Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
¡Como siempre, muchas gracias por leer y comentar! Sobre todo a los guest, que no puedo responderos individualmente.
UNA OPORTUNIDAD (PARTE I)
Hitoshi duda varios minutos antes de entrar en la comisaría, nervioso. Ya han pasado unos días desde que Inko Midoriya entró en la konbini y desde entonces ha sido incapaz de apartar de su cabeza el agobio que le invadió. Ha faltado a clase varios días, aunque tampoco hubiese notado diferencia alguna sin profesor que las imparta, y pasa las tardes tumbado en la cama, con el teléfono móvil enganchado a la toma de luz para que no pierda batería, viendo vídeo tras vídeo acerca de la Liga de Villanos hasta que se queda dormido con el teléfono en la mano y el brillo de la pantalla deslumbrándolo. La matanza de los pueblos de Okinawa y Kyushu llena todo el espacio televisivo e informativo, incluso en las redes sociales, pero también lo hacen noticias falsas, bulos y testimonios inventados de gente que quieren un minuto de fama en las redes. También mira algunos directos de stream y descubre todo un submundo de negacionistas y simpatizantes de la Liga de Villanos que sigue rondando su mente cuando la transmisión termina. Ha rescatado de su armario el libro que recoge las ideas de Stain, que en su momento fue tan escandaloso que se lo compró para leerlo sólo por simple demostración de rebeldía, y le ha echado un vistazo superficial antes de arrojarlo a un lado, asqueado consigo mismo.
Habitualmente, pasa todos los días por delante de esa comisaría de policía para ir a la facultad. Es una de las más grandes de la ciudad, supone que porque tiene algunos servicios a mayores que los de ser un punto de despliegue de la policía. Habría preferido abordar a algún héroe, pero tanto la sucursal de Endeavour como la agencia de Dynamight, las dos agencias presentes en la ciudad y las más cercanas a su barrio, están sorprendentemente vacías. Hay gente trabajando en ellas, pero todos son administrativos y personal de limpieza o mantenimiento, no héroes ni personal de apoyo. Se ha atrevido a entrar en Dynamight y preguntar al recepcionista, que le ha indicado que ninguna persona de la plantilla ofrece citas para reuniones y le ha proporcionado un email donde expresar su petición, así que ha preferido no insistir.
Eso le ha hecho caer en la cuenta que, desde que Ojiro se marchó para unirse a la leva de civiles, no ha visto ni un solo héroe ni tampoco al personal de apoyo que suele acompañarlos. Ojiro les ha contado a él y a Ichinose por mensaje que los están entrenando, pero no había supuesto que fuesen a ser todos, así que Hitoshi había concluido inicialmente que a lo mejor el resto de héroes estaban detrás de la Liga de Villanos. Sin embargo, la realidad de que no hay héroes disponibles ha incrementado el nerviosismo que siente ante una Liga de Villanos que aparentemente no actuaba, dando una falsa impresión de normalidad, pero cuyos ataques, reales o imaginarios, ahora queman las redes sociales en internet. Desde las cadenas privadas de televisión se empieza incluso a hablar de un gobierno inactivo que no protege a la población y de rumores de descontento entre la población sin Dones o con habilidades similares a las de Shinsou. Ese ha sido uno de los motivos de que haya estado varios días encerrado en casa sin salir más que para lo mínimo: no necesita ver la cara de desconfianza u hostilidad de aquellas personas que no lo conocen, pero sí saben qué hace su Don.
También es la razón por la cual está aquí ahora, con un Don que despierta la desconfianza ajena, entrando en una comisaría llena de policías nerviosos en un ambiente enrarecido y pesimista. La única manera que se le ocurre de demostrar al mundo, y a sí mismo, que todo lo que se oye acerca de la gente como él en las redes sociales, informativos y programas de debate, es mentira, es presentándose voluntario para unirse a las tropas civiles de combate contra la Liga de Villanos. Lo ha pensado durante días y es la mejor solución que ha encontrado. Además, demostraría a todo el mundo que es posible ser un héroe con un Don como el suyo, que se puede utilizar para el bien y cumpliría uno de sus anhelos frustrados de la adolescencia. Desde su punto de vista, todo son ventajas, así que entra con decisión y seguridad.
—¿Qué necesitas, chico? —pregunta una policía que gestiona la recepción de entrada. Aparenta poco más de cuarenta años y ha adoptado una pose profesional rígida que le recuerda a él mismo cuando trabaja en la kobini. Su tono al hablar es cortante, pero no está exento de amabilidad.
—Buscaba… —Titubea. No sabe bien a quién busca. ¿Al jefe de policía? ¿Al comisario? Ni siquiera sabe cómo se organizan las comisarías más allá de las series policíacas de internet, y estas están contaminadas por el cliché estadounidense del género—. Quiero unirme a los entrenamientos que están organizando para enfrentarse a la Liga de Villanos.
—¿Qué? Tonterías, eso son sólo rumores. —La respuesta de la policía ha sido demasiado rápida para ser cierta, incluso aunque Hitoshi no supiera que lo es.
—Yo… un amigo… Mi compañero de piso es uno de ellos. A su familia le llegó la carta —insiste Hitoshi, con la sensación de que está metiendo la pata.
—¿Cuántos años tiene tu amigo? —pregunta la policía, frunciendo el ceño.
—22. Quizá 23, no estoy seguro. —La situación se les está escapando de las manos y la actitud amable de la policía ha desaparecido, cada vez más hostil—. ¿Podría decirme con quien hablar para poder unirme? Puedo ayudar.
—No hay nadie con quien hablar —responde la policía. Hitoshi siente en su mente el vínculo de conexión con la de ella. Puede alargar una mano metafórica hacia él y sujetarlo, dominarlo. Su Don no sirve para interrogar a alguien, hasta donde sabe por lo poco que practicó con el profesor Aizawa en la U.A. tras el festival deportivo, pero si le pide que le lleve ante la máxima autoridad de la policía o alguien que pueda decirle lo que necesite, seguramente lo hará.
