Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
¡Como siempre, muchas gracias por leer y comentar!
TODO UN HÉROE HARÉ DE TI (PARTE II)
El calor primaveral de la calle es agobiante, pero dentro de la konbini apenas se nota gracias al aire acondicionado. Además, Hitoshi está en la caja de cobro, no tiene que soportar el calor del horno y los estantes que mantiene caliente la comida para llevar que lo precisa, al contrario que su compañera Nanami, que se seca disimuladamente el sudor de la frente cada pocos minutos. Los movimientos de Hitoshi son mecánicos, aunque acaba de empezar el turno, tras casi dos años trabajando ahí los tiene interiorizados. Recita las palabras de protocolo y sonríe a los clientes metódicamente, con la fórmula que le enseñaron en la formación inicial y que hace que su encargado esté muy contento con su desempeño. Cuando se coloca tras la caja de cobro, desaparecen los Dones y sus utilidades y ningún cliente desconfía de él si pregunta si quieren bolsa o prefieren pagar en efectivo. Es una burbuja de tranquilidad en el día a día de Hitoshi, que disfruta de su trabajo de estudiante gracias a ello.
Hoy, en cambio, el ambiente está tenso, y no sólo es la gente estresada por el calor que entra a coger bebidas frías que apenas les da tiempo a reponer o alimentos ligeros con los que reponer fuerzas. Hitoshi ha vivido otras primaveras calurosas y sabe que el calor hace que las personas puedan estar un tanto irritables, pero ninguna donde la gente estuviese tan nerviosa y exasperada. Ya no es un secreto que el gobierno ha reclutado personas civiles, pero no se conocen más detalles. Por lo que Hitoshi sabe a través de los escasos mensajes de texto que Ojiro les envía a él y a Ichinose, sólo están entrenando y formándose con héroes profesionales, pero nada más. Ningún peligro para él por ahora. Si bien la voz se ha corrido y en un mundo donde internet permite que la información vuele sin prácticamente compuertas, el gobierno, los medios de comunicación y todas las páginas web están trabajando conjuntamente para reducir al mínimo toda la información que delata el movimiento de reclutamiento de civiles y los posibles movimientos.
No es lo único que tratan de censurar. Curioso, Hitoshi ha googleado en los blogs y plataformas, de vídeos donde ha podido ver las consecuencias de las actuaciones de la Liga de Villanos. No han realizado ningún ataque a gran escala desde que destruyeron la prisión y sus instalaciones para escapar y los informativos se centran más en transmitir mensajes de tranquilidad y optimismo, pero hasta hace unos días en la red era posible encontrar rastros de casas saqueadas o quemadas, desapariciones de personas y restos de cenizas en lugares donde debería haber comercios. Podrían ser vándalos, pero Hitoshi tiene la sensación de que no es así y son sólo los cohetes de prueba antes de la traca final. Sin embargo, ahora sólo hay, incluso en esos canales disidentes, silencio. La Liga de Villanos no está actuando, no hay rastro de ella. Algunos, incluso, especulan que hayan huido del país aprovechando las cualidades del Don de Kurogiri y se muestran cautamente optimistas al respecto. Pero Hitoshi no cree que eso pueda ser así.
De hecho, es todavía peor: en las redes sociales ha aparecido un grupo de negacionistas de la fuga y otro que trata de sembrar el pánico. Aunque lo que peor lleva Hitoshi es el número de gente, pequeño pero que parece inundar cualquier noticia relacionada con la Liga de Villanos, que enaltecen, apoyan y afirman secundar sus ideas y actos. A veces se plantea si son niños con ganas de llevar la contraria al mundo, pero otras, sobre todo cuando el ideario de Stain el Asesino de Héroes sale a relucir, comprende que simplemente hay un grupo de personas que sólo estaban esperando el momento adecuado para salir a la luz para promulgar sus ideas libremente y desean unirse a los que esperan que sean vencedores. Algunos son personas sin Don que creen en la teoría de que All for One puede conceder Dones que otras personas quieren tener; otros, personas cuyos Dones son detestables desde su punto de vista y desean librarse de ellos. Los más, personas que parecen tener ideologías totalitarias y sumarse al horror para medrar.
—¿Tenéis agua fría? —Una mujer bajita de pelo verde y aspecto familiar que está colocando su compra en la cinta de la caja interrumpe sus pensamientos.
—En la nevera —le indica Hitoshi, sin dejar de pasar los artículos por la máquina y poniendo el dedo encima de las teclas adecuadas, listo para cerrar la cuenta en cuanto la clienta coja la botella de agua que necesita.
—No queda ninguna —dice la mujer, tímidamente.
Con un asentimiento de cabeza, Hitoshi se apresura a salir de la caja y dirigirse al arcón frigorífico donde guardan las reservas de agua fría para los días como este. Saca seis o siete botellas y, con movimientos rápidos y precisos gracias a la experiencia, las introduce en la nevera antes de coger una más y llevarla a la caja, advirtiendo satisfecho que no se le ha formado una fila de espera en esos pocos segundos.
—Serán 4600 yenes. —Se fija en el nombre de la tarjeta de débito con el que la señora paga, una costumbre que tiene desde hace tiempo porque sus ojos suelen ser más rápidos prestando atención que su cerebro intentando ignorarlo adrede. «Inko Midoriya». Hitoshi la mira de reojo, intentando disimular y, ahora que sabe que es ella, puede reconocerla. La última vez que la vio, al lado de su hijo, fue en la graduación de la U.A., y apenas ha cambiado, pero el contexto distinto le ha impedido reconocerla. Está a punto de preguntarle por Midoriya porque durante los últimos días se ha acordado constantemente de él: por su falta de Don, al leer algunos comentarios de las redes, al conversar con Ojiro e Ichinose…; pero se contiene en el último segundo: prefiere no dar explicaciones cuando su la señora Midoriya le pregunte quién es y de qué lo conoce. O peor, que le cuente a Midoriya que se ha interesado por él. Su antiguo compañero de clase siempre ha sido agradable, pero Hitoshi no, y prefiere no reabrir viejas heridas a nadie—. Aquí tiene su tarjeta y el ticket. Muchas gracias y pase un buen día.
