3.- La chica de negro.

- Hermione, está no es nuestra época, no tenemos porque tomar clases.

La ofensa perpretada por Hermione no tenía límites. Ron estaba ofuscado, ¿cómo se le ocurría a ELLA obligarlos a tomar clases bajo el argumento de que TENÍAN que hacerlo pues NO DEBÍAN desperdiciar el tiempo? Y las clases del profesor Bins, eran las clases del profesor BINS en esa época y en cualquier otra. Aburrición mortal, somnífero perfecto, tiempo de cavilar, cualquier cosa menos una clase. Vamos, ni siquiera tenía idea de los nombres de los alumnos, de hecho, nadie tenía la seguridad de que el fantasma hecho profesor, o al revés, tuviera noción de ellos. Ron, aburrido, garabateaba una snicht sobre un pergamino, frente a él, Albus Dumbledore, tenía los pies sobre su mesa y platicaba algo con Elphias Doge.

- Te lo digo, la mejor forma de lograr un patronus es sacando esa chispa interior, eso que enciende tu alma. No puedes ser eternamente feliz por eso es tan difícil, y la felicidad es algo impreciso, es como una nota magnífica que no podrá volver a repetirse porque no queda guardada en ningún lado.

Ron escuchaba a medias sin dejar de garabatear ahora a un jugador, que parecía todo menos eso, levantó la cabeza y se quedó admirado, porque, por primera vez en su vida, pudo ver a Hermione Granger no tomar apuntes sobre el pacto de los Trolls con los Gigantes promovido por los duendes en 1812. Hermione, ni siquiera escuchaba la clase, escuchaba a Albus con los labios entreabiertos y una luz de admiración en su mirada.

- Si Alb, sé que conjurando un patronus eres magnífico, pero ¿no te importa lo que dice Bins? - comentó Elphias con un dejo de burla.

- ¡Bah! Como si alguien no supiera que ese estúpido pacto fue una jugada sucia de los duendes para apropiarse de Gringotts, y les resultó el jueguecito, ahora no hay quien los saque de ahí...

Las mejillas de Hermione se colorearon. Indicación de que no lo sabía, la luz de sus ojos creció.

- Hermione, Hermione... - le habló Ron tocándole con apuro el brazo. No le gustaba nada ese tipo de miradas.

- ¿Eh?

Menos le gustó el tono soñador con que su amiga le respondió. Una sensación desagradable le oprimió el estómago. Malditos Trolls, malditos gigantes. Malditos sabelotodos brillantes que acabarían de director.

- Hermione ¿me pasarás tus apuntes?

Que tontería. Como si importaran algo esos apuntes. Hermione, sin mirarlo, le contestó- sí, claro - pasándole un pergamino con notas inconclusas mientras su atención se volvía a enfocar en Albus.

- La energía se centra aquí y aquí- continuó Albus tocándose el estómago y la frente – pero la más importante es la que se guarda aquí – y se tocó el pecho.

¿Energía? Ese Albus Dumbledore desde entonces ya estaba deschavetado. ¿Cómo podía Hermione tomar en serio semejante parloteo? Ron frunció el ceño. Hermione jamás podría resistirse a la inteligencia de Albus Dumbledore, y eso, definitivamente no le gustaba. No con un Albus de dieciséis años, barba incipiente, cabello largo y túnica rara de flequillos.

- Hermione, esta no es nuestra época, no tenemos porqué tomar clases. - Era el argumento más irrebatible y tenía que repetirlo hasta cansarse. Ron, camino a otra clase, no dejaba de despotricar contra todo. Más que el hecho de tomar clases que no le correspondían, le roía en el estómago ese malestar parecido al que sentía cada vez que Hermione recibía cartas de Víktor krum. Estúpidas, estúpidas sensaciones. – Que bien, atrapados en una época con una generación confundida… Y con opciones casi nulas de tomar un buen éxtasis por lo menos… ¡la culpa de todo la tiene Snape!

Había que culpar a alguien, y nadie mejor que Snape. Si alguien debía ser culpable por encontrarse ellos en semejante situación, ese sin duda era el profesor de pociones por ponerles castigos tan puñeteros. Hasta a Flitwick se habían ido a encontrar tratando de cultivar su propia comida. Berros, patatas y otros vegetales de dudosa procedencia.

Y luego estaba Abeforth, y ese eterno tufo a cabra.

