Capítulo 6: La adjudicación

–¿Cómo dijo?– preguntó Harry.

–Lo que acaban de oír, Harry– respondió la profesora Shatner, levantándose de su silla y yendo con Harry y Melannie –Mis clases serán dadas en el Bosque Prohibido, antes de la cena. Es una nueva modalidad, pronto se les informará de ello con más apego, la primera clase para cada casa será dada en el aula típica, he estado charlando con Dumbledore y llegamos a un acuerdo. En síntesis, la primera clase la daré por separado a las casas, es decir, sin ningún miembro de Hufflepuf, Ravenclaw o Slytherin, en su caso. Después haré algo que al director le pareció sumamente interesante

–Disculpen, pero ¿qué el bosque prohibido no es peligroso?– interfirió la pelinegra, llamando la atención de la profesora

–Ya lo creo, pero siempre y cuando acaten mis órdenes no correrán riesgo alguno... bien, pasando a otro tema, pasado mañana inician las clases, así que se me pidió que los acompañara a comprar sus cosas en el callejón Diagon. Los espero en sala de visitas en media hora– con un movimiento de su varita hizo que la puerta se abriera de par en par, indicándole a los jóvenes que salieran, mientras que ella regresaba detrás de su escritorio y comenzaba a escribir una carta –Si ven a Peeves por allí– les dijo antes de que salieran por completo –Díganle que necesito que me haga un favor

–¿Peeves? – repitió Harry

–No hagas, preguntas... sé lo que hago, por favor, sólo si lo ves

–De acuerdo

No hagas preguntas, pronto, ahora no. Parecía que el vocabulario de la profesora Shatner se reducía a esas frases, era una buena persona, pero muy misteriosa; desde su llegada, les había dicho que su formato de enseñanza iba a ser muy diferente al de cursos pasados, pero diferente era una cosa, tomar clases en el bosque prohibido era casi mortal. Desde el primer año se les advirtió que por ninguna razón deberían entrar allí... claro que probablemente eso estaba de más para Harry y sus amigos, que por una u otra razón y deliberadas circunstancias, cada año ingresaban allí. Unicornios muertos, acromántulas, dementores, la muerte del señor Croush, y el desagradable paseo con Umbridge.

Este año no sería del todo diferente después de todo.

Harry subió a la torre de Gryffindor, mientras que Melannie se fue derecho por el cuarto piso, se verían con la profesora sólo hasta dentro de 20 minutos. Tomó unos pantalones de mezclilla y una camisa negra. Por alguna extraña razón, le parecía tener más ropa que cuando llegó a Hogwarts. Debía ser su imaginación, o tal vez recibió más ropa de sus amigos, desde lo que pasó con Sirius, parecía que todos los de la Orden, y las familias de sus amigos, trataban de tomar la responsabilidad de la cual él estaba a cargo, es decir, su bienestar. Tomó un pequeño saco de hasta el fondo de su baúl, llegando al callejón, iría al banco a hacer otro pequeño retiro de la cámara. Dio un respiro profundo. Tantas cosas habían pasado en tan poco tiempo, que le parecía sorprendente. No todo había sido malo, pero era confuso, debía pasar cierto tiempo para que se pudiera acostumbrar a ellos.

Al dar media vuelta, vio dos sobres sobre el escritorio. Con curiosidad los tomó. Ambos estaban dirigidos a él, abrió el primero. Que decía:

Estimado señor Harry James Potter.

Esperando se encuentre bien, es nuestro deber informarle que su difunto tutor y padrino Sirius Black, ha dejado un testamento a nuestra disposición.

A tres meses de su deceso, tal cual dicta la ley, dicho documento será leído el día en que usted reciba esta carta, le agradeceremos su presencia en el séptimo piso del banco mágico Gringotts, en el departamento 32, a las diecisiete horas.

Sin más por el momento se despide de usted.

J. M. L.

–¿Testamento? Esto cada vez está poniéndose más extraño– tomó la segunda carta y la abrió, era una carta algo extraña y, por lo que pudo notar, escrita a la carrera, pues carecía un poco de orden.

Harry:

Veo que no estas disfrutando del todo tu estadía en Hogwarts. Entiendo que tantas restricciones te sean desagradables, pero son por tu bien, cariño; aunque, después de ciertas charlas, creo que todo en el colegio será normal como en años anteriores.

