Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

¡Como siempre, muchas gracias por leer y comentar!


TODO UN HÉROE HARÉ DE TI (PARTE III)

Izuku apenas tiene tiempo de maldecir por el dolor de las quemaduras en la cara, provocadas por la explosión, porque su puñetazo, que iba directo a la mandíbula inferior de Dynamight sin ningún miramiento, ha acabado impactando en la clavícula del héroe con un crujido bastante desagradable. Lo siguiente de lo que es consciente es del duro suelo de piedra irregular tras su espalda, lleno de los cascotes provocados por el combate previo del héroe contra Uraraka, y del dolor que le abrasa el rostro y opaca el que siente en la mano con la que le ha golpeado. A un par de metros, un poco borroso por los ojos llenos de lágrimas de Izuku, Dynamight está de pie, todavía dentro del círculo, masajeándose el hombro izquierdo, con gesto serio.

—Hemos terminado —dice Dynamight en voz baja, en un tono varias octavas más grave de lo habitual en sus gritos. Temblando, no sabe muy bien si por la adrenalina, el dolor de las quemaduras o por el pánico que le produce la mirada penetrante e insondable que le está dirigiendo Dynamight con los labios fuertemente apretados, Izuku se levanta, rezando para que las piernas le sostengan—. Ve al ala de la enfermería y dile a la vieja que te cure las quemaduras de la cara.

Pero Izuku no está dispuesto a fracasar. No está dispuesto a marcharse a casa. Todavía no.

—Aún estoy dentro del círculo —consigue musitar Izuku con voz trémula, mirando a su alrededor y pestañeando para enfocar la vista. El impacto ha sido muy fuerte, pero ninguno de los dos ha salido despedido hacia atrás, por lo que Izuku no ha vencido, pero tampoco ha sido derrotado—. Estoy dentro del círculo —insiste en voz más alta. Se arrepiente casi al segundo, porque tiene la garganta cerrada en un nudo de lágrimas que intenta aguantar, sin éxito. Las mejillas le escuecen por la salinidad cuando las lágrimas resbalan por ellas y gotean sobre la camiseta del uniforme. Más rabioso, repite en voz mucho más alta—: ¡Todavía estoy dentro del círculo!

—No seas ridículo —dice Dynamight, con un gesto de desprecio en los labios—. No estás en condiciones de seguir.

No va a fracasar. No se va a marchar. No todavía. No piensa quedarse atrás.

—¡Todavía estoy dentro del círculo! —grita Izuku violentamente. Dynamight está girándose hacia el resto del grupo, ignorándolo, y eso lo impulsa a elevar aún más el volumen de voz, cabreado por la actitud del héroe profesional—. ¡No hemos terminado! ¡Estoy dentro del círculo!

Dynamight se vuelve hacia Izuku y, durante tan solo un segundo, la expresión de desprecio de su rostro da paso a una de leve sorpresa antes de decaer en una mueca de disgusto. Es la primera vez que Izuku ve una panoplia tan amplia de sentimientos en el héroe, que suele limitarse a gritarles y su concepto de animarlos pasa por bravatas y apodos que rozan el insulto en algunas ocasiones. Sin embargo, es muy breve y, cuando Izuku parpadea, sorprendido, en el rostro de Dynamight sólo está la ira apenas contenida habitual en él.

—¿Todavía tienes ganas de comerte otra explosión, nerd? —pregunta Dynamight con tono peligroso.

—¡Aún no me has echado del círculo!

—¿Estás loco o qué? Tienes la cara y el cuello destrozado por las quemaduras. Ve a que te curen y mañana seguimos. Así es inútil… —insiste Dynamight, frunciendo el ceño. La última palabra activa un resorte en Izuku que no era consciente que tenía, y su frustración da paso a la ira.

—¡No soy un inútil! —brama Izuku, tan cabreado que apenas es capaz de distinguir algo más que la figura del héroe profesional, plantado de pie delante de él—. ¡Tú apenas puedes mover el hombro y aun así sigues en pie y dispuesto a seguir peleando contra el resto! ¡Así que ni se te ocurra decirme que tengo que rendirme por una quemadura en la cara! —Izuku intenta controlar, sin éxito, su respiración, la ira le inunda el pecho y la cabeza, haciendo que las sienes le latan con fuerza y los oídos le piten por la presión arterial, pero es incapaz de preocuparse por eso.

Ha llegado hasta aquí porque no quería que su madre se viese envuelta en una guerra y tuviese que ponerse en peligro, pero ver a sus compañeros progresar, el entusiasmo con el que mejoran sus Dones y el ambiente animadamente optimista que se respira en todo el complejo militar de cara a vencer a la Liga de Villanos y recuperar la normalidad de sus vidas le han hecho sentirse frustrado todos estos días. Ha crecido toda su vida siendo consciente de no tener un Don y ser un ciudadano de segunda debido a ello. Incluso tener un Don que sólo modifica la apariencia o no puedes utilizar, es mejor que no tener Don alguno. Todo se mide por el Don: si existe o no, si es útil o no, si es potente o no. Y él está en el escalafón más bajo. Ni siquiera le temen porque su Don sea peligroso. Sólo despierta lástima y compasión en la mayoría de las ocasiones y desprecio en las que menos, pero todas ellas duelen igual. Muy pocas personas, y Hatsume se encuentra entre ellas, razón por la cual es su mejor amiga, reaccionan con naturalidad cuando Izuku revela su anomalía. Para los demás es un fenómeno extraño sobre el que cuchichear y al que tratar con condescendencia.

