13.- Sobreviviendo con una pequeña ayuda de los amigos.
¿Porque todo giraba tanto? ¿Porqué la cabeza le martilleaba como la peor de las torturas? Tenía ganas de vomitar y de apagar las lucecillas que se colaban a través de sus párpados. Tenía ganas de gritarle al mundo que guardara silencio.
- ¿Wazlib? ¿Estás bien? – la voz de Abeforth taladró su cabeza y lo odió por eso, sintió la mano que pasaba por debajo de su nuca y manoteó para quitársela de encima - ¿quieres estarte en paz con un jodido demonio? ¡anda, bébete esto!
- No... no quiero – farfulló, pero la mano imperativa de Abeforth le hizo beber algo que sabía a diablos, se levantó tosiendo y a punto de volver hasta las tripas.
- Calma, ya pasará...
Tenía ya un rato con los ojos abiertos, pero fue hasta después de su acceso de tos, que empezó a enfocarlo todo. Miró a su alrededor, Neville y Abeforth lo miraban, el primero muy serio y con rostro pálido, el segundo con un gesto de burla.
- Sanders estaba igual o peor que tu, pero con el menjurje que le di, ya está como nuevo.
Y era cierto, aunque pálido, Neville se veía tranquilo. Descubrió con sorpresa que su malestar poco a poco comenzaba a pasar.
- ¿Qué fue lo que me diste?
- Wiskey – dijo Abeforth con divertida soltura.
- ¡No! ¿Qué fue esa cosa que me diste ahora?
- Ah, eso, no te ofendas Wazlib pero no pienso confiarte mis secretos, al menos no los que puedan retribuirse en ganancia.
- A mi tampoco quiso decírmelo – La voz de Neville sonaba un poco ronca, tal vez por la cantidad descomunal de wiskey ingerido por el muchacho la noche anterior. Lo que le recordó a Ron que quizás sus amigos estarían preocupados.
- Creo que debemos buscar a Ha... a James y a Stella – se apresuró a decir.
- Por eso no te preocupes, ellos ya te encontraron.
Era cierto, justo en ese momento Hermione y Harry llegaban hasta donde estaban ellos - ¿puedo saber donde se habían metido? – interrogó la chica con algo de enfado mientras Harry los estudiaba divertido.
- ¿Qué estuvieron haciendo?
- Eh... pues...
- Estuvimos bebiendo wiskey y bailando con la luna – Abeforth no parecía inmutarse ante las miradas llenas de reproche que le lanzaba Hermione. Lanzó un bufido de enfado y los enfrentó cruzando los brazos.
- No tengo nada en tu contra Abeforth, pero creo que deberías empezar a enderezar tu rumbo, el seguir así no te conducirá a nada bueno.
- ¿En serio? - preguntó el chico burlón. Hermione pareció no darse por vencida.
- Aunque claro, tal vez a ti te parezca muy interesante terminar como can...
- Cantante de algún grupo de rock... – interrumpió Harry tapándole la boca a Hermione para impedirle continuar. Hermione de un manotozo retiró la mano del chico.
- Como sea, no importa, muy bien ustedes dos – dijo dirigiéndose a Ron y a Neville – necesitan una buena ducha, así que será mejor ir a la torre Gryffindor.
- ¡No, por favor! ¡Ducharse no! ¡Imponles el castigo que tu quieras pero ducharse no! ¡Es casi tan deshonroso como lavarse los pantalones!
Hermione puso los ojos en blanco y se dirigió a Ron, y sin detenerse a hacer caso de las súplicas de Abeforth y de las protestas del pelirrojo, a empellones se lo llevó de ahí.
*****
Dippet simplemente se contentó en demasía al saber que tenían el giratiempo en sus manos. "Se ahorraron el viaje a la biblioteca" aseguró, aunque ninguno de ellos había pensado siquiera en asomarse por ahí, con excepción de Hermione. Conoció a Harry y con curiosidad observó su cicatriz, pero no dijo nada, lo que si quiso saber era si el chico realmente tenía algún parentesco con los Black.
- No, ninguno, sólo me acordé del apellido – respondió Harry para ahorrarse más explicaciones.
