Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

¡Monoma mola mucho! Por cierto, como le comentaba a alguien, el título de este capítulo (y el anterior y el siguiente) está inspirado en Sword Snatcher, de la OST de Mulán. ¡Muchas gracias por leer y comentar! ¡Me hace mucha ilusión!


EL LADRÓN DE DONES (PARTE II)

Hitoshi se quita la camisa del uniforme y la dobla pulcramente antes de guardarla en la bolsa de deporte que se llevará a casa para lavarla. Su turno de noche debería haber terminado hace un rato, pero su relevo no ha llegado todavía y ha tenido que esperar a que su jefe abriese la segunda caja para poder empezar a recoger. Normalmente, le da tiempo a pasar por su casa a cambiarse y ponerse ropa limpia tras el turno antes de ir a la universidad, pero hoy va a ser imposible. El ruido de la puerta de la pequeña oficina de la konbini al abrirse y cerrarse cuando Hitoshi está poniéndose una camiseta limpia de reserva que suele dejar allí para situaciones así le indica que su compañera Nanami acaba de llegar.

—¿Todavía estás aquí? —pregunta Nanami, abriendo so propia taquilla y quitándose el jersey fino que lleva encima de una camiseta raída que hace a Hitoshi fruncir el ceño con desagrado.

—Llegas tarde —contesta él con sencillez, cerrando la bolsa de deporte, la taquilla y despidiéndose con un gesto de la cabeza. No es hasta que ve, de reojo, el gesto de antipatía y ojos en blanco de su compañera que se da cuenta de que esta ha interpretado su comentario de manera diferente a su intención, así que se detiene en la puerta, buscando las palabras para que comprenda que no le ha importado cubrirla—. No podía irme hasta que llegaras, alguien tenía que estar en la segunda caja si hacía falta.

—Ya, ya me he enterado, lo siento —dice Nanami, moviéndose para salir de la oficina sin tocarle a pesar de que Hitoshi está en la puerta, dirigiéndose a la caja y saludando a los clientes que ya están esperando en la fila con la frase protocolaria que la empresa les exige.

Fastidiado por el malentendido, Hitoshi aprieta los dientes, se despide con un murmullo inaudible, mete las manos en los bolsillos y camina deprisa por las calles que separan la konbini de su facultad. Hace apenas un par de semanas, no habría ocurrido eso. Nanami siempre ha sido una compañera agradable y cordial. No se llevan bien, ni mal, porque sólo coinciden, de manera puntual, en los turnos del fin de semana. En realidad, Hitoshi es una persona reservada y tranquila, pero no suele tener problemas para conversar con nadie… hasta que se enteran de cual es su Don. Su compañera lo hizo la semana anterior. Estaban en la oficina con otro compañero nuevo, habitualmente asignado a los turnos de noche, bromeando sobre los Dones del sobrino de este. Hitoshi ni siquiera recuerda exactamente la conversación, sólo que se desvió a las primeras veces en las que sus Dones se habían manifestado.

Tenía cinco años la primera vez que ocurrió. Acababa de llegar al orfanato y, a pesar de los esfuerzos del personal especializado, no había conseguido integrarse con el resto de sus compañeros, que llevaban más tiempo que él allí, eran un poco más mayores y ya tenían un círculo de amistades cerrado. Además, la seriedad e introversión en la que Hitoshi se había sumido en respuesta a la tristeza de un suceso que ni siquiera conseguía comprender del todo, como era el accidente de tráfico que segó la vida de su madre antes de tiempo, no había ayudado en absoluto.

A día de hoy, a veces le cuesta recordar los rasgos faciales de su madre y tiene que complementar los vagos recuerdos que tiene de sus primeros años de vida con los recuerdos inventados de su cerebro a raíz de las fotografías e imágenes que tiene de ella, pero la tarde en la que se acercó en la sala de juegos a uno de los niños con los que compartía dormitorio, que jugaba con una cocina de juguete de detalles, para preguntarle si podía unirse a él y este le había contestado que no, no se ha borrado de su memoria. El niño había dicho que no, mirándolo con altivez y volviéndose para darle la espalda e ignorarlo. La psicóloga y el trabajador social que trabajaban con él le habían animado en repetidas ocasiones a seguir intentando jugar con sus compañeros, así que cuando Hitoshi sintió la sensación de su Don invadiéndolo, no lo había asociado con su primera manifestación y había doblegado la voluntad del niño, obligándolo a aceptarlo dentro del juego.

Los trabajadores a cargo de la sala de juegos habían tardado un par de horas en darse cuenta de que algo estaba mal. Hitoshi había jugado con su compañero, ignorando los pinchazos de malestar que el intento de rebelión de este contra su Don le estaban provocando, contento porque el resto de niños y niñas, que habitualmente también lo ignoraban, se habían unido al juego, un poco desconcertados por la situación, pero asumiéndola con la naturalidad infantil característica de esas edades.

