Hola! Primero que todo, quería agradecerles por haber dejado un Review o haber agregado la historia a favoritos o a Alertas. Muchas gracias! Todos sus Reviews me alegraron! Aunque me gustaría haber tenido más, estoy muy contenta.

Traté de subir un nuevo capítulo lo más rápido posible, pero no tengo mucho tiempo libre y se me complica.

Emma.

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia a Beanacre0. Yo solo me ocupo de traducir con su consentimiento.


CAPITULO DOS:

Mientras tanto, en Seattle, una joven delgada corría por las calles con una mochila en su espalda.

Detrás de ella, oyó pasos tratando de acercarse.

"¡Oye, tu! ¡Alto!" Una voz profunda de hombre llamó.

La mujer miró hacia atrás por encima de su hombro al que la llamaba. Era un hombre alto, de robusta apariencia y pelo negro. Llevaba puesto un uniforme. Un uniforme de policía.

"¡Ladrona! ¡Alto!" Su compañera, una mujer rubia, le gritó.

"No creo que se detenga" La mujer volvió a hablar, acelerando un poco. En el último minuto, ella giró hacia un callejón y se escondió.

Los dos policías corrieron hacia el callejón y se detuvieron. "¿A dónde se fue?" La mujer preguntó. "Tal vez se fue por aquí" El hombre respondió, apuntando mas en el callejón.

"No, la habríamos visto u oído. Ella es cosa del pasado a estas alturas. Volvamos a la estación y dejemos que el jefe sepa" La mujer suspiró, llevando a su compañero fuera del callejón.

"Seh, tal vez"

La joven permaneció escondida atrás de las cajas por un largo momento hasta que estuvo segura de que se habían ido. Solo entonces ella apareció alrededor de las cajas. Al ver que la costa estaba despejada (N/T: se refiere a la frase 'No hay moros en la costa') , ella salió del callejón corriendo.

La muchacha caminaba casualmente por la calle, balanceando las manos a sus costados. Un hombre vestido de traje salió de un bar de alta gama con los ojos ligeramente desenfocados. Habían pasado horas desde que había sido perseguida y necesitaba algunas cosas más.

Vagando hasta el hombre, ella le dedicó una sonrisa seductora. Puso las manos en los hombros de él y las escondió en sus bolsillos. Ella rápidamente transfirió su billetera hacia su bolsillo y empezó a ver qué más tenía él. El hombre la miró. Él jadeó. Ella era hermosa. Su piel pálida era impecable, sus ojos eran grandes de un marrón chocolate y su largo y rizado cabello color caoba caía hasta su cintura. Pero también era sucia.

Tenía aire de ser alguien que había vivido en las calles desde hace años. Su cara estaba cubierta ligeramente de tierra, su ropa colgaba fuera de su cuerpo bien proporcionado y su cabello era ligeramente graso.

Asqueado, el hombre se la sacó de encima y se burló de ella. "Aléjate de mi, parásito" Escupió.

"Muy bien, como digas" La mujer chasqueó, girando sobre sus talones y se marchó. Ella sonrió para sí, tirando de la billetera completamente llena de su bolsillo. "Bobo"

La mujer deambulaba por una calle, en dirección al barrio que albergaba una gran cantidad de bandas y asesinos. Pero ella se podía manejar sola. Después de todo, ella había sido criada por el mejor de los mejores.

Pronto llegó a una parada en una gran casa abandonada. Ella sonrió y se metió en el edificio. Niños y adultos llenaban el lugar. Era un refugio seguro para todos ellos y eran como una pequeña familia.

"¡Hola Pan!" Un hombre alto y joven saludó, su cabello corto y rubio cayendo sobre sus ojos grises.

Él utilizaba el sobrenombre de esta mujer de solo diecisiete años. Su apodo era Pantera, pero al hombre, Ryan, le gustaba reducir su longitud a 'Pan'. Ella había ganado el apodo porque nadie podía acercarse sigilosamente a ella y salir ileso. Ella era silenciosa y mortal como una pantera, además de ser altamente entrenada en el arte de la defensa personal y la ofensa.

"Halcón" La mujer respondió, usando el apodo propio de Ryan. Él lo había conseguido una vez que se dio cuenta de que tenía buen ojo para elegir perfectamente los objetivos y las viviendas.

