8.- Move Over.
Hogwarts parecía invadido por un espíritu nuevo. El aire festivo era palpable hasta la última piedra del legendario colegio. Sus milenarios rincones se habían vestido de fiesta, y el amor y la paz flotaban como surgidos del universo de los sueños.
Era sábado de festival.
Y nada más importaba demasiado.
Pese a tanta alegría, Ron refunfuñaba metido en un traje extraño que Dedalus le había ayudado a encontrar. En realidad sólo había agarrado una camisa aquí, un pantalón allá, sin importar demasiado si le iba bien o no. El caso era no seguir siendo un punto y aparte. Fundirse, mezclarse, ser parte de todo aquello que le gustaba a Hermione. Tal vez así lo mirara. Tal vez así regresara a su lado. Aunque eso significara vestir de forma tan incómodamente inusual. Ron, no muy convencido, se jalaba el chaleco de vistosos flequillos color madera, intentando hacerlo más largo. Se sentía como en la foto sin movimiento de uno de los discos de Albus. De aquellos cuyos nombres le habían parecido ridículos aunque a Hermione no le parecieran tan mal. Piedras rodantes... ¿quién rayos le ponía a un grupo el nombre de piedras rodantes? Peor aún... ¿quién rayos le ponía a un grupo el nombre de "puertas"? Eso era a lo que Ron llamaba falta de imaginación.
Los muggles definitivamente estaban locos. Y los muggles kippies, peor.
- ¿Ron?
La sorprendida voz de Hermione lo hizo volverse. Neville, a su lado, lo miraba exultante.
- ¡Qué bien te ves!- exclamó jubiloso - ¡ahora sí iremos todos juntos al festival!
- ¿Por qué ese cambio tan repentino? – inquirió Hermione con extrañeza viéndolo con las cejas juntas. Ron sintió un puño de decepción clavándose en su estómago con fuerza.
- Pensé que te gustaba... claro, a mi no me sienta tan bien como a Albus, pero...– dijo sin evitar sonar molesto.
Hermione parpadeó consternada, luego una sonrisa la iluminó - ¡Pero qué dices! ¡te ves genial! – lo tomó por el brazo mientras afirmaba – tiene razón Neville, vamos a disfrutar todo esto.
Y a pesar de ridículas nomenclaturas de grupos de música muggle, a Ron no le quedaba ninguna duda de ello. Si tan sólo Harry estuviera ahí... no, mejor no, se desternillaría de risa de verlo con semejante disfraz.
Pero lo extrañaba.
- Hermione, ¿realmente crees que podamos volver a nuestra época?
Hermione y Neville detuvieron su marcha. Con un gesto muy serio.
- ¿Tú crees que no?
Ron se encogió de hombros ante la pregunta de Neville. Y Neville, animándose de nuevo, añadió – ¡Sí lo haremos! ¡Mientras tanto, vayamos al festival!
Cuando llegaron aquello todavía no comenzaba. Pero los alumnos empezaban a arremolinarse en medio de un alboroto general. Las risas y los cigarrillos parecían imprescindibles en esa fiesta.
- ¡Stella! ¡Ya lo logré! – Pomona Sprout quién llegaba corriendo, se detuvo en seco al ver a Ron - ¿Wazlib? ¡Wow, así te ves mejor!
- A mi me parece que deberías ensanchar tu sonrisa – opinó Trewlaney apareciendo a las espaldas de Ron y obligándolo con ambas manos a sonreír – quédate quieto cariño – le dijo mientras Ron intentaba persuadirla de hacerlo.
- ¡Déjame en paz!- rugió el pelirrojo mientras Trewlaney insistía en hacerlo sonreír.
- Wazlib, así no llegaremos jamás a ningún lado, si algún día tenemos hijos, espero que no hereden tu amargura.
Ron se atragantó con las palabras que no alcanzó a pronunciar, mientras Hermione soltaba una limpia carcajada. Sprout negó con la cabeza, más de pronto pareció recordar algo - ¡Ah, lo logré! ¡Sweet, puedes ir a los jardines del castillo y los verás rodeados de baúles, sillas y pupitres!