«Una anomalía cada vez menos frecuente», había dicho el doctor cuando Izuku tenía cuatro años, señalando una radiografía que él, con su edad, era incapaz de comprender. En sus oídos, las palabras sólo habían sonado como algo negativo, pero sin un significado concreto en un primer momento. El médico había seguido hablando, explicando a su madre las razones biológicas o anatómicas, que Izuku no comprendió en ese momento y que no se ha molestado en averiguar más tarde, por las cuales jamás iba a desarrollar un Don. Dio igual. Para Izuku, todo se resumió en que nacer sin Don es una lotería macabra con muchos boletos que cada vez tiene menos premios y él ha sido el infortunado en conseguir uno de ellos. Y, al final, sólo ha quedado una palabra marcada en lo más profundo de su alma, machacada a lo largo del tiempo en multitud de insultos, sinónimos y decepciones: anomalía. Raro. Lastre. Inútil.

Deku.

Y se niega. Se niega a ser tratado con condescendencia aquí, junto a este grupo de personas, todas optimistas, llenas de vida y con ganas de arrimar el hombro para solucionar una crisis nacional, honrar al Emperador y a la nación nipona y volver a sus casas y a sus rutinas. Gente cuyos Dones han estado reprimidos o utilizados bajo circunstancias concretas durante años, pero que sólo por el hecho de poseerlos ya eran mejores que él. Y que ahora, por fin, tienen la oportunidad de desarrollarlos y las ganas de superarse a sí mismas e ir más allá. Porque Izuku no tendrá un Don, no podrá aumentar la fuerza de sus guantes entrenando, pero sí puede modificarlos y mejorarlos. Y, para él, es otro camino para llegar al mismo objetivo. Tiene su inteligencia, su capacidad de observación y estrategia y su voluntad de su parte. Es consciente de todo eso, pero la sociedad no y eso tiene que acabar, porque todo eso tiene que contar. Exige que todo eso cuente para quienes le rodean.

Porque Izuku no quiere ser un lastre nunca más. Quiere demostrar a todos, pero sobre todo a Dynamight, que puede superarse a sí mismo, que puede ir más allá, que también puede ser un miembro útil de la sociedad con su ingenio, estrategia y habilidades, aunque no tenga un Don propio de nacimiento. Porque él ya lo sabe perfectamente. Lo comprendió cuando tuvo que asumir que nunca sería un héroe, ni tendría Don, y decidió aprovechar su inteligencia y habilidad para crear artilugios de apoyo y cumplir sus sueños de manera tangencial a través de esa vía. No es su culpa. Es la sociedad la que se niega a escucharlo. A verlo. A contar con él.

Y, con la fuerza de todos sus recuerdos, frustraciones y argumentos mentalmente practicados durante años, endereza la espalda para erguirse y enfrentarse al héroe profesional y su condescendencia.

—¡Dios de la Gran Explosión Asesina Dynamight! —grita, sin ser del todo consciente de que ni Dynamight ni el resto de sus compañeros ha seguido el tren descarrilado de sus pensamientos y olvidando que todos ellos sí creen que tiene un Don—. ¡No soy un inútil! Escúchalo, porque quiero que lo sepas. ¡Que lo sepa todo el mundo! Todavía estoy dentro del círculo. ¡Y pienso demostrarte que puedo sacarte de este círculo y ganarme mi puesto dentro del escuadrón!

»¡Has peleado con el resto hasta el final! ¡Pelea conmigo también! ¡No pienso marcharme a casa! ¡No voy a quedarme atrás! ¡Conseguiré mejorar e ir más allá de mis habilidades! ¡Pelea y gáname, pero déjame que por lo menos lo intente! ¡Se acabó ser un lastre! Puedo mejorar yo también y demostraros a todos que no soy un inútil ni una anomalía porque… —Se detiene un segundo para coger aire, súbitamente consciente de que ha perdido el control y ha estado a punto de decir las palabras que lo mandarían a casa al instante— porque… porque no pueda progresar al mismo ritmo que todos los demás.

—Está bien —asiente Dynamight, mortalmente serio. Un murmullo a sus espaldas le recuerda a Izuku que el resto de sus compañeros todavía está ahí, escuchando. Como otras veces, no mira a Izuku a los ojos, sino a la parte inferior de su cara, en un gesto que le hace parecer pensativo y concentrado.

—¿Sí? —A Izuku le tiemblan las rodillas y le pitan los oídos. La cara le arde y le duele. Sólo siente los dedos, apretados dentro de los guantes, y el labio inferior, que se muerde con fuerza intentando contener sin éxito las lágrimas de rabia y dolor que siguen corriendo por su cara en contra de su voluntad.

—Sí —repite Dynamight con voz pausada y una expresión extraña en su rostro. Sus ojos suben y se encuentran con los de Izuku, que le sostiene la mirada, aterrorizado por todo lo que acaba de decir. De gritar. Al héroe número uno. A Dynamight.

—¡Sí! —vuelve a decir Izuku, no obstante, todavía imbuido por la cólera, la adrenalina y el pánico a partes iguales.

Sin avisar ni pensarlo dos veces, se lanza contra Dynamight, que bascula con un pie para ponerse de lado y extender la mano izquierda hacia la maltrecha cara de Izuku. Este salta, poniendo toda su energía en los puños, fintando con los puños para luego girar en el aire gracias al impulso y evitar la explosión de Dynamight. Sin embargo, esta se produce en otro lugar, donde Izuku no está mirando. Aturdido, Izuku cae al suelo sin llegar a rozar al héroe. Con calma, Dynamight se agacha a su lado y le pone una mano en el pecho para indicarle que no se levante.

