Siempre se me olvida, pero más vale tarde que nunca, tengo que aclarar algo que todo el mundo sabe, que los personajes no son míos, sino de Rowling y bla,bla,bla…

2.- Gente extraña.

- Antes de entrar en pánico hay que cerciorarnos de cuanto volvimos en el tiempo si es que lo hicimos.

Espuma y silencio. La voz de Hermione hizo jirones la preocupación de sus amigos. Estaban con ella¿qué podía salir mal?

- ¿Y este desastre? – No es que a Ron le importara demasiado, pero obviamente no le agradaría después recogerlo sólo con Neville.

- Este desastre lo arreglaremos después, ahora vengan, lo único que tenemos que hacer es cuidarnos de que nadie nos vea.

Salieron sigilosamente. Cuidándose los pasos unos a otros. Un ruido y los tres salieron disparados a esconderse dentro de un aula vacía.

- ¿Ya se fueron? – Hermione, espiando por sobre el hombro de Ron, intentaba de puntitas ver algo.

- Sí, sólo era un alumno, pero… - se volvió extrañado – no sé, parece raro, nunca lo había visto.

- No tienes porque conocer a todos en Hogwarts, vamos, salgamos de aquí.

- ¡Y de prisa! – Apremió Neville con urgencia – ¡quiero ir al baño!... ¿qué? – Preguntó mientras Hermione y Ron lo miraban con las cejas juntas – es culpa de la preocupación y toda esa espuma…

Ron, aún pensativo, precedió la salida del aula. En el pasillo aún seguía examinando todo – es Hogwarts – dijo mientras se dirigían al baño del primer piso – pero no sé, es como si fuera diferente.

- Tonterías – bufó Hermione y ambos se detuvieron a esperar a Neville quién entró deprisa al baño. Ron, recargado en la pared y con las manos en los bolsillos quedó sumido en un absorto silencio. Hermione lo miró y recorrió el lugar con la vista, buscando minuciosamente aquello que incomodaba al pelirrojo. Había algo de razón en sus palabras, un sutil cambio parecía haberse operado en el castillo, tan tenue y difícil de precisarlo como una imagen fugaz perdida al volver la cara.

- ¡Hermione¡Ron¡Vengan deprisa! – Asomándose por un pequeño espacio de puerta, Neville urgía a susurros que lo siguieran.

- ¿Pretenden que entre ahí? – Hermione, renuente, dio dos pasos atrás, pero Ron tomándola de la mano la obligó a seguirlos.

- Harry y yo hemos estado en un baño de chicas ¿no? No veo porque tú no puedas hacer lo mismo.

Ya adentro, Neville los guió hasta un lavabo, donde por encima se hallaba un antiguo y muy alto ventanal.

- ¿Y bien? – preguntó Hermione cruzándose de brazos sin ocultar su incomodidad.

- Ron, sube ahí -. Sugirió Neville señalando una protuberancia en la pared – y mira hacia fuera.

Ron obedeció, no sin lanzarle una mirada entre exasperada y extrañada a Hermione.

- ¿Qué hacías subiéndote ahí? – inquirió Hermione después de ayudar al muchacho a darle un poco de apoyo a Ron.

- Quería ver más o menos en que hora estamos y si aún había muchos alumnos allá afuera.

- ¿Y?

- Que es media tarde y el patio está lleno de alumnos – contestó Ron bajando con cara consternada.

- ¿Y eso que tiene de malo? – A Hermione, definitivamente no le gustaba el semblante preocupado de Ron. Sus ojos azules iban y venían de Neville a ella.

- Que no son los alumnos que nosotros conocemos – respondió Neville pausadamente.

Hermione abrió la boca para objetar algo, pero lo pensó mejor – ayúdenme a subir – pidió con autoridad.

