15.- En el jardín del pulpo habrá unos campos de fresa por siempre.
Era una locura.
Tenía que encontrar a Hermione, por que, muy aparte de cosas absurdas, tenía que recordarle el pequeño detalle de que no debían separarse pues el giratiempo, lo había notado, giraba mucho más despacio.
Notó esa mañana que Trewlaney la había levantado muy temprano para arrastrarla tras de si explicándole no sé que cosas. Absurdo. Absurdo y descabellado era todo ese asunto. Tal vez a Ron no podría hacerlo entrar en razón y Elphias y Flitwick se lo habían llevado quién sabe a donde. Neville, sin tentarse el corazón ante sus apuros, siguió roncando sonoramente cuando intentó despertarlo para detener tamaño acto de demencia. Entonces tenía que ser él, él quien arreglara todo ese asunto. Desde el anuncio de la dichosa boda no había podido hablar con sus amigos, bueno, con Ron si lo había intentado, pero su amigo era un cabezota y ni siquiera le escuchó. Y - se repetía - si no podía hacer a su amigo entrar en razón, entonces tal vez pudiera con Hermione.
Le costó un rato encontrarla. Después de algunas pesquisas pudo averiguar que estaba en el salón de estudios muggles. Hasta ahí se dirigió y por caballerosidad tocó la puerta. Nada. Lo intentó de nuevo y esta vez se escucharon pasos apresurados y alguien rumiando detrás de ella. Abrieron dejando apenas un pequeño espacio y una cabeza desaliñada se asomó. Era Trewlaney.
- ¿Qui..? Ah, Alphy, ¿qué hay?
- Eh...¿podrías hablarle a Her... a Sweet?
Trewlaney levantó las cejas dándose importancia - imposible, ahora no puede atenderte.
Claro que ante tal respuesta, Harry no se limitó. - ¡Es que necesito hablar con ella, es algo extraurgente!
- ¿Me permites?... muchas gracias – la bonachona Sprout pasó con dificultad entre Harry, Trewlaney y el pequeño espacio de la puerta, llevando un paquete entre sus brazos. Harry no quería indagar que era, seguro la respuesta no le gustaría, pero por eso mismo, tenía que hablar con su amiga.
- Lo siento Sybil, pero tengo que hablar con ella.
- No, no, no,no – le atajó la bruja cuando intentó entrar y cerrando la puerta tras ella le impidió el paso. – Nadie puede mirar a Sweet hasta que sea la hora.
- Pero es que no entiendes...
- Claro que lo entiendo cariño – sonrió Trewlaney con una aquiescencia exasperante - ahora, puedes irte y con calma hablaremos después de la boda.
Imposible guardar la calma. Harry se desesperó comenzando a hablar atropelladamente - ¡eso es precisamente lo que trato de hacerles entender! ¡No es posible llevar a cabo esa boda! ¡Es absurdo! ¡Es estúpido! ¡Ellos ni siquiera están conscientes de lo que están haciendo porque siempre han sido obstinados y nun...!
Sybil rodó los ojos, jaló a Harry por la solapa y lo calló de golpe con un beso en los labios. Harry quedó mudo y Trewlaney satisfecha. – Bien querido, veo que has comprendido. – Dijo y sonriendo con una mueca torcida, cerró la puerta.
Harry se quedó un rato petrificado, mirando la madera frente a sí. Por lo visto, ya no había nada que hacer.
****
- ¿Cómo me veo? ¿Va mejor esta corbata o esta? Yo diría que lo mejor sería no llevar una, pero dada la magnitud del evento...
- Neville...
- ¿Sí? – preguntó el aludido sin dejar de mirarse al espejo de la habitación de los chicos.
- No importa ninguna maldita corbata, lo único importante es que esto es un error y parece que a nadie le importa.
Neville miró a Harry sin comprender, luego lo evaluó de arriba abajo y le dijo muy tajante – deberías arreglarte ya, esa ropa que traes hace juego con el tapiz de mi abuela, es aburrida y seria.
