Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

¡Entramos en el tramo final del Libro 2: Todo un héroe haré de ti! "Sólo" quedan tres capítulos. Y como creo que se veía venir, decidí dejarle este título a este capítulo, jajaja.

¡Muchísimas gracias por leer y comentar!


EL COMPLEJO EN LLAMAS (PARTE I)

—¿Aire, dices? —Izuku asiente y lo mira, expectante y un poco nervioso, reprimiendo el impulso de trasladar el peso de un pie a otro con el entusiasmo de un niño pequeño. Katsuki ladea la cabeza y entrecierra los ojos, pensativo.

Al final, el amanecer ha sorprendido a Izuku en el taller, trabajando en los guantes. Al terminar, frotándose los ojos, que le picaban por culpa del cansancio, ha tenido que entrar en la habitación a hurtadillas para no despertar a Sero y Kaminari, se ha vestido con el uniforme deportivo y ha salido corriendo hacia el pabellón beta. Aunque Katsuki le ha gritado por llegar con un poco de retraso, después ha sido menos exigente que los días anteriores en las tandas de ejercicios, adivinando que Izuku no ha dormido en toda la noche, algo que este ha agradecido en silencio, pues todos sus músculos protestan por la falta de descanso.

Tras la comida, cuando ha llegado el momento de entrenar los Dones, Izuku le ha explicado al héroe los cambios en los que ha trabajado durante la noche, inspirado concretamente en la referencia a la admiración hacia All Might que comparten. Trabajar en los audífonos de Katsuki y que este los aprobase lo ha entusiasmado y ha espoleado su creatividad tanto como conseguir un avance significativo.

—Puede funcionar —asiente Katsuki al cabo de unos segundos. Izuku querría preguntarle por todas las ideas que han cruzado por su mente en los segundos que ha dedicado a pensar en ello, pero al final se muerde el labio para reprimirse y se limita a asentir también, aliviado por haber obtenido ante la aprobación del héroe—. Se parece a mi AP Shot, en cierto modo.

—¡Sí! —Izuku se sonroja, avergonzado, porque efectivamente ese ataque ha sido su otra inspiración, junto con la forma de trabajar del Don de All Might—. Aunque en realidad yo no voy a poder generar ninguna explosión con el disparo.

—Veamos entonces si tu puntería sirve para algo, nerd. —Izuku asiente de nuevo, entusiasmado, y se coloca los guantes.

La noche anterior, después de que Katsuki abandonara el taller dándole permiso para llamarle por su nombre, Izuku se había quedado inmóvil, desconcertado por el rumbo de la conversación. Después, había repasado obsesivamente todo lo ocurrido entre la airada discusión en el campo de entrenamiento y el momento en el que Katsuki se había colocado los audífonos, pero aquello le había confundido más, pues no sabe qué pensar sin malinterpretar la situación. De lo que no le cabe duda es que, a pesar de su pequeña pelea, Katsuki sigue estando dispuesto a pasar tiempo entrenándolo, a escucharle y ayudarlo a mejorar. Y, si se siente un poco culpable por continuar mintiéndole respecto a su Don, recordar lo bien que se siente pasar unas pocas horas con Katsuki en el taller o entrenando y la ilusión que le hace entrenar con él es suficiente para aplastar dicho sentimiento en el fondo de su estómago e ignorarlo de manera eficaz, al menos hasta que se aleja de él.

Ahora está ilusionado. En el entrenamiento grupal de por las mañanas Katsuki no se centra en ningún recluta en concreto, pero en el entrenamiento de Dones se enfoca en Izuku exclusivamente. Ni siquiera es consciente del murmullo que les rodea, fruto de todos sus compañeros entrenando y esforzándose a su alrededor. Es la sensación irreal de ser el protagonista de una película donde todo lo demás se convierte en una pantalla de fondo mientras él camina sobre un manto de plumas que lo llevan flotando.

Lo peor: que sabe que se le nota en la sonrisa bobalicón que esboza en cuanto el héroe se acerca a él o le habla, pero es incapaz de evitarlo o reprimirse mientras Katsuki está cerca, aunque después se arrepienta de ello.

—El objetivo es que la fuerza se condense. Al cerrar el puño, consigo comprimir un trozo de aire y golpearlo hacia adelante. El guante ayuda a concentrarlo y dispararlo a gran distancia. Puede parecer poco, pero no deja de ser una bala de aire concentrado a muchísima velocidad, así que el impacto puede llegar a ser doloroso o incluso noquear, si acierto en ciertas partes del cuerpo contrario —explica Izuku mientras flexiona los dedos y apunta a la diana que Katsuki está instalando a varios metros de distancia.

—Deja de murmurar, joder. Cállate y limítate a dispararlo. —Katsuki se coloca a su lado, con un resoplido disgustado—. Quiero ver qué potencia y distancia tiene y si deja alguna marca en la diana.

Izuku asiente, concentrándose. Se arrepiente de no haber instalado una mira telescópica similar al Don de Hatsume, pero no se le ha ocurrido cómo hacerlo y que no quede destrozada en el primer impacto cuerpo a cuerpo que se produzca, así que lo ha descartado. También ha omitido en su explicación que es el propio guante el que activa un mecanismo de retención de aire, similar a un sistema de bombeo, y que son unos pistones los que dan fuerza a dicho aire para suplir la falta de Don, pero parece que Katsuki no está inclinado a cuestionarse el funcionamiento y le basta con las explicaciones de Izuku. Afortunadamente, porque para que algo así funcionase, Izuku necesitaría un Don con una fuerza equivalente a la de All Might, que conseguía impactos a través de golpear el aire, algo de lo que está muy lejos cualquier resultado obtenido hasta ese momento con los guantes, así que espera sinceramente que nadie piense demasiado en ello y que todo el mundo siga asumiendo su versión con naturalidad, o todo se desmoronará como un castillo de naipes.

