Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

Bueno, llegamos a la tercera parte de Una oportunidad. Tengo que avisaros de que el viernes que viene (día 16 de septiembre) no hay actualización. Es, simplemente, que salgo de vacaciones y no estaré. Es algo con lo que ya contaba cuando publiqué el fic (mi intención era terminar de publicar el 14 de julio del año que viene, con motivo del cumple de Izuku, y precisamente tenía dos viernes de más que iba a necesitar para este mes y para el día 6 de enero), y por eso tampoco tengo prevista una publicación doble (sorry; Amy :( ). Al menos por ahora, no será la primera vez que acelero un calendario de publicación en fic. En fin, disculpadme, por fa.

¡Y, como siempre, muchas gracias por leer y comentar! Sobre todo a los guest, que no puedo responderos individualmente para agradeceros, pero en general a todo el mundo, que estáis ahí siempre para leer, me dejáis el kokoro calentito y es muy motivador.


UNA OPORTUNIDAD (PARTE III)

—Shinsou, ¿sabes si hay detergente para la lavadora? —Ichinose está de pie junto a la puerta de la cocina. Hitoshi se apresura a silenciar el teléfono, que ha puesto encima de la campana extractora mientras cocina, pues no quiere que su compañero, al que creía encerrado en su habitación como de costumbre, se entere de qué está escuchando en el podcast que ha puesto.

—Creo que queda un poco. Lo dejé en el armario del cuarto de baño —le indica. Ichinose asiente, pero no se mueve—. De todos modos, puedo comprar más en la konbini y traerlo cuando vuelva de trabajar, para asegurarnos de no quedarnos sin él.

—Sería genial, gracias. —Ichinose sigue sin moverse, pasando el peso de un pie a otro, incómodo—. Oye, Shinsou…

—Dime. —Hitoshi responde en un hilo de voz, porque cree adivinar qué va a decirle Ichinose.

—¿En serio te crees esa mierda de Stain? —Hitoshi niega con la cabeza. Demasiado rápido, piensa con un resoplido y recordando a la agente de policía. Aunque, en su caso, sí es cierto que no se lo cree. No del todo, al menos—. Nadie es un villano por el Don con el que nace, el resto son justificaciones baratas.

—En realidad, no ha dicho eso —dice Hitoshi, frunciendo el ceño. El podcast es de un grupo de chavales, influencers en redes sociales, que debaten acerca de los Dones que poseen y cómo eso les ha afectado a lo largo de su vida. Son dos chicos y una chica con aspectos poco normativos, de ideas muy progresistas, que se cuestionan todo lo que sucede, pero por eso mismo quizá Ichinose ha malinterpretado las palabras de uno de ellos, que está explicando un episodio bastante negativo de su adolescencia y reniega del sistema de héroes, citando el libro que recoge las ideas de Stain, el Asesino de Héroes.

—Pues se parecía bastante. Toda esa mierda de que si la sociedad rechaza tu Don te ves abocado a la marginalidad y que los falsos héroes han provocado la discriminación…

—Bueno, en realidad es cierto, ¿no? —Hitoshi no puede contenerse, dolido. Creía que Ichinose podría entenderlo, porque él tiene un Don que sólo afecta a su aspecto físico, pero incluso en eso está por encima de Hitoshi: al menos su Don no suprime la voluntad de otras personas. Puede haber quien se sienta asqueado por el aspecto poco normativo de su compañero, no temerán que hurgue en su mente—. No pretendas convencerme de que las vivencias que he tenido durante todos estos años no existen. —Entre la incertidumbre de qué está ocurriendo realmente con la Liga de Villanos, los rumores y la creciente oleada de personas simpatizantes con esta que rememoran a Stain con más nostalgia que justicia, Hitoshi se siente un poco sobrepasado.

Ha intentado ser un héroe con todas sus fuerzas, todo el tiempo. Al contrario que literalmente todo el mundo menos el profesor Aizawa en el breve periodo de tiempo que lo entrenó en la U.A., siempre ha pensado que su Don no era inherentemente malo, aunque pudiera dar pie a pensar que sí. Pero siente que la sociedad se ha empeñado en encasillarle en la categoría de villano en lugar de la de héroe sólo por el prejuicio hacia su Don. Antes de darse cuenta, ha barbotado todo esto en una retahíla de palabras a Ichinose, que lo escucha atentamente, con expresión seria.

—¿Por eso estás valorando unirte a la Liga de Villanos? Yo también he visto los vídeos y fotografías donde salen los mensajes que dejan en las paredes llamando a todos los que se sienten como tú.

—¿Qué? ¡No! —dice Hitoshi, desconcertado. Por eso no había querido que Ichinose escuchase lo que estaba oyendo en el podcast, sabía que lo podía malinterpretar—. Una cosa es que me disguste… el statu quo… y otra muy distinta que quiera ser un villano. Nada, por justa que pueda parecer la reclamación, justifica que se asesine a gente inocente. ¿Por qué todo el mundo parece creer que si tienes un Don como el mío estás abocado a unirte a los que quieren desestabilizar al sistema?

—Porque el sistema, como tú has dicho antes, os marginaliza. O al menos lo sentís así. Y dicen en las noticias que están perdonando la vida a las personas sin Don o que tienen Dones que han reprimido —contesta Ichinose con serenidad y, esta vez, Hitoshi siente un infinito agradecimiento a que no haya esquivado la pregunta para evitar arriesgarse a utilizar su Don, algo que habría restado credibilidad a sus siguientes palabras—. Yo no creo que seas un villano, Shinsou. Y siento mucho que hayas tenido que pasar por todo lo que has pasado.

—Ya…

Da vueltas a la conversación en su cabeza durante todo el turno de tarde, mientras trabaja reponiendo las estanterías con movimientos automáticos y repetitivos. Apenas entabla conversaciones con nadie más, a pesar de que Nanami está especialmente parlanchina por la poca afluencia de clientela que han tenido. La frustración ha dado paso a la tristeza cuando se despide del encargado y su compañera y sale de la konbini con una bolsa de papel donde lleva el detergente que ha prometido comprar a Ichinose.