- ¿De veras no te preocupa? – preguntó Harry contemplando a Neville como si no lo conociera, desde el sillón donde estaba hundido.
Neville respondió con una mirada semejante y replicando como si en sus manos estuviera toda la lógica del mundo. – Lo que me preocupa es que te tomes las cosas tan en serio. No importa, Harry, de verdad no importa. Lo único importante es que estamos aquí y podemos aprovecharlo, piénsalo... ¿hace cuánto que te sentías tranquilo, bien? ¿qué podías hacer cualquier tontería que se te ocurriera sin tener los ojos de los demás pegados a ti? ¿Y lo que es peor, con su censura? – volvió a colocarse frente al espejo, decidiéndose, al parecer, por una de las corbatas al fin – además, no es tan terrible como te lo estas imaginando ahora, recuerda lo que Albus dijo, no es que vayan a vivir juntos y a mantener una familia, es sólo la unión de dos almas más allá del cosmos, que cada uno esté por su lado pero que sepan, siempre, que en algún lugar de este mundo su alma gemela los espera.
En ese momento, Elphias y Algie Longbottom entraron interrumpiendo así el asombro de Harry. Lo vieron en el sillón, con ropa aburrida y seria y lo pararon en vilo para apresurarlo y que se pusiera algo "decente". Faltaban apenas unos cuantos minutos para llevar a cabo la boda que hasta hacía unos momentos Harry consideraba una tragedia, pero que, gracias a las palabras de Neville, había cambiado de forma.
*****
¿Cómo se las habían ingeniado para organizar todo en tan poco tiempo? Por un momento había imaginado que las bodas cósmicas no serían tan fastuosas como las comunes, pero por lo visto se había equivocado. Como lugar de ceremonia se había elegido la parte frontal de la cabaña que algún día sería de Hagrid, donde se había colocado una especie de pequeño estrado todo adornado de flores de un hermoso color violeta, obsequiadas por Sprout. Frente al estrado, marcado en el suelo por pequeñas velas encantadas para centellear con chispas de colores (sin duda obra de Flitwick) se podía ver un amplio círculo, que se distinguía por tener un césped de un verde más intenso que el de los alrededores (según supo, el propio Elphias Doge se había llevado un buen tiempo tratando de intensificar el color). Varios arbustos de los alrededores habían desaparecido dando lugar a unas extrañas flores verdes y amarillas, que, según explicó Minerva, encargada del cambio, eran de celofán y en sus propias palabras "crecían increíblemente altas". Agus y Algie Longbottom, por su parte, habían traído el gramófono de estudios muggles con toda la serie de discos que había por ahí y los habían acomodado sobre una especie de árbol, cuyas flores parecidas a altavoces, esparcirían la música por todas partes.
Dedalus Diggle sería el encargado de los fuegos artificiales, que, por ser a plena luz, había cambiado por explosiones de colores simulando centelleantes arcoiris. En tanto, los hermanos Dumbledore, habían conjurado animales de apariencia fantasmal de un vaporoso plateado y dorado, que, en total algarabía, se paseaban a placer por todos lados. Total, que el lugar entero, aunado a la apariencia de los invitados, parecía producto de un sueño delirante.