Me siento rara escribiendo estas líneas, no sé ni siquiera si me harás caso cuando te pida que no te metas en problemas, después de todo, lo llevas en la sangre, James y Sirius eran iguales. Recuerdo que Lily y yo nos la pasábamos tratando de corregirlos, pero era imposible a mi opinión. Y como deducirás, terminamos cediendo.

Pasando a otro tema, creo que ya habrás recibido la carta de Gringotts, yo también recibí una y estaré por allí. Desafortunadamente, no creo que sea cómodo que me veas del todo, es algo difícil de explicar, Harry, estaré presente, eso no lo dudes. Pero... bueno, ya lo verás por ti mismo, sólo confía en mí.

Son tantas las cosas que quisiera decirte en tan poco tiempo pero es casi imposible, ya que la mayoría no son apropiadas para decírtelas en un pedazo de papel... creo que sabes a que me refiero. Intentaré por todos los medios protegerte y estar al pendiente de ti, bueno siempre lo he hecho, pero ahora con más fervor, ya que no cuento con el apoyo de mi esposo para guiarte correctamente. Creo que incluso estarás enojado conmigo por que no te busque en tantos años. Pero había sus razones créeme, por más difícil que sea de comprender; pero quiero que sepas una cosa más: Desde que entraste a Hogwarts, he estado al pendiente de ti. Me has visto incluso, pero creo que no has aprendido a prestar mucha atención a tu alrededor.

Bueno, cariño, te dejo, nos "veremos" hoy en la lectura del testamento de Sirius.

Sinceramente: Alissa

–Más misterios– exclamó Harry de forma decepcionante – Justo lo que necesitaba.

Guardo las cartas en su baúl y bajó a la sala común, de allí se fue directo a la sala de profesores. Allí estaban la profesora Shatner y Melannie, se veían bastante bien, a decir de Harry. Alexa llevaba una falda blanca larga con una abertura en el lado derecho que empezaba desde la rodilla, unos zapatos igualmente blancos, una blusa roja de vestir y su cabello estaba sujeto en una coleta; no llevaba maquillaje de ninguna clase, excepto por sus labios, que tenían un color rojo muy bajo. Melannie tenía una falda de mezclilla color negro, una blusa color celeste muy linda y unos zapatos tipo escolar en color negro, mientras que su largísimo cabello negro estaba recogido en una fina trenza que caía graciosamente sobre su hombro. Ambas con sus respectivas capas de Hogwarts, en ese momento, Alexa extendió una tercera capa a Harry, él la miró sorprendido

–Son nuevas reglas del ministerio– aclaró la profesora –De ser posible, cada persona de la comunidad mágica deberá portar una capa que la distinga como mago o bruja de buen procedente... creen que con eso podrán descubrir a más mortífagos, claro que eso es una tontería con letras mayúsculas, pero bueno, reglas son reglas... el profesor Dumbledore me concedió permiso para hacer un traslador que nos lleve exactamente al callejón Diagon. Creo que después de nuestras compras podremos pasar una tarde agradable los tres juntos.

–Profesora yo... ¿puedo hablar con usted? – dijo Harry ante lo mencionado. Al escuchar estas palabras, Alexa se retiró un poco con su alumno para tratar lo que sea que él quisiera decirle –Verá, recibí una carta... es para leer el testamento de mi padrino, me citaron a las cinco de la tarde... ¿podría acompañarme?

–Creo... que es algo que debes hacer tú sólo, Harry– respondió ella, mirándolo con profunda ternura y comprensión –Confía en mi, será lo mejor.

Dichas estas palabras, ella se retiró y se acercó a una pluma rota que estaba en una pequeña mesa, la palpó con su varita y les pidió que la tocaran. Nuevamente, la sensación de estar dando vueltas se apoderó de Harry, por suerte ya había aprendido a caer, y pronto, piso tierra firme, estaba feliz de haberlo hecho bien, pero de manera repentina se vio tumbado en el suelo, al virar su mirada, descubrió cual fue la causa de su caída. Melannie, estaba sujeta de su brazo y estaba un poco arriba de él. La inexperiencia en viajes y la inercia, hicieron que la joven cayera, teniendo como único agarre el brazo de su amigo, obviamente no contaba con que él también caería con ella. Alexa soltó una pequeña carcajada y los ayudó a ponerse en pie.