—No sé si prefiero que te aísles en tus pensamientos y me ignores o que murmures. Al menos con lo segundo me entero de qué estás pensando. —La voz de Katsuki interrumpe los pensamientos de Izuku, que se ha distraído repasando obsesivamente el mecanismo de aire comprimido. Este se sonroja y lo mira esperando no encontrarlo muy enfadado por ignorarlo, pero Katsuki parece más resignado que otra cosa. De nuevo, una oleada de culpabilidad lo invade. La única razón por la que el engaño funciona es porque todo el mundo está predispuesto a creer que todo el que ha llegado hasta allí tiene Don y, por supuesto en el propio Izuku. No tienen razones para desconfiar de él. Lo último, sobre todo, hace que se sienta aún peor engañándolos, porque los consejos intencionados y los gritos de ánimo de sus amigos son sinceros. Katsuki suspira, exasperado, e Izuku se da cuenta de que ha vuelto a perderse en sus pensamientos.

—Lo siento —dice, haciendo un mohín con los labios para intentar ganarse el perdón del héroe. Katsuki lo taladra unos segundos con la mirada, apretando la mandíbula, pero unos instantes después se relaja e Izuku podría jurar que hay un atisbo de sonrisa en la comisura de sus labios.

—Venga, veamos qué puedes hacer con esto. —Tras decir eso, Katsuki se coloca justo detrás de Izuku, tan cerca que este puede notar su calor corporal a través de la camiseta y el aliento del héroe golpearle los rizos la nuca suavemente, erizándole los cortos cabellos verdes que hay bajo su melena con un estremecimiento de placer. Concentrándose, cierra los ojos y contiene la respiración mientras activa el mecanismo del guante. Abre un ojo, apunta y compensa con el hombro el retroceso del guante al disparar la bala de aire. Katsuki está tan cerca de él que roza momentáneamente su cuerpo con su espalda, haciendo que Izuku se sonroje de nuevo.

—Creo que no has dado en la diana, joder —protesta Katsuki con un gruñido, devolviéndolo a la realidad—. No puedo asegurarlo, porque apenas se ve el movimiento del aire, pero… Vuelve a intentarlo. —Izuku obedece, pero Katsuki vuelve a resoplar, disgustado—. Así no.

Katsuki le sujeta el brazo, reorientándolo unos centímetros a la izquierda y, sin soltarlo, le ordena disparar. Izuku lo hace y esta vez sí, la diana vibra durante unos segundos por la fuerza del impacto. Izuku, satisfecho, repite los disparos mientras Katsuki lo ayuda a apuntar corrigiendo la orientación del brazo milimétricamente, con cuidado. Finalmente, tras varios intentos, lo suelta y le permite que lo intente por sí mismo, pero no se aparta de su lado. Habiendo comprendido la forma de hacerlo, Izuku practica durante un buen rato bajo la atenta mirada del héroe, observando con deleite cómo la diana vibra y varias muescas van apareciendo en la diana, mostrando sus progresos con la puntería.

—Creo que lo tengo —dice finalmente Izuku, volviéndose hacia Katsuki cuando sus últimos seis impactos han dado en el centro de la diana, incluyendo dos que han impactado exactamente en el mismo lugar, uno sobre otro.

—Sí —asiente Katsuki, que todavía está serio. Izuku se da cuenta en ese momento de lo cerca que están los dos. La frente de Izuku queda a la altura de los labios de Katsuki, obligándolo a levantar la vista para establecer contacto visual con el héroe, que mira hacia debajo con una expresión extraña en los ojos.

—Muchas gracias. —Izuku consigue no tartamudear, totalmente atrapado por la mirada de los ojos rojizos de Katsuki. Se muerde el labio y sonríe inconscientemente. Casi puede llegar a notar el pecho de Katsuki rozar el suyo cuando ambos respiran al unísono—. No lo habría conseguido si no hubieras corregido mi puntería, se nota que llevas años practicando con tu ataque…

—Ahora me dispararás a mí —lo interrumpe Katsuki, rompiendo el instante. Izuku lo mira, perplejo, reprendiéndose mentalmente por quedarse absorto en la mirada del héroe—. Tiene poca fuerza y disminuye cuanto mayor sea la distancia. Quiero constatar por mí mismo a partir de qué punto dejan de ser simples golpes de aire inofensivos.

—Pero… —Izuku frunce el ceño. Es cierto que no parece gran cosa, pero no quiere experimentar directamente contra alguien si no es una situación desesperada.

—Mira las muescas que has hecho en la diana —dice Katsuki, impaciente, colocándose delante de él a unos pasos de distancia. Izuku mira sus guantes y luego la diana, dándose cuenta de que Katsuki tiene razón—. No me harás ni siquiera moratones a esa distancia. Sólo dispara, joder.

—De acuerdo —suspira Izuku, apuntando cuidadosamente.

El primer intento golpea el pecho de Katsuki con suficiente fuerza como para hacerle soltar un resoplido que alienta a Izuku a seguir probando con un nuevo impacto cada vez que Katsuki da un paso atrás.