- ¿Y eso para qué? – preguntó Ron cubriéndose con Hermione para protegerse de Trewlaney, quién ahora insistía en alborotarle el cabello.
- Para protestar por el abuso de los elfos domésticos, se les asignan demasiadas tareas que los propios alumnos podrían hacer y...
- Eso es romper las reglas, Hermione... – anunció Ron un tanto sorprendido, un tanto exasperado, mientras Trewlaney se quitaba uno de sus tantos collares para ponérselo al pelirrojo.
- Quizás, pero es por una causa justa.
- A veces das miedo ¿sabes? – Ron, resignado, por fin cedió a la férrea necedad de Trewlaney de mejorarle su aspecto.
- Bien Wazlib, ahora sí, puedes lucirte a mi lado.
- ¿Qué? – Ron, aturullado, no pudo impedir que Trewlaney lo tomara del brazo y arrastrándolo lo alejara de ahí.
- ¡Espera! – gritó de pronto soltándose de ella, justo cuando iban llegando a la entrada principal.
Trewlaney lo miró con la boca torcida preguntando - ¿y ahora qué?
- ¿Por qué no me dejas en paz? ¡De verdad, no quiero estar contigo!
Trewlaney jaló aire para después darle pequeños golpecillos en el pecho - ¿sabes qué Wazlib? Te estoy haciendo un favor, por si no te has dado cuenta tampoco tengo interés en ti, pero Sweet se pone celosa cuando te ve conmigo.
- Y en tu bola de cristal veo un enorme grim comiéndose mis zapatos.
- Tenías que ser tú – murmuró Trewlaney agriamente, mientras se volvía hacia Abeforth, quien reía de forma desagradable. - ¿qué es lo que te parece tan gracioso?
- ¿Lo preguntas? ¡Pues por supuesto que tú!
Trewlaney dirigió la mano a su varita, pero pareció pensárselo mejor porque mirando a Abeforth con dureza, dio media vuelta y se alejó muy ofendida.
- Te lo digo Wazlib, esa bruja esta loca.
- Ya lo sé, y lo peor es que no se le va a quitar.
Abeforth miró a Ron con intriga, pero lo dejó pasar. - Vaya, veo que has cambiado tu aspecto – sonrió satisfecho – aún así me agradas... mmm, espero que no haya sido mi hermano quién te hizo cambiar de opinión.
- No, no fue él.
- ¡Ron, Ron! – los gritos de Neville lo hicieron volverse.
- ¿Ron? ¿Por qué te llama Ron? – preguntó Abeforth con curiosidad.
- Porque es mi apodo – dijo conteniendo a Neville – y por cierto no me gusta. ¿Lo recuerdas, verdad Nevi?
Neville no contestó, pero su cara se tornó de un rojo brillante – quería, quería decirte que el festival no tarda en empezar, tan sólo esperamos a Albus.
- Que bien, entonces, acompáñame por algo que olvidé en la sala común...
Y ante la estupefacta cara de Abeforth, se llevó deprisa a Neville de ahí.
- Neville, si mal no recuerdo, no debíamos decir nuestros nombres.
- Lo siento Ron, lo olvidé... ¿de verdad dejaste algo en la sala común?
Iban llegando a la escalinata principal. Ron negó con la cabeza y comenzó a subir – Neville ¿no extrañas el otro Hogwarts? – preguntó. Los veía tan gusto a ahí a él y a Hermione que a veces sentía que el único con ganas de regresar era él.
- Si, mucho – contestó Neville intentando seguirle el paso. – Extraño a Luna y a Ginny, a Seamus y a Dean, y también extraño a Harry. A Sir Cadigan, a Hagrid, creo que hasta extraño a Filch y a la señora Norris.
Ron echó a reír y el peso sobre sus hombros se desvaneció un poco. – Debemos buscar el modo de...
- ¡Longbottom! ¡Ha vuelto Longbottom!
