Capítulo 5.- Actúa naturalmente.

Y los hechos ocurrieron así:

- Bien muchachos, esta semana apareceremos un colador.

La profesora Bellinhausen aunque atenta, parecía excesivamente quisquillosa. Neville, sin embargo, no podía dejar de espiar de cuando en cuando a una concentrada McGonagall. No podía dejar de hacerlo cuando en realidad tendría que estar poniendo todo su empeño en la clase de Transformaciones y aparecer aquello que la profesora demandaba. Pasaron los minutos y no, Neville definitivamente no podía aparecer ni un minúsculo trozo de materia. Nada. A su lado, una chica de aspecto tosco y pequeña bufanda Gryffindor anudada a la cabeza, presumía ya el suyo. Neville no quería decirlo, pero había descubierto a Minerva, Albus y Hermione con su respectivo colador un poco antes.

- En mi familia siempre nos hemos distinguido por ser grandes magos – murmuró la chica con un dejo de orgullo – así que mi obligación es ser una excelente alumna.

Neville le sonrió a medias. Aquella chica de aspecto severo se le hacia familiar de algo. Como no podía definirlo decidió dejarlo pasar. En tanto, la chica miró su trabajo inexistente y arrugó la nariz - ¿aún no logras aparecer nada? – preguntó en un tono desagradable. Neville, acongojado, negó con la cabeza. La chica de aspecto severo le riñó sin miramientos. - ¿Cómo es posible? ¿Algo tan sencillo y no puedes hacerlo? Si fueras de mi familia...

- Pero no lo es, así que déjalo en paz.

El corazón de Neville subió y bajó en un segundo. Detrás de él. Minerva McGonagall, alta y majestuosa, miraba con cierto desdén a la chica con el dorado y grana confundiéndose en su cabello.

- Si no estoy diciendo nada malo. – Por su manera de actuar, parecía que la chica no había escuchado lo dicho por Minerva. Al parecer también tenía su carácter. – Pareces un tipo agradable. Sanders... ¿no es así?

- Por supuesto que es agradable – afirmó Minerva antes de que Neville pudiera corroborar su "nombre" a la chica – Y es un mago muy capaz... estoy segura.

El énfasis en las palabras de la joven McGonagall provocaron una oleada de gratitud en el emocionado Neville. Y un poco más. Sobre todo cuando se acercó a él para decirle muy bajo – vamos, yo te ayudo. Es muy fácil, sólo tienes que concentrarte y no ponerte nervioso.

Como si fuera tan simple. Neville no podía evitar ese calorcillo entibiando su pecho que hacía de sus nervios un chivatoscopio sin momento de reposo.

- ¿Listo? – Minerva McGonagall, esa Minerva años más joven y más hermosa, se había colocado detrás de él tomando su mano. – Concéntrate... – y su voz enérgica y fuerte ahora se había suavizado para volverse casi un suspiro cerca de su oído. Concentrarse era difícil. La pequeña mano rozaba sus dedos haciéndolos cosquillear más que la magia emanada de su varita. Y el cabello, negro como los ojos de ella, accidentalmente tocaba sus hombros. Minerva era altiva, perfecta, dueña de la situación y estricta hasta su último gen de mago, y aún así, su corazón dominaba su rigidez característica por esa ocasión. Y Neville lo sabía. Sabía que detrás de esa actitud de exigente profesora, había un corazón generoso y sensible capaz de ayudarlo siempre que estaba en apuros. Lo sabía como supo que al rozar esa mano, estaba sin duda perdido.

Al salir de clases con el colador en la mano y una victoria más sutil a cuestas, McGonagall y la otra chica aún iban con él.

- ¿Lo ves? Yo tenía razón – Minerva sonrió y Neville no pudo evitar secundarla. La alegría la hacía más bonita. Casi angelical.

- Mmmm... pero tardó en hacerlo – murmuró la otra chica tozuda.

- Lo mismo que tú tardas en hacer tus deberes de encantamientos.

