A modo de epílogo.

16.- Al final de cuentas, todos vivimos en un submarino amarillo.

Les costó trabajo enfocar todo al principio. Por un segundo dudaron si el lugar donde estaban era el cuarto de los elfos de su época. Lo era sin duda. Aún había rastros de espuma y uniformes por todos lados. Un movimiento de varita de Hermione y todo en orden. "Hey, Snape dijo que sin magia" protestó Neville a lo que ella contestó que no tenían tiempo para esos detalles. Salieron. El castillo ahora se les antojaba extraño, sin flores, sin colores, sin protestas pintadas y sin Abeforth y Albus brincoteando por ahí. Se dieron cuenta que no estaban solos al escuchar risitas detrás de ellos.

- ¡Miren! ¡Ahora los Gryffindor se han organizado una fiesta de disfraces!... ¡Eso te queda bien, Potter! ¡Un atuendo tan ridículo va con tu patética personalidad!

- ¡Mierda! – maldijo Harry por lo bajo mirando apenas a Draco Malfoy y a otros Slytherin que no paraban de reír - ¡se nos olvidó cambiarnos de ropa!

- ¿De qué te quejas? – preguntó Neville horrorizado intentando ocultarse detrás de Ron - ¡Yo traigo puesto un traje color violeta!

Y en efecto, tanto el traje de Neville como el de los demás, causaba hilaridad entre los alumnos. Lo mejor era llegar cuanto antes a la Torre Gryffindor o encontrar ayuda.

- ¿Se puede saber por qué están vestidos de esa manera?

Ginny Weasley, boquiabierta mirándolos de arriba abajo.

Tomándola del brazo, Hermione salió al paso – Ginny, es una historia larga de explicar, ahora por favor, deja de hacer preguntas y llévanos a un sitio donde podamos cambiarnos.

- Podría ser el cuarto de requerimientos, está cerca de aquí y podría serles útil – respondió detrás de ellos una voz de ensueño – aunque si me lo preguntan, creo que deberían quedarse así, luce fantástica esa ropa.

- Si a Luna le parece fantástica significa que debemos cambiarnos enseguida – murmuró Ron con un dejo de ironía.

- ¡Neville! ¡Deberías conseguirme una cita con tu sastre personal! ¡Mataría por un traje como el tuyo! – le gritaron desde una de las escaleras cambiantes, al mirar, descubrieron a Seamus y Dean riendo a mandíbula batiente.

- Será mejor que corramos – opinó Harry y a toda prisa subieron las escaleras cambiantes y se dirigieron al cuarto de requerimientos. En cuanto llegaron ya estaba la puerta esperándolos. Tal era su urgencia. Entraron en un barullo y cerraron la puerta. Una serie de vestidores y muchas túnicas de color decente y sobre todo, nuevas, los esperaban.

- Insisto en que deberían quedarse así – Luna, con ese aire soñador, los evaluaba al parecer muy convencida, su mirada se fijó en Hermione – en especial tú Hermione, te ves muy bien así.

- Ahora que lo mencionas... – murmuró Ginny mirando con ojos atentos a su amiga – Es verdad, no me había fijado – sonrió extrañada – no han explicado porque están vestidos así, se ven muy raros.

Mientras se cambiaban les contaron todo a Ginny y a Luna, o casi todo. Aunque a Ron se le escapó lo de Trewlaney, Harry no diría ni bajo tortura ciertos detalles. A Ginny, en cambio, pareció hacerle mucha gracia – creo que de ahora en adelante, me cuidaré de cuando vayas a adivinación. – Dijo, logrando una protesta ahogada por parte de Harry, luego añadió con algo de decepción – que mal, me hubiera encantado ir con ustedes., ¿creen que hubiera sido una buena kippie?

- Yo no sé tú, pero Luna ni dudarlo – opinó Ron mirando a la Ravenclaw poniéndose la flor que Hermione acababa de quitarse.

