Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

¡Como siempre, muchas gracias por leer y comentar! Sobre todo a los guest y a BIT9, que no he podido agradecérselo por MP como en otras ocasiones.


TODO UN HÉROE HARÉ DE TI (PARTE IV)

El pabellón de entrenamiento beta que le indicó Dynamight la noche anterior es un enorme edificio de paredes blancas encaladas y suelo de tarima de madera, donde hasta ahora Izuku no había entrado y, hasta donde sabe, ninguno de sus compañeros. El complejo es enorme, del tamaño de un pueblo pequeño, y su unidad sólo utiliza una pequeña fracción de sus instalaciones. El resto están ocupadas por las otras unidades de héroes y reclutas y justo este pabellón está en la frontera entre la zona de Dynamight y la de Best Jeanist. No está vacío: hay un pequeño cuadrilátero en el centro y, a su alrededor, algunas máquinas de gimnasio, un par de boxeo y algunas pesas de diferentes tamaños, aunque parecen pequeñas en medio de la enorme sala. Da la sensación de que han intentado destinar el pabellón a una especie de gimnasio improvisado para trabajar la condición física, pero que al final han decidido no utilizarlo.

Por las estrechas ventanas en lo alto de las paredes se ve el cielo azul sombrío previo al amanecer. A oscuras, porque no sabe dónde se encienden las luces, Izuku se acerca a las máquinas de gimnasio. Hay variedad para diferentes ejercicios, pero poca cantidad, así que asume que esa debe ser la razón por la cual no está en uso. Podrían entrenar varias personas a la vez, pero no toda la unidad. Todas tienen grabado en un lugar visible el símbolo de la empresa Detnerat, lo que le da pie a suponer que deben haberlas puesto allí pensando en Dones concretos que requieran de altos niveles de musculación.

Es temprano. Con la duda de haber entendido mal las palabras de Dynamight la noche anterior y no haber acudido a la cita correcta o, peor, haber malinterpretado toda la conversación, Izuku se abraza a sí mismo, intentando contener un estremecimiento, y se frota los brazos para entrar en calor. El sol apenas está despuntando por el horizonte y la temperatura es fría e Izuku se arrepiente de no haberse puesto dos camisetas bajo la chaqueta deportiva del uniforme. Lo pensó inicialmente, pero eso habría implicado abrir la taquilla para sacarla, y esta chirría al hacerlo. No ha querido arriesgarse a despertar a Sero o a Kaminari, y ha salido del dormitorio caminando de puntillas para vestirse en el cuarto de baño y no levantar sospechas.

—No te preocupes, nerd, pronto estarás sudando.

Izuku se sobresalta al oír la voz del héroe detrás de él. Se vuelve hacia él al mismo tiempo que todas las luces fluorescentes del techo parpadean un par de veces antes de encenderse completamente, deslumbrándole durante un segundo por el contraste de iluminación. Dynamight, vestido con un uniforme deportivo de entrenamiento similar al suyo, pero con la chaqueta desabrochada, se acerca tanto a él que Izuku tiene que levantar la barbilla para poder mirarle a los ojos, un sitio mucho más seguro que los pectorales que se marcan en la tela tensa de la camiseta del héroe, desde luego. Pectorales anchos en un pecho enorme, al contrario que Izuku, que siempre ha sido de complexión delgada, supone que es algo que ha sacado de su padre, a quien no conoció, porque Inko tiende más a engordar. La estatura, de eso no hay duda, le viene de la familia materna, Izuku apenas mide un poquito más que su madre.

—Veinte vueltas a trote ligero al pabellón, para empezar. Lo más rápido que puedas, pero sin que te dé flato o tengas que detenerte —ordena Dynamight, cortando el tren de pensamientos de Izuku justo a tiempo, que ha empezado a plantearse cómo debe sentirse un abrazo dentro de unos brazos tan grandes y un pecho tan ancho.

—¡Sí! —Izuku obedece inmediatamente, agradeciendo la distracción.

Hasta ahora, salvo el empeño de Dynamight para que lo echen del círculo de la pista, todos los entrenamientos grupales se han centrado más en alentarlos a fortalecer y desarrollar el Don que en ejercicios aeróbicos, así que es una novedad para Izuku. El pabellón es lo suficientemente grande como para permitirle correr sin dar la sensación de estar dando haciéndolo en círculo continuo. No hacía ese ejercicio de dar vueltas a un área corriendo desde las clases de educación física del instituto, así que adopta un paso cautelosamente veloz, sin atreverse a ir más rápido por si, como ha le ha advertido Dynamight, no mide bien su resistencia.

No ha terminado la primera vuelta cuando el sonido de unas pisadas anuncia la presencia de Dynamight, que lo alcanza con facilidad antes de reducir el ritmo para adaptarse al paso de Izuku. El héroe se ha quitado la chaqueta del uniforme de entrenamiento e Izuku tiene que hacer un esfuerzo para mantener la vista al frente, concentrado en su respiración, y no mirar ensimismado cómo dentro de la manga izquierda de la camiseta de Dynamigth se pierde el tatuaje de un pez koi dibujado con estilizadas y coloridas líneas figurativas.

—¿Seguro que puedes mantenerlo? —pregunta Dynamight al cabo de un rato, con voz tranquila y sin asomo de cansancio, cuando la respiración de Izuku se hace más agitada y entrecortada. Izuku, sin aliento e incapaz de responder, asiente con la cabeza—. Quedan ocho vueltas.

Izuku no se ha acordado de llevar la cuenta de las vueltas, demasiado concentrado en mantener el ritmo, no mirar al héroe y regular la respiración. Aunque se propone contar las restantes, no es necesario: Dynamight no vuelve a hablar durante los siguientes minutos más que para ir contando las vueltas completas, al comprender que Izuku no lo estaba haciendo.