Aunque casual, la frase no pudo ocultar su tono invicto. A aquella chica no pareció agradarle mucho el comentario porque arrugó la nariz molesta, al tiempo que murmuraba algo así como "es que esa materia es una bobada".

- ¿Señorita McGonagall?

Minerva atendió de inmediato al llamado del profesor Dippet, quien miraba muy complacido a la chica y a Neville. – Me alegro que haga amistad con su nuevo compañero, es bueno que halla alguien que cuide de él y de sus otros dos amigos.

- Descuide profesor, yo me haré cargo de ellos y de que su estancia en Howgarts sea agradable y llena de aprendizaje.

- Ya lo creo señorita McGonagall y... – se volvió hacia Neville con un gesto preocupado – me gustaría que pasaran a mi despacho hoy por la tarde, tengo algo que decirles con respecto a su "problema".

Neville asintió con énfasis y el profesor Dippet se alejó diciendo – no lo olvide, dígale a sus amigos que es importante...

La chica de aspecto tosco, le miró intrigada, aunque en realidad, había estado atenta a la plática todo el tiempo - ¿Problema? ¿Tienes un problema, Sanders? ¿Qué clase de problema?

- Déjalo en paz Agus, eso no nos incumbe a nosotras.

Y tomándola de la mano la llevó detrás suyo, mientras la llamada "Agus" no dejaba de mirar a Neville con voraz curiosidad.


- ¿Y cuando pasó todo eso?

Ron pinchaba una patata hervida con gran satisfacción, al parecer, comer en el Gran Comedor le agradaba más que hacerlo al calor de una fogata.

- Cuando Hermione te estaba ayudando con eso del colador. Estaban tan concentrados que no quise interrumpirlos.

- Lo que no querías era dejar a McGonagall... Neville, en serio, todo esto que nos contaste sobre la ayuda y el interés de McGonagall hacia ti no tiene que significar forzosamente que puedas enamorarte de ella. Es, no sé, algo muy ton..., auch! – se quejó Ron en cuanto sintió el codo de Hermione clavándose en sus costillas.

- Si Neville nos cuenta todo esto es porque nos tiene confianza, así que procura no burlarte de él por favor. – Le riñó Hermione con voz grave.

-No me burlo, sólo le hago ver las cosas – se defendió Ron sobándose las costillas - es más productivo que andar por ahí dándole alas para aumentar sus raras ideas como tú lo haces, créeme Hermione, no le ayudas - continuó Ron con auténtica diplomacia – a ver, ¿qué dirías si yo te dijera que estoy enamorado de... de... de Trewlaney, por ejemplo?

- Te diría que hacen bonita pareja – contestó Hermione sin ocultar su sonrisa.

Ron se quedó boquiabierto. – Lo dices de broma. – aseguró.

- No, lo digo en serio, vi como te veía cuando iba discutiendo con Sprout.

- ¿Qué?

Nunca se enteraba de nada. Hermione y Neville ahogaron una carcajada. – No digas eso ni por error, era sólo un ejemplo lejos de llevarse a cabo – Ron se estremeció – de sólo pensar en Trewlaney me dan escalofríos.

- Bien. Eso no importa, me pregunto para que nos querrá el profesor Dippet ¿habrá encontrado la forma de regresarnos a nuestra época? – comentó Hermione dándole un giro a la conversación.

- Ojalá, la verdad es que extraño a Harry, estoy seguro que de estar aquí, él estaría de acuerdo conmigo.

Y era verdad. La ausencia de Harry mermaba un poco la alegría de Ron. Hacía falta su amigo para tener con quien hablar sobre lo absurdo de ese sitio. Ron apostaría una mano, en que Harry coincidiría con él en largarse de ahí cuanto antes. Con Trewlaney y otros profesores rondando por ahí. Con Neville pidiendo su ayuda para conquistar a McGonagall, aunque eso, por un momento, lo alejara de la idea de encontrarse con sus padres. Ni Hermione, ni él habían retomado el tema. No sabían como tratarlo. Pero fuera como fuera, seguro Harry lo apoyaría. ¿Qué estaría haciendo su amigo en ese momento? Por primera vez se le ocurrió. Tal vez los estuviera buscando.