Todos y cada uno lucía sus mejores "galas", o al menos según su criterio. Albus, quien oficiaría la boda, traía una especie de túnica de gala negra con un enorme sombrero de copa que milagrosamente no se caía, y por debajo de la túnica, se insinuaban unos jeans y unos mocasines muggles, ambos evidentemente muy gastados. Trewlaney lucía unos jeans muy rotos, una coleta que terminaba en una explosión de rizos, una blusa de mangas enormes y un chaleco de vistosos colores y flequillos. Pomona Sprout lucía una vistosa pañoleta anudada en el cuello, un vestido muggle por debajo de las rodillas con mucho vuelo y un cabello entre suelto y trenzado aquí y allá. Minerva, la impresionante Minerva se distinguía con una blusa campirana, jeans y mocasines y una especie de florecillas secas cubriendo la parte frontal de su cabeza. Flitwick, Elphias, Dedalus y Algie, lucían sendos pantalones acampanados y camisas bastante vistosas. Elphias traía una especie de sombrero vaquero y Dedalus una cinta alrededor de la frente. Agus, en cambio, se había contentado con un ligero vestidito a las rodillas de un café muy sobrio y unas botitas que le llegaban a los tobillos. Abeforth Dumbledore, por ser el padrino de bodas, tal vez creyó que debería distinguirse por eso, así que traía puesto un traje por completo extravagante, enorme y gris con tenues rayas verdes, pero lo que más sobresalía era su corbata, de un apantallante verde neón, que más bien parecía un enorme moño. Todo aderezado por unos rizos revueltos que se disparaban en todas direcciones. Eso, y que Neville trajera un traje extraño de un violeta intenso y una corbata rosa, hizo agradecer a Harry su muy sencillo atuendo, que consistía en un saco café, camisa bordada y unos jeans más viejos que los que le heredaba Dudley.
Únicamente faltaban los protagonistas del esperado evento, faltaban pocos minutos, dedujo Harry, porque Pomy y Agus, de forma apresurada y eficaz, trazaban un camino (que consistía en una mezcla de pétalos de rosa, rojas y amarillas) del círculo verde a una zona donde los árboles se hacían más espesos. Por ahí llegarían Ron y Hermione, sin duda, aunque no sabía si llegarían juntos. Por fin el camino estuvo listo y todos se pusieron en su sitio. Abeforth, muy propio, se dirigió a los árboles, justo donde iniciaba el camino de pétalos, y a una señal de Albus, gritó "¡Wazlib, la ceremonia está por empezar!",y en efecto, apareció Ron, con el cabello completamente desordenado y un traje blanco muy a la John Lennon, aderezado, se podía ver, por una enorme flor roja en la solapa, mientras las flores del árbol donde estaba el gramófono comenzaban a destilar las notas repetitivas de una canción. No parecía incómodo, al contrario, parecía contento. Demasiado contento. Fue bailoteando con Abeforth al lado mientras los demás gritaban, aplaudían y Elphias y Flitwick lanzaban sonoros chiflidos. Sólo Abeforth y Albus, muy concentrados en su papel, permanecían bastante serios.
Se puso junto al estrado y entonces llegó el momento esperado. Justo cuando una voz salida del gramófono comenzó a escucharse, apareció Hermione de entre los árboles. Ron, que en ese momento estaba de espaldas hablando con Abeforth, se volvió ante el silencio que se produjo. Su semblante cambió y la miró asombrado. Harry no lo culpaba. Algie y Dedalus empujaron a Harry farfullando que él era el encargado de llevar a Sweet hasta el estrado y todo atolondrado, lo hizo. Hermione lo recibió con una sonrisa radiante y lo tomó del brazo, murmurándole muy contenta- ¿te gusta? Lo diseñó Trewlaney. La flor es obra de Pomy.
Harry no respondió. La frase que en ese momento escapaba de las flores parecidas a altavoces tenían una respuesta por él: "¿La has visto vestida de azul? Ves el cielo enfrente de ti". Y es que la túnica de Hermione era vaporosa, más parecido a un vestido muggle que le llegaba a las rodillas. Era amplio, con unas mangas enormes como la blusa de Trewlaney, y era azul. Traía su cabello atado por una coleta donde los rizos rebeldes escapaban por todos lados, desaliñado, pero bonito, y una enorme flor blanca en un lado, sujeto tras la oreja. Hermione lucía hermosa, esa era la palabra. Las sandalias de sus pies eran tan delgadas, que casi parecía que iba descalza, y en las manos, llevaba un ramo de hermosas orquídeas mágicas especialmente cultivadas por Sprout.
Caminaron rumbo al estrado, en tanto la voz del cantante no dejaba de susurrar y los arcoiris centelleantes de Dedalus hacían acto de presencia: "Ella peina su cabello, es como un arcoiris... ¿has visto mujer más hermosa?"
