Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

¡Tercer capítulo y por fin presentamos a nuestro chihuahua favorito! Se ha hecho de rogar, estaba muy ocupado haciendo cosas de héroe profesional. Hoy sale el capítulo un poquito más pronto, que esta noche tengo concierto por primera vez desde lo que se asemeja una eternidad (verano de 2019), así que quería dejarlo listo para no preocuparme a la vuelta.


EL LADRÓN DE DONES (PARTE I)

Lo primero que Katsuki hace al llegar es otear entre los presentes, pero Shouto no está. Sí puede distinguir, al fondo de la sala, cerca de Makomo Shimizu, la presidenta de la Comisión de Héroes, a Yaoyorozu e Iida, pero estos no lo ven y él no se acerca a saludarlos. La compañía de los funcionarios de la Comisión de Seguridad Pública de Héroes no le molesta, pero la de los directivos y cargos políticos responsables de ella sí. Al menos su dos antiguos compañeros de academia no están sentados en la mesa con aires de superioridad, están ocupados charlando frenéticamente con varias personas. A Shimizu la flanquean un envejecido y agotado Yokumiro Mera, actual secretario de la Comisión, y un hombre alto, delgado y con una nariz prominente que Katsuki cree haber visto en algún otro lugar, pero que es incapaz de ubicar dónde fue o quién es.

Son pocas personas para una sala que está diseñada para multitudes mayores. Katsuki sí tiene recuerdos de ver, hace años, en las actualizaciones bianuales del ranking de héroes, este lugar lleno de personas que acuden a la ceremonia, pero ahora hay apenas cinco decenas de héroes, dispersos en pequeños grupitos. En un extremo de la sala, cerca del estrado pero lo suficientemente apartados como para no ser relacionados con la directiva, está Best Jeanist, cortésmente inclinado hacia un Hawks que habla alegremente. Con un rictus de incomodidad, se acerca a ellos: si tiene que interactuar con alguien, prefiere que sea su antiguo mentor, nunca se ha sentido cómodo con el héroe alado, demasiado cerca de la actividad política de la Comisión para su gusto.

—Dynamight. —El primero en saludarlo es, precisamente, Hawks, que se inclina brevemente hacia él en un gesto de cortesía. Katsuki le corresponde con un asentimiento seco y desabrido.

—¿Cuándo empezamos? —gruñe. Best Jeanist lo censura con la mirada, pero hay un matiz divertido en sus ojos, el de alguien que le conoce desde que tenía quince años y lo ha visto crecer y sabe perfectamente cuál es su carácter. Katsuki no tiene claro si le gusta o no eso así que, en lugar de sostener la mirada a su antiguo mentor, taladra con la mirada a Hawks, esperando una respuesta de él.

—Todavía falta gente por llegar —dice este, encogiéndose de hombros.

—No mucha —lamenta Best Jeanist, mirando a su alrededor como Katsuki un par de minutos antes—. Fat Gum y los suyos, los Todoroki y un par de los héroes autónomos, como Aizawa y Monoma. —Katsuki resopla al oír el nombre de su antiguo compañero y rival de la U.A. junto al de su extutor, lo cual suscita otra sonrisa curiosa en Hawks, que lo mira con la cabeza ladeada.

—No sé si Eraserhead vendrá —dice Hawks, utilizando el nombre de héroe del profesor Aizawa.

—Pensé que estabas mejor informado, pájaro —gruñe Katsuki, exasperado, señalando con la barbilla hacia la puerta, por donde el profesor Aizawa está entrando justo en este momento. Viene acompañado por Nezu, el viejo director de la U.A. y Recovery Girl, ambos diminutos al lado de la alta estatura del héroe.

Por primera vez desde que Katsuki comenzó a trabajar como héroe profesional, lo ve sin la compañía de Present Mic y eso hace que la noticia de su heroico fallecimiento en combate se torne real y palpable. Igual que Aizawa, Yamada también fue profesor suyo en la U.A. y, aunque Katsuki y él nunca tuvieron una relación especialmente estrecha y lo recuerda especialmente cargante con sus gritos y ropas extravagantes, lamenta sinceramente la pérdida de alguien que ha formado parte de su vida. Además, el rostro ya habitualmente cansado de Aizawa está más devastado de lo que Katsuki está acostumbrado: sus ojeras son enormes, tiene los ojos enrojecidos y un rictus triste en los labios, demostrando una pena que delata la cercanía con el héroe fallecido que, hasta ahora, Katsuki sólo había intuido.

—Vamos —dice Best Jeanist, sujetando amablemente el codo de Katsuki para guiarlo hasta Aizawa, que está rodeado de algunos héroes más, y evitar que eluda el trámite de transmitirle el pésame y el apoyo emocional que puedan ofrecerle.

Incómodo, Katsuki se limita a estrechar la mano de Aizawa, asintiendo con los labios apretados al ver los enrojecidos ojos del profesor. De pie entre Hawks y Best Jeanist, ve de reojo a Fat Gum y los dos héroes que conforman su agencia actualmente, Lemillion y Suneater, entrar en la sala, localizar a Aizawa y dirigirse hacia allí también. De pronto, aunque la sala es enorme, la mayor parte de la gente está concentrada en la misma zona, y el agobio hace que se agote mentalmente. Componiendo un gesto de desinteresado desdén para disimular, vuelve a otear la entrada en busca de Shouto, que todavía no ha llegado; algo que le extraña ya que suele ser puntual. Sobre todo, sigue evitando cuidadosamente el contacto visual con la mesa donde los miembros de la élite que dirige la Comisión de Seguridad Pública de Héroes todavía hablan entre ellos, ignorando a los héroes, aparentemente esperando a que estén todos para empezar la comparecencia privada.