Dipett clavó con intensidad sus ojos en Harry, luego sonrió y muy alegre se despidió de ellos. Ya en los pasillos, el chico le hizo notar a sus amigos algo en lo que no habían reparado. – El giratiempo da vueltas más lentamente.
- Y eso significa que...
- Pronto volveremos a casa – Harry levantó la vista hacia Ron, que después de formular la pregunta un poco inquieto, quedó alegremente satisfecho con la respuesta. Después del duchazo que los había obligado a darse Hermione a él y a Neville, se sentía muchísimo mejor. Y más aún con la perspectiva de volver a su época.
Su época.
Extrañamente, junto al sentimiento de felicidad que podría embargarlo, había también una sensación de pesar. Como sea que fuera ese sitio, lleno de alumnos desquiciados y colores al por mayor, había sido una forma de alivio para su caos cotidiano, lleno de inseguridad y otras cosas, y ahí todo había resultado tan bien, pero que más daba, al fin de cuentas él no pertenecía ahí y tampoco nadie lo iba a extrañar.
Nadie.
*****
Ante el inminente regreso a casa, un cambio muy peculiar se había operado en todos ellos, pues volver a casa significaba volver a la normalidad, y en esa normalidad no todo estaba permitido. Había que aprovechar el tiempo al máximo y así parecieron entenderlo todos. Ron, subrepticiamente, había tomado la mano de Hermione para llevársela lejos de ojos indiscretos. Cuando estuvieron cerca de la cabaña que algún día sería de Hagrid fijó su atención en ella. Con esa extraña túnica entre azul y verde lucía realmente bonita.
- ¿Sucede algo? – le preguntó Hermione ladeando la cabeza con un dejo de preocupación, las flores de su cabello se mantenían milagrosamente fijas, casi como la varita de Luna.
- Hermione, pronto volveremos a casa...
- ¿No quieres regresar? – preguntó Hermione sorprendida ante el tono de voz empleado por el pelirrojo.
- ¡No! Quiero decir, ¡no me malentiendas! Es sólo que... que...
- ¿Qué?- Hermione hablaba suavemente, mientras ligeros mechones de su cabello bailaban con el viento. Ron quería guardar esa imagen por siempre en su memoria.
- Ahí no habrá música y flores – dijo sin reflexionar, avergonzado ante la mirada dulce de Hermione empezó a explicarse atropelladamente – este sitio es de locos, mírame como estoy vestido, a veces pienso que parezco pordiosero y a nadie le importa, y Neville enamorado de McGonagall y Harry que yo no sé que esté haciendo con Trewlaney, es como para perder la cabeza, pero estás tu y luces preciosa con esas túnicas raras, y esta esa música de dementes que me ha hecho hacer cosas que jamás me hubiera atrevido a hacer y es que...
La hilaridad de Hermione lo sorprendió. – Ron, de verdad estás loco – pudo decir entre risas.
- No te rías, es la verdad. – Murmuró ofendido.
Hermione suspiró y aseguró mirándolo muy de cerca – si lo que tienes es miedo de que todo esto entre tu y yo no siga igual, no debes tenerlo. – y poniéndose de puntitas para rodear el cuello de Ron con sus brazos, le dio un beso muy suave, fugitivo.
Pero Ron no estaba dispuesto a dejarla huir, tomándola por la cintura volvió a besarla con un beso más profundo, sabiendo ahora con certeza, que fuera donde fuera que estuviera Hermione, las flores y la música la seguirían. Suerte que la cabaña esa estuviera ahora vacía, suerte que en esa época todo fuera tan descaradamente fácil. No hubo ningún contratiempo cuando resbalaron hacia el césped ni cuando las enormes manos del pelirrojo viajaron a través de la tela que la cubría.
****
Lo buscó antes de dirigirse con sus amigos rumbo a clases de cuidados de criaturas mágicas. Lo vio intentando tocar la guitarra que pertenecía a Dedalus con terribles resultados. Sonriendo se acercó a él. No sabía si así era como se lo imaginaba. El gran Albus Dumbledore, con gabardina de flequillos, unos jeans rotos no muy limpios, cabello largo y una barba incipiente. Lo único que parecía de él era esa eterna chispa en sus ojos.