—Una más. La última —dice, finalmente. Izuku jadea de alivio, pue ha empezado a sentir una presión dolorosa en el pecho cada vez que inspira aire para llenar los pulmones—. ¿Puedes ir un poco más allá? —Izuku niega con la cabeza. Ha conseguido mantener el ritmo inicial, tal como había pedido Dynamight, pero duda de ser capaz de seguir una o dos vueltas más—. ¿Y una pequeña carrera en la recta final?

Izuku duda apenas antes de asentir. Ha mirado al héroe, que lo observa con un gesto de desafío divertido, una expresión muy diferente de lo que está acostumbrado en el resto de ocasiones en las que ha coincidido y que apenas ha vislumbrado en la conversación de la noche anterior, y eso lo ha impelido a decir que sí. Se muerde el labio, satisfecho, al ver la mirada de aprobación de Dynamight que, al contrario que él, sí parece cómodo con el ritmo y, aunque respira deprisa, ni siquiera está jadeando.

Al llegar a la esquina del pabellón y girar en un arco pronunciado, que Dynamight hace por el exterior de Izuku sin quedarse atrás, el héroe acelera el ritmo en un sprint. Con el pecho ardiéndole, Izuku se apresura a imitarle, restando mentalmente los metros aproximados que le separan del punto donde ha empezado a correr y que supone que marca el final de la carrera e intentando alcanzar a Dynamight, que ya le saca varios cuerpos de ventaja, anulando así sus probabilidades de llegar antes que él, pero la derrota no le importa demasiado. El héroe sonríe con jactancia cuando Izuku alza la cabeza, con las manos apoyadas en las rodillas para respirar mejor, e Izuku se la devuelve, inusitadamente contento, hasta que Dynamight vuelve a ponerse serio y empieza a hacer algunos estiramientos.

—Recupera el aliento —le indica Dynamight bruscamente—. Imítame mientras lo haces. No te preocupes, no es algo cansado, pero si no lo haces te dolerán los músculos más tarde.

—¡Sí!

—¿Todavía tienes ánimos para hablar, nerd? A lo mejor debería ponerte a correr un par de vueltas más. —Izuku jadea y abre los ojos, asustado. Dynamight está serio, como siempre, pero un brillo divertido vuelve a destellar en sus ojos rojizos, suavizando su expresión y haciéndolo más guapo—. Estira… No me gusta repetir las cosas dos veces.

—¡Perdón! —se disculpa Izuku, jadeando, mientras trata de imitarlo.

—Y cállate o no recuperarás el aliento. —A pesar del tono seco del héroe, Izuku sonríe de nuevo, agachando la cabeza para ocultar su expresión.

Se lo está pasando muy bien con los comentarios irónicos y aparentemente bordes de Dynamight a pesar de que lo único que ha hecho hasta este momento es correr. Claro que, si unos meses atrás le hubiesen dicho que iba a estar corriendo y bromeando con su héroe vivo favorito, se habría reído tan alto que le habrían oído en la otra punta del mundo.

—Necesitas más entrenamiento físico —dice Dynamight, mientras va indicándole los siguientes ejercicios y señalándole con gestos impacientes los errores que comete—. No sólo para tu Don. Puedes tener un Don que no sea tan potente, pero si lo potencias con agilidad, fuerza o rapidez puedes obtener muy buenos resultados. Hay héroes que se esfuerzan en controlar su Don al extremo, consiguiendo resultados por la pericia y precisión que emplean, como Lemillion, pero otros, como Eraserhead basan su potencial en sus habilidades físicas a la vez que las combinan con el Don y llevan a cabo entrenamientos muy especializados para fortalecerlas. Dijiste que fuiste a la U.A. ¿No veías a la especialidad de héroes entrenar todas las mañanas? Si no quieres quedarte atrás, ese es el primer paso que deberías haber dado.

—¡Sí! —contesta Izuku, ya más recuperado, mientras se esfuerza en imitar los estiramientos de Dynamight y procura no cometer errores. Avergonzado por estar contestando todo el tiempo con monosílabos y frases cortas como si fuese un idiota, llena los pulmones para poder construir frases más largas—. La especialidad de apoyo no teníamos que hacerlo. Y la verdad, a mí nunca se me ocurrió…

—Claro que no —lo interrumpe Dynamight—. Si lo hubieras hecho, ahora no estarías tan preocupado por la dependencia de tu Don.

—¡Pero en la universidad sí nos hicieron hacer ejercicio! —dice Izuku, hablando casi antes de pensar.

—¿Uh? —pregunta Dynamight, ladeando la cabeza, interesado.

—Cuando los villanos escaparon —explica Izuku, lamiéndose el labio inferior, pensando cuidadosamente cómo seguir sin delatar que sólo él entrenaba al no tener Don y que apenas tenía un par de máquinas de gimnasio para hacerlo—. Un profesor se empeñó en que debíamos mejorar lo más posible nuestros Dones y aplicarlos, y lo hacíamos en un gimnasio.

—¿Teníais un programa? ¿Una rutina adaptada a tus necesidades y objetivos? —Izuku niega con la cabeza, comprendiendo a qué se refiere—. Entonces no sirve de nada. Hacer ejercicios a lo loco puede ser incluso perjudicial.

—Lo siento —murmura Izuku, un poco abochornado al escuchar esto. Está a punto de decir que se había acabado centrando más en probar diversos inventos más que en hacer ejercicio, pero se calla a tiempo, temiendo que eso suscite preguntas sobre su Don.

—Tú tienes aumento de fuerza, pero es mínimo. —Izuku asiente de nuevo, avergonzado por lo endeble de la mentira que tiene que contar una y otra vez. Lo que Dynamight cree que es un aumento de fuerza sin desarrollar es apenas un extra de potencia proporcionado por los guantes que funciona más como una palanca o un martillo, amplificando su propia fuerza. Y no es suficiente. El héroe ha sufrido el impacto de un puñetazo con su guante en el hombro y ya se ha recuperado de él, es evidente que sabe que no da para más—. Pero te mueves bien. El primer día reaccionaste rápido, elaboraste un buen plan al mismo tiempo que me esquivabas y tienes agilidad. Hay que potenciar la fuerza de tu Don, pero si la combinas con otros factores como moverte rápido y bien, no pasará nada si consigues resultados peores de los esperados en esa parte.