—Cuando te cabreas, puedes obtener más fuerza o velocidad de manera provisional, pero tu cerebro anula la visión periférica, nerd, y también pierdes capacidad analítica. Que esto os sirva de lección a todos —dice Dynamight, dirigiéndose al resto del grupo, como si lo que acaba de ocurrir hubiese sido sólo un ejercicio coreografiado. Después, se enfoca en Izuku, clavando sus ojos rojos en los verdes de Izuku, que se muerde el labio para evitar que le tiemble.

»Disparé al suelo con la mano derecha. Perdiste de vista el panorama completo, nerd; si no, habrías podido utilizar mi brazo izquierdo para impulsarte con tu fuerza más arriba y evitar la onda expansiva, pero pensaste que iba a lanzarte otra explosión a la cara, ¿verdad? —Izuku quiere asentir, pero las lágrimas han vuelto a brotar de sus ojos, así que los cierra con fuerza para tratar de contenerlas. Con facilidad, Dynamight lo levanta de la pechera del uniforme de entrenamiento y lo arrastra hasta el exterior del borde del círculo—. Cabréate si eso te ayuda a sacar más fuerza a tu Don, pero no pierdas la perspectiva. Tu punto fuerte hasta ahora ha sido la estrategia, no atacar de frente, así que sácale todo el partido posible. ¿Has entendido, nerd?

—Sí —susurra Izuku, mordiéndose la comisura del labio inferior y agachando la cabeza, un poco avergonzado por el espectáculo que ha montado. Le tiemblan las piernas, pero no cae al suelo gracias a que Dynamight todavía lo tiene sujeto por la camiseta. El héroe no debe haberlo oído, porque tiene puestos los protectores auditivos, pero asiente una sola vez.

—Fin del entrenamiento por hoy —dice Dynamight en voz alta para que le oigan los demás—. Os espero a todos mañana por la mañana, tras el desayuno, aquí mismo. Vais a aprender de una vez algo de técnica de combate. Se acabó seguir embistiendo de frente sin hacer nada más que intentar blandir un Don. Tenéis buenas capacidades para elaborar estrategias y cuando lo hacéis es cuando más cerca estáis de vencer. Más os vale que descanséis, porque todos, sin excepción, tendréis que aprender movimientos básicos y al menos algunos trucos de inmovilización, ataque y defesa. ¿Entendido, extras?

—¡Sí! —La voz de todos sus compañeros resuena en el patio de entrenamiento. Izuku sigue mordiéndose el labio, desconcertado por el curso de los acontecimientos. Es la primera vez que el héroe cancela un entrenamiento cuando todavía faltan personas por enfrentarse a él y, a pesar de todo lo que Izuku le ha gritado, no parece molesto ni especialmente cabreado.

—Hoy tampoco te vas a casa, nerd. Ninguno de nosotros. Todavía no —dice Dynamight, observándole durante unos pocos segundos, en silencio antes de soltarle. Cuando los pies de Izuku tocan totalmente el suelo, las rodillas le tiemblan, pero no cae al suelo—. Ahora ve a ver a la vieja y que te cure esas quemaduras antes de que te dejen cicatriz. Venga, fuera de mi vista.

Trastabillando, Izuku comienza a caminar en dirección al pabellón de enfermería. Siente la mirada de Dynamight clavada en la nuca, pero no mira hacia atrás para comprobarlo. Hatsume, Uraraka, Sero y Kaminari se apresuran a colocarse a su lado y ambos chicos lo sujetan, pasándose sus brazos por los hombros, para ayudarle a llegar hasta la enfermería, algo que Izuku agradece silenciosamente con un conato frustrado de sonrisa.

Un par de horas más tarde, ya sentado en la mesa del comedor, remueve distraídamente la sopa, que ya está fría, al tiempo que escribe a toda velocidad en su cuaderno de notas. Como ha tenido que quedarse un buen rato en la enfermería, el resto ya estaba terminando de cenar cuando él ha llegado. Recovery Girl ha insistido no sólo en aplicarle una crema para tratar las quemaduras, sino también utilizar su Don en él para ayudar a regenerar el tejido. Después, lo ha hecho descansar un rato mientras despotricaba contra la cantidad de gente herida por Dynamight desde que lo conoció en su adolescencia.

Kaminari y Sero ya se han ido a ducharse, alegando que quieren seguir las instrucciones del héroe y retirarse a descansar temprano. Junto a él, Hatsume y Uraraka parlotean animadamente acerca de la estrategia que esta ha seguido en el combate con Dynamight. El comedor está prácticamente vacío y las chicas, supone Izuku, no tardarán en marcharse también. Él mismo debería apresurarse a terminar de cenar, lo que está escribiendo puede continuar haciéndolo en la habitación tranquilamente, pero le gusta la sensación de trabajar apoyado en una mesa.

—Midoriya-kun, vamos a irnos también —dice Uraraka unos minutos después.

—Tú deberías terminar de cenar y descansar. Tu cara sigue teniendo una pinta horrorosa. —Izuku vuelve la mirada hacia Hatsume y le sonríe, intentando tranquilizarla con ese gesto. Su amiga ha estado especialmente pendiente de él toda la cena. Ha hablado poco, pero lo ha taladrado con los ojos todo el tiempo. Probablemente porque ha sabido interpretar mejor que nadie sus gritos durante el entrenamiento y es la única que conoce, desde hace años, su frustración.