La observa dirigirse a las puertas automáticas de la salida mientras se muerde el interior de la mejilla, pensativo. Al menos, una de sus dudas ha quedado resulta, no han movilizado a una familia con una persona sin Don, aunque se pregunta cómo de seguro puede estar Midoriya ahora. No sabe si es por la sensación de culpabilidad que a veces le invade al recordar sus tiempos de escuela o por la impopularidad que tienen actualmente las personas sin Don, sospechosas de desear unirse a la Liga de Villanos para obtener sus propios Dones por parte de la gente que da pábulo a los rumores, pero de pronto siente una compasión dolorosa por su antiguo compañero, la misma que cada vez que ha escuchado el apodo de Deku durante todos estos años.
—¡Señora Midoriya! —Otra clienta que entra por la puerta se cruza con la madre de Midoriya y se detiene a hablar con ella. Hitoshi asiente al siguiente cliente, con una sonrisa que es menos firme que las entrenadas que suele utilizar y se centra en pasar los artículos y cobrar. El nombre de Izuku le llama la atención, lo suficiente como para detenerse, observando la reacción incómoda de la madre de Midoriya, que sonríe nerviosamente antes de negar con la cabeza al mismo tiempo que afirma que se encuentra bien y sale poco de casa.
—Chico. ¡Eh, chico! —Hitoshi parpadea y se disculpa con el cliente, devolviéndole el dinero que le corresponde antes de echar otro vistazo hacia la señora Midoriya, que se despide amablemente de su conocida y abandona la konbini definitivamente.
Hitoshi sigue trabajando, pensando en todas las ocasiones en las que se ha cruzado con Midoriya a lo largo de los años, incluso cuando ambos ya habían terminado la U.A., y este lo ha saludado con entusiasmo incluso a pesar de lo seco del desabrido movimiento de cabeza con el que le correspondía. Musutafu es una ciudad grande, pero el barrio en sí mismo resulta como un pueblo pequeño donde todas las caras son familiares y los dos o tres colegios e institutos que hay dan cabida a todo el mundo, así que al final es cuestión de probabilidades coincidir, pero nunca había ocurrido que ninguno de sus compañeros o, que él sepa, sus familiares, entrasen en la konbini. Con la cantidad de ellas que hay repartidas por un montón de calles, resulta extraño, sobre todo por el hecho de que no es la primera vez que piensa en Midoriya en estas semanas.
De repente, Hitoshi se siente un poco agobiado. Avisa a su compañera de va a tomar su hora de descanso y esta lo sustituye rápidamente en la otra caja. Atiende a una última clienta antes de encerrarse en la pequeña oficina que hace las veces de sala de cambio, almacén y sala de descanso. Rebusca en la nevera hasta encontrar una botella de agua helada, pero apenas da un sorbo antes de colocársela en la nuca, con un escalofrío, y saca su teléfono de la taquilla, por simple inercia, ya que lo primero que hace en el descanso suele ser revisar las redes sociales para enterarse de si ha pasado algo importante. No sabe por qué, pero de pronto se siente nervioso. Ha pasado de ser un espectador de la tensión reinante a que esta le invada por dentro, y la sensación de aparente calma está empezando a ponerle los pelos de punta también. Y, no por primera vez, se siente inútil.
—¿De qué sirve tener un Don que no puedes utilizar? —De pie, apoyado contra su taquilla, deja caer la cabeza hacia atrás con un suspiro frustrado—. ¿Qué diferencia hay entre no tener un Don y tener un Don que no puedes utilizar?
Siempre ha querido ser un héroe. Le cabreó especialmente ver a Midoriya intentando demostrar que también podía ser un héroe durante su enfrentamiento en el festival deportivo y, aunque simpatizó con su determinación y con su empeño, creyó que estaba invalidando sus propias pretensiones al llegar tan lejos, al impedirle destacar sin siquiera tener un Don. Él había querido ser el único de una especialidad que no fuese de héroes en llegar hasta la fase de duelos, llamar lo suficiente la atención.
—Pero no lo fue. Nunca lo es. —Ni siquiera estando el país en peligro. Al final, no tener el Don adecuado es lo que marca la diferencia y nada más.
—¿Shinsou? —El encargado entra en la oficina también—. ¿Te encuentras bien? Me había parecido oírte hablar —dice, genuinamente preocupado.
—Enviaba un mensaje de voz —miente Hitoshi, señalando el móvil que, afortunadamente, tiene en la mano. El encargado lo mira con recelo, pero no le importa, porque sí tienen permiso para utilizarlo durante el tiempo de descanso.
—Cuando termines, dile a Nanami que puede tomarse ella su descanso.
—Ahora mismo. Ya he terminado —dice Hitoshi, guardando el teléfono en la taquilla y dispuesto a concentrarse en el trabajo lo suficiente como para aplastar la sensación de indefensión, inutilidad y enfado con la sociedad que le ha invadido.
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—Hisashi, ¿vamos? —Izuku levanta la vista hacia Hatsume—. Los demás han ido directos desde el comedor.
Está sentado a lo indio en el suelo a falta de escritorio. El dormitorio del complejo que comparte con Sero y Kaminari es estrecho. Una litera de tres camas llena casi todo el espacio. Una pequeña mesita de tres cajones junto a la cabecera de la cama inferior y un par de enchufes que se turnan para cargar el teléfono móvil. El resto lo completa una ventana al exterior que inunda de luz natural la habitación y tres estrechas taquillas de metal con el símbolo de la empresa Detnerat grabado en la parte superior de la puerta para que puedan guardar sus enseres personales. El cuarto de baño está fuera y lo comparten con otros dos dormitorios más, haciendo turnos para limpiarlo a diario. En el complejo les proporcionan uniformes limpios todos los días y en el cuarto de baño hay una lavadora con jabón neutro donde pueden lavar su ropa interior y la ropa de cama.
