Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
Como dije en el anterior capítulo, los siguientes diez forman un "bloque" en sí mismos. A su vez, estará dividido en tres partes y el que más PoVs tiene es Izuku, con 8 (y 4 capítulos para él solo xD). En realidad, sigue la misma dinámica que los 7 capítulos anteriores, donde Izuku tiene el mismo número de PoVs que Dabi, por ejemplo, pero en realidad condensa muchas más palabras que este. Al fin y al cabo, si yo tuviera que señalar un protagonista de esta historia, sería él xD. Y ya corto el rollo, que me entusiasmo hablando de mi libro jajaja.
¡Como siempre, muchas gracias por leer y comentar!
TODO UN HÉROE HARÉ DE TI (PARTE I)
—¡Es Dynamight! —Los ojos de Izuku se abren de par en par y su mente es incapaz de procesar nada más durante unos pocos segundos. Los latidos de su corazón reverberan en su cabeza, haciéndola retumbar como una campana de bronce y haciendo que se sienta levemente mareado—. ¡Oh, madre mía! ¡Mei, es Dynamight! ¡Dios mío, es más grande de lo que me imaginaba!
—¿Te traigo un cubo para recoger las babas? —pregunta Hatsume a su lado, riendo entre dientes. Izuku cierra la boca, que no sabía que tenía abierta, y agacha la mirada, notando el calor que se extiende por toda su cara, sonrojándole. No dura mucho, apenas un segundo después está mirando de reojo al héroe, que está hablando con Best Jeanist en lo que parece una discusión. Al menos por parte de Dynamight, que tiene las manos en los bolsillos y cara de mal humor.
Izuku tiene la garganta seca y se muerde el labio, siguiendo a Dynamight disimuladamente con la mirada mientras este los evalúa con cara de disgusto. El héroe no viste con su traje profesional, sino ropa deportiva cómoda, con una camiseta de tirantes que le deja los musculados brazos al descubierto. Varios tatuajes los adornan. En el derecho, un tribal en el antebrazo precede a una gruesa línea en negro que rodea todo el bíceps. En el izquierdo, una serie de líneas a color de lo que parece un estilizado pez koi se pierde bajo la camiseta al continuar dirección al pecho. La mandíbula de lo que podría ser un lobo estepario asoma por debajo de sus pantalones cortos, a la altura de las rodillas. No es lo único que Izuku, acostumbrado a que en todas sus apariciones el héroe aparece con un traje profesional que le cubre cada centímetro de la piel del cuerpo para optimizar la recogida de sudor y redirigirla a sus granadas, ve por primera vez en el héroe profesional: una sucesión de aros y barras de titanio atraviesan sus dos orejas y una de las cejas de color rubio oscuro, destacando sobre ella.
—¿Algún problema, extra? —ladra Dynamight con un rictus de desprecio en los labios cuando sus miradas se cruzan y su voz suena más ronca que en la televisión, donde habitualmente se le oye gritando; tanto, que casi hace que Izuku se haga pis en los pantalones.
O se ponga cachondo, no sabe bien.
Levanta la mirada y descubre los ojos de Dynamight, rojos y llameantes, entrecerrados, sin dejar de mirarlo. Recuerdos de su pubertad y despertar sexual, cuando el héroe ocupaba todos los informativos locales por la apertura de su agencia y la enorme cantidad de fantasías nocturnas que le han acompañado, ayudadas por los pósteres que cubren cada rincón de su dormitorio. Un codazo de Hatsume, que se está riendo de él disimuladamente, lo devuelve de golpe a la realidad.
—Ninguno. Señor. Héroe. Dynamight. Dios de la Gran Explosión Asesina Dynamight. Señor héroe Dios de la Gran Explosión Asesina Dynamight —consigue articular unos segundos después de lo que habría sido adecuado, tartamudeando y sin saber cuándo parar hasta que Hatsume le vuelve a clavar el codo en las costillas.
Más calor le sube a la cara, que juzga que debe estar de un violento color púrpura, cuando Dynamight lo taladra con la mirada, evaluándolo, pero afortunadamente una carcajada procedente de un chico de pelo oscuro a media melena situado a la izquierda de Hatsume lo distrae el tiempo suficiente como para que Izuku consiga inspirar el aire que le falta antes de desplomarse en el suelo, mareado, en lugar de comenzar una diatriba mental contra sí mismo acerca de cómo dirigirse al héroe.
—Eso es lo que yo llamo tener carácter —susurra Hatsume, con otra risita. Izuku en cambio, mira con un destello de admiración a Dynamight, que está gritando al chico de pelo negro, que debe tener una edad similar a la del héroe profesional y, lejos de amedrentarse ante el héroe, sonríe con entusiasmo.
—Voy a entrenar con Dynamight —musita, todavía sin terminar de creérselo. Ha pasado todo el fin de semana sintiéndose culpable por tener que mentir a su madre para poder escaparse de casa, a lo que se ha sumado la ansiedad porque le pillen y el miedo de tener que enfrentarse a los villanos en desventaja por no tener Don. Ni siquiera la posibilidad de ser un héroe, aunque sea de forma temporal y como apoyo, ha tenido el efecto de sentirse premiado por tantas decisiones tomadas contra la lógica como el hecho de que su héroe favorito esté delante de él anunciándoles que será su entrenador durante los siguientes días.
—¡Muy bien, extras! —brama Dynamight, dirigiéndose a todos. Best Jeanist se aleja con varias personas, todas las que tenían más de cuarenta años, que han venido con Izuku en el bus, dejando así un grupo más homogéneo que el que ha llegado: todos son chicos y chicas jóvenes que expresan diferentes grados de entusiasmo o resignación—. ¡Bienvenidos al infierno!