—Seis metros —dice Katsuki finalmente con un gesto de aprobación. Recoloca la diana justo a esa distancia y vuelve a acercarse a Izuku—. Sabiéndolo, vamos a centrarnos en la puntería… en movimiento. ¿Has oído hablar del test de Course-Navette? —Los ojos de Izuku se abren de par en par, recordando una de las pruebas físicas que, aunque nunca le dio demasiados problemas, menos le gustaban del instituto—. Prepárate, nerd, porque hoy vas a correr de lo lindo —concluye con una sonrisa maquiavélica.

A la hora de la cena, cuando Izuku por fin consigue dejarse caer en el asiento de la mesa del comedor con una bandeja repleta de comida, todos sus músculos protestan, pero está contento con el resultado del entrenamiento. Katsuki ha cumplido su promesa de hacerle entrenar duro, pero ha dado buen resultado. Hacia el final del entrenamiento, Izuku ha conseguido acertar a Katsuki mientras ambos estaban en movimiento en tres ocasiones consecutivas, además de incrementar la fuerza de los impactos al conseguir acumular más cantidad de aire a presión antes de disparar. Con un poco más de práctica, cree sinceramente poder combinar las utilidades del guante con la forma física y las habilidades de pelea que Katsuki le está ayudando a conseguir y hacer un buen papel en todo este embrollo.

—¿Y bien? —pregunta Hatsume, sentándose enfrente de él con su propia bandeja y guiñándole un ojo. Con un gesto distraído para ganar tiempo, Izuku se recoge algunos de los mechones del pelo, todavía húmedos por la ducha, y los peina con los dedos hacia atrás para evitar que se le peguen en la frente.

—He conseguido muchos progresos —dice Izuku, tentativamente, aunque por el guiño de Hatsume, teme que no es la respuesta a la pregunta que ella ha formulado—. No tengo mucha potencia de fuego, pero al menos conseguiré… —Hatsume finge toser, pero Izuku trata de ignorarla, sonrojándose—, creo que conseguiré poder combinarlo con…

—Iz… ¡Hisashi! —le interrumpe Hatsume, con una carcajada—. No te hagas el tonto, no te pega. Va, cuenta. —Mirando a su alrededor con aire conspirador, baja el tono de voz—. Esta mañana habéis estado entrenando a solas otra vez. No me mires así, lo sé porque has llegado al desayuno al mismo tiempo que Dynamight y los dos estabais recién duchados. Luego ha estado entrenando contigo toda la tarde y ya es el tercer día que lo hace. —Izuku abre la boca con intención de defenderse, pero Hatsume ha cogido carrerilla y levanta una mano para impedirle hablar—. Además, os he visto a los dos, juntitos, ligando mientras practicabas la puntería de esa nueva prestación que has conseguido en los guantes. Por cierto, ¿cuándo has podido mejorarlo? Hace días que apenas pisas por la habitación. No lo niegues, me lo ha dicho Kaminari, y tampoco te he visto trabajar por tu cuenta. En cualquier caso, si quieres después de la cena puedo ir a tu habitación y echarle un vistazo al mecanismo, si quieres. Siempre vienen bien dos mentes en lugar de una.

—¡No estábamos ligando! —se defiende Izuku, sonrojándose violentamente. Temiendo que Hatsume quiera indagar más sobre cómo ha trabajado en el guante, prefiere escoger el camino embarazoso y hablar de Katsuki. Además, en ese tema no necesita mentir—. Sólo estaba ayudándome a entrenar con la puntería.

—He visto los ojitos que le pones.

—¡No le pongo ojitos! —protesta Izuku, mirando también a su alrededor, completamente invadido por la vergüenza, por si acaso hay alguien más escuchando. Uraraka se dirige hacia ellos con una bandeja en las manos, sonriéndoles cuando cruzan la mirada, e Izuku se vuelve hacia Hatsume con ojos suplicantes para que deje el tema.

—¿Os habéis duchado juntos? —pregunta Hatsume con voz pícara.

—¡No! ¡Oh, dios mío, calla! ¿Cómo puedes decir esas cosas y quedarte tan tranquila? —Uraraka se sienta al lado de Hatsume, que se está riendo a carcajadas, e Izuku la saluda tímidamente, agachando la cabeza para ocultar su sonrojo.

—¿Lo dices por Ochaco? No te preocupes, ella ha apostado a que sí —dice Hatsume con una expresión maliciosa.

—¡Mei Hatsume, esa manía de apostar que tienes es…! —La advertencia de Izuku queda en el aire cuando por fin consigue procesar sus palabras—. Un momento, ¿qué?

—Sero y Kaminari dicen que anoche no dormiste en vuestra habitación, así que creí que mis posibilidades de ganar la apuesta estaban en dar por hecho que estabas con Dynamight. Se os ve que congeniáis un montón y que os gusta pasar tiempo juntos —responde Uraraka con un gesto de disculpa, encogiéndose de hombros—. Y como llegaste al entrenamiento con Dynamight y parecéis tan unidos, pensé que…

—¡No es así! —niega Izuku categóricamente, sacudiendo la cabeza, totalmente abochornado. Lo peor es que no puede decir la verdad, así que está en una encrucijada de la que no sabe cómo va a salir, porque no puede mentir diciendo que ha pasado la noche con Katsuki y tampoco decir dónde ha estado realmente. Y no se le ocurre ninguna excusa creíble para justificar su ausencia del dormitorio.

