Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
¡Como siempre, muchas gracias por leer y comentar! Esta es la tercera y última parte de El ladrón de Dones. Plus ultra!
Trigger Warning: Violencia física y muertes explícitas.
EL LADRÓN DE DONES (PARTE III)
—Cuatro relojes, cinco Dones. Siempre hay que mantener el factor sorpresa —susurra el héroe en el oído de Dabi, sonriendo, puede notarlo en su voz. Está detrás de él, aplastándolo contra el suelo con su cuerpo para impedirle moverse, pero está sonriendo, Dabi está seguro de ello. Intenta resistirse, forcejando e incrementando las llamas que siguen ardiendo a su alrededor, pero Phantom Thief estrecha el abrazo, inmovilizándolo mejor—. Apágalo o los cortes que te haré para matarte los justificaré ante la Comisión como defensa propia cuando me pregunten si no había otro remedio.
—Hazlo y moriremos los dos, tú quemado y yo desangrado —gruñe Dabi, dispuesto a morir si es necesario. Cualquier cosa, antes que entregarse. Se concentra para incrementar la temperatura de las llamas, pensando en quemarlos a ambos a lo bonzo, pero un movimiento que casi cree haber imaginado en el rabillo del ojo le hace cambiar de opinión y, poco a poco, el fuego de su alrededor se apaga y la temperatura asfixiante de la habitación permite respirar un poco mejor a pesar del humo.
—Buen chico, así me gusta. Me encanta cuando los malos obedecen y se portan bien. Bien, aquí acaba vuestra pequeña aventura —dice Phantom Thief, satisfecho, incorporándose y cerrando una brida alrededor de las muñecas de Dabi, aunque no termina de levantarse y sigue descargando parte de su peso para inmovilizarlo—. Es una lástima que el resto de héroes no haya llegado a tiempo de ver el espectáculo; a lo mejor Tengo un Nombre Jodidamente Largo e Impronunciable Dynamight podría haber aprendido del mejor tras tantos años jactándose de serlo él.
—A lo mejor no deberías celebrar tan pronto —masculla Dabi contra el suelo, satisfecho cuando siente el golpe del cuerpo de Bubaigawara impactando contra Phantom Thief y derribándolo al suelo—. Tu error ha sido hacerme apagar el fuego, gilipollas.
—¡No toques a mis amigos! —brama Bubaigawara. Sorprendido, Dabi constata que sus aparentes personalidades, por una vez, parecen estar de acuerdo—. ¡Vas a pagar por hacerle daño a Himiko, a Spinner y a Dabi! ¡Son mis amigos, joder!
Dabi se pone en pie lentamente, respirando con dificultad y maldiciendo porque siente un dolor en las costillas, no sabe si por el golpe, la caída o porque el cabrón del héroe le ha roto alguna. Tambaleándose, se apoya en una pared con una mano mientras con la otra se abraza el torso e inspira profundamente. Podría haberlos quemado a ambos, ha estado a punto de hacerlo. Pero una sombra en el momento oportuno le ha hecho darse cuenta de que el mismo fuego con el que estaba atacando impedía que los otros se acercaran. Y el héroe estaba lo suficientemente preocupado como para bajar la guardia, más temeroso de morir que Dabi. En cuanto la vista se le aclara, puede ver que Phantom Thief ha perdido la sonrisita de arrogancia que ha tenido durante todo el combate y, por primera vez, parece preocupado y concentrado. Consigue esquivar la mayoría de los golpes de Bubaigawara, lanzados con más rabia que tino, durante los primeros segundos. Sin embargo, cuando trata de encerrarlo en una burbuja, Twice se divide en dos partes exactamente iguales de sí mismo. La succión del agujero negro no es eficaz, porque pronto ya son cuatro atacando desde diferentes frentes y, aunque consigue inmovilizar a uno y eliminar a otro con el corte de papel, Bubaigawara se ha convertido en ocho Twice que sustituyen a los caídos.
—Joder… —susurra, flipando.
En este preciso momento, es incapaz de saber cuál de todos los Twice que ataca al héroe, que todavía se defiende con valentía, tesón y habilidad, es el original, aunque imagina que basta con golpearlos lo suficientemente fuerte para deshacer a los que no lo sean. Respirando profundamente, observa la situación para decidir por dónde atacar primero, pero antes de poder hacer nada, All for One se acerca a él y le toca el hombro con la mano, deteniéndolo. Dabi lo mira de reojo, pero no dice nada al sentir un ramalazo de electricidad que le atraviesa el cuerpo, aliviando el dolor que siente en el pecho.
—Todavía conservo algunos Dones de sanación en mi interior —murmura All for One con voz cansada—. No te he curado del todo, pero creo que tu cuerpo será capaz de hacerlo por su cuenta a partir de aquí.
—Gracias —dice Dabi, preguntándose qué factura le pasará al villano el esfuerzo al oírle respirar agitadamente a través de la máscara.
—Me gusta este Twice tan decidido —dice All for One al cabo de unos segundos, con aire satisfecho. Dabi asiente, mostrándose de acuerdo y sonriendo también—. Parecer ser que sólo necesitaba una motivación extra para sacar a la luz el diamante en bruto de su interior.