- ¿Quieres que te lea el futuro?

- ¿Eh?

Trewlaney, toda collar y pulseras, estaba ante ellos y con un mohín de autosuficiencia encaraba a Ron. Los tres chicos, confundidos, interrumpieron por un momento su comida. El estupor en ellos creció, cuando Trewlaney, pomposamente, se sentó sobre la mesa muy cerca de Ron.

- Que si quieres que te lea el futuro – repitió Trewlaney cruzando la pierna y balanceándola ligeramente - Soy muy buena adivina. Mi madre dice que predeciré grandes cosas.

Ron arrugó la frente para luego decir en tono mordaz. - ¿Si? Pues mira que hay gente ingenua.

Trewlaney no se inmutó. Al contrario. En ese instante pareció descubrir algo, pues miró al chico fijamente.

- ¿Qué? – preguntó Ron incómodo. A un lado, Hermione y Neville se retorcían tratando de contener la risa.

- Tienes los ojos azules.

- Vaya novedad.

- Los más azules que he visto en mi vida – afirmó tomando sus mejillas con ambas manos y acercándose a él de forma escandalosamente inapropiada.

- ¡Oye! – protestó Ron retirándole las manos.

Trewlaney siguió como si nada. – Tienes un cabello precioso, parece tan suave... como si te bañaras a diario.

- ¡Me baño a diario!

Imposible. Los esfuerzos de Neville y de Hermione por no reír, estaban resultando infructuosos.

- ¿En serio? – preguntó Trewlaney con curiosidad – eres el primero, con razón hueles tan bien – y sin pudor de ningún tipo comenzó a olisquearlo. Las orejas de Ron parecían a punto de hervir.

- Rojo, el color de tu cabello es de buena suerte –. Esta vez Trewlaney pasó una mano por la mata del chico, cuyo aspecto era el de querer asesinar a alguien.

- ¡Espera! ¿Qué haces? – protestó Ron manoteando para librarse del acoso de Trewlaney.

La chica mudó su expresión, meditando algo, miró a Hermione de reojo y acomodándose las gafas con arrogancia, la señaló preguntando - ¿es tu novia? – las pulseras tintinearon acompañando su voz.

- ¿Qué?... ¿ella?... ¡no! – balbuceó Ron completamente colorado. Hermione paró de reír.

- Ah, muy bien... –y antes de que Ron reaccionara para defenderse, Trewlaney lo tomó con fuerza de la nuca para plantarle un beso en los labios. Los ojos de Ron se desorbitaron.

- Sabes a té – aseguró Trewlaney separándose de él con una triunfal sonrisa.

- Pero... pero... ¿estás loca? – balbuceó Ron indignado.

- ¿Para qué perder el tiempo con preámbulos sin sentido? – razonó Trewlaney con una audaz lógica – yo te gusto, tu me gustas, es mejor ahorrar tiempo.

- ¿Qué tu me...?

- Bueno, Wazlib, nos vemos después – Trewlaney de un brinco dejó la mesa y echó a andar sin hacer caso de la ofuscación de Ron. El pelirrojo se fijó entonces en sus pies descalzos y el desconcierto en su cara, creció. La chica se volvió antes de salir del comedor para aclararle a voces - ¡los astros no me dijeron tu nombre por si lo querías saber! ¡En realidad estuve averiguándolo! – y diciendo adiós con la mano, se alejó moviéndose al compás de una música imaginaria.

- ¡Está loca! ¡Absolutamente loca! – estalló Ron, mientras Hermione y Neville no podían dejar de reír.


- ¿Cómo es posible que dejen a Trewlaney andar libre por la escuela? ¡Deberían encerrarla en San Mungo!

Ron, todavía indignado, no dejó de protestar ni aún frente al despacho del profesor Dippet.

- ¿Y cómo es que anda descalza?

- Porque es hippie Ron, como todos los demás, y ¿quieres dejarlo ya?

- Claro, como no eres tú la del problema.