A pesar del calor típico de la época que ya anuncia el verano, durante la tarde ha caído un chaparrón que ha refrescado el ambiente y ha llenado el suelo de charcos que reflejan las luces de las farolas y dan un aire bucólico a las calles medio desiertas. Usualmente, Hitoshi suele escuchar música en sus auriculares en los trayectos de ida y vuelta a casa, pero hoy ha decidido no hacerlo: no quiere poner de nuevo un podcast que le diga lo que le gustaría escuchar, pero con el enfoque erróneo por culpa de la amargura, y la música le hace pensar, así que va pendiente por primera vez en mucho tiempo de los sonidos de la calle: los coches que chirrían al frenar por el agua que empapa sus discos de freno, los pitidos de los semáforos y los pasos rápidos y húmedos de las pocas personas con las que se cruza.

Una voz chilla, asustada, cerca de él.

Hitoshi alza la cabeza, alerta, y se detiene. Es el único que lo hace, el hombre que camina en dirección contraria no parece haberlo escuchado, o no le importa. Busca con la mirada el posible origen del grito, pero es una segunda voz, que habla rápido y fuerte, la que termina de orientarlo hacia un pequeño callejón lateral que le había pasado desapercibido por lo oportunamente fuera de la luz de la farola más cercana que queda. Se apresura a entrar en él, siguiendo las voces, ambas de hombre, que discuten, una en un tono de voz más suplicante y otra en uno amenazador. Están en un rincón, ni siquiera demasiado escondidos.

«¿Para qué iba a esconderse?», piensa Hitoshi con amargura. «No hay héroes vigilando que puedan intervenir, ni policías que utilicen sus Dones para evitar estas cosas».

El que suplica tiene las manos alzadas y trata de hablar con tranquilidad, pero los nervios le traicionan al estrangularle la voz. A la tenue luz de la calle adyacente que apenas entra en el callejón, Hitoshi ve que es apenas un chaval de su edad, mientras que el otro hombre, grotescamente deformado por un Don físico, es mucho más mayor, grande y lo amenaza con un cuchillo.

—Es todo lo que tengo, lo juro —está diciendo el chico.

—Déjalo en paz —dice Hitoshi cuando sus pasos, chapoteando húmedamente en los charcos, lo delatan y el atracador se da cuenta de su presencia.

—¿Y tú quién eres? —«Un héroe», quiere contestar Hitoshi, pero no es capaz. Simplemente se queda mirando al atracador. «Sólo una pregunta y podré detenerlo», piensa, notando cómo su respiración se acelera. «Una pregunta»—. Ni siquiera pareces un puto héroe, pringado. ¿Llevas algo de valor encima? ¡Dame todo lo que tengas, joder, o te clavo el cuchillo! —Agita este, peligrosamente cerca de la cara de Shinsou, que retrocede un paso. El filo del arma brilla, untuoso, de la misma forma que la piel del atracador, empapada de un líquido viscoso y, probablemente, venenoso.

Sólo una pregunta. El tipo parece lo suficiente bocazas como para que pueda funcionar y detenerlo antes de llamar a la policía… que probablemente le reprendería en el mejor de los casos y tomaría medidas legales por uso indebido del Don en lugar de avisarlos directamente en el peor. Al fin y al cabo, es ilegal. Puede meterse en un lío. Tomarse la justicia por la mano es interferir en la propia justicia, según las leyes. Y, por mucho que le cabree, siente que no deja de ser una excusa. Un villano no deja de ser alguien que utiliza los métodos menos adecuados para defender los que considera más convenientes. E Hitoshi no quiere ser uno de ellos, no quiere que nadie piense que su Don lo convierte en un villano, porque él realmente quiere ayudar a la gente.

El cuchillo se retira y deja de amenazar a Hitoshi, pero oscila demasiado cerca de la piel del chico joven, que trata de retroceder otro paso y topa con la pared que tiene detrás. Si el tipo calcula mal e Hitoshi tiene razón y la hoja está envenenada, su vida corre peligro. Y, en cualquier caso, Hitoshi no cree que una vida pese más que el miedo a quebrantar una ley. Los héroes primero salvan y después arreglan y satisfacen las responsabilidades de sus actos.

—¿Por qué no lo dejas en paz? —pregunta Hitoshi, nervioso, tragando saliva. Un ruido metálico al otro extremo del callejón los sobresalta a los tres. El atracador parece nervioso de pronto, porque retrocede un paso mientras agita el cuchillo.

—¡Viva la Liga de Villanos! ¡Algún día, los que os creéis los mejores por tener un aspecto aceptable seréis la escoria y entonces lamentaréis todo! —El ladrón los mira a ambos y luego se da media vuelta y echa a correr en la oscuridad del callejón, perdiéndose de vista en pocos segundos. Hitoshi se acerca al chaval, que se toca con la mano en el sitio donde el cuchillo lo ha rozado, cerciorándose de que no hay daños.

—¿Estás bien? —pregunta Hitoshi, aunque puede ver que solamente está asustado. A él también le tiemblan las piernas y la ansiedad le duele en el pecho. Era un ladrón de poca monta, no un villano que desease vengarse del mundo y la sociedad. Un ladrón que en cuanto ha obtenido un poco de dinero, se ha conformado y ha preferido huir que enfrentarse a dos chicos más jóvenes y ágiles que él, comprende, demasiado tarde para ponerse a elucubrar sobre las percepciones de poder. Y aun así, un ladrón que cifra sus esperanzas en la Liga de Villanos, justifica sus actos en su discurso y lo enarbola como una amenaza. Una amenaza que ha empezado a permear, cada vez más, dentro de la sociedad. Y, de pronto, comprende por qué está Ichinose preocupado por él y por lo que escucha.