Bubaigawara ha seguido dividiéndose en dieciséis, treinta y dos, sesenta y cuatro clones. Nunca jamás lo había hecho desde que Dabi lo conoce, como mucho había llegado a sacar varias versiones del propio Dabi durante el ataque al campamento para raptar al niño de las explosiones. Dabi cree que hay un trauma por ahí escondido en el interior de Bubaigawara que seguro que Iguchi y Toga han escuchado con paciencia, pero él no conoce los detalles, nunca le han interesado. Sólo sabe que siempre que utiliza su Don lo hace sobre otras personas, no sobre sí mismo.
Ahora la habitación se ha convertido en un caos, porque todas las copias hablan al mismo tiempo y Dabi sigue siendo incapaz de distinguir cuál es el Bubaigawara original. Todas ellas, no obstante, atacan con saña a Phantom Thief, que despliega toda la panoplia de Dones que ha exhibido hasta ahora uno por uno, consiguiendo acabar con muchas de las copias, que son inmediatamente reemplazadas por otras cada vez que Bubaigawara se divide o queda atrapado en una burbuja que consigue romper gracias a la clonación. Uno de los cortes del héroe, potente y rápido, corta un Twice desde el hombro hasta el pecho, haciendo que sangre a través de la ropa en lugar de deshacerse en una masa líquida, como ha ocurrido con todas las demás que Phantom Thief ha conseguido eliminar.
—¡Eres mío! —grita el héroe, pero Twice suelta un alarido escalofriante y una retahíla de insultos. Todas las copias disponibles se apresuran a agolparse delante del Bubaigawara original, protegiéndole como escudos humanos de los Dones de Phantom Thief y lanzándose hacía adelante mientras siguen multiplicándose una y otra vez al mismo tiempo que desaparecen bajo los cortes, patadas y el agujero negro del héroe.
—No puede usarlos a la vez, y esa va a ser su perdición. Al final, va a dar igual la superioridad numérica. O, mejor dicho, va a ser determinante. No es lo mismo enfrentarse a siete con cinco dones que a ochenta —dice Dabi en voz alta, inmóvil y fascinado por el espectáculo que es ver a varias docenas de réplicas de Bubaigawara atacar con saña a un cada vez más rodeado Phantom Thief, que empieza a verse sobrepasado y ser incapaz de contener a todas las copias con los sucesivos ataques de sus Dones—. Y esa congelación sólo funciona con las copias y los objetos, creo. Y sólo una al mismo tiempo.
Pronto, el héroe pasa de la ofensiva a la defensiva y ya no está atacando activamente a las copias. Twice parece notarlo, porque ataca sin miedo a pesar de que la herida del pecho lo delata como el original, secundado inmediatamente por las copias. Aunque Phantom Thief utiliza con habilidad los recursos que tiene a su favor y ha dejado de intentar atrapar clones en las burbujas al darse cuenta de su ineficacia, da igual. Los que sufren los golpes de su altísima velocidad o los cortes de su cuerpo de papel se desmoronan haciendo fútil el esfuerzo y el agujero negro no es tan potente como para cubrirle las espaldas. El bloqueo, directamente, es inútil, pues sólo le sirve por uno cada vez, y también ha dejado de emplearlo.
A partir de ese momento, la pelea acaba en menos de un minuto. Dabi tiene que reconocer al héroe que lucha con tenacidad hasta el último momento y pone todo su esfuerzo en contener a Bubaigawara, pero no es suficiente cuando el número de cuerpos enmascarados llena la habitación. Dabi ha perdido la cuenta pero, incluso descontando los que Phantom Thief ha ido eliminado, que no han sido pocos, hay más de cincuenta copias atestando la habitación. Apenas sí consigue ver el momento en el que uno de los Bubaigawara, utilizando un trozo de madera fuerte y requemada por el fuego de Dabi, con forma similar a un bate de béisbol, golpea la nuca de Phantom Thief, que ha dejado la retaguardia descubierta, derrumbándose instantáneamente en el suelo como una marioneta a la que han cortado los hilos.
El silencio que ha provocado el desagradable crujido del cráneo del héroe al romperse dura apenas una milésima de segundo antes de que todos los Bubaigawara comiencen a gritar, angustiados, al mismo tiempo, mientras se sujetan la cabeza, pelean unos con otros, intercambian bromas o celebran la victoria y estar vivos. Sin embargo, poco a poco se impone un grito por encima de todos los demás: un Bubaigawara arrodillado en el suelo, junto al cadáver de Phantom Thief, sujetándose la cabeza mientras chilla aterrorizado. Tiene una herida que sangra profusamente atravesándole el torso desde el hombro hasta la cadera, manchándole el uniforme carcelario que no se ha quitado para ponerse la máscara.
—Usa el fuego, Dabi. Lo menos potente que puedas —ordena All for One.
Comprende al instante y utiliza un fuego que extiendo por todos los Twice, menos por el que está junto al héroe. Algunos se derriten en cuanto la lengua de fuego les toca, otros tardan un poco más. Todos chillan aterrorizados, sufriendo y suplicando para aferrarse a la vida. Algunos incluso intentan escapar, pero al final sólo queda el Bubaigawara del centro, recuperando la respiración paulatinamente al verse solo y vivo. Toga, con los brazos cubiertos por los torpes vendajes de su amigo, se abraza a él y le susurra palabras tranquilizadoras al oído.
—Está bien. Eres tú, sigues siendo tú —susurra una y otra vez, tocándole con las yemas de los dedos la sangre que mana de su pecho, un tanto hipnotizada.
