tengo por que llegar a extremos, sólo quiero que cooperes... este joven hará todo lo que yo le indique– señaló al individuo de cabellos castaños que estaba sentado en el sillón y que ahora lo miraba mas fijamente, con el cuerpo algo encorvado y con sus brazos colgando entre sus piernas –Podría hacer que te desangraras por completo, cortar tu vida de un tajo con la daga de Youlessth... o podría dejarte ir. Tú decides.
–No... diré nada... no... sé... na... da– respondió el pelirrojo con la voz entrecortada, podía sentir como la vida se le escapaba del cuerpo con cada respiro
–¡Escúchame bien, mocoso! – gritó el joven rubio, tomándolo del cuello de su camisa con fuerza y cortándole la poca respiración que le quedaba, haciendo que su vista comenzara a nublarse e impidiéndole ver más que sombras muy borrosas –Me estas colmando la paciencia, y te advierto que tengo muy poca. Puedo ser compasivo como mi querida hermanita (la cual creo, ya tuviste el gusto de conocer), pero también puedo ser el verdugo más cruel que en tu vida llegarás a conocer, así que más te vale cooperar... lo repetiré una última vez ¡¿DÓNDE ESTÁ?!
–Le he... dicho que... no... – diciendo esto último, se desvaneció, pero siendo aún consiente de los ruidos a su alrededor. El joven rubio lo dejó caer con muy poca sutileza, se levantó y miró a su compañero, que se había vuelto a sentar con suma arrogancia.
–Parece que no dirá nada... como sea, tú y yo sabemos que hay mejores formas de hacerlo desistir, bueno siempre y cuando...
–¡Antoan Fredish, sé que estas allí dentro! –exclamó una voz de mujer desde el otro lado de la puerta –¡Ábreme inmediatamente!
–Demasiado tarde, Antoan– dijo Malcolm, reconociendo la voz –Ya se enteró nuestra querida hermana menor.
La puerta se abrió de golpe, dejando ver a una joven del otro lado. Una aura negra la rodeaba y sus ojos de color sangre brillaban de manera incontenible, pero apenas entró, el aura desapareció, dejando que sus cabellos ébanos ondularan un poco, llevaba un sencillo vestido azul marino que le llegaba un poco abajo de las rodillas, unos zapatos de piso sencillos y la típica gabardina de cuero negro. Caminó hacia el joven rubio, y cuando estaba sólo a un paso, le sonrió con inocencia, tocó con su mano derecha la mejilla izquierda de Antoan e iba acercando lentamente su rostro a sus labios. El joven cerró los ojos, esperando el beso, mientras que el castaño miraba disgustado tal escena. Estando sus labios a medio centímetro de distancia, la joven se alejó y lo abofeteó de una forma tan fuerte que lo tumbó al suelo.
–Dejen a ese niño en paz– les dijo de manera sutil y firme a la vez –Es la segunda vez, que lo capturan... de Malcolm lo esperaba... pero de ti, Antoan, nunca... ¿cómo pueden ser capaces de cometer actos tan viles como torturar a un niño de 16 años?
–Sabes que no tenemos otra opción– soltó Antoan, levantándose y mirando fijamente a su hermana. Él era el único, probablemente, capaz de soportarle la mirada. Dicho esto, Malcolm se levantó del sillón y fue con sus hermanos.
–Es verdad... somos los últimos hijos de Terry Youlessth– interfirió Malcolm, que estaba vestido casi exactamente igual que Antoan, sólo que él no llevaba corbata –Sabes la responsabilidad que eso acarrea.
–¡Me importa un bledo todo eso de la dinastía Youlessth! –estalló la vampiresa, golpeando fuertemente el piso con su pie –Pese a todo, nuestro patriarca no mataba ni torturaba por el simple placer de hacerlo, y no veo por que ustedes lo hagan.
–¡El sabe la ubicación exacta de... – se defendió el joven rubio, levantando la voz
–De eso no estamos del todo seguros– lo interrumpió ella –Y de ser cierto, existen métodos como la legeremancia que podemos usar para averiguarlo. Antes de ser vampiros, pertenecíamos cada quien a una poderosa línea de magos... tenemos aún esa magia interior y podemos usarla, pero ustedes se empeñan en usar métodos trogloditas que no vienen al caso.
–No es por nosotros, y lo sabes. A pesar de todo no interferimos con el libre albedrío de las demás personas, pero hay sus casos.– inquirió Malcolm.
–No somos tan sanguinarios como crees, niña– diciendo esta palabra, la joven se enfureció, pero trató de controlarse –Simplemente hacemos las cosas a nuestro modo, incluso tú bebes sangre y no lo niegues.