—Lo guardo todo, cojo los guantes y estoy contigo —asegura Izuku.
Todavía da un par de puntadas más. Está intentando, a pesar de que tiene poco material, avanzar en una de las mangas antirretroceso de Dynamight ahora que ha conseguido transformarlo en algo de textura similar a la tela. Al no tener mesa, trabaja en el suelo de la habitación, sin importarle la incomodidad ni el dolor de espalda. A Sero y Kaminari no les molesta, e incluso observan con curiosidad cómo lo hace, aunque Izuku no les ha dicho qué es realmente. Bastante vergüenza pasó al día siguiente del primer día allí con sus continuas burlas acerca de todas las cosas que sabe de Dynamight y lo mucho que lo observa. Y lo rápido que se sonroja si este le dirige la palabra en un tono menos agresivo del habitual.
Hatsume lo observa trabajar con curiosidad. Izuku espera algún comentario suyo, como solía hacer cuando trabajaban juntos en clase. Sus ideas siempre son agudas y acertadas, pero ahora lo mira con una expresión de nostalgia y tristeza en el rostro. Izuku aprieta los labios y recoge rápidamente. Le ha ofrecido trabajar con sus herramientas, pero tampoco es que él tenga nada más que las mangas antirretroceso para hacerlo, así que su amiga ha declinado cortésmente la invitación. Aun así, Izuku puede ver lo mucho que echa de menos trabajar en sus bebés. La comprende. Hace varios días que han llegado e Izuku se ha adaptado fácilmente a la rutina, entrenando constantemente, preparándose para una guerra que, hace un par de semanas, solo era una amenaza fantasma a través de los noticiarios y que ahora se cierne agorera en los rostros del personal de apoyo de Dynamight en el complejo que se encarga de su entrenamiento la mayor parte del tiempo, asegurando que siguen escrupulosamente las instrucciones ordenadas por el héroe. Apenas hay tiempo libre entre rutinas de ejercicios, entrenamientos para potenciar el Don y los estrictos horarios de sueño, comida y aseo, pero Izuku invierte el que no emplea en estar con Hatsume y sus nuevos compañeros en avanzar con su trabajo de fin de carrera.
—¡Ey! ¡Midoriya! ¡Hatsume! —Sus compañeros de cuarto los saludan cuando llegan al patio de entrenamiento para la última actividad programada del día. Las habitaciones de las chicas están en el otro extremo del edificio y tienen literas de sólo dos camas, así que Hatsume comparte únicamente con Uraraka. La convivencia y el puente que ha supuesto la amistad previa entre Hatsume e Izuku les ha ayudado a formar un grupo compacto con los cinco ocupantes de ambos dormitorios.
—Sero ¿qué es lo que estabas haciendo esta mañana con Dynamight en el entrenamiento de fortalecimiento de Dones? —pregunta Izuku con curiosidad. Hanta Sero es el chico moreno de media melena con un Don de fabricar celofán en los codos en el que se fijó el primer día. Su estimación era acertada y tiene un par de años más que Dynamight. No es el mayor del grupo de entrenamiento, pero sí les saca una década a ellos cuatro, aunque no parece incomodarle. Les ha contado que vive en Shizuoka, aunque nació en Tokio y es nieto de inmigrantes chilenos. Siempre parece estar de buen humor, es gracioso y muy ruidoso. A Izuku le cae bien, incluso cuando aúna fuerzas con Kaminari para burlarse de él y sus obsesiones por los héroes y los Dones o por centrarse en su trabajo de final de carrera en el escaso tiempo libre que tienen.
—Practicar un nuevo movimiento —contesta, esbozando una sonrisa enorme y luminosa—. Dynamight dijo que, dado que cada vez soy capaz de fabricar más celofán sin deshidratarme, podía probar a hacer un escudo que me protegiese de los golpes, aunque dure un solo impacto.
—¿En serio? ¡Qué interesante! —A falta de libreta, Izuku reprime la tentación de escribir con las manos en el aire, una costumbre que tiene tan arraigada que es incapaz de evitar ahora que no puede ir con sus cuadernos a todas partes. Resuelto a memorizarlo todo hasta poder apuntarlo durante la cena, comienza el interrogatorio—. ¿Y lo has conseguido? Vi que Dynamight te lanzaba varias explosiones potentes, más que otros días. ¿Cómo vas a llamarlo? Porque tendrás que ponerle un nombre a la técnica, igual que los héroes profesionales y…
—Frena, frena, weón culiao. —Sero se ríe al tiempo que se rasca la nuca en un gesto de modestia—. Muchas preguntas. Pero sí, creo que es demasiado bacán, aunque suene inmodesto. Todavía se puede perfeccionar, por supuesto, pero… Lo he llamado «Barricade Tape».
—¡Me gusta el nombre! —exclama Hatsume que, sin ser tan curiosa como Izuku, no ha perdido detalle de la conversación—. Tienes madera para poner nombres comerciales, ¿cómo dijiste que imaginabas tu nombre de héroe profesional cuando eras pequeño? ¿Cellophane? Deberías abrir una empresa de asesoramiento en nomenclatura y ventas para empresas de apoyo y soporte. A Hisashi le vendría de perlas tu ayuda.
—¡Eso no es cierto! —protesta Izuku.
—¿Mangas antirretroceso? —dice esta, levantando las cejas, con una sonrisa burlona, haciendo que Izuku se sonroje.
—A mí me parece un nombre piola —ríe Sero. Izuku pone los ojos en blanco y agradece con una sonrisa el apoyo.
—Te juro que a veces creo que te inventas las palabras que dices, tío —se queja Kaminari, entre carcajadas. Todos se han acostumbrado ya a interrogar a su compañero acerca de las expresiones chilenas con las que salpica sus palabras en japonés.
—No sé qué es piola —dice Hatsume—, pero estoy seguro de que mangas antirretroceso no es nada piola. Necesitas trabajar en la creatividad de tu marketing o nunca venderás a tus bebés, Hisashi.
—Siempre pensando en lo mismo —se burla Izuku.