—¡Cabrón, era todo el dinero que tenía para esta semana! —grita el chico, enfadado y con la voz llorosa en dirección al sitio donde ha desaparecido el ladrón, ahora que está seguro de que no puede oírlo.

—¿Quieres que te acompañe a alguna parte? ¿Hay alguien que pueda venir a recogerte o quieres que llamemos a la policía? —insiste Hitoshi, sin saber qué más hacer. Lo único que podría haber hecho, ser un héroe para este chico controlando la mente de ese ladrón para obligarle a devolver el dinero y largarse, ya no es posible. Es demasiado tarde para replanteárselo y no sabe si eso lo cabrea o lo entristece porque, aunque legalmente sea lo correcto, no se lo parece moralmente—. Venga, dime dónde vives y te acompaño hasta casa para puedas tomar un baño caliente y tranquilizarte.

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Hace un día que Iguchi y Dabi regresaron, pero ninguno de los dos ha mencionado la escena de la noche anterior. Llegaron al amanecer, y el resto ya estaba de vuelta, Shigaraki tumbado indolente en uno de los sofás, ocupándolo entero mientras en el sillón orejero que lo flanquea se apelotonaban Toga y Bubaigawara como buenamente podían. Están en uno de los refugios de All for One, uno que nunca utilizaron antes del desastre de Kamino y que Dabi sospecha que puede ser muy anterior, de otra época en la que ya All for One trataba de imponer su modelo de sociedad al resto, a juzgar por lo antiguo que es el edificio.

Lo bueno es que tiene televisión. Y funciona, así que está encendida todo el día, siempre que haya alguien dentro del refugio. Tras sus diferentes incursiones nocturnas, han dormido durante la mañana, pero todos se han levantado a mediodía para dar buena cuenta de las provisiones robadas la noche anterior y ver el informativo, expectantes por ver los resultados de sus acciones. Dabi lo hace de pie, apoyado en la pared de madera de la casa. El encargado de repartir las provisiones es Iguchi. El resto escoge sus sofás favoritos, menos All for One, que pasea por la sala con tranquilidad a pesar del agotamiento que transmite su cuerpo, haciendo que las pavesas del suelo, fruto de algo que Shigaraki ha desintegrado por diversión, revoloteen a su alrededor como macabras plumas que flotan durante unos segundos antes de volver a cubrir el suelo como una tenebrosa alfombra.

Kurogiri dormita en un rincón; Dabi se limita a ignorarlo, pues cada vez está menos seguro de que cuente como un ser vivo. Los nomu le parecen herramientas útiles que utilizar contra los héroes y Kurogiri en particular resulta extremadamente útil, sobre todo porque es capaz de hilar pensamientos, por crueles que sean estos, puede razonar y les está permitiendo sobrevivir, pero le incomoda pensar que no se diferencia en esencia de los otros nomu que ha utilizado anteriormente contra los héroes.

La casa que quemaron durante la noche sale en las noticias, y el periodista encargado de narrar el suceso entrevista al imbécil del hombre, que tartamudea una especie de elogio aterrorizado hacia la Liga de Villanos por permitirle continuar con vida. Detrás de ellos, el niño gesticula al hablar con el cámara de otra cadena de televisión, y sus palabras parecen más convencidas. A pesar de que no oye qué dice, Dabi está seguro de que suena mucho mejor. Aun así, el mensaje del hombre funciona: tiene un micrófono delante, las ideas de la Liga de Villanos ocupan espacio televisivo, están encima de la mesa, son algo que hay que mencionar, que escuchar y debatir.

—El plan está funcionando —dice Iguchi, satisfecho, cuando cortan la conexión con la familia.

—Sospecho que no has contado nada por una buena razón, Dabi —susurra All for One. Dabi resopla y pone los ojos en blanco. Seguramente el villano ya ha conseguido leer, o intuir, parte de la información, pues últimamente ha utilizado mucho ese Don en particular, fortaleciéndolo más. No sabe bien cómo trabaja ese Don suyo, pero a veces desearía poder cerrar la mente para poder guardarse las sorpresas un rato más.

—Creo que ese niño se uniría a nosotros si se lo pidiésemos. Vi algo en él, no sé si es por su Don o porque no lo tiene, pero su mirada era inconfundible —contesta Dabi, evadiendo la pregunta.

—No quiero niños —responde All for One.

—No es mucho más pequeño de lo que era Toga cuando se unió a nosotros.

—Habrá tiempo para él cuando constituyamos una sociedad justa, donde nadie tenga que reprimir su Don o sufrir por desarrollarlo si no se ajusta a la normatividad. Una sociedad donde quien no desee su Don pueda acudir a mí y quien lo precise, pueda utilizarlo. Un libre comercio de Dones donde todo el mundo sea libre —repone All for One, inflexible. Las palabras le llegan a Dabi con un carisma arrollador, uno similar al que utilizó en el pueblo. Ahora es capaz de identificar cuándo usa ese Don, y se pregunta si tuvo algo que ver con el tipo de condena que consiguieron, librándose de Tártaro, compartiendo prisión—. Puede ser, pero creo que la principal razón por la que lo hicieron fue por su supuesta moralidad. Ellos no matan, sólo imparten justicia y se creen superiores por creer que realmente existe una diferencia entre lo que hacen y lo que presumen no hacer.

—Odio cuando me pierdo parte de la conversación —se queja Toga con fastidio. Aunque se han acostumbrado, a ninguno de sus compañeros parece agradarle la idea de que All for One sea capaz de detectar algunas de sus ideas o pensamientos. No desconfía de ellos, simplemente parece acostumbrado a utilizarlo todo el tiempo, pero Dabi lo encuentra molesto. No es que tenga pensamientos que necesite ocultarle a All for One, pero le agradaría tener, al menos, la privacidad de su mente, ya que siendo un fugitivo no dispone de la de su cuerpo.

—Dabi tenía algunas dudas. Quería saber si yo había conseguido influir en la que fue nuestra condena, pero me temo que sobreestima mis capacidades de ese momento, desgastado por la fuerza de All Might.