—Un momento, ¿no has dormido en tu habitación? ¡Esa información es relevante, Ochaco! Podría cambiar el curso de las apuestas. Muy mal por tu parte por no contármelo antes. —Uraraka se encoge de hombros con una sonrisa de disculpa dirigida a Izuku, que se hunde en la silla, sin saber dónde esconderse para evadirse de la incómoda conversación. Hatsume ha hablado lo suficientemente alto como para atraer la atención de otras personas. Además, un vistazo rápido al comedor le indica que Sero y Kaminari están terminando de servirse la comida y en unos pocos segundos habrán alcanzado la mesa y se unirán a la conversación también. Izuku chista a su amiga para que se calle, pero Hatsume apenas baja la voz—. ¡Madre mía, Midoriya, eres toda una caja de sorpresas!

—¡Dejad el tema, por favor! —suplica Izuku, que empieza a plantearse cuál es el límite que tiene su cara para ruborizarse. Ahora mismo, está convencido de que podría hacer tostadas en sus mejillas, pero preferiría un Don que le permitiese desaparecer de la faz de la tierra durante los siguientes minutos—. ¡No es lo que pensáis! Sólo… —Se detiene, porque sigue sin ser capaz de encontrar una excusa creíble. ¿Pasear a solas durante toda la noche? No tiene sentido, Hatsume no se lo tragaría y probablemente sólo supondría dar más munición a las sospechas de sus amigos—. Es sólo que cree que necesito más entrenamiento. En realidad… es lo de siempre: he estado tratando de mejorar para no ser un inútil que va a remolque de todos los demás, una carga a la que hay que buscar algo de utilidad que hacer —dice, desesperado.

—Eso ha sido un golpe bajo por tu parte, Hisashi Midoriya —susurra Hatsume, dolida. Izuku se arrepiente de haber utilizado esa frase para desviar la atención, pero cuando se pone nervioso suelen aflorar sus verdaderos sentimientos y pensamientos.

Además, aunque no es la verdad, sí es cierto. No puede decir que ha estado trabajando en un taller mejorando los guantes para suplir su Don, porque traicionaría la confianza que Katsuki ha depositado en él y acabaría con la farsa de su presencia en el complejo. Pero sí es cierto que ha estado entrenando sus habilidades físicas, trabajando en la eficacia y prestaciones de los guantes y desvelándose en su escaso tiempo libre para conseguir no ser un lastre por su falta de Don. Y que su éxito depende de algo que no posee, pero que todo el mundo, Katsuki incluido, cree que tiene y espera ver.

Las dos chicas se callan y el ambiente festivo y bromista se esfuma tras su burda manipulación emocional de la situación. Al verlas el rostro triste de Hatsume y la expresión perpleja de Uraraka, con el sabor amargo de las palabras en el paladar, el entusiasmo por los logros del entrenamiento difuminándose, las lágrimas agolpándosele en los ojos y el apetito perdido, Izuku es consciente de todo lo que ha dicho. Ambas chicas se muestran arrepentidas por haber llevado la broma al extremo, sobre todo Uraraka, e Izuku lamenta lo que ha dicho y cómo lo ha dicho. No es culpa de ellas, en ningún caso y ha sido injusto victimizarse justo ahora. Sentirse acorralado ha hecho que estalle una situación que lleva varios días postergando en su interior, intentando ignorarla.

—Lo siento —se disculpa en voz baja. Se muerde el labio, porque las lágrimas amenazan con caer de sus pestañas, y retuerce las manos por debajo de la mesa, nervioso.

—No eres un inútil —susurra Hatsume con voz suave y comprensiva. Sólo alguien con una amistad como la que ella le profesa sería capaz de ver el verdadero dolor de Izuku debajo de su defensa y consolarlo incluso aunque lo haya utilizado en su contra—. No lo eres. Estás aquí, uno de los mejores héroes del país se ha fijado en ti y considera que tienes el talento suficiente para entrenarte y sacarlo a la luz. No vas a remolque, sólo necesitas un poco más de tiempo que los demás, pero eso no es algo malo.

—Yo tampoco creo que seas un inútil, Hisashi —dice Uraraka con voz compasiva, extendiendo la mano para darle un par de palmadas torpes en el brazo, a modo de consuelo—. No creo que nadie aquí lo piense.

—En realidad, esto viene de lejos, Ochaco. Hisashi piensa que…

—Da igual, sólo... dejadlo estar, ¿de acuerdo? —pide Izuku. Uraraka asiente. Hatsume es más reticente y está a punto de protestar, pero en ese momento Sero y Kaminari se sientan en la mesa, parloteando ruidosamente entre ellos, así que cierra la boca y aprieta los labios, mirando a Izuku con una expresión extraña.

Sumido en sus pensamientos, Izuku no los escucha. Lleva varios días aplazando enfrentarse a sí mismo y sus sentimientos. Es consciente de estar jugando un juego arriesgado, implicándose con Katsuki no sólo en los entrenamientos sino también hasta el punto de contarle algunos aspectos personales de su vida, acercándose peligrosamente al secreto que sabe que debe esconder para que nada se estropee. Bajar al héroe a la categoría de humano y descubrirse disfrutando de su mal humor y de su carácter agrio ha sido una cosa. Pasarlo a la categoría de alguien cercano en quien apoyarse y confiar, cuando todo lo que comparten hasta ahora está basado en una mentira construida con frágiles naipes que amenazan con desmoronarse a cada segundo que pasa, es una locura que está empezando a pasarle factura emocional.