—Claro que sí. Esto no va a durar eternamente. En algún momento tendremos que ir a por esa Liga de Villanos, todos juntos, héroes y reclutas y los derrotaremos de una vez por todas —dice Hatsume con tono optimista y gesticulando ampliamente—. Y después habrá que volver a la vida normal, a la rutina. No vamos a ser héroes toda la vida, sólo es un pequeño paréntesis, ¿no?
Izuku no dice nada, porque no está seguro de si su amiga lo dice para autoconvencerse, porque está deseando regresar a la rutina o para recordarle que, aunque ahora esté haciendo algo parecido a ser un aprendiz de héroe como le habría gustado en la U.A., es algo temporal y no debe olvidarlo. Intercambia una mirada con ella y asiente, dándole la razón porque, en cualquier caso, la tiene. Bastante ha conseguido llegando hasta allí sin un Don, mucho más lejos de lo que llegó en la U.A.
—A mí no me importaría —dice Sero, en cambio, encogiéndose de hombros con un gesto pasota.
—Oh, allá va otra vez… —se burla Kaminari, poniendo los ojos en blanco—. El abuelo cebolletas nos va a contar cómo soñaba con ser un héroe cuando era pequeño. —Izuku se ríe. A lo mejor una de las razones por las que ha conectado tan bien con Sero a pesar de la diferencia de edad se debe precisamente a ese punto en común que ambos tienen de haber querido ser héroes, aunque Izuku ha preferido no mencionarlo para no tener que hablar de por qué no lo consiguió, las mentiras que ya ha contado para estar allí son suficientemente liosas y le hacen sentir bastante ansiedad como para embarcarse en más.
—Lo pensé durante mucho tiempo, pero al final… supongo que lo dejé estar. Llegué a rellenar la solicitud de acceso a Shiketsu, pero finalmente no hice el examen —dice Sero igualmente, sin achantarse por la burla de su amigo.
—Y acabó repartiendo pizzas en una motocicleta.
—Al menos yo tenía sueños épicos, no como tú, chancho culiao que sólo aspiras a ligar —se defiende Sero, haciendo que Kaminari se ría, aceptando la pulla con deportividad.
—¿Tú no querías ser un héroe, Kaminari-kun? —pregunta Izuku, desconcertado—. Con un Don como el tuyo, podrías haber entrado en una escuela de héroes. No sé por qué, pensaba que lo habrías intentado.
—¿Yo? ¡Qué va! —Denki Kaminari es un chico guapo. De tez blanca y pelo rubio, con un mechón característico en forma de rayo, es quien mejor se lleva con Sero y también quien pone la nota más amable y graciosa del pequeño grupo que han formado. Sero es más adulto, Izuku más callado, Hatsume más formal y Uraraka demasiado tímida, pero él siempre tiene energía para bromear—. A ver, claro que me gustaba jugar a los héroes de pequeño, como a todo el mundo, supongo. Y me gusta verlos. Ya sabéis, todos esos héroes y heroínas, con sus trajes de colores y su cuerpo esculpido a base de entrenamientos, ser un héroe profesional debe ser la forma más sencilla de ligar del mundo —concluye con una sonrisa pícara.
—¡No te falta razón, weón! —se ríe Sero.
—No sé por qué me sorprende que la única motivación que le veáis a ser héroes sea llamar la atención de las chicas —se burla Hatsume, impregnando de sarcasmo sus palabras. Izuku intenta protestar, porque él nunca ha pensado en ser héroe por gustarle a las chicas. Al contrario, más bien sospecha que su admiración por All Might o Dynamight no sólo viene dada por su faceta de héroes profesionales.
—Hablando en serio, sí consideré la idea. El problema es que la otra parte de ser héroe, pelearte con gente… bueno, supongo que cuando lo lees en un libro o lo ves en una película parece emocionante, pero imaginarme en medio de todo eso, temer por mi vida o por la de mis compañeros…
—¿Entonces tampoco hiciste el examen de acceso? —pregunta Izuku, interesado, que había creído entender en otra conversación, en el dormitorio de los chicos un par de noches atrás, que sí había presentado la solicitud.
—Sí lo hice, pero me quedé idiota tras exceder el número de voltios para cargarme al primer robot al que me enfrenté, así que suspendí —admite Kaminari a regañadientes—. Si le sumas que cada vez había menos plazas y, por tanto, menos probabilidades de conseguir entrar… Lo cual es irónico, porque resulta que los dos que sí conseguisteis entrar en la U.A. sois precisamente los que tenéis Dones que no resultan impresionantes, ¿no?
—Bueno, entramos en la especialidad de apoyo, no en la de héroes —dice Izuku, haciendo una mueca resignada.
—Aunque yo ni siquiera pedí plaza en la de héroes. Siempre he tenido claro que quería dedicarme a fabricar bebés, no quería estar en primera línea. De hecho, si estoy aquí es porque creí que sabrían ver mi talento y aprovecharlo —interviene Hatsume, que todavía está enfadada porque nadie quiera escuchar sus ideas para fabricar objetos de soporte para todo el grupo de entrenamiento.
—Lo siento, no quería ser descortés —dice Kaminari, que se ha dado cuenta de su metedura de pata.
—Tienes razón, Mei —asiente Izuku, encogiéndose de hombros—. Deberíais ver a Hatsume trabajar en un taller. Algunos de sus inventos ya están siendo utilizados incluso por agencias de héroes. Es genial diseñando sus bebés. —Kaminari silba para mostrar su admiración.
—Sólo necesito un taller para ser plenamente feliz —asiente Hatsume, sin pizca de modestia o vergüenza—. Ojalá tener uno, pero han dicho que quieren que nos centremos en las habilidades que necesitaremos de cara a enfrentarnos a la Liga de Villanos.
Hatsume ha encontrado fácilmente su hueco dentro de la unidad de reclutamiento. Si bien ha manifestado varias veces que echa de menos trabajar en sus bebés y que el ejercicio físico no es lo suyo, desde el primer día parte de su entrenamiento, junto a Jirou y Koda, ha sido distinto al del resto del grupo, menos centrado en el combate directo y más en el fortalecimiento del Don y tácticas de sigilo.