Hermione no podía soportarlo. Esa era la verdad. De hecho, le había sugerido a Ron de forma muy sutil que evitara cualquier tipo de amistad con él, cosa, que por supuesto, Ron no estaba dispuesto a hacer. Abeforth, entre todos ellos, le parecía el único que valía la pena, con todo y sus malas mañas.

Carajo, si al menos Albus no fuera tan brillante.

- Sabes que todos los éxtasis se eligen con anticipación y a nosotros sólo nos queda conformarnos con los menos solicitados, y Ron, ¿puedes esperar un poco?

Hermione, jadeando, con las mejillas sonrosadas y el cabello en la cara intentaba darle alcance. Neville, respirando a medias, los seguía muy de cerca - ¿Puedo saber que bicho te ha picado?

La pregunta de Hermione quedó sin respuesta. Ron, manos en los bolsillos y mirada llameante eligió no contestar. Ante ellos, un grupo de muchachas aparecieron por una cuesta charlando felices, rodeando a otra que les mostraba algo.

- ¡Es perfecto! ¡Con esto no podrá resistirse a salir conmigo!

Con la luz del sol, algo brillaba sospechosamente entre las manos de la chica. Una botellita. Un filtro de amor, sin duda. Hermione miró ceñuda hacia aquél grupo de muchachas.

- Es el colmo, en cualquier época hay gente sin escrúpulos, ¿cómo puedes darle un filtro a alguien para que salga contigo?

Ron tan sólo se encogió de hombros. - No sé y no me importa. Yo lo único que quiero es salir de aquí.

- Wow, ¿te imaginas a Albus Dumbledore saliendo contigo? – risas tontas y miradas brillantes. Ron, receloso, miraba a Hermione por el rabillo del ojo mientras ella se mordía un labio con furia, para luego avanzar decidida.

- No se saldrán con la suya, ahora mismo se los quitaré.

Ron puso los ojos en blanco y la siguió tratando de hacerla entrar en razón. – Hermione, no es problema tuyo. No puedes reñir a la gente en el momento en el que se te pegue la gana.

- Pero Ron, entiende, lo que hacen no está bien.

- ¿Aldonza Spinnet? - Una chica alta de porte soberbio, gafas, peinada con una larga coleta y uniforme cubierto completamente por una túnica negra, pasó de largo al lado de ellos. Majestuosa e imponente. - Será mejor que me entregues ahora mismo esa poción.- Extendió la mano con autoridad hacia la chica del filtro, quien la miró pasmada.

- ¿Porqué habría de dártela? - inquirió Aldonza Spinnet recobrándose y tratando de darle seguridad a su voz.

La chica alta torció los labios en un intento de irónica sonrisa. Enarcó una ceja y sus gafas brillaron. - Porque soy prefecta, porque puedo bajarte puntos o darte una detención si no lo haces, o porque puedo obligarte a que tu misma te tomes esa poción... ¿alguna razón más? - recitó sin alterar ni un poquito la voz.

Se oyeron murmullos de reclamo. Aldonza extendió la botella y se la dio a la chica de las gafas. Después dio media vuelta y se alejó de ahí muy irritada, seguida por sus amigas.

- Es peor que tú - le murmuró Ron al oído de Hermione.

La chica de negro se guardó el frasco en uno de sus bolsillos, entonces se percató de su presencia.

- ¿Qué hacen ahí? - preguntó mirándolos acusadoramente. Se acercó a ellos y los estudió minuciosamente por encima de sus gafas - no recuerdo haberlos visto por aquí, ¿de qué curso son?

- Del sexto – respondió Hermione automáticamente. La chica los miró con desconfianza. .

- ¡Imposible! – espetó la chica irguiéndose ofendida -. Yo soy del sexto curso y pertenezco a la casa de la cual llevan el uniforme. Jamás los he visto ahí.

- Es que acabamos de ingresar – respondió Ron a la defensiva -. Puedes preguntárselo al Profesor Dippet.

La chica reflexionó un momento. Luego, mirando a Ron fijamente le dijo – ten por seguro que lo haré – y se alejó de ahí con aire majestuoso.

- Es una pesada – masculló Ron viéndola partir con una mueca - ¿tú qué opinas Neville?

Pero Neville no opinó. Miraba a la chica alejarse con ojos extraviados y la boca semiabierta.

- ¿Neville? - le llamó Ron pasándole una mano frente a los ojos. Neville reaccionó como si despertara de un sueño y tan sólo musitó - ¡es hermosa!

- ¿Hermosa? ¿Cómo qué hermosa? ¡Es una estirada!