Hermione rodó los ojos. Estaba segura que tendría que aguantar las quejas de Ron durante un buen tiempo, ¿cómo podía ser tan irritante? Si al menos Harry estuviera ahí... suspiró. Sin otro remedio se decidió a tocar la puerta. Esta se abrió y los amigos entraron con pasos dubitativos, quizás era hora de regresar a casa.

- Tomen asiento por favor jóvenes, tenemos que hablar. – El profesor Dippet, lleno de gravedad, estaba de frente a un retrato de un antiguo director. Daba la impresión de haber estado conversando con él. Los muchachos obedecieron y se sentaron con dudas. La expresión del director no era muy esperanzadora.

- Estuve investigando sobre situaciones relacionadas a la suya y sólo pude encontrar un caso muy parecido al de ustedes. Ciertos eventos los diferencian pero puede servirnos de ayuda para entender lo que pasó con su giratiempo. – Dippet, sin dejar de hablar, comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación. – En el año 1945, un mago llamado Bart Goldstein y su esposa, lavaban trastos en su casa cuando la cadena que sujetaba el giratiempo de Goldstein a su cuello, se rompió accidentalmente y este fue a caer directo a los residuos de una poción. Las consecuencias fueron desastrosas, Goldstein y su esposa fueron llevados a una época muy remota donde tuvieron que empezar de nuevo, pues nunca pudieron volver.

- ¿Entonces como se supo de su caso?

Dippet entornó los ojos al responder – porque lo dejaron documentado en un diario con todos sus infructuosos intentos por regresar a su época. Y también hablaban sobre lo extraño del asunto, pues al parecer, el giratiempo al caer en el líquido se descompuso e hizo una extraña combinación de personas y épocas. Es decir, que había gente que no debería estar ahí, o gente de épocas distintas conviviendo como lo más natural... ¿han notado ustedes algo extraño?

- Si – respondió Hermione con rapidez – sé a lo que se refiere, Aquí hemos encontrado gente que conocemos y que sin embargo no debería estar aquí, Albus Dumbledore por ejemplo...

- No me lo diga, señorita Granger, para mi esta época es como es y así debe quedarse. Quién deba estar aquí y quien no, sólo deben saberlo ustedes... aunque, si han conocido a Albus Dumbledore en su época, seguro siempre estará metido en líos.

- Algo así – comentó Hermione intercambiando una mirada de incredulidad con Ron.

- Pero entonces ¿cree que al giratiempo de Hermione le pasó lo mismo? ¿Cree que el agua y jabón lo descompusieron? – preguntó Neville preocupado.

- Es muy probable. Como sabrán, los giratiempos están hechos a base de una serie complicada de encantamientos y hechizos, cualquier sustancia extraña en sus componentes puede alterar su funcionamiento. Es decir, el agua y el jabón seguramente entraron dentro de su mecanismo confundiendo al giratiempo y haciendo, digamos, un pasado alterno para ustedes.

- Pero podremos volver en cuanto termine de girar ¿no? – dedujo Ron con una forzada sonrisa.

- Eh... me temo que no joven amigo, para que ustedes puedan volver a su época deben tener el giratiempo en sus manos, si este no está, entonces, no hay nada que hacer. Lo mismo le sucedió a Bart...

- ¡No me interesa lo que le haya sucedido a ese mago! – exclamó Ron después de salir del estado de shock en que le dejó la noticia. - ¡yo tengo que volver a mi época porque aquí están todos locos! ¡Mire a ese sombrero cantando esa canción tan ridícula!

El sombrero seleccionador, con lentes y pluma en la punta de su pico, se mecía suavemente susurrando algo así como "ahbowakowaposéposé". Hermione suspiró poniendo la mano en el hombro de Ron – disculpe profesor Dippet, pero nosotros no nos quedaremos aquí, haremos todo lo posible para averiguar como regresar a casa, ¿podríamos visitar la sección prohibida de la biblioteca sin restricción alguna? Necesitamos información.