Tras ellos, Iguchi se levanta del suelo, ya libre de la burbuja en la que el héroe lo encerró y recupera su espada antes de dar una patada al cadáver de Phantom Thief, que tiene un rictus de sorpresa en el rostro, mucho más natural y escalofriantemente humano que la expresión de suficiencia que ha utilizado casi todo el tiempo.
—Tenemos que salir de aquí antes de que llegue nadie más —dice Shigaraki, que también se está incorporando.
—¿Kurogiri? —pregunta All for One, que se ha acercado a Bubaigawara para tocarlo, como ha hecho con Dabi. Pronto, la herida del pecho de este deja de sangrar.
—Sigue en desconexión. Dudo que despierte en menos de dos o tres horas.
—Es lo que ha tardado en descansos anteriores —susurra Iguchi con todo de fastidio, mirando directamente a All for One y preguntándole con la mirada qué van a hacer.
—Vístete. —Toga y Bubaigawara, ajenos a la conversación, están cerciorándose de que la herida de este, aunque no cerrada, si haya dejado de ser inmediatamente peligrosa. Mientras él cambia su uniforme carcelario, manchado y rasgado, por el resto de traje a medida, un tanto amplio por los kilos perdidos durante el encarcelamiento, Toga se lame golosamente los dedos manchados, esbozando una sonrisa de placer largamente añorado.
—Dijo que vendrían refuerzos —murmura Dabi, mirando el cadáver del héroe.
—Y sin embargo, no han llegado —masculla Iguchi con desprecio—. A lo mejor sólo era un puñetero farol.
—El quinto Don no lo era. Será mejor no arriesgarnos a encontrarlos. Vámonos igualmente. Podemos movernos a pie —decide Dabi. All for One asiente, refrendando sus palabras—. Cuanto antes salgamos, más difícil será que nos atrapen cerca de aquí.
Iguchi carga con Kurogiri con facilidad y Toga sostiene a Bubaigawara en un medio abrazo que es más un apoyo simbólico que real, pero que anima a Twice a moverse en lugar de seguir compadeciéndose de sí mismo. Por lo que Dabi ha podido entender, es capaz de percibir las desapariciones de cada una de sus copias. Se han alejado bastantes metros cuando Dabi se vuelve hacia el refugio y envía una fuerte llamarada azul que lo hace estallar por los aires. En parte es rabia y en parte un mensaje para los héroes que lleguen allí, esperando encontrar a Phantom Thief controlando la situación, lo encuentren todo ardiendo o calcinado, incluso el cadáver del héroe que ha creído más en su arrogancia que sus posibilidades reales de vencer a tiempo. El resto lo mira de reojo, pero nadie dice nada mientras se alejan caminando campo a través en busca de edificios de la ciudad más cercana que los oculten de miradas indiscretas hasta que Kurogiri pueda sacarlos de allí.
.
—¡Lo siento! —exclama Izuku volviéndose hacia la señora a la que casi atropella en su carrera sin dejar de correr y sintiéndose culpable por no detenerse, pero llega tarde a la clase del profesor Iwao Watanabe y es la peor perspectiva que puede imaginar ahora mismo. Preferiría enfrentarse a cualquier villano antes que recibir otra reprimenda por su retraso.
Ya es el cuarto día consecutivo que se queda dormido. Su empeño en trabajar durante las noches en el dispositivo antirretroceso para las articulaciones de Dynamight le hace perder la noción del tiempo y ya van varias mañanas seguidas que su madre lo encuentra roncando, rendido de cansancio, con la cabeza apoyada encima del escritorio de su habitación. Para colmo, todos los días a primera hora tiene clase de Construcción de Soporte aplicada a los Dones a primera hora, pero el profesor Watanabe la ha reconvertido en una especie de clase de autodefensa, algo que ha hecho que el entusiasmo de Izuku por sus estudios caiga en picado. Más, si cabe, con esa asignatura en concreto.
Tras la fuga de la Liga de Villanos, todas las clases le resultan pesadas, en particular las del profesor Watanabe que, si ya eran una mala experiencia antes, ahora se han convertido en un infierno. Si no ha anulado la matrícula de la asignatura es por pura cabezonería y orgullo. Y porque la necesita para aprobar sin postergar su graduación un curso entero. Desde la caída de la prisión, el prejuicio del profesor Watanabe hacia él ha crecido hasta el punto de que la propia Hatsume ha sido capaz de percibirlo y, gracias a eso, al menos sabe que no son imaginaciones suyas. Tampoco ayuda que el profesor oriente todas las clases en fortalecer sus Dones con la excusa de utilizarlos en sus inventos en lugar de seguir con el temario planificado para el cuatrimestre.
«¿Esto no se supone que está prohibido?», había susurrado Izuku a Hatsume cuando el profesor los había reunido unos días atrás en el campo de entrenamiento del campus para explicarles en qué iban a consistir sus clases.
«Es posible que quiera que podamos defendernos por nuestra cuenta si… ya sabes, pasa algo aquí».
«Tenemos dos agencias de héroes en la ciudad, ¿qué puede pasar?», preguntó Izuku, exasperado. El profesor Watanabe se había acercado a ellos dos con su habitual semblante de serio desagrado a preguntar si tenían algún problema con las instrucciones. «Yo no tengo Don, profesor».