- ¡Alphy! ¡Llegas en un gran momento! Aquí mi querido Diggle me ha prestado su guitarra y estoy horrorizando a las musas, ¿gustas acompañarnos?
Asintió. Después de todo pronto regresarían a casa y no volvería a tener una oportunidad como esa: convivir con un Albus de su edad. Mágico y grandioso.
- ¿Y qué se supone que están tocando? – preguntó. Aquello parecía una mezcla de rock con alaridos de una sirena fuera del agua.
- Lo ignoro, pero te apuesto a que no pasaremos a la historia como virtuosos de la guitarra. - Albus revisó el instrumento de un lado a otro y pareció decidirse en algo. La extendió hacia su dueño diciendo con resignación – toma Dedalus, creo que es mejor que siga en tus manos, - luego añadió con alborozo - ¿por qué no tocas algo para mi amigo Alphy? Apuesto a que querrá oírlo. Una buena canción de amistad sería lo indicado – abrazándolo con afecto confesó – no sé exactamente por que Alphy, pero tu me das buena espina, podríamos ser grandes, enormes amigos, podríamos luchar el uno al lado del otro aún en las peores circunstancias.
- ¡Ah! ¡Ya sé! – gritó Dedalus y al punto se puso a tocar, acompañado por las voces desafinadas y alegres de Albus y Elphias Doge.
¿Qué harías si cantara desafinado?
¿Te levantarías y te alejarías de mí?
Préstame tus oídos y te cantaré una canción
tratando de no desentonar...
Albus rodeó a Harry con su brazo invitándolo a seguirlos. Rió por lo bajo, no desconocía la canción pero la verdad no era muy bueno cantando, aún así el seguir a esos tipos locos parecía irresistible. Cuando Hermione, Ron y Neville llegaron hasta donde él estaba, lo encontraron cantando y a instancias de Albus terminaron acompañándolos.
Sobreviviré con una pequeña ayuda de mis amigos,
saldré airoso con una pequeña ayuda de mis amigos.
Era extraño y divertido. Ver a todos aquellos que de una u otra forma eran parte importante de su vida, cantando desafinadamente y sin vergüenza alguna. Albus tenía un poder enorme de convencimiento y había logrado que todos se unieran batiendo palmas y elevando la voz al viento.
¿Crees en el amor a primera vista?
Sí estoy seguro que sucede todo el tiempo,
¿qué es lo que ves cuando apagas la luz?
No puedo decírtelo, pero sé que es mío.
Y ahí estaban ellos, a punto de regresar a casa y despidiéndose de esa época de la única forma que podían despedirse: con música. Aquél había sido un viaje mágico y misterioso y ese viaje estaba llegando a su fin. Y en ese viaje habían puesto la cabeza en las nubes y estaba llegando la hora de aterrizar, pero mientras lo hacían no dejaban de cantar algo que era una verdad a toda prueba...
Sobreviviré con una pequeña ayuda de mis amigos,
saldré airoso con una pequeña ayuda de mis amigos.
Y Harry, de una u otra forma, se sentía reconfortado por eso.
*****
Llegaban a los linderos del bosque prohibido, cerca de la cabaña que algún día sería de Hagrid. Ron precedía a sus amigos mientras hablaba con una gravedad propia de temas muy espinosos.
- Voy a decirles algo y espero que lo consideren seriamente – Ron se detuvo sin aviso logrando que Harry, Hermione y Neville chocaran unos con otros - ¡hey! ¿quieren comportarse? – una vez que hubo capturado la atención de sus amigos, continuó muy formal - todo, absolutamente todo lo que halla pasado en esta época, todo lo que hallamos hecho o dicho, todo, repito, debe quedar en el más absoluto de los secretos, ¿entendido?
- ¿Porqué? ¿No quieres que los demás sepan como cantas de desafinado o como casi te acabas las provisiones futuras de wiskey?
- Hermione, por favor, no te burles – se aclaró la voz para seguir hablando – entonces ¿están de acuerdo o no? Miren que todos tenemos algo que perder. Tal vez Seamus, Dean y los gemelos estarían interesados en saber cierta historia de Trewlaney...
- ¡No! Yo estoy de acuerdo – se apuró a decir Harry con un ligero rubor en sus mejillas.