- Ya déjalo Ron, no podemos negar que la chica tiene lo suyo – terció Hermione condescendiente.

- Desde luego, toda así de negro entre tanto color, es un alivio para mis ojos.

- ¿Cómo se llamará? – quiso saber Neville pasando por alto el último comentario de Ron y los ojos en blanco de Hermione.

- Como se llame es lo de menos – contestó Ron muy suficiente – en nuestra época seguro podría ser tu abuela.

- Pues no lo es y por ella yo podría quedarme aquí.

Por una fracción de segundo Ron se quedó sin palabras, más al momento le atajó - ¿Estás loco? Neville, razona las cosas, ella es irreal, no existe, pero tienes suerte, con la mala memoria que te cargas, seguro mañana no la recordarás.

Iban llegando a Herbología. Elphias Doge y Albus Dumbledore ya se encontraban ahí.

- Me pregunto que habrá pasado – comenzó Hermione pensativa - ¿Porqué el giratiempo confundió la generación y la época? Albus Dumbledore no debería estar aquí como alumno.

Neville ignoraba la respuesta, pero si sabía otra cosa.- Sin el giratiempo en nuestras manos no podremos saber cuantas vueltas faltan para volver a nuestra época.

Renunciaron a responder. De cualquier forma el grito emocionado de Elphias Doge, no los hubiera dejado hacerlo - ¡Miren a quién tenemos aquí! – Exclamó abriendo los brazos hacia Hermione – ¡a nuestra nueva y pequeña chica de intercambio! ¿Nos dirás ahora cómo te llamas?

Ron entrecerró los ojos. Era bastante obvio que Elphias Doge le desagradaba. Albus Dumbledore la estudió con descaro. – Debes tener un nombre hermoso y ayer no lo quisiste decir – soltó con voz grave. De no saber que llevaba las de perder, Ron hubiese sacado su varita.

Hermione dudó. Miró a Ron y Neville alternadamente. Dumbledore parecía divertido y muy confiado – oh, no creo que a tus amigos les importe, ellos también pueden decirnos el suyo.

- No quiero… - musitó Ron, pero Hermione levantando la voz, apuró – él es Roonil Wazlib y él Nevi…

- Nevi Sanders… - interrumpió Neville abruptamente cuando entendió que Hermione estaba a punto de decir su nombre. – Y ella es… - vio a Ron como implorando su ayuda.

- Ella es… Stella Sweet – respondió Ron abriendo las manos hacia Hermione buscando aprobación. Elphias Doge empezó a reír.

- Oh, lo siento – se disculpó – pero tienen nombres graciosos… ¡oh, eso no es malo! – Se apresuró a decir al ver la cara de Ron – siempre es bueno todo aquello que nos provoque una sonrisa.

- Si, muy bueno… - rumió el pelirrojo volviéndose hacia los alumnos que salían del invernadero. Reconoció enseguida a Abeforth, quién, de manera descuidada, iba jugando con una pequeña pelotita que cambiaba de color y le pareció mejor opción acercarse a él.

- ¿Ya a clases? – preguntó Abeforth. Ron asintió mirando por el rabillo del ojo como Albus Dumbledore bromeaba con una extrañada Hermione. – No dejes que te moleste – le dijo Abeforth por lo bajo – tu novia jamás lo miraría, al menos, claro, que le gusten los tipos brillantes.

La cabeza de Ron giró con la velocidad del rayo. El rostro de Abeforth no indicaba malicia, pero si había en él algo de calculador. Ron, desconfiado, murmuró – es sólo mi amiga.

- Me gusta la herbología, ¿no te gusta la herbología? – preguntó Abeforth cambiando radicalmente de tema con una voz de niño exenta de malicia. La pelotita saltaba en sus manos cambiando incesantemente su coloración hasta volverse sólo una confusión de gamas y tonos – me da la oportunidad de cultivar… ciertas hierbas interesantes.

- ¿Ah, sí? – Ron, lejos de atender segundas intenciones en la última frase dicha por Abeforth, miraba como Albus hacía reír a Hermione, a Neville y a Elphias con unos trucos de magia que él no podría hacer ni soñando. – Que bien. – soltó yendo hacia ellos, seguido muy de cerca por el pequeño de los Dumbledore.

- Mira, sólo tienes que hacer esta floritura con la varita y el ave traslúcida aparecerá. - Explicaba Albus. Hermione lo intentaba, pero el ave que ella intentaba aparecer, parecía todo menos eso. El último intento parecía más bien un plumero viejo, arrancando en los cuatro divertidas carcajadas.