A Katsuki nunca le ha gustado la Comisión. No le gustan su directora estirada, ni sus protocolos y reglas a veces absurdas. Best Jeanist suele bromear con que Katsuki todavía ha sido incapaz de abandonar su fase de rebeldía adolescente a pesar de rozar casi los treinta, pero a él tampoco le termina de gustar la gestión que ha hecho en los últimos años. Ni tampoco a Shouto, aunque quizá en su caso tenga que ver con que Endeavour ostenta un puesto de representación en ella como héroe profesional más antiguo en activo y sí sea pura intención de llevar la contraria a su padre.

—No ha sido culpa tuya —está murmurando Best Jeanist a Aizawa, con una mano encima de su hombro. Katsuki aprieta la mandíbula, pues ya se ha enterado de que, al parecer, Present Mic estaba allí tramitando un permiso para interrogar a Kurogiri, pero no dice nada. Best Jeanist tiene razón, y que él lo repita no va a servir de nada. Al lado de Katsuki, Hawks se remueve, también incómodo y nervioso.

—¿Qué? —pregunta Katsuki, desabrido, al notar que el otro héroe lo mira con una expresión extraña.

—Que sois enormes. ¿Qué narices os dieron de comer cuando erais pequeños para que crecieseis como dos torres? Siempre me siento enano a vuestro lado. Y para rematar, ahí vienen los Todoroki —responde Hawks, señalando hacia la entrada, donde Shouto y su padre entran acompañados de un par de héroes de apoyo de su agencia. Katsuki no consigue dilucidar si Hawks bromea o le fastidia realmente el tema de la altura, a pesar de que con sus alas aparenta mucha más de la que tiene.

—Katsuki… —Shouto lo saluda con un gesto de la cabeza tras acercarse a Aizawa e intercambiar unas pocas palabras con él y después asiente cortésmente hacia Best Jeanist y Hawks.

—¡Endeavour! ¡Te veo bien! —dice Hawks hacia el héroe de fuego, grandote y serio, que mira a su alrededor con el ceño fruncido.

—Parece que los rumores sobre tu estado de salud son erróneos —masculla Shouto, en cambio, con voz átona. Katsuki estira la comisura del labio conteniendo una carcajada al escucharlo. Shouto, igual que Iida y Yaoyorozu, asistió con él a la U.A. y, con los años, han conseguido pasar de una ostentosa rivalidad a una amistad sólida. De su promoción sólo quedan ellos cuatro y Monoma en activo como héroes profesionales. Eijiro y Mina, como tantos otros, acabaron abandonando la profesión a pesar de haber podido graduarse con normalidad antes de que las cosas cambiasen y el número de héroes y de agencias se redujese sustancialmente hasta el punto de que academias como la U.A. apenas entrenan héroes profesionales y ha surgido la figura del personal de apoyo—. Al menos, no pareces enfermo.

—La vieja Recovery Girl tiene mucho que ver en ello —admite Hawks con descaro, señalando a la vieja heroína, ya fuera del servicio activo aunque esté allí, que protesta al oír el calificativo—. Ya sabéis, un besito de la anciana y en unas horas empiezas a sentirte como nuevo. Lástima que no haga crecer las cosas perdidas —concluye mientras enseña su mano izquierda, donde faltan las yemas de los dedos meñique y anular y cuyos muñones tienen un aspecto ennegrecido.

—Creía que utilizabas guantes para la temperatura gélida del aire —dice Endeavour con su voz profunda. Rodeado de ellos cuatro, es cierto que Hawks parece diminuto. Los dos metros de altura de Shouto y Katsuki superan por poco a Endeavour y Best Jeanist, pero en conjunto destacan entre la pequeña multitud de héroes que los rodea y, a su lado, Hawks parece un pajarillo despeinado lleno de plumas. Katsuki no reprime la sonrisa maliciosa que le asoma a los labios y Shouto enarca una ceja, preguntándole silenciosamente qué es lo que le ha hecho gracia, pero este niega con la cabeza para quitarle importancia.

Shouto había dado el estirón cuando todavía estudiaban en la U.A. Un día había enfermado de una fuerte gripe que lo había hecho delirar de la fiebre durante casi una semana y, cuando se había levantado de la cama, un poco débil todavía, los pantalones ni siquiera le rozaban los tobillos. Katsuki, en cambio, había crecido lento pero seguro y no había alcanzado su estatura máxima hasta ya entrada la veintena. Sin embargo, mientras que el primero había crecido delgado y espigado, la constitución de Katsuki es mucho más ancha y musculosa, más similar a Endeavour que a la del hijo de este.

—Hawks… —Fat Gum, enorme, se dirige a ellos. Katsuki pone los ojos en blanco al ver que Suneater procura quedarse por detrás de su jefe de agencia e ignora deliberadamente el entusiasta saludo de Lemillion—. ¿Qué ha ocurrido exactamente? Hemos oído rumores, pero…

—Oh, seguramente sean correctos si vienen del joven Todoroki. —Shouto vuelve a elevar una ceja para aceptar la pulla de Hawks y se mete las manos en los bolsillos, acercándose a Katsuki como si fuese a decirle algo, pero no lo hace, así que este escucha la conversación del héroe alado, curioso a pesar de su aparente desinterés—. El puerto de Nagasaki y las oficinas de la prisión de Gunkanjima han quedado reducidas a cenizas. Un fuego de una temperatura mayor de la que Endeavour o Shouto pueden generar, mucho mayor.

—Dabi… —murmura Lemillion, comprendiendo. Hawks asiente—. Nunca comprendí lo de aquella prisión.