No podía haber frase más cierta. Si Ron necesitara hacer una pregunta en esos momentos, tal vez sería esa. Se combinaban y disparaban colores por todos lados, y Hermione, siempre punto y aparte, era la hermosa y pálida luz de una vela, poniendo motas blancas en sus vidas. Albus Dumbledore, encargado de oficiar la boda, tomó un impresionante libro negro mientras Abeforth, con su saco demasiado grande y su corbata verde neón resaltaba muy serio entre los invitados.
El mayor de los Dumbledore levantó la mano, para incitar a todos a guardar silencio, la música bajó su volumen y se escuchó apenas como un susurro, poco a poco fueron cesando los colores transformados en notas, y otra tonada, más contagiosa, se escuchó por debajo de las voces y risitas de todos los presentes. El muggle loco de lentes redondos, como lo llamaba Ron, entró a escena.
Albus Dumbledore se aclaró la garganta y con gran teatralidad comenzó a hablar – Hermanos magos, estamos aquí para celebrar algo que siempre debiera celebrarse en el mundo entero, a cada minuto, a cada segundo, y ese algo es sin duda el amor. Y si, es algo difícil, un mucho complicado, pero es la fuerza que mueve al mundo y por eso, repito, debemos celebrarlo – fue interrumpido por una serie de aplausos, que enseguida contuvo – bien, no es necesario dar tanta vueltas, así que comencemos cuanto antes – tomó el libro, con elegancia buscó en las páginas y a continuación comenzó a leer - el matrimonio como la más alta aspiración entre las sociedades, es la culm...– tosió, se acomodó las gafas, se rascó la nariz y preguntó con algo de enfado - ¿podemos saltarnos toda esta verborrea sobre lo que es el matrimonio o Wazlib se podría arrepentir? ¡Además, no nos interesa! – dijo lanzando el libro a un lado. Todos, incluyendo a Ron y a Hermione, aceptaron con gran escándalo.
- Bien – dijo Albus sacudiéndose las manos y acomodándose el sombrero – hagámoslo a mi modo y sin más preámbulos... señor Roonil Wazlib... ¿acepta como su alma gemela a esta pequeña y hermosa chica conocida entre todos estos rufianes con el nombre de Stella Swett, ante el cosmos y con un amor más allá de este universo?
Ante el silencio de Ron todos comenzaron a protestar.
- Acepta ya... no tenemos todo el día.
- ¿Quieren callarse? Es mi boda cósmica y puedo tardarme el tiempo que quiera.
- ¡Wazlib!
- Está bien, acepto – decidió el pelirrojo cruzándose de brazos, mientras Hermione se desternillaba de risa y la canción volvía a repetirse.
- Bien, bien ¡silencio! – advirtió Albus, yendo a recoger el libro sin objeto alguno, pues obviamente la ceremonia no estaba basada ahí. – Da más presencia – dijo a modo de explicación, abriéndolo de par en par – eehhh... Señorita Stella Sweett ¿acepta como su alma gemela a este emisario de lunas lejanas, algo gruñón, conocido como Roonil Wazlib entre todos los presentes, con un amor más allá de este universo y jurándolo ante el cosmos?
Los ojos de Hermione fueron dos estrellas brillantes – pues supongo que no tengo opción – dijo con tono mordaz pero con la risa en la mirada. - Está bien, acepto.
Una apoteósica muestra de júbilo sucedió entonces. Estaban ya unidos ante el cosmos. Aunque, como aseguraba la canción que iba cediendo, unir la vida con alguien podría ser realmente difícil y hasta podría considerarse una locura. Pero eso no era tan importante en esos momentos, todos parecían contentos y tanto Ron como Hermione lo parecían también. Un mucho contentos.
Albus, hinchado de orgullo, concluyó la primera parte de la ceremonia - Bien, esperando que no se arrepientan y que esto realmente haya sido una buena idea, concluyamos la ceremonia... Abe, si nos haces el honor...