Harry miró a su alrededor, no había tanta gente como en otras ocasiones, pero a diferencia de lo que él creía, todo parecía normal. Excepto por el hecho de que cuando caminaban, más gente se les quedaba viendo, era incomodo toda esa repentina atención; pero no era para menos, después de lo que pasó el año anterior en el Ministerio. Fueron a comprar los libros que les habían solicitado, unos cuantos ingredientes de pociones, un par de túnicas nuevas, ya que las que traían puestas eran de la profesora Shatner. Al llegar las cinco menos diez, estaban frente a Gringotts, el banco mágico, Harry miró a sus acompañantes y con un ligero respiro entró. Acordaron que se separarían un momento hasta las siete de la tarde, después se reunirían en el Caldero Chorreante para cenar algo y regresar a Hogwarts.

Al entrar, vio las típicas filas de personas formadas para ser atendidas. Fue hacia las escaleras que iban a los pisos superiores, subió hasta el segundo piso y ya no encontró más escaleras, sólo había ocho puertas enumeradas del dos al nueve, entendiendo la situación, entró por la que tenía el número siete grabada. En su interior había todavía más puertas, unas cincuenta aproximadamente, comenzó a caminar para buscar la que tuviera el número 32, a medida que avanzaba, una luz lo seguía, pero no iluminaba el pasillo por completo. Después de caminar un poco, encontró la que buscaba y entró.

Un hombre de cabello negro y ojos a juego estaba sentado atrás del escritorio. Tenía una mirada muy amable y algo infantil

–Harry Potter, supongo– fue lo que dijo el hombre –Tome asiento por favor, es el primero en llegar, pero hasta que llegue la señora Black, no podremos comenzar

–Bien... gracias– respondió Harry, tomando asiento en una de las dos sillas que estaban frente al escritorio.

Pasaron sólo unos cinco minutos cuando entró al despacho una persona, llevaba una túnica completamente cerrada, y una máscara de porcelana cubriéndole por completo el rostro, la máscara tenía orificios para los ojos y para que quien la usara pudiera respirar, pero no tenía ninguna expresión marcada en su diseño. A través de los orificios, Harry pudo ver unos ojos ámbar con un toque grisáceo.

–Señora Black, tome asiento, por favor– dijo el hombre, que no parecía sorprendido en lo más mínimo por el atuendo de la recién llegada, la cual tomó asiento –Bien, comencemos– dijo antes de aclararse la garganta y comenzar a leer:

Por medio del presente documento, y dejando adjunto el manuscrito que garantiza que estoy en pleno uso de mis facultades mentales, doy a entender mi última voluntad aclarando no hacerlo bajo ninguna clase de presión o amenaza.

Dejó a voluntad de mis beneficiados todas mis posesiones.

Le dejo a mi ahijado Harry James Potter, mi fortuna familiar, la cual se encuentra en la cámara del banco Gringotts No. 815 y cuyo monto desconozco. La casa de Grimauld Place 12, con todo lo que haya en esta, la dejo a disposición de Albus Dumbledore, el cual será notificado por anticipado, aclarando que no es necesaria su presencia en la lectura de mi testamento. Mis demás pertenencias materiales serán dejadas a la persona que adjunto en otro documento y cuya identidad pido reservar por razones explicadas en el pergamino ya mencionado. También le dejo a mi esposa, Alissa Black, lo más importante que pude poseer en esta vida, le cedo legalmente la tutela exclusiva de nuestro ahijado, la cual se me dio de manera única por ser varón.

Mis deseos después de muerto han sido dictados y espero se cumplan de manera legal y correcta. Antes de que acabe la lectura, deseo que sean dadas las cartas que he dejado a disposición del juez a cargo.

–Firme este papel, señora Black– dijo el encargado cediéndole un papel y pluma. Ella firmó inmediatamente –Todo está hecho. Harry Potter, por ser menor de edad, no tendrás derecho a la herencia hasta cumplir los 17 años, o que tu tutor en curso decida lo contrario o muera. Tu tutela ha sido transferida legalmente así que irás con tu tutora terminando el año escolar.

–¿Es una orden? –preguntó Harry

–Sí, señor Potter– sentenció el juez, tratando de ser comprensivo con el muchacho

–Bien, como usted diga– dijo Harry. Volteó a ver a su madrina

–Creo que lo más conveniente– habló por primera vez Alissa. Su voz sonaba un poco lúgubre, ya que lo hacía despacio y muy tenue –Sería que Harry... decidiera eso, no me gustaría hacer nada que lo perjudicara.