Espió por la ventana y por un momento creyó todo producto de una broma. Afuera, bajo un delicioso sol discreto, varios alumnos se paseaban en grupos, en parejas o solitarios, pero no era eso lo que hacía extraño el asunto, sino el aspecto de todos. Flores en la ropa, flores en el pelo, túnica y vestidos etéreos las mujeres, pantalones rasgados y túnicas de aspecto andrajoso los hombres. Nada de toga y uniformes, nada de corbatas y camisas abotonadas hasta más allá del cuello. Nada de peinados rebuscados ni ninguna de esas cosas. El cabello de todos bailaba rebelde al ritmo del viento en total autonomía. La escena parecía una de esas fotos viejas que Hermione había visto perdida en algún lugar de tantos.

- ¿De que rayos van disfrazados? – preguntó Ron ayudando a Hermione a bajar.

- No lo sé, no entiendo… - contestó Hermione confundida – esto no me gusta nada, si lo que estoy sospechando es cierto… mejor vayamos en busca de Dumbledore.

- Pero se supone que nadie tiene que vernos – le advirtió Ron deteniéndola por el brazo.

- Dumbledore es muy inteligente y es un gran mago. Si le exponemos nuestro problema, sea cual sea, seguro lo resolverá.

Ni Neville ni Ron tenían réplica para eso. De modo que siguieron a Hermione a través de los pasillos. En tanto avanzaban, se evidenciaba más la singularidad del castillo. Ahora era más palpable.

- ¿Cuándo pintaron estas flores?

Pero no hicieron caso a la pregunta de Neville. Habían llegado cerca del despacho del director y un mago, de un señorial aspecto reservado, avanzaba con agilidad juvenil hacia ellos. Pasó de largo, sin embargo, ignorando por completo su presencia. Hermione logró detener su marcha preguntando con voz grave - ¿profesor Dippet?

El mago, en un elegante giro, se volvió hacia ellos - ¿si?

- ¿Profesor Dippet¿Cómo que profesor Dippet? – Ron, atolondrado, intentaba convencerse de que no era el antecesor de Dumbledore a quién tenía enfrente - ¡No puede ser el profesor Dippet¡No se puede volver tanto en el tiempo!

Para entonces, Neville ya miraba al profesor con ojos muy abiertos. – Sí, es él… - musitó.

- Jóvenes magos, me alegra que me conozcan, pero ¿puedo preguntar quiénes son ustedes y porque llevan el uniforme de Hogwarts¿Y qué quieren decir con eso de volver en el tiempo?

- ¡Oh, Merlín! – Hermione se llevó una mano a la boca, mientras Ron ponía una mano en su hombro como si tratara de sostenerla. Hermione repuso con una velocidad extraordinaria – profesor Dippet, tiene que ayudarnos, estábamos lavando ropa cuando Ron metió la mía con el giratiempo en ella y no sé como nos trajo hasta aquí y… - habló atropelladamente. Nerviosa y angustiada. El profesor Dippet poco a poco fue velando su gesto. Los miró a través de sus anteojos y aún así la preocupación no se asomó por su cara. - ¿Giratiempo¿Ropa? – Preguntó simplemente – tendrán que explicarse mejor.

Los condujo a su despacho, donde ningún fénix los esperaba. Los retratos de antiguos profesores con rostros imperturbables seguían ahí, pero de forma imprecisa, un poco distintos. Menos polvo, quizás, tal vez menos años. El sombrero seleccionador también estaba en su sitio, pero llamó su atención como si lo vieran por primera vez. El sombrero silbaba una melodía suavemente.

- ¿Porqué tiene esos colgantes en la punta ese sombrero¿Y porqué lleva lentes?

Dippet suspiró tristemente y miró a un Ron ceñudo. – Obra de uno de mis alumnos. He intentado contenerlo pero las más de las veces me sobrepasa. Si no fuera tan brillante… él y su hermano son mi más terrible dolor de cabeza. Él se encargó de enseñar a silbar al sombrero y ha convertido Hogwarts en un Woodstock permanente.

- ¿Woosqué?