«Y después, ¿qué?», piensa con fastidio, desechando ese curso de los acontecimientos. Los pensamientos de diversos compañeros del orfanato, del colegio, del instituto, vuelven a su cabeza una vez más:
«Guau, Shinsou, con tu Don, podrías ser un villano si quisieses».
«¿Control mental? ¿Vas a controlarme? ¡No quiero que me controles!»
«¿Qué clase de Don es ese? ¿De qué sirve tener un Don que no puedes utilizar? Es casi como no tenerlo».
Suspira con agotamiento, tratando de alejar los recuerdos y encerrarlos en el mismo sitio donde han estado todos los años anteriores.
—Sólo… Verá, tengo un Don que podría ser útil, puedo dominar la mente de aquellas personas que me contestan una pregunta, seguro que encuentran una forma de sacar provecho de… —«Craso error». Se da cuenta cuando los labios de la policía desaparecen en una línea apretada y se pone mucho más alerta que al principio—. Mire, ya sé que parece el Don que tendría un villano, pero lo cierto es que todo es cómo se utilice, ¿no? —La policía le mira fijamente, sin contestar. Exasperado, Hitoshi pone los ojos en blanco—. No se preocupe, no funciona si no lo activo conscientemente y la respuesta tiene que ser verbal.
—Mira, chico… Creo que tienes muy buena voluntad, pero se supone que nadie sabe de esto, así que sería mejor que no fueses por ahí hablando de ello, sobre todo si tienes un Don que… Bueno… No muy agradable.
—Lo sabe todo el mundo —suspira Hitoshi a la defensiva, comprendiendo que, una vez más, su Don va a jugar en su contra.
—Se rumorea en muchos sitios. Normalmente es mejor no hablar de cosas que se supone que no se debe hacer —insiste la policía, sin rastro del tono amable, aunque no parece enfadada—. Chico, esto es una mierda y todos queremos que acabe cuanto antes, pero incluso aunque tuvieras un Don mejor, esto no funciona así. No puedes llegar a una comisaría de policía alardeando de tener un Don que controla mentes y exigiendo unirte a cosas que, de existir, se suponen secretas.
—Pero…
—¿Cuántos años tienes? —En el rostro de la policía se puede ver la compasión dibujada e Hitoshi sabe que ha perdido la batalla sin siquiera haber tenido tiempo de pelearla. No van a tomarlo en serio nunca, sino es por su Don, por su edad. O por lo que sea.
—21.
—Chaval… —La policía suspira, niega con la cabeza y recupera el tono amable—. Vete a casa con tu familia, ¿de acuerdo? Eres demasiado joven para esta mierda, hay otras personas que pueden hacerlo sin que tengan que intervenir niños.
—¡No soy un niño! —protesta Hitoshi, indignado. Está a punto de añadir que Ojiro tampoco lo es, pero la policía niega con la cabeza, sin retirar sus palabras, interrumpiéndolo.
—No… no estoy diciendo que no tengas un Don… interesante. Pero ya hay personas ocupándose de esto, héroes al cargo. Bueno, en realidad no lo sé —admite la policía, mirándolo con sinceridad y simpatía y baja la voz—. Mi familia no recibió la carta porque está exenta al estar yo en un cuerpo de seguridad. Sea como sea, esto lo van a solucionar los héroes. Esas personas las entrenarán para tareas de apoyo, o de logística, o lo que sea, por si se producen un ataque a gran escala o algo así. O eso quiero suponer. Cuando hay un desastre o un accidente, muchas veces lo mejor que puede hacer la gente de a pie es quitarse de en medio, por muchas ganas de ayudar que tengan, y dejen que los profesionales se hagan cargo.
Hitoshi le aguanta la mirada durante varios segundos, pero al final se rinde y agacha la cabeza en un gesto educado para despedirse. La policía asiente y lo mira con compasión cuando Hitoshi sale a grandes zancadas de la comisaría. No ha sido la peor experiencia de su vida, la mujer ha sido profesional y educada y apenas se ha asustado con el posible efecto de su Don teniendo en cuenta los nervios a flor de piel de la situación actual. Frustrado, patea una piedra del suelo, lanzándola lejos. Recibe una mirada de desaprobación de un anciano que pasea por la calle, pero lo ignora, sin importarle lo más mínimo si lo considera un maleducado.
.
Dormido en un sueño inquieto y ligero, Izuku se despierta antes de que el despertador de su teléfono móvil empiece a sonar. En silencio, se desliza litera abajo y se deja caer en el suelo suavemente, amortiguando el ruido de sus pies gracias a los calcetines. Recoge el uniforme limpio que ha dejado preparado la noche anterior, maldiciendo en silencio al tropezar con una de las mochilas de emergencia que les han proporcionado a todos tras el ataque de la Liga de Villanos, por si es necesario abandonar el complejo rápidamente y, sin cerrar la puerta para no despertar a Kaminari y Sero con el ruido, abandona la habitación. No se relaja hasta llegar al cuarto de baño compartido, vacío y silencioso a esta hora temprana. La luz brillante de la lámpara fluorescente del techo lo deslumbra y, conteniendo un bostezo, se lava los dientes y escribe un mensaje a su madre.
Normalmente, durante el día, no tiene tiempo de hacerlo, así que ambos se comunican por las mañanas y por las noches. Es demasiado pronto para que Inko esté despierta, pero Izuku no quiere arriesgarse a que ocurra como el día anterior, que no pudo escribirla antes del desayuno y después tuvo que esperar a la hora de la cena. Tras leer rápidamente lo último que escribió su madre durante la noche, se apresura a contestarle lo mejor que puede. No le da mucha información sobre lo que hace, porque no se atreve a detallarle el entrenamiento o expresarle sus dudas, así que se limita a decirle que entrena mucho y que no corre peligro. Que ha hecho amigos y que un héroe profesional está a cargo de todo. Eso es lo que hace, sin omitir, porque le hace ilusión compartirlo con su madre, que el héroe ha entrenado con él a solas y que eso le ha hecho sentirse muy bien y que cree que puede progresar para ser útil.