Ni tiempo tuvieron de aspirar aire, apenas escucharon el grito, ya Ron y Neville se hallaban pegados al pasamanos de las escaleras cambiantes para ver de que Longbottom se trataba. Neville, ansioso, miraba a todos lados con la esperanza de descubrir a su padre.
- ¡Muy bien Algie! ¡Veo que ya saliste de esta! – Albus se había acercado y saludaba cortésmente a un muchacho regordete de cara simpática. Ron lo comparó con Neville, era casi como ver un reflejo.
- ¿Algie? ¿Entonces es...? – la mirada brillante, húmeda de Neville, conmovió profundamente a Ron.
- ¡AAAlgie!
Un relámpago dorado y grana pasó zumbando al lado de ellos. Vieron con sorpresa a la llamada Agus librar de dos brincos las escaleras. Llegó corriendo y de un brinco se abalanzó sobre el recién llegado.
- Agus, vas a tirarme...
Era Augusta Doge. Lo supieron en ese instante.
- ¡Lo siento, de verdad lo siento! ¡Pero estoy tan emocionada de verte! ¡Creí que terminaría el curso sin tener noticias tuyas!
- Ya ves que no... – dijo el muchacho simpático y acomodó tiernamente el cabello de Augusta. Ella resplandeció con una sonrisa.
- Son... son los abuelos – murmuró quedamente Neville bajando despacio las escaleras. - ¿Cómo... cómo no lo supe antes? - Ron miró a Neville y a los jóvenes abuelos alternadamente. Mejor detener a su amigo antes que lo echara todo a perder.
- Neville ¿qué haces? – susurró deteniéndolo suavemente por el brazo, pero Neville sin prestar atención, avanzó hacia sus abuelos.
- Miren par de tórtolos ¿qué les parece si en lugar de esparcir miel por todos los rincones de Hogwarts, se van conmigo al festival? – Albus los miraba alegre, chispeante. Reparó en Neville y gritó gustoso - ¡Ah, Nevi, debes conocer a Longbottom, te lo juro, no hay nadie más agradable que él!
Algie Longbottom soltó a Augusta para observarlo, un poco desconcertado lo saludó – Hola ¿eres nuevo por aquí?
Neville, con un nudo obstruyendo su garganta, afirmó con la cabeza, Ron, pasándole un brazo por el cuello, salió a su rescate – si, tanto él como yo tenemos poco en Hogwarts ¿qué me dices de ti?
Algie Longbottom respondió con una amplia sonrisa – fue culpa de una poción, estalló encima mío y me mandó a San Mungo por unos días... uf, si tengo descendencia espero que no hereden mi imposibilidad para pociones.
- Si tienes descendencia serán sin duda Gryffindors y serán buenas personas. Chicos simpáticos que siempre puedan reír. – afirmó Augusta con las mejillas sonrosadas, mientras Albus, impaciente, empujaba a todos para llevarlos al patio principal.
- ¡Qué comience la fiesta! ¡Wuuuhuuuu!
Fue el llamado. Los alumnos salieron atropelladamente al patio principal. La locura se había desatado y las flores conjuradas por las varitas caían como copos de nieve. Ron, un poco asombrado, vio como Algie se llevaba a Neville con él y con Agus. Ahora estaba solo. Pero no por mucho tiempo, Hermione que iba a buscarlos, lo encontró y juntos se mezclaron entre la multitud.
- ¿Para qué estamos aquí? – Ron, bastante incómodo, lo único que quería era largarse de ese lugar. Lejos de Albus y su genialidad. No iba a ser tan fácil. Además, él se había decidido en ser un poco más tolerante.
- ¡Hermanos! –Albus, con agilidad asombrosa, brincó sobre una tarima que apareció de la nada. Con toda la rabia del mundo Ron tuvo que admitir que como mago era excepcional. – ¡Nos hemos reunido aquí para celebrar este gran día! – se acomodó las gafas de media luna y se echó atrás el cabello. Unas chicas suspiraron cuando con elegancia, metió las manos en los bolsillos de sus jeans. La túnica con aire de la indumentaria de indios americanos ondeó suavemente. – ¡Hoy es el día en que Hogwarts acepta su papel en el mundo mágico, no como un altar a la pureza de sangre, sino como el medio ideal para llenar de magia al mundo entero! – gritos, aplausos y silbidos – ¡quizás algún día Hogwarts tenga que librar batallas y lo hará con la frente en alto porque nos habrá enseñado a luchar!