—Me muevo bien… —Izuku, extasiado por el cumplido del héroe, no es consciente de haber empezado a murmurar para sí mismo—. Tiene razón, la verdad es que la fuerza por sí sola no es suficiente para marcar la diferencia, pero si utilizo todo lo que esté disponible a mi fav… ¡Ugh!

—¡Cállate y escúchame a mí, nerd! —brama Dynamight, que le ha golpeado violentamente la frente con el dedo índice, para interrumpirlo—. ¡No repitas todo lo que digo, es cargante!

—¡Lo siento!

—¡Y deja de decir lo siento!

—Lo sie… ¡De acuerdo!

—¡Vamos a convertir este cuerpo escuchimizado en algo que pueda aguantar al menos un par de carreras sin cansarse, ¿ok?! —Izuku asiente una vez más, tratando de no disculparse otra vez—. ¡Pues vamos! ¡Y deja de murmurar así! ¡Es molesto!

Un poco acobardado por el exabrupto de Dynamight, que ha perdido esa amabilidad que le había dado una sensación de cercanía al inicio, y tratando de no murmurar para no fastidiarla más, Izuku se apresura a seguir todas sus instrucciones. Con órdenes ladradas en el tono habitual que emplea en las peleas vespertinas, Dynamight lo hace saltar, agacharse y estirarse en una rápida sucesión de ejercicios básicos que Izuku recuerda de sus clases del colegio. El orden metódico que el héroe parece seguir a la hora de trabajar los diferentes músculos, así como el número de las series y repeticiones que le obliga a hacer, le indican que este sabe lo que se hace.

Izuku mira bastante a menudo hacia él, que repite los mismos ejercicios mientras se los va indicando, con chorros de sudor que caen por su piel y empapan la camiseta que lleva. Dynamight tenía razón, e Izuku pronto aprovecha una breve pausa entre series para quitarse la chaqueta, olvidado el frío inicial, al notar las axilas y la espalda empapadas de sudor. Aunque se da prisa para no interrumpir el ritmo de los ejercicios y ganarse así otra reprimenda del héroe, Dynamight parece estar de acuerdo en hacer una pausa breve y, en silencio, le tiende una botella de agua que no sabe de dónde ha sacado. Mientras bebe, Izuku lo observa de reojo, contemplando cómo Dynamight se quita la camiseta, enganchándosela en la parte trasera del pantalón de deporte, y se echa un poco de agua por encima de los hombros para refrescarse. La mirada de Izuku se pierde durante unos segundos entre los surcos de agua y sudor que se mezclan en la piel tatuada del héroe, pero no le da tiempo a ver los tatuajes ahora que los tiene completamente al descubierto porque Dynamight, aparentemente ajeno a su examen, vuelve a ladrar otra serie de ejercicios y estiramientos, interrumpiendo el brevísimo descanso.

Curiosamente, la sensación de ardor y agotamiento que lo ha invadido durante los primeros minutos corriendo se va disipando poco a poco e Izuku se siente invadido de energía y ganas de seguir haciendo ejercicio. Debe notarse en su expresión o en la forma de moverse, porque Dynamight lo mira con una sonrisa maliciosa y los ojos entrecerrados, pero no dice nada, limitándose a seguir ladrando órdenes. Reprimiendo una carcajada para no ofender al héroe, Izuku respira hondo y se concentra en la cadencia de la voz de Dynamight, el olor dulzón de la nitroglicerina de su sudor provocado por su Don y lo metódico del ejercicio, disfrutando del entrenamiento al mismo tiempo que espera que el sonrojo que le inunda las mejillas se disimule como esfuerzo.

—Tres series de diez abdominales ahora —indica Dynamight, justo cuando Izuku empieza a pensar que una repetición más de la serie de ejercicios va a ser demasiado. Pensando en que el héroe ha puesto más interés en el programa del que aparenta por lo brusco de sus instrucciones, Izuku se sienta en el suelo, buscando con la mirada algo donde enganchar los pies—. ¿No sabes hacer abdominales tú solo?

—No —admite Izuku, avergonzado—. No sabía que eso era posible, en el instituto siempre se nos ayudábamos unos a otros. Pero si me dices cómo, puedo aprender —añade, temiendo que el héroe se burle de él o lo reprenda por no saber.

—No importa, no puedes permitirte el lujo de lesionarte —responde Dynamight sin darle más importancia. Izuku se muerde el labio, sorprendido, cuando el héroe se arrodilla sobre los pies de Izuku para sujetárselos y así impedir que los levante mientras realiza el ejercicio. Como Izuku se queda mirándolo fijamente y no reacciona, lo fulmina con la mirada—: ¡Vamos!

—¡Sí! —Izuku se apresura a obedecer, concentrándose en recordar cómo se hacen correctamente para no decepcionar a Dynamight a la vez que este lleva la cuenta.

Tras la última, el héroe se dispone a hacer su propia serie. Izuku duda un segundo, pero al final se arrodilla igual que ha hecho Dynamight, sujetando los empeines de sus pies con el peso de su cuerpo y rodeándole con las manos los tobillos que asoman de la pernera de los pantalones, recordando demasiado tarde que probablemente él sí sabe hacer abdominales sin ayuda de nadie. Se muerde el labio justo cuando el rostro de Dynamight enrojece, a punto de gritarle algo desagradable, pero este parece cambiar de idea en el último segundo y no dice nada, apresurándose a hacer la serie completa en unos pocos segundos.