Lo difícil que es integrarse en un grupo cuando alguien de este dice que no y lo fácilmente que se asume la presencia del extraño si, en cambio, dice que sí. Hitoshi había aprendido ese día que, para entrar en un grupo de personas nuevo, basta con convencer a la persona que lo lidera, descarada u oficiosamente. Y que, si esa persona se niega, el resto del grupo se cerrará en banda. Había conseguido una tarde de juego, pero cuando alguien golpeó accidentalmente al niño que controlaba, deshaciendo el lavado mental al que Hitoshi, sin saber exactamente qué hacía, lo estaba sometiendo, el chaval había empezado a gritar y llorar, señalándolo con un dedo acusador.

Hitoshi ni siquiera había intentado defenderse. No comprendía parte de la situación, pero sí suficiente como para saber qué había hecho mal. Tampoco se había disculpado, demasiado ensimismado en sus pensamientos por el Don que se había manifestado en él, demasiado agobiado por las preguntas ansiosas de los adultos a cargo, demasiado aturdido por los sollozos incontrolados del resto de compañeros, asustados, demasiado intrigado por qué había desatado su Don exactamente, demasiado dolido por tener algo que lo alejaba todavía más del resto, que lo señalaba y que lo marcaba como algo indeseable.

Nadie había vuelto a contestar una pregunta de Hitoshi, ni siquiera los trabajadores adultos, más allá de la psicóloga y el trabajador social que tenía asignados. Creían que Hitoshi no se había dado cuenta de esto, o a lo mejor ni siquiera se habían planteado que un niño pudiera percatarse y sentirse dolido de que todos los adultos de su entorno lo tratasen, ya desde la infancia, como alguien peligroso con el que tener cuidado. Estos le habían dado una charla larga acerca de la responsabilidad de reprimir y no utilizar un Don tan invasivo, del consentimiento y del libre albedrío de las demás personas, pero había sido imposible mantener el incidente de la sala de juegos en secreto y antes de la hora de dormir de aquella noche todo el orfanato se había mentalizado de lo peligroso que era responder preguntas a aquel niño de cinco años que se sentía solo y simplemente quería jugar y ser aceptado.

—¿No ha llegado aún el profesor? —Una vez dentro del aula, Hitoshi pregunta extrañado a Kuroiro, el compañero que está sentado más cerca de él en el pupitre comunal. No ha llegado exactamente tarde, pero normalmente el profesor de esa asignatura suele estar ya allí cuando Hitoshi llega a clase, preparando el material que van a utilizar.

Kuroiro tarda un par de segundos en contestar, tiempo suficiente para que Hitoshi vea el debate suceder en su rostro. Primero, el deseo de no contestar, cerrando fuertemente los labios. Después, la duda de si un asentimiento o una negación de cabeza basta para evitar el Don de lavado cerebral, a pesar de que Hitoshi ha explicado hasta el hastío que es así. Es la razón por la que, cuando tiene que hacer preguntas, procura que puedan responderse con un gesto de sí o no. Al final, un encogimiento de hombros y una negación a medias con la cabeza es toda la respuesta que obtiene. Con un suspiro de frustración, Hitoshi se centra en rescatar un cuaderno y un estuche de su bolsa deportiva.

—Ni caso a Kuroiro, ya sabes que a veces es un poco imbécil, pero no es mala gente. —Hitoshi se vuelve hacia Kendo, que está sentada detrás de ellos dos. Kuroiro protesta en voz baja una disculpa a regañadientes que parece dejar satisfecha a Kendo y que Hitoshi no está seguro de si se dirige a él o a su compañera.

La chica le mira con simpatía, es probablemente la persona con la que Hitoshi mejor se lleva de toda la clase. Aunque eso es porque ella conoce a todo el mundo y se lleva bien con todos. No en vano fue elegida delegada de la clase por unanimidad. Hitoshi no tiene problema en mantener una charla con cualquiera, pero cuando la gente se entera de su Don, se repite una y una tras la misma situación si hace una pregunta: el silencio incómodo que interrumpe la conversación hasta que la otra parte considera que ha pasado tiempo suficiente para poder responder sin riesgo. Ha sido así desde aquel primer día que su Don se había manifestado en el orfanato y, aunque no es tan introvertido como para ser incapaz de mantener relaciones sociales, resulta agotador no tener a nadie que realmente esté dispuesto a fiarse de responder una pregunta sin miedo a que utilice su Don. Y eso gracias a que Hitoshi ha aprendido a callarse que, aunque tarden varios segundos en responder, incluso aunque no utilice la oportunidad de apoderarse de la mente del otro nada más responde, tiene la posibilidad de hacerlo durante un rato. Si no fuese así, no suspirarían, aliviados, al comprobar que la conversación fluye, convencidos de que han eludido el Don de Hitoshi.