–En ese caso, yo ya no puedo interferir– sentenció el hombre –Usted como su tutora tiene el derecho a dejarle ciertas libertades como crea mas conveniente. Si no hay nada más que tratar, nos podemos retirar.

Harry se levantó inmediatamente y se dirigió a la puerta.

Otro suceso más que se arremolinaba en su mente ahora, así de buenas a primeras, tiene otro tutor, que da la casualidad es su madrina, una madrina de la cual no tuvo constancia de su existencia hasta ahora, una madrina que, según ella, siempre estuvo a su cuidado y que de ahora en adelante estará muy cerca de él. Todo era muy confuso y extraño.

Giró su vista para verla, ella recibió tres sobres de parte del encargado, se guardo dos en el bolsillo y se dirigió a la puerta. Harry mantuvo esta última abierta para que su madrina pasara. Al salir esta, Harry hizo lo mismo. Afuera ella lo miró y le entregó el sobre, él lo tomó y lo guardo en su bolsillo; no pudiendo aguantar más, dijo todo lo que sentía

–¿Por qué apareció hasta ahora? ¿Cómo permitió que viviera en un infierno con los Dursley? Sirius no pudo por estar en Azkaban, ¿pero usted? Además, si dice que me estuvo cuidando desde que entré a Hogwarts, ¿por qué no me dijo nada, ni me llevo a vivir con usted? ¿Por qué...?– sus reclamos parecieron dar fin, al notar como los ojos de ella se llenaban de lágrimas –Yo... disculpe, pero...

–Tienes toda la razón, Harry... pero como te explique, tuve mis motivos– su voz temblaba, pero aún así tenía ese tono sombrío –Cuando Sirius fue condenado, intenté defenderlo, eso provocó que a mi también se me acusara... tuve que huir e instalarme en otro país extranjero, Dumbledore me ayudó en mi situación hasta comprobar mi inocencia. Le pedí que cuidara de ti hasta entonces, cuando entraste a Hogwarts, quise reclamar mis derechos como tu madrina que soy pero me fueron negados, se alegó que no podía hacerme cargo de ti a menos que el tutor oficial diera su consentimiento, y estando mi esposo en Azkaban tal derecho era invalido. Lo único que conseguí fue permiso de Albus para estar cerca de ti, cariño... (tienes que aprender a observar a tu alrededor con más escrúpulo, por cierto). Y dadas las circunstancias del año pasado, cuando la inocencia de Sirius fue comprobada al fin de manera poco sutil con su muerte, me fue permitido establecer contacto físico contigo. Creo que es todo lo que me preguntaste... ¿cual era la última pregunta que querías hacer?

–¿Por qué... por qué no da la cara? – dijo un poco avergonzado

–Por que no creo conveniente me conozcas aún, Harry

–Pero si yo ya la vi en la foto de mi bautizo

–Si... lo sé... pero hubo circunstancias que me hicieron cambiar mi apariencia, puede que lo único que quede de mi yo anterior sea mi carácter, pero digamos que eso no se ve a los ojos humanos. Los medios responsables de cambiar mi apariencia, fue magia muy poderosa... y escondo mi rostro no por vergüenza, si no por temor, haya afuera todavía me buscan magos tenebrosos, debo ser precavida. Tengo que irme, nos veremos pronto, quizás más pronto de lo que crees. Sé que te quedaron muchas dudas, cariño, pero no es tiempo de responderlas todavía. Será en otra ocasión más oportuna, te lo prometo. Mientras tanto, debo irme. Cuídate

Diciendo esto, Alissa desapareció, dejando a Harry con más respuestas de las que esperaba, pero de igual manera, con más incógnitas

*/*/*/*

Probablemente este ha sido el capitulo que mas tuve que corregir porque no me terminaba de gustar, pero decidí dejarlo casi intacto dado que en el hay muchos nexos con los próximos capítulos. Espero les haya gustado. Dejen reviews plis! Estoy abierta a cualquier comentario duda, sugerencia, teorías y de todo

Muchas gracias especialmente a Saiyury11, fiel lectora de esta historia desde el primer capítulo

See ya!!!