Al terminar, el héroe se pone en pie de un salto, ordenando a Izuku hacer flexiones. Obedece, agradeciendo internamente el cambio, pues ha sido incapaz de llevarle a Dynamight la cuenta de sus ejercicios como este ha hecho con él, porque su mente estaba demasiado ocupada en analizar las sensaciones de las yemas de sus dedos rozando intencionadamente la piel del héroe en un contexto en el que no estén intentando echarse mutuamente del círculo y las flexiones le impiden pensar en por qué eso está provocando que su estómago dé un vuelco.

—Venga, ahora al cuadrilátero —ordena Dynamight con voz ronca al terminar con la última serie de flexiones, encabezando él mismo la marcha. Izuku lo imita cuando al verlo coger unos guantes de boxeo, que manipula con torpeza, sin saber bien qué hacer con ellos, desviando la mirada para no enfrentarse con la burlona sonrisa del héroe—. ¿Cómo te encuentras? ¿Estás muy cansado?

—Menos de lo que esperaba —dice Izuku con sinceridad. Por lo que Dynamight había dicho la noche anterior, pensaba que este iba a exprimirle en el entrenamiento hasta dejarlo exhausto para demostrarle que era un inútil sin valor, pero al contrario: aunque siente los músculos cansados, todavía puede moverse y, contradictoriamente, tiene ganas de más, se siente activo. La idea de que el héroe ha dedicado tiempo a planificar todo esto específicamente vuelve a rondarle la cabeza—. ¿Has diseñado y adaptado esta rutina de ejercicios para mí?

—Por supuesto —contesta Dynamight con una sonrisa presuntuosa—. No es prudente agotarte hasta que no te puedas ni mover. Eso no ayuda a nadie. Pero mañana será un poco más difícil, y pasado un poco más. Si lo haces bien, no lo notarás y creerás que no estás avanzando nada, porque siempre te encontrarás igual de cansado que hoy, pero lo cierto será que tu cuerpo se estará fortaleciendo.

—Entiendo. Bien, ¡lo haré lo mejor que pueda! —asiente Izuku.

—Más te vale. Ponte los guantes de boxeo —le indica Dynamight. Izuku se pelea con ellos durante unos segundos, hasta que el héroe acude en su ayuda para colocárselos correctamente. Izuku pensaba que este iba a ponérselos también, pero le ve dejar sus guantes a un lado y coger dos tablas planas acolchadas que sujeta con las manos—. Creo que te vendría muy bien un estilo de combate que combinase artes marciales, pero eso lo vamos a hacer con el resto de extras más tarde, así que ahora vamos a trabajar que aprendas a dar puñetazos de verdad y no esa mierda de intento que hiciste ayer.

—¿Puñetazos? —Izuku se mira las manos cubiertas por los guantes de boxeo. Son mucho más pesados que sus guantes de fuerza y los siente torpes, pero no van a ayudarle a impactar con más fuerza. Dynamight parece adivinar su dilema, a juzgar por sus siguientes palabras:

—De momento sólo vamos a marcar, sin Don. Creo que, con un poco de técnica, puñetazos como el de ayer pueden ser muy efectivos a poco que les puedas imprimir algo de fuerza con tu Don. Y si no lo consigues, seguirán siendo buenos golpes. —Izuku asiente. Eso suena a algo que sus guantes sí pueden aprovechar, y la idea le entusiasma. Dynamight se coloca delante de él y levanta las dos tablas a una altura que Izuku puede alcanzar sin tener que estirarse—. Golpea mi mano izquierda con tu mano derecha y luego al revés. No es necesario que hagas mucha fuerza, solo marca. Yo te iré indicando cuándo debes golpear más fuerte.

Izuku esperaba, al subir al ring, que Dynamight quisiese entrenar de forma similar a las peleas del final del día en el patio de entrenamiento, pero este se mantiene fiel a su palabra y se limita a hacerle marcar los golpes con calma sin utilizar siquiera la fuerza real de Izuku ni pedirle que utilice el Don, corrigiendo la postura de su cuerpo, la forma de golpear y explicándole cómo debe hacerlo para no lesionarse los dedos, el hombro o el codo, ni sufrir el dolor que sintió la tarde anterior al encajarle el puñetazo. La voz de Dynamight se ha suavizado, enronqueciéndose e, incluso, volviéndose un tanto parco en palabras mientras le da las instrucciones, pero Izuku no sabe por qué, más allá de que lo observa con atención; aunque imagina que es para no perder detalle de sus movimientos y poder corregirlo mejor.

Cuando el enorme gong que resuena por toda la instalación para avisar a todo el mundo de que es el momento de desayunar, Izuku se sobresalta. Estaba disfrutando tanto, a pesar de lo intenso de los ejercicios, que ha perdido la noción del tiempo.

—Vamos, hemos terminado. —Dynamight se da media vuelta apenas ha pronunciado estas palabras, abandonando el pabellón a paso rápido, sin esperarlo.

Izuku se queda de pie en medio del ring, un poco desconcertado por lo repentina que ha sido la despedida del héroe. El final del entrenamiento le ha pillado por sorpresa. Que Dynamight le haya exigido varias veces que lo mire a los ojos, en lugar de las manos, mientras golpeaba, ha hecho que especialmente el último tramo de ejercicios se le haya pasado volando. Se lame el labio inferior, que ha debido de estar mordisqueando de forma inconsciente, nervioso y concentrado, mientras golpeaba con los guantes de boxeo. Un poco abrumado por las sensaciones que le llenan el pecho y que no tienen que ver tanto con el cansancio del ejercicio y sí con el final brusco del entrenamiento y la salida en estampida de Dynamight del pabellón, se acuclilla y se sujeta la cabeza entre los guantes, tratando de poner en orden sus pensamientos.