«Eso ya lo sé, Midoriya». El profesor lo había mirado con desprecio, igual que al principio del cuatrimestre, cuando Izuku lo había mencionado por primera vez en clase. Tras observarlo varios segundos con un gesto de disgusto, finalmente el profesor había cedido con un resoplido. «Ahora, aproveche la clase y al menos trate de fortalecer su cuerpo».
Y eso había hecho Izuku, empleando las clases de Construcción de Soporte aplicada a los Dones para ejercitarse físicamente y, cuando el profesor Watanabe había accedido a regañadientes a permitirle utilizar objetos de soporte que hubiese creado por sí mismo, a diseñar e ingeniar formas de potenciar su propia fuerza, velocidad, potencia y flexibilidad físicas a falta de un Don que fortalecer. Al contrario que el ambiente sombrío que se respira en las calles, auspiciado por los cautelosamente optimistas informativos y declaraciones oficiales de la Comisión de Seguridad Pública con consejos de prevención y palabras tranquilizadoras, el profesor Watanabe parece poseído por el mismo espíritu revolucionario que empapa algunos de los sectores de internet cuyas webs y vídeos llaman a la revuelta popular y al uso de los Dones propios.
—Llega tarde, Midoriya —lo reprende el profesor Watanabe cuando por fin cruza la puerta del campo de entrenamiento, jadeando por la carrera.
—Lo siento, perdón. Lo siento mucho, no volverá a ocurrir, de verdad
—Eso dijiste ayer.
—Lo siento mucho —se disculpa una y otra vez Izuku, inclinándose ante el profesor, que lo juzga con displicencia, e intenta no pensar en lo que un retraso puede suponer para su nota. Evita también mirar al hombre serio con apariencia de roedor que está al lado de Watanabe, porque no quiere desatar la ira de este siendo descortés. El desconocido tiene el pelaje blanco, nariz pequeña, orejas redondeadas, una sonrisa amable y traje elegante, pero Izuku no lo recuerda de haberlo visto en otras clases.
—Vaya a entrenar a su puesto —dice el profesor con voz neutra al cabo de unos segundos, ignorándolo y volviéndose al otro hombre, que Izuku no conoce de nada, intercambia con él algunas palabras en voz baja que hacen que el desconocido lo mire con curiosidad.
Reprimiendo el deseo de satisfacer su curiosidad, Izuku agacha la cabeza, suspira aliviado de que la bronca haya sido apenas una reprimenda sin consecuencias y se dirige hacia un rincón de la zona de entrenamiento donde hay dispuesto un pequeño tatami con algunas máquinas y objetos de gimnasio para comenzar a entrenar. A unos metros de distancia, Hatsume entrena su Don. La necesidad de su amiga de ocupar un extremo del campo de entrenamiento y el deseo de Izuku de no estar a la vista del resto de sus compañeros hacen de ese punto del aula un sitio ideal para pasar más o menos desapercibidos.
—Me odia —jadea Izuku entre dientes al cabo de un rato, con tristeza, mientras hace una última dominada, y se deja caer hasta el suelo, observando de reojo al profesor para asegurarse de que no está mirando en su dirección en ese momento. Afortunadamente, sigue inmerso en su conversación con el hombre desconocido, que señala a una de sus compañeras.
—No le caes bien, pero no te odia. Al principio creía que… bueno, que no terminaba de conectar contigo por alguna razón, aunque era un poco extraño—dice Hatsume. A pesar de sus palabras, celebra con alegría cuando el láser que está apuntando a una diana al otro lado del campo de entrenamiento pita indicando que ha acertado en el centro exacto—. Aunque a lo mejor deberías poner una queja en el rectorado. —Se vuelve hacia Izuku, mirándolo con cara de circunstancias a la vez que el visor de su ojo se reajusta para ver de cerca.
—No sé si serviría de algo…
—Es posible que sea la primera vez que tiene un alumno como tú en sus clases. —Izuku se encoge de hombros, sentándose en una máquina de levantar peso al tiempo que se seca la frente con una pequeña toalla.
—Eso es imposible. ¿Cuántos años debe tener? ¿Sesenta? Y debe de llevar al menos treinta dando clases. Antes había incluso más gente sin…
—Mira a tu alrededor, Izuku, eres el único sin Don que se ha matriculado en esta asignatura.
—También soy el único de toda la facultad matriculado en esta carrera que no lo tiene —le recuerda Izuku fastidiado. Tradicionalmente, las personas sin Don estudian carreras profesionales que no están relacionados con ninguno de los aspectos que implican Dones. Izuku siempre ha pensado que se debía al hecho de no querer un recordatorio constante de lo que no se tiene, pero ahora sospecha que hay un fuerte componente social que ha mantenido las puertas cerradas hasta su llegada y que se las han abierto con reticencia sólo porque no hay ninguna norma que lo impida—. Tendrías que haber visto la cara del personal de la secretaría cuando llegué con toda la documentación debidamente consignada. Una de las administrativas me preguntó tres veces si estaba seguro de que no me había equivocado de carrera.
—Sigue siendo una clase basada en Dones, Izuku. —Este aprieta los labios al escuchar las palabras de su amiga. La asignatura no sólo consiste en aplicar la construcción a los Dones, también hay una parte amplia del temario dedicada a aplicar los Dones a la construcción, algo que Izuku no puede hacer, aunque quiera.