- ¿Y ustedes?
Hermione y Neville aceptaron. No sin antes un poco de renuencia mal intencionada por parte de la Gryffindor, pero ante los ruegos de sus amigos, terminó cediendo con una sonrisa llena de picardía.
- ¡Hey, Wazlib! ¡Sanders!
Abeforth daba vuelta en una esquina de la cabaña y al descubrirlos sin dudar se volvió hacia ellos. Iba contento, con un rostro resplandeciente que lo hacía ver menos huraño, menos raro, más feliz.
- ¿Qué hay? –preguntó Ron por saludo y Abeforth dejó escapar su alegría.
- Hace frío, el invierno se apura – dijo y Ron no pudo evitar una sonrisa extrañada.
- ¿Y qué tiene eso de fabuloso?
- Ah, pues que pronto...
- ¡Se me ha ocurrido algo! ¡Algo grandioso! – Exclamó Albus, llegando repentinamente seguido de Elphias y tomando a Harry y Neville por los hombros. El semblante de Abeforth se oscureció - ¡Ya no hay festivales pero siempre hay algo que celebrar! ¡Se me ocurrió que quizás...!
- Que quizás podrías irte largando de aquí, yo llegué primero y le estaba diciendo algo muy importante a Wazlib.
Albus se ajustó las gafas dirigiendo una sonrisa forzada a Harry, luego, poniendo cara de mordaz elocuencia, respondió – no quiero pelear Abe, así, que para demostrate mi buena voluntad, te dejaré hablar y yo les diré mis planes después, cuando lleguen los demás.
- ¿Y quiénes son los demás?
- ¿Quiénes habrían de ser? Pommy, Trewlaney, Dedalus, Filius y Minerva, los cité aquí, antes de que estos muchachos fueran a llenarse de saberes en criaturas mágicas.
- Mejor termino luego – Abeforth, incómodo, vio llegar a los mencionados decidiendo no quedarse ahí. – Ya te diré que tiene de fabuloso que el invierno se apure, Wazlib.
- ¿Pues qué más va a hacer? Que llegan las vacaciones – Trewlaney, sin invitación, intervino en la plática con su singular desfachatez.– Ir a casa, claro, aunque no siempre resulta tan genial, los papás pueden llegar a ser muy poco divertidos, aunque puede ser que a ti si te guste tu casa, en ese caso...
Albus la escuchó atento dirigiendo una mirada suspicaz a su hermano. - Te apuran las vacaciones Abe... aunque Hogwarts siempre ha sido tu vacación permanente.
- Si, me apuran, al menos yo tengo algo importante en casa – masculló Abeforth evitando mirar a su hermano. – De ser por mi, me quedaría ahí y no regresaría al colegio.
Albus se movió impaciente – ¡Abe, eso no cambiaría nada y si arruinarías tu futuro! ¡Te lo he dicho mil veces, no tiene remedio y jamás lo tendrá!
Antes que cualquiera pudiera esperarlo, Abeforth se abalanzó sobre Albus para empujarlo con un odio tremendo logrando que cayera al suelo, Albus contrariado como pocas veces se le había visto, se levantó de un impulso diciendo - ¿qué rayos crees que estás haciendo?
- ¡Eres un idiota!- gritó Abeforth al tiempo que lanzaba los puños contra su hermano - ¡Lo dices! ¡Lo dices todo el tiempo! ¡No serías capaz de sacrificarte por ella!– y haciendo acopio de todas sus fuerzas, propinó a Albus un fuerte golpe en la cara.- ¡Voy a romperte esa nariz con mis propias manos!
- ¡Abeforth, no!
Pero antes de que Ron pudiera intervenir, Trewlaney y Pomona lo detuvieron impidiéndole acercarse siquiera – no te metas en eso, es cosa de hermanos. – aseguró la bonachona Sprout. Por su parte, Flitwick y Elphias detenían a Harry quién al igual que Ron, había estado a punto de intervenir.
- ¡Pero no podemos permitir esto! – exclamó Hermione preocupada viendo a Albus y a Abeforth rodar por el suelo en una salvaje pelea. Cuando estaba a punto de sacar su varita, una mano firme la detuvo. Era McGonagall.