—Tártaro no era segura —dice Endeavour con su voz profunda, mirando por encima de las cabezas del resto hacia la mesa donde la directora de la Comisión sigue charlando con sus acompañantes mientras Yaoyorozu e Iida se mueven a su alrededor con rapidez, llevando varias carpetas encima.

—Gunkanjima tampoco ha resultado serlo —contesta Shouto con voz impersonal, aunque Katsuki distingue un brillo en sus ojos que delata que disfruta contrariando a su padre y poniéndolo en evidencia. No es una novedad para él, cuando Shouto abrió en Musutafu una sucursal de la agencia Endeavour, la única lo suficientemente grande como para tener presencia en dos prefecturas diferentes, lo hizo para poder trabajar para su padre sin tener que estar físicamente cerca de él. Es raro verlos interactuar, pero cuando Katsuki, cuya agencia también está en la misma ciudad, ha colaborado con ellos en algún caso, siempre han mantenido esa dinámica de tira y afloja a la que Endeavour parece resignarse con extraña paciencia.

—Permitir que hubiesen seguido en Tártaro habría supuesto una brecha de seguridad mayor —interviene Hawks, intercambiando una mirada rápida con Endeavour que hace que Katsuki recuerde que, aunque estén allí con ellos en lugar de en la mesa de la Comisión, ambos héroes tienen cargos y responsabilidades dentro de la Comisión de Seguridad Pública de Héroes.

—De hecho, hubo un intento de fuga —murmura Endeavour. Katsuki ya no simula desinterés y se vuelve hacia él con curiosidad airada. No es el único: Fat Gum, Lemillion y Suneater también parecen asombrados. Hasta Shouto aprieta los labios y frunce el ceño.

—Fue cuando atrapamos a los que quedaban de la Alianza de Villanos. Creemos que buscaban no sólo a All for One sino que también pretendían liberar a villanos como Overhaul o Stain. Al menos, Dabi y Iguchi lo intentaron —admite al ver los rostros del resto.

—¿Y la mejor idea que se os ocurrió fue encerrarlos juntos en una prisión aparte? —dice Katsuki, disgustado, en voz tan alta que llama la atención de las personas que están cerca de ellos.

—En ese momento Stain era un símbolo que no podíamos permitir que se convirtiese en un mártir y All for One algo demasiado peligroso para permitirlo estar cerca de tantos villanos —explica Endeavour entre dientes.

—Y Detnerat desarrolló la tecnología de Gunkanjima expresamente para la prisión, con todas las garantías —añade Hawks.

—No las suficientes. —Aunque es Suneater quien lo dice, en un susurro casi inaudible, sólo está poniendo en voz las palabras que Katsuki está a punto de estallar, acusadoramente, pero que contiene cuando Best Jeanist le pone la mano en el hombro.

—Está claro —asiente Endeavour, con la mirada perdida en la directora Shimizu. Es entonces, gracias al comentario de Hawks, cuando Katsuki por fin recuerda de qué conoce al hombre alto y delgado de nariz prominente: Rikiya Yotsubashi, el CEO de Detnerat, la mayor empresa de productos de soporte para héroes profesionales del país, que tiene prácticamente el monopolio. Lo ha visto en persona un par de veces, pero nunca le interesa codearse con los famosos, algo para lo cual Monoma o Lemillion tienen mucho más talento.

—¿Qué falló? —pregunta Shouto en tono práctico, pero ni Endeavour ni Hawks contentan. El primero aprieta los labios y el segundo se encoge de hombros.

—Ni siquiera se van a dignar a decírnoslo. Como si no los conociésemos ya —masculla Katsuki, que siente el cabreo bullir en su interior.

El rencor de Katsuki hacia la Comisión tiene matices personales. Durante sus estudios en la U.A. trabajó para Best Jeanist y Endeavour y todo el mundo esperaba, dado lo explosivo y ágil de su Don, que terminase trabajando para este último, que aún ostentaba el puesto número uno del ranking. Pero Katsuki siempre había querido abrir su propia agencia y peleó con uñas y dientes cada trámite burocrático hasta que la Comisión, que tras el suceso de Kamino había reducido el número de licencias de héroes profesionales y agencias que concedía, se lo había permitido. Había tenido suerte, porque otros, como Iida y Yaoyorozu, habían acabado trabajando directamente para la Comisión. Lemillion y Suneater, graduados un par de años antes que él, habían terminado contratados por Fat Gum, donde todavía estaban, otra agencia superviviente a los cambios que había suscitado la caída de All Might en Kamino. Y el resto, bien se había retirado, bien formaban parte del personal de apoyo de agencias como las de Katsuki, sin funciones de héroes profesionales o bien, como Monoma, eran héroes por cuenta propia, sin agencia ni compañeros, que participaban ocasionalmente en las misiones de diferentes prefecturas según el apoyo que fuese necesario.

—Personalmente, sospecho que no fue sólo el fuego de Dabi lo que acabó con las oficinas de la prisión y el puerto de Nagasaki. Habría tardado mucho más en arder de lo que lo hizo —dice Hawks, tras dudar unos momentos. Katsuki se pregunta por qué les está contando esto, por qué no está con el resto de altos cargos de la Comisión estableciendo una versión oficial, porque en el rostro de Hawks puede ver que no está seguro de lo que va a decir a continuación. Hasta Endeavour se ha vuelto hacia él, intrigado—. Las oficinas de la costa, en Nagasaki, estaban en un edificio enorme. Habría tardado horas en ser pasto de las llamas. Cuando Present MIc dio la voz de alarma tuve suerte, porque estaba en el despacho del alcaide, una de las salas más altas del edificio. Corrí hacia la ventana más cercana y salté a través de ella para desplegar las alas. Justo cuando saltaba, aparecieron tres de ellos por uno de los portales de Kurogiri. Shigaraki extendió el brazo para atraparme, pero sólo consiguió rozarme la mano izquierda con los dedos. Los cinco.