El viejo profesor se sorprendió un poco, más al momento, esbozó una media sonrisa – claro, y sepan que pueden contar con mi ayuda, yo también buscaré una solución a este engorroso problema.

Agradeciendo su amabilidad al viejo profesor, salieron de ahí con un poco de desánimo en el semblante.

- ¿Crees que lo lograremos? – preguntó Ron algo tristemente a Hermione. Esta tan sólo tomó su mano y echó a andar mientras Neville repetía mecánicamente la canción del sombrero.


¿Cómo habían llegado al campo de quiddicht? Si les preguntaran dirían que anduvieron el camino sin pensarlo. Un impulso los había guiado hasta ahí. Ron creyó de pronto que si levantaba la vista, podría ver a Harry volando veloz sobre su escoba. Imposible. Harry no estaba ahí y en su lugar vio con fastidio que Albus Dumbledore y Elphias Doge si se encontraban, haciendo algo raro con sus manos.

- ¡Detenlo Elphias! ¡No lo dejes escapar!

- ¡Mierda Alb! ¡Si nos descubren podemos irnos despidiendo de Hogwarts!

Albus soltó una risotada como respuesta. - ¡Vaya si serás cobarde! – dijo jalando algo invisible hacia él. Neville abrió desmesuradamente los ojos.

- Un thestrald– murmuró.

- ¿Qué? – preguntó Hermione sorprendida.

- Un thestrald – repitió sin despegar la mirada de Albus - ¿cómo pudieron traerlo hasta aquí? ¡No deben salir del bosque prohibido!

- ¡Podrían expulsarlos si los descubren! – exclamó Hermione preocupada.

En ese instante, Elphias los descubrió - ¡eh, hermanos! ¿Dónde se habían metido?

- ¡Ayuda, Elphias! ¡Ha llegado ayuda! ¡Anda pequeña chica! ¡Trae a tus amigos para que nos echen una mano!

Hermione lanzó una ojeada temerosa a Ron, más luego irguiéndose, fue hacia Albus. Ron murmurando entre dientes fue tras ella. Neville, emocionado, ya estaba junto a Albus jalando la cuerda que detenía al enorme animal.

- Vamos muchacho, tranquilo – susurraba Albus Dumbledore dando palmaditas al aire. Sus gafas de media luna chispearon cuando él musitó con voz tranquilizadora – tan sólo vamos a volar.

- ¿Si vas a volar no sería más conveniente una escoba?

El reproche en la voz de Hermione pareció satisfacer a Ron, que por un momento se creció hasta las nubes. Esa era su Hermione. Autoridad y rectitud. Albus y Elphias siguieron acariciando al aire sin levantar los ojos, pero Albus empezó a tararear una canción como si no la hubiese oído.

- ¿Han volado sobre un thestrald? – preguntó interrumpiéndose. Neville abrió la boca para contestar, pero se lo pensó mejor y se mantuvo callado. Ron, muy lejos de responder, prestaba atención con gesto hosco.

- Pues... – dudó Hermione – algo así.

Elphias levantó el rostro sorprendido más no dijo nada. Albus, al contrario de su amigo, no demostró la más mínima emoción.

- ¿Han volado o no?- preguntó con desafío, cosa que a Hermione al parecer no le agradó mucho porque contestó con un tajante "sí". Albus prosiguió hablando con voz melodiosa - ¿Sí? Entonces ya sabrán sin duda que se siente.

- La verdad es que a mí se me cortó la respiración – aseguró Neville rascándose la cabeza recordando.

- Yo no me acuerdo – las palabras salieron de la boca de Ron, sólo porque Elphias estaba pendiente de él y al pelirrojo eso le molestaba. Si contestando servía para que dejara de mirarlo, bien, pues entonces ya lo había hecho.

- Y tú... ¿si lo recuerdas? – Albus hablaba con pausas y con malas intenciones. Por un segundo Ron tuvo la sensación de estar escuchando a Abeforth, pero claro, la comparación era ridícula, Albus y Abeforth no se parecían en nada. Aún así se acercó imperceptivamente más a Hermione.