- No me diga que… - los ojos de Hermione refulgieron. Ron y Neville la miraron inquietos, pero Hermione sólo amplió su sonrisa.

- ¿Pueden explicarme ahora todo eso del giratiempo?

Hermione lo relató todo. El profesor Dippet, muy serio, les dijo preocupado -. Debo decirles que su problema no es muy común, de hecho no sé de nadie a quién le haya ocurrido. Necesitan el giratiempo para volver, pero debido a que no lo tienen tendremos que buscar otra solución – pensó un momento – como ahora mismo no se me ocurre ninguna tendrán que mezclarse entre los alumnos en lo que averiguamos la forma de regresarlos a su época, es más cómodo que permanecer ocultos por un tiempo indefinido. Como tal vez conozcan a alguien en el colegio, lo más prudente será dar otro nombre si se los preguntan. Espero que no haya mayor problema, y puesto que no son parte de aquí, si los otros alumnos en un futuro los recuerdan, lo harán como un sueño.– Los observó complacido – veo que pertenecen a Gryffindor, bien, ahí pueden quedarse argumentando que son alumnos de intercambio, aunque supongo que sólo a la prefecta principal le preocupará… espero seguir viéndolos con el uniforme. – Eso último fue dicho con un dejo de esperanza. Los chicos salieron del despacho sin saber si sentirse aliviados.

- ¿Puedo saber porque estabas tan emocionada cuando Dippet mencionó lo del woosloquesea?

- Porque si mis sospechas son ciertas, y sí lo son, estamos en la época de amor y paz.

- ¿Y eso que tiene de bueno?

- ¡Vamos Ron¡Qué es una época de música y flores y podría decirse que todo está permitido!

-¿Hasta pintar las paredes y vestirse de forma tan extraña?

- ¡Hasta eso! – comentó Hermione radiante a un Neville extrañado.

Ron se atusó el cabello y miró enfrente de sí con desesperanza – vamos a tener que buscarnos otros nombres, no sé, me gusta el mío.

Daban pasos pequeños deteniéndose a cada instante. Con Hogwarts con ese aspecto, era como volver a conocerlo.

- Que mal – murmuró Hermione – ya hay prefectos aquí. Ya no tendremos ese privilegio¡es una lástima!

Ron puso los ojos en blanco y dio unas palmadas a Neville en el hombro – mejor vayamos a ver que encontramos.

Abrían y cerraban puertas. Encontrando siempre huellas de la obra del alumno mencionado por Dippet. Colores extravagantes, flores y signos que ni a Ron ni a Neville les decían nada y un perpetuo aroma a algo definitivamente muy raro.

Al cabo de un rato a Ron ya le dolía la cabeza – comienzo a sentirme mareado – refunfuñó Ron entredientes, mirando con desagrado a los alumnos que los saludaban con amplias sonrisas como si los conocieran de toda la vida y levantando el puño con dos dedos en alto. - ¿Qué aquí nadie lleva uniforme¿Y porqué los saludas así?

Hermione respondía y era raro verla tan contenta – A ti nunca te ha importado el uniforme, y los saludo así porque es el saludo de amor y paz.

- Que tonto – soltó Ron entredientes, cuando un chico que pasaba corriendo y vociferando le dio un fuerte empellón.

- ¡Tenía que hacerlo¡Ese bastardo hijo de puta tenía que hacerlo¿Dónde diablos se metió?... ¡oh, lo siento! – se disculpó deteniendo su carrera para extenderle una mano a Ron, quién a estas alturas tenía las orejas más rojas de lo normal – lo siento camarada, es que llevo prisa – sus ojos se detuvieron en Hermione y sonrió con galantería – ¡hola pequeña chica¿Eres nueva por aquí?

- Sí – musitó Hermione precavida, advirtiendo que las mejillas de Ron iban adquiriendo el mismo tono de sus orejas.