»¡Más os vale ser mínimamente útiles! Si alguno no está dispuesto a esforzarse o cree que esto es demasiado para él, no lo quiero aquí, puede largarse con el de los vaqueros a hacer tareas de limpieza. Pero si os quedáis… Haré de todos y cada uno de vosotros un héroe.
—¡Sí! —contesta Izuku, entusiasmado por la arenga, uniéndose a otros asentimientos más tímidos del resto. Se muerde el labio inferior con fuerza. Para eso está aquí, para cumplir con el deber de su madre y conseguir ser un héroe, así que va a dar todo de sí. Y si para concentrarse tiene que alejar de la mente el hecho de que Dynamight es quien va a entrenarlos, lo hará sin dudarlo. Va a demostrar que puede hacerlo tan bien como cualquier otro.
—Empezaremos con una pequeña prueba para probar vuestros Dones —anuncia Dynamight, dirigiéndose de nuevo a todos ellos. Izuku se cuadra automáticamente, intentando ignorar la risita burlona de Hatsume, que se está divirtiendo de lo lindo al verle perder la compostura cada vez que el héroe pasea cerca de ellos—. Iréis uno por uno y veremos si algo de lo que hay aquí es un poco más que morralla. Empezareis aquellos que tengáis Dones que no sirven para el combate directo.
—Doy por hecho que tienes un plan —susurra Hatsume. Este asiente, tragando saliva con fuerza, pues no está muy seguro de qué puede hacer él para demostrar que no es morralla, aunque está decidido a intentarlo al menos—. Entonces, suerte con ello.
Izuku vuelve a asentir, aunque Hatsume ya no lo está mirando. Ella y un par de personas más del grupo se han acercado a Dynamight, que los escucha con claros signos de impaciencia en su lenguaje corporal. Aprovechando que el héroe profesional está conversando a voces con los demás e intentando no llamar la atención de nadie, que en este momento está dando voces a los tres que lo rodean, se agacha sobre su bolsa de viaje, de la que se ha negado a separarse y la abre sin dejar de prestar atención a la conversación.
—¿Un kilómetro? —asiente Dynamight antes lo que le está contando Hatsume. Izuku se admira, el día que practicaron juntos en la clase del profesor Watanabe, la precisión de su amiga era poco más de setecientos metros—. ¡Tú! ¡Don!
—Me llamo Jirou Kyouka. Puedo…
—¡Me dan igual vuestros nombres! Para mí sois sólo extras. ¿Don? —exige Dynamight una vez más. La chica, que aparenta unos pocos años más que Dynamight y lo mira con cierto aire de desdén, pone los ojos en blanco y aprieta la mandíbula.
—Puedo escuchar a través de los lóbulos de mis orejas, aunque no alcanzo mucha distancia, porque…
—¡Bien! —la interrumpe Dynamight, sin contemplaciones, volviéndose al tercer chico—. ¿Y tú?
—Ha… ha… hablo… —Izuku apenas consigue oír qué dice el tercer chico, que parece no saber dónde esconderse, acobardado por el carácter de Dynamight. Izuku le sonríe cuando su mirada conecta con la de él, probablemente buscando mirar a cualquier parte excepto al héroe profesional, para darle silenciosos ánimos.
—¿Hablas qué? —ruge Dynamight, haciendo que el chico se encoja aún más sobre sí mismo.
—Con los animales. —La frase termina en un susurro de voz aflautada. Izuku cree que Dynamight va a decir algo más, pero sólo asiente y les hace un gesto con la cabeza a los tres, para que vuelvan a su lugar.
Con una rodilla apoyada en el suelo, ha sacado uno de los cuadernos que ha guardado y, sin reparos, lo abre por una página limpia para escribir la descripción de los Dones que acaba de escuchar antes de que se le olviden, planificando pensar en ellos más tarde. Absorto en la tarea, no levanta la cabeza del cuaderno hasta que una enorme sombra cubre la hoja del cuaderno. Alza la vista y se topa, con un respingo avergonzado, el rostro afilado de Dynamight, que lo mira con los ojos entrecerrados y la mandíbula apretada en un gesto de desprecio. Izuku se muerde la comisura derecha del labio inferior, como hace cada vez que se avergüenza o concentra. La expresión de Dynamight se suaviza un poco y sus ojos se abren, dejando que Izuku vea que son de un tono rojo oscuro, acentuado por lo dilatado de la pupila a pesar de que es un día soleado.
—¿Sobrado de tiempo, nerd? —Dynamight sonría con ferocidad, pero su tono es menos duro y agresivo que el que ha empleado hasta ahora—. ¿Qué eres, un friki que toma notas de todo?
—Yo… —Repentinamente, Izuku es consciente de que Dynamight está hablando directamente con él y la garganta vuelve a secársele—. Yo… es sólo… Apunto los Dones. Soy… inventor y todos los datos que pueda…
—Nombre y Don, el resto no me interesa —le interrumpe Dynamight, impidiéndole embalarse en uno de sus eternos soliloquios consigo mismo. Izuku abre la boca y la vuelve a cerrar, tratando de tragar saliva y conteniendo el aire dentro de los pulmones. Ha bajado demasiado la guardia y ha estado a punto de decir que no tiene Don por la fuerza de la costumbre—. Joder, ¿por qué todos parecéis mudos cuando os hacen una pregunta? —pregunta el héroe, claramente exasperado.
—Iz… sashi. —Izuku apenas consigue corregirse a tiempo, todavía desconcentrado, a la vez que se pone en pie, nervioso. El cuaderno resbala de sus rodillas, cayendo al suelo bocabajo, e Izuku se apresura a recogerlo—. Hisashi Midoriya. Y mi Don… —continúa, intercambiando una mirada fugaz con Hatsume que, desde detrás de la espalda de Dynamight, le mira con preocupación. Es un momento crítico, porque no sabe si Dynamight dispone de una lista de nombres y Dones de cada persona y sabe que debería responder «aliento de fuego»—. Fuer… Fuerza aumentada.