—Lo sé, no tardaré mucho. No os preocupéis por mí, estaré bien —responde Izuku, sonriendo a sus amigas, agradecido por su preocupación.

Las chicas se marchan tras despedirse una vez más y preocuparse por su estado de ánimo. Intentando sonreír con optimismo para que Hatsume no se desasosiegue más, Izuku las sigue unos segundos con la mirada antes de meterse en la boca otra cucharada de sopa fría. En el otro extremo de la sala, Ojiro y Jirou, los últimos compañeros que quedaban en el comedor, se van también, despidiéndose de él con un gesto de la mano. Agradeciendo el silencio y la paz del comedor vacío, Izuku aprovecha para concentrarse en su cuaderno de notas.

—Si no comes, se te enfriará la comida. —Izuku levanta la vista. A pesar de que están todas las mesas libres, Dynamight está dejando una bandeja con su cena en la misma en la que Izuku está sentado, justo enfrente de él.

—¿Tú cenas aquí? —pregunta Izuku, boquiabierto, observando asombrado cómo el héroe aparta bruscamente la silla y se sienta.

—Claro que sí, no pongas esa cara de sorpresa, joder.

—Nunca te había visto. —Al contrario que al personal de apoyo del complejo al servicio de Dynamight y su unidad, que les instruyen y ayudan en los entrenamientos, Izuku no ha visto por allí al héroe ninguno de los días anteriores.

—Tener más responsabilidad hace que cenes más tarde. Normalmente no queda nadie aquí cuando llego —explica Dynamight, encogiéndose de hombros. Un gesto de dolor le atraviesa el rostro momentáneamente y se masajea el hombro izquierdo durante unos segundos, antes de seguir comiendo.

—Lo siento —musita Izuku, avergonzado. Por la abertura del cuello de la camiseta de Dynamight, asoma un vendaje elástico: el héroe también ha visitado la enfermería, probablemente después de que Izuku la abandonase.

—No seas idiota. —Por un momento, la forma de hablar de Dynamight se acerca más a lo que Izuku está acostumbrado, pero acto seguido vuelve a suavizar el tono—. El Don de la vieja hace maravillas, mañana estará perfectamente. Nerd, ni se te ocurra contenerte el próximo día por culpa de esto, ¿eh?

—Yo no… no pretendía golpearte ahí —tartamudea Izuku. Dynamight levanta las cejas en un gesto escéptico—. En realidad, el puñetazo iba a la mandíbula. Aunque a lo mejor habría sido peor, porque iba con demasiada fuerza y…

—No digas estupideces. No puedes tener esas consideraciones en un combate.

—Pero los héroes siempre dicen que hay que aplicar el mínimo de violencia para solucionar el problema y que no puede ser desproporcionado porque….

—¿Los héroes? ¿Eres idiota? Eso lo dice la Comisión de Seguridad. Esos sí que son una panda de imbéciles e inútiles que no sabrían sentarse si no fuese porque se caen de culo en las sillas —gruñe Dynamight. Izuku, escandalizado por esa forma de hablar, abre los ojos de par en par—. En realidad, cualquier héroe mínimamente competente de entre los primeros puestos del ranking te va a decir lo mismo que yo ahora: No puedes andarte con jueguecitos y cojines de plumas cuando tratas de contener a alguien que realmente está intentando hacer uso de su Don para algo malo. No me refiero a esos gilipollas que quieren robar unos pocos relojes para revenderlos por internet, sino a gente peligrosa, como los que han provocado que estés aquí porque ni siquiera la Comisión tiene los huevos de dar la orden de detenerlos y las agencias no podemos actuar solas por mierdas políticas.

—Pero no puedes matar a alguien solo porque sea… malvado…

—¿Quién ha hablado de matar aquí? Hablamos de proporcionalidad. Lo que no puedes es arriesgarte a que tú o alguien más muera sólo porque no aplicaste la suficiente fuerza. ¿Serías capaz de vivir con el cargo de conciencia de que ha habido una víctima porque decidiste no dar un puñetazo y aplicar una medida menos contundente en su lugar? —Izuku lo medita durante un segundo y luego niega con la cabeza, comprendiendo el punto del héroe—. No necesitas matar a alguien para detenerlo, pero no puedes contenerte por si le haces daño mientras están intentando hacértelo a ti.

—¡Oh! —Izuku no sabe qué contestar a eso. Va en contra de todo lo que ha escuchado siempre de la profesión de héroe. O quizá no en contra, pero sí al menos es más drástico de lo que pensaba hasta este momento—. Aun así, no quería golpearte precisamente ahí.

—¿Por qué? Es posible que tú y la carita de ángel hayáis sido los únicos mínimamente cerca de vencerme, precisamente porque habéis buscado estrategias que podrían hacerme daño de verdad —dice Dynamight, frunciendo el ceño. Aparta el bol de sopa y se acerca un plato con macarrones, que empieza a pinchar con el tenedor como si deseara asesinarlos—. Un directo a la mandíbula, con la fuerza que estabas imprimiéndole, habría podido noquearme, pero nunca lo habrías conseguido. No es algo que se pueda conseguir en un combate real con alguien verdaderamente experimentado, pero sacarme el hombro de su sitio, dado que mi Don requiere de utilizar los brazos libremente, es algo asequible y es mi trabajo tratar de cubrir ese flanco adecuadamente o preferir un golpe ahí en lugar de un noqueo directo.

—¿Quieres decir que lo has hecho adrede? Pero… Tus hombros sufren con el retroceso de tus explosiones, igual que tus codos. Son tu punto más débil —dice Izuku.