- El karma es justo, viva el karma – afirmó el muchacho abriendo los brazos – ayer saqué una mala nota en pociones y hoy me manda de consuelo a una pequeña chica de cabello maravillosamente imposible. – Las orejas de Ron ahora hervían mientras sus ojos azules chispeaban enfurecidos – y el fin de semana¡oh, el fin de semana se llenará de cantos y comunión entre alumnos¡Rayos, eso me recuerda…¡Tengo que buscar a ese maldito geniecillo cazador de cosas imposibles¡Espero seguirte viendo! – gritó mientras se alejaba velozmente por los pasillos.

- ¿Quién es ese imbécil y porque lleva ese sombrero tan ridículo?

- Lo ignoro Ron, y es probable que nunca volvamos a verlo.

Eso pareció tranquilizarlo un poquito.

- Me agrada – soltó de pronto Neville una vez que habían reanudado la inspección del castillo – me agrada esta época y me gusta su ropa, todos se ven tan felices… ¿creen que encontremos a alguien conocido por aquí?

- No sé, yo lo único que quiero es que nos larguemos y no me importa a quién podamos encontrar.

Ron, huraño, seguía abriendo y cerrando puertas, pero con cierto fastidio. Hermione y Neville, detrás de él, aún observaban con curiosidad infantil cualquier pequeño detalle. De pronto, al abrir una puerta de un aula cercana a las mazmorras, se quedaron los tres de una pieza. Un chiquillo de castaño cabello revuelto, bucles en la frente, azules ojos huidizos y sorprendidos, levantó la cabeza sobresaltado en cuanto sintió su presencia. Pequeñas gotas de sudor cubrían su frente y nariz, y sus mejillas enrojecidas, se encendieron aún más al verlos directamente.

Ron murmuró un atolondrado "lo siento" y cerró la puerta con rapidez. Se quedó con el pomo en la mano y de pronto pareció reflexionar en algo. Abrió de nuevo y preguntó intrigado - ¿se puede hacer eso con las cabras?

- ¡RON! – gritó Hermione y esta vez fue ella, quién, de un azotón, cerró la puerta.

- ¡Todo esto es absurdo! – debido a la rapidez con la que caminaba, los pies de Hermione apenas rozaban el suelo. Sus mejillas aún se obstinaban en no bajar su rubor. -¡Debemos buscar la forma de salir cuanto antes de aquí!

- Pues mira, yo pensé que te gustaba – murmuró Ron con sorna.

- ¡Ron, por dios!

- Chicos ¿podemos detenernos un momento? Ya me cansé de dar vueltas.

No podían contradecirlo. Desde el despacho de Dippet no habían vuelto a sentarse ni un segundo. Hermione suspiró tratando de relajarse. - Neville tiene razón, vayamos a la torre y averigüemos donde nos toca dormir.

Se dirigieron allá. Al dar vuelta por un solitario pasillo Hermione se detuvo en seco - ¡Habráse visto semejante descaro! – susurró. En un rincón, dos chicos se confundían en las sombras. Uno era un muchacho de gafas que de vez en vez lanzaban pequeños destellos, Un cabello largo, castaño, a los hombros y una barba incipiente completaban su aspecto desaliñado junto con su túnica llena de flequillos que a Hermione le recordó la indumentaria de los indios norteamericanos. La chica, curiosamente, llevaba uniforme de Hufflepuff.

- ¿Me llevarás al festival?

- Tal vez, según te portes conmigo.

El diálogo a media voz, podía entreverse en el silencio del pasillo. Con incómodo descaro, el muchacho de gafas recorría con sus labios el cuello de la muchacha y se atrevió a bajar más allá. Debajo de su ropa podían adivinarse sus manos. Risitas nerviosas escaparon por parte de la chica.

- No sé ustedes, pero yo creo que no debemos estar aquí. – Neville, con las mejillas arreboladas, trataba de no mirar el cuadro que tenía enfrente.

Hermione endureció el gesto – si yo fuera prefecta ya verían esos dos.

- Se la están pasando bien Hermione, déjalos divertirse. A nosotros que nos importa.