—¿Fuerza aumentada? —Izuku examina con ansiedad la reacción de Dynamight, pero este no altera el gesto, sólo alza una ceja inquisitiva.
—No es gran cosa —se apresura a aclarar Izuku, bajando la vista para concentrarse en flexionar los dedos de la mano derecha, buscando las palabras más adecuadas para definir cómo funciona su guante—. Puedo golpear con un extra de fuerza, o coger peso superior al habitual, no sé cuánto exactamente, porque todavía no lo he probado, pero…
—Suena bien —asiente Dynamight, interrumpiéndolo con impaciencia. Izuku levanta la vista hacia él. Estando tan cerca, le obliga a echar la cabeza un poco hacia atrás para mirarle a los ojos. «Tan cerca», piensa Izuku, tragando saliva. «Demasiado cerca», repite para sí mismo, sonrojándose al ver el brillo de interés en los ojos rojizos del héroe—. Vamos a probarlo, entonces.
—¿Probarlo? —Izuku se muerde el labio, inseguro. Se apresura a guardar el cuaderno en la bolsa deportiva y rebusca hasta encontrar los guantes.
—Por supuesto —dice Dynamight, dándose media vuelta con un gesto petulante y dirigiéndose al centro del patio. A medio camino, se vuelve hacia la fila, que lo mira desconcertado y les hace un gesto para que le sigan—. Todos usaréis vuestro Don contra mí y así podré evaluar qué hacéis con él, cuánto control y potencia tenéis y qué debemos entrenar en el escaso tiempo que tenemos.
—¡Claro! —asiente Izuku, recogiendo los guantes y la bolsa deportiva como buenamente puede, y se apresura a ir tras él y reunirse junto al resto de sus compañeros. Todos paran al borde de la línea pintada en el suelo que delimita un pequeño cuadrilátero rectangular dividido en dos amplias partes por otra raya. En el centro, un círculo grande delimita el centro de la pista, y es donde Dynamight está, de pie, con los brazos cruzados y mirándole fijante. Deja la bolsa en el suelo, al lado de Hatsume, y le pide silenciosamente que cuide de ella.
—¿Los necesitas? —Izuku mira su mano derecha, donde ha empezado a encajarse el guante—. ¿Son necesarios para poder utilizar tu Don sin hacerte daño físicamente o algo parecido? —Izuku se muerde el labio, comprendiendo que no podrá vender su Don como algo poco potente y, al mismo tiempo, argumentar que necesita artilugios para poder contenerlo.
—Me ayudan a sacar parte de su potencial —responde finalmente, tras pensarlo unos segundos.
—Sin objetos de apoyo, entonces —dice Dynamight—. Sólo es una demostración del Don, nerd. Quiero ver qué puedes hacer por ti mismo.
—Pero…
—¿Tienes siquiera permiso para utilizarlos?
Izuku vuelve a morderse el labio, frustrado, y la mirada de Dynamight vuelve a suavizarse, brillando con algo parecido a la comprensión. Aprieta los dientes hasta el punto de que siente el sabor de la sangre, pero el mismo latigazo de dolor le ayuda a contener las lágrimas porque todo está a punto de salir horriblemente mal. Los guantes pueden ayudarle a disimular un Don con cierta convicción, pero no hay manera de que pueda mostrar algo que no posee si no le permiten utilizarlos. Dynamight es un héroe profesional, se percatará al instante de ello, lo montarán en un vehículo de vuelta a casa y, en el peor de los casos, su madre tendrá que acudir en su lugar como estaba estipulado inicialmente.
—Es obvio que no —dice Dynamight. Izuku siente la mirada del resto de sus compañeros encima. La del chico de pelo oscuro y la de otro chaval rubio son de simpática camaradería. Jirou lo mira con desdén y Hatsume y otra chica bajita con grandes ojos, lo hacen con compasión—. Has dicho que tu Don no es gran cosa, es ilógico que necesites un artefacto de apoyo para utilizarlo.
—Lo siento —musita Izuku, abochornado y conteniendo apenas las ganas de llorar que siente a base de morderse con fuerza el labio inferior. Ni siquiera había pensado en ello. Tanto los héroes profesionales como los civiles necesitan un permiso especial para utilizar los objetos de soporte que inventores profesionales, como los que Hatsume y el mismo Izuku aspiran a ser, les fabrican. Dynamight parece darse cuenta de su dilema, porque resopla antes de continuar hablando.
—No te preocupes, me importa un bledo de dónde los has sacado o si tienes permiso para utilizarlo, ya lo resolveremos después —dice Dynamight con impaciencia, en un tono de voz no exento de camaradería, bastante diferente del que ha utilizado en sus primeras interacciones con el grupo, revelando algo más que la fachada del héroe duro que ha mostrado desde el principio.
—Los he fabricado yo mismo —se apresura a aclarar Izuku, que no quiere que al problema de utilizar un objeto de apoyo de fabricación casera se le añada la sospecha de haber traficado en el mercado negro.
—He dicho que me da igual, joder. Sólo quiero evaluar vuestros Dones. —Dynamight mira al resto del grupo, que todavía observan atentamente a Izuku, sin perder detalle y cuchicheando entre ellos—. Todos los días vendremos aquí y trataréis de echarme del círculo al menos una vez antes de que el periodo de entrenamiento termine. Aquellos extras que no consigan hacerlo se irán de vuelta a su casa o con Jeanist; ni me importa, ni me preocupa, ya lo solucionaré cuando llegue el momento.