—Es raro que llegue tan tarde. ¿Crees que habrá ocurrido algo? —Kendo y Kuroiro parecen haber terminado su pequeño intercambio de palabras, porque la chica vuelve a prestar atención a Hitoshi.

—No lo sé, acabo de llegar. —Hitoshi se encoge de hombros y echa un vistazo al aula. Son unos pocos menos que hace una semana. No está seguro de si falta gente porque prefieren no ir a clase o porque han preferido salir de la ciudad o del país. Se pregunta si es posible siquiera marcharse ahora mismo, porque no lo sabe. En las noticias están cubriendo ampliamente la fuga de la Liga de Villanos, pero todos los mensajes procuran ser más tranquilizadores que informativos y lo poco que se sabe se repite en bucle, sin aportar ningún dato nuevo desde el momento de la caída de la prisión.

—Se dice… Bueno, hay quien comenta que están movilizando a algunos profesores para hacer frente a la Liga de Villano —dice Kuroiro en voz baja, mirando alrededor para cerciorarse de que nadie está escuchando.

—¿Quién lo dice? —pregunta Kendo.

—Se rumorea en los pasillos. Creo… Bueno, Tetsutetsu escuchó a alguien de la secretaría de la facultad mencionarlo en voz baja a alguien del departamento de admisiones. —Kuroiro habla con poca convicción, sin terminar de creérselo él mismo.

—Yo he visto profesores por los pasillos —murmura Hitoshi, sin terminar de creérselo.

—Tetsutetsu a veces tiene demasiada imaginación. —Kendo descarta inmediatamente la información, pero Hitoshi se encoge de hombros. No conoce lo suficiente a su otro compañero, a pesar de que Kuroiro y él suelen ir juntos y sentarse cerca de Hitoshi en clase.

—Tiene sentido, ¿no? —El repentino silencio de sus dos compañeros, que se encogen de hombros, hace que suspire frustrado. Durante todos estos años se ha esforzado en suprimir todas las preguntas posibles de las conversaciones habituales, pero eso le supone un esfuerzo que no siempre tiene ganas de hacer. Para tranquilizar a sus compañeros, sigue hablando—. Quiero decir que todas las carreras y asignaturas de nuestra facultad tienen que ver con los Dones, así que a lo mejor simplemente quieren asesoramiento o análisis de Dones —concluye en referencia a la clase que deberían estar impartiendo en ese momento y que parece que va a cancelarse. Cuando Hitoshi se matriculó en Ciencia de Dones, una de las asignaturas en la que más expectativa tenía era precisamente esta, Análisis de Dones, porque esperaba encontrar algo, no sabía exactamente el qué, que pudiera ayudarle con la gestión de su Don.

—No me imagino al viejo profesor peleando contra la Liga de Villanos, desde luego —contesta finalmente Kuroiro, ya seguro de que el efecto de su Don no va a repercutir por su respuesta. Lo dice muy serio, pero Hitoshi comprende que está bromeando.

—No, idiota —se ríe Kendo—. Shinsou se refiere a consultas teóricas.

—Bueno, tampoco es que haya nada que teorizar. —Kuroiro se encoge de hombros—. Sólo tienen que poner a trabajar a los héroes y que los atrapen cuanto antes. Ya sabemos cuáles son los Dones de los villanos y cómo funcionan.

—All Might no está y hay menos héroes que antes, y ya costó derrotarlos en Kamino y atraparlos a todos después —dice Kendo, poniéndose seria de nuevo—. Ahora van a tener que reunirlos a todos o puede ser un desastre, así que a lo mejor necesitan un análisis de sinergias para combinar estratégicamente los Dones de todos los héroes o algo así.

Kendo tiene razón. Hitoshi lo recuerda vagamente, porque era un adolescente que acaba de conseguir entrar en la prestigiosa escuela U.A., aunque fuese en la especialidad normal. En ese momento, estaba más centrado en intentar demostrarse a sí mismo y al profesor que tutorizaba una de las clases de la especialidad de héroes y que se fijó en su desempeño contra Izuku Midoriya durante el festival deportivo, que su Don podía llegar a ser utilizado con eficacia como héroe. Había estado a punto de conseguirlo, porque el profesor Aizawa había visto en él lo mismo que Hitoshi creía tener y había confiado lo suficiente en él como para intentarlo.

A lo mejor porque su Don, el borrado de Dones, era también algo que otras personas podían percibir como algo negativo, pero lo había entrenado y luego intercedido por él ante la dirección de la academia para ser trasladado a la especialidad de héroes. El propio profesor le había confesado que, en el pasado, durante su juventud, había sido algo así como un héroe ilegal, algo impensable en la actualidad, con la Comisión de Héroes vigilando de forma férrea cualquier actividad heroica no regulada. Habían sido las mejores semanas de su vida. Por primera vez desde que se había manifestado, Hitoshi podía poner en práctica su Don sin miedo al rechazo; entrenarlo y fortalecerlo. Buscar nuevas formas de mejorar y de complementar físicamente el trabajo de su mente para tener una versatilidad mayor.