En cambio, para Izuku la experiencia está siendo un tanto agridulce. Se siente como una rémora en el grupo y cada vez es más consciente de que su plan es una locura. Si no ha desistido es porque, en primer lugar, no quiere deshonrar a su madre ni el nombre de su familia pero, sobre todo, porque no podría soportar la idea de que ella fuese movilizada en su lugar. Ahora sabe que, al contrario que él, debido a su edad, su madre probablemente estaría en la retaguardia, pero su Don sigue siendo útil en combate y, si las cosas llegan a ponerse desesperadas, teme que pudieran movilizarla.
La echa mucho de menos. Ha hablado con ella, por supuesto. Un par de llamadas cortas, escondido en el cuarto de baño a solas, y procura enviarle mensajes todos los días. Está disgustada, pero parece aliviada ahora que ha comprobado que no ha ocurrido nada malo y que Izuku no está corriendo ningún peligro. No le ha dado detalles, no quiere meterse en un lío si le descubren, porque no está seguro de que tengan permiso hablar de qué están haciendo, pero sí le ha dicho que está con Hatsume y que todo va bien.
Aunque no es exactamente así. Sus nuevos amigos lo tratan bien, y los mejores momentos para Izuku son los que pasa con ellos, sobre todo en las horas de las comidas, y los ratos que puede trabajar en la habitación, pero ni siquiera desarrollar las mangas antirretroceso le reporta demasiada felicidad, pues es un recordatorio constante de lo que realmente es y no de lo que quiere aparentar ser. Ser incapaz de progresar en el entrenamiento a pesar del notorio esfuerzo que está poniendo es otro motivo de frustración. Mientras el resto, bajo las indicaciones del personal auxiliar y Dynamight, elabora estrategias que les permitan fortalecer su Don, Izuku sigue estancado en el mismo sitio.
«Puedes utilizar los objetos de apoyo si los necesitas para desarrollar y utilizar correctamente tu Don. No necesito a nadie rezagado, así que más vale que te esfuerces», le había dicho Dynamight al día siguiente de su primer enfrentamiento, confirmándole así que todavía estaba dentro del entrenamiento. Izuku había asentido, pero los guantes no habían marcado ninguna diferencia notable a la hora de tratar de expulsar al héroe del círculo.
Al contrario que a otros compañeros, a los cuales Dynamight se acerca durante los entrenamientos para comentarles alguna sugerencia en tono agresivo, a Izuku no le dice nada. Apenas se dirige a él salvo en los enfrentamientos en el patio donde tratan de sacarse mutuamente del círculo central. Eso frustra a Izuku, que no puede evitar seguirlo constantemente con la mirada. Ha intentado cumplir sus instrucciones y tratar de sacar el máximo potencial posible de los guantes, pero no ha servido de mucho. Teme que, durante su primer enfrentamiento, haya molestado al héroe y eso le haya hecho sentir algún tipo de antipatía por él, algo que lo entristece, porque Izuku se ha pasado media vida prestando atención y admirando a Dynamight y, ahora que tiene la oportunidad de estar cerca de él y conocerlo, parece tan lejano como cuando lo veía en la televisión o en sus recortes o incluso peor, porque parece resultarle desagradable de alguna forma.
Sí ha notado, fruto de esa observación intensa cada vez que está cerca de donde Izuku entrena y del deseo de agradarle, que, aunque Dynamight no se dirija directamente a él, no lo ignora. Cuando entrena, lo ha pillado varias veces pasando a su lado mientras mira atentamente de reojo con los ojos entrecerrados. También de lejos, apoyado en alguna pared y con los brazos cruzados, o mientras ayudaba a otros reclutas con órdenes y sugerencias gritadas a voz en cuello, e Izuku no sabe muy bien qué quiere decir toda esa atención. En cualquier caso, Izuku no ha compartido su inquietud con nadie, ni siquiera con Hatsume.
Y por último están las tardes. El ejercicio del primer día se repite a diario, sin excepción. Sin importar cuán cansados estén o el programa que hayan llevado a cabo ese día. Al final del día, justo antes de la cena, uno a uno, por turnos, tratan de echar a Dynamight del círculo antes de que este haga lo propio con ellos. Aunque ahora sí se le permite utilizar los guantes, Izuku se ha dado cuenta de que el primer día tuvo mucha suerte. Suerte mezclada con que Dynamight lo subestimó demasiado. Este no ha vuelto a caer en ninguna de sus trampas. Si el primer día Izuku consiguió esquivarle un par de veces, ahora es incapaz de aguantarle durante más de diez segundos, rememorando a diario la veloz derrota a manos de Shinsou en el festival deportivo.
«¡Esfuérzate más!». Izuku se había acostumbrado a escuchar esas palabras cada vez que Dynamight lo saca del círculo sin cuidado ni miramientos, sin apenas esforzarse. «Con esta fuerza que tienes, es imposible que llegues a ser un héroe, ni siquiera uno temporal para ayudar al país. Tienes que hacer que tu Don se fortalezca, que llegue más lejos, que puedas utilizarlo mejor. Así eres inútil y no me sirves».
Inútil. Deku. Inútil. Deku. Inútil.
La palabra reverbera dentro de él, clavándose dolorosamente en cada ocasión. Es consciente de que Dynamight no conoce la historia. Siendo sinceros, no siempre dice inútil. De hecho, la mayoría de las veces es nerd, su apelativo favorito para dirigirse a él. Ha buscado un apodo a todos los de la unidad, así que tampoco es algo personal contra Izuku. Por lo que este se traga las lágrimas y se promete esforzarse más.