»La situación es seria. Yo no quiero estar aquí, querría estar dando caza a ese hatajo de villanos inútiles. Vosotros no deberíais estar aquí y probablemente os hayan obligado. Me da igual, el caso es que no quiero aquí gente que sea incapaz de hacer algo tan sencillo como hacerme pisar fuera de este círculo. Tampoco quiero cobardes ni gente en contra de su voluntad, no me serviríais de nada en combate. Si hay alguien que no quiera estar aquí, puede marcharse ahora mismo. Lo trasladaremos al grupo de Jeanist o lo que sea.
Todo el patio se queda en silencio, con la atención totalmente puesta sobre el héroe. Este pasea la mirada uno por uno. Algunos agachan la cabeza. Otros, como Hatsume o el chico de pelo negro, sonríen con confianza. Los menos, como el chico rubio con un mechón en forma de rayo, se encogen de hombros y dibujan líneas imaginarias en el suelo con la puntera del zapato, visiblemente incómodos por la situación. Sin embargo, ninguno se mueve, ni siquiera Izuku. Es más, ni siquiera considera la idea de aceptar la propuesta de Dynamight. A pesar del miedo que siente, de la ansiedad de ser descubierto, es más potente el amor propio que le arde dentro del pecho y que está cansado de ser un cero a la izquierda en la sociedad. Y, aunque no era su objetivo cuando planificó librar a su madre de esta situación, ahora que está aquí y parece que todo va a ir lo suficientemente bien como para que no lo envíen a casa antes de empezar, quiere demostrar, por una vez, que no es un inútil.
—Vamos, no tenemos todo el día —dice Dynamight mirándolo directamente a él. Izuku respira hondo, asiente, determinado y camina hasta el centro del patio, plantándose delante de Dynamight sin apartar la mirada de él, orgulloso al ver la media sonrisa complacida del héroe—. Ahora, sólo tienes que utilizar tu Don para intentar sacarme de la línea antes de que yo lo consiga contigo, nerd.
Desde lejos, el círculo parecía mucho más pequeño. Ahora que está de pie en medio de él, Izuku no sabe cómo va a conseguir sacar al héroe fuera de él, sobre todo sin utilizar los guantes. Con ellos, su desventaja seguiría siendo enorme. Sin ellos, no ve manera de durar más de diez segundos antes de perder el combate. De pronto, todo su optimismo se esfuma, porque le angustia la posibilidad de que, si ocurre de esa forma, sea el propio Dynamight quien se lo quiera quitar de encima sin darle oportunidad de demostrar que puede mejorar y de que sus guantes funcionan. Recuerdos de otro combate similar durante su primer festival deportivo en la U.A. le vienen a la cabeza. En aquella ocasión, era Hitoshi Shinsou quien tenía enfrente.
Ambos habían crecido asistiendo al mismo colegio público. Había sido el propio Shinsou quien le había marcado con el sobrenombre que le acompañaría toda la financia y la adolescencia. «Inútil. Tu nombre puede escribirse como Deku, que significa inútil». Sin embargo, a pesar de aquello, Shinsou jamás le había llamado Deku y, cada vez que alguien utilizaba el apodo delante de él, una sombra de culpabilidad cruzaba sus ojos, pero había levantado una barrera, negándose a que Izuku se acercase a él para poder hablarlo y decirle que no le guardaba rencor por un comentario tan desafortunado.
A lo mejor por eso, a pesar de que Izuku conocía su Don perfectamente, el día del festival deportivo había bajado la guardia ante él. Ambos habían conseguido abrirse paso, a su manera, a través de un puñado de aspirantes a héroes de todos los cursos que llevaban años utilizando sus Dones y practicando con ellos en espera de ese momento, y llegar hasta allí… para enfrentarse el uno al otro y obligarse a descalificarse. Cuando Shinsou le había hecho una pregunta, Izuku, que llevaba años deseando poder hablar con él, había contestado automáticamente antes de pensar.
En menos de diez segundos, había cruzado el campo hasta salir de él, perdiendo el combate limpiamente y acabando con sus ganas de demostrar públicamente que alguien sin Don podía enfrentarse directamente a una persona que sí lo tuviese, y salir victorioso.
—Joder, ¿cuánto mides? —pregunta Dynamight, demasiado cerca de él, de nuevo. Izuku alza la mirada hasta cruzarla con sus ojos.
—1,68 —responde, desafiante. Con dieciséis años, Izuku había crecido todo lo que parecía que iba a crecer y, a sus veintiún años, había perdido toda esperanza de ganar más centímetros, lo cual le resulta frustrante. Si al menos fuese corpulento y alto como Dynamight, incluso sin tener Don, podría haber tenido más opciones a lo largo de su vida.
—Eres un enano, nerd —se burla Dynamight, que lo mira con la una sonrisa feroz, los ojos entornados y la cabeza ladeada, mostrando cierto interés. Izuku arruga la nariz en un gesto infantil que hace que el otro se ría entre dientes.
El héroe mide exactamente treinta centímetros más que él, lo sabe porque consta en su ficha de héroe profesional. Ha utilizado una regla en más de una ocasión para calibrar la diferencia, pero en persona es mucho más imponente y que sus ojos queden prácticamente a la altura del pecho de Dynamight no ayuda. No sólo es alto, también es corpulento. Sus espaldas son mucho más anchas que las de Izuku, que apenas podría abarcar sus brazos con ambas manos. De hecho, cada una de las manos callosas del héroe, que tiene con las palmas hacia arriba, sin guantes ni granadas que las escondan, son gigantescas, capaces de sujetar con facilidad la cabeza entera de Izuku, que traga saliva sólo de pensarlo.