—Yo sólo…
—Lo sé, lo sé —lo interrumpe Hatsume. Izuku frunce el ceño en un gesto bromista que ambos comparten a menudo, cada vez que pisan las palabras del otro para hablar—. Quieres ver cómo aplican los demás los Dones y estudiarlos desde la perspectiva del inventor y así saber qué necesitas desarrollar artificialmente para poder suplir tu falta de Don e igualarte a quienes sí lo tienen. Pero ese sólo es un aspecto de la asignatura. Y suenas presuntuoso cada vez que lo dices, que lo sepas.
—¿Presuntuoso? Hatsume, no soy yo quien se pasa todo el día hablando de sus bebés —se burla Izuku, riéndose por primera vez en toda la mañana.
—Eso es porque yo soy una orgullosa mamá y no me importa publicitarme —admite Hatsume con descaro. Vuelve a concentrarse en el objetivo de la siguiente diana, un punto móvil que Izuku es incapaz de ver desde donde está por su tamaño y lejanía—. En cambio, tú nunca quieres explicar qué haces con tus inventos y me obligas a preguntarte. Por ejemplo, ¿ese guante para qué es?
—Siempre te cuento qué hacen todos mis inventos —protesta Izuku, lastimeramente. Es más, Hatsume tiene mucha más creatividad que él y es quien suele ayudarlo a perfeccionarlos y mejorarlos. Flexiona los dedos del puño derecho, evaluando el comportamiento del guante durante todo el entrenamiento—. La idea es que canalicen la fuerza con la que los utilizas y la amplifiquen todo lo posible. Además, reducen el impacto del ejercicio o de la fuerza realizada en las articulaciones y los músculos, previniendo lesiones. Fíjate. —Con una mano, Izuku vuelve a colgarse de la barra, balanceándose por un segundo hasta que un pequeño crujido pone en marcha el guante y eleva su cuerpo con facilidad, un movimiento que Izuku acompaña flexionando el codo para completar el ejercicio.
—¿Ves? No es una superfuerza siquiera, nada comparable a ningún héroe profesional, creo, pero exprime mi propia fuerza natural y la duplica o triplica. Cuanto más fuerte sea yo, más potente será el guante —sigue explicando Izuku, mientras asesta un puñetazo a un saco de boxeo que cuelga cerca—. Y, al absorber los impactos, mi cuerpo poco acostumbrado a ello puede soportar los golpes con facilidad. Es sólo un prototipo, pero creo que podría ser muy útil.
—La idea de absorber impactos…
—Se me ocurrió trabajando en el soporte para Dynamight, sí —asiente Izuku, mordiéndose el labio inferior.
—Guau, Izuku. Es impresionante —lo elogia Hatsume. Por su mirada, Izuku adivina que está deseando ponerle las manos encima, pero una mirada perentoria del profesor Watanabe los hace concentrarse cada uno en su tarea de nuevo. Guardan silencio unos segundos, cada uno entrenando por su cuenta, hasta que el profesor y su acompañante se centran en otros compañeros.
—¿Quién es? —pregunta Izuku, señalando con la mirada al desconocido.
—Ni idea. Ya estaban ambos en el aula cuando hemos llegado. —Hatsume apunta con el láser, pero antes de disparar baja la mano y ladea la cabeza—. A lo mejor no te odia.
—Mei… —dice Izuku, escéptico, pero la chica se encoge de hombros.
—No niego que tenga prejuicios o que no le caigas bien. Pero… Quizá… sólo está preocupado por ti. —Hatsume lo mira, pensativa.
—¿Desde el principio de curso? —pregunta Izuku, incrédulo.
—Hay gente que expresa sus sentimientos de forma extraña. No es un profesor demasiado agradable con nadie, ni siquiera conmigo. —Hatsume tiene razón. Ella es la mejor de la clase, y aun así el nivel de exigencia del profesor Watanabe hacia ella es tan alto como para el resto y escatima sus elogios incluso con sus progresos—. Pero es verdad que está peor desde lo de la Liga de Villanos.
—Todo el mundo está peor desde lo de la Liga de Villanos. —Izuku suspira. La falta de información oficial, más allá de los repetitivos consejos, ha hecho que la población se vuelva cautelosa y paranoica. Tampoco ayuda que, a falta de novedades sobre la posición de los villanos o sus movimientos, muchos medios de comunicación basen sus informativos en repetir una y otra vez las mismas declaraciones de la Comisión.
—Es cierto —asiente Hatsume, anotando otro pleno en la diana—. Podrías añadir un visor en uno de tus guantes. Por sí solo no parece gran cosa, pero podrías utilizarlo para trabajar en las piezas de los inventos que requieren fuerza y precisión, sin tener que utilizar un visor de aumentos aparte. Y en combate, combinaría con un arma a distancia o para explorar el terreno.
—Multiusos —comprende Izuku, interesado, mordiéndose de nuevo la comisura derecha del labio, pensativo, a la vez que efectúa algunos cálculos aproximados para saber cuánta resistencia puede sacrificar para ganar esa precisión.
—Exacto. Como una navaja suiza.
—¿Algún progreso por aquí? —Izuku se sobresalta.
Ninguno de los dos, distraídos con la conversación, ha oído acercarse al profesor Watanabe. A su lado, el hombre trajeado resulta imponente, incluso a pesar de su expresión afable y su sonrisa sincera. Izuku duda, sin saber qué contestar exactamente que no perjudique aún más su relación con el profesor, pero Hatsume se adelanta:
—Sigo acertando todas mis dianas. Necesitaría salir fuera para poner más distancia si quiero que suponga un verdadero reto. E Izuku ha conseguido grandes avances con su nuevo guante.