»Conseguí arrancarme una pluma a la vez que estabilizaba el vuelo y cortarme los dos dedos antes de que el Decay de Shigaraki se extendiese por el brazo. Para cuando me atreví a mirar atrás, las llamas azules iluminaban el cielo, pero apenas quedaba edificio para arder.

—Eso significa… —Best Jeanist no termina la frase, pero la parte de su rostro que asoma del cuello del traje ha palidecido. Katsuki se muerde las mejillas, porque significa que el poder de Shigaraki y el de Dabi, aunque no hayan podido utilizarlo durante diez años, sigue intacto y con tanta o más potencia que cuando los contuvieron en Gunkanjima.

—Se supone que una de las ventajas de esa prisión es que la anulación de sus Dones era total y no había manera de que los pudieran potenciar en el cautiverio, aunque no estuviesen totalmente inmovilizados —gruñe Katsuki.

—Siento que tuvieras que perder los dedos —dice Lemillion, en cambio, mirando con simpatía a Hawks.

—Mejor un par de falanges que un montón de cenizas y silencio —responde Hawks encogiéndose de hombros.

Katsuki reprime un estremecimiento e intercambia otra mirada con Shouto, que parece tan impresionado como él. Se pregunta cuántas horas, cuántos días podrían haber pasado sin enterarse de que la prisión ha caído si Hawks no hubiese sobrevivido, incluso en un mundo con internet, teléfonos móviles y comunicaciones instantáneas.

—Damas y caballeros… Ahora que creo que ya estamos todos… —La voz cansada de Yokumiro Mera interrumpe su conversación.

—Monoma aún no ha llegado —murmura Best Jeanist, con el ceño fruncido. Katsuki bufa, porque el chico nunca le ha caído bien, pero trabajó para Best Jeanist en sus prácticas cuando él estaba con Endeavour y está claro que el viejo héroe se preocupa por el rubio imbécil tanto como de él. «Siempre ha tenido un corazón más blando del que quiere aparentar», piensa Katsuki para sí mismo.

—La Prisión de Alta Seguridad para Villanos de Gran Peligrosidad de Gunkanjima ha caído durante la madrugada del día de ayer. —La directora Shimizu ha tomado la palabra. Tiene un gesto serio. Ni Mera ni Yotsubashi establecen contacto visual con nadie, concentrados aparentemente en sus papeles. Yaoyorozu e Iida se han quedado detrás de la mesa, apartados, y tienen cara de circunstancias, pero Katsuki duda que sepan algo. La Comisión siempre los ha tratado como peones útiles, igual que a otros héroes.

—Todavía estamos intentando esclarecer las causas del fallo de seguridad en los sistemas de contención, pero la falta de pruebas materiales está dificultando la investigación —dice Yotsubashi.

—Interesante eufemismo —masculla Katsuki, cada vez más cabreado, pero la directora Shimizu ha retomado la palabra y está pidiendo un minuto de silencio en memoria de Present Mic y su heroico sacrificio—. Como si eso fuese a solucionar…

—No es el momento —dice Best Jeanist, presionando con una mano en la espalda de Katsuki, y este obedece con los labios apretados y el ceño fruncido. A su lado, Shouto asiente, dándole la razón silenciosamente.

—¿Qué vamos a hacer ahora? —pregunta Fat Gum cuando el minuto termina. Mera suspira cansado y Yotsubashi sonríe con amargura, pero la directora Shimizu no pierde aplomo.

—Atrapar y contener de nuevo los villanos antes de que se conviertan en una amenaza para la población.

—Ya lo son —dice Katsuki en voz alta, sin poder contenerse. Un murmullo se extiende por la sala—. Han destruido una prisión completa hasta borrarla completamente, así como las instalaciones administrativas de la costa. ¿Cuánto tardarán en volver a intentar derribar la sociedad como hace trece años? Son una amenaza, lo que tenemos que evitar es que se concrete en hechos.

—Dynamight…

—Dios de la Gran Explosión Asesina Dynamight —completa Katsuki, cada vez más ofuscado.

—Dios de la Gran Explosión Asesina Dynamight —concede la presidenta Shimizu, asintiendo condescendiente—, es cierto que unos villanos de categoría tan peligrosa constituyen una amenaza que ya se ha hecho patente, pero estoy seguro de que comprende también que alarmar a la población no es algo conveniente.

—Como si la población no estuviese ya alarmada —bufa Katsuki.

—Katsu… —murmura Shouto a su lado, poniéndole la mano en el hombro.

—Por eso, Dios de la Gran Explosión Asesina Dynamight —esta vez se nota el fastidio en la voz de la presidenta al pronunciar el nombre completo—, creemos que el público necesita confiar una vez más en la acción de sus héroes. Igual que confiaban en la paz de All Might. Necesitamos recuperar un símbolo de que Japón puede hacer frente a sus enemigos.

—¡Sólo hay que derrotar a los villanos y eso nos dará la confianza en la paz! —grita Katsuki. Un murmullo de aprobación se extiende por la sala, pero la presidenta no se amilana.

—Hemos establecido un plan de contingencia. Con la ayuda de Detnerat, que ha puesto a nuestro servicio todo el potencial de su empresa, y el ejército del país, que nos cede varias instalaciones, crearemos a lo largo de todo Japón, cerca de las ciudades más grandes e importantes, una milicia ciudadana.