Cuando termina de teclear, deja el teléfono a un lado y cierra los ojos unos segundos, suspirando y preguntándose durante cuántos días más va a ser verdad esa parte. Después de vestirse con el uniforme deportivo, sale rápidamente del edificio, mirando a su alrededor para comprobar que nadie está levantado todavía. Todavía no está seguro de que quiera que el resto descubra adónde va. Mientras cruza el patio que separa el edificio de los dormitorios del pabellón de entrenamiento beta, en la penumbra del amanecer, Izuku se encoge de frío y mete las manos en los bolsillos, sin molestarse en utilizarlas para taparse la boca, abierta en un enorme bostezo.
No es sólo el cansancio acumulado por el doble entrenamiento del día anterior, también se ha acostado muy tarde. Tras salir del comedor había seguido a Dynamight por varios pasillos, sin saber bien qué esperar, elucubrando que iba a cancelar su trato de entrenarlo tras las noticias de la Liga de Villanos o, peor, que iba a repetirle que era un inútil y que aquel no era su lugar antes de mandarlo de vuelta a casa sin ningún tipo de miramiento. Sin embargo, el héroe no había dicho nada de eso, limitándose a esperarle en el pasillo para que Izuku pudiese alcanzarle y después había caminado en silencio, con Izuku detrás, tratando de mantener el paso de sus enormes zancadas sin tropezar con él, hasta llegar a la puerta de una sala del complejo donde Izuku no había estado nunca.
«Dijiste que si tuvieras un taller de trabajo podrías mejorar tus guantes, ¿no?», fueron las palabras pronunciadas por Dynamight tras abrir la puerta y ceder el paso a Izuku.
«¿Yo he dicho eso?». La pregunta, más para sí mismo que para el otro, quedó sin respuesta. O, si la tuvo, Izuku no la escuchó, mirando entusiasmado a su alrededor. Una mesa de trabajo, herramientas de alta calidad, material de todo tipo ordenado en las estanterías. Un taller profesional. Izuku podría saltar de alegría sólo de pensar en trabajar en un lugar así, sin punto de comparación con los talleres de práctica de la facultad.
«He conseguido que aprueben esta excepción», había asentido Dynamight.
«¿En serio?», había preguntado Izuku, sin terminar de creerse que todo aquello estaba a su disposición.
«¿No crees que el héroe número uno pueda conseguirlo?», preguntó Dynamight, mirándolo con los ojos entrecerrados.
«Más bien me sorprende que el héroe número uno necesite conseguir que lo aprueben. Uno pensaría que basta con ser el mejor». Izuku se había arrepentido al instante de su broma, pero Dynamight había resoplado con una sonrisa amarga, aceptando la pulla.
«El sistema no funciona así. Afortunadamente».
«Muchas gracias», había musitado Izuku, acercándose a una de las mesas, pasando la mano por encima de la superficie de metal pulido.
«Si necesitas mejorar esos guantes para poder sacar partido al máximo de tu Don, entonces tenía que hacer que tuvieses acceso a un taller. Eso sí, sólo podrás utilizarlo por las noches, después de la cena. El taller es de los trabajadores profesionales cedidos por Detnerat y del personal cualificado movilizado por el gobierno para dar soporte de apoyo a las agencias de héroes asignadas a los entrenamientos, así que el resto del día no tienes permiso para estar aquí», le había indicado Dynamight en tono de advertencia. «Además, estarás ocupado con tus propios entrenamientos».
«¡De acuerdo!», había asentido Izuku.
«Tampoco puedes decírselo a nadie. Hay más gente que viene del sector de apoyo y a ninguno se les va a dar el privilegio de acceder a un taller, necesitamos los efectivos en la fuerza de combate, ya tenemos suficientes inventores. Deberás guardar el secreto, incluso con esa amiga tuya. ¿Entendido?»
«¡Sí!», había vuelto a asentir Izuku, antes de morderse el labio por un segundo, con la culpabilidad invadiéndole el estómago una vez más. Otro secreto más que cargar. Y es el segundo que le guarda a Hatsume, que es una de las personas más importantes de su vida, tanto por amistad como por todo el apoyo incondicional que la chica le brinda. Sin embargo, ocultarle temporalmente que está entrenando a solas con Dynamight porque le hace ilusión hacerlo es algo muy diferente a esconderle que tiene acceso a un taller, algo que Hatsume lleva echando de menos desde que han llegado al complejo y que necesita casi como respirar. Se siente como si la estuviera traicionando, pero Dynamight había sido tajante.
«Puedes coger todo el material que necesites, únicamente tienes que anotarlo en la hoja de inventario. En esa taquilla podrás guardar tus cosas y herramientas, nadie las tocará», había añadido Dynamight unos segundos después. Se había detenido bruscamente, mirándolo con intensidad, tal vez adivinando el dilema moral que el gesto serio de Izuku dejaba traslucir de sus pensamientos, así que este había intentado sonreír para restarle importancia.
«Muchas gracias, Dynamight». La voz de Izuku, impregnada de sincero agradecimiento, había salido un tanto atropellada, pero el héroe profesional había movido la cabeza sin mirarlo, quitándole importancia.
«Simplemente aprovecha la oportunidad y mejora esos guantes tuyos para que te sirvan de algo», había dicho Dynamight antes de salir y dejarlo a solas con sus pensamientos, su sentimiento de culpabilidad y un secreto más para la colección.