—¿Quieres decir que consideraron más piadoso encerrarnos en esa mierda de cárcel que Tártaro? —pregunta Shigaraki.

—Más bien creo que lo consideraron más piadoso que ejecutarnos.

—¡Hijos de puta! No habríamos consentido que esos cabrones os hiciesen daño —exclama Bubaigawara, discutiendo consigo mismo, algo que hace cada vez más frecuentemente desde que se desató su poder—. No importa, pagarán igual por ello. Si es necesario, destruiremos toda Tokio para acabar con el gobierno y los héroes.

—Para eso tendríamos que saber dónde están —dice Dabi, esbozando una sonrisa hastiada.

—¿Qué quieres decir? —Hasta Shigaraki se ha incorporado en el sofá, perdiendo el habitual tono de indiferencia.

—Quiero decir que no nos hemos encontrado héroes en ninguna incursión. Deberíamos tener patrullas de héroes repartidas por todo Japón intentando interceptar nuestros ataques o, al menos, responder a ellos, pero no parece que tengan prisa por ir a solucionar ninguno de los desaguisados que organizamos ni por enfrentarse a nosotros —explica Dabi.

—Eso ya lo sé. —Shigaraki resopla, exasperado.

—No son suficientes —señala Toga a la vez que sujeta la cabeza enmascarada de Bubaigawara para tranquilizarlo. Dabi teme que su mente no sea lo suficientemente estable para todo lo que queda aún por conseguir, dado que actualmente junto con Shigaraki y él mismo es la mejor baza de la Liga, pero All for One no parece compartir sus temores—. Nunca lo han sido, en realidad, sólo crearon una estructura que proyectaba una imagen que se sostiene porque todo el mundo cree en ella. Es como la policía, ¿no? Si la gente se da cuenta de que hay más personas que policías, estos pierden toda la ventaja que les confería su autoridad.

—Eso es correcto, pero mantener esa ilusión implica también aparentar hacer algo —murmura Iguchi, pensativo.

—Aun así, hemos atacado ciudades grandes —responde Bubaigawara con sorprendente claridad mental—. Deberían tener asignada alguna agencia o héroes independientes a los sitios con más concentración de personas.

—Dejad hablar a Dabi —dice All for One, interrumpiendo el torrente de palabras del resto, que se ha dejado llevar.

—Y anoche me enteré de por qué —concluye Dabi, triunfal, sonriendo más ampliamente. A él le da un poco igual la promesa de una sociedad mejor y más libre. No está seguro de que vaya a sobrevivir a ello, porque su objetivo a corto plazo es mucho más sencillo: enfrentarse a Endeavour… y matarlo con su propio fuego. Y la información que obtuvo sin pretenderlo del imbécil que quería proteger a su familia lo acerca un poco más a ese objetivo—. Están reclutando civiles.

—¿Eh? ¿Y eso qué más da? —Shigaraki se deja caer de nuevo en el sofá, un poco decepcionado por la información.

—Es porque no son suficientes. —Toga vuelve a la carga con su argumento, pero All for One levanta una mano pidiendo silencio.

—Están reclutando civiles —insiste Dabi—. Eso explica por qué la gente ha tardado en hablar de nosotros. Hay algo que no ha salido en las noticias y que nos ha pasado desapercibido. Han reclutado personas con Dones útiles para entrenarlas y creo que los héroes están con esas personas.

—Están planeando algo grande, algo que no quieren que sepamos —dice Bubaigawara, nervioso—. No, son demasiado cobardes. Nos tienen miedo.

—Es fácil de comprobar. Preguntemos a los próximos que nos encontremos. Si nos dan información interesante, podemos dejarlos con vida —murmura Shigaraki, que ha perdido el interés en la conversación.

—Tengo una idea mejor. Kurogiri, nos vamos. —All for One hace un gesto para que se levanten. El resto se incorpora y lo mira con diferentes grados de sorpresa o fastidio. Dabi, metiendo las manos en los bolsillos, es el primero en seguirlo, intuyendo qué van a hacer.

—¿Adónde? —pregunta Toga con curiosidad y levantándose con agilidad.

—A Hosu, a cazar héroes. Ahora que tenemos todas las piezas del puzle, vamos a encajarlas y asestar un golpe tan fuerte que no puedan levantarse. —El tono de All for One hace que el pelo de la nuca de Dabi se erice—. Destruye este refugio, Dabi.

—¿No vamos a volver? —pregunta Toga, un tanto decepcionada. Dabi la comprende, resulta agotador buscar un lugar nuevo donde esconderse cada vez y no han encontrado un lugar tan bien situado como este, en uno de los barrios periféricos de la ciudad de Tokio, que pensaban utilizar como base para atacar la capital del país.

—Necesitamos una distracción. Si la policía está más preocupada por un incendio de la Liga de Villanos en Tokio, nuestra pequeña cacería en Hosu pasará más desapercibida.

El Don de Shigaraki es más impactante a nivel psicológico, por lo que han podido ver en las noticias. Ha conseguido desarrollarlo tanto que en una de las incursiones destruyó varios bloques de edificios de una calle entera con sólo rozarla con los dedos, reduciendo a polvo todo, sin prácticamente restos. Habían hablado de ello en todos los programas de la televisión con evidente temor. Sin embargo, el fuego azul de Dabi es mucho más llamativo a kilómetros de distancia y hace que las cámaras de la televisión se fijen en él mientras los bomberos tratan de apagarlo. Cuando se marchan, el edificio arde con fuerza después de que Kurogiri los teletransporte a apenas un kilómetro de allí, en la misma ciudad.

Les lleva casi toda la tarde, pero lo consiguen al filo del anochecer, casi por casualidad. Uno de los Dones de All for One, arrebatado a una heroína profesional poco antes del desastre de Kamino, le ha permitido rastrear hasta encontrar un Don fuerte y entrenado que destaque. En la propia ciudad de Tokio, donde estaban, habría sido imposible, pero peinar el distrito de Hosu con la ayuda de Kurogiri es pan comido. Finalmente encuentran a un héroe muy implicado en el papeleo administrativo que tiene entre manos.