Dynamight jamás se fijaría en alguien como él, un inútil, alguien sin Don que sólo sirve para hacerle perder el tiempo. Incluso aunque crea que Hatsume tiene razón y que el héroe probablemente no diría lo mismo de saber la verdad, siguen doliendo. Al mismo tiempo, Izuku se siente egoísta por lo mucho que disfruta de todos los ratos pasados con Katsuki, de su compañía, su presencia y su ayuda. La enorme bola de nieve que ha ido construyendo todos esos días todavía no se ha deslizado montaña abajo, pero ya es tan grande y de repente tan pesada, que la opresión del pecho se incrementa cada vez más.

Las palabras de Hatsume sólo sirven para hacerle poner los pies en la tierra. Si ayer le ayudaron a poner en perspectiva el carácter de Dynamight y lo motivaron para seguir esforzándose, hoy le dejan otro mensaje claro: tiene que dejar de actuar como lo está haciendo. Si Hatsume ha sido capaz de ver el comportamiento de Izuku como un flirteo manifiesto, es que lo es. Volar alto significa que el batacazo cuando las alas de Ícaro se derriten es mucho mayor. Nadie, mucho menos alguien tan talentoso como Dynamight, querría tener algo con alguien como Izuku si no mediase un engaño de por medio. E incluso si quisiera, probablemente no querría estar con un mentiroso.

El ruido de una bandeja depositada con energía sobre la mesa sobresalta a Izuku, distrayéndole de su autocompasión. En la única silla libre, en el lado donde están sentadas las chicas, se está dejando caer Katsuki con un gruñido que pretende pasar por un saludo. A Izuku se le corta la respiración durante un segundo y casi olvida la conclusión a la que acaba de llegar. Sero y Kaminari saludan al héroe de vuelta con mucho más entusiasmo que Izuku, que apenas le dirige una mirada de reojo y un gesto vago con la cabeza, y empiezan a hablar de los entrenamientos y a preguntarle por consejos. Mirándolo por el rabillo del ojo, Izuku decide que, si tiene que poner distancia, conviene empezar cuanto antes, porque la opresión de su pecho sigue creciendo por culpa de la sensación de que, haga lo que haga, quien siempre saldrá perdiendo es él. El inútil.

—Midoriya ha conseguido muy buenos resultados con sus guantes de fuerza, ¿no? —Izuku mira a Sero al oír su apellido. Este sigue charlando sobre los entrenamientos, deteniéndose sólo para permitirle meter baza a Kaminari y dejar que Katsuki reparta gruñidos de asentimiento y encogimientos de hombros dispersos a lo largo de la conversación—. Seguro que, si lo practicas durante varias horas, puedes conseguir que el Don se desarrolle lo suficiente para obtener más potencia de fuego.

—Es muy probable —asiente Izuku secamente, apretando la mandíbula, sintiéndose cada vez más miserable y nervioso. «Otra mentira», piensa. La única forma de conseguir más potencia de fuego es seguir intentando introducir mejoras en los guantes, pero no puede decir eso en voz alta sin delatarse.

—En cualquier caso, incluso si no se desarrolla más, ya es útil por sí mismo. Ha hecho muchos progresos y puede seguir obteniendo buenos resultados si sigue trabajando como hasta ahora. —Izuku levanta la vista hacia Katsuki, que ha hablado con voz seria y firme, sorprendido por sus palabras y los elogios que hay en ellas. El tono confiado del héroe, lejos de tranquilizarlo, lo hace sentirse aún peor. La sensación de ser un impostor y un mentiroso explotan en su pecho, causándole dolor físico y una opresión que le impide respirar bien—. Ahora tiene un ataque a distancia, aunque no sea mucha, además del cuerpo a cuerpo. Y un buen balazo de aire en la cara a quemarropa tiene que doler de narices, sobre todo si es capaz de apuntar a un ojo o a la nariz.

—Sí —asiente Hatsume, orgullosa, mirando a Izuku con expresión optimista—. Claro que sí. Hisashi ha hecho muchos avances.

—Re piola, bro —le felicita Sero, dándole a Izuku un puñetazo amistoso en el hombro.

—Además, juraría que hoy casi te unes al club de vencedores —dice Kaminari en tono juguetón. El gesto amenazante de Katsuki, que está taladrando al chico rubio con los ojos mientras enseña los dientes de manera hostil, provoca que Kaminari haga un gesto de conciliación y recule en sus palabras—. Bueno, a mí me ha parecido que ha estado a punto.

—¡Tú sí que no has estado a punto, pikachu! —grita Katsuki, señalando a Kaminari con el tenedor. Este intenta echarse hacia atrás con disimulo, pero se topa con el respaldo de la silla—. ¡Más te vale que te esfuerces, porque con esa cara de idiota que se te queda tras cada descarga, no vas a ir a ninguna parte! ¡Así que menos fijarse en el resto y más en ti mismo!