El barullo desatado recorrió como ola a los alumnos. Albus, contento, apuntó con su varita un aparato muggle muy parecido al del profesor Lupin, pero más grande y este desparramó música carnavalesca por todo el sitio. Los alumnos lanzaron un grito salvaje y comenzaron a bailar. Ron arrastró a Hermione hasta la tarima donde ya Albus se encontraba en una danza guerrera. Como pudieron treparon a ella y los ojos de Ron siguieron la ruta de los de Hermione hasta la figura de Albus Dumbledore que no se cansaba de bailar.
"Presenciando la salvaje brisa, vamos nena, corre conmigo..."
Era una danza extraña, mística, ritual. El cuerpo de Albus giraba y se contraía, para después extenderse con brazos y piernas como si abarcara el mundo y quisiera llegar hasta el sol.
Corriendo.
La canción a eso incitaba "corre, corre" y era un grito libertario transformado en música. Era el reto a no dejarse caer. No dejarse vencer. Era una danza cósmica y Ron lo entendía aunque no pudiera explicarlo. Era una danza como la que antiguos hombres hacían antes de entrar a combate. Guerrera, poderosa, ancestral. El cuerpo de Albus giraba y giraba como una representación de la luna, la tierra y el sol. El universo tenía un sólo ritmo y el ritmo era ese.
La música fue cediendo pero el ánimo no cayó. Albus, agitado, se acercó con seguridad insolente hasta Hermione. - ¿Quieres bailar?
Ron sintió un puñetazo en el estómago – tu no vas a bailar eso ¿verdad? – masculló entre furioso y esperanzado, pero la esperanza quedó en el suelo cuando Albus sin hacer caso de nada, tomó la mano de Hermione llevándosela consigo a bailar.
La música volvió a escucharse y los alumnos se entregaron de nuevo al baile. Esta vez la voz de una mujer se escapó del aparato muggle, con desquiciada entonación, atrevida, insinuante.
"Sabes que necesito un hombre... tu sabes que necesito un hombre"
- Lo sé, Wazlib, es muy bonita – murmuró una voz en su oído, se volvió y vio a Abeforth que sonreía irónicamente. No sabía ni porque le caía bien. Tal vez porque era el único que no terminaría como profesor. Sus ojos azules brillaban con insolencia detrás de unas gafas redondas que aumentaban el parecido con Albus. - ¿sabes que pienso? Que Albus no la merece.
Ron fingió no entender, pero no podía evitar darle la razón en eso. Hermione, a unos pasos, bailaba divertida siguiendo el ritmo que Albus marcaba. No era tan extrovertida como los demás, pero algo inocente en su forma de moverse hacía que Ron no pudiera despegar la vista de ella. Casi se odió cuando su vista se deslizó hasta sus caderas, llenas de un ritmo capaz de acelerarle el pulso y el golpeteo de su corazón... si al menos pudiera tocarla... no, el estar en esa época estaba desquiciándolo por completo.
- Ella te gusta – las palabras de Abeforth taladraron su cabeza.
Reaccionando tardíamente, contestó – es mi amiga.
Abeforth comenzó a reír quedamente – sí, pero aún así te gusta, ¿sabes qué pienso? – hizo una pausa, la voz de la mujer había acelerado su canto invitando al mundo a moverse – que la vida es un segundo, se acaba así – chasqueó los dedos – en un abrir y cerrar de ojos. No deberías desperdiciarla con pretextos.
Genial. Justo lo que necesitaba. Reflexiones sobre la vida por parte de un niño precoz. Rumió entre dientes - ¿ah, sí?
Abeforth rió de nuevo – yo en tu lugar aprovecharía el tiempo, y lo aprovecharía con ella.
La voz de la mujer fue disminuyendo. Abeforth lució extasiado. – Esa mujer sabe lo que canta.