—Puedes hacer lo que quieras, excepto matarme a mí o a cualquiera de los aquí presentes —dice Dynamight de forma concisa, separándose unos pocos metros de él. De los bolsillos, saca algo que comienza a colocarse en las orejas—. Simplemente utiliza tu fuerza para sacarme del círculo y yo utilizaré mi Don para hacer lo mismo. No te preocupes, no te mataré.
—¡Mis protectores auditivos! —susurra Izuku, impresionado por el hecho de que el héroe siga utilizándolos varios años después. Apenas le ha dado tiempo a verlos, diminutos en las enormes manos de Katsuki, pero el parecido es patente: debe ser un modelo superior, fabricado basándose en su propio diseño en lugar de haber creado otro diferente.
—¿Eh? —pregunta este, frunciendo el entrecejo, sin poder escucharle con claridad ya que los protectores originales estaban diseñados para priorizar soportar todos los decibelios necesarios para amortiguar el sonido de las explosiones sobre la capacidad de escucha del héroe. Por la razón que sea, quienes han fabricado los siguientes modelos que el héroe está utilizando, apenas han cambiado el diseño original y no han querido o podido solventar ese problema.
Una idea le ilumina. Como él, quienes hayan replicado su diseño para fabricar nuevos protectores auditivos para Dynamight, lo han hecho basándose en su premisa: necesita protección contra las vibraciones que puedan perjudicar a su oído y que hace que le duelan tras utilizar muchas explosiones, pero sin tener en cuenta que el héroe sigue necesitando oír con claridad. Todo a pesar de que ha estudiado a fondo los movimientos de Dynamight y, seguramente, esos otros diseñadores también. La sola idea de que un villano sea capaz de darse cuenta de que el héroe no es capaz de oír bien podría ser contraproducente. Ese pensamiento hace que Izuku comprenda por qué el héroe se esfuerza en ocultarlo en público y por qué no lo había notado hasta ahora que lo tiene frente a frente. Mordiéndose el labio inferior, intenta anotar mentalmente unas pocas ideas para trabajar más tarde en un rediseño más eficaz, lamentando no disponer de los bocetos originales, que están en algún archivo del ordenador de su dormitorio.
—¿Que qué dices, nerd idiota? —vuelve a preguntar Dynamight, quitándose uno de los protectores para mirarle, de hito en hito. Izuku comprende que ha vuelto a expresar sus pensamientos en voz alta, así que se calla de sopetón, pero es demasiado tarde—. No es que lo mantenga en secreto, es que los héroes no vamos anunciando todo por ahí como si fuéramos estrellas de rock que necesitan protagonismo. ¿Vas a atacar o qué?
—¡Sí! —asiente Izuku.
Desea preguntarle acerca de los protectores, pedirle que le permita examinar detenidamente uno de ellos, pero de pronto se le ocurre que quizá sea capaz de recordar el nombre de Izuku Midoriya aunque hayan pasado varios años. Lo más probable es que no sea así y la gestión corriese a cargo de alguien de la agencia, pero comprende que no debe arriesgarse a tener que inventar más mentiras para dar explicaciones. Demasiadas mentiras significan un esfuerzo mucho mayor por mantenerlas.
—¡Sí! —repite una vez más, intentando aparentar seguridad a pesar de que todavía no sabe cómo va a hacer para no salir volando hacia atrás en cuanto Dynamight le dirija una de sus explosiones, por poco potente que sea.
—¡Pues vamos! —ladra una vez más Dynamight, volviendo a colocarse el protector auditivo en la oreja izquierda—. Deja de perder el tiempo y empieza de una vez.
«Un plan». Necesita un plan y lo necesita ya. Ha perdido demasiado tiempo divagando sobre cosas absurdas, distraído por tener a Dynamight delante de él, en lugar de elaborar un plan que le permita ganar algo de tiempo y establecer una estrategia completa en. «Un pl…»
—¡Muere!
—¡Mierda! —exclama Izuku, viendo cómo Dynamight, sin darle tiempo a pensar en plan alguno, suelta un alarido escalofriante y se lanza a por él, salvando la escasa distancia que los separa en un par de largas zancadas.
Izuku, abrumado por la mole que se abalanza sobre él, que prácticamente duplica su envergadura y le saca al menos una cabeza, reacciona instintivamente, pivotando sobre su pie izquierdo justo a tiempo de evitar la explosión que la mano derecha de Dynamight ha dirigido al lugar exacto donde habría estado su cara de no haberse movido. Viendo la oportunidad y demostrando una sorprendente rapidez de reflejos, Izuku estira el pie derecho mientras bascula con los brazos para mantenerse en equilibrio sobre el izquierdo. El impulso de Dynamight, que ha abierto los ojos desmesuradamente al comprobar que el impacto no ha dado en el blanco, y el hecho de que se está sosteniendo sobre las puntas de sus pies, casi en el aire por la fuerza de la explosión, facilita que Izuku meta su pie entre las piernas de Dynamight, zancadilleándole para hacerle perder el equilibrio. Justo a tiempo, consigue saltar fuera del alcance del héroe profesional, que cae al suelo de bruces durante un segundo y, acto seguido, se apresura de nuevo a ponerse en pie y mirar a Izuku con los ojos entrecerrados y llenos de furia.
—¿Cómo? ¿Qué carajo ha sido eso? —. Creía que habías dicho que tenías superfuerza.
—Gancho a la derecha—contesta Izuku, jadeando. Intentando ganar tiempo, se agacha y, apoyando una rodilla en el suelo, manipula el cordón de una de sus zapatillas con dedos ágiles, acostumbrados a manipular pequeños mecanismos en sus objetos.