—De acuerdo, de acuerdo, pero no me negarás que no ha estado a punto —dice Kaminari en tono ingenuo. Es cierto que, gracias a las balas, Izuku ha conseguido arrinconar en una ocasión a Katsuki al borde del círculo. Aunque finalmente el héroe ha conseguido encajarle una explosión lo suficientemente fuerte como para tumbarlo y sacarlo de un empujón del área, Izuku había sentido el pecho henchido de orgullo por el logro. Sero se ríe, divertido, mientras murmura algo sobre que Kaminari no debería empecinarse en repetir una y otra vez lo mismo si no quiere acabar con el culo explotado, pero Katsuki, rojo de ira, lo interrumpe.

—Genial. Entonces, mañana te pondré a ti en el círculo contra Midoriya a ver cuántas de sus balas y puñetazos eres capaz de resistir antes de quedarte imbécil por las descargas eléctricas —ruge Katsuki, provocando una carcajada en todos los demás, menos en Izuku, que fuerza una sonrisa de labios apretados y niega con la cabeza, incapaz de decir nada, apenas consiguiendo controlar la respiración.

Al levantar la vista, conecta con la mirada de Katsuki, todavía airada, que le mira con las cejas levantadas, en una muda pregunta extrañada, pero Izuku se concentra de nuevo en su plato. Teme que, si sigue mirándolo, este sea capaz de leer en sus ojos los pensamientos que le cruzan por la cabeza y saber a ciencia cierta que es un impostor que lleva varios días mintiéndole sobre sus habilidades reales para tener una excusa y estar cerca de él. Un impostor que, si se descubre que ha estado a punto de sacarlo del círculo o mínimamente cerca de vencer un envite contra él sin Don alguno, implicará un ridículo gigantesco para Katsuki y su reputación como héroe. Y, que sus actuales elucubraciones no se correspondan estrictamente con la realidad y a los motivos que le han llevado hasta allí no es algo que Izuku sea capaz de pensar en este momento, demasiado abrumado por la ansiedad.

—¿Y tú, Uraraka? ¿Qué tal ha ido tu entrenamiento hoy? —Hatsume trata de cambiar de tema, pero Izuku no cree poder seguir cenando con normalidad. Antes de que la otra chica conteste, Izuku se levanta bruscamente de la mesa, arrastrando la silla hacia atrás con un ruido desagradable. Se queda quieto un momento, pues se ha mareado durante una milésima de segundo por la falta de oxígeno y la ansiedad.

—Disculpadme, pero me encuentro un poco cansado. Creo que voy a ir a descansar un poco. Nos vemos más tarde, ¿de acuerdo? —consigue decir finalmente Izuku con voz entrecortada. No es mentira, teniendo en cuenta que la noche anterior no ha dormido y apenas ha conseguido descansar unas horas en todo el día entre cada entrenamiento. Empuja la silla con un gesto brusco para acercarla a la mesa sin levantar la cara para no mirar a Katsuki de nuevo, temiendo verse finalmente descubierto en falta y toparse con una mirada condenatoria.

—¡Claro! —Todos menos Katsuki, que se limita a mirarlo fijamente, se despiden de él. Hatsume le da un ligero apretón en la mano cuando pasa a su lado, inquisitiva, pero Izuku niega con la cabeza, y susurra un «estoy bien, sólo necesito descansar» lo más convencido que puede, ya que no desea preocuparla más.

Tras recoger su bandeja, Izuku se encamina en dirección al taller. La cena aún no ha acabado, pero está dispuesto a esperar en el pasillo hasta poder entrar y hacer uso de él. No tiene nada planeado para trabajar, pues duda ser capaz de sacar más potencia o prestaciones a los guantes, pero necesita un poco de espacio propio y, en los últimos años, el único sitio donde ha sentido esa seguridad ha sido trabajando en alguno de sus prototipos.

—¡Eh! ¡Nerd, espera! ¡Espera, joder! —Katsuki lo llama desde atrás, acercándose a él a grandes zancadas. Izuku se plantea salir corriendo, pero sus piernas deciden por él, deteniéndose para obedecer la orden—. ¿Dónde carajos vas? No has terminado de cenar, joder. No puedes quedarte sin cenar todos los días, el taller no se va a mover de su sitio.

—Necesitaba salir de allí, me estaba agobiando —confiesa Izuku en voz baja, abrazándose a sí mismo.

—¿Por qué? —Izuku se encoge de hombros. Querría contestar, pero no puede. Y no debe, si quiere mantener un mínimo de distancia con Katsuki para impedir que la bola de nieve de sus mentiras se haga todavía más grande. Como si su cuerpo reaccionase a ese pensamiento, retrocede un paso hacia atrás, alejándose de él hasta que su espalda choca contra la pared del pasillo. Katsuki resopla y pone los ojos en blanco, resignado—. Qué raro eres, nerd. Todo el puñetero día hablando sin parar y cuando te hago una pregunta, te quedas callado. No hay quien te entienda, joder. Venga, te acompaño. —Izuku no se mueve, atrapado entre la pared del pasillo y Katsuki, que le mira con el ceño fruncido y una expresión de genuina incomprensión en los ojos.

—Yo… —Izuku traga saliva cuando Katsuki da otro paso adelante, encerrándolo aún más. Con los ojos tan entornados que Izuku apenas es capaz de ver el destello rojizo a través de los párpados, Katsuki apoya, casi casualmente, una mano en la pared, junto a la cabeza de Izuku y este agacha la mirada para no seguir enfrentándose a unos ojos que parecen querer leer en el fondo de su mente a toda costa.