Abeforth, quién hasta entonces había permanecido al margen del júbilo, se acercó y con señas invitó a la pareja protagonista de tan peculiar evento, a situarse dentro del círculo. Ambos obedecieron y enseguida los dos hermanos se colocaron uno a cada lado y levantando las varitas murmuraron un hechizo. Un pequeño vaporcillo surgió envolviendo a Ron y a Hermione, mientras los demás, se sentaban alrededor de ellos uniendo sus manos y entonando una sencilla melodía sin palabras. Harry, definitivamente se sentía muy extraño en esa situación, pero como nadie le hacía caso, pronto se resignó. El vaporcillo giró elevándose hacia el cielo y cuando hubo desaparecido del todo, Albus levantó los brazos y acto seguido, Agus se acercó. De forma ceremoniosa, le hizo entrega de una tetera humeante y cuatro tacitas de curioso aspecto.
Bebieron el té de hierbas de hada, el favorito de Ariadna. Era una especie de pacto entre padrino y las dos almas gemelas unidas. Era una forma de agradecerle a Wazlib su amistad y retornárselo con el único regalo que tenía Abeforth, el único tesoro que le quedaba: esos pequeños detalles que aún guardaba de su hermana con un celoso y especial cuidado.
Y Ron así lo entendió.
Albus anunció con solemnidad que era hora de empezar el festejo y que este sólo iniciaría con el baile de bodas, porque la música era la más grande de las magias y la única que podía representar al amor con todos sus rostros, desde el más dulce hasta el más trágico – pero no hablemos de tragedias – dijo Albus – por qué no es lo que esperamos para Sweet y Wazlib, para ellos invocamos un sol radiante que apague todos los inviernos. - Y diciendo esto salió con un brinco del círculo seguido de Abeforth. Una guitarra comenzó a sonar haciendo más cálida la tarde, o tal vez no fuese la guitarra, sino el hecho de que Ron, sobreponiéndose a su bochorno, tomara a Hermione de la manos haciéndola girar y levitar en el aire.
CariñoHa sido un largo, frío y solitario invierno
Cariño
Parece como si hubiera durado años
Eso estaba bien, era cierto, porque las sonrisas volvían a los rostros y parecía como si la luz no hubiera existido durante años, o eso decía la canción, pero el acompañar con las palmas el baile de novios, cantar y moverse ahí, sentado con las rodillas cruzadas, sobre la hierba húmeda, realmente parecía lo mejor.
Sol sol sol, llega ya.
Y llegaba, en la sonrisa de Hermione y en la felicidad desbordada de Ron, porque Harry jamás lo había visto tan contento. Era lo que se obtenía de uniones cósmicas y festivales, todas ocurrencias de Albus, ratificadas, sin querer, por Abeforth. Eran desvaríos en su estado más puro y sin embargo funcionaban para hacer feliz a la gente. La época donde se encontraban era mágica por sí sola.
Fue una boda bella. Y extraña. Matizada con absurdas canciones que muy bien podían no significar nada. O significarlo todo. Bailaron y el mar se disolvió en la túnica de boda de Hermione, con sus corales y sus olas, mientras todos se movían al compás de muggles mágicos o saboreaban los deliciosos bocadillos conseguidos por Albus – que muy seguramente había robado de la cocina.
Las ideas de Harry se zambullían en la contagiosa voz despedida por las flores de un viejo árbol y se transformaban en burbujas. Era curioso, jamás se había sentido atraído por ningún tipo de música y ahora estaba aquí, sintiéndose parte de algo misterioso.
Me gustaría estar bajo el mar
En el jardín de un pulpo a la sombra
Era curioso también ver bailar a todos, pero lo resultaba más ver a Ron tejiendo pasos y giros, entusiasmado como nunca. Su desaliñado cabello pelirrojo se movía cuando seguía el compás de la música con la cabeza. También él era ahora parte de eso, pese a su reprobación a casi todo desde un principio.
Estaríamos calientitos bajo la tormenta
En nuestro pequeño escondite bajo las olas
Alcanzó a ver como Elphias Doge arrojaba comida sobre Dedalus, y este, en venganza intentaba meterle la cabeza dentro del ponche que burbujeaba en la mesa, pero Elphias, más rápido que un delfín, huyó riendo mientras Dedalus lo seguía muy de cerca.