Sólo… que no es posible. Ha intentado introducir variaciones de mejora en los guantes, pero más allá de reparaciones o ajustes mínimos, no tiene ni el equipo ni el material necesarios para hacer cambios sustanciales que aumenten su fuerza o prestaciones. El resto de sus compañeros, a base de utilizar su Don y entrenar están consiguiendo mejorar su control sobre él, su eficacia, potencia, amplitud, rango… lo que sea. Hatsume ha conseguido aumentar el rango y la precisión de su zoom. Sero está aprendiendo nuevas técnicas. Kaminari consigue un número mayor de voltios que puede canalizar sin freírse el cerebro durante un rato y ha minimizado el tiempo de debilidad tras excederse. Aoyama, Shindo y Uraraka no sufren tantas náuseas ni quedan aturdidos al utilizar prolongadamente su Don como al principio, cuando apenas lo soportaban unos escasos y pocos segundos. Ojiro, el chico de ojos estrechos y una poderosa cola, entrena sin descanso en el dojo que le han habilitado. Jirou ha implementado técnicas defensivas y ofensivas de combate utilizando sus jacks, así como una leve vibración que cada día es más potente a juzgar por el sonido que Izuku oye todas las mañanas desde su lugar de entrenamiento designado. Pero Izuku sólo tiene sus dos guantes y, hasta ahora, han demostrado no ser suficientes y utilizarlos mucho no va a hacer que eso cambie porque no son un Don orgánico que pueda trabajarse como un músculo.
Dynamight hace su entrada en el patio de entrenamiento y todos se envaran, perdiendo el ambiente distendido. Hasta ahora, nadie ha conseguido derrotar al héroe, así que Izuku supone que todos están un poco tensos a estas alturas. Irónicamente, el que más cerca ha estado, y ahora comprende que no lo estuvo en absoluto, ha sido precisamente Izuku el primer día, gracias a sus trampas, pero ninguno de sus planes ha vuelto a dar ningún resultado desde ese momento, y los de sus compañeros tampoco.
—¡Spiderman de imitación! A ver si hoy es tu día. — Sero sonríe y asiente, entrando en el círculo. Izuku se concentra en él. El día anterior, aguantó un embate de Dynamight tan potente que el retroceso de la explosión hizo que el héroe profesional rozase con el talón el borde del área del círculo, así que tiene posiblidades.
—¡Por supuesto!
Cada intento puede ser el último. No saben cuándo terminará el entrenamiento, aunque Izuku sospecha que dependen de los movimientos que haga la Liga de Villanos. Después, el objetivo será buscar, encontrar y neutralizar, aunque Dynamight ha utilizado el término matar, a los villanos. Pero Dynamight ha sido claro: quien no consiga echarlo del círculo antes de esa fecha será devuelto a su casa, con el deshonor que ello supone, salvo que tenga otras habilidades concretas y útiles, como es el caso de Koda, Jirou y Hatsume.
—¿Aguantas otra más todavía? —La explosión es tan fuerte que todos en el patio se sobresaltan. Sero está utilizando su «Barricade Tape» y Dynamight lo ataca con tanta saña que Izuku puede oler el aroma a nitroglicerina quemada desde donde está y el humo distorsiona las figuras de los dos chicos—. ¡Otra más, pegamentos! ¡Y otra!
—¡Uf! Pésimo… —Finalmente, escudo de celofán de Sero se rompe. Dynamight estaba moviendo el brazo derecho hacia atrás en su movimiento estrella, pero al ver a Sero flaquear, reduce la velocidad y, con un movimiento envolvente, utiliza una potente explosión para hacerle salir disparado hacia atrás en lugar de impactarle directamente.
—Estás fuera del círculo —dice Dynamight, triunfante. Jadeando, Sero deja caer la nuca hacia atrás, golpeando levemente el suelo, y cierra los ojos, demasiado agotado para contestar—. ¡Carita de ángel! ¡Tu turno!
—¡Ánimo, Uraraka! —grita Izuku. La chica le corresponde con una rápida sonrisa, mientras Dynamight los observa con sorna.
Uraraka es otra de las personas con las que más amistad ha hecho Izuku en esos días. Es una chica un par de años mayor que él, bonita, amable, tímida y educada. Aunque comparte habitación con Hatsume, no había intercambiado ni una palabra con ella hasta que, en uno de los primeros entrenamientos, había echado un cable a Izuku cuando el robot contra el que estaba peleando se encasquilló con su guante. Desde entonces, Izuku ha pasado gran parte del tiempo en compañía de Hatsume y Uraraka, repartiendo su tiempo entre ella y los otros chicos si no están los cinco juntos.
En cierto sentido, Uraraka es todo lo contrario de Hatsume. Es tranquila, en contraste con la arrolladora personalidad de Mei, y tiene una paciencia ejemplar. Tras su accidental presentación, fue Hatsume, con su apabullante personalidad, quien había tomado la iniciativa de seguir acercándose a él. También influyó que Izuku que, a pesar de lo sociable que es, siempre había sido un chico más bien solitario durante toda su etapa escolar, no había hablado nunca hasta ese momento con una chica. O, al menos, no lo había hecho desde que tenía más de seis años, estaba relativamente seguro de ello. Sin embargo, quizá porque Hatsume rellenaba con palabras entusiasmadas los silencios pensativos de Izuku o porque ella comprendía sus murmullos e ideas mejor que nadie, los dos habían acabado estableciendo una sólida amistad que, en algún momento, Inko llegó a considerar prometedora de algo más. Al menos hasta que Izuku se dio cuenta de cómo su madre sonreía a su amiga y se había apresurado a aclararle que no le gustaba en ese sentido. Fue en ese momento cuando Izuku se paró a pensar por primera vez en chicas, al menos en el sentido en el que todos los chicos de diecisiete años lo hacían, tras muchos años con la cabeza llena de héroes musculosos y enormes a los que admirar.
—¿Qué hace? Está destrozando todo el suelo —murmura Ojiro, el chico de la cola, sentado cerca de ellos.
Uraraka se mueve con rapidez por el círculo, sin detenerse ni un segundo, esquivando las explosiones mientras toca los cascotes del suelo que Dynamight está provocando. Por un momento, Izuku cree que es ella quien está haciendo que el suelo se levante en pedazos, pero pronto se da cuenta que es Dynamight. Involuntariamente, tratando de alcanzar a Uraraka, está destrozando el suelo con las explosiones. No es la primera vez que ocurre, al día siguiente el patio estará en perfectas condiciones de nuevo gracias a los Dones de los empleados de Detnerat que trabajan en el mantenimiento, pero sí la primera que alguien aprovecha esa circunstancia.