Y luego ocurrió el incidente de Kamino y la escuela rechazó amablemente el traslado de especialidad de Hitoshi.

Con All Might fuera de escena, All for One derrotado, la Liga de Villanos dispersa, aunque todavía tardarían un par de años en atraparlos a todos, la nueva situación había hecho que la Comisión reestructurase por completo el sistema de plazas disponibles para nuevos héroes y la gestión de licencias. De golpe, había muchos más aspirantes que posibilidades reales de lograrlo. En cierto modo, todos aquellos cambios debían de haber funcionado, porque las tasas de criminalidad habían bajado a mínimos que ni All Might había conseguido y el control de los Dones de la población había disminuido la posibilidad de utilizarlos masivamente para el mal más allá de robos o crímenes a pequeña escala, pero también implicaba que ya no estaban listos para ataques de Dones destructivos a gran escala como los de la Liga de Villanos.

—¿Vienes? Si no tenemos clase, es una buena forma de aprovechar la tarde.

—¿Eh? —pregunta Hitoshi, dándose cuenta de que se ha quedado abstraído. La sonrisa de Kendo flaquea un segundo, apenas lo suficiente para que Hitoshi se dé cuenta de que la ha vuelto a poner en el compromiso de contestar una pregunta. Pensando rápidamente, deduce que, dado que el resto de compañeros de la clase también se están levantando para abandonar el aula, le está proponiendo ir juntos a algún sitio, así que le intenta ahorrar el mal trago—. No, no me apetece. Tuve turno de noche en la konbini y estoy cansado. Ya sabes, siempre hay movimiento. Supongo… que me iré a casa a estudiar un rato y recuperar que no hayamos podido dar la clase.

—Como quieras… Buenas tardes, entonces. —La sonrisa de Kendo, ahora sí, se transforma en un rictus decepcionado y triste, aunque poco después vuelve a forzar una sonrisa, menos sincera de lo habitual. Kuroiro ya ha terminado de recoger y está esperando a que Kendo se decida a salir del aula, pero esta parece querer decir algo más.

—Nos vemos mañana —dice finalmente la chica, dejando salir las palabras de golpe. Hitoshi asiente y los observa marcharse mientras él mismo vuelve a guardar el cuaderno y el estuche en la bolsa de deporte para marcharse.

No es la primera vez que tiene la sensación de que Kendo está intentando coquetear con él o, como en esta ocasión, que le invita a pasar tiempo con ella y otros compañeros de clase con un brillo de ilusión en los ojos que se incrementa si acepta y se desvanece si lo rechaza. Es una chica guapa, inteligente y simpática, pero siempre hace caso omiso de esos posibles detalles y trata de que su comportamiento con ella no incentive que se ilusione o avance más. Hitoshi no es asexual, ni arromántico, pero el hecho de que alguien que guarda silencio cada vez que hace una pregunta sin darse cuenta, por inofensiva que sea, por prohibido que esté utilizar los Dones, sobre todo uno como el suyo que afecta a la voluntad de otras personas, no es el mejor incentivo para avanzar en las relaciones con esas personas y desarrollar algún tipo de sentimiento de ternura o cariño. Desde luego, el deseo de besar a otra persona puede desvanecerse muy rápido cuando «¿Puedo besarte?» provoca una situación de incómodo silencio para conservar la voluntad propia.

Así ocurrió en la U.A. Sí, acabó haciendo amigos en la clase, probablemente porque el entorno favorecía que comprendiesen y tolerasen todos los Dones presentes. Si un profesor podía taladrarte los oídos con su voz, olfatearte en caso de que infringieses una norma, hacer que te quedases dormido por oler su aroma o borrarte el Don con sólo mirarte y aun así eran héroes, tu perspectiva de la utilidad de un Don cambiaba. Aunque las preguntas más típicas («Guau, Shinsou, con tu Don, podrías ser un villano si quisieses». «¿Control mental? ¿Qué clase de Don es ese? ¿De qué sirve tener un Don que no puedes utilizar? Es casi como no tenerlo») se habían producido como de costumbre, para cuando compitió en el festival deportivo todos sus compañeros lo habían apoyado y animado, levantándole el ánimo cuando finalmente había sido derrotado en el siguiente combate. Sin embargo, eso no impidió que cuando Hitoshi pidió permiso a una de sus compañeras para besarla en la fiesta tras la ceremonia de graduación, esta dudase antes de responder durante el tiempo suficiente como para que sentirse dolido. Y, aunque lo ahora entiende y no guarda rencor del recuerdo, porque comprende el peligro que puede ser un Don como el suyo para una chica que sólo quiere besarse con otro chico, también le duele lo suficiente como para no haber vuelto a intentarlo.