"¿Obtuviste algo bueno?" Ryan preguntó.

"La billetera de un tipo. Llena de efectivo. También tengo un poco de alimento"

"Eres realmente buena en esto"

"Lo sé" La mujer sonrió. Era bien sabido entre los existentes en la calle que Pantera no era una chica con la cual meterse. Ella era una experta de la vida en las calles.

"Voy a subir. Más tarde"

"Seh, más tarde"

La mujer subió los escalones de dos en dos antes de llegar a una puerta al final de un pasillo. Ella la abrió, sobresaltando a una niña que estaba jugando con algo en la cama.

"Fuera" La mujer siseó. Ella arrojó a la niña una barra de chocolate que había robado y ella salió corriendo de la habitación.

Entonces la mujer se acercó a la cama y su expresión dura se convirtió en suave mientras miraba a su única razón para luchar tan duro.

Un niño varón levantó la vista hacia ella, riéndose de ella. Sus ojos eran del mismo color que los suyos y la cubierta fina de cabello en su cabeza también era del mismo color que el suyo.

"Hola cariño" Ella lo arrulló.

El bebé sonrió ampliamente y agarró su dedo.

"Jamie, suelta el dedo de mamá" La mujer dijo a su hijo. "Tengo algo para ti" Ella lo arrulló.

Metió la mano en su bolso y sacó un juguete de una Pantera.

"Pensé que te recordaría a mi no importa lo que pase"

El bebé, Jamie, sonrió y abrazó a la Pantera, balbuceando dulcemente con alegría.

La mujer suspiró. Se quitó los zapatos y se subió a la cama junto a su hijo de un año de edad.

Ella se acurrucó protectora a su alrededor y le acarició suavemente el brazo.

Ella era tan afortunada de tenerlo, pero al mismo tiempo era una maldición. Ella nunca había querido al padre, pero él se había convencido de que la amaba a pesar de ya tener una novia. La forma en que su hijo fue concebido no fue consensual, pero amaba a su bebé a pesar de este hecho.

Poco a poco, la joven mujer cayó en un sueño profundo mecido por la suave respiración de su hijo y la charla en lo profundo de la casa.

Una niña de siete años corría por las calles. Le había costado años llegar a esta casa, por lo menos un día y medio de caminar cerca constantemente. Pero valía la pena.

La muchacha se acercó sigilosamente a la casa y llamó a la puerta. No hubo respuesta.

Frunciendo el seño, la niña caminó por el costado y se asomó por la ventana. Una capa de polvo lo cubría todo en la casa y ni un alma parecía estar moviéndose en su interior.

Había pasado un mes desde que había sido capaz de venir aquí. Ella había sido muy malherida, pero se había asustado después de un accidente que había matado a sus padres, por lo tanto había corrido.

Ella había sido encontrada por el hombre que ahora la estaba siguiendo para asegurarse de que se mantuviera a salvo, Daniel. Él la había cuidado para que estuviera saludable, estableciendo sus huesos rotos y cosas como esas, con elementos que había adquirido a través de un amigo.

"Se han ido" la niña le susurró, con los ojos tristes.

"Ha pasado un mes" Daniel respondió, poniendo una mano sobre el hombro de la joven.

"Pero ellos me dijeron que nunca me dejarían"

"Tal vez no sabían que estabas bien. No deberías haber corrido por el accidente"

"No, tenía que hacerlo. Mamá no se movía y tampoco papá. Tenía que encontrar a mi familia"

"Pero no lo hiciste"

"¡Perdí el conocimiento!" La chica sostuvo.

"Lo sé. Me tienes ahora. No quiero sonar duro, pero habría sido mejor si te hubieras quedado"

"Lo sé" la muchacha suspiró. "De ahora en adelante, haré mi mejor esfuerzo para mantenerme con vida. Para mi familia. Un día los voy a encontrar. Voy a encontrar a mis hermanos y seremos una familia otra vez"

"Vamos, Bella. Tenemos que irnos en caso de que llamen a la policía"

Isabella Marie Swan despertó de su sueño y miró a su hijo. Sí, iba a encontrar a sus hermanos.