—¿Una milicia ciudadana? —Katsuki está tan frustrado por lo que oye, que ni siquiera es capaz de identificar la incrédula voz que se ha alzado en la sala.

—Podemos implicar a los ciudadanos en la propia defensa contra los vilanos, reforzar los efectivos profesionales de la Comisión y, cuando la Alianza de Villanos actúe, estaremos preparados para responder con contundencia —explica la presidenta con brusquedad.

—¿Ciudadanos? Quiere decir… ¿Civiles? —pregunta Lemillion.

—Sí, civiles —confirma la presidenta—. Los efectivos de la Comisión son, como bien saben, escasos. La Alianza de Villanos ya supuso un reto en el pasado, cuando los héroes profesionales triplicaban en número a los actuales y All Might protegía…

—¿Y de quién es responsabilidad que seamos apenas cinco o seis decenas para todo el país en lugar de varios centenares? —pregunta otra voz. Katsuki aprieta los dientes en una sonrisa que no tiene nada de alegre, satisfecho por no ser el único dispuesto a protestar.

—Hemos designado a los héroes a los complejos que quedan más cerca de sus zonas de acción para que se instalen en ellos. Todos están cerca de grandes núcleos de población donde trabajaremos, con la máxima discreción posible para que la Alianza de Villanos no disponga de la información suficiente, en reclutar a personas suficientes para entrenarlas en…

—¿Está diciendo que en lugar de buscar y tratar de pelear contra la Alianza de Villanos vamos a ponernos a entrenar a personas que no son héroes ni tienen formación en ello? —pregunta Katsuki, incrédulo.

—Es la manera más eficaz de disponer de suficientes efectivos para anular con seguridad y el mínimo de pérdidas posibles cualquier movimiento de la Alianza de Villanos —dice Shimizu con fingida tranquilidad, retomando las riendas de la discusión—. Hace trece años, con la Alianza de Villanos contenida en prisión, no eran necesarios tantos héroes profesionales y por eso se tomó la decisión de reducir el número de estos. Esta es una crisis puntual que podemos resolver implicando a todo el país y que nos reforzará como sociedad.

—La posición geográfica de los complejos y los recursos de estos a vuestra disposición hará que, cuando la Alianza trate de entrar en acción en cualquiera de las grandes ciudades de Japón, habrá cerca un pequeño ejército de personas con pleno dominio de sus Dones para responder a posibles ataques —añade el CEO de Detnerat con una sonrisa cortés y amable que no llega a sus ojos, fríos y calculadores.

—Ha dicho las grandes ciudades —murmura Katsuki, disgustado.

—Tenemos suficientes indicios de que pretenderán algo similar a la vez anterior: desestabilizar el país y hacerse con el poder y eso lo pueden conseguir a través de tomar el control o atacar grandes núcleos de población, donde pueden hacer destrozos más visibles —dice Mera con su voz cansada y agotada.

—Por eso la prioridad es formar una milicia y proteger todos los núcleos de población que puedan ser amenazados —concluye Shimizu.

—Y dejar al país indefenso —dice Endeavour con voz profunda y el ceño fruncido. Al mirarlo, Katsuki se percata de que no debe estar de acuerdo con el plan. No completamente, al menos. Hawks tampoco parece muy conforme, pero no dice nada, y el rostro de Best Jeanist es indiferente.

—En realidad, no. El señor Mera puede exponerles cómo la ubicación de los complejos de entrenamiento es similar a la de las agencias, lo que permitirá actuar con rapidez.

—Y la Alianza de Villanos nos va a permitir hacer todo eso —dice Aizawa, interviniendo por primera vez, en voz baja, pero audible.

—No lo sabemos. Por ahora, han estado dos días sin dar señales. No sabemos dónde están o qué están haciendo —dice la presidenta Shimizu, visiblemente incómoda—. No obstante, trabajaremos en ello, algunos de los héroes retirados con Dones útiles para el rastreo o la sanación, como Recovery Girl, están dispuestos a colaborar con nosotros y Mera está trabajando en crear listas de Dones a través de los documentos estatales que nos permitan localizar familias con Dones útiles que reclutar.

—Reforzar la cantidad de héroes profesionales…

—Dios de la Gran Explosión Asesina Dynamight —lo interrumpe la presidenta Shimizu con la voz afilada—, creo que eso es algo cuya conveniencia podremos discutir más adelante, cuando esta crisis se haya solucionado y tengamos la perspectiva de las decisiones tomadas. Ahora, creo que es mucho mejor preparar a la población y entrenar sus Dones. Este problema está aquí, ahora, y necesitamos todo aquello de lo que podamos disponer.

—Ha dicho que se está trabajando en crear listas —dice Shouto con tono práctico. Katsuki observa a su alrededor y se da cuenta de que, a pesar del tono hostil inicial de la sala, los argumentos de Mera y Shimizu están calando en la mayoría de héroes—. ¿Qué criterio se seguirá? ¿Cómo sabremos qué Dones son más adecuados?

—Reclutaremos una persona de cada familia que no tenga un héroe entre sus filas, además de todos los voluntarios que se presenten. Insisto en que intentaremos que sea algo discreto mientras intentamos localizar y controlar los movimientos de los villanos. Si conseguimos mantener el secreto durante unas pocas semanas, será nuestra mejor baza —responde Shimizu.

—¿Semanas? —pregunta Best Jeanist, con escepticismo.

—Son siete, Best Jeanist —dice Mera, mirándolo con gesto resignado—. Sí, podrían aparecer en una gran ciudad, aquí mismo, en Tokio, y disponer de sus Dones.