Al final, Hitoshi se ha quedado solo en el aula, el resto camina por el pasillo, conversando en voz baja. La fuga de la Liga de Villanos ha causado eso también: las risas escandalosas y los gritos excitados de los pasillos se han convertido en circunspectas conversaciones sobre el mismo tema una y otra vez. Con un suspiro, Hitoshi se levanta, dispuesto a marcharse a casa dando un rodeo para no pasar por delante de la cafetería donde, está seguro, Kendo, Kuroiro y algunos compañeros más, estarán pasando un buen rato, porque no está convencido de tener fuerzas de decir que no una vez más.

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—¿Cómo has encontrado este sitio? —Dabi no pierde la calma, a pesar de que a su lado Toga tiene la cabeza ladeada y la lengua entre los dientes, deseando saltar sobre el héroe rubio, que los mira con desdén, e Iguchi está tan tenso como una cuerda de arco.

—¿No lo sabes? —El tono burlón de Phantom Thief está empezando a sacar de quicio a Dabi, que aun así mantiene la compostura y la mirada de indiferencia—. Giran, querido, siempre ha sido un gran fan vuestro.

—¿Qué le has hecho a Giran, cabrón? —ladra Iguchi, apretando los dientes.

—No te preocupes, afortunadamente para él, todavía está haciendo compañía a Mr. Compress, Musuclar y Mustard en Tártaro —responde alegremente Phantom Thief, avanzando un paso hacia adelante con elegancia—. Intentó huir de nosotros cuando os atrapamos. Tiene un Don muy útil, ¿sabes? Fue difícil dar con él cuando os atrapamos a todos, porque gracias a esa pequeña amnesia fue capaz de poner distancia entre los héroes y él con rapidez y esquivarnos durante un par de años.

—Hablas demasiado —gruñe Shigaraki, cruzado de brazos, fastidiado, pero eso sólo consigue que la sonrisa del héroe se amplifique más.

—La cosa es que yo pude atraparlo. Tuve suerte, lo admito, el Don adecuado, en el momento adecuado y cuando quise darme cuenta… estaba aquí, deteniéndolo. —Dabi comprende entonces por qué el lugar, aunque parece abandonado, no está deteriorado. Deben haber pasado más años de los que el héroe ha dicho hasta que han atrapado a Giran, porque el chico es joven y no le suena ni su nombre ni su aspecto de antes de que lo atrapasen. No parece mayor de lo que sería el chaval de las explosiones que Shigaraki se empeñó en secuestrar para invitarlo a unirse a la Liga de Villanos, pero a su modo sí resulta igualmente… villanesco que el chico de las explosiones en su aspecto, de una manera completamente diferente, más elegante, y a la vez muy similar—. Decidí no hablarle a nadie de este lugar. No sé por qué, a lo mejor pensaba que algún día podría serme útil. O quizá estaba utilizando algún Don de premonición que me permitió intuir que este día llegaría. Así que cuando entregué a Giran a las autoridades, utilicé su propio Don para hacerle olvidar el sitio. Al fin y al cabo, su uso continuado del Don para huir le había permitido fortalecerlo y mi experiencia hizo el resto. A cambio, me aseguré de que su condena tuviera condiciones más suaves que las de otros compañeros vuestros con crímenes más violentos.

—¿Más suave? —pregunta Toga, indignada, pero su voz se pierde con las exclamaciones del resto.

—¡Este tío está loco! ¡No! ¡Es un genio! ¡Te haré pagar por lo que le hayas hecho a Giran! —La mención de los antiguos compañeros que todavía sufren pena de cárcel en otra prisión ha hecho que Bubaigawara tiemble de ira. O de miedo, Dabi no está muy seguro.

—Calma, Twice —dice Dabi, mirando a Toga, que asiente y susurra algo al oído del hombre.

—¿Seguro que no es un puto villano? —pregunta Iguchi, mirando de soslayo a All for One.

—Así que utilizaste su Don —se limita a decir Dabi, casi masticando las palabras a medida que las pronuncia. Un gesto satisfecho del maltrecho rostro de All for One le indica que no es el único que se ha dado cuenta.

—Creo que tenemos más cosas en común de las que parece —dice este afablemente, utilizando en su tono de voz esa persuasión que siempre hace que Dabi sienta el deseo de colaborar con él incluso aunque sus objetivos no coincidan exactamente. Le resulta más fácil identificarlo cuando lo escucha sin ser el destinatario de ella—. Tienes un Don muy interesante y veo que sabes hacer uso de él con fuerza. Yo podría ayudarte a mejorarlo aún más, tengo décadas de experiencia en ello. Incluso podría…

—¿Casi quince años en la cárcel y todavía tienes ganas de dar lecciones? ¡Maravilloso!

—Imbécil —susurra Iguchi, que aprieta fuerte la espada, al lado de Dabi—. All for One, es uno solamente y si trae refuerzos estaremos en problemas. Atajemos esto de una vez.

—¿Y vais a venir todos a la vez, o de uno en uno? —pregunta Phantom Thief con arrogancia.