Gritaríamos y nadaríamos alrededor
Del coral que vive bajo las olas
Pomona se divertía de lo lindo danzando alrededor de Flitwick como una de esas mariposillas que rondan la luz. El futuro profesor de encantamientos, rodando los ojos, continuó saboreando un pastel de zarzamora con chocolate blanco, especialidad de los elfos, mientras, más allá, Trewlaney intentaba hacer bailar a Algie. No parecía tener éxito, y la molestia de Agus, no la ayudaba en nada.
Me gustaría estar bajo el marEn el jardín de un pulpo contigo.
Se alejó cabizbaja, pero no duró mucho tiempo en ese estado. Casi al instante gritó emocionada cuando la siguiente melodía comenzó a escucharse. Con pavor, Harry observó como desistía de su propósito de hacer bailar a Longbottom y encontraba un nuevo objetivo. Por supuesto era él. La vio acercarse moviéndose al viento como bailarina, agitando sus brazos mientras las enormes mangas resbalaban por ellos y las múltiples pulseras tintineaban como si fueran la risa de un niño. Sibyl (Harry ahora lo sabía) no era de las que aceptaba un no por respuesta, así que lo tomó de la mano y lo llevó con ella. Harry no tenía ni idea de cómo podía bailarse esa maldita cosa, pero al parecer no importaba tanto, todo consistía en moverse según la imaginación de cada uno.
Adiós Ruby Martes,
¿quién podría ponerte un nombre?
Cuando marchas con cada nuevo día,
aún voy a extrañarte.
Excelente marco para una despedida, pero aún faltaba más. Faltaba ver la risa contagiosa de Trewlaney y esa chifladura que a ratos podía ser contagiosa. Cierto, Harry lo juraría ante todo un consejo de magos: preferiría comerse cien pastelillos preparados por Hagrid antes que permitir que los demás supieran lo del recibimiento de Trewlaney cuando llegó a ese sitio, o peor aún, lo del armario de escobas; pero aún así, con todo y eso, no podía negar esa especie de hechizo maligno (no podía calificarlo de otra manera) desprendido de la bruja más insólita de todas, pero bailaba ahora con ella y reía tanto como solía reír con Luna. Y también ahora lo embargaba una especie de paz.
No fue la única canción que compartió con ella, Trewlaney, por supuesto , no lo dejaría ir tan fácilmente, vinieron otras y otras más. Bailaron, tal vez más que en toda su vida, Trewlaney sonreía y aunque estaba completamente chiflada, Harry no podría decir que no se la estaba pasando bien.
Con que no se le ocurriera besarlo.
Una insinuante y descarada melodía se abrió paso. Harry, por su propio bien, se disculpó. Tenía hambre y aún no había probado nada y ese sería un buen pretexto. Se dirigió a la fuente de comida, y en tanto saboreaba un delicioso pastel de calabaza, observaba entre contento y admirado a Albus y a Abeforth dando cátedra de cómo se debía bailar.
Yo conocí a una reina de taberna
empapada de ginebra...
Trasmitiendo y sintiendo el ritmo por cada poro de la piel. Retorciéndose y saltando. Hirviendo de descaro y rebeldía. Era fantástico, hipnotizante.
Son las mujeres de Honky Tonk,
dame, dame el blues de Honky Tonk.
Pronto se les unió Trewlaney, Pomona, Flitwick y Dedalus Diggle. Para sorpresa de Harry, Minerva también se coló. Magistral y apabullante, con esa presencia fuerte y autoritaria. Moviéndose a ritmo de blues y demostrando porque precisamente era ella la principal cómplice de Albus Dumbledore a través de los tiempos.
La dama entonces me cubrió de rosas.
Ella sopló mi nariz y desquició mi mente...
Son las mujeres de Honky Tonk,
dame, dame el blues de Honky Tonk.
Harry miró el giratiempo y notó alarmado que casi giraba ya de forma corriente, dentro de poco sería hora de regresar. El problema sería como hacerlo sin llamar tanto la atención. Para su mala suerte, la tranquilidad se había adueñado del ambiente.