Todavía tarda varios minutos más en conseguir quitarse los guantes por su cuenta y encontrar los interruptores que apagan las luces. Para cuando llega al comedor, sumido en sus pensamientos, este está repleto de reclutas y personal de apoyo. Resiste la tentación de buscar con la mirada a Dynamight, recordando que el héroe dijo que suele comer más tarde que el resto. Además, piensa con amargura, ¿qué iba a hacer? ¿Ir con su bandeja y sentarse frente a él, como si fuesen iguales? Él ha disfrutado de la cercanía de su ídolo de la adolescencia, el héroe que él mismo habría querido ser y ha sido una gran experiencia de compartir tiempo con él. Durante un rato, ha sido como si hubiese sido admitido en una agencia de héroes o en la misma U.A. y fuesen dos compañeros más entrenando juntos. En cambio, para Dynamight, Izuku sólo es una carga más que debe soportar por la particular situación del país y tratar de exprimir para obtener algún resultado beneficioso.

—Compañero, siento tener que decirte esto, pero apestas —dice Kaminari a modo de saludo cuando Izuku se sienta entre él y Hatsume en la mesa en la que están desayunando todos sus amigos. Al ver que el resto de sus compañeros también arruga la nariz, se sonroja, avergonzado—. ¿Qué has estado haciendo? ¿Bañarte en barro?

—En… entr… entrenar —murmura Izuku, cada vez más abochornado. El resto lo mira con interés e Izuku reza en silencio porque no lo acosen a preguntas, porque no sabe qué debería contestar. O qué quiere contestar. Una parte de él querría haber guardado esto en secreto, algo imposible si Kaminari y Sero se levantan y ven su cama vacía o si llega al comedor oliendo a sudor—. Lo siento, perdí la noción del tiempo y sonó el gong, así que vine directo a desayunar. No pensé... Creo que lo mejor será que…

—Da igual, Hisashi —dice Hatsume, consultando el reloj de su muñeca, uno de sus bebés, cuyo funcionamiento Izuku es absolutamente incapaz de comprender—. Desayuna primero. Aunque si te da por entrenar todas las mañanas nada más levantarte, deberías ducharte antes de venir al comedor.

—Y si ibas a levantarte para hacer horas extra, podías haber avisado, weón; te habríamos acompañado para que no entrenases a solas. Y con ese pedazo reloj de Hatsume habríamos podido avisarte para que no perdieses la noción del tiempo —interviene Sero. Izuku abre la boca, sin saber muy bien qué contestar, pero Kaminari le ahorra la respuesta:

—Dilo por ti. Yo prefiero quedarme dormido que madrugar para hacer más ejercicio. Ni que no nos hiciesen trabajar suficiente durante el día. —Una carcajada del resto suaviza el ambiente. Izuku reprime un suspiro aliviado al ver que no van a preguntarle por qué lo ha hecho.

No quiere admitir delante de sus amigos que ha estado entrenando con y a petición de Dynamight. No sabe si el héroe quiere que no haga público que lo está entrenando personalmente, no han hablado de ello. Tampoco está seguro de que al día siguiente vayan a repetir. A lo mejor Dynamight sólo se ha ofrecido para este entrenamiento de forma puntual y pasa de seguir entrenándolo al ver su bajo nivel. O espera que haya memorizado la rutina que le ha diseñado y que la repita por su cuenta. No ha dicho de volver a quedar al día siguiente cuando ha abandonado el pabellón, pero por otro lado sí ha mencionado ir intensificando los ejercicios paulatinamente.

«Da igual», piensa con determinada obstinación. «Si no quiere entrenarme más, ahora que sé lo que tengo que hacer, puedo levantarme todos los días para hacer la misma rutina».

En cualquier caso, a él sí le apetece guardarse el secreto un poco más. Haber cenado y entrenado a solas con Dynamight es algo que no le apetece compartir con nadie en este momento, ni siquiera con Hatsume. Aunque se siente culpable por ocultárselo a su mejor amiga, tiene la sensación de que cuando todo acabe, esos recuerdos se convertirán en parte de las mejores experiencias de su vida y quiere atesorarlo en su memoria nítido y sin influencia externa de otras personas que lo modifiquen con sus preguntas u opiniones al respecto. De esa forma nada podrá contaminar el recuerdo de Dynamight entrenando a su lado, mirándolo amablemente mientras le indica los ejercicios o hablándole con exasperación para corregirle una postura.

—Sí que tenías hambre —se burla Kaminari, que se está levantando y recogiendo su bandeja, al ver lo deprisa que come Izuku.

—¡Sí! —Le gustaría poder ir a ducharse antes del entrenamiento de grupo, así que traga sin casi masticar para terminar lo más rápido posible para poder ir a ducharse, ya que no quiere llegar tarde. Dynamight le dijo que no habría excusas, aunque hubiese entrenado con él. Sus amigos no han abandonado el comedor cuando Izuku se levanta de la mesa y se detiene, con la bandeja en la mano, por el grito ahogado que suelta Hatsume al consultar su reloj de nuevo.

—¿Está todo bien? —pregunta, preocupado por su amiga, acercándose a ella.

—No. —Hatsume levanta la vista hacia él, con los ojos abiertos de par en par y su eterna sonrisa optimista desaparecida de sus labios. El estómago de Izuku da un vuelco, con un mal presentimiento que se ve confirmado por el temblor del labio inferior de Hatsume. No es la única que parece alterada: en el resto del comedor, un murmullo empieza a aumentar de volumen y se oyen varios gritos ahogados más y algún insulto—. Los villanos fugados han atacado varios pueblos de Kyushu y Okinawa y los han reducido a ceniza.

Alguien aumenta el volumen del altavoz de su teléfono móvil. La periodista que informa de la noticia lo hace con voz llorosa. Hasta ahora, la falta de noticias acerca de los villanos, reducida a apenas unas indicaciones de precaución por parte del gobierno, habían creado en Izuku la falsa sensación de que todo era un poco irreal. De pronto, pasar del silencio informativo sobre los villanos, ya fuese por censura o porque nadie tenía ni idea de dónde estaban o qué hacían, a escuchar la crueldad de lo que están dispuestos a hacer, le pesa en el estómago.