Al volver al dormitorio para recoger su estuche de herramientas, se había encontrado allí a Hatsume y Uraraka, que estaban comparando el contenido de sus respectivas mochilas de emergencia con Kaminari y Sero. Al verlo entrar, lo habían abordado con entusiasmo, inundándolo a preguntas sobre qué quería Dynamight de él. Tras improvisar, tartamudeando, que sólo hablar con él acerca de su Don, había intercambiado una mirada con Hatsume, que había asentido, creyendo entender el fondo de sus palabras. Izuku había agachado la cabeza, pensando que, al menos hasta ese momento, aunque había mentido a todo el mundo, Hatsume sí sabía todo sobre él. Ahora eso ha cambiado, se ha convertido en un mentiroso consumado, empezando por la excusa pobremente inventada para coger su mochila de merchandising de Dynamight con los guantes de fuerza y el estuche de herramientas y salir apresuradamente del cuarto, dejando a sus amigos allí, a medias desconcertados y a medias burlándose de él.
Había trabajado durante varias horas en el taller, aprovechando la noche. Había muchas cosas que quería hacer desde hacía varios días y retocar sus guantes era la más prioritaria, pero no la más importante para él. Utilizar el taller sólo después de la cena implica robarles sueño a sus horas de descanso, pero a Izuku no le importa. Además, eso le permitió evadir las posibles preguntas incómodas al regresar al dormitorio de madrugada, con Kaminari y Sero dormidos y las chicas ya en su habitación.
Al contrario que el día anterior, Dynamight ya está esperando en la puerta cuando Izuku llega al pabellón. Tiene las manos en los bolsillos y mira hacia el sol que empieza a despuntar en el horizonte. Su aliento hace pequeñas volutas de vapor húmedo cada vez que respira. Izuku sonríe al verlo, complacido y un poco aliviado de verlo allí. No termina de creerse su propia suerte, entrenando a solas con un héroe como él. Al oírlo acercarse, Dynamight se vuelve hacia él, entornando los ojos, con los labios torciéndose en una mueca de disgusto.
—Te ves hecho mierda, nerd. —Izuku se muerde el labio, sin saber qué contestar, suponiendo que se refiere a las ojeras que le amoratan los párpados inferiores, y la expresión de Dynamight se relaja, pasando a una de resignación. Sin embargo, aunque su aspecto no sea el más saludable del mundo, Izuku siente un chute de energía al estar al lado de Dynamight y, de pronto, el peso de todos los secretos que guarda dentro se disipa—. Trata de seguirme el ritmo.
Como de costumbre, Dynamight echa a andar con grandes zancadas por una de las calles del complejo, sin esperar a Izuku. Pronto, ambos están trotando a un ritmo intenso más veloz que el del día anterior. Izuku corre a su lado, intentando regular su respiración, inspirando y espirando al mismo ritmo que Dynamight y descubriendo que eso le facilita el ejercicio. Se sorprende cuando el héroe lo guía hasta el exterior del complejo, saludando con un gesto de la cabeza al guardia de la garita, que los deja salir sin hacerlos detenerse ni preguntarles, y luego empiezan a rodear, por un camino de tierra pisada, el muro que rodea el complejo.
El frío del exterior, más cruel que el del pabellón el día anterior, hiela las mejillas de Izuku y, a pesar de que lleva la chaqueta puesta, se cuela por dentro de su camiseta, enfriándole el sudor producido por el ejercicio. El chute de energía que ha sentido al reunirse con Dynamight ha desaparecido antes de haber salido del complejo, pero cuando giran en una esquina, situándose de frente al sol que amanece en el horizonte, casi cegándolos, la sensación de estar corriendo en el aire dirección al cielo hace que todas las demás incomodidades pasen, una vez más, a un segundo plano.
—¿Cómo sientes los músculos? —pregunta Dynamight cuando, un rato después, ambos se detienen en la puerta del pabellón beta. Enciende las luces mientras Izuku sólo es capaz de sujetarse las rodillas con las manos para que no le tiemblen, a la vez que intenta recuperar el aliento.
—Duelen —admite Izuku, con una sonrisa avergonzada que hace que el héroe haga una mueca petulante y presuntuosa. No ha querido decirlo antes para no sonar como un quejica delante de Dynamight, pero se ha levantado con la sensación de que le hubiesen dado una paliza monumental y ahora ha ido a más. Aunque no lo dice, también le duele el pecho y los pectorales, sobre todo cada vez que la camiseta le roza la piel.
—Vamos a hacer que entren en calor, verás cómo se te pasa. —Por un segundo, la sonrisa chulesca de Dynamight se transforma en una que, a juicio de Izuku, resulta más sincera y amable, haciendo que los rasgos afilados de su rostro se suavicen y luzca más atractivo de lo que ya es.
—¡Sí! —exclama Izuku, entusiasmado, quitándose la chaqueta y dejándola a un lado. La mirada sorprendida y el ceño fruncido de Dynamight lo detienen en seco—. ¿Qué ocurre? ¡Oh!
La camiseta está manchada de sangre. Dos amplios círculos rojos que se extienden en un pequeño reguero hasta la altura del abdomen. Izuku se muerde el labio, comprendiendo que el frío, el sudor y el movimiento han sido la combinación perfecta para que sus pezones se rocen contra la tela basta de la camiseta de algodón del uniforme, causándole las heridas y el dolor que ha sentido mientras corrían.
—No importa —tartamudea Izuku, avergonzado. Dynamight levanta las cejas, incrédulo, sin tragarse la mentira de Izuku y se vuelve hacia un pequeño armario.
—Levántate la camiseta —le ordena el héroe cuando vuelve a su lado, con algo en las manos.
—No es necesario, yo… —dice Izuku, pero Dynamight lo taladra con la mirada y el ceño fruncido, así que, tragando saliva a pesar de que tiene la garganta seca, obedece.
—Tienes que dártela cuando te levantes, así no volverá a ocurrir. —Dynamight le limpia cuidadosamente con una gasa ambos pezones y luego, con la yema de los dedos, le aplica un poco de vaselina, haciendo que Izuku se estremezca por el contacto—. Eres muy sensible ahí.