Ha intentado oponer resistencia. Su Don es interesante, transforma todo lo que toca en agua. Tampoco les ha dado tiempo a averiguar mucho más, porque el héroe ha conseguido convertir en agua una de las jeringuillas de Toga y un par de dobles de Bubaigawara antes de caer preso y darles margen suficiente para registrar la agencia, que apenas ocupa una planta de un edificio. Atestada por la presencia de todos ellos allí, no es especialmente importante y parece dedicada más a apoyo urbano al cuerpo de bomberos que a lidiar con verdaderos villanos, lo cual explica la escasa resistencia física que opone el héroe, con el que lidian Iguchi y Bubaigawara al mismo tiempo que Shigaraki destruye armarios y mobiliario de manera aparentemente aleatoria y Toga y Dabi rebuscan entre ellos una vez abiertos, tratando de encontrar pistas sobre el reclutamiento de civiles.

—¡No pienso deciros nada! —responde ante una pregunta formulada con el Don de carisma de All for One. Dabi no puede evitar sentir admiración ante la determinación para resistirse que tiene el héroe.

—No va a decirnos nada —dice Bubaigawara dramáticamente, para acto seguido encararse con el hombre. Iguchi está controlando la cuerda constantemente, no se fía de que el héroe no sea capaz de diluir sus ataduras, aunque Dabi supone que, si pudiese, ya lo habría hecho y que debe de funcionar de una manera similar al de Shigaraki, que se activa sólo en una circunstancia determinada—. Con que nada, ¿eh? Sería una pena que alguien te dejase la nariz chafada, con lo bonita que es, ¿sabes? Tienes una nariz preciosa, todo sea dicho. ¿Verdad que tiene una nariz preciosa, Toga?

—Joder… —susurra Dabi, exasperado por el comportamiento de Bubaigawara. Iguchi intercambia una mirada fugaz con él y se vuelve a centrar en el héroe. Repasa una vez más, concienzudamente, todos los nudos. A pesar del dominio de su Don, no ha sido difícil reducirlo sin hacerle daño cuando han atacado todos a la vez, en mayoría numérica. Como les ha recordado All for One, lo necesitan vivo. Al menos por ahora.

—¿Encontráis algo? —pregunta All for One.

—Listas de nombres —informa Toga, que está revolviendo la oficina entera sin ningún tipo de consideración en busca de alguna pista—. Sólo enormes tacos de papel con nombres, nombres y más nombres.

—¿Dónde estamos exactamente, Kurogiri? —pregunta Dabi, intrigado, acercándose a Toga. El nomu está en un rincón, observando cómo revuelven.

—En el norte de la ciudad de Hosu, a un par de centenares de metros del hospital. —Dabi entrecierra los ojos, tratando de recordar de qué le suena—. Capturaron a Stain el Asesino de Héroes a unas pocas calles de aquí.

—¿Y sólo hemos encontrado una agencia con un solo héroe en Hosu? —pregunta Shigaraki, que colabora en la búsqueda aplicando su Don de manera controlada en los archivos y cajas fuertes cerrados con llave o códigos de seguridad, arrastrando las palabras—. Déjame que vea alguna de esas listas.

—Nombres de civiles, listados enteros de familias y padrones relacionados con agencias de héroes —dice Dabi, leyendo por encima de su hombro.

—Civiles y héroes… ¿Investigando sus lazos con la Liga, quizá? —aventura Iguchi. All for One niega con la cabeza. Hace demasiados años que están encerrados en una cárcel, no ha reconstruido aun una red que permita que los héroes pierdan el tiempo tratando de encontrarlos por ese lado—. ¿Entonces? No nos sirve de nada.

—Sí nos sirve —contesta All for One, señalando al héroe. Dabi sigue la línea de sus dedos y comprende. El hombre está mirando con pánico los montones de papeles que están revisando cuando hasta ese momento había estado mucho más seguro y envalentonado. Esa información es importante y el héroe no quiere que ellos la tengan o accedan a ella.

—¿De dónde lo habéis sacado? —pregunta a Toga.

—Del fichero de mayor seguridad que había —contesta Shigaraki en su lugar, acercándose de nuevo y sacando otro montón de ficheros de él y tirándolos encima de la mesa sin ningún tipo de cuidado—. Cualquiera diría que ahí sólo guardarían los documentos importantes como la contabilidad, la información confidencial de los héroes de la agencia… esas cosas. No todas estas toneladas de papel. ¿Es que no conocen los registros digitales?

—Entonces, es que es importante —murmura Dabi.

—No quieren dejar un rastro digital que pueda ser encontrado en la red —dice All for One.

—¡Gastan y gastan papel! ¡Y pretenden ser héroes! —grita Bubaigawara, moviendo la cabeza bruscamente. Acto seguido, amenaza al héroe con una navaja. Dabi pone los ojos en blanco, rebuscando entre los ficheros que ha sacado Shigaraki—. Va a ser un rollo leer todo eso. Si tú hablas, nos ahorrarás un tiempo muy adecuado y así Dabi podrá quemarte vivo antes de cenar. ¡Pero no puedes decir nada, porque eres un héroe y guardas lealtad a tus compañeros! ¡Qué admirable eres! A lo mejor podrías ser mi héroe favorito si fueses a pasar de esta noche.

—Jin tiene razón —murmura Toga.

—¿Va a ser su nuevo héroe favorito? —pregunta Dabi con sarcasmo.

—Va a ser un rollo leer todo esto —dice Toga, inmune a su tono. Dabi apenas la escucha, porque el nombre de Endeavour en la parte superior de uno de los documentos le llama la atención.