—Está… ¡está intentando…! —Izuku se contiene a tiempo. Dynamight combate con los protectores auditivos puestos, pero si oyese algo, aunque fuese por casualidad, estaría estropeando la estrategia de Uraraka—. ¡Es brillante!
—Está escribiendo en el aire. Yo gano. —Hatsume, que tenía la barbilla apoyada en las manos mientras observa el entrenamiento, extiende una mano hacia Kaminari.
—Joder… —suspira Kaminari con fastidio, rebuscando en su bolsillo.
—Está utilizando su Don de levitar para levantar todos los escombros que Dynamight crea al dirigir sus explosiones al suelo, pero… ¡Claro, eso es! ¡Por eso corre agachada! Está haciendo que dinamite el suelo adrede. ¡Es genial! —Hablando en voz baja, casi para sí mismo, Izuku analiza el combate hasta que se interrumpe al ver cómo, a su lado, se produce el intercambio de unos pocos billetes arrugados entre Kaminari y Hatsume—. ¿Qué? ¿Cómo?
—El otro día, este idiota perdió porque no se creía que escribías en el aire si no tienes una de tus libretas a mano —explica Hatsume con un brillo de orgullo en los ojos—. Y ayer, porque dijo que empezarías a escribir en el primer combate y no lo hiciste hasta el quinto.
—¿Estáis apostando? —pregunta Izuku, escandalizado.
—Y hoy, que había dicho que lo harías sobre el sexto, vas y lo haces en el segundo —se lamenta Kaminari con tono de reproche—. Midoriya, si no fuese porque ya te conozco un poco y sé que no te enteras de nada, pensaría que estáis confabulados contra mí para estafarme.
—Es lo que tiene ser su amiga desde hace años —dice Hatsume con un chasquido de lengua presuntuoso—. Esta mañana ha estado observando a Sero y Uraraka durante el entrenamiento. Ha habido un momento que creía que babearía de lo abierta que tenía la boca por el asombro con sus Dones. Siendo ellos los dos primeros turnos de hoy, era fácil.
—¡Mierda! ¡Eso es trampa! —protesta Kaminari. Alrededor de ellos, varios chicos, entre ellos Ojiro y Sero, se ríen entre dientes, pero Jirou, como Izuku, los miran con censura.
—¿En serio apostáis sobre mí? —pregunta Izuku, incrédulo. Hatsume se encoge de hombros en un gesto de disculpa y Kaminari tiene la decencia de sonrojarse. Querría echarles la bronca, pero necesita mirar qué está ocurriendo con la nube de escombros que se alza sobre las cabezas de Dynamight y Uraraka, listas para caer encima del héroe cuando la chica una las yemas de sus dedos. Si triunfa, acabará siendo la primera en ser capaz de sacarlo, aunque sea a rastras, del círculo.
—Empezó él —se justifica Hatsume, pero Izuku ya no la presta atención. Dynamight está peleando más rápido y con más potencia, obligando a Uraraka a moverse todo el tiempo. La nube de escombros y el humo que provocan las explosiones de Dynamight dificultan la visión, pero Izuku juraría que la chica no ha dejado caer ya todas las piedras porque, literalmente, no tiene oportunidad de hacerlo.
—Está cada vez más mareada —dice Ojiro, serio.
Izuku asiente, él también lo ha pensado. El rostro de Uraraka está pálido y sudoroso y lleva mucho tiempo con la levitación activa. Es alguien que sí está acostumbrada a utilizar su Don, pero no en periodos tan prolongados y ahora lleva más tiempo del que Izuku recuerda haberla visto aguantar en los entrenamientos. La chica salta a un lado, evidentemente agotada, justo a tiempo de evitar una explosión más.
—La weona lo va a conseguir —dice Sero, silbando.
—Es brillante, pero cada vez destella con menos fuerza —niega Aoyama con tono afectado y dramático.
—Cuatrocientos yenes a que sí lo hace —se apresura a apostar Kaminari.
—Los veo, Kaminari —contesta automáticamente Hatsume, ajustando su zoom sobre Uraraka en una milésima de segundo.
—¿Es que vienes a los entrenamientos de la tarde sólo para apostar? —dice Izuku, un poco escandalizado por el baremo moral de su amiga, que no debería sorprenderle. Hatsume, como el resto del escuadrón de espionaje, no necesita cumplir el requisito de expulsar a Dynamight del círculo para completar su entrenamiento, aunque todos ellos acuden todas las tardes en solidaridad con los que sí.
—Es una forma de aprender y, al mismo tiempo, de hacerlo interesante —admite Hatsume sin tapujos.
—Los veo —interviene Ojiro desde algún punto a la derecha de Izuku—. Yo también creo que lo consigue.
—Yo digo que no —dice Shindo, negando con la cabeza—. Está demasiado agotada.
—Va a estar a punto de conseguirlo, pero Dynamight no se va a dejar engañar por eso, así que reaccionará a tiempo. No puede no haberse dado cuenta de lo que está ocurriendo, es un héroe profesional acostumbrado a controlar el entorno en el que trabaja, seguro que tiene un plan o es capaz de improvisarlo —insiste Hatsume.
Izuku asiente de manera inconsciente a las palabras de la chica. Él también cree que, dada la habilidad que ha mostrado Dynamight a lo largo de los distintos combates para contrarrestar sus intentos de vencerle, lo más probable es que se haya percatado o tenga capacidad de reacción suficiente. No en vano les saca tres años de formación especializada como héroe, varios de práctica y algunos más como dueño de una de las agencias más populares del país.