- Pero, pero... Minerva...
McGonagall negó con la cabeza, y sin otra opción, se dedicaron a ser testigos de la terrible batalla entre los hermanos. Golpes iban y venían casi por igual, por fin, Albus, haciendo acopio de todas sus fuerzas, pudo sobreponerse a su hermano y lo doblegó poniéndose encima suyo y dándole varios golpes en la cara.
- ¡Es suficiente Albus! ¡Ya déjalo en paz! – alegó Elphias quitándolo con ayuda de Harry y Flitwick.
- ¿Estás bien? – preguntaba Ron, auxiliando junto con Neville a un furioso Abeforth.
- Espero que entiendas quien de los dos tiene la razón – escupió Albus recogiendo sus gafas que habían ido a parar al suelo.
Abeforth trataba inútilmente de contener las lágrimas que rodaban por su rostro sucio de tierra. Veía con odio absoluto a su hermano desde el suelo restregándose la cara para limpiar sus mejillas. Ron y Neville, a su lado, trataban de tranquilizarlo.
- Déjame ayudarte Abe, ven conmigo...
- ¡Déjame en paz Wazlib! – gritó Abeforth levantándose y empujando a Ron, antes de salir disparado hacia el bosque le gritó a Albus – ¡si no supiera que eres mi hermano, juraría que eres un hijo de perra!
- ¡Voy a...!
- No Albus, déjalo ya... – vociferaba Elphias tratando de contener a Albus quitándole su varita y dándole tiempo a Abeforth de desaparecer de vista.
*****
Tomaron Cuidados sin prestar mucha atención, mirando apenas al hipogrifo que la profesora había conseguido expresamente para esa clase. Tanto Ron como Harry, estaban seriamente preocupados por lo ocurrido con Albus y Abeforth. Sabían que terminarían distanciándose, pero se preguntaban en si, quizás, eso podría cambiarse.
- ¿Sería muy grave si lo intentáramos? – le había preguntado Harry a Hermione, poco antes de entrar a clases. Hermione no respondió y mordiéndose el labio inferior se quedó pensando muy preocupada. Al salir, simplemente, le había susurrado algo a Neville y les había dicho que iban por algo de comer, que los esperaran cerca del haya, junto al lago.
- No le creo, algo se trae entre manos – le dijo Ron a su amigo mirando con desconfianza como Hermione y Neville se iban alejando. Harry estaba de acuerdo, pero no les quedó de otra que esperarlos donde su amiga les había indicado. El tiempo transcurrió de prisa y ni Neville ni Hermione daban pistas de aparecer.
- Harry, estoy empezando a hartarme y ahora sí tengo hambre, te dije que esos dos algo traían entre manos, conozco a Hermione.
- Ron, no empieces, vamos a esperar, si realmente a Hermione se le ocurrió algo, querrá encontrarnos aquí.
- Pero tengo hambre.
Harry puso los ojos en blanco. Ron era tremendamente impaciente y le costaría trabajo que se mantuviera callado y quieto si tenía tanta hambre como decía. Seguía oyendo las protestas del pelirrojo cuando algo llamó su atención. Era el hipogrifo moviéndose de forma rara.
- Oye Ron, mira, el hipogrifo se escapó.
- ¿Y qué? Ya se encargarán de buscarlo. Me muero de hambre y mira, somos los únicos tontos que seguimos aquí, apuesto a que ya todos están en el Gran Comedor.
- O en las comunas, pero eso no importa Ron, ¿no lo entiendes? Puede ser peligroso si se encuentra a alguien que no sepa tratarlo, ¿por qué no lo llevamos con la profesora...? ¿cómo se llama?
- No sé – contestó Ron incorporándose y mirando al hipogrifo con atención – es cierto, hay algo raro en él. Harry, no me da confianza, mejor vayamos por ella.
- Hagamos esto – dijo Harry después de reflexionar un segundo – tratemos de llevarlo nosotros, pero si vemos que se pone agresivo o algo peor, entonces irás tu por la profesora y yo me quedaré vigilando, ¿de acuerdo?
- Bien, pero ¿qué esperas exactamente con algo peor?
Harry negó con la cabeza, se fue adelantando poco a poco mientras le susurraba a su amigo – recuerda que hay que tratarlo con gentileza, es muy susceptible.