—Asignan zonas a héroes y luego a instalaciones militares. —Apenas presta atención a Shigaraki, leyendo rápidamente el listado que tiene en la mano, que corresponde a las personas de la región de Shizuoka asignadas a la agencia de Endeavour. Justo detrás, un listado de Dynamight. Después, de Fat Gum. Otro de Best Jeanist. Uno de Phantom Thief, el héroe que han matado unas semanas atrás. Regresa de nuevo a los listados de Endeavour y Dynamight, leyendo con atención.

—¡Es información clasificada! ¡No tenéis derecho a…! —protesta el héroe. Un puñetazo de Iguchi lo hace callar al instante.

—¡Calla! —grita Bubaigawara, zarandeando al héroe. Iguchi, preocupado porque el héroe pueda aprovechar para hacer algo o las ataduras se aflojen, lo obliga a parar. Bubaigawara sonríe bajo la máscara de tal manera que se le marca en la tela exterior—. ¡Qué admirable valentía!

—Las agencias de Endeavour, Dynamight, Fat Gum y Best Jeanist están asignadas al mismo complejo militar de Shizuoka, muy cerca de Musutafu —comenta Dabi en voz alta. Toga coteja la información con la que ella tiene entre manos, asintiendo—. Tiene sentido, Hamamatsu es donde está la agencia Endeavour. Y juraría que todas las demás agencias pertenecen a la región de Shizouka. Al menos, Endeavour tiene una sucursal en Musutafu, que dirige su hijo.

—¿Cómo sabes eso? —pregunta Bubaigawara—. Yo también debería saberlo. Joder, Dabi, eres un jodido genio.

—He podido ver noticias antiguas —explica Dabi, que es una de las cosas que ha intentado hacer en los saqueos: informarse del panorama actual tras diez años de ausencia—. ¿Hay alguna dirección que indique dónde está el complejo o que mencione algún otro lugar?

—No. Sólo que están asignados ahí, y creo que eso es porque todos los héroes o la gente de la región de Shizuoka han sido destinados concretamente en ese —confirma Shigaraki.

—O sea, que hay más —dice Toga. Dabi asiente. Sin embargo, el que más posibilidades tienen de averiguar dónde está es ese. Al menos saben que está cerca de Musutafu.

—Para entrenarlos y combatirnos —murmura Iguchi. Dabi asiente. La información del hombre, proporcionada sin querer, ha resultado más que útil. Al menos, ahora Dabi sabe dónde está Endeavour.

—Tendríamos que encontrar el complejo militar si queremos que sirva de algo. Podríamos rastrear toda la periferia de Musutafu —dice Dabi, que está dispuesto a hacerlo con tal de llegar hasta Endeavour.

—No será necesario —dice All for One, que se acerca al héroe y se inclina ante él, encarándose a escasos centímetros. El héroe hace un gesto de asco involuntariamente, echando la cabeza hacia atrás, pero pronto parece recuperar el valor y le sostiene la mirada.

—Podías haber empezado por ahí —dice Shigaraki con fastidio, tirando el fichero que está revisando al suelo.

—No habría funcionado. Es un Don que necesita… una conexión especial. Por eso con vosotros me funciona tan bien —explica All for One, sin apartar la mirada del héroe—. Tampoco lo tengo muy entrenado, apenas recordé que lo tenía hace unos meses. Además, sólo puedo ver retazos en la mente de alguien con quien no tengo ninguna afinidad, pero si sé qué es lo que tengo que buscar, es más fácil encontrar lo que deseo.

—No creo que debas forzarte —murmura Iguchi, preocupado. Desde que combatieron contra Phantom Thief, All for One ha ido dando muestras sucesivas de agotamiento. Primero, su idea de poner en práctica un planteamiento similar al del Don del héroe que derrotaron, rebuscando en su interior Dones útiles para todos ellos que puedan combinar con los suyos, y ahora emplear Dones de manera continua. Dabi no sabe bien a qué se debe exactamente, si es algo relacionado con el Don de All for One o con su estado físico, pero es evidente que le ha pasado factura y le cuesta trabajo moverse y actuar.

—Un ejército —dice Dabi de pronto, mientras All for One intenta descifrar la mente del héroe—. Los muy cobardes pensaban que no atacaríamos mientras forman un ejército. Por eso no hay héroes y parece que les da igual que ataquemos.

—Civiles siendo entrenados por los héroes para hacernos frente cuando se vuelva a producir lo de Kamino. —Iguchi ha hecho la misma deducción por su cuenta—. Pretenden crear un martillo gigantesco que nos aplaste.

—Más bien quiere crear un yunque —dice Shigaraki con voz despectiva—. Ya tienen un martillo, todos los puñeteros héroes de este país con sus aires de nobleza y salvamento podrían aplastarnos con superioridad numérica.

—Podían —se apresura a matizar Bubaigawara, riéndose. Toga le hace un gesto de que guarde silencio, como una especie de juego infantil en la que se guardan secretos que vuelve a hacer que Dabi ponga los ojos en blanco.

—Y ellos —continúa Shigaraki, dejando caer las cenizas del fichero que tenía en las manos hasta que lo ha destruido, fruto del cabreo—, que son tan nobles y tan puros, que buscan la paz mundial y una sociedad mejor, están entrenando a gran parte de esa sociedad para construir una pared contra la que podamos chocarnos. Un puñado de personas que sacrificar a manos de los villanos mientras el martillo golpea a estos con fuerza.

—No tiene sentido —niega Bubaigawara.

—Tampoco lo tiene que nos siguiera con un dron y no atacasen —dice Iguchi.

—Alguien tiene sus propios planes —dice All for One, todavía encarado al héroe—. Al margen de los héroes, del gobierno. Ese ejército, como nosotros, somos peones en sus manos, pero encontraremos la manera de volver la situación en nuestro beneficio.

Al comprenderlo, Bubaigawara empieza a reír descontroladamente. El resto del grupo se queda en silencio, incluso el héroe, que parece totalmente aterrado. Probablemente, acabe de darse cuenta de que él también es una marioneta, a juzgar por su expresión de comprensión. «Muy típico», piensa Dabi, que cada vez que cree que un organismo como la Comisión nunca podría ser más despreciable, vuelve a sorprenderle con alguna bajeza nueva.