Cuando salieron del cuarto de requerimientos ya con ropa de diario, tomaron rumbos distintos. Luna, se fue sola dando saltitos por el pasillo, con la flor detrás de la oreja sin preocuparse por las risitas que la saludaban al pasar. La miraron un buen rato mientras se alejaba. Les daba la sensación de que ella siempre había tenido una especie de magia semejante a la de aquél viaje, pero jamás lo habían notado.

Neville se despidió tartamudeando algo ininteligible. Los colores subieron a su cara y se marchó corriendo.

Ginny tomó a Harry de la mano y se lo llevó diciéndole con una sonrisa malvada – hay muchas cosas que tendrás que explicarme jovencito – mientras Harry ponía los ojos en blanco y le murmuraba "Ginny, por favor".

Ron y Hermione los vieron irse, entonces el pelirrojo murmuró poniendo cuidado en que no se viera ni un alma - ¿sabes qué pienso? En que de la boda cósmica faltó lo más importante...

Hermione sólo dejó escapar una sonrisa maravillosa.


Las bodas cósmicas eran extrañas y completamente absurdas. Si a Ron le hubieran preguntado su opinión al respecto antes del accidente con el giratiempo, hubiera respondido con toda la sinceridad de su alma que eso era una completa estupidez. Claro, eso hubiera dicho antes, pero ahora las cosas eran distintas.

Por que una de las consecuencias de las bodas cósmicas era la luna de miel. De quien nadie había hablado y a lo mejor ni siquiera estaba estipulado, pero que Ron necesitaba con urgencia. Necesitaba tener a Hermione a su lado, mientras sus manos se deslizaban por debajo de su ropa, de su falda y se volvían más atrevidas de lo que él esperaría, pero ¡Merlín! ¿Cómo podía haber esperado tanto?

Por qué Hermione en sus manos se convertía en la más misteriosa y fascinante de sus aventuras. Más que aquél viaje y más que aquella ocasión en la que voló por primera vez en escoba. Se deshacía gimiendo su nombre y su piel era suave y salada y era más de lo que hubiese esperado. Esa Hermione era casi un enigma desconocido y lo mejor de todo era que solamente él estaba destinado a descifrarlo.

Por que Hermione sabía a menta y a lluvia y a todas esas cosas compartidas durante años. Y ahora todo era tan simple. Estar dentro de ella sintiendo su calor, agitarse y desvanecerse en un segundo. Fundirse con ella. Saber a ciencia cierta que en esa época y en cualquier otra, entre música o entre flores, lo mejor de su vida siempre estaría con Hermione.


Tocó la puerta, pensando por una fracción de segundo que era un error épico estar ahí.

¿No sería más sensato dar media vuelta y echar a correr?

Por que la verdad era que todo había quedado atrás, junto con las vueltas del giratiempo.

Su momento de duda sólo sirvió para que unos pasos se oyeran cercanos y pronto se abriera la puerta.

- ¿Si?... Ah, señor Longbottom, ¿qué se le ofrece?

Minerva McGonagall y como resultado su valor huyendo al quinto piso. La vio. Tartamudeó una respuesta y su profesora enarcó una ceja intrigada.

- ¿Sucede algo? – preguntó con cortesía.

Sucedía todo. Sucedía que ya no era la joven de dieciséis años y era de nuevo la imponente profesora de transformaciones. Sucedía que Neville la admiraba más que nunca y sentía que el sueño del que había despertado había sido el más hermoso pero era eso: un sueño. Y ahora clavado ahí, en el piso, frente a la realidad, no pudo evitar una sonrisa y sentir ternura por que al fin y al cabo que era la vida sin sueños.

- Profesora –dijo ahora más seguro – sólo... sólo quería darle esto – dijo y le ofreció una flor. Minerva McGonagall lo miró extrañada. Luego suspiró.