- Pues si... es algo... que te deja un hueco en el estómago y hace palpitar con violencia el corazón. – Respondió Hermione buscando la descripción más adecuada.

Albus se relamió. La respuesta de Hermione le puso en bandeja de plata lo que estaba a punto de decir – así es dulce y pequeña chica – comenzó mientras continuaba acariciando al thestrald – el estómago se contrae y se siente un vacío, la piel se eriza y el corazón avanza a velocidad vertiginosa. Desciendes y subes. Te deslizas y pierdes noción del tiempo. Sólo queda la sensación de ingravidez oprimiendo el pecho. Es casi como hacer el amor.

Abrieron un poco los ojos con sorpresa, pero nadie hizo comentario alguno. Hermione, manteniendo la sangre fría, fue la única en responder – eh, tal vez esté un poco en desacuerdo contigo, yo creo que volar es simplemente eso, volar, y es un tanto fantasioso lo que tú...

- ¿Lo has hecho?

- ¿Q..qué? – balbuceó Hermione.

- Que si lo has hecho... tú sabes... eso.

Hermione se puso nerviosa. Contestó haciéndose la desentendida - ¿volar? Pues claro...

- Yo no hablo de volar – la cara de Albus se llenó de malicia – hablo de lo otro.

No había rostro más rojo que el de Hermione. O quizás si, el de Ron, quién apretaba sus nudillos con fuerza. Hermione no sabía que contestar y peor aún, la detenía la expectación furiosa y algo anhelante que había en su amigo.

- No... no creo que deba contestarte eso – murmuró al fin tomando aire y aparentando frialdad.

Albus comenzó a reír muy divertido - ¡bien, pequeña chica, eso no importa! ¡Hay tiempo para todo y lo que tú no sepas yo podré enseñártelo con gusto!

Lo dijo con jubilosa desfachatez. Sus ojos chispearon, pero Albus volvió a concentrarse en su thestrald. A Ron le hubiera gustado darle con el puño en la nariz, ¿cómo podía andar tras Hermione si flirteaba con cuanta chica estuviera a su alcance? Era un descarado, simple y llanamente. Harry podría decir lo que fuera, podría estimarlo como si fuera su padre y tener la mejor imagen de él pero para Ron, el Albus Dumbledore adolescente era un cretino. Se contuvo gracias a que en ese instante Dedalus Diggle llegó como una exhalación llevando su guitarra en alto, al tiempo que vociferaba - ¡lo logré Alb! ¡Por fin pude aprenderme la canción!

- Bien, eso es tan bueno como un par de grageas con sabor a menta – aseguró Albus, subiéndose de un brinco sobre el lomo del thestrald. - ¿Puedes tocarla mientras vuelo?

Dedalus asintió y preparó su guitarra. Entonces comenzó a cantar. Desafinado y violentando todas las normas de lo que le permitiría ser un mediano cantante, pero eso sí, con un entusiasmo fuera de toda duda.

Albus espoleó al thestrald y en un segundó salió disparado como una flecha. Era curioso, parecía que iba volando solo, como un ave – ¡Wuuuuu! – gritaba mientras se plegaba al cuerpo del animal y el aire batía furioso su cabello. Ron no pudo evitar verlo con admiración, ese Albus era un maleante y sin embargo estaba destinado a convertirse en un mago mítico, grandioso, apabullante. Dio un giro tan rápido que casi no lo vieron llegar hasta ellos, se detuvo y miró a todos con enorme satisfacción.

- ¿Te gusta volar? – preguntó de repente dirigiéndose a Hermione, para aprensión de Ron.

Hermione sonrió de lado, ¿porqué diablos sonreía de lado después de lo que Albus había dicho hacia unos momentos? – La verdad es que no se me da mucho.

- ¡Yo puedo enseñarte! ¡Yo soy un guardián! – replicó Ron apresurado. De ninguna de las maneras permitiría que Hermione se subiera a ningún lado con Dumbledore. Sus intenciones, estaba seguro, no tenían nada de inocente.