—Y por esto, hijos míos, Japón necesita una nueva luz, una nueva esperanza —dice All for One, Iguchi asiente incondicionalmente, olvidando su habitual flema. No es el único, Dabi también siente el tirón del Don de carisma—. Un mundo donde los Dones sean algo más que reprimir o explotar a conveniencia de una élite que gobiernan unos pocos. No es sólo la Comisión de héroes y el sistema con el que gobiernan: el propio gobierno ha traicionado a la nación nipona y somos nosotros quienes tenemos que volver a poner orden aquí.

—El problema —interviene Shigaraki, arrastrando las palabras de nuevo—, es que la gente no es capaz de esto. Si los héroes les dicen que callen, callan. Si les dicen que salten, saltan. Si les ordenan tirarse a la hoguera, se quemarán sin proferir un grito de dolor.

—Yo no estaría tan seguro —murmura Dabi, pensando en el chico y en la familia. En lo fácilmente que se pueden volver las tornas y surgir el caos y la duda cuando no hay un faro de moralidad que marque el camino.

—Ya lo tengo. Sé dónde está —dice All for One finalmente, separándose del héroe.

—¿Seguro? —pregunta Iguchi. All for One no se ofende por la pregunta.

—A unos pocos kilómetros de Musutafu, como ha dicho Dabi. Si Kurogiri nos acerca hasta allí, podré transportaros yo mismo.

—Tendremos que elaborar un plan de ataque. —Bubaigawara parece entusiasmado—. ¡Ataquemos sin piedad!

—Y tú… —dice Iguchi, dando una patada al héroe en la cara, partiéndole la nariz—. Al final ni siquiera has sido de utilidad, hemos tenido que arrancarte la información. Eres escoria, falso héroe.

—Mátalo ya, Iguchi, y déjate de teatros —gruñe Shigaraki.

—¡Espera! —Toga se acerca y, trasteando en los bolsillos de su abrigo, saca una jeringa. Clavándola sin piedad en el cuello del héroe, la llena con su sangre sin ningún miramiento por el gesto de dolor sollozante que emite el héroe—. Ya está. La sangre conservará su Don y podré utilizarlo si es necesario —explica Toga, probando una gota de sangre que resbala de la punta de la fina aguja.

—Es una buena idea —aprueba All for One.

—Sois unos hijos de puta —masculla el héroe entre dientes. Todos se ríen al oírlo. Han tardado mucho en romperlo y es irónico que haya sido Toga quien finalmente lo haya conseguido—. No conseguiréis vuestro propósito. Cientos de personas os van a hacer frente, antes o después acabaréis donde teníais que haber acabado hace diez años: en un cementerio. Pagaréis por lo que estáis haciendo.

Con fuerza, escupe un salivazo que impacta en la camisa de All for One. Este, un tanto desconcertado, lo mira antes de reírse suavemente, como un padre que observa una travesura de su hijo más mimado y que está dispuesto a perdonarlo por lo que ha dicho.

—¿Cuál es tu nombre? El de héroe —insiste al ver que el hombre no está dispuesto a hablar. Sin perder la paciencia, lo mira durante varios segundos, esperando la respuesta.

—Manual —dice finalmente el héroe.

—No es el colmo de la originalidad —susurra Shigaraki. Dabi también ha puesto los ojos en blanco.

—Bien, hijo mío. Dentro de unas semanas, en Japón, veneraremos la memoria de Manual como el hombre que nos permitió llegar a la información que necesitábamos para vencer a los héroes y su patético ejército de moscas sacrificables e instaurar un nuevo orden —dice All for One en un tono cruelmente afable—. Ojalá tu familia viva todavía para oír de tus hazañas y de tu colaboración y estén tan orgullosos de ti como lo estará el resto del país.

—Maquiavélico —aprueba Dabi, entrecerrando los ojos y resoplando en un conato de carcajada que no llega a materializarse del todo.

—¡No lo permitiré! —El héroe forcejea y, como Iguchi ha estado temiendo durante todo este rato, consigue diluir las cuerdas en agua y liberarse, lanzándose directo hacia All for One.

Sin embargo, ninguno de los villanos se preocupa. Toga y Bubaigawara se ríen, Shigaraki suspira y Iguchi desenvaina la espada. Dada la implacable resistencia que ha puesto, todos han imaginado que el héroe estaba esperando un momento óptimo para lanzarse hacia adelante y pelear. Para su desgracia, ha esperado demasiado y ya es tarde. Cuando está a punto de alcanzar a All for One, este reacciona con unos reflejos sorprendentes, sujetando la cara del héroe en su mano antes de que el héroe lo toque con las suyas.

Dabi asiente, satisfecho, al ver que el héroe actúa con rapidez, sujetando la muñeca de All for One entre sus manos, pero no ocurre nada. Al contrario que antes, cuando todo lo que tocaba podía convertirse en agua, el brazo de All for One permanece indemne. El héroe, desconcertado, tarda unos segundos en comprender qué está ocurriendo. Con los ojos desorbitados, intenta defenderse físicamente y consigue que All for One lo deje caer al suelo, pero ya es tarde. Dabi ve cómo el héroe toca varios objetos a su alrededor, tratando en vano de convertirlos en agua.

Un gemido ahogado precede a un sollozo y al total derrumbe de alguien que ha vivido toda su vida pavoneándose por un Don que no ha elegido, no se ha ganado y que le ha dado más reconocimiento y respeto del que merecía.

—Un Don interesante —murmura All for One, mirándose la mano con interés. Roza con el dedo índice una de las mesas, provocando una pequeña cascada de agua que se derrama por el suelo de la habitación, mojándoles los zapatos y empapando los ficheros que han caído al suelo—. Espero que me sea útil. Seguramente alguien que comprenda mejor nuestro proyecto que tú será capaz de apreciarlo mucho mejor y lo agradecerá mucho más.