—Llevan cinco minutos completos. Hasta ahora, el combate más largo de todos los que he visto —comenta Izuku en un murmullo para sí mismo, sin darse cuenta de que el resto puede oírlo mascullar—. Aunque no recuerdo cuánto duró el mío del primer día. Desde luego, Uraraka está haciendo que Dynamight se entregue al cien por cien. También lo ha hecho con Sero. Tanto él como Uraraka han mejorado mucho es y es posible que…
Una última explosión, más potente, de Dynamight, lo enmudece. Uraraka, desde el suelo, prácticamente derrotada, consigue juntar las yemas de sus dedos y todos los escombros acumulados encima de Dynamight caen a plomo sobre él. El humo, el ruido de varias explosiones más y un par de gritos después son las únicas pistas de lo que está ocurriendo, porque es imposible ver nada. Cuando el humo se disipa lo suficiente, en el centro del círculo está Dynamight, sujetando en vilo a Uraraka por la pechera y respirando con cierta agitación, muy serio.
—Bien hecho, Uraraka. —Sin mediar más palabras, camina hacia el borde y, con sumo cuidado, deposita a Uraraka en el suelo, en pie, fuera del círculo—. El siguiente.
—Guau… —murmura Izuku, asombrado—. Dynamight ha conseguido pulverizar con sus explosiones todos los escombros antes de que le impactasen. Bien hecho, Uraraka, ha sido una estrategia genial —felicita a la chica cuando esta se deja caer a su lado, agotada y con el uniforme desgarrado por las múltiples caídas y explosiones.
—Estuvo a punto de funcionar, ¿verdad? — dice con una sonrisa franca. Izuku asiente y Uraraka desvía la mirada hacia Dynamight, que está peleando contra Ojiro sin haberse permitido siquiera unos segundos de descanso, luego hacia los compañeros que han apostado, que se están acercando a Hatsume para pagar y por último a sus propias manos—. Pero no deja de ser un héroe profesional. Hasta ahora, yo sólo había utilizado mi Don para ayudar a elevar y sostener cargas pesadas en el negocio de mis padres, pero esto es…
—Distinto —concuerda Izuku, reprimiendo conscientemente sus impulsos de escribir e intentando memorizar en su mente todo para luego escribirlo en los cuadernos—. Lo has hecho muy bien. Dynamight estaba muy concentrado mientras peleaba y has aguantado un montón de tiempo.
Ambos se suman al gemido colectivo que se solidariza con el del propio Ojiro, que cae de espaldas fuera del círculo, derrotado por Dynamight.
—Me toca —suspira Izuku, desalentado y sin demasiadas ganas de recibir una nueva paliza exprés.
—¡Animo! —dice Uraraka, correspondiéndole. Hatsume, Sero y Kaminari se unen a ella y le alientan mientras Izuku entra en el círculo sin demasiadas ganas.
—Vamos, nerd. No tengo todo el día. —Dynamight lo mira fijamente, con los ojos entrecerrados y el labio superior ligeramente alzado, dejando ver parte de sus incisivos y el colmillo, mientras se coloca los protectores auditivos de nuevo. Izuku quiere contestar, pero cuando se le ocurre una respuesta ingeniosa, Dynamight ya no puede oírlo y sabe perfectamente lo irritable que se pone si se los hace quitar de nuevo.
Mordiéndose el labio inferior, Izuku se pone los guantes lentamente, intentando dilatar el proceso todo lo que puede. Observar todas las rondas de sus compañeros a diario ha hecho que sea consciente de cuándo Dynamight apenas hace un esfuerzo por derrotarlos o suaviza sus movimientos y explosiones para no dañarlos, disimulando su atención con grandes voces y alardes, y cuándo se pone serio y se concentra para pelear de verdad. Sólo le ha visto esa expresión, hasta ahora, en un par de ocasiones con Sero y en la pelea anterior, con Uraraka.
Pero con él siempre pone esa expresión de concentración total. Da igual que, salvo el primer día, el resto de la semana se lo haya quitado de encima en menos de treinta segundos, Dynamight siempre entrecierra los ojos, frunce las cejas y aprieta la mandíbula como si fuese el gran reto del día. Algo que a Izuku le abruma, por un lado, pues no tiene manera de estar a la altura, y lo frustra, por el otro, porque algunos días ni siquiera ha podido poner en práctica ninguna de las estrategias que ha diseñado durante el día. Ahora, mientras se clava los dientes en el labio para obligarse a permanecer concentrado y tranquilo, la expresión de Dynamight se suaviza, pero no pierde la expresión de seriedad, así que Izuku sabe que hoy tampoco va a darle margen alguno una vez se haya puesto los guantes.
Como siempre, Dynamight no le da tiempo a actuar. En cuanto Izuku ha terminado de ajustarse el guante izquierdo, el héroe salta hacia él, propulsándose con un par de explosiones para aumentar su velocidad y fuerza de impacto, y lanza un gancho con la derecha, casi una burla por el primer día. Izuku, que los días anteriores ha intentado evitar esa estrategia saltando a la izquierda, a la derecha o agachándose, decide saltar en el último momento. Dynamight parece haber previsto el movimiento, como hizo los días anteriores con los demás, porque en menos de una décima de segundo ha reaccionado y atajado a Izuku. Este, a la desesperada, en lugar de intentar evitar la explosión, que nunca es comedida o prudente, decide arriesgarse a encararla al tiempo que sujeta el antebrazo de Dynamight aferrándose a él con fuerza para mitigar el retroceso del impacto y atraer al héroe hacia sí y, con la mano izquierda en lugar de utilizar la derecha, asestarle un puñetazo en el rostro poniendo toda la fuerza del guante a su favor.
Falla por varios centímetros. En el último momento, Izuku ha visto que los ojos de Dynamight se abren de par en par, pillado por sorpresa, y que intenta detener la explosión que va directa a la cara de Izuku, asustado por no poder controlar su Don, pero es demasiado tarde.
Nota final: La idea de que esta escena de Shinsou transcurriese en una konbini (tienda 24 horas típica de Japón) surgió muy muy tarde, durante la reescritura del original y se debe a haber leído La dependienta: un libro sobre la dependienta de una konbini que es fabuloso y me encantó. No podía dejar de recomendarlo.