No ha sido una pregunta, así que Izuku no contesta. Dynamight arroja el bote de vaselina encima de la chaqueta de Izuku para que este no olvide llevárselo más tarde y no dice nada más. Izuku se muerde el labio cuando descubre que el héroe lo mira de reojo, con una mirada que no sabe interpretar, pero Dynamight ha comenzado a enunciar los ejercicios que van a hacer y ya no tiene tiempo de pensar en nada más durante el resto del entrenamiento.
Después de que Dynamight se despida de él para ir al desayuno, igual de abruptamente que el día anterior, Izuku se siente cansado, pero no agotado. Más tarde, se empareja con Hatsume para el entrenamiento de artes marciales y ambos consiguen ser capaces de realizar llaves sencillas, inmovilizaciones rápidas y zafarse de esas mismas sujeciones. Tal como anunció, Dynamight se está centrando, sobre todo, en lecciones de supervivencia que puedan serles útiles. Algunos, como Sero y Ojiro, ya tenían una base de conocimiento que les está permitiendo aplicar los movimientos que les muestra Dynamight a su uso del Don, lo cual ha despertado elogios de todo el mundo, incluido el habitualmente malhumorado héroe.
Al caer la tarde y reunirse junto al círculo, Dynamight les recuerda a todos que el tiempo corre en su contra. No es necesario, pero el semblante grave y serio de todos los miembros de la unidad es una muestra de que se lo están tomando en serio. Y ya sea por la presión añadida, por el esfuerzo colectivo o por el trabajo individual, Sero, Ojiro y Uraraka consiguen, por primera vez, sacar a Dynamight del círculo. Por los pelos, pero lo consiguen. Sero lo ha sorprendido con un movimiento nuevo de sus cintas, que ha llamado Tape Shot Trident, que ha usado para moverse con rapidez, intentar atrapar al héroe y lanzarle objetos, defendiéndose de las explosiones con su Barricade. Uraraka y Ojiro lo han vencido más prosaicamente, combinando sus Dones con el entrenamiento marcial, desequilibrando a Dynamight lo suficiente para tocarlo con los dedos y hacerlo flotar en el caso de la primera y hacerle pisar fuera del círculo en el del segundo. Los dos necesitan ser acompañados a la enfermería, pero la sonrisa satisfecha de Dynamight es suficiente para compensarlos.
Conociendo a Dynamight, Izuku duda que este sea capaz de ceder un centímetro y dejar ganar a alguien simplemente para animarlo, así que la mejoría es obvia y objetiva. Aunque al principio no lo ha comprendido, Izuku admite que el método de enseñanza de Dynamight, consistente en retar a la otra parte a hacerlo mejor que él y alentarlo a través de bravatas, insultos y empujones, funciona. Es la diferencia entre explicar cómo volar en ala delta y empujar a alguien al vacío para que aprenda, pero ha dado resultado.
—¿Y bien, nerd? ¿Preparado? —pregunta Dynamight cuando por fin le llega el turno a Izuku. El héroe respira con agitación, pero sin llegar a jadear. Surcos de sudor recorren su cuello y empapan su camiseta. El pelo, habitualmente disparado en todas direcciones, está húmedo y algunos mechones se le pegan en la frente. Izuku se muerde el labio inferior, con el estómago dándole un vuelco. Dynamight malinterpreta su gesto y lo provoca—: Es tu oportunidad. Tienes al enemigo sin moral, apenas hay público porque eres de los últimos y hoy estoy especialmente cansado.
—También significa que tus explosiones son más potentes —susurra Izuku, que ha estudiado el Don del héroe lo suficiente como para saber que, cuanto más ha sudado, más fuerte es.
—No murmures para ti mismo si estamos hablando —protesta Dynamight, que lleva los protectores auditivos puestos.
—Lo siento. —No obstante, Dynamight no parece molesto, pues sigue sonriendo, provocativo. Izuku mira a su alrededor. No queda ninguno de sus amigos, que han ido a la enfermería o a la ducha, excepto Hatsume, que le hace un gesto con los pulgares levantados. Izuku, menos optimista, se mira los guantes y flexiona los dedos—. En realidad, ayer sólo pude intentar calibrar el caudal de fuerza porque…
—No me importa. Nerd —lo llama Dynamight, para llamar su atención, que se ha concentrado durante unos segundos en los guantes—. Olvídate de eso ahora, ¿de acuerdo? Utiliza toda la fuerza que puedas, pero céntrate en los ejercicios que hemos hecho.
Izuku tarda un par de segundos en comprender a qué se refiere con esas palabras. A pesar de que Dynamight se ha pasado toda la tarde ayudándolo a entrenar su supuesto Don golpeando cosas con diferentes grados de fuerza con bastante buen resultado, la mente de Izuku se desvía al momento en el que el héroe ha cruzado los brazos, sujetándose los codos con las manos, a la altura de su rostro, y le ha retado a utilizarlos para hacer dominadas, utilizando sólo la fuerza de los guantes. El rostro del héroe, sonriendo con chulería, cada vez que el rostro de Izuku asomaba por encima de sus antebrazos, a apenas unos centímetros de su cara, era suficiente para hacerle perder la cuenta, pero gracias a los guantes, ha resultado infinitamente más sencillo que cualquiera de los ejercicios matinales.
—Los ejercicios que hemos hecho —asiente Izuku. «Utilizar los guantes como una palanca, no como un martillo», repite para sí mismo la consigna que lleva trabajando desde el día anterior.
—Eso es. Intenta algo más parecido a lo del primer día, no tan directo. —Comprendiendo que Dynamight no se refiere al uso de dosificar y aumentar la fuerza con la que impactan sus puñetazos, Izuku intenta desterrar de su mente la imagen de los bíceps del héroe tensándose cada vez que Izuku hacía fuerza para elevarse en las dominadas.