—Vámonos, maestro —dice Shigaraki, hastiado de la situación, dirigiéndose hacia la puerta de salida—. Que Dabi haga arder todo en llamas y acabemos de una vez.

—Demasiado llamativo —dice Dabi, negando con la cabeza—. Se quemaría el edificio completo y los adyacentes. Sabrían que hemos estado aquí.

—Pensaba que de eso se trataba —responde Toga, desconcertada.

—Se han tomado demasiadas molestias en ocultar el reclutamiento de civiles y su reunión en complejos militares. —Varios de sus compañeros hacen un gesto de comprensión, pero Dabi termina de explicarlo igualmente. Quiere que el héroe lo oiga—. Es mejor que no sepan que hemos estado aquí el máximo tiempo posible. Tal y como esto está ahora, podría parecer que lo han saqueado. Simpatizantes nuestros, quizá, pero no necesariamente nosotros. Quemarlo o reducirlo a cenizas sería ponerle nuestro sello, comprenderían que tenemos la información que llevan meses intentando no airear a los cuatro vientos y se pondrían alerta.

—Por mí bien —dice Shigaraki.

—Sólo hay que quitar de en medio al único testigo y dejar el resto tal cual —insiste Dabi, mirando las escasas cenizas que hay flotando en el agua, fruto de los armarios que ha forzado Shigaraki, sin duda no suficientes para relacionarlas con el desastre que este puede causar—. No hemos visto héroes desde hace días, nos ha costado encontrar a este y está solo. Quizá ni siquiera debería estar aquí. Tardarán unas horas, quizá un par de días si tenemos suerte, en echarlo de menos. Y nosotros habremos podido coger ventaja para ese momento. Incluso aunque vengan aquí e investiguen, no sabrán a ciencia cierta que hemos sido nosotros hasta que sea demasiado tarde.

»Las agencias de tres de los mejores héroes del país están reunidas en un complejo militar cuya ubicación conocemos. Sólo necesitamos un buen plan de actuación y con el golpe que daremos nos estaríamos quitando de encima más de la mitad de plan de contingencia del gobierno y la Comisión —concluye Dabi, dejando caer los ficheros secos, que ha conservado en sus manos todo el tiempo, al suelo húmedo.

—Sois unos cabronazos —masculla el héroe desde el suelo.

—Es una idea brillante, desde luego. Vamos a tener que sentarnos y planearlo. Quizá vigilar unas horas el complejo a ver cómo funciona o qué hacen exactamente allí, pero atacarlo debería ser pan comido —asiente Iguchi, apoyándolo.

—Eso sí: Endeavour es mío —les recuerda Dabi.

—Por supuesto —asiente All for One—. Bien, tenemos un plan. O el esbozo de uno. Iguchi, Tomura, si hacéis el favor…

Iguchi clava su espada en el muslo del héroe, que aúlla de dolor. El agua que cubre el suelo se tiñe de sangre. Intercambia una mirada con Shigaraki, que asiente, acercándose al héroe y mirándole durante un segundo con la cabeza ladeada, como si buscase algo en su mirada. Algo que no encuentra, a juzgar por cómo coloca sus dedos encima de su rostro, obligándolo a deshacerse en diminutas partículas que revolotean por la habitación antes de posarse, como plumas, encima de los charcos de agua del suelo. Dabi aplasta algunas de ellas con el pie y comprueba, satisfecho, que para cuando alguien quiera descubrir lo que ha pasado ahí, probablemente ya no queden suficientes pavesas como para incriminarlos directamente.

—Kurogiri. Sácanos de aquí —ordena All for One—. Llévanos donde te plazca, hay un montón de héroes profesionales vanidosos que debemos destruir.

Mientras la sombra de Kurogiri los cubre a todos en su manto de oscuridad, Dabi ya está anticipando el placer de ver a Shigaraki destruyendo, con su descubierta potencia de ataque en un desarrollo del Don que los héroes no deben esperarse ni siquiera tras lo visto en Nagasaki, un complejo militar entero. Menos Endeavour. Eso será tarea de sus llamas. Ni siquiera se siente satisfecho por destruir un objetivo militar y estratégico tan importante porque, como ha podido ver en la actitud del héroe, roto cuando le han quitado el Don y le han asegurado los detalles de cómo mancillarán su memoria, el golpe anímico a la población, el gobierno, la comisión y los héroes, sobre todo los héroes, será tan fuerte que no podrán recuperarse de él. A partir de ahí, conquistar Japón le parece pan comido.

Cuando consiguen encontrar un lugar donde dormir y descansar ya está amaneciendo. No obstante, ninguno de ellos necesita intercambiar palabra para asumir, tácitamente, que dormir puede esperar un poco más. Todos están imbuidos de esa energía que hace que estén deseosos de hacer algo, que les piquen las puntas de los dedos con las ganas de desatar sus Dones y comenzar a materializar, esta vez de verdad, sin juegos de allanar casas de ciudadanos de a pie, el plan que han concebido. Tras planear el ataque, en una cama más blanda de lo que está acostumbrado, anticipando la destrucción, Dabi duerme a pierna suelta, tranquilo por la idea de que, en unas pocas horas, antes de que amanezca un día nuevo, los principales héroes de Japón estarán siendo reducidos a cenizas.


NdA. Hasta aquí «Una oportunidad». Con este capítulo, superamos las 100k palabras de fic publicadas. Algo menos de un tercio. Wow. Y entramos en la última recta de esta segunda etapa del fic.

Dos cosillas: El distrito de Hosu, según Google, está a varias horas de Tokio. Pero es canon en BNHA que Manual está en Hosu y que Hosu está en Tokio, así que así se queda. (O lo he entendido todo mal, que también es una posiblidad). No sabemos bien cómo funciona el Don de Manual, más allá de cómo lo usa en Aizawa, así que me he permitido fantasear y determinar que convierte lo que toca en agua que puede manipular, pero eso no es canon en absoluto.