Casi movían sólo los labios al hablar, tratando de no hacer notar su presencia. Ron tomó por el codo a su amiga para hacerla entrar en razón y por un momento creyó que así sería. Pero antes de dar la vuelta, Hermione sacó su varita y decidida apuntó hacia la pareja. Susurró un hechizo y la chica comenzó a estornudar sin poder detenerse.

-¡Hermione! – le riñó Ron y Hermione, conteniendo una risita, jaló su mano y echó a correr. Neville los siguió y huyeron como una exhalación de ahí. Alcanzaron a escuchar un potente "¡oigan!", pero no pararon hasta llegar a la torre Gryffindor.

- ¿No les pareció familiar el tipo ese de allá abajo? – preguntó Neville un poco entrecortadamente a causa de la carrera.

- No, y esperemos que nosotros tampoco les seamos familiares.

- ¿Contraseña?

No la sabían. Para ser precisos no tenían ni idea. La Señora Gorda esperaba tocando un laúd, mientras mecía su cabeza adornada con una guirnalda.

- No sabemos - dijo Neville después de pensárselo un rato.

- Puede parecer que reprimo su libertad de ir a donde les apetezca, pero es indispensable una contraseña para...

- Zappa, su majestad.

Se volvieron. El muchacho que había chocado con Ron se encontraba justo detrás de ellos. La Señora Gorda sonrió y murmuró alegremente "adelante".

- ¿Gryffindors? - preguntó el muchacho del sombrero, con una sonrisa a Hermione - eso es muy bueno.

Ron rodeó el hombro de Hermione con su brazo y la apartó de ahí, no sin antes lanzarle una mirada incendiaria al muchacho.

Al entrar, se dieron clara cuenta en lo que habían caído. No había sillones, ni mesitas, los alumnos, en el suelo, formaban corrillos y algunos se hallaban muy cómodos sobre cojines haciendo volutas de humo. Todo el lugar apestaba a tabaco y si el olfato no engañaba, a algo más oculto en las sonrisas. Nunca pensaron sentirse tan extraños en su sala común. La mayoría de alumnos no llevaban uniforme, y quienes lo hacían, lo llevaban de una forma muy peculiar. Nada que ver con el impecable hábito de Hermione de llevar el uniforme como Merlín mandaba.

Lejos de lanzarles miradas extrañadas, los alumnos en el suelo les lanzaron cálidas sonrisas y siguieron en lo suyo. En una esquina, un muchacho gordo entonaba una canción, acompañado por una especie de guitarra que lanzaba al aire chispas con formas de notas musicales. Su voz, ronca y lejana, sonaba extraña a los oídos de los tres amigos. El tipo del sombrero se acercó a él y sacando un singular instrumento empezó a acompañarlo.

- Esto es horrible, quiero volver al presente - rumió Ron acomodándose la corbata y buscando el rincón más apartado.

El retrato de la Señora Gorda volvió a abrirse, esta vez dando paso al chico que Hermione había interrumpido. Al verlo, los tres se agazaparon en su rincón.

-¡Alb¡Ven acá maldito bastardo¿Dónde te habías metido? - el chico del sombrero se levantó a recibirlo, interrumpiendo la melodía.- ¡Lo hiciste¡Sabia que lo harías!

El muchacho de las gafas arrebató con gracia altanera un cigarrillo a un chico que iba pasando. Éste se encogió de hombros y siguió su camino. El chico de las gafas en cambio, dio una bocanada y lanzó círculos al aire. - ¿Dudabas de mí?

- ¡Diablos, no¿Cómo podría dudar de ti?

El chico centró su atención en el tipo de la guitarra - ¿qué era lo que estaban tocando? – preguntó dando bocanadas al cigarro.

- ¡Ah¡Eso¡Toca, toca de nuevo! - Pidió el chico del sombrero. Al instante, de la guitarra brotaron nuevamente las notas de una singular melodía.