—¡Me basto y me sobro, capullo insolente! —Dabi resopla y pone los ojos en blanco cuando Iguchi se lanza hacia adelante, con fuerza, embistiendo con la espada recién fabricada y que aún debe de estar caliente.

Phantom Thief mueve un pie elegantemente hacia atrás, y su silueta desaparece durante unos segundos, plasmada en dos dimensiones durante un segundo y esquiva el ataque antes de volver a presentar un aspecto normal. Extiende la mano hacia adelante y, cuando hace contacto con la espada de Iguchi, esta se queda inmóvil y suspendida en el aire. La jeringuilla de Toga, que unos segundos antes todavía flotaba en el aire, cae al suelo con un sonido desagradable. Iguchi trata de tirar varias veces de la espada, pero esta no se mueve, pareciendo estar clavada en el aire. Antes de que ninguno de ellos tenga ocasión de reaccionar, Phantom Thief le roza un brazo y hace uso de un tercer Don y encierra a Iguchi en una burbuja que flota en el aire, impidiéndole escapar.

—¡Iguchi! —grita Bubaigawara, angustiado, tirando de la máscara en el punto de unión del cuello hacia abajo en un amago de querer ajustársela más.

—Espera, Twice —masculla Dabi, que no está dispuesto a que todos se lancen uno a uno contra el héroe, que claramente pretende provocarlos para llevarlos a su terreno.

—Tiene razón, Jin —susurra Toga, acercándose más a Twice para retenerle con un gesto de consuelo al mismo tiempo que taladra con la mirada a Phantom Thief.

—No sé cómo podéis consideraros los villanos más peligrosos del mundo si sois tan imprudentes al atacar —dice el héroe con soberbia, sonriendo triunfal. Los ojos de Dabi se desvían a los cuatro relojes de bolsillo que este porta en la cintura. No se había fijado antes, pero ninguno marca la misma hora—. ¿Pensabais que no iba a venir preparado para resistir hasta que lleguen los refuerzos? He visitado a varios de las viejas glorias para pedirles los Dones que necesitaba a la hora de haceros frente.

—¡Vas a pagar por esto! —ruge Bubaigawara.

—Va por tiempo —dice Dabi, ignorando los cacareos pretenciosos del héroe y los alaridos de amenazantes de Twice, chirriando los dientes mientras intenta pensar a pesar de la incomodidad que eso le produce en la quijada—. Su Don va por tiempo. Sólo tenemos que entretenerle el tiempo suficiente para que deje de usarlos. ¿Me equivoco?

—Tendrás que arriesgarte —dice Phantom Thief con una sonrisa maliciosa, entrecerrando los ojos.

—Cuando los relojes agoten el tiempo programado te quedarás sin tus Dones —insiste Dabi, bastante seguro de su teoría. Aunque no sabe cuánto es ese tiempo, supone que no debe ser superior a una hora. Tres Dones utilizados prácticamente al mismo tiempo y relojes con una esfera clásica en lugar de digital, no debe ser más que la vuelta de una aguja, concluye. Y un día entero supondría un esfuerzo excesivo—. Y supongo que no dejar que nos toque para que no nos encierre en una burbuja como a Iguchi o nos robe nuestros Dones. No creo que pueda hacerlo a distancia, pero tened cuidado por si acaso.

—Entonces, la pregunta es… —Phantom Thief da otro paso de bailarín, y esquiva con el Don de aplanarse como el papel otra jeringuilla lanzada por Toga sin avisar—, ¿conseguiréis derrotarme o aguantar el tiempo suficiente antes de que los héroes enviados por la Comisión lleguen hasta aquí y perdáis la ventaja numérica, que es la única ventaja que tenéis ahora?

—Comprobémoslo —contesta Toga, sonriendo con malicia.

No se ponen de acuerdo, pero no es necesario. Kurogiri sigue catatónico con Shigaraki a su lado tratando de despertarlo, Iguchi sigue atrapado en una burbuja que flota sobre sus cabezas y All for One se ha retirado a un discreto segundo plano. Sus Dones son poderosos y contiene tal multitud que, en una ocasión durante el encierro, les había contado que ni siquiera los recuerda todos, porque se limita a buscarlos en su interior cuando los busca para dárselos a alguien, pero su salud es frágil y los años de cárcel han acentuado la debilidad que le supusieron en su momento los enfrentamientos contra All Might que acabarían con el potencial de ambos. Dabi no duda de que pueda luchar llegado el caso, pero sabe que, salvo que se tuerzan las cosas y necesite utilizar el Don de teletransporte con el que los salvó en Kamino, es probable que no intervenga en la pelea siendo contra uno solo.