- Si, si lo recuerdo, no soy tan tonto ¿sabes? – rumió Ron por lo bajo rodeando del otro lado al animal. Éste pareció sentirlo y se agazapó caminando hacia atrás – creo que se está asustando, mejor voy por la profesora.
- Si, creo que será lo mejor, se está comportando muy raro, yo lo cuido.
Ron asintió dando media vuelta para ir en busca de ayuda, pero algo falló en los planes. El hipogrifo, totalmente enloquecido saltó encima del pelirrojo intentando darle coces.
- ¡Ron, cuidado! – gritó Harry yendo en pos de su amigo y ayudándolo a esquivar al animal. Pero el hipogrifo no se rendiría tan fácilmente, Harry y Ron intentaron huir de él, logrando a cambio enfurecerlo más, como último recurso, ambos amigos saltaron subiendo en su lomo, fue entonces que el fastuoso animal salió disparado hacia el cielo.
- ¡Ron, sostente!
Pero no era tan fácil. En una voltereta peligrosa Ron perdió el asidero y resbaló sin poder sostenerse. Harry, en un intento desesperado por detenerlo, también resbaló con él.
- ¡Harry, ayúdame!
Cayeron... el viento zumbaba terrible en sus oídos y sintieron la cercanía furiosa del hipogrifo. No había modo de defenderse, se les fue encima antes que pudieran sacar sus varitas y lo último que Ron supo fue que un terrible dolor le partía la cabeza. Luego algo frío, muy frío y después nada.
Las voces le llegaron desconocidas, lejanas, pero poco a poco comenzó a reconocerlas.
- ¡Quítate Sybil, les estás robando aire!
- Pomy, no me empujes, yo puedo quitarme sola...
- Dejen de pelear... creo que ya están despertando.
Abrió los ojos trabajosamente y parpadeó un poco antes de poder enfocar algo. Se dio cuenta que su ropa estaba mojada y descubrió además, varios rostros que lo miraban preocupados.
- ¿Qué tal la noche? ¿Por fin amanece? – preguntó un Albus sonriente, pero sin poder ocultar el alivio en su voz. Intentó incorporarse, pero un dolor agudo se lo impidió.
- Yo que tú no lo intentaría – musitó Trewlaney muy cerca de él – el hipogrifo casi te rompe la cabeza y debe dolerte más que en una clase de historia de la magia.
Por fin pudo darse clara cuenta de lo que sucedía. Trewlaney, Albus, Sprout, Flitwick, Neville y Abeforth lo rodeaban y lucían completamente empapados. Pero no sólo lo rodeaban a él, un quejido delató la presencia de alguien más.
- ¡Harry!
Sin ocuparse de su dolor de cabeza se levantó como impulsado por un resorte para comprobar que Harry estaba bien. Lo estaba. Mojado y abriendo los ojos con dificultad pudo preguntar con voz quebrada - ¿qué pasó?
Un silencio sepulcral. Las miradas de todos se dirigieron a Trewlaney que se revolvió incómoda – oigan no fue mi culpa... Flitwick se robó al hipogrifo.
- Pero yo no lo hechicé.
- ¿Hechizaron un hipogrifo?
Furia contenida. Ojos brillantes por el enojo. McGonagall se acercó a trancos y Ron se percató de que también estaba mojada. Poco a poco empezaba a comprender.
- Minerva querida, sé que hechizar un hipogrifo es muy peligroso, y que pueden expulsarnos, pero te aseguro que existe una muy buena razón para haberlo hecho.
Trewlaney movía ambas manos tratando de apaciguar la ira de la chica, y esta respondió con enfurecida sorna – pues me gustaría oírla.
Trewlaney miró a todos para ver si alguien salía en su ayuda, pero como nadie lo hizo, comenzó a explicar – sucede que la vida es un instante en el tiempo. Viene, pasa y no se queda. Sólo se queda una impresión grabada en la memoria y nosotras, las personas, olvidamos por lo regular que debemos disfrutarla, que debemos amar a todos los que nos rodean, entonces comenzamos a...
- Sybil, ¿quieres ir al grano?