Izuku apenas consigue retener detalles de lo que está diciendo. Cuatro pueblos arrasados a cenizas. Sus habitantes desaparecidos, probablemente muertos. El Don del villano Shigaraki, más potente de lo que marcaban los registros previos a su fuga de Gunkanjima. El de Dabi, a juzgar por las cenizas humeantes del mensaje grabado con su fuego en la madera del único torii que ha quedado en pie en medio de tanta destrucción, recordándole a la Comisión de Héroes que vigilarlos y atacarlos tiene consecuencias con la población civil.

—La mayor tragedia de la historia reciente de Japón, si no contamos la fuga en sí, desde el incidente de Kamino —dice la voz de la locutora, intentando mantener la profesionalidad—. La cifra de fallecidos, si la Liga de Villanos no ha permitido seguir con vida a nadie, puede ascender a…

Las estimaciones que siguen son horrorosas. Pero no tanto como la siguiente noticia. El presentador del informativo, diferente a la corresponsal que ha dado la noticia, da paso a varias noticias acerca de la Liga de Villanos, mensajes que circulan sobre ellos por internet y un debate con otro miembro del plató sobre los ideales de estos. De pronto, la desgracia que está haciendo que millones de japoneses estén en sus casas, aterrorizados, sirve de vehículo para dar altavoz a las ideas de la Liga de Villanos, a conversar sobre ellas a gritos en un plató de televisión en un intento indignado de refutarlas. Izuku querría decir que eso no está bien, alzar la voz o taparse los oídos, pero es incapaz de reaccionar, abrumado por el desastre y la destrucción.

—¡Apaga eso! —Izuku mira hacia el origen de la orden, reconociendo al instante la voz.

Dynamight está en la puerta, de pie y recién duchado, con el pelo húmedo y una toalla alrededor de los hombros, humedeciéndole la camiseta, y una expresión airada en el rostro. Repite la orden y Jirou, que es la propietaria del móvil que está transmitiendo la noticia, obedece al instante. La voz del presentador, que está señalando la cantidad de simpatizantes que la Liga de Villanos tiene en la gente sin Don que desea obtener uno por envidia, o en los que no pueden utilizar el suyo porque está mal considerado en la sociedad, enmudece por fin y deja de taladrar los oídos de Izuku, que tiene los ojos llenos de lágrimas.

Siente ganas de vomitar. No sabe qué le resulta peor: los villanos exterminando pueblos sin piedad o un informativo señalando a gente como él o Shinsou delante de millones de personas como probables simpatizantes, relacionándolos con la matanza. La sola idea de la cantidad de personas que pueden estar aterrorizadas en sus casas ahora, bien por miedo a la Liga de Villanos o al resto de la sociedad que les está señalando con el dedo, hace que varias lágrimas le caigan por las mejillas.

—Si oigo a alguien repetir una gilipollez de ese tipo aquí dentro, se queda encerrado en un dormitorio hasta que todo esto acabe —amenaza Dynamight en voz baja. El silencio en el comedor es tan absoluto que se le oye sin problema.

Izuku suspira aliviado al oír las palabras del héroe. No sabe si habría podido seguir mirándolo de la misma forma si hubiese secundado algo tan horrible acerca de las personas como él. Querría levantar la voz y decir que es toda una sarta de mentiras, que él está allí y no con la Liga de Villanos, que habría deseado tener un Don con el que ser un héroe, pero nunca ha estado dispuesto a cometer la maldad de unirse a un villano para obtenerlo. Pero la verdad se le atraganta en sus propias mentiras. Al fin y al cabo, quién iba a confiar en alguien que ha mentido desde el mismo momento que ha puesto el pie en el complejo. Prefiere quedarse con la mirada airada de Dynamight tachando de gilipolleces los comentarios del presentador.

—Han matado a cientos de personas —dice alguien con voz ahogada y llorosa, pero Izuku no se vuelve para ver quién ha sido, incapaz de apartar los ojos de Dynamight, que llena la sala con su presencia física y emocional, constituyéndose en un pilar para él.

—¿Esperabais que esto fuese una aventura? ¿Creíais que iban a esperarnos y a estar tranquilamente sentados a que llegásemos, los esposásemos y los condujésemos a alguna otra isla habilitada para contenerlos? —grita Dynamight.

La opresión del pecho de Izuku se hace aún mayor y se siente culpable por haber minimizado la magnitud del desastre para regodearse en su propio problema y reputación. Por supuesto que los villanos no iban a quedarse quietos esperando a que los héroes fuesen a enfrentarlos. Y saber de pronto de que ha habido varios pueblos reducidos a cenizas igual que el puerto de Nagasaki le duele casi físicamente. La sola idea de que puedan llegar a Musutafu antes de que el plan de contingencia del que es partícipe se despliegue, de que su madre pueda pasar a engrosar la lista de desaparecidos y fallecidos, dando al traste con el plan de Izuku de ponerla a salvo, lo horroriza.

Izuku agacha la cabeza, apretando la mandíbula para contener las lágrimas, aunque es inútil. A su lado, Hatsume le coloca la mano en el hombro, consolándolo. La chica también está seria y triste, pero sus ojos están secos y decididos. Tampoco ha apartado la vista de Dynamight y tiene la barbilla un poco elevada.

—Esto es horrible —murmura Denki.

—Lo es. —Sorprendentemente, Dynamight no es hostil al hablar. Aunque suena terriblemente enfadado, no lo paga con el chico rubio. Con ninguno de los que está allí—. La vida real no es una película de superhéroes en la que sabes que todo va a acabar bien. Los héroes nos jugamos el cuello todo el tiempo por la seguridad de la gente. En la televisión sale lo fácil, lo bonito, los éxitos. ¿Es que habéis olvidado el desastre de Kamino?