- Muy agradecida señor Longbottom, pero si piensa que por halagos propios de adolescentes voy a disculparle de sus deberes de la semana por que le parecen complicados, debe saber que esta en un error.

Neville negó con la cabeza – oh, no profesora, no es eso, sólo quería demostrarle mi agradecimiento por... por todo.

Minerva McGonagall no sonrió, pero por un instante su mirada estuvo llena de juventud.

- Gracias y ahora, si me disculpa... – antes de cerrar la puerta se quedó un segundo pensando, olió la flor y estudió a Neville detenidamente – estoy segura señor Longbottom, de que en alguna parte de este mundo hay alguien que sabrá apreciarle, y será afortunada – negó confundida y se acomodó las gafas – ahora me retiro, comienzo a decir necedades, no sé que me pasa.

Cerró la puerta. Neville se quedó un rato mirando la madera y se volvió para irse.

Sonrió para si mismo, terminaba un sueño pero seguro, muy seguro, con giratiempos o sin ellos, ese sueño no sería jamás el único.


- Harry, mira... – se asomó por el ventanal donde Ginny se encontraba sentada balanceando los pies. Desde donde estaban, podía verse claramente el patio principal del colegio. Pudo distinguir a Albus Dumbledore charlando con Sybil Trewlaney muy animadamente. Poco después se les unió Flitwick y la profesora Sprout. - ¿De que estarán hablando?

Harry no sabía la respuesta a la pregunta de Ginny, pero se entretuvo inventando una – de música, quizás.

Ginny rió bajito, y regresó su mirada a ellos. Para sorpresa de ambos chicos, Albus hizo como si tocara un violín y Trewlaney comenzó a bailar. Sprout reía divertida mientras Flitwick, con algo de embarazo, negaba con la cabeza.

- No sé como no reconociste a Trewlaney de inmediato – apuntó Ginny con gracia – como dice Ron siempre ha estado algo tocada de la cabeza – reflexionó viendo como Albus daba vueltas tocando su violín imaginario - ¿sabes que pienso? Que al final de cuentas son siempre como en aquél viaje, mágicos y absurdos, y no debes extrañarlos tanto, basta con que los veas – y al decir aquello Sprout se unió al baile de Trewlaney mientras Albus llegaba al paroxismo musical ocasionando la curiosidad en varios alumnos, que hacían un corrillo para observarlos divertidos.

- Al final de cuentas todos vivimos en un submarino amarillo.

Ginny se volvió con la interrogación en la cara. Harry sólo sonrió y la tomó de la mano – será mejor que bajes de ahí, es hora de ir a clases.

Ginny obedeció y mientras se encaminaban al pasillo donde se separarían para ir cada uno a sus clases, en la mente de Harry sonaba repetitiva la estrofa de una canción escuchada en algún lado de su mundo muggle.

Y todos nuestros amigos están a bordo

Muchos más viven al lado

Y la banda empieza a tocar.

Le costaría un poco de trabajo volver a la normalidad. Eso era cierto. Pero también lo era que no volvería a hacerlo del todo, y quizás, al fin de cuentas, no sería tan malo refugiarse de vez en vez en un submarino amarillo y vivir un segundo debajo de olas o surcar hacia el sol.

Con Albus Dumbledore cerca, seguro sería posible hacerlo.


- Ron...

- ¿Si?

- ¿Y qué se supone que vas a ganar con esto?

El pelirrojo contestó con gravedad – cumplir una promesa.

Hermione ya no insistió más, a su lado, Harry, guardaba con parsimonia la capa de invisibilidad dentro de su mochila. A instancias de Ron habían escapado por el pasadizo que llevaba directo a Hogsmeade y ahí estaban ya, dirigiéndose a aquél tugurio.

Entraron a Cabeza de Puerco. Detrás de la barra, extraño y solitario, Abeforth limpiaba la barra con un trapo mugriento. El estómago de Ron dio un vuelco nervioso.