Atacan los tres a la vez. Toga se agacha, intentando deslizarse hasta las piernas del héroe mientras Twice embiste como un toro de frente. Dabi no se mueve, creando una oleada de fuego que rodee a sus dos compañeros para no interferir con ellos y alcance a Phantom Thief por los laterales e impedirle el libre movimiento, pero no funciona. La rapidez con la que el héroe esquiva el puño derecho de Twice metiéndolo en una burbuja, y luego se vuelve de lado para adelgazar de nuevo en un instante y rodear a Toga y dejarla atrapada a ella contra la pared y el fuego de Dabi y, en esa forma de filo de papel, moverse hasta la posición de Shigaraki es brutal. Este alza la mano para utilizar su Don en cuanto haga contacto, esperando con una sonrisa, pero Phantom Thief utiliza otra burbuja para envolver su mano derecha e inutilizar el Don de Shigaraki en ella. Dabi reacciona inmediatamente y envía una lengua de fuego directa hacia ellos, lo cual permite que Shigaraki salve la mano izquierda de ser atrapada igualmente, y pueda empujar a Kurogiri hacia un lado para alejarlo del héroe y sus Dones.

—¡Petrifica esto si puedes! —lo reta Dabi, entusiasmado por la adrenalina del combate y poder dejar salir por fin la euforia del fuego. En Nagasaki pudo destruir a su antojo, pero no supuso más reto que controlar su temperatura para no calcinar su cuerpo. Ahí, en cambio, se están jugando realmente el éxito de la fuga. El grito funciona, porque atrae la atención del héroe y permite que Shigaraki se escabulla a un lado tirando del inconsciente Kurogiri y tirando de la burbuja para tratar de liberar su mano.

—¡Tendrás que hacerlo mejor, Dabi! ¡Esperaba algo mejor de ti y tu cruel fama! —se burla Phantom Thief, extendiendo una mano hacia adelante y haciendo que un vórtice de un agujero negro se trague toda la llamarada azul de Dabi con un efecto de succión tan potente que le obliga a dejar de producir fuego por miedo a verse arrastrado él también.

—¡Joder! —maldice Dabi, cabreado.

El humo penetrante de su fuego y la distorsión óptica que crean las llamas que siguen ardiendo a los lados de Toga le impiden distinguir las manecillas de los relojes del héroe para calcular posibles tiempos, así que se centra en ignorarlas y pensar en una estrategia efectiva. Phantom Thief no les da tiempo a respirar, se ha lanzado contra Twice, no sabe bien si con intención de golpearlo, atraparlo o qué, pero Bubaigawara reacciona con agilidad y salta hacia atrás, esquivando los ataques y obligando al héroe a avanzar poco a poco y dejar espacio de movimiento a Toga a sus espaldas, que aprovecha la ocasión para lanzarse contra él y colgarse de su espalda mientras saca una jeringuilla que sostiene como un puñal.

—¡Sí! —aúlla la chica, triunfal, pero es demasiado pronto. Los dedos de Phantom Thief consiguen rozar la jeringuilla antes de que esta se clave en su hombro, deteniendo su avance y provocando que la espada de Iguchi, que había estado suspendida en el aire en medio de todo, caiga al suelo con un gran estrépito—. Sólo congelas una cosa por vez, ¿eh?

Dabi aprovecha el momento para enviar otra llamarada, lo cual obliga a Phantom Thief a esquivar otro puñetazo de Twice escamoteando el cuerpo y utilizar una burbuja en la espada de Iguchi para luego arrojarla contra él e intentar alejarlo de esa manera y crear de nuevo el vórtice de agujero negro que absorbe las llamas de Dabi con facilidad. Cuando este deja de producirlas, temiendo nuevamente que el efecto de succión le afecte a él también por extensión, el agujero negro desaparece y, con él, la figura de Phantom Thief, que se materializa de nuevo a un metro de distancia de Toga, que ha caído al suelo cuando el héroe ha utilizado el Don de convertirse en papel herida por un corte en ambos brazos que sangran abundantemente.

—¡Himiko! —aúlla Bubaigawara, angustiado, lanzándose sobre la chica para ayudarla y olvidándose del héroe, que esboza una sonrisa triunfal y se vuelve hacia Dabi con arrogancia.

—Cuatro relojes, cuatro Dones —susurra este, mirándolo con serenidad, mientras intenta ganar tiempo y calcular cuánto tiempo puede resistir contra él en solitario y cuál será el precio que pagará el cuerpo físico de All for One si tiene que intervenir. Y si será suficiente contra un Don tan potente como el del agujero negro que es capaz de tragarse incluso sus llamas azules.

—No deberías estar tan seguro. —La sonrisa de Phantom Thief se ensancha más y Dabi intuye, más bien sabe, que no es un truco ni un farol. Los latidos de su corazón le reverberan en las sienes, acallando los alaridos de Bubaigawara, que está intentando vendar torpemente las heridas de Toga con una camiseta, aparentemente olvidado del combate.