El desastre de Kamino es uno de esos eventos que marcan para toda la vida. Todos los que están en el comedor pueden recordar dónde estaban y qué hacían en el momento en el que las noticias empezaron a inundar las redes sociales. La gente vivió aquella batalla entre la paz simbolizada por All Might y el caos de la Liga de Villanos pegada al frente de sus televisores, sumida en la incertidumbre y el miedo, conscientes de que el futuro podía cambiar de un momento a otro. Izuku era un niño pequeño, pero lo recuerda con claridad. Las lágrimas de su madre, que lo abrazaba con fuerza, algo que ahora que ha escuchado al presentador del informativo comprende mejor, las imágenes de un Dynamight adolescente, al que Izuku ya admiraba tras el festival deportivo de la U.A., borrosas por el humo y lejanas porque estaban tomadas desde un helicóptero.

Tres compañeros de su clase, que luego habían acabado siendo los héroes Shouto, Ingenium y Creati, habían conseguido rescatarlo de la Liga de Villanos en el último momento mientras All Might defendía la paz que se veía amenazada por el terror de la Liga de Villanos y de todas las personas dispuestas a secundarlos y medrar en un régimen gobernado por los Dones y la magnanimidad de un dictador con demasiado poder en sus manos y en su cuerpo. Para Izuku, en aquel momento, todo aquello había sido eclipsado, incluso el final de la carrera heroica de All Might, por el nacimiento de un nuevo héroe: Dynamight. Su valentía, su forma de encarar a los villanos… Todo ello lo había hecho admirarlo y había contribuido a mitigar la pena de Izuku por su viejo ídolo.

Sin embargo, ahora los recuerdos ya no funcionan exactamente igual. Están contaminados por las palabras del informativo, por el miedo que siente en su interior. De pronto la ingenuidad infantil que no terminaba de comprender el alcance de lo que estaba ocurriendo fuera de la seguridad de su hogar y de sus ilusiones, se ve envuelta en la amargura del adulto que es capaz de ver las consecuencias que una derrota habría tenido en aquel momento. Que puede tenerla incluso ahora.

—Yo estuve allí. Estuve allí y los vi. Y los combatí. No son inmortales, pero sí son muy peligrosos. Y vosotros estáis aquí para ayudar a que toda esa mierda —Dynamight señala el teléfono que ha reproducido la noticia, y una pequeña explosión destella entre sus dedos, descontrolada— deje de suceder. Para eso, tenéis que mejorar y dar todo lo que podáis. Esto no es un juego de niños y los villanos no entienden de entrenamientos ni de dar tiempo para completarlos. Cada segundo que perdemos aquí, fortaleciéndonos, son vidas segadas ahí fuera. Vidas que os compran tiempo para que podáis salvarlas.

»Así que dejad de jugar juegos de niños y empezad a demostrarme que valéis para algo. Que este plan tiene algún puñetero sentido y podéis ayudar a salvar Japón de esos imbéciles con ínfulas de villanos. Usad vuestros Dones, vuestro ingenio, lo que sea. Pero demostradme que no sois unos imbéciles llorones. ¿Entendido? —Lo último lo grita a un volumen tan alto, que todos en el comedor se encogen, acobardados—. ¿Entendido, o tengo que buscarme otros extras inútiles que no me hagan perder el tiempo?

—¡Sí! —grita Izuku—. ¡Lo haremos! ¡Iremos más allá! —dice, en referencia al lema de la U.A., esa conexión entre él y Dynamight. Hatsume, a su lado, asiente y lo secunda—. ¡Plus Ultra!

—¡Plus ultra! —exclaman todos los demás, en un solemne grito de guerra. Dynamight los mira durante un segundo más, como evaluándolos, y asiente con la cabeza antes de salir del comedor, sin desayunar.

Izuku no cruza palabra con Dynamight durante el entrenamiento matinal. Tras ducharse, con los ánimos todavía sombríos por las noticias funestas acerca de la Liga de Villanos, Dynamight los reúne en el patio de entrenamiento y les ordena hacer filas con espacio entre cada uno de ellos antes de empezar a enseñarles diferentes movimientos ofensivos y defensivos basados en artes marciales. Los hace entrenar durante horas a pesar del calor veraniego que anuncia el mes de junio y que hace que el sol los castigue hasta la hora de comer.

Con los músculos del cuerpo totalmente agotados tras dos entrenamientos intensivos de varias horas, mucho más de lo que está acostumbrado, comprende por fin a qué se refería Dynamight la noche anterior. Come con ganas, hambriento, intentando no pensar en que todavía le queda el entrenamiento de Dones y la pelea con Dynamight en el círculo para tratar de enfocarse en una cosa a la vez.

Es cuando ve a Kaminari tratar de aumentar su voltaje y resistencia, a Sero fabricando celofán sin parar más que a beber agua para hidratarse y a Uraraka levantar grandes pesos con facilidad, cuando más se siente fuera de lugar y su optimismo, débil tras las noticias del desayuno, se quiebra. Se coloca los guantes, sintiéndose culpable por ser una carga para un héroe que debería estar centrado en salvar a las personas que han muerto ese día en lugar de entrenándolo a él, un inútil sin Don. Determinado a que no sea así, que no haya sido en vano, marca la potencia de los guantes al máximo, preguntándose si sería posible modificarlos una vez más para introducirles mejoras que le permitan mejorar la energía con la que golpea o hacer más estragos con cada golpe.

—Si al menos tuviera un taller de trabajo… —murmura Izuku para sí mismo, poniendo en palabras sus pensamientos.

—Realmente los necesitas, ¿no? —Por segunda vez ese día, Izuku se vuelve, sobresaltado. Dynamight tiene algo felino que hace que nunca lo oiga acercarse—. No me mires así, te dije que me encargaría de supervisar personalmente esta parte de tu entrenamiento también. —Izuku asiente. Lo ha recordado al verlo ahí, de pie a su lado, enorme y con un aura de seguridad apabullante.

—Sí —dice Izuku con voz triste, mientras mira los guantes. Al levantar la vista, descubre a Dynamight escudriñándolo y repite una vez más la excusa que había pensado si esa situación se daba—. Ayudan a canalizar mi Don y lo concentran en…

—Un Don débil. Muy débil, si incluso canalizándolo con un objeto de apoyo apenas consigues algo más de fuerza de lo normal —sentencia Dynamight, en tono seco, sin darle tiempo a terminar.