—¡Entonces los derrotaríamos! —grita Katsuki, intentando reforzar su argumento.

—Así es, Dios de la Gran Explosión Asesina Dynamight. —Esta vez, el tono de la presidenta tiene un matiz decididamente sarcástico que hace que Katsuki chirríe los dientes—. Supongo que por eso no lo han hecho. Necesitan, como nosotros, un plan, encontrar la manera de hacer las cosas.

—Necesitan tiempo. Y esa es nuestra mejor baza —asiente Endeavour, que ya no parece tan reticente tampoco.

—Correcto. Todo Japón tendrá que volcarse para resolver esta crisis nacional en un compromiso que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial y gracias a eso lo conseguiremos —dice Mera.

La sala se queda en silencio, mientras digieren el plan. A un gesto de la presidenta Shimizu, Yaoyorozu e Iida comienzan a repartir carpetas entre todos los héroes presentes. Katsuki contempla la suya, sin verla, durante unos segundos, ignorando el saludo estirado de Iida, antes de darse cuenta de que tiene el mismo color que los héroes que le rodean, algo que tiene sentido, pues las agencias de Endeavour, Best Jeanist, Fat Gum y la suya están en la misma zona, vestigios de cuando la densidad de héroes profesionales era mucho mayor y había un número mayor de agencias por prefectura, así que les corresponde el mismo complejo, cercano a Musutafu.

—Entonces, ¿vamos a tener que hacerlo? —pregunta al aire, cabreado. Nadie le responde, pero tampoco se une a él para iniciar una protesta que muere antes de abrir los labios—. ¿Y cuando la Alianza se entere de lo que estamos haciendo?

—Confío en que, al evitar promulgarlo a través de medios de comunicación masivos y pedir la colaboración ciudadana, dado que la Alianza de Villanos carece de la infraestructura que la sustentaba hace trece años y que estarán ocupados organizando cómo quieren atacarnos, nos permita que, siendo algo bastante público, no llegue rápidamente a sus oídos —contesta la presidenta Shimizu y, por primera vez, parece insegura de lo que está diciendo.

—Si no se hubiese reducido el número de héroes después de que All Might…

—Pero se hizo, Dios de la Gran Explosión Asesina Dynamight —lo interrumpe, exasperada, la presidenta Shimizu—. Y ahora tenemos que procurar solucionar el problema que nos atañe sin que la población entre en pánico, que sería un problema aún mayor por el caos que provocaría. Si conseguimos que la gente sienta que estamos haciendo algo, que ellos están haciendo algo y que la Alianza de Villanos no conseguirá sus propósitos gracias a esas acciones, tendremos parte de la victoria.

—¿Se darán cuenta de que, si no gestionasen de esta manera las cosas, la población no tendría por qué entrar en pánico? —susurra Katsuki, cabreado.

—Esperar que la Comisión aprenda la lección de sus propios errores es, cuanto menos, optimista —responde Shouto, que lo ha oído, resoplando con un ruido que Katsuki sabe que equivale a una carcajada en Shouto.

—Y ya no hay un símbolo de la paz que sostenga la fe de la población sobre sus hombros —repone Best Jeanist, mirando directamente a Katsuki—. Así que tendremos que crear otro y este plan puede funcionar perfectamente.

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Dabi es el último en entrar en el refugio. No ha sido fácil llegar hasta allí. Incluso con Kurogiri facilitándoles el transporte con su Don, se han visto obligados a dividir la distancia en varios saltos para permitir a la criatura de All for One recuperarse adecuadamente del esfuerzo de utilizar el Don tras más de una década sin entrenamiento y siete años de una inconsciencia repentina que ni siquiera All for One ha sabido a qué atribuir. Cuando Dabi ha señalado que ni Shigaraki ni él han tenido problema en desplegar sus Dones a una potencia adecuada para destruir la prisión y todas sus instalaciones, All for One se ha limitado a recordarles que la naturaleza del Don de Kurogiri es diferente a la de ellos.

Ahora, viéndolo moverse torpemente hasta el lugar donde solía pasar el tiempo cuando estaban en ese refugio, Dabi comprende que deben ser las consecuencias de ser un prototipo, pues su comportamiento parece buscar el entorno que más familiar le resulta. Lo cual es extraño, porque a pesar de su voz átona y su absoluta lealtad a All for One, Kurogiri siempre ha dado muestras de inteligencia hasta que fueron encerrados en Gunkanjima, donde apenas habló e interactuó con nadie, ni siquiera a través del pasillo que comunicaba las celdas.

El refugio es pequeño y está en la parte norte de Japón, muy alejado de la costa de Nagasaki donde se encontraba la prisión. Dabi no está seguro de si le cabrea que Hawks, el antiguo héroe número dos cuando la Liga todavía estaba en activo, haya conseguido escapar volando de la prisión cuando prácticamente lo tenían todo controlado y en sus manos, o si habría sido peor no saber que alguien ha dado la voz de alarma y moverse por el país con mucha menos precaución de lo que lo han hecho en las primeras horas, temiendo ser cercados por la Comisión y sus perros de presa antes de tener tiempo de alejarse de Nagasaki y Gunkanjima.