Además, podría funcionar. No como Dynamight cree. Si Izuku realmente tuviese un Don, podría conseguir que se potencie y fortalezca con el uso e incluso que se exprese de nuevas formas. En su caso concreto es imposible, pero confesarlo implicaría decir la verdad, así que se ha limitado a seguir las instrucciones del héroe, intentando relegar la culpabilidad por mentir a toda la gente que está esforzándose por él, animándole y entrenándole, y mejorar en el control del caudal de fuerza, que es en lo que ha trabajado en el taller. En la última parte de su entrenamiento con Don, Dynamight ha cambiado ligeramente el enfoque a utilizar la fuerza y el agarre del guante para aprovechar el entorno en su favor, buscando diferentes formas de ayudarlo a manifestar una evolución. Frunciendo las cejas, ya totalmente concentrado y poco dispuesto a decepcionarlo, Izuku se siente capaz de elaborar un plan.
Sin previo aviso, Dynamight ataca. El cuerpo de Izuku salta automáticamente a un lado, esquivándolo con agilidad. Sin embargo, esta vez no se ha limitado a escamotear el ataque del héroe: ha rodado, incorporándose en posición defensiva casi al momento. Dynamight lo ha previsto, porque contiene la explosión lo suficiente como para impulsarse con ella y lanzarse de nuevo sobre Izuku. Este, que está preparado a pesar de que todo está ocurriendo en milésimas de segundo, ladea el cuerpo para evitar el impacto de Dynamight, cierra los ojos y aprieta los dientes para no perder la concentración cuando la explosión resuena y extiende la mano hacia el brazo de Dynamight.
Bingo.
—¡Eh! —gruñe Dynamight cuando la fuerza del guante de Izuku le atenaza la muñeca. Izuku sonríe al detectar en el grito del héroe un matiz de satisfacción, aunque quizá esté imaginándoselo por el entusiasmo.
Basculando con el cuerpo, Izuku tira de Dynamight y realiza una de las llaves que han practicado ese día. El héroe reacciona rápidamente y la contrarresta, tirando a Izuku de espaldas al suelo, que impacta con un quejido lastimero. El rostro de Dynamight aparece en el campo visual de Izuku, con una sonrisa amplia y llena de dientes, casi malévola, e Izuku comprende que ha perdido una vez más. Sin embargo, lejos de rendirse, patea con las piernas, consiguiendo liberarse de la sujeción a la que le está sometiendo Dynamight y saltar hacia atrás. Sus músculos, todavía resentidos por los ejercicios de todo el día, se quejan de dolor, pero Izuku trata de ignorarlo.
—No te va a servir dos veces —advierte Dynamight, antes de volver a cargar.
Izuku trata de escamotear el cuerpo de nuevo, pero no es lo suficientemente rápido. Sufre el impacto de una explosión en el hombro izquierdo. Izuku levanta el puño derecho, pero falla el impacto y Dynamight vuelve a sonreír, triunfante. Concentrando todas sus fuerzas, confiando en que el guante supla parte de su falta de espacio para mover el brazo, Izuku hunde el puño izquierdo en el vientre de Dynamight, que borra al momento su sonrisa y emite un sonido ahogado.
—¡Lo siento! —exclama Izuku, sintiéndose culpable al instante—. ¡No pretendía…!
—¡No te distraigas! —ruge Dynamight, no obstante, reventándole en el pecho otra explosión que impulsa a Izuku hacia atrás—. Te he dicho que con todas tus fuerzas. ¡No me dejes reaccionar, joder! ¡Podrías haber ganado! —Levanta a Izuku por la pechera del uniforme y lo empuja de nuevo hacia atrás con violencia, sacándolo del círculo y haciendo que trastabille al tropezarse con sus propias zapatillas y caiga de culo al suelo. Acto seguido, se arranca los protectores auditivos de las orejas.
—Pero yo creía que… Que necesitabas…
—¡No tienes que parar a ayudarme, idiota! ¿Te has enterado? ¡No te he dicho que debas ayudarme! ¡Sólo que tienes que sacarme del círculo con todas tus fuerzas!
—Pero pensé…
—¡No pienses tanto, joder! ¡Piensas demasiado, todo el tiempo hablando en murmullos y anotando en tu libreta! —grita Dynamight. Izuku abre la boca para decir algo, pero no sabe el qué y acaba cerrándola cuando el héroe se acerca a él, clavándole el dedo índice en el pecho mientras sigue dando voces—. ¡Si tienes al enemigo noqueado, no seas inútil y captúralo, no permitas que se levante!
—No soy un inútil —consigue responder Izuku entre dientes, con los ojos bañados en lágrimas por la rabia, encarándose sin temor al héroe, cuyos ojos parecen lanzar chispas y relámpagos del enfado.
—Pues demuéstralo y deja de hacerme perder el tiempo —escupe finalmente Dynamight con tono duro. El héroe se da media vuelta y se aleja a grandes zancadas, metiendo las manos en el bolsillo y sin volver la vista atrás. Izuku le sigue con la mirada hasta que desaparece dentro de uno de los edificios, tan dolido y abochornado como rabioso por las palabras de Dynamight.
Tirado en el suelo, Izuku se muerde el labio inferior para contener las lágrimas, pero no es suficiente. No sabe qué le duele más: la dignidad, el haber perdido la oportunidad de vencer a Dynamight por preocuparse, o que las palabras del héroe sean lo suficientemente acertadas como para impactar en los lugares adecuados y hacerle daño. Aunque, sobre todo, lo que más le está oprimiendo el pecho es que considere que entrenar con él haya sido perder el tiempo.