—Me vas a contar qué te pasa —susurra Katsuki con brusquedad. Izuku no sabe distinguir si está enfadado, molesto o simplemente es que lleva tantos años hablando así que no es capaz de hablar de otra manera—. Has estado toda la cena sonrojado y callado, nervioso y claramente agobiado. Ni siquiera me estabas mirando. ¿Es por mí? ¿He hecho algo que te haya parecido mal?

—¿Qué? —Izuku levanta la mirada de nuevo, fijándose mejor. A pesar del tono aparentemente brusco y hostil de Katsuki, en sus ojos hay un destello de inseguridad, pero no puede confirmarlo, ya que vuelve a desviar la mirada hacia sus pies, intentando evitar los ojos del héroe—. ¡No! O sea, quiero decir… ¡No has hecho nada mal! —Las palabras se le atragantan en la garganta. No quiere hablar o, mejor dicho, no se atreve a hablar. Las mentiras que ha dicho aprietan tanto su pecho que Izuku siente que, si habla, acabará confesándole la verdad sólo para tranquilizar su conciencia—. No puedo decírtelo —dice finalmente, suplicante, rezando porque la sinceridad de esas tres palabras sea suficiente para que Katsuki se dé por conforme.

—No eres tan listo como te crees, nerd —susurra Katsuki. Está tan cerca de él, que su presencia es apabullante para Izuku. Siente su aliento cálido golpearle la cara, el calor de su cuerpo reflejarse en el suyo propio y puede ver todos los detalles de la piel de su cuello, mejillas y labios, que brillan bajo la luz artificial del pasillo y que apenas se abren cuando Katsuki habla—. Crees que eres muy inteligente y discreto y que los demás no nos enteramos de nada, pero sí lo hacemos. Joder que si lo hacemos.

—Katsuki, yo… De verdad que… —Los ojos de Izuku se inundan de lágrimas y se sujeta las manos con las axilas para evitar que le tiemblen. Katsuki le levanta la barbilla con los dedos índice y corazón, casi gentilmente, obligándolo a alzar la cabeza y mirarle a los ojos. Izuku traga saliva y se muerde el labio inferior, pero lo que ve en los ojos de Katsuki no es enfado, ni se siente juzgado. El brillo un tanto turbado de sus pupilas, tan dilatadas y negras que parecen pozos profundísimos, y la cercanía de su rostro con el de Izuku, casi rozándole la nariz, hace pensar a Izuku que, si quisiera, bastaría con que él se alzase ligeramente sobre las puntas de sus pies o que Katsuki se agachase un par de centímetros y sus labios se unirían en un beso. El pensamiento consigue borrar fugazmente la ansiedad de Izuku al hacer que se centre en los labios húmedos y brillantes de Katsuki a apenas unos centímetros de su cara.

—¿Midoriya? —Katsuki se separa bruscamente de Izuku, liberándolo del encierro al que le han sometido su brazo y su cuerpo, al oír la voz del profesor Watanabe, que ha aparecido en el pasillo junto a le profesore Katô. Ambos los miran, sorprendidos y atónitos. Izuku inspira profundamente, dándose cuenta de que ha estado conteniendo el aire. Ahora que Katsuki se ha separado de él, puede respirar de nuevo, pero también echa de menos la cercanía de su cuerpo y el no poder ver nada más que sus labios acercándose a él tanto que le hace bizquear—. ¿Qué haces aquí, Midoriya?

—¿Los conoces? —le pregunta Katsuki con tono cáustico, mirando a los dos profesores con cierto desdén, al mismo tiempo que Izuku hace una apresurada reverencia cortés a modo de saludo. El héroe ha adoptado una postura defensiva que hace que Izuku se pregunta a qué se debe tanta desconfianza, pero el pavor de tener delante al profesor Watanabe hace imposible que Izuku se centre en nada más que en mirarlos aterrorizado por la posibilidad de que su bola de mentiras finalmente eche a rodar y arrase con todo.

—¿Watanabe-sensei? ¿Katô-sensei? —logra preguntar, sorprendido y asustado, mordiéndose el labio con fuerza y sintiendo que las ganas de llorar han vuelto.

—Hola, Midoriya. Buenas tardes héroe Dynamight —responde Katô con una sonrisa afable. Al contrario que elle, el profesor Watanabe no aparta la mirada Izuku, con los ojos chispeantes de ira.

—¿Quién son? —pregunta Katsuki, desabrido, sin que la actitud del profesor o la situación le afecte en lo más mínimo, al contrario que Izuku, que querría hacerse pequeño hasta desaparecer del pasillo.

—Son… Kat… Dynamight, estos son le profesore Katô-sensei y el profesor Watanabe-sensei, de la universidad... Me… Ellos… son profesores míos de algunas asignaturas y… —«Saben que no tengo un Don», completa en su cabeza, con el temor a la posibilidad de que lo delaten martilleándole la cabeza cada vez más fuerte. En la mirada de Katô hay algo similar a la compasión, pero el rostro del profesor Watanabe está a punto de explotar de ira—. Este es Dynamigth el héroe exp… bueno, claro, saben quién es.

—¿Dices que te daban clase? —pregunta Katsuki, haciendo un amago de reverencia que no llega a completar y acaba siendo un simple asentimiento de cabeza. Katô le corresponde mucho más amablemente, pero el profesor Watanabe todavía mira a Izuku con enfado e ignora al héroe profesional.

—En la universidad. Aplicación Práctica de Materiales y Construcción de Soporte aplicada a los Dones —se apresura a contestar Izuku, asintiendo con nerviosismo.