—Funciona mejor si lo utilizo para escalar, mover objetos muy pesados… esas cosas. Como una palanca, más que como un guante de boxeo —aclara Izuku, comprendiendo que el héroe está siendo directo, pero no tiene intención de ser cruel.

—Una palanca —repite Dynamight, pensativo—. Puedo trabajar con una palanca. Vamos a aquella pared. Quiero ver cómo usas tu Don para trepar. —Mordiéndose el labio inferior, Izuku se apresura a obedecer, agachando la cabeza para esconder el ánimo optimista que le produce entrenar de nuevo al lado de Dynamight.

A pesar de que el resto de la tarde transcurre entre ladridos de órdenes, intentos de Dynamight de exprimir la fuerza del Don de Izuku a base de ejercicios, pulsos y peleas, el optimismo que eclipsa las noticias matinales no se disipa. Izuku descubre a Dynamight mirándolo en varias ocasiones con el ceño fruncido, pero ha preferido no pensar demasiado en ello, agachando la cabeza y mordiéndose el labio para no ceder a la tentación de preguntarle al respecto.

Cuando llega el momento de pelear en el círculo del patio, Izuku siente el cuerpo como si le hubiese pasado una apisonadora por encima. Está tan cansado que ni siquiera puede prever ninguno de los movimientos del héroe y este lo echa del círculo en menos de quince segundos. El resto de sus compañeros tienen más suerte, sobre todo Sero, que cada vez aguanta mejor los embates de las explosiones con su Barricade Tape, pero ninguno consigue echar a Dynamight del círculo, que no parece tan cansado como Izuku a pesar de haber entrenado con una intensidad similar.

Agotado por el intenso día, Izuku apenas es capaz de seguir la conversación de sus amigos durante la cena que, no obstante, suena apagada y un tanto pesimista también. El ambiente sigue enrarecido tras la noticia de la mañana a pesar del entusiasmo puesto durante los entrenamientos y el cansancio por hacer un esfuerzo extraordinario para recortar a la Liga de Villanos un tiempo del que no disponen en absoluto, ha hecho mella en el ánimo de todos y se percibe en los murmullos casi silenciosos del comedor.

—¿Hoy no escribes? —Izuku levanta la cabeza, atónito al ver a Dynamight de pie al lado de la mesa. Sus cuatro amigos lo miran también, de hito en hito. Hatsume esboza una sonrisa traviesa en la cara, guiñando un ojo a Izuku y haciendo que se sonroje. Dynamight, exasperado por no obtener respuesta, insiste—: Tu libreta, hoy no estás escribiendo en ella. Todos los días, en la cena, pareces desesperado por llenar hojas enteras de lo que sea que escribes ahí.

—Yo… —Izuku, todavía un poco aturdido, intenta reaccionar. La libreta está abierta delante de él, pero es cierto que está tan cansado que ha sido incapaz de anotar ninguno de los progresos de los Dones de sus compañeros—. Es sólo que…

—¿Has terminado ya de cenar? —Dynamight suena impaciente. Izuku reprime una sonrisa al comprender que preguntarle por la libreta es lo que el héroe, que suele ser más bien directo, entiende por charla intrascendente antes de ir al grano.

—En realidad, no tengo mucho apetito —responde, mirando fijamente los guisantes guisados y el puré de patata que les han puesto ese día. Ni siquiera los ha tocado más que para moverlos de un lado a otro, mezclando la comida de ambos platos.

—Deberías comer, necesitáis fuerzas para superar esta semana —gruñe Dynamight. Izuku se encoge de hombros, sin hacer amago de comenzar a comer—. Si no vas a cenar, acompáñame un momento. Quiero decirte algo. —Sin esperar respuesta, Dynamight se dirige hacia la salida del comedor. Izuku, indeciso, lo sigue con la mirada.

—Tienes que ir —susurra Hatsume en tono apremiante.

—Venga weón, ve —dice Sero, dándole un codazo para que se levante.

—¿Dynamight quiere hablar con Hisashi en privado? ¿Por qué? —pregunta Kaminari en cambio, asombrado.

—¿Y por qué no iba a querer? —pregunta Sero, encogiéndose de hombros.

—No quiere hablar conmigo —responde Kaminari con apabullante sencillez—. Ni contigo tampoco. ¿Y de qué quiere hablar con él?

—Si quisiera que lo supiéramos, se lo habría dicho aquí en lugar de pedirle hablar a solas —interviene Uraraka, echándole un cable que Izuku agradece con una sonrisa tensa.

—No lo sé —dice Izuku. Sólo se le ocurre que el héroe quiera hablarle en privado de su entrenamiento. «O quizá quiera negarse a seguir entrenándome mañana. A lo mejor se ha dado cuenta definitivamente de que soy un inútil».

—Pasa de Kaminari-kun, Hisashi-kun. Nosotras recogeremos tu bandeja —dice Uraraka, intercambiando una mirada de entendimiento con Hatsume.

—Gracias —susurra Izuku, que se levanta y se apresura a seguir los pasos del héroe, que ya ha desaparecido por la puerta.

—En serio, ¿a nadie más que a mí le da curiosidad saber por qué quiere hablar Dynamight con él? —pregunta una vez más Kaminari mientras Izuku se aleja, pero no llega a escuchar la respuesta de sus amigos.


NdA. Este capítulo da fin a Todo un héroe haré de ti, basado, como es obvio, en Todo un hombre haré de ti, la canción de Mulán. Es posiblemente que esa sea mi segunda escena favorita de la película, porque es donde nace ese amor que Disney no se paró a pensar jajaja. Este capítulo y los dos que siguen (que llevarán otro título), son algo que quizá podría haber omitido (sobre todo parte de los PoV de Izuku), pero es mi pequeño homenaje a ese desarrollo que tuvieron Mulán y Li Shang.