—¿Qué sabrás tú acerca de mis puntos débiles? —pregunta Dynamight con voz hostil. Izuku se muerde el labio inferior para no confesarle cuántos años lleva observándolo y siguiendo su progreso como héroe, algo que, sin duda, sólo empeoraría el concepto que Dynamight tiene de él—. Te lo repito. No fallaste. Fui yo quien se movió para no ser noqueado. La próxima vez, si crees que tengo un punto débil, no dudes y golpea con fuerza justo ahí. Si lo hubieses hecho así, yo no me lo habría esperado y quizá habrías tenido alguna posibilidad.

—Tú también te contuviste —dice Izuku, sin poder evitarlo. Las palabras han abandonado sus labios antes de que su mente le hayan dado alcance.

—No digas tonterías. ¡Yo siempre doy el cien por cien! —Dynamight aprieta la mandíbula y vuelve a apuñalar los macarrones con su tenedor, se llena la boca con ellos y mastica con tanta fuerza que Izuku puede escuchar sus dientes rechinando. Izuku no contesta, pero sí se queda mirando al héroe con curiosidad.

Durante toda la conversación, este ha ido oscilando entre la fiereza y hostilidad con la que los trata a diario, un vestigio claro de aquella ocasión en que Izuku pudo verlo a través de la televisión, un día lejano en el tiempo, en la que un chico rubio, malhumorado y presuntuoso se subió a una plataforma durante su primer festival deportivo y desafió a todo el alumnado, jactándose de que sería él quien vencería. Unas horas más tarde, atado con cadenas al podio para contener un tremendo cabreo por lo que, según dedujo Izuku, había considerado una victoria sin honor, Dynamight presidía el primer puesto que había jurado obtener. Sin embargo, en otros momentos, Dynamight charla con naturalidad, como un chico normal y corriente, tanto que a Izuku casi, solamente casi, se le olvida que está delante del que fue el mejor estudiante promesa como aspirante a héroe desde Hawks.

Al final, decide callarse lo que está pensando. Porque está convencido de que, justo antes de que los golpes de ambos impactasen en el otro, los ojos de Dynamight se han abierto de par en par porque no se esperaba que Izuku no fuera a apartarse y ha temido golpearle con su Don en el rostro y hacerle daño de verdad. Está relativamente seguro de que Dynamight ha intentado parar la explosión, cuyo brillo intenso casi cegó a Izuku inicialmente, disminuyó toda la potencia que el héroe pudo controlar antes del impacto; o al menos reducirla todo lo posible para no dañarle gravemente, ya que no contaba con que Izuku optase por aguantarlo. Si no hubiese sido así, la explosión podría haberle arrancado la piel de la cara con lesiones serias en lugar de sólo provocarle una molesta quemadura. Hasta ese momento, Izuku había basado su estrategia siempre en esquivar sus ataques y no en encararlos. Un extraño cosquilleo se instala en su estómago al pensar en el héroe, que siempre parece estar malhumorado y harto de ellos, se haya preocupado por su bienestar en un momento así.

—Tienes un aspecto horrible, joder —dice Dynamight, de nuevo en un tono más amable. Y más burlón. Izuku se muerde el labio, pero eso no consigue evitar que se le escape media sonrisa. Quizá se equivoque, pero esta parece la forma de ser del héroe cuando está a solas y se preocupa, dejando su carácter en una fachada que mantiene de cara al resto del mundo.

—Eso ha dicho Hatsume. —Izuku se toca el rostro tentativamente con las yemas de los dedos, todavía pringoso por la crema antibiótica que le ha puesto Recovery Girl—. No es tanto como parece. Son sólo quemaduras leves. Ni siquiera van a dejar marca.

—Deberías haberle dicho que utilizase su Repón —gruñe Dynamight.

—Lo hizo sin necesidad de que se lo pidiera —se apresura a aclarar Izuku—. Me ha ordenado que antes de dormir me aplique otro poco de crema antibiótica para prevenir infecciones, pero ha dicho que, entre su Don y esto, mañana estaré perfectamente bien. —«Ambos estaremos como nuevos, igual que el patio de entrenamiento, listos para volver a machacarnos», piensa Izuku con cierta sorna.

—A esa vieja le gusta demasiado besar jovencitos —masculla Dynamight, riendo entre dientes.

Izuku deja de reprimirse y sonríe abiertamente. No sólo por el chiste del héroe, sino porque le gusta estar así ahí, con él. Es muy diferente que estar entrenando y se parece más a lo que habría fantaseado de saber que iban a estar juntos en el complejo. No se acuerda ni de qué estaba escribiendo en su cuaderno de notas. Tampoco le importa, como no le importa no haber terminado de cenar. Dynamight le corresponde la sonrisa un momento antes de bajar la vista hacia su bandeja y empezar a comerse el yogur que les han puesto de postre a grandes bocados, rebañándolo ruidosamente. Izuku no se ha percatado de que se ha quedado mirándolo embobado hasta que el otro vuelve a levantar la vista hacia él, momento en el que, avergonzado, Izuku baja la mirada, sonrojado. El ruido de la silla del héroe, arrastrándose hacia atrás, revela que este se está levantando, dando por terminada la cena.

—Doy por hecho que antes hablabas en serio. —Izuku levanta la cabeza, un poco confundido. Dynamight hace un gesto impaciente—. No es algo personal, pero no puedo permitir que vengas a enfrentar a unos villanos megalómanos dispuestos a destruir todo Japón y el mundo entero, si se tercia, si ni siquiera eres capaz de echarme de ese maldito círculo. El primer día conseguiste pillarme de sorpresa y hoy has aguantado con entereza, pero eso no te va a valer siempre.