Afortunadamente, el conocimiento de la geografía de Japón de All for One los ha guiado, pues incluso en los tiempos óptimos de Kurogiri no habrían podido desplazarse una distancia tan enorme de un solo viaje. Dabi no tiene buenos recuerdos del lugar, fue uno de los últimos donde estuvieron escondidos mientras planificaban el asalto a Tártaro que liberaría a All for One y Stain y que los llevó a ellos a prisión, pero al menos está bien surtido. Y está todo intacto, algo en lo que no habían confiado demasiado. Otra de las razones por las cuales han tardado en llegar ha sido la cautela con la que se han aproximado a la zona primero y entrado después en el viejo piso franco, temiendo que los héroes hubiesen dado con él en todos los años que han tenido para hacerlo y estuviese bajo vigilancia, pero no parece que haya sido así. Ahora, aunque el refugio puede no ser completamente seguro y tenga un regusto amargo para él, al menos tiene la sensación de haber vuelto a lo más parecido a un hogar a comparación con la celda de los últimos diez años que ha llegado a detestar con toda su alma.

—Ah, sí… —El suspiro satisfecho de Bubaigawara cuando se coloca la máscara de uno de sus trajes y se cubre por fin la cara, relajándose por primera vez en días. Todavía lleva el llamativo uniforme carcelario, pero ha dejado caer el trozo de tela con el que Toga ha improvisado una máscara que cubriese el rostro del villano en sustitución de la poco práctica camisa que le impedía ver.

—Se ha vuelto a desconectar. —Shigaraki arrastra las palabras y está mirando con un gesto de desagrado a Kurogiri, que se ha quedado inmóvil. Ha estado haciendo eso durante todo el trayecto. En un buen día, había podido abrir dos o tres portales como máximo, en los peores apenas uno antes de quedarse en estado catatónico.

—Debemos dejarlo descansar. Es el que más ha sufrido el encierro —dice All for One una vez más. Dabi pone los ojos en blanco y se dirige al armario donde, si no recuerda mal, debería poder encontrar ropa ignífuga.

Kurogiri no es el único afectado por la salinidad y la humedad del mar, el frío de la prisión y el encierro, que aparentemente ha interferido en sus sistemas de manera irremediable a juzgar por la revisión que, con un esfuerzo físico evidente, All for One le ha hecho nada más alejarse de Nagasaki. La piel de los injertos de Dabi está blanda y tiene una textura desagradable. Cuando busca un espejo para mirarse, comprueba que las cicatrices están más tirantes que nunca y que la carne tiene un color que no augura nada bueno. Suspira, mucho han durado, dadas las condiciones materiales.

—Puedo intentar hacerte con nuevos trozos. No debería ser difícil córtaselos a alguien y coserlos de nuevo en tu piel —dice Toga alegremente a su lado en voz baja. Dabi la mira a través del espejo, la chica sonríe y se toquetea, nerviosa, las agujas y la ropa que ha encontrado. No es exactamente lo que solía llevar, era la más pequeña e, incluso en el encierro, ha crecido, así que probablemente los pantalones con los que se ha vestido ni siquiera sean de chica, pero se la ve más saludable de lo que se la ha visto en todo el trayecto hasta allí, cuando había estado mucho más preocupada por el bienestar mental de Bubaigawara y de mantenerlo tranquilo que de sí misma.

—No importa —contesta Dabi, mirándose de nuevo en el espejo, ignorando la mirada de simpática compasión de Toga. Esa compasión siempre ha sido su punto débil, cree Dabi. Su gusto por las personas a las que ataca, la sangre que bebe de las personas que le despiertan sentimientos. Precisamente esa compasión es la que merece que el plan culmine, incluso aunque vaya con casi década y media de retraso.

—¿Se te caerá? —pregunta Toga, con un mohín de morbosa curiosidad, más que desagrado. Dabi se encoge de hombros. En realidad, no lo sabe muy bien y tampoco le importa demasiado. Lo importante es culminar el plan. Nunca había pretendido sobrevivir a él.

—Aguantará. Siempre lo haces, ¿verdad? —dice Iguchi, a su lado. Sigue llevando el uniforme de color chillón de la cárcel también, y lleva varias espadas en las manos, sujetas con torpeza.

—¿De dónde las has sacado? —pregunta Toga, entusiasmada. Si algo tienen en común Iguchi y ella, es el amor por las armas blancas.

—Giran las debió de traer y dejar almacenadas aquí, pero nunca llegaron a utilizarse —explica Iguchi haciendo referencia al hombre que los reclutó. El hombre que sabe que de la existencia de ese refugio porque fue él quien se lo consiguió, así como todo el material que hay dentro—. ¿Puedes ayudarme con esto, Dabi? —le pide Iguchi, interrumpiendo su línea de pensamiento.

Dabi asiente, observando las espadas que este le ofrece, comprendiendo qué es lo que desea. Decidiendo que si hay que hacerlo, mejor con la ropa de la cárcel, se sienta en el suelo y enciende las llamas de sus manos para intentar ensamblarlas. La relación de Dabi con los demás es un tanto distante, incluso con aquellos con los que mejor se lleva, pero Toga, Iguchi y él tienen en común el vínculo de la admiración por las ideas de Stain y eso le basta para colaborar.

—Nunca entenderé tu gusto por este tipo de armas —murmura cuando Iguchi deja caer a su lado varios cuchillos y armas afiladas más a su lado, pero no espera ninguna contestación de él y sigue utilizando el fuego para fundir partes de las armas y unirlas entre sí, guiándose por el vago recuerdo del arma que Iguchi había portado años atrás.

—Es la hora. —Dabi no levanta la cabeza de lo que está haciendo a pesar de que la imponente presencia de All for One a su lado es imposible de ignorar.