—¿De verdad? Veamos entonces si ha recuperado el tiempo desperdiciado con su aparente incapacidad para la puntualidad —dice sarcásticamente el profesor, volviéndose hacia Izuku. Este se sonroja y baja la cabeza para no asesinar con la mirada a su amiga por volcar la atención sobre él, aunque comprende por qué lo ha hecho.
—¿Puedo ver una demostración? —dice el hombre, muy serio, tras intercambiar una mirada con el profesor Watanabe, que asiente discretamente, después de que Izuku le ofrezca una exposición atropellada de las características del guante.
—¡Sí! —Izuku carraspea para aclararse la garganta, nervioso—. Claro, sí, por supuesto. Es… solo un prototipo que… uhm… Voy a mostrarle la forma en la que ayuda a mis brazos a hacer dominadas o flexiones, aportando fuerza extra y reduciendo impacto en las articulaciones para…
A pesar del codazo de Hatsume, que intenta devolverlo a la realidad, Izuku va disminuyendo el volumen de voz hasta convertirlo en una retahíla de murmullos ininteligibles para sí mismo, sin ser consciente de la mirada de reprobación del profesor Watanabe y la de desconcierto de su acompañante que, no obstante, sigue observándolo con interés.
—Cuando el mecanismo inteligente del antebrazo detecta la tensión de los tendones —Izuku se dirige a la barra de ejercicios para demostrarlo prácticamente aprieta el puño e intenta impulsarse hacia arriba, sin éxito— el guante hace que… que… mpf… Debería hacer que… mpfmmmpppff… —Comenzando a entrar en pánico y, colorado por el esfuerzo y la vergüenza, Izuku intenta soltar la barra, pero el guante no se aflojar lo suficiente como para poder extraer los dedos—. Hace justo un momento estaba funcionando perfectamente, de verdad. Si me dan un segundo… puedo arreglarlo… estoy bien, no se preocupen…
—No lo está —constata Hatsume en tono obvio, suspirando dramáticamente.
—¡Sí! Únicamente tengo que intentar… —Izuku intenta manipular el guante con la mano izquierda con torpeza—. Si tan sólo tuviera un destornillador de estrella podría… Mierda… —El profesor Watanabe ni siquiera tiene tiempo de reprenderlo por el vocabulario porque un olor a quemado y una fina columna de humo se eleva desde el dorso del guante—. Todo está bajo control, voy a…
—No está bajo control —dice Hatsume, conteniendo una carcajada. Izuku la fulmina con la mirada y esta se disculpa, sin mucha convicción, encogiéndose de hombros.
—¿Puedes, aunque sea, pasarme un destornillador de mi estuche de herramientas, por favor, Hatsume? —suplica Izuku, intentando mantener la calma, pero Hatsume ya está a su lado con su propia herramienta, aflojando hábilmente con un destornillador la estructura de los dedos lo suficiente para permitir que Izuku deslice los dedos fuera del guante justo antes de que una pequeña sucesión de explosiones termine de inutilizar el artilugio, que cae al suelo descompuesto en varias piezas—. ¡Oh! Esto podría haber sido problemático.
—De hecho, podrías haber perdido los dedos, joven… —dice el hombre desconocido en tono cordial, pero severo. Izuku ni siquiera se atreve a mirar al profesor Watanabe, no se siente con fuerzas de encarar su mirada de decepción.
—Midoriya, señor. Izuku Midoriya —contesta este al tiempo que hace una reverencia. Por primera vez, se fija en la pequeña tableta electrónica que el hombre lleva en su mano cuando le ve teclear algo distraídamente. Con un tirón de ansiedad en el estómago, Izuku se agacha para recoger del suelo el trozo más grande que ha sobrevivido de su prototipo.
—Me parece que la idea es interesante, pero me temo que le queda muchísimo desarrollo —dice el hombre, apuntando todavía.
—Él es el señor Miyashita, de Detnerat —apunta el profesor Watanabe, con una inflexión no exenta de cierta amabilidad, clavando al mismo tiempo la mirada, dura, en los ojos de Izuku.
—¿De Detnerat? —Izuku tiene que reprimir sus ganas de dar saltitos alrededor del hombre, que esboza una sonrisa cortés, y contenerse para no explicarle lo muchísimo que admira la compañía más grande de objetos de soporte para héroes de todo el país y sus intenciones de solicitar trabajar para ellos cuando se gradúe.
—Está aquí para echar un vistazo a las nuevas promesas de este curso, porque pronto la empresa necesitará ampliar su plantilla con jóvenes innovadores que aporten aire fresco a los proyectos de la compañía —asiente el profesor Watanabe, todavía serio, sin apartar la mirada de Izuku, cuya ilusión se desinfla al comprender que no ha hecho precisamente un buen papel que lo avale como una de esos prometedores futuros candidatos—. Hatsume, ¿te importaría acompañar al señor Miyashita a ver la siguiente área del campo mientras hablo en privado con Midoriya? Será sólo un momento.
Su amiga, que también está conteniendo sus ganas de expresar su admiración acerca de Detnerat, se apresura a obedecer. Izuku observa cómo se alejan hacia el siguiente compañero y puede escuchar a Hatsume hablar de sus bebés con entusiasmo. Apretando los labios para no sonreír, alegrándose por su amiga y la oportunidad que tiene, se vuelve hacia el profesor Watanabe y agacha la cabeza con humildad.