Izuku realmente ha disfrutado esas horas compartidas. Lo que al principio había creído que era ilusión por estar con su ídolo se ha convertido en ilusión por conocer a la persona que hay detrás del héroe que ha idolatrado durante tantos años. Le duele más decepcionar a esa persona que ha descubierto ahí, bajo capas de malhumor y bravatas, que al héroe. Y le da aún más rabia ser incapaz de conseguir los resultados esperados. Siempre ha querido ser un héroe, incluso a pesar de que sabe que es imposible llegar a serlo sin un Don, pero hubo un tiempo, entre la U.A. y las clases con el profesor Watanabe, en el que llegó a convencerse de que, con los inventos adecuados, podría ser factible.
—Eh… Izuku... —Hatsume está agachada a su lado y ha puesto la mano en su hombro. Izuku mira a su alrededor al oír su nombre, asustado porque alguien pueda oírlos, pero ambos están solos en el patio. Se enjuga las lágrimas con el dorso de los guantes, arañándose la cara, antes de quitárselos. Está a punto de tirarlos al suelo, pero Hatsume se lo impide—. En realidad, yo creo que lo estás haciendo muy bien, dadas las circunstancias, y eso.
—Ya. Tú siempre has creído más en mí que yo mismo. —Izuku fuerza una sonrisa a través de las lágrimas, pero apenas lo consigue.
—No digas tonterías. No conozco a nadie que crea más en sí mismo y que se esfuerce por las cosas que quiere que tú. Y lo que ha dicho de que piensas demasiado… —Hatsume duda unos segundos—. Yo creo que ese es precisamente tu fuerte. Piensa que él no tiene toda la información, no sabe realmente… Si supiera, probablemente no habría todo dicho eso.
—Quizá sí —murmura Izuku, sintiéndose muy desdichado. La gente no suele ser tan franca cuando se entera de que no tiene Don, pero el héroe no parece de las personas que hablan con tacto a la vez que dirigen miradas compasivas.
—Puede ser, pero no lo creo. ¿Lo crees tú? —Izuku niega con la cabeza y luego se encoge de hombros. No sabe qué cree en realidad. Ha visto gente cambiar radicalmente de forma de ser con Shinsou o con él mismo cuando se ha enterado de sus circunstancias—. Es un borde, pero parece un tío legal. Recuerda lo que dijo ayer sobre los bulos sobre las personas sin Don. Creo que lo comprendería si lo supiese.
—No puedo decirle que no tengo un Don, Mei —masculla Izuku, negando con la cabeza. No sabe si es ahí donde su amiga quiere llegar, pero le da igual, no es algo que pueda negociarse.
—Claro que no. Sólo digo que a veces las personas dicen cosas que no piensan realmente. Si además le sumas que no sabe exactamente qué ocurre, tienes una combinación explosiva.
—Eso, y que tiene un carácter de mierda —dice Izuku entre dientes.
—Pero eso ya lo sabías desde hace muchos años, no sé de qué te sorprendes ahora —dice Hatsume, riéndose.
—¿Que en la televisión lo sufrían otros y aquí lo tenemos en directo? —Izuku, enjugándose una última vez las lágrimas, ríe con más ganas. El nudo de su estómago y la presión de su pecho siguen ahí, pero de pronto pesan un poquito menos que hace unos minutos y agradece que Hatsume esté ahí para reconfortarlo cuando este tipo de situaciones le sobrepasan—. Eres mejor amiga tú que yo, Mei.
—Si vamos a seguir diciendo cosas obvias, yo quiero aclarar que el cielo es azul.
—Bueno, en realidad… —Izuku se ríe cuando Hatsume le da un codazo para hacerlo callar—. No, en serio. Muchas gracias por estar ahí. Y siento cuando yo… —No termina la frase, sintiéndose culpable de nuevo por ocultarle el taller de trabajo.
—Funciona así, creo —suspira Hatsume, sentándose a su lado, abrazándose las rodillas y apoyando la barbilla en ellas—. Supongo que, por las circunstancias, siempre me has necesitado tú un poco más a mí que yo a ti. Algún día se intercambiarán los papeles y tendrás ocasión de devolverme todas y cada una de mis desinteresadas muestras de amistad.
—¡Por supuesto! ¡Lo haré! Te lo prometo —asiente Izuku, correspondiendo la sonrisa de su amiga, que lo mira con cariño. Se quedan unos minutos en silencio, mirando el cielo púrpura con los últimos retazos de sol iluminándolo en el horizonte—. Lo cierto es que no creo que Dynamight tenga un carácter de mierda. Es… Bueno, no es el mismo chico que se hizo famoso por una rabieta impresionante en un festival deportivo.
—Y conocido por los periodistas por contestarles de forma borde y desagradable, y por gritar a otros héroes mientras trabajan juntos… —Izuku se ríe de nuevo. No, no es una novedad que Dynamight no tiene el mejor carácter del mundo, pero seguir todos los movimientos públicos de una persona durante toda su vida adulta hace que llegues a conocerlo un poco mejor. Y además…
—Me ha estado entrenando a solas ayer y hoy, antes del desayuno —confiesa repentinamente. No puede contarle lo del taller, porque Dynamight se lo ha prohibido expresamente, pero de esto no le ha dicho nada y está seguro de que Hatsume le va a guardar el secreto. Su amiga le mira con interés y un gesto pícaro de burla en el rostro, así que Izuku le cuenta los detalles de su acuerdo y de cómo llegaron a él.
—Bueno, eso explica tus misteriosas desapariciones matinales —dice Hatsume.
—Siento no habértelo contado. No… no sabía si podía. No me gusta guardarte secretos, pero a veces… —El taller de trabajo vuelve a revolotear encima de su conciencia.
—Está bien. No voy a enfadarme contigo si no puedes contarme algo. Incluso aunque me fastidie que no lo hagas —añade cuando Izuku abre la boca, adivinando qué va a decir. Agradecido, Izuku sonríe otra vez a su amiga, tratando de contener las lágrimas, esta vez de emoción, que le suben a los ojos—. ¿Cómo es?