—Quiero superarme a mí mismo —asiente Izuku, notando sus mejillas enrojecer de nuevo. Se muerde el interior de las mejillas, poniéndose recto para enfatizar su decisión—. Para mí sí es algo personal. No soy un cobarde, ni un inútil. No pienso quedarme atrás.

—¿Entiendes que estás loco? —pregunta Dynamight, todavía hablando en un tono duro e impaciente—. Estás exigiendo ir a una guerra. Habría un montón de gente que aprovecharía esta excusa para librarse de ello.

—No hay ningún Midoriya más disponible. No voy a consentir que venga mi madre —confiesa Izuku, temiendo que, de alguna manera, Dynamight pueda sospechar siquiera que ni siquiera él debería estar allí—. Quiero ir a la guerra si es necesario, defender el honor de mi madre y mi apellido. Quiero ser un héroe para Japón, ya que no pude serlo cuando tocaba. Algunos no tuvimos tu suerte, ¿sabes? Yo ni siquiera llegué a entrar en el examen de ingreso de la U.A. para la especialidad de héroes. Me rechazaron antes.

—Tendrás que mejorar mucho. Para empezar, tienes que sacarle verdadero partido a tu Don —explica Dynamight—. No va a ser nada fácil, viendo tu progreso hasta ahora.

—Me da igual. Pienso hacerlo. Haré todo lo que sea necesario —insiste Izuku, apretando los puños bajo la mesa, con la misma rabia que lo acometió en el entrenamiento—. No digas que no va a ser fácil. Antes de descartarme, intenta usarme. Tú siempre has tratado de ganar, siempre has querido ganar, desde tu primer festival deportivo; cuando te vi en televisión, lo supe. Eres un ganador nato. Ya sé que no va a ser fácil. Ahora mismo no se me ocurre cómo voy a mejorar, ni cómo voy a conseguirlo, pero pienso esforzarme para ser tan bueno como el resto. Mejor que el resto. Así que me da igual si tengo alguna oportunidad contra ti o contra esos villanos. ¡Úsame para ganarlos, Dynamight!

—Está bien. —Izuku levanta la vista, asombrado, al oír la respuesta afirmativa del héroe. Dynamight lo mira desde lo alto, serio y solemne—. Mañana, al amanecer, en el pabellón de entrenamiento beta, el que está en la parte posterior del patio. Entrenaré contigo antes del desayuno para ayudarte a que no te quedes atrás. Después, seguirás la misma rutina que el resto de tus compañeros, no importa lo cansado que estés. Y cuando llegue el turno de entrenar los Dones para fortalecerlos, yo mismo me ocupare de esa parte. ¿Entendido, nerd? —Dynamight se da la vuelta y camina hacia la puerta del comedor. Justo antes de traspasarla, habla por última vez, sin mirar a Izuku—. No lo diré de nuevo, nerd, así que aprovecha esta oportunidad.

—¡Sí! —consigue contestar Izuku unos minutos más tarde, cuando Dynamight ya se ha marchado, todavía paralizado por la impresión. La idea de que va a pasar tiempo a solas con el héroe todavía tarda un par de segundos más en alcanzar su mente, pero cuando lo hace, se entusiasma aún más—. ¡Dynamight va a entrenarme personalmente!

.

—Nos han encontrado —informa una mujer adulta.

—¿Cómo lo sabes? —pregunta Iguchi, desconfiado—. ¿Has visto algún héroe?

—Han evacuado el pueblo entero. No queda nadie, está vacío. —Un sonido viscoso acompaña a la transformación. La mujer se convierte paulatinamente en Toga. Está desnuda, pero no parece importarle. Bubaigawara se apresura a acercarse a ella y entregarle un juego de ropa y un abrigo raído.

—Gracias, Jin —dice la chica, vistiéndose rápidamente con un escalofrío. Sonríe cuando termina, envolviéndose en el abrigo con un gesto de placer. Los días son calurosos, pero las noches las temperaturas bajan, sobre todo en las zonas rurales como el pueblo donde se encuentra el granero en el que se refugian—. Me encanta este abrigo.

—¿A todos, Toga? —pregunta All for One con tono displicente, antes de que la chica se distraiga y olvide qué estaba contándoles.

—No queda nadie —confirma Toga—. Todos se han marchado. Una lástima, por fin había encontrado a alguien que me gustaba lo suficiente para transformarme en ella, pero si ha huido ya no podré hacerme amiga de ella.

—Tu Don de carisma ha dejado de funcionar y alguien nos ha denunciado —murmura Dabi desde las sombras, pero All for One no parece afectado por la acusación—. Ya os dije que era mala idea tratar de intimidar o ganarnos a los del pueblo, porque dependemos de que nos tengan más simpatía o miedo que al gobierno y los héroes y está claro que no es así.

—¡Dabi tiene razón! —exclama Bubaigawara con un gesto compungido—. Pero necesitábamos las medicinas.

—Esa situación cambiará en algún momento, Dabi —dice All for One.

—Pero no ahora ni tan rápido. —Escéptico, a Dabi algunas veces le cuesta compartir el optimismo de All for One.

—Mientras lo hace, reduzcamos el pueblo a polvo y ceniza y después larguémonos —dice Shigaraki arrastrando las palabras.

—Estoy con Shigaraki, no tenemos nada que perder aquí —asiente Iguchi.

—¿Kurogiri? —pregunta All for One, dirigiéndose hacia el nomu, que permanece inmóvil, pero despierto, en un rincón.