- ¿Eres jugador de quiddicht, Wazlib? - preguntó Elphias Doge asombrado – nosotros no lo jugamos. – Dedalus Diggle asintió dejando de cantar.

Albus inclinó la cabeza viéndolo con curiosidad.- Creemos que ocasiona diferencia entre las casas y nosotros preferimos todo aquello que fomente la unión.

¡Aggggg! "Nosotros no lo jugamos y preferimos aquello que fomente la unión" se repitió Ron entre dientes, totalmente exasperado. Estúpidos kippies, mippies o como sea que se llamaran, ¿porqué no podían actuar naturalmente tal y como decía la canción que Dedalus berreaba con tanto entusiasmo?

- ¿Porqué no vienes conmigo? – preguntó Albus sin más, pero Hermione negó con la cabeza, a pesar de haber sonreído radiante al escuchar a Albus.

- Bien – Albus espoleó de nuevo al thestrald y volvió a salir disparado. Planeó de forma majestuosa sobre ellos y, haciendo alarde de un gran equilibrio, se paró encima del invisible animal.

¿Cómo había logrado atrapar a Hermione? Era algo que Ron no podría explicarlo. Tal vez un poco de magia, tal vez un poco de agilidad y fuerza. El caso es que, sosteniendo a Hermione por la cintura, la subió y se la llevó volando.

- ¡NO! – gritó la chica aferrándose al pelaje del animal, pero antes de darse cuenta, ya Albus la sostenía fuertemente.

- ¡Voy a enseñarte a volar! – Gritó con salvaje alegría, mientras Ron corría furioso agitando inútilmente los puños en el aire.

- ¡A ella ni siquiera le gusta hacerlo! – le dijo, como último recurso, con impotencia a Neville.

Desde el aire, se escuchó un fuerte "¡sonorus!" y un haz de luz dio de lleno en la guitarra de Dedalus. Este, sin pensárselo dos veces, comenzó de nuevo a entonar la pobre canción, que Ron, estaba seguro, no le parecería tan mal en voz de sus verdaderos intérpretes. Pero no tenía cabeza para detenerse a pensar en raras melodías muggles, que hablaban de melículas y un tipo llamado Oscar. Sus ojos escudriñaban el cielo hasta poder ver a Hermione y a Albus acercándose de nuevo.

- ¿Qué te pareció? – inquirió Albus cuando se detuvieron, con una enorme sonrisa satisfecha, mientras Hermione trataba de recuperar el aliento aún con los ojos cerrados.

- ¡A ella no le gusta volar! – protestaba Ron acercándose solícito a Hermione para ayudarla a bajar del thestrald. La bajó con enorme facilidad gracias al ímpetu de su enojo. Si hubiera tenido tiempo de reflexionar un poco, seguro se habría sorprendido de lo liviana que le pareció su amiga en esos momentos. Hermione, todavía asustada, se aferró a él rodeándole el cuello con los brazos.

Albus se encogió de hombros y dijo sin pizca de preocupación – no fue tan malo, y ella ya había volado en thestrald.

Y despegó de nuevo.

Hermione se soltó al fin, mirando a Ron un poco cohibida. – Nunca me ha gustado, me da un poco de miedo – susurró avergonzada.

Ron, dándole la espalda, comenzó a caminar mientras mascullaba furioso - ¿Ves? Te lo dije, es conmigo con quién deberías volar.

Hermione lo siguió en tanto Albus, por encima de ellos, cantaba sobre su thestral a todo pulmón.

Van a ponerme en las películas, van a hacer de mi una gran estrella, haremos una película de un hombre triste y solitario, y todo lo que tengo que hacer es actuar con naturalidad.

Y Ron, que no sabía que carajos eran las melículas, ni era un hombre triste y solitario, pensaba que no era lo único que tenía por hacer. No podía, se negaba, se resistía con todo lo Weasley que había dentro de él, a actuar naturalmente ante lo insensato de ese lugar.


Otro capítulo. Cabe mencionar que la canción que canta el sombrero es el "Sueño No. 9" de John Lennon. Y la canción que canta Dedalus es "Act naturally" de los Beatles.