- ¿Hermione?

La chica se volvió con una mirada brillante - ¡Ron, mira! ¡Albus saca de su varita figuras traslúcidas como si fueran pequeños fantasmas! ¿No son bellos? ¡Es magia muy complicada!

Podría escupir sobre la magia complicada. Podría patear a la magia complicada. Y podría agarrar en ese momento a Hermione de la mano y llevársela lejos de ahí.

- Muy bien mi dulce y pequeña chica Stella Sweet, esto es nada comparado a lo que verás el sábado en nuestro humilde festival -. Sentenció Albus guardando con elegancia su varita -, estas cordialmente invitada al igual que tus amigos – dijo dirigiéndose a Neville, quién asintió entusiasmado y contento, y a Ron, quién tan sólo hizo un ruido sordo que nadie se molestó en interpretar. – Claro que todo el mundo lo está, odiamos las formalidades.

- ¡Nos encantará ir! – exclamó Neville con júbilo - ¿y tendremos qué vestirnos como ustedes?

- Eso estaría muy bien, así se ven bastante acartonados – opinó Elphias escudriñándolos con descaro. – y nosotros intentamos que el festival sea una oda a la libertad.

- ¿De nuevo con eso?

La chica de negro iba llegando. Detuvo su mirada acusadora en Albus Dumbledore y éste le respondió con una sonrisa burlona – Vamos Minerva, esto será bueno hasta para ti…

La chica torció el gesto, pero Neville, Hermione y Ron no les importó tanto aquello. Un nuevo cambió de ánimo se operó en los amigos, especialmente en Neville, al escuchar aquél nombre.

- ¿Minerva? ¿Minerva McGonagall?

- Sí, ¿porqué? – le respondió a Neville, acomodándose las gafas con un gesto hosco.

- Tenía que ser, ¿ves? Te dije que lo olvidaras… - susurró Ron con pesadumbre.

- ¿Puedo saber de que hablan y porque este muchacho me conoce?

- Minerva, eres prefecta, alumna destacada y de impecable comportamiento, un claro ejemplo no sólo para los estudiantes de esta generación, sino también de generaciones venideras, estás destinada a lograr grandes cosas y aún así tu sencillez no tiene límites, ¿cómo puedes preguntar de que te conoce este muchacho? ¡Todos en Hogwarts te conocen!

- Albus, no trates de dormirme con elogios, dime que no estás intentando de nuevo hacer otra de las tuyas.

Los ojos de Albus chispearon, y jugando con sus dos pulgares respondió con un toque de inocencia – Minerva, soy incapaz de hacer nada malo, sólo trato de darle un poco de esparcimiento a todos los jóvenes estudiantes de esta escuela.

Minerva contuvo un gesto de exasperación y soltando un suspiro resignado, le respondió - ¿sabes qué me han dicho? Que yo soy cómplice de todas tus descabelladas ideas y que sería capaz hasta de seguirte a una batalla. Que confío en ti de una forma casi absurda y que eso no me conducirá a nada bueno.

- ¿Y quién te dio tan brillante descripción?

Minerva le dirigió una última mirada severa a Albus y entrando a los invernaderos, con simplicidad respondió. - Mi sentido común.

Albus soltó una breve carcajada, pero se interrumpió, pues en ese instante, una anciana bruja de nariz torva los apuró a entrar a clases. Obedecieron, pero antes de entrar, Albus reparó en su hermano.

- ¿Qué traes ahí? – inquirió bruscamente.

- Es una bola multicolor, ¿eso no es malo o sí? – le respondió Abeforth de mal humor, aventando la pelota y atrapándola en el aire. - No la robé, si es lo que supones, puedo comprar la mía.

- Eso es un juguete para niñas – señaló Dumbledore con suspicacia.

- Gracias por el aviso, ten por seguro que lo tomaré en cuenta.

Albus, sereno, miró a su hermano pequeño sin inmutarse por la mordacidad de su respuesta, más sin embargo, advirtió – cuidado Abe, recuerda que soy tu hermano mayor. – y sin más preámbulos entró. Elphias, Hermione y Neville lo secundaron.

Ron se quedó un rato parado. No hubiera imaginado ver esa especie de pelea entre ambos hermanos. Abeforth, apretó con fuerza la pelota entre sus manos, y dirigiéndose a Ron, escupió con ferocidad - ¡a la mierda con los hermanos mayores!

Ron le sonrió con simpatía.