Es fácil vivir con los ojos cerrados
Sin comprender nada de lo que ves.
Se acercó a Neville primero, quién muy solícito guiaba ahora suavemente a Minerva, no quería interrumpir pero por su bien, tenía que hacerlo. Lo llamó discretamente y luego le susurró al oído que el tiempo se les había agotado, que sería hora de irse, Neville, aturdido, preguntó si tendrían que despedirse. Harry ya lo había previsto y creyó que sería más problema dar explicaciones, así que había ideado un plan, se irían en cuanto él se acercara al gramófono y les dedicara a todos una canción, entonces, fingirían bailar y bailando poco a poco se alejarían. Neville asintió, con ojos extraviados.
Creo que no hay nadie en mi árbol
O sea que debe de ser alto o bajo
Para que no puedas sintonizar
Luego fue hasta donde Ron y Hermione se encontraban bebiendo una infusión de menta y charlando animadamente. Les dijo el plan. Hermione lo miró un poco decepcionada y Ron muy contento, pero mirando a su alrededor ya con cierta nostalgia.
Nada es realY no hay nada por lo que preocuparse
Campos de Fresas para siempre
¿Qué se le iba a hacer? Tal vez sus amigos no estaban muy convencidos pero no podían quedarse en ese sitio. Llegado el momento oportuno, Harry alcanzó el gramófono y pidió la atención de todos. Tenía que distraerlos, tenía que emocionarlos hasta el grado de que no se dieran cuenta que ellos se marchaban, ¿qué canción sería la elegida? Maldita sea, si al menos él supiera un poco de los gustos musicales de hippies melenudos. Lanzaba de vez en vez una ojeada a los discos intentando no equivocarse, mientras se inventaba a toda prisa un discurso en honor de los festejados. – Ehh... quisiera tener palabras para desearles a Estella y a Roonil la mejor de las bodas cósmicas, pero no las tengo – diablos, gracias al cielo no era orador o se moriría de hambre – he estado con ellos durante años y sé, lejos de bodas cósmicas o de otro tipo, que ambos siempre estarán unidos – entonces lo vio, desde una de las portada la imagen de cuatro tipos extraños disfrazados de animales atravesó su horizonte. Ya sabía que canción elegiría – La vida es una canción sin sentido – dijo animado – no hay que entenderla, sino vivirla, sé que ustedes lo hacen con intensidad – miró a Albus y le sonrió inevitablemente triste, era una pena tener que alejarse de ese Dumbledore chispeante de juventud - por lo tanto, quiero que escuchen esta canción, es para todos ustedes...
Yo soy él y tú eres él y tú eres yoY todos somos a la vez
Un clamor estruendoso asustó a los animales dorados. Por lo visto había sido una buena elección. Sin pensarlo dos veces, todos los ahí presentes se pusieron a bailar, saltar y girar bajo una lluvia de flores blancas que había convocado Flitwick.
Mira cómo corren
Como cerdos ante un rifle
Mira cómo vuelan Estoy llorandoRon y Hermione hicieron lo propio. En tanto Hermione se abría paso bailando entre los demás, Ron saltaba detrás de ella agitando su cabeza alegremente.
Sentado en un copo de maíz
Esperando que llegue la camioneta
Camiseta de la corporación
Maldito martes estúpido, tíoHas sido un mal chico
Se te ha puesto la cara larga
Neville saltaba y resaltaba entre los invitados con su traje violeta. Pasó junto a Algie Longbottom y le dio un fuerte abrazo afectivo, apretándolo como queriendo fundirse a él, lo soltó, se giró y le dio un beso en la frente a Agus. Ambos le sonrieron sorprendidos, sin dejar de cantar.
Yo soy el hombre huevo
Ellos son los hombres huevo
Yo soy la morsa
Gu gu g'jubHarry aplaudía simulando euforia, al pasar junto a Albus, lo miró una vez más. La melena de este se movía salvaje cuando seguía el ritmo hasta con la punta de los pies. No cabía duda, Albus Dumbledore siempre sería excepcional.