–Pero lo hago a su tiempo, y ustedes torturan a mortales por mera diversión– dijo ella, al borde de las lágrimas –Es una crueldad que no puedo entender... ustedes dos no eran así, ¡NO LO ERAN!
–Hermana... –intentó decir el joven rubio
–Nosotros... –trató de complementar el castaño
–¡No quiero escucharlos!– gritó ella, esta vez derramando delgadas lágrimas –Escúchenme bien, Antoan Fredish y Malcolm Teufhërt... de ahora en adelante tomo a este niño como mi protegido, y saben bien lo que eso significa.
Los dos vampiros abrieron la boca sorprendidos. Fue como si de repente les hubiesen echado encima un balde de agua muy fría, observaron como su hermana caminaba hacia la caja de vidrio que estaba sobre la chimenea, la abría y tomaba la daga de plata. La tomó entre sus manos y se dirigió hacia el joven pelirrojo que ya estaba casi agonizando, ella se hincó, sin importarle, como a su hermano, manchar sus piernas con la sangre del joven; con la punta de la daga hizo un pequeño corte en sus dedos índice y medio, brotando sangre de las heridas. Colocó su dedo sobre ambas incisiones en el cuello de Robert.
–Sangre mortal, sangre inmortal, un pacto por ustedes se ha de crear, en nombre de Youlessth les he de implorar, me dejen proteger a este joven que muriendo está– recitó ella, un aura roja los rodeó a ambos. Robert abrió los ojos violentamente y presenció por primera vez el rostro de la mujer que ya le había salvado la vida en una ocasión anterior y que ahora lo convertía en su protegido, significaran lo que significaran esas palabras. Se levantó con ayuda de su protectora y antes de que su vista se nublara nuevamente y caer al sillón donde minutos antes estaba Malcolm, pudo apreciar la casa, que era algo así como un palacio, en el fondo había un gran lienzo con un árbol familiar, intentó ver el título, pero estaba muy fatigado... vio algo parecido a una letra G... o era ¿B?
....Fin del Flash Back...
Tantos recuerdos abordaron su mente en menos de cinco segundos. Al ver de nuevo hacia las gradas, observó que Alexa lo miraba atentamente. La maestra bajó de las gradas junto con Melannie y fueron junto a los muchachos. Salieron del campo de quidditch con rumbo al castillo. La hora de comer se aproximaba. Mientras que Harry y Melannie se adelantaron, Alexa abordó al pelirrojo con cierto interés.
–Nunca fuiste muy bueno en Oclumancia, Robert– le dijo con una sonrisa en el rostro, él la miró algo sorprendido, pero después sonrió –Ellos...
–Sabes más que yo en cuanto a temas del ocultismo– inquirió Robert, metiendo sus manos en sus bolsillos. Se aseguró de estar a una distancia considerable de sus amigos para que su conversación no fuese escuchada –Así es, son el trío más poderoso... hijos biológicos de familias de gran poder mágico, convertidos a la inmortalidad por el vampiro más poderoso que jamás existirá...
–Veo que tu "protectora" te ha enseñado muy bien lo que respecta a su mundo– dijo Alexa, con su mano derecha en el mentón; miró a su amigo, esperando una respuesta
–Hay ciertas restricciones, y eso lo sabes,... eres una gran maestra de oclumancia, así que no hagas como que ignoras todo lo que se relacione a esa noche... ¿por qué mejor no ocupas tu tiempo en averiguar lo que respecta a esa joven, probablemente ya has averiguado sus secretos.
–Ja, ja, ja... lo creas o no, esa niña ha desarrollado mejor la oclumancia que tú, y sin embargo hay algo en ella que... no sé... su mente guarda muchas cosas, más de las que jamás pude haber imaginado o explorado. Sólo existen dos razones para que una persona en este mundo sea capaz de albergar tanta información, y sabes tan bien como yo cual es la opción correcta, pobre niña, habrá muchos enigmas entorno a ella y... ¡oh, vaya!
–¿Qué sucede? – preguntó Robert.
–Así que él es su padre... sabía que no podrían ocultármelo tanto tiempo... no veo la necesidad de hacerlo. Pero sus razones tendrá el director.
–Cada día me sorprendes más, Alexa.
La profesora sonrió de manera dulce, mientras observaba el rostro del pelirrojo, había indagado profundamente en su mente, descubriendo cosas increíbles. Pero quien la tenía intrigada era esa joven que iba delante de ellos, estaba segura que algo más ocultaba.
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Listo! Tres capítulos como lo prometí, espero les guste como se va formando la historia, dejen sus comentarios dudas y todo lo que se les ocurra… créanme que los reviews me animan a seguir escribiendo
See ya!