Escondiendo la cara de Dynamight, Izuku sonríe. Ha resistido un primer ataque. No ha durado solamente diez segundos, como aquella vez en la que Shinsou le sacó del campo de combate antes de poder siguiera poner en marcha su cuidadosamente trazado plan. Además, su cuerpo ha reaccionado instintivamente: a pesar de los años, sigue conservando las habilidades intensamente entrenadas para prepararse de cara a aquel festival deportivo que, sumadas al entrenamiento físico en las clases del profesor Watanabe, han resultado más efectivas de lo que habría esperado de hacerlo intencionadamente. Pero no es eso. No solamente.
—Gancho con la mano derecha. —Se pone en pie, cerrando el puño derecho. Tiene tan interiorizados los movimientos de Dynamight a base de observarle y documentar todas y cada una de sus habilidades, que sabe que este no tardará en impacientarse y volver a atacar, del mismo modo que ha sabido que iba a atacar con la mano derecha a la altura de su cara en cuanto lo ha visto lanzarse hacia él—. Siempre comienzas tus peleas con un puñetazo directo de la mano derecha y una explosión potente de corta distancia —añade en voz lo suficientemente alta para que el héroe pueda escucharlo claramente a través de los protectores auditivos.
—¿Hablas en serio? ¿Qué eres? ¿Un jodido acosador, nerd? —Izuku se sonroja más, mordiéndose la comisura. Dynamight lo mira fijamente unos segundos, aparentemente desconcertado. Luego baja los ojos hasta la palma de su mano derecha y frunce el ceño, pensativo—. ¿Estás diciéndome que sabes mejor que yo cómo comienzo las peleas? —Avergonzado por lo que ello implica, Izuku asiente con la cabeza gacha—. ¡Eh, extra! ¡Mírame y no me tomes el pelo!
—¡Sí! Sí, hablo en serio, quiero decir. —Izuku levanta la cabeza, apretando ambos puños para ocultar el cordón al pensar que cerrar uno sólo puede llamar la atención del héroe profesional. Traga saliva antes de continuar hablando—: Te he observado durante años, tienes la agencia en mi ciudad muy cerca de mi casa, de hecho. Siempre sales por el canal de televisión local y algunas veces incluso he podido verte en acción en vivo.
—¡La ostia, nerd! —exclama Dynamight. Sin embargo, en lugar de cabrearse, su rostro forma una sonrisa enloquecida, casi una carcajada—. ¡Eres un puñetero friki!
Izuku no puede contestar. Dynamight ha empezado a moverse, tal y como había previsto que iba a hacer, antes incluso de terminar la frase para pillarle por sorpresa. Esta vez, el héroe parece no querer atacar con su puño derecho intencionadamente, pero es algo con lo que Izuku contaba tras haberle proporcionado ese dato. Cuenta hacia atrás un segundo, antes de tirarse a un lado y rodar por el suelo, esquivando la explosión de la mano izquierda, bastante más violenta que la primera, y así conseguir deslizar el cordón, que ha atado con un lazo corredizo en una de las puntas mientras hablaba con el héroe, por el tobillo que Dynamight ha separado del suelo para impactar con más fuerza. El impulso de este por el ataque y un tirón seco y certero de Izuku en el momento apropiado cierran la presa y desequilibran al héroe, que se gira en el aire, sustentado prácticamente por el impulso de su explosión, que orienta para recuperar el equilibrio con facilidad y rapidez.
—Y ahora… —grita Izuku, resistiendo desesperadamente la tentación de cerrar los ojos para no perder la pelea por falta de visión, obligándose a ver los dientes de Dynamight en el rictus de ira y su mano dirigiéndose directamente a él—. ¡De nuevo puño derecho!
Izuku, gracias al tirón de la cuerda y a dar un paso atrás, salta a un lado y consigue esquivar también la tercera explosión de Dynamight, que se pierde en el aire, ensordeciéndolo durante un par de segundos. Izuku se levanta rápidamente y se pone en guardia, con el oído izquierdo pitándole levemente por la fuerza de la explosión, pero Dynamight lo hace más lentamente, como si hubiese perdido el interés en el combate por unos segundos. Izuku le sostiene la mirada con valentía y Dynamight lo observa con curiosidad en los ojos.
—¿Vas de sobrado o qué? —A pesar del tono y de sus palabras, Izuku observa que en realidad Dynamight parece más tranquilo que durante el combate, cuando su sonrisa feroz daba realmente miedo. Ahora parece respirar profundamente, como si intentase relajarse o recuperar la respiración y no mira a Izuku a los ojos, dejando caer la mirada en algún punto entre su nariz y su barbilla, entrecerrando los párpados con aire distraído—. No puede ser. Alguien se habría dado cuenta antes. ¿Cómo te has dado cuenta?
—Siempre atacas primero con el brazo derecho —insiste Izuku en voz bien alta, encogiéndose de hombros. No sabe explicarlo de otra manera. Sólo que es así y punto—. Primero con el puño derecho, con una explosión grande, y luego con una patada si el Don del villano puede establecer distancias. Por eso los músculos de tu brazo derecho son más… —Izuku se interrumpe, avergonzado una vez más y sonrojándose al pensar en los músculos que asoman por las tiras de la camiseta del héroe, intentando no desviar la mirada hacia ellos. Se reprende mentalmente, porque desde que ha bajado del autobús, parece un idiota sin cerebro. Antes de que nadie se pregunte cómo es posible que sepa la forma de los músculos de Dynamight, tartamudeando, intenta cambiar de tema—. En una ocasión, tras detener al villano de los tres cuernos con el primer golpe, dijiste en la entrevista que golpear fuerte en el primer envite disminuye las probabilidades de que el asunto se complique.