Tiene algo que hace que Dabi se sienta incómodo, quizá el hecho de que a veces completa verbalmente algunos de sus pensamientos incluso aunque no estén cerca, haciendo que la conversación se sienta extraña. Es un desagrado que no siente hacia sí mismo, ni tampoco hacia Shigaraki o Iguchi, que tienen cuerpos con similares lesiones físicas, así que intuye que es algo más que las terribles cicatrices que cubren el rostro de All for One, el respirador que le permite seguir con vida y que la compasión heroica de la Comisión le permitió conservar en lugar de quitárselo y matarlo, la incógnita de cómo percibe el entorno o la aparente capacidad de detectar pensamientos e ideas en las cabezas de otras personas.

—Tu momento está cerca, Dabi. El momento de todos nosotros —añade All for One, alzando la voz un poco más, llamando la atención de todos los demás a excepción de Kurogiri, que sigue desconectado—. Los héroes han interpretado demasiado tiempo el falso papel de proteger a la sociedad y es hora de que su incompetente reinado termine.

—Ten. —Dabi, más impresionado por el tono persuasivo y enardecedor de All for One de lo que querría reconocer, se obliga a desviar la atención a la espada que le está entregando a Iguchi. Este le agradece en voz baja, moviéndola a su alrededor con una soltura, a pesar de la forma y el peso del arma, que hace que todos los demás se alejen de él.

—Me las arreglé para hacer flexiones y dominadas en la celda —explica, sin dirigirse a nadie más, atando la espada en una especie de vaina improvisada con telas rasgadas similares a las que ha utilizado para cubrirse el rostro a imitación de Stain.

—Dabi quiere ver la sociedad de los héroes caer. A Endeavour rendido a sus pies pagando por su arrogancia. —All for One, aparentemente ajeno a su conversación, continúa hablando en un tono que a Dabi le sugiere una sonrisa—. Yo puedo ayudarte a llegar hasta allí. Pudimos hacerlo hace quince años y podemos hacerlo ahora.

—Más vale —asiente Dabi, que ha pensado en ello durante el trayecto, mientras se quita el uniforme carcelario para vestirse con las prendas de ropa ignífugas que había en el armario. Su única opción, para bien o para mal, de conseguir su propio objetivo de destruir la sociedad injusta de héroes profesionales que en realidad son tiranos del resto del país, pasa por seguir apoyando los planes de All for One.

—Lo haremos. Acabaremos con ellos e instauraremos un sistema mucho más justo, uno donde todo el mundo, incluidos nosotros tengamos nuestro lugar. —All for One se vuelve hacia un rincón del refugio, uno particularmente oscuro, pero sin nada reseñable. Aun así, Dabi entrecierra los ojos en esa dirección, intentando averiguar qué tiene de interés para All for One ese trozo de pared—. Habéis hecho oídos sordos ante lo que ni siquiera fuisteis capaces de proteger, os dais palmaditas en la espalda mientras ignoráis un sector de la población por conveniencia, tapáis lo que está roto para que no se vea y lo escondéis debajo de la alfombra como si fuese una vergüenza. Vuestro interior está putrefacto, héroe profesional. Es vuestra existencia la que nos convierte en villanos, no nuestros actos.

—Has tardado en localizarme. —De la sombra se recorta primero una silueta delgada, casi una línea que, poco a poco, se ensancha en un joven de poco menos de treinta años, cabello rubio y lacio y de rasgos finos y elegantes, con una sonrisa jactanciosa y una mirada maliciosa tapada por el largo flequillo. Lleva una mano en el bolsillo del elegante traje que viste y de la cintura penden cuatro relojes de bolsillo que mueven las agujas en un completo silencio. Hace una reverencia burlona—. Phantom Thief, para serviros.

—Shigaraki, protege a Kurogiri y trata de despertarlo —ordena All for One con voz suave. El aludido se apresura a cumplir las instrucciones, sin rastro de la indolencia que habitualmente le caracteriza.

—¿Es un héroe? —pregunta Bubaigawara, desconcertado por el aspecto del chico, pero Dabi no tiene dudas. Su arrogancia, su seguridad, la postura felina que delata que está alerta y preparado para atacar o huir, todo en él grita que es un héroe profesional lo suficientemente gilipollas como para meterse en la guarida de unos villanos.

—El mejor. Y el más guapo —dice Phantom Thief, ensanchando más la sonrisa. Dabí sonríe, admirando la arrogancia de un héroe que sólo puede hacerse invisible y está rodeado de villanos que le cortan todas las posibles salidas y que, ahora que saben que está ahí, están alertas. Sin previo aviso, una de las agujas de Toga sale disparada hacia el héroe, pero este levanta la mano que tiene fuera del bolsillo y la aguja se detiene al rozar su mano, sin clavarse, y se queda fija en el aire, sin moverse—. Tendréis que seguir intentándolo. Claro que no esperaba algo mejor de gente que no sabe revisar a fondo los sitios antes de confiarse.

—¿Dos Dones? —pregunta Dabi, estupefacto—. ¡Es como Shouto!

—Me ofendes —dice Phantom Thief teatralmente—. Yo soy mucho mejor que él, obviamente. Pronto podrás comprobarlo y deberás darme la razón.

—Acabemos con esta tontería y larguémonos —gruñe Shigaraki, aburrido y malhumorado.

—Demasiado tarde —contesta el héroe, fingiendo examinarse las uñas mientras sonríe descaradamente—. Los héroes no tardarán en presentarse aquí. La cuestión es… ¿qué encontrarán? —La carcajada casi desquiciada con la que remata la frase hace que Dabi intercambie una mirada atónita con Iguchi.


Notas finales: Y con esto, creo que ya hemos presentado a todos los personajes principales. Tres capítulos me ha llevado. En mi defensa, diré que en realidad en mi sistema de organización del fic, esto todavía forma parte del primer capítulo (hasta el séptimo, de hecho xD). Y ya puedo decir: ¡Hola, Monoma!