- Anda, ve.- Murmuró Hermione empujando a Ron suavemente.

Hermione y Harry lo siguieron. Acomodándose en la barra, Ron saludó con torpeza.

- Ho... hola.

Tal vez sonreía demasiado, porque en los ojos de Abeforth brilló la desconfianza.

- ¿Qué es lo que van a querer? - preguntó golpeadamente. La sonrisa se borró de los labios de Ron, miró a Harry, luego a Hermione y se aclaró la garganta.

- Tres cervezas de mantequilla por favor.

Abeforth, con desgano, destapó las polvorientas botellas y las dejó frente a ellos. Miró fugazmente a Ron y continuó limpiando. De pronto, se detuvo y levantó la vista hacia él.

- ¿Por qué me da la impresión de que te conozco?

- Soy un Weasley. – Contestó. Lo cual no pareció convencer del todo al cantinero.

- No, no es por eso – murmuró y lo observó detenidamente – siento que... no sé...

Ron se quedó un momento perplejo y luego se encogió de hombros.

Abeforth murmuró algo entre dientes con gesto chocante. Luego se volvió a acomodar unas cervezas de mantequilla, pero se quedó un momento con la mano levantada. Dudando en voltear, suspiró y enfrentó a Ron - ¿y porqué siento que tengo algo que agradecerte?

Ron sonrió con cautela y volvió a encogerse de hombros. Vio a Harry y a Hermione quienes lo miraban radiantes, pero no dijo nada. Entonces, Abeforth, incómodo y confundido, se volvió dispuesto a marcharse a la trastienda.

- Oh, luna de Alabama...

Se detuvo en seco cuando Ron se aventuró a canturrear por lo bajo, regresó a zancadas y en un segundo estuvo ante él - ¿porqué estás cantando eso?

- No sé, se me ocurrió, es una buena canción... de hecho, creo que me gustaría brindar por la luna de Alabama con un poco de wiskey – balbuceó Ron un poco intimidado ante el gesto de ferocidad de Abeforth.

- ¿Te gusta cumplir tus promesas? – Ante la pregunta Ron reaccionó confundido, ¿recordaría algo Abeforth? Casi lo veía de nuevo frente a él con su corbata verde brillante. Asintió.

Abeforth lo miró turbado, preocupado, susurrando algo como "¿pero qué mierda me pasa?". Entró en una habitación contigua y se escuchó el sonido de varias botellas. Regresó con tres copas impecablemente limpias y una botella de wiskey. Llenó los vasos con una generosa cantidad de licor y fue poniéndolos frente a ellos.

- Es a cuenta de la casa – susurró – y no tienen que preguntar porqué... el día de hoy me encuentro algo sentimental – y sonrió de lado. Se dio la vuelta susurrando entre dientes – oh, luna de Alabama, tenemos que decir adiós...

Los tres chicos lo vieron desaparecer detrás de una cortina. Aunque Ron ya sabía de antemano que no estaba muerto ni encerrado en San Mungo, se sentía un poco reconfortado por cumplir su promesa. Abeforth jamás sería de nuevo aquél Abeforth de bucles que jugaba con un juguete de niñas, pero siempre conservaría la insolencia y la rebeldía brillando en sus ojos azules. Tal vez debiera brindarse por eso. Levantó su copa y sus amigos lo imitaron. Apuraron el trago para regresar a clases. Afuera, la nieve impertinente caía en suaves copos como una cascada de flores blancas sobre un Hogsmeade solitario.

FIN.

Gracias a todos por sus comentarios y por seguir esta historia hasta el final. Como último comentario: la canción en la que piensa Harry, es, por supuesto, Submarino amarillo de los Beatles. Espero que como siguieron esta historia, sigan otra que tengo planeada, un post Hogwarts, Luna/Harry aderezado con un R/HR, ¿o al revés? En fin, gracias nuevamente.