Llevan escondidos en el granero casi dos semanas. Incluso aunque nadie del pueblo haya tenido el valor de contactar con la policía o los héroes, era cuestión de tiempo que los encontrasen si han seguido peinando y rastreando la zona donde los vieron por última vez. Al menos, han tenido margen suficiente para recuperar las fuerzas y descansar. La primera semana la han pasado sin salir del granero, expectantes por el progreso del nuevo Don de Kurigiri en su cuerpo. Después, cuando el nomu todavía no había despertado, se les había terminado la comida. En el granero disponían de agua potable y el fuego de Dabi bastaba para calentarlos, pero la comida ya había sido un problema acuciante. Y todo empeoró cuando Toga y Iguchi habían enfermado, probablemente a causa del frío y el hambre. Un Don de All for One había ayudado a paliar algunos de los síntomas, pero conseguir medicinas se había convertido en una prioridad.

Habían tenido cuidado de que ni el humo ni el resplandor de las llamas azules de Dabi que han utilizado para calentarse se viesen desde el exterior, pero en un pueblo tan pequeño, cualquier mínima actividad resulta sospechosa a sus habitantes, así que Shigaraki había tenido que desintegrar a la primera persona que lo vio tratando de entrar en una casa a robar. Después, había sido Toga quien había llamado la atención al caminar por la misma calle en la forma de una mujer que ya estaba allí. Habían tratado de cortar las comunicaciones para que prevenir que los delatasen y, al final, All for One había hablado a los habitantes del pueblo, utilizando un potente Don de carisma y aquello había parecido bastar. Influenciados por la voz de All for One y sus palabras, la gente del pueblo parecía haberse aplacado y colaborado con ellos, proporcionándoles ropa, alimentos y mantas.

—Creo que podría llevarnos a todos al otro lado de esta isla. Probablemente más lejos. —A pesar de haber despertado y que desde ese momento no ha vuelto a sumirse en una de sus inconsciencias, señal de que el Don de regeneración está funcionando, Kurogiri ha tardado un par de días en ser capaz de generar un portal en condiciones. Si no se han marchado aún, era porque querían dilatar lo más posible su estancia allí para permitirle recuperarse del todo.

—Y, si saben dónde estamos, ¿por qué no han atacado todavía? —pregunta Iguchi.

—Estás dando por hecho ese «todavía» —responde Shigaraki.

—Es obvio: querían evacuar el pueblo para evitar muertes accidentales —dice Dabi al mismo tiempo. Intercambia una mirada con su compañero y ambos asienten, reforzándose el argumento mutuamente.

—¡Entonces tenemos que irnos ya!

—No —dice All for One. Todos le miran, desconcertados—. Despistarlos nos ha permitido descansar, pero ahora tenemos que recuperar la iniciativa. Que sean ellos los perseguidos y nosotros quienes les infligimos daño. Me he cansado de huir. No estamos aquí para ser ratones de campo asustados por si una rapaz se abalanza sobre nosotros.

—Eso suena bien —asiente Dabi, entrecerrando los ojos con satisfacción—. Además, si no somos capaces de despistarles de nuevo, no habrá servido de nada todo lo que hemos hecho hasta ahora.

—Entonces, ¿comenzamos el plan? —pregunta Toga, entusiasmada. All for One asiente.

—¡Sembrar el terror y desestabilizar al sistema para luego ofrecer una salida a los más desfavorecidos y que se unan a nuestra revolución! —exclama Bubaigawara, dejándose llevar por la alegría de Toga, que le sonríe amistosamente y lo calma dándole un par de palmadas en la cabeza—. Pero somos muy pocos. No seremos capaces de hacerlo.

—Yo no estaría tan seguro —murmura Iguchi, también optimista.

—Tomura puede utilizar su Don a escalas devastadoras, Dabi controla el fuego a temperaturas que nunca había alcanzado. Jin… lo de Jin podría haber evitado que acabásemos en esa mierda de isla en un inicio —dice Toga—. No te deprimas, Jin, no te estoy culpando. Pero se van a cagar cuando vean todo lo que has conseguido.

—Entonces, salgamos ahí fuera y destruyámoslo todo —contesta Bubaigawara con voz estridente, asegurándose de que su máscara está bien colocada. Acto seguido, su voz se vuelve un poco más calmada—. ¿Destruir ciudades? Pensaba que queríamos hacernos con el poder y acabar con la tiranía de los héroes y sus estúpidas normas. Pues claro que queremos destruirlos. A todos, que no quede ni un solo ladrillo en pie. —La última frase ha vuelto a sonar enloquecida y Dabi lamenta que la lucidez de Bubaigawara tras conseguir derrotar a Monoma vaya y venga erráticamente.

—Admito que no me molestaría ver eso, pero francamente prefiero ver a los héroes morder el polvo que todo convertido en cenizas —murmura Dabi, encogiéndose de hombros—. Sobre todo, a Endeavour.

—Sí, sí, Endeavour es tuyo —dice Shigaraki, exasperado—. No tengo ningún interés en matar personalmente a ninguno de ellos, así que date el gusto, joder.

—Tienes la sangre más caliente de lo que aparenta tu actitud, Dabi. —All for One ríe entre dientes—. Mira, has conseguido entusiasmar también a nuestro querido Bubaigawara.

—¡Destruyámoslo todo! —asiente Bubaigawara con voz optimista—. ¡Dabi tiene razón!