—Muy guay —admite Izuku. Hatsume parece entender, porque se echa a reír. Izuku la secunda, aliviando aún más la opresión de su pecho—. No es exactamente igual que cuando nos entrena a todos. No da voces todo el tiempo y a veces hasta es amable.
—Eso sí que es toda una sorpresa.
—Desde luego —dice Izuku, continuando la broma—. ¿Recuerdas el primer ranking de héroes en el que participó, cuando se quedó segundo, justo detrás de Hawks por apenas diez puntos? Se pilló un cabreo de aúpa. Tuvieron que silenciar el micrófono porque se le oía perfectamente sin él y se acoplaba. Present Mic debió de pensar entonces que quizá lo suyo no era un Don si hasta un héroe con otras habilidades podía imitarlo tan bien.
—Lo recuerdo, sí —asiente Hatsume, abrazándole los hombros cariñosamente y acariciándole la espalda en un gesto de consuelo—. Lo vimos juntos en tu casa, fue nuestro primer año de la U.A. El tío estaba rebotado por no ser el héroe número uno y si hubiera podido, habría asado a Hawks con sus explosiones. ¿No fue el año siguiente cuando lideró por primera vez la encuesta de héroes con aspecto de villanos?
—Creo que eso es mejor que no se lo recordemos. La pobre periodista que se atrevió a preguntarle pensando que sería una pregunta graciosa todavía debe arrepentirse de haberlo hecho —dice Izuku, todavía con la risa revoloteándole en los labios. Con desgana, la risa acaba transformándose en un profundo suspiro en el que se entremezclan varias emociones: el agotamiento, los últimos restos de la rabia, la nostalgia, la admiración lejana y el deseo de seguir cerca de Dynamight.
—Anda, venga. Vamos a ducharnos y cenar. —Hatsume se levanta y le tiende la mano, que Izuku acepta, ayudándolo a ponerse en pie—. No sé tú, pero a mí este ritmo me tiene agotada.
—Ve tú delante. Yo… tengo que hacer un par de cosas primero. Luego te alcanzo —dice Izuku, que, ahora que le ha invadido de nuevo el cansancio, prefiere encerrarse en el taller de trabajo que rodearse de todos sus compañeros para cenar.
—¿Otro secreto que no sabes si puedes contarme?
—Sé que no puedo —murmura Izuku, que todavía se siente culpable por ocultárselo a su amiga, aunque la conversación haya mitigado un poco esa culpabilidad.
—Está bien, Izuku —responde Hatsume, sonriendo comprensiva—. Pero no deberías retrasarte mucho o la cena se te enfriará.
—¡Mei! —Izuku, que en realidad no tiene intención de asistir a la cena, llama a la chica cuando ya ha comenzado a caminar en dirección al edificio principal donde están los dormitorios y el comedor. Hatsume se vuelve hacia él, ladeando la cabeza con interés—. En serio, eres la mejor amiga que tenido nunca. La mejor que se podía pedir.
—Eso ya lo sé —dice Hatsume, pícara, antes de guiñarle un ojo y seguir caminando y decir en voz lo suficientemente alta como para ser oída por Izuku—: Soy tu mejor amiga desde el mismo momento en el que entraste en la U.A., allí sentado como si no estuvieras seguro de cual era tu lugar, mirando con anhelo hacia las aulas de la especialidad de héroes. Por eso mismo me fijé en ti, pequeño idiota.
—Pero yo no te conocí hasta que… —Izuku se muerde el labio, comprendiendo que, a diferencia de él, que no la había reconocido siquiera cuando la chica le cayó encima, Hatsume sí se había fijado en él desde el primer instante.
Tras entrar en el departamento de apoyo, Izuku había seguido anhelando ser un héroe y, de manera infantil, había creído que si se esforzaba lo suficiente alguien vería ese deseo y le ayudaría a encontrar el talento necesario para conseguirlo. Pero no había sido así. Pronto, se había corrido la voz de que no tenía Don y sus compañeros lo habían mirado con una mezcla de compasión y perplejidad. Eso los más empáticos, otros directamente lo habían hecho con desprecio. Izuku Midoriya, la única persona de la U.A. que no tenía un Don. ¿Cómo podía estar en una de las escuelas con más prestigio del país alguien como él? Sólo Hatsume, que no lo había mirado decepcionada, ni se había enfadado por no habérselo dicho desde el primer momento, había seguido tratándolo con normalidad, sin mencionar el tema en ningún momento. Durante los dos cursos y medios restantes desde que su condición se había hecho pública, la relación de Izuku con el resto de sus compañeros había sido, cuanto menos, distante, pero Hatsume siempre se había mantenido a su lado.
—Gracias, Mei —susurra Izuku, pero la chica ya está demasiado lejos para oírlo.
Echa a caminar hacia el taller de trabajo, sin ninguna intención de ir a cenar. Por muchas razones, todas ellas acumulándose en su pecho que, aunque tras la conversación con Hatsume está más ordenado y le duele un poco menos, acumula una bola de sentimientos, no todos necesariamente negativos, que no está seguro de querer examinar a fondo. Meneando la cabeza para alejar de su cabeza las imágenes del Dynamight que le ha entrenado esa mañana, preocupándose por su bienestar tras hacerse heridas en los pezones superponiéndose con el que lo ha instado a demostrar que no es un inútil unos minutos antes, se traga la culpabilidad por ocultarle que sí lo es.
Un inútil.
No es Hisashi, pero tampoco es Izuku.
Es Deku.
NdA. Una oportunidad tendrá tres partes. El título es... sí, de la OST de Mulán. One Chance, una pieza preciosa de clarinetes, alegre porque la protagoniza Mushu (que pronuncia las palabras "Una oportunidad, ¿es mucho pedir?" mientras suena la melodía de fondo, cuando va a despertar al Gran Dragón de Piedra). Me pareció un título muy adecuado, teniendo en cuenta el diálogo entre Izuku y Mei, lo que le está ocurriendo a Shinsou, el tono general del entrenamiento...