Sr. Policía de la Ciudad
El precioso policía sentado en fila
Mira cómo vuelan
Como Lucy en el cielo
Mira cómo corren
Estoy llorando
Estoy llorando
Trewlaney y Pomona bailaban juntas, cuando pasó junto a ellas. Trewlaney le guiñó un ojo y se ajustó los lentes, estaría chiflada de por vida pero eso no evitaba que fuera una buena persona. Al igual que Sprout. Entonces lo supo, ya no vería a todos ellos igual. Su perspectiva ahora sería difusa. Estarían rodeados de campos y fresas y pulpos y morsas, por siempre.
Natilla de sustancia amarillentaGoteando del ojo de un perro muerto
Pescadera de cangrejos de cámara frigorífica
Sacerdotisa pornográfica
Oye, has sido una mala chica
Te bajaste las bragas
Hermione fue la primera en alcanzar el sitio donde los árboles se hacían más numerosos. Rápidamente desapareció detrás de ellos. Luego le siguió Ron. Harry notó que miraba una vez más a Abeforth, que por una vez se involucraba y parecía feliz al lado de otros. No podía decir nada, y se perdió entre los árboles.
Yo soy el hombre huevo
Ellos son los hombres huevo
Yo soy la morsa
Gu gu g'jub
Neville exclamaba feliz "¡yo soy el hombre huevo!" y al llegar al lado de Minerva la abrazó para darle un beso en la mejilla, le dedicó una mirada brillante, y también desapareció.
Sentado en un jardín inglésEsperando el sol
Si no sale el sol te pones moreno
De estar bajo la lluvia inglesa
En pocos minutos Harry les dio alcance. Les anunció que tendrían que correr a todo lo que les diera sus pies, pues era necesario dar un rodeo para no encontrarse a nadie y el giratiempo cada vez iba más lento. Lo miró, tenían que llegar cuanto antes al cuarto de los elfos. A la distancia aún podían escucharse las voces asegurando de forma disparatada "Yo soy el hombre huevo. Ellos son los hombres huevo. Yo soy la morsa..."
- ¡Excelente elección Harry! – musitó Hermione jadeando por el esfuerzo – mis padres...
Pero antes de decir que sus padres la escuchaban, Harry de un tirón la llevó detrás de él. Ya casi no quedaba tiempo.
¿Cómo habían logrado llegar hasta su destino literalmente en el último momento? Nunca podrían decirlo con exactitud, sólo sabían que por un instante creyeron que jamás volverían a recuperar el aliento. Atravesaron la puerta como una exhalación, se pusieron al alcance del giratiempo, hubo un destello de luz... y al fin, el viaje había terminado.
***
Gracias, mil gracias por sus comentarios, sólo un capítulo más y concluyo esta historia. Si pueden encontrar las canciones a las que se hace alusión en este capítulo y escucharlas (si no lo han hecho ya), disfrutarán verdaderamente de la magia hecha música. La primera es "Lucy en el cielo de diamantes" de los Beatles, y hago alusión a ella con las flores de Minerva que crecen increíblemente altas. La canción con la que empieza la ceremonia es "Eres arcoiris" de los Rolling Stone. La que suena mientras Albus oficia la boda es "La balada de John y Yoko" y creo que no les tengo que decir de quién es. La canción del baile de bodas es "Ahí viene el sol" de los Beatles. La canción donde se zambullen las ideas de Harry es "El jardín del pulpo", también de los Beatles. La canción que bailan Trewlaney y Harry es "Adiós, Ruby Martes" de los Rolling Stone. La canción con la que Albus y Abeforth dan cátedra, es "Mujeres de Honky Tonk" de los Stone. La canción con la que la tranquilidad se adueña del ambiente, es "Campos de fresa por siempre" de los Beatles. Por último, la canción que elige Harry para distraer a todos es "Soy la morsa" de los Beatles. La frase de "La ceremonia está por empezar" que grita Abeforth, alude a los Doors. Una vez más, gracias por llegar hasta aquí.