—¿Yo dije eso? —Dynamight se agacha y desata el nudo corredizo de su tobillo antes de arrojarlo hacia Izuku. Este vuelve a encogerse de hombros, no muy seguro de que el combate haya terminado aún, pues ambos siguen dentro del círculo, pero más tranquilo al ver que Dynamight se quita los protectores del oído para conversar más cómodamente—. Átate la bota, no quiero que te tuerzas el tobillo o algo así por culpa de esto. Y ya que estamos, ¿qué carajo ha sido eso? Tampoco es tu Don.
—Eraserhead —explica Izuku, mordiéndose el labio inferior, obedeciendo su orden. Dynamight frunce el ceño y asiente, animándolo a explicarse, algo que lo alivia. Su habilidad para improvisar un plan, su agilidad con los dedos para desatar el cordón de su bota y sus conocimientos de los movimientos del héroe le han ayudado a salvar los primeros envites del enfrentamiento, pero Dynamight no se distrae de su objetivo inicial de calibrar y evaluar por sí mismo el Don de los reclutas que le han asignado—. Cuaderno número diez, página dieciocho.
—¿Eh? —pregunta Dynamight con desdén.
—El cuaderno que has visto antes. Tomo notas en cuadernos y luego las estudio —explica Izuku, señalando en la dirección en la que se encuentra su bolsa deportiva—. Eraserhead es un héroe difícil de ver en acción, porque apenas trabaja fuera de la U.A., pero su estilo es muy útil para impedir a los villanos que se acerquen a él de manera física o con habilidades que no pueda borrar con su Don.
—Eso es correcto —asiente Dynamight, ensanchando la sonrisa. Ya no es tan arrogante y feroz, pero tiene un punto malicioso que inquieta a Izuku—. ¿Sabías que Eraserhead fue mi tutor en la especialidad de héroes?
—¡Sí! El mismísimo All Might, en su retiro de la vida de héroe, te dio algunas clases y… —Izuku vuelve a interrumpirse, consciente de haber vuelto a hablar de más. La sonrisa de Dynamight se ensancha maliciosamente—. Fui a la U.A. también, especialidad de apoyo, por eso es importante que estudie a fondo… —intenta justificarse.
—Menudo nerd estás hecho. Pero si no eres capaz de demostrarme para qué sirve tu Don, me das igual. Sí, sabes moverte con agilidad y combatir, algo que no me esperaba, y también elaborar estrategias. Todo eso está bien, pero ahora quiero que vengas y me golpees con fuerza utilizando tu Don. Con el máximo que puedas, ¿entendido? —dice Dynamight, repentinamente serio.
—Pero necesito… —Si al menos dispone de los guantes, podrá hacerlo.
—He dicho que no —niega Dynamight, exasperado—. No te impediré utilizarlos más adelante, pero ahora deja de mascullar y hablar de una puñetera vez. Simplemente haz uso de tu Don y punto.
Izuku aprieta la mandíbula con rabia. Ha conseguido evitar tres ataques del mejor héroe de todo Japón y resistir dentro del círculo, pero al final todo se reduce a su Don y si lo tiene o no. Dynamight lo ha reconocido: puede moverse, combatir y elaborar estrategias, pero todo eso da igual si no hay un Don detrás. Hasta el Don más absurdo vale más que cualquiera de sus esfuerzos. Los ojos se le empañan por el cabreo que siente y por las lágrimas que amenazan con escapar de ellos. Dynamight se alza delante de él sin temor alguno, con cierta jactancia en la pose. Izuku es consciente de que, ahora que está alerta, no va a poder sorprenderle con ninguna triquiñuela más. Quizá es algo que ha podido hacer por ser el primero en ser probado, pero no le va a servir, no hoy, al menos, y no sin trazar un buen plan con calma.
—Atácame con tu Don o lárgate por donde has venido —insiste Dynamight, con un tono mucho más grave y oscuro e Izuku sabe que esta vez es un ultimátum. El final de una farsa que ha durado más tiempo del que habría cabido esperar de un inicio, pero que va a terminar mucho antes de lo que Izuku desearía.
—¡Sí! —murmura Izuku, enfadado y muy frustrado porque nada de lo que ha hecho haya servido sin tener un Don que lo respalde.
No está dispuesto a rendirse. Aprieta los puños con fuerza para contener las lágrimas y no echarse a llorar aquí y ahora. No hay nada que pueda hacer para salir de esta salvo, como ha dicho Dynamight, darse media vuelta y volver por donde ha venido. Tras Izuku, el resto de sus nuevos, y quizá provisionales considerando la situación, compañeros, contiene la respiración, a la expectativa de qué va a ocurrir. Izuku traga saliva con fuerza. En los ojos de Dynamight aparece un brillo que aparenta ser decepción, que le duele más a Izuku que la vergüenza de tener que abandonar habiendo llegado hasta allí y deshonrar a su madre, cuando todo lo que ha intentado es evitarle problemas.
—¡Sí! —grita con voz alta y potente. Una sonrisa fiera y petulante vuelve a aparecer en el rostro de Dynamight, que parece estar estudiando con interés el dilema interno de Izuku. Y disfrutándolo—. ¡Sí! —ruge una vez más, imprimiendo a su voz toda la rabia acumulada y deshaciendo el nudo que atenaza su garganta.
—Ah… allá vamos —anticipa Dynamight con la voz ronca empañada de algo que a Izuku se le antoja placer y que le resulta tan excitante que consigue hacer que sus piernas se muevan casi por propia voluntad.
—¡Sí!