El tipo de los lentes reconoció la canción, y bailando un poco mientras fumaba, comenzó a cantar con voz grave "La gente es extraña cuando tú eres extraño…"

Algunos, comenzaron a acompañarlo con palmas, el tipo de las gafas se sintió más seguro y comenzó a dar vueltas con saltitos mientras seguía cantando "Cuando eres extraño las caras salen de la lluvia. Cuando eres un extraño nadie recuerda tu nombre…"

- El único extraño es él – dijo Ron muy circunspecto.

En ese instante, los ojos azules, inquietantes y vagamente familiares se posaron en Hermione, cantó un poco más pero acercándose a su amigo le susurró algo, éste asintió y sin pensarlo, fue directo a ellos.

- Pequeña chica de maravilloso cabello imposible¿podrías venir un momento? Mi amigo desea decirte una cosa.

- ¡Ella no va a ningún lado! – Ron masticó la frase furioso. El tipo del sombrero no se inmutó y aguardó muy tranquilo inspeccionando el techo con absurda atención. Unas cicatrices se revelaron en su cuello.

- Está bien, Ron – murmuró Hermione dándole unas palmaditas tranquilizadoras en el brazo y se levantó.

- Ese tipo no me agrada, me da desconfianza – le murmuró el pelirrojo a su amigo, sin perder de vista la ruta de Hermione.

Neville, quien en todo ese tiempo había observado al chico de las gafas muy atento, volvió a decir – pues yo sigo diciendo que me parece familiar.

Una vez más, el retrato de la señora gorda se abrió. La abertura la libró de un brinco el chiquillo de aspecto desconfiado. Llegó tarareando una canción y siguiéndose de largo sin mirar a nadie de frente. Era como si espiara por el rabillo del ojo. Y por el rabillo del ojo los vio. En cuanto lo hizo fue hacia ellos con una desfachatez asombrosa, y sin molestarse en saludar, se dejó caer en el sillón con desparpajo.

- ¿Alumnos de intercambio? Vaya manera de conocernos -. La cara agachada, pero no por vergüenza, unos bucles de su cabello ocultaban su expresión. Ron y Neville intercambiaron miradas extrañadas, en tanto la voz casi infantil del muchacho dejaba notar la precocidad de su dueño - ¿qué quieren? Me gustan las cabras… - una inquietud sobresaltó a Ron, pero al ver a Neville, este negó casi imperceptiblemente con la cabeza. – Siempre se me olvida el fermaportus… soy un mago terrible. Bien, creo que al menos debemos saber nuestros nombres… - clavó su mirada en ellos, Neville y Ron, un poco aturullados en decir el suyo, no atinaron a contestar – bueno, si no quieren decirlo, está bien, no es importante – sonrió – de todas formas yo les diré el mío, me llamo Abeforth… Abeforth Dumbledore.

- ¿Có…cómo? – balbuceó Neville.

Ron, instintivamente, volvió la mirada a Hermione, en busca de una explicación. En ese momento el tipo de las gafas se agachaba con la horrible intención de oler su cabello. El gesto confuso de Ron se evaporó y sus orejas ardieron. La voz infantil del pequeño Abeforth volvió a oírse – y el tipo ese al lado de tu novia es el imbécil de mi hermano.

- ¿Albus Dumbledore? –farfullaron a una voz sin corregir al muchacho.

- ¿Lo conocen? No es raro, todo el mundo lo hace. Ese tipo del sombrero es el lamebotas de Elphias Doge – sonrió con sorna – el muy cretino cree que todo lo que hace mi hermano es maravilloso.

Albus lanzó una carcajada llamando la atención de todos los presentes, Elphias batía palmas y dijo algo señalándolo con solemnidad, Hermione lo miró azorada y dio un paso atrás girando la cabeza hacia ellos.

Seguro sabía ya también, de quién se trataba.


Otro capítulo. La canción que canta Albus es, por supuesto, Gente extraña de los Doors... espero subir pronto el tercer capítulo.