—Dabi, no olvides que es la sociedad la que ha puesto a los héroes en el sitio donde están, los mantiene y los adora —dice All for One, ignorando a Bubaigawara, que se apresura a acercarse de nuevo a Toga, que lo consuela y ayuda a centrarse—. La misma sociedad que te dio la espalda. La que miraba con disgusto a Iguchi. La que desprecia a Toga por ser lo que es.

—En realidad, a mí algunas personas sí me gustan —interviene Toga, con una sonrisa escalofriante.

—La que condenó el Don de Tomura sin mostrarle todo su potencial y abocó a Bubaigawara a una vida disoluta y desordenada que casi acabó con él.

—No acabó conmigo. ¿O sí? ¿Acabó conmigo?

—No, cielo, no. Estás aquí, eres tú —susurra Toga, consoladora, apresurándose a acercarse a él y ajustarle mejor la máscara.

—En cualquier caso, seguimos en pie. Ya no estamos encerrados como vulgares criminales que molestan a la vista y, por tanto, es hora de recuperar el sitio que nos corresponde… a cualquier precio —dice All for One, con una sonrisa satisfecha.

—Estoy de acuerdo —dice Dabi.

—Entonces, es hora de irnos antes de que lleguen los héroes. —Todos se ponen en pie y rodean a Kurogiri, pero All for One sale del granero, les hace un gesto para que le sigan y levanta la vista, escudriñando con atención. El cielo, despejado y estrellado, apenas contaminado por las luces artificiales de la ciudad vacía que se alza a escasos kilómetros y que nadie ha recordado reprogramar. Un destello, más largo que una estrella fugaz y más irregular que la luz de posición de un avión, brilla por un momento justo encima de sus cabezas

—¿Qué ocurre? —pregunta Dabi, siguiendo con un atisbo de interés la dirección de su mirada—. Ah… Sí. Ahí está de nuevo.

—¿Sigues creyendo que es Hawks, Dabi? —pregunta All for One, haciendo sospechar a Dabi que es una pregunta trampa.

—¿Quién, sino? Bueno, puede haber nuevos héroes alados, pero siempre ha sido un brazo de la corrupción que impregna la Comisión de Seguridad de Héroes.

—Tú lo conociste antes de que todo se acabase, ¿no? Provocaste una pelea entre uno de mis nomus y Endeavour y Hawks, si no recuerdo mal.

—Sí —asiente Dabi a regañadientes. Aquello fue un poco absurdo, porque derrochó un recurso valioso que no le sirvió para vengarse de Endeavour y les hizo perder ventaja cuando llegó el momento de intentar el rescate de Tártaro, pero All for One no parece inclinado a reprenderlo o recordárselo.

—¿Y dirías que vuela así? —Todos miran hacia arriba, guiñando los ojos para distinguir el pequeño punto que se mueve en el cielo añil, apenas un poco más oscuro que este.

—No —contesta finalmente Dabi.

—Tampoco debería tener ese brillo metálico —aporta Shigaraki.

—Eso estaba pensando yo. Es… poco orgánico. —El resto asiente. All for One tiene razón. Los movimientos de quien sea que los esté espiando son mecánicos y repetitivos, no los que haría un ave o una persona—. Ya sé quién nos ha delatado. Mi Don de carisma tiene un límite. Cuantas más personas y más tiempo trato de abarcar, más débil se vuelve. Al final, acaban despertando, como si hubieran estado en un ensueño. Debería haber durado más, pero… Estoy débil. Incluso a pesar de que he descansado.

—Insinúas que el pueblo entero se ha marchado por voluntad propia —resume Iguchi. All for One asiente.

—Con las comunicaciones cortadas, les habrá parecido lo más sensato. Y un grupo de gente caminando junta ha llamado la atención de eso. O de quien lo maneja.

—¿Y por qué no han venido por nosotros? —pregunta Toga, frunciendo el ceño.

—Creo que a alguien le interesa más que estemos libres y vivos que enviar a los héroes. Vigilados, eso sí. Tenemos un aliado —responde All for One.

—O alguien que nos está utilizando para sus propios intereses —dice Dabi, menos confiado.

—Esa es una definición de aliado. Habrá que averiguar hasta que punto confluyen nuestros intereses y aprovecharnos mientras tanto.

—No suena prudente —dice Iguchi, poco conforme también.

—Fortuna audates iuvat —sonríe All for One, y Dabi se pregunta si ese Don de carisma también tiene efecto sobre ellos, a pesar de todos los días que han pasado, porque asiente y confía en el criterio del villano—. Es hora de volver a actuar y recordarles que no somos algo con lo que puedan bromear o tratar como un sencillo problema político y dar esperanza a los desheredados de la sociedad que quieran mirar hacia nosotros.

»Tomura, has descansado lo suficiente y has podido recuperar prácticamente todas tus fuerzas, Quizá Dabi quiera sacar su ingenio y grabar en fuego un mensaje que todavía sea legible dentro de varias horas. Kurogiri, sácanos de aquí y llévanos a un lugar más grande y llamativo que este, reservándote fuerzas para abrir un segundo portal. Apareceremos donde no se lo esperen y golpearemos de improviso. Conseguiremos que nadie en el país pueda apartar la mirada de nosotros.

Un manto de oscuridad se cierne sobre todos ellos, que desaparecen al instante. En el cielo, el destello rutilante vuela en un par de círculos antes de desaparecer en dirección al norte.


NdA: Fortuna audates iuvat es un proverbio latino que data, al menos desde la Eneida de Virgilio. Significa que la fortuna (concretamente la diosa fortuna) favorece a los audaces y valientes.