- ¿Quién es? – preguntó Ron por decir algo. Quería alejar la conversación de Hermione y el tiempo.
Abeforth se iluminó, extendió una foto y se perdió distraído.
Ron tomó aquello que Abeforth le ofrecía. Miró la foto fija de una mujer. A leguas se notaba que estaba loca.
- Es bruja. Y es cósmica. Es una muggle, pero lleva en su voz más magia que muchos de nosotros en la varita.
- Pues a mi me parece que está chiflada como una cabra.
Los ojos de Abeforth brillaron – Me ofendería si lo que dices no fuera verdad – Ron observó el cabello alborotado, los ojos tristes y la sonrisa llena de desencanto. Los lentes redondos aumentaban ese aire de locura - ¿quieres un cigarro? – Y Ron, viendo de reojo una vez más a Hermione, sin dudarlo lo aceptó.
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Había dado veinte vueltas a la escuela y nada ¿dónde podrían estar? Había preguntado a medio mundo y nadie parecía tener ni idea de donde estaban sus amigos. Vio pasar a Seamus y decidió intentarlo una vez más - ¿Ron y Hermione? – dijo el chico rascándose la cabeza tratando de recordar- desde pociones que no los veo, seguirán limpiando, supongo – se dio un golpe en la frente con la palma de la mano ¿cómo no se le había ocurrido? Neville y Ron no podían haber concluido tan pronto el castigo de Snape y seguro Hermione había acudido en su rescate. Era hora de dirigirse al área de limpieza.
- ¿Ron? ¿Hermione? – se asomó por el quicio de la puerta. Entró de lleno sólo para descubrir a Dobby cargando sendos bultos de ropa. Al mirarlo los soltó emocionado.
- ¿Puede Dobby ayudar en algo a Harry Potter? – preguntó feliz.
- Estoy buscando a Ron, Neville y Hermione, Dobby, ¿los has visto?
Los enormes ojos redondos brillaron con afirmación – Oh, sí, Harry Potter, Dobby ha visto a sus amigos hace un momento. Hermione Granger los llevó al cuarto secreto que los elfos tenemos en Hogwarts, Harry Potter.
- ¿Puedes llevarme con ellos?
- Oh, sí, Harry Potter, solo debe venir por aquí. – y dando pequeños saltitos lo llevó hasta el cuadro del niño. Este le sacó la lengua y desapareció por detrás del marco. Dobby susurró algo como una canción y entonces el muro comenzó a abrirse.
- ¡Dobby! ¿Puedes venir un momento? – preguntó una voz en el exterior y Dobby disculpándose, con un crack desapareció.
Harry miró entonces el desastre que había en el llamado cuarto secreto. Mucha espuma que salía de un lavarropas viejo y oxidado y un montón de ropa cubierta por ella. Y los chicos definitivamente no estaban ahí. Harry pensó con desgano que lo único que le quedaba por hacer era ir hasta su habitación por el mapa de los merodeadores, eso o encontrarlos en el camino. Iba a salir cuando algo llamó su atención. Entre la espuma del lavarropas algo pequeño brillaba y se movía. Se acercó y sorprendido vio que era el giratiempo de Hermione, lo conocía muy bien. Sólo que estaba girando como loco. Indeciso alargó la mano. Presentía que algo tenía que ver ese giratiempo con el desastre en aquel cuarto y que sus amigos no estuvieran. Decidido, alcanzó el giratiempo y lo tomó.
Una luz potente surgió al tiempo de hacerlo.
****
Se acabó el cigarrillo casi de un golpe, mientras Dedalus cantaba junto con Elphias y Albus algo muy rítmico en su guitarra. "¡El poder para la gente, el poder para la gente, ahora!" y Pomona repartía algo entre los alumnos. Algo que no debían ser dulces. Abeforth cedió otro y otro cigarro y chispas multicolores invadieron el aire. De pronto algo sucedió. Una exquisita euforia recorrió todo su cuerpo. Era una sensación extraña y maravillosa, indudablemente mágica. Recordó con precisión asombrosa cada movimiento de Hermione al bailar. Sus manos, sus caderas, moviéndose al compás de un insinuante y descarado ritmo.