—Siento mucho haber deshonrado a la universidad y haberlos decepcionado a usted y al señor Miyashita, Watanabe-sensei —murmura, inclinándose en una reverencia.
—Midoriya… —Izuku agacha más la cabeza y cierra los ojos, intentando contener las lágrimas que acuden a sus ojos, preparándose para la inevitable reprimenda—. Verás, sigo sin entender por qué estás en esta clase. No. —Watanabe se apresura a levantar una mano para impedir que Izuku conteste—. No es necesario que lo repitas. Sin embargo, no lo comprendo. Tienes muchísimo talento, Midoriya. Este guante es un prototipo en fase… ¿beta?
—Alpha, sensei —aclara Izuku sin levantar la mirada, con la voz ahogada.
—¿Alpha? ¿No lo habías testeado siquiera?
—Lo terminé anoche. —Se le había ocurrido la idea mientras trabajaba en el material antirretroceso del trabajo de fin de carrera y desarrollarlo le había sido útil para despejar la mente durante la madrugada. Sólo lamenta haberlo probado justo un día tan importante como hoy y fastidiar parte de sus posibilidades de entrar en Detnerat al terminar los estudios, pues no duda de que el señor Miyashita ha anotado su nombre en la tableta electrónica y duda que sea para bien.
—Es justo a lo que me refiero, Midoriya. Tienes muchísimo talento para crear objetos de soporte e innovar. De los mejores de esta promoción, aunque estés por debajo de Mei Hatsume. —El profesor Watanabe mira hacia la chica con un gesto de admiración e Izuku levanta la cabeza, observándole, atónito. Es la primera vez en todo el curso que el profesor admite algo positivo de él—. Aunque me temo que muchos profesores estaremos por debajo de ella cuando se profesionalice y coja un poco de experiencia.
—Es la mejor —asiente Izuku, con simpatía. Se alegra por su amiga, pero no puede evitar apretar los labios con tristeza—. Al menos ella no decepcionará al representante de Detnerat.
—No creo que el señor Miyashita esté decepcionado por lo que ha visto, sobre todo porque le he puesto al día de tus particulares circunstancias. Pero… —Izuku se sorprende al ver una mirada compasiva en los ojos del profesor Watanabe, y las palabras de Hatsume le vienen a la cabeza y se pregunta si ella lo ha calado mejor que él. La compasión es fugaz, porque la expresión del profesor se endurece al pronunciar las siguientes palabras—: No eres un héroe, Midoriya. Tampoco tienes un Don. Creo que mejorarás exponencialmente e impresionarás mucho más a los ojeadores que vengan una vez asumas esto, porque estarás centrado en un objetivo realista para ti y tu condición.
—No es necesario tener un Don para ser un héroe —farfulla Izuku en voz baja, sin poder reprimirse.
—Pero aquí no entrenamos héroes. Formamos inventores, Midoriya. Incluso ahora, el objetivo es que la experiencia pueda ayudaros a ampliar la vista en cómo enfocar el trabajo sobre los Dones ajenos, no la autodefensa. —Izuku asiente, comprendiendo que ha malinterpretado el objetivo de la clase, pensando que tenía que ver con la fuga de los villanos—. Insisto, tienes talento, pero jamás serás un héroe. Nunca lo serás porque no tienes un Don, pero es posible que llegues a ser un buen inventor si eres capaz de asumir cuáles son tus límites.
—¡Seré lo que me proponga ser, sensei! —exclama Izuku impulsivamente. Acto seguido, intenta suavizar sus palabras—. Perdóneme Watanabe-sensei. No pretendo contradecirlo ni ser maleducado, pero yo… No importa que no tenga Don, si puedo utilizar todos los recursos a mi favor para ello. Ser un héroe es algo más que tener un Don, no una consecuencia de tenerlo. —«Porque yo siempre he querido ser un héroe», concluye en su cabeza. Percatándose de que se ha exaltado, Izuku se calla y vuelve a agachar la cabeza en gesto de respeto, temiendo haber ofendido al profesor y empeorado la situación.
—Creo que has entrenado suficiente por hoy, Midoriya. —El profesor se aleja a pasos lentos en dirección a Hatsume y el señor Miyashita, murmurando más para sí mismo que para Izuku—: Algún día lo comprenderás, supongo. O me demostrarás que estaba equivocado.
Triste, frustrado y dolido, Izuku se pone de rodillas y termina de recoger los restos del prototipo al tiempo que parpadea para evitar tener que enjugarse las lágrimas de los ojos. Unos segundos después, las manos de Hatsume aparecen en su campo visual, ayudándole a recoger en silencio, apoyándolo con su presencia.
—Venga, vamos, te acompaño hasta el vestuario. El profesor Watanabe me ha dicho que te ha dado permiso para recoger y salir antes.
—No importa, Mei —dice Izuku, negando con la cabeza, amontonando entre sus brazos el malogrado guante.
—Creo que lo que no ha funcionado es el engrasamiento del motor que comunica con el sensor del antebrazo —responde Hatsume, sin darse por aludida, al tiempo que Izuku intenta recomponer el guante para no perder ninguna pieza y poder examinarlo más tranquilamente en casa, aunque ahora mismo no le apetece lo más minimo—. Fíjate, es justo donde están las rejillas de ventilación que has colocado para que el motor no se sobrecaliente. Podrás solucionarlo cambiando el sistema de refrigeración o añadiendo una lubricación activa que impida que el sistema se atasque.