Izuku corre hacia adelante, con los puños apretados, intentando acelerar lo más posible. Una zancada, dos zancadas, tres. El círculo no es mucho más grande y Dynamight está junto al borde, así que no puede coger más velocidad. Izuku salta cuando está a apenas un metro de él y, en el aire, echa el puño hacia atrás, intentando concentrar cada célula de su cuerpo y cada átomo de sus músculos en él, rezando por una manifestación tardía de un Don que le saque del atolladero en el que él mismo se ha metido. El tiempo se dilata. Dynamight mueve un poco hacia atrás el pie izquierdo, preparándose para mitigar el impulso del golpe, pero no se aparta ni hace amago de retirarse. Realmente quiere comprobar cuán fuerte es capaz de golpear Izuku con el Don de superfuerza que se supone que tiene. Gritando tanto que nota la garganta a punto de desgarrarse, Izuku golpea con el puño, en dirección a la mandíbula de Dynamight, concentrando todas sus fuerzas en él y cerrando los ojos justo en el momento del impacto. Izuku no sabe qué resultado esperaba de algo así, pero desde luego no ha sido el que ha obtenido.
Ha golpeado cosas como sacos o punching balls en los entrenamientos del profesor Watanabe, pero siempre con protecciones o artilugios que ha inventado, más como un ejercicio de fortalecer músculos y reflejos que como un intento real de hacer daño. El ruido que el puñetazo causa le hace estremecerse. No es un sonido de golpe seco como el que hace el saco de boxeo enorme que cuelga en medio del gimnasio. Tampoco es un crujido desagradable, como teme Izuku al escuchar un casi inaudible clac procedente de uno de sus nudillos. Es algo más blando y maleable. Y doloroso. Muy doloroso. Izuku tiene que apretar los dientes para no gritar de dolor y apenas consigue resistir la tentación de sujetarse la mano derecha con la izquierda, aunque sí baja la cabeza durante un segundo, preocupado por si se la ha roto. Nunca había sospechado que pegar un puñetazo a alguien pudiese doler tanto.
—¿Esto es todo? —Dynamight lo sostiene de la camiseta, evitando que Izuku caiga hacia atrás y se derrumbe en el suelo. Las lágrimas, mezcla de frustración, dolor y humillación, corren por las mejillas de Izuku, que vuelve a cerrar los ojos para no ver en los de Dynamight la decepción que vuelve a asomar en ellos—. Menuda basura inútil.
«Inútil». Una vez más, la palabra resuena dentro de Izuku. Si no tienes un Don, eres un inútil, casi como si Shinsou hubiese podido predecir el futuro que le esperaba, a pesar de todos sus esfuerzos, leyendo su nombre de una forma ligeramente diferente. Izuku celebra que el dolor de la mano, que le atormenta como un demonio, aplaque el de no haber conseguido demostrar nada en la oportunidad que se le ha dado.
Con un gesto indolente y una pequeña explosión, Dynamight empuja a Izuku hacia un lado, haciéndolo caer fuera del círculo con facilidad, vencido. Izuku, sintiéndose humillado e inútil. Ahora sí, sin tapujos, se sujeta la mano derecha con la izquierda, gimiendo de dolor. Duele mucho más de lo que habría esperado, mucho más de lo que parece en cualquier película de acción. Siente como si se hubiera roto todos los dedos y el dolor se le extiende hasta casi la muñeca.
—¡Tú! —Dynamight está señalando a alguien de los que, en completo silencio, está observando y esperando su turno—. ¿Tu Don?
—Disparo cinta de celofán desde los codos. Puedo retraerlo y es muy resistente.
—¡Al círculo! —exclama Dynamight sin rodeos—. Intenta resistir mis explosiones y sacarme, si es que puedes. Usando tu Don.
—De acuerdo.
Con los ojos borrosos por las lágrimas, todavía tirado en el suelo, Izuku ve al chico de pelo moreno a media melena en el que se ha fijado al principio tomar su posición en el círculo, preparado para pelear. Mordiéndose el labio inferior para tragarse el dolor y, sin utilizar las manos, se levanta del suelo. Dynamight se vuelve hacia él y lo observa durante unos segundos con gesto serio. Izuku le devuelve la mirada, mordiéndose el labio para no llorar mientras espera oír las fatídicas palabras: que se vaya a casa y venga alguien que sí tenga un Don que pueda utilizar.
—Ve al pabellón central y pregunta por Recovery Girl para que eche un vistazo a esa mano. Y que te indiquen en qué pabellón tienes que alojarte —dice finalmente Dynamight con voz átona y seria antes de volver a darle la espalda e ignorarle, centrándose en el otro chico que, haciendo honor a su Don, está lanzando metros de cinta de celofán para cubrirse de las explosiones del héroe.
Aunque en otro momento le habría gustado quedarse a mirar y tomar notas, Izuku se coge su bolsa deportiva, que Hatsume le entrega con cara de pena. La chica le dice algo e Izuku asiente para agradecerle sus palabras de consuelo, pero se marcha del patío en dirección al pabellón que le ha indicado Dynamight sin mirar atrás. No necesita volverse, apenas veinte segundos después, para para saber el resultado del combate, porque se lo indican los gritos de victoria del héroe profesional. Dolido en el cuerpo por el puñetazo y en el ánimo porque, a pesar de haber durado más tiempo en el círculo que el chico del celofán, tiene una sensación de derrota aplastante, camina por los pasillos del complejo en silencio. Tarda todavía varios minutos más en asumir que, a pesar de todo, Dynamight no lo ha expulsado de vuelta a su casa.
NdA. ¡Llegó el día! Jajaja. Siento haber hecho esperar tanto para este primer encuentro (no lo siente en realidad). Si tenéis curiosidad, han tardado 47 373 palabras en encontrarse. 93 páginas de word. Unas 150 páginas en mi ereader. Casi nah. Jo, muchísimas gracias por la paciencia y la confianza y seguir aquí semana a semana, me hace muchísima ilusión y me marea un poquito que estéis dispuestas a leer algo tan largo y tan lento. Muchas gracias de nuevo.