Abeforth tenía razón. No podía desperdiciarse ni un segundo de esta vida. Era cierto que corría como caballo desbocado a galope de tiempo escurridizo. Y Hermione...
Él había desperdiciado tantos años a su lado con estúpidas peleas y timideces sin sentido.
No podía esperar más. No debía esperar más. Flotó a través de nubes hasta llegar a su lado y ni siquiera notó la mirada pícara y satisfecha de un Abeforth que se mezclaba una vez más entre los alumnos. Tomó la mano de Hermione y ella se volvió a mirarlo sorprendida.
- Ron, ¿qué...?
Pero no escuchó. La arrastró detrás de si, sin librarla ni un instante de su mano. Era lo único que tenía. Ni siquiera estaba seguro de a donde ir.
- ¡Ron, espera un segundo!
La voz imperativa de Hermione hizo ecos en su cabeza. Su mente, despierta de un modo anormal, registraba de forma curiosa todo aquello que lo rodeaba en esos momentos. Vio el rostro de Hermione acercándose despiadadamente al suyo. El mundo giró hasta ponerse de cabeza.
- Ron, ¿fumaste algo? – el rostro de Hermione era de enojo y consternación. ¿Cómo podía alguien ser tan insoportablemente bonita, así de enojada? - Vamos a remediarlo enseguida – siguió escuchando entre ensueños. Esta vez fue Hermione quien lo arrastró tras de si. El silencio. Un aula vacía. Una puerta que Hermione abrió de golpe y luego cerró de un empellón. Era eso lo que él quería.
- Ron, ahora mismo...
No la dejó hablar. Cayó sobre ella buscando con avidez sus labios. Hermione forcejeó un segundo para después ir cediendo poco a poco. – Ron, no... esto no esta bien... –protestó jadeando, moviendo su brazo y dejando caer algo líquido encima de él. Podría decirle mil cosas. Podría decirle que estaban en una época de música y flores. Que todo estaba permitido. Podría decirle que recorrer su cuerpo como lo hacía ahora mismo, había sido un sueño persiguiéndolo acusador a través de noches culpables. Ya no había más culpa. Se había evaporado. Y Hermione misma había perdido la cabeza porque la sintió desabotonando su camisa.
- Ron...
- Hermione, eres hermosa... – a cambio fue lo que pudo decir y la sentó sobre un pupitre.
- Ron, no... la cami...
Volvió a besarla. Sus manos se deslizaron sin poder detenerlas. Suerte que no llevaba uniforme. Suerte que la singular túnica de Hermione cedía vaporosa a la urgencia de rozarla con cada milímetro de su piel. Suerte que Hermione había dejado a un lado toda su lógica inflexible. Suerte que entre sus manos se dejaba vencer y la suya era una deliciosa victoria. Besos y manos resbalando. La renuencia de la chica fue agotándose mientras él la exploraba por completo. El cuerpo de Hermione respondía como antes lo había hecho con la música. No. Respondía mejor. Las piernas de Hermione se habían enroscado alrededor de su cuerpo y sus caderas seguían un ritmo desenfrenado, enloquecido, irreal. Gimió. El calor hacía estragos y el ambiente bien podría estar plagado de esa música que Ron poco entendía, pero que les hacía moverse cada vez más y más rápido. Sintió humedad y sintió que explotaría, mientras en su cabeza la voz de esa mujer loca se elevaba y descendía cuando él estallaba de pronto y se dejaba caer sobre Hermione, agotado y sudoroso.
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Gracias a todos los reviews. Sus comentarios son leídos y tomados muy en cuenta. La canción que baila Albus es "Sin tocar la tierra" de los Doors y la de la mujer loca es "Move over" de Janis Joplin. La que toca Dedalus en la guitarra, es "Power to the people" de Lennon. Por cierto, el apellido de soltera de la abuela de Neville lo desconozco, pero en fin, espero que no importe demasiado.