«Dabi, mi primer objetivo ya está cumplido». All for One lo había abordado durante una de las paradas de descanso de Kurogiri en su camino hasta el refugio, quizá intuyendo las dudas de Dabi al respecto de qué estaban haciendo y cómo iba a materializar sus objetivos siendo un fugitivo de nuevo. «All Might ya no es un símbolo de la paz y está derrotado. Encerrarnos en la cárcel por ese acto de justicia sólo nos ha retrasado unos años en tu venganza y en la necesidad de poner orden en este país de justicieros que se creen santos, pero esta es nuestra oportunidad y la aprovecharemos».

Respirando hondo, Dabi comprende que no hay elección real, ni tampoco tiene nada que perder. Si Phantom Thief lo derrota ahí mismo, todo habrá sido en vano. El esfuerzo por derrotar a los héroes en Kamino, por dejar en evidencia a la sociedad, la paciencia durante diez años esperando una oportunidad que les permitiese volver a la acción. Con una sonrisa perversa, Dabi comprende que prefiere morir a entregarse de nuevo, apostar el resto incluso aunque el héroe no lleve un farol escondido en la mano, así que alza las manos, levantando un fuego potente alrededor de él y empujándolo en todas direcciones, tratando de no dañar a sus compañeros, pero sin contener la temperatura. Phantom Thief responde de inmediato, utilizando de nuevo el Don que es capaz de absorber su fuego, y esta vez Dabi lo alimenta con gusto, comprobando con satisfacción que, ya sea por la limitación del Don o por la falta de práctica del héroe con él, no es capaz de dirigirlo contra todo el fuego que lo rodea al mismo tiempo.

Intercambia una mirada con Shigaraki, que mira también al rincón desde donde All for One contempla la pelea antes de asentir y moverse, con disimulo

A partir de ese momento, todo sucede demasiado rápido. De pronto el agujero negro se desvanece y el fuego, que ya no tiene que pelear contra la succión, crepita y se eleva, calcinando trozos enteros de la habitación. Phantom Thief desaparece al adelgazar a una fina hoja de papel y se materializa de nuevo al alcanzar una pared. Con agilidad y una potencia y velocidad increíbles, rebota con tanta rapidez contra las paredes, suelo y techo, impulsado solamente por sus pies, que es capaz de atravesar las llamas azules de Dabi sin que la temperatura llegue a quemarlo. Dabi intenta cerrar el cerco del fuego alrededor de él, hacerlo más ancho, que el héroe se queme antes de llegar a él, pero no hay tiempo material, porque el héroe lo embiste apareciendo a través del fuego, placándolo para tirarlo contra el suelo e inmovilizándole los brazos con la habilidad de quien sabe hacerlo y está acostumbrado a ello.

—Cuatro relojes, cinco Dones. Siempre hay que mantener el factor sorpresa —susurra el héroe en su oído, sonriendo. Está detrás de él, aplastándolo con su cuerpo, pero está sonriendo, Dabi está seguro de ello, puede oírlo en su voz. Intenta resistirse, forcejando e incrementando las llamas que siguen ardiendo a su alrededor, pero Phantom Thief estrecha el abrazo, inmovilizándolo mejor.


Nota final:

Sé que no es un dato muy conocido, así que lo diré por aquí: Giran tiene un Don que permite hacer que la gente olvide los instantes/minutos anteriores.

Además, los Dones que despliega Neito Monona AKA Phantom Thief son, en orden de aparición:

- Cuerpo de papel, de Edgeshot, Ninja Hero.

- Bloqueo, de Rock Lock, Héroe Bloqueo.

- Clean Bubbler, de Wash, el héroe de lavandería.

- Agujero negro, de Space Hero "No. 13".

- Jet, de Gran Torino.

Como dato curioso al respecto que está en la concepción de la historia aunque no necesariamente reflejado en la narración (sólo son cosas que formé en mi cabeza para estar seguro de que el trasfondo era firme, ya que al menos uno de estos héroes tenía un cameo en la historia): Monoma es un héroe MUY competente, así que los héroes por supuesto que estaban dispuestos a colaborar con él, incluso aunque no supieran exactamente qué pretendía hacer (en cuyo caso a lo mejor no habrían estado tan predispuestos). Obviamente, este Phantom Thief lleva años ejerciendo de héroe y trabajando su Don, está a años luz de nuestro querido Neito Monoma del canon en cuanto a potencia, habilidad y capacidades, hasta el punto de que ocupa un puesto entre los primeros puestos del ranking, a poca distancia de Shouto y Dynamight, a la par que Lemillion y bastante por encima de Suneater, Iida, Yaoyorozu, Aizawa, Best Jeanist o Endeavour (que ya están en horas bajas de popularidad a pesar de su evidente poder y experiencia).

El fun fact que quería contaros, sin embargo, es que el quinto Don, el que no tiene reloj, no es el de Gran Torino, aunque sea el último que ha utilizado en la escena, sino el de Trece, que considera que es el Don más poderoso de los que ha pedido y prefiere que los villanos no averiguen cuánto tiempo puede disponer de él.