—Tienes razón. Eres genial, Mei —admite Izuku, admirado una vez más por el talento de la chica, que ha sabido detectar al primer vistazo un problema que a él o cualquiera de sus compañeros le habría llevado horas resolver.
—Siempre la tengo, ya lo sabes. —Hatsume le guiña un ojo, relajando la tensión—. Siento haberte ayudado tan tarde.
—La verdad es que ese destornillador ha llegado justo a tiempo, pero sí, te estaba enviando una indirecta —dice Izuku con una carcajada cansada, pero amistosa.
—No sabía si necesitabas ayuda —se defiende Hatsume, sonriendo—. La culpa es tuya. Yo soy la chica con cerebrito para los diseños y tú el que sabe pillar indirectas. —Izuku se ríe otra vez, porque tampoco es que se le dé muy bien esa parte de las interacciones sociales—. Venga, vamos, nos ducharemos y saldremos del campus antes de que el resto invada los vestuarios. A lo mejor nos da hasta tiempo de comer un tentempié en la cafetería. ¿Qué quería el profesor Watanabe, por cierto?
—Decirme una vez más que no entiende por qué estoy en su clase si no tengo Don y que jamás seré un héroe —dice Izuku con amargura.
—Vaya. No está bien que haya dicho eso, él no es un orientador escolar ni le has pedido opinión —dice Hatsume solidarizándose con él, algo que Izuku agradece. «También ha dicho que tienes talento», murmura una voz en su cabeza, pero no se lo menciona a Hatsume, deseando cambiar de tema.
—¿Y tú? ¿Qué tal con el señor Miyashita?
—Ha sido impresionante. —Hatsume se embarca en una retahíla sobre todos los bebés de los que ha conseguido hablarle antes de que el profesor Watanabe los interrumpiese, pero se detiene al llegar a la puerta de los vestuarios—. Creo que tu guante le ha gustado, Izuku. De veras —insiste, mirando a Izuku con intensidad, cuando ve que este apenas la está escuchando.
—Genial —dice Izuku en tono cansado, esbozando una sonrisa sincera hacia su amiga—. Muchas gracias por los consejos con el guante, Mei. Le echaré un vistazo en algún momento para implementarle los cambios que has sugerido, pero la verdad es que ahora no me apetece mucho hablar.
—Nos vemos en la siguiente clase, entonces —dice Hatsume, comprensiva.
—En realidad, creo que será mejor que me marche directamente a casa tras ducharme, como ha dicho el profesor Watanabe. Necesito estar a solas y pensar. Nos vemos mañana, ¿de acuerdo? —repone Izuku, apretando los labios y desviando la mirada del rostro de Hatsume para no ver en ella la misma compasión que en el profesor Watanabe.
—Izuku —lo llama Hatsume con voz suave cuando va a entrar en el vestuario—. Yo sí creo que podrías ser un héroe, aunque no tengas Don. Sólo necesitarías unos pocos bebés bien diseñados. En un mundo donde todo el mundo tiene superpoderes y los héroes utilizan mejoras para potenciar sus Dones, ¿por qué no ibas a poder tú igualarlos con entrenamiento, tu inteligencia y nuestra pericia? —concluye, mirando a Izuku con una sonrisa de ánimo que, poco a poco, se va reflejando también en el rostro de este, mucho más animado tras escuchar sus palabras.
—¡Sí! ¡Tienes razón, Hatsume-san! —asiente Izuku, mucho más animado tras las palabras de su amiga, devolviéndole la sonrisa cuando esta le saca la lengua, fastidiada por el honorífico, y despidiéndose con un movimiento enérgico de la mano antes de entrar en el vestuario.
—¡Recuerda que eres genial! —repite esta una vez más Hatsume, hasta que la puerta del vestuario se cierre a sus espaldas, aislándolo del ruido del campo de entrenamiento. Se muerde el labio inferior, pensativo, dejando que su optimismo y el de Mei le ganen la partida a la sensación de malestar que le ha generado la situación.
Notas finales: No pedí perdón por Present Mic, a pesar de la mucha pena que me da Aizawa en el capítulo 3, porque su muerte fue la primera escena que escribí, allá por agosto del 2021, cuando era él quien abría el fic y no Dabi, pero sí voy a pedir perdón por Monoma. Es de estos personajes que inicialmente estaba planificado de otra forma. Al principio, tenía la misma edad que Izuku, pero cuando Shinsou entró en la trama, asumió las funciones que le correspondían a Monoma con respecto a Izuku, así que se quedó fuera del fic ya en los primeros borradores. Lo rescaté después de terminar el fic, porque tenía un par de escenas anotadas para completar en las que tenía que resolver qué hacía exactamente la Liga de Villanos en estos tres capítulos y sentar las bases para los siguientes, y cuando lo hice supe que era para matarlo, así que quise darle al menos una muerte un tanto épica.
¡Oh! Y tras conocer a Kairi, le ha tocado el turno a Iwao. Así se han llamado en el borrador desde el primer momento, sus apellidos no aparecieron hasta el día antes de empezar a publicar el fic (bendita herramienta de Reemplazar xD), porque no era capaz de decidirme. Al final, opté por algo que me sonara bien a mí (las sílabas KA y WA en nombre y apellido para darles cierta cadencia). Espero no haber cometido ningún crimen a la altura de Rowling con Cho Chang.