- ¡Ay, ya voy, ya voy! Sólo quería darle una bella introducción a lo que voy a explicar – exclamó Trewlaney con un gesto torcido – lo hicimos porque Albus y su pequeño y pervertido hermano pelean peor que dos gorros rojos en guerra. Así que decidimos buscar la forma de que hicieran algo juntos. Como le tienen tanta simpatía a estos dos – miró despectivamente a Ron y a Harry – se nos ocurrió que si los ayudaban en cierto "peligro" podían descubrir que juntos son más fuertes, así que nos inventamos lo del hipogrifo... fue su idea – y señaló con prontitud hacia un lado, sus pulseras tintinearon acusadoras.
Hermione, quien era la acusada, se hallaba sentada, chorreando agua y con mirada triste. No respondió y ocultó el rostro en las manos.
- ¡Pero ella no te dijo que hechizaras al hipogrifo! – protestó Neville enojado.
- Bueno, no – reconoció Trewlaney con cara de circunstancias – pero me pidió realismo y yo se lo di. Sólo hice lo que me pidieron... además, no sólo logramos que Abeforth y Albus hicieran algo juntos, todos entramos en el juego al lanzarnos por ellos al agua y rescatarlos del hipogrifo asesino... ¿Hemos aprendido algo? – gritó de pronto con aire teatral levantándose y sobresaltando a todos - ¡Claro que lo hemos hecho! – dijo golpeando el puño en la palma de su mano - ¡ahora todos sabemos que somos un ejército en busca de paz! ¡Somos un ejército invencible que librará batallas a través de los tiempos y liberará al mundo mágico de la opresión y la ....!
- ¡Cállate y siéntate ya! – ordenó Sprout jalándola por la túnica y haciéndola trastabillar – eso que dices es idiota. Chicos... – Pomona se dirigió a ellos apenada – Sweet y Sanders fueron a buscarnos para enterarnos de su apuro por la pelea, y este fue un plan que surgió en dos segundos para hacer que los Dumbledore hicieran las pases, la idea no era realmente que sucediera así, tan sólo se trataba de espantar un poco al hipogrifo y que todos llegáramos a su rescate, conocemos a Albus y a Abeforth y el aprecio que les tienen, por supuesto no dejarían que nada malo les pasara, entonces, después, ante la alegría de haber hecho lo correcto, tal vez podrían olvidar sus diferencias, nuestra intención no era mala.
- No lo era, pero casi los matamos – susurró Trewlaney.
- ¿Los matamos? – respondió Pomona enojada - ¡Sybil! ¡Tú hechizaste al hipogrifo con sabe Merlín que maleficio y no te pusiste a pensar en la consecuencias!
Se hizo un pesado silencio. Abeforth y Albus no despegaban la vista del suelo. El frío se hacía más intenso y todos empezaban a titiritar. Minerva dio un pase de varita y al instante una cálida fogata apareció. Sybil levantó las cejas con arrogancia – bien, bien, de cualquier forma ya se salvaron y estos dos volvieron a hablarse. – Miró a Abeforth y Albus y les dijo muy circunspecta – lo siento chicos, pero les voy a decir algo que es verdad y no necesito de ninguna bola de cristal porque ustedes son tan trasparentes que casi puedo leer su futuro palabra por palabra: están condenados a que las peores circunstancias los unan, y ambos son iguales, terminarán queriendo salvar al mundo, claro, tu rumiando y protestando, pero lo harás. – y al decirlo miró a Abeforth.
- No lo tomes por cierto – Abeforth se levantó trabajosamente y metiendo las manos en los bolsillos echó a andar – yo sólo lo hice por Wazlib, lo que haga mi hermano no me importa, así quiera salvar al mundo, yo jamás lo ayudaré.
Ron y Harry se miraron. Sprout y Abeforth se equivocaban. Al final de cuentas Trewlaney no estaba tan errada en lo que había dicho. Pero de todo eso se deducía una cosa. No se podía confiar plenamente en alguien tan chiflado como Trewlaney.
*****
Ya casi llegamos al final. Gracias por sus comentarios y espero no tardar tanto en el próximo capítulo. La canción que cantan todos y que da título a este capítulo es " Una pequeña ayuda de mis amigos" de los Beatles.