—Midoriya es un gran alumno —dice Katô, todavía sonriendo, haciendo un gesto cómplice hacia Izuku que este no sabe muy bien cómo interpretar. Eso le abre una pequeña puerta de esperanza, hasta que vuelve a fijarse en el profesor Watanabe y su ceño fruncido con severidad.

—Y… qué hacéis… ¿cómo es que estáis aquí? —Izuku, que apenas es capaz de controlar la respiración, se ve abrumado e incapaz de retomar la iniciativa de la conversación. No quería sonar descortés o parecer que está pidiendo explicaciones, pero el profesor Watanabe está cada vez más serio y la situación está a punto de estallar.

«No eres tan listo como te crees, nerd. Crees que eres muy inteligente y discreto y que los demás no nos enteramos de nada, pero sí lo hacemos, ¿sabes?». Las palabras de Katsuki retumban en su mente al mismo tiempo que el profesor Watanabe lo fulmina con la mirada, interrogándolo silenciosamente.

No entiende por qué Katsuki está siendo tan hostil con ambos profesores. Los mira con sospecha, sobre todo a Watanabe, e incluso ha avanzado medio paso hacia adelante, adoptando una postura defensiva y protectora, con los hombros relajados y las palmas de las manos hacia arriba, que Izuku conoce bien por ser parte de sus movimientos habituales. Sin embargo, en el gesto del héroe no parece haber recriminación o disgusto hacia Izuku, que no comprende por qué dirige esa agresividad hacia ellos en lugar de hacia él si realmente ha descubierto su secreto. Preguntándose si es posible que se refiriese a otra cosa y qué querría decir Katsuki en ese caso, Izuku va rotando la mirada entre el profesor Watanabe y Katsuki, asustado porque el primero diga algo que permita al héroe deducir su condición de persona sin Don o que el segundo se sienta agredido por la expresión agresiva del profesor y estalle.

—No has contestado a mi pregunta, Midoriya. No deberías estar aquí. ¿Y qué haces con un héroe profesional? —dice el profesor Watanabe, bruscamente, desatando el inicio del peor de los escenarios que Izuku ha podido imaginar desde que los han interrumpido en el pasillo.

—Yo… —Izuku no sabe qué contestar al profesor Watanabe sin delatarse. Ha entrado en pánico y su mente es incapaz de hacer otra cosa que analizar cada uno de los gestos del profesor, intentando calcular cuándo va a soltar la bomba que destruirá toda su relación con Katsuki, cómo va a reaccionar este, que ya está totalmente a la defensiva, cuando procese la información y empiecen las recriminaciones.

—¿Estás entre los reclutas para entrenar con las agencias? —continúa hablando el profesor—. Si tú ni siquiera…

—Por favor… —ruega Izuku en voz muy baja, casi inaudible, pero Katsuki ha intervenido al mismo tiempo, en un tono bastante agresivo que sí logra interrumpir al profesor.

—¿Y por qué no iba el nerd a estar aquí? —Ha fruncido las cejas y está fulminando al profesor Watanabe con los ojos entrecerrados—. Tiene mi permiso expreso para utilizar el taller. —Izuku se da cuenta de que Katsuki piensa que el profesor Watanabe está cuestionando la presencia de Izuku en el taller, no en el complejo en sí. El héroe es brillante, pero está claro que sigue dando por hecho que Izuku tiene un Don y está participando en la conversación con la información que tiene disponible, lo cual alivia por un lado a Izuku y por el otro lo angustia más, pues significa que la confianza del héroe en él todavía no se ha roto, lo cual hará que sea peor cuando ocurra y Katsuki comprenda que ha estado defendiendo una mentira.

—Porque él… —El profesor Watanabe gesticula con las manos, impaciente. Izuku gime y se muerde el labio inferior, notando casi dolor físico en el pecho.

—Profesor Watanabe, creo que deberíamos bajar al comedor ya, o llegaremos tarde a nuestro turno de cena —lo interrumpe con amabilidad le profesore Katô, sujetando gentilmente el codo del profesor Watanabe, evitando que pueda decir nada más. Este refunfuña y niega con la cabeza, pero hace caso y se calla, apretando los labios hasta que se convierten en una fina línea invisible—. Ha sido agradable verte y charlar con vosotros, Midoriya. Buenas tardes, héroe Dynamight.

—Igualmente —murmura Izuku, cuando ya están demasiado lejos para oírle, todavía intentando controlar su pánico. Katsuki está a su lado, malhumorado, todavía con el ceño fruncido, pero al menos ha metido las manos en los bolsillos, relajando la postura de ataque que tenía unos segundos antes. Parece como si quisiera decirle algo a Izuku, pero este no se atreve a preguntarle al respecto. Se miran durante unos segundos, quizá minutos, que a Izuku se le antojan eternos. Le tiembla el labio inferior y está a punto de interrumpir el silencio con una disculpa, que no sabe bien a qué atribuirá cuando Katsuki le pida explicaciones, pero el héroe habla antes.

—¿Qué carajo acaba de pasar aquí? —masculla Katsuki, mirando a Izuku con el ceño fruncido. Este se encoge un poco más y baja la mirada a sus botas rojas. Las zapatillas negras de Katsuki entran en su rango visual cuando el héroe se acerca a él, demandando una explicación—. El profesor ese es un gilipollas integral. ¿Te tiene manía o algo?

—En realidad es… son… —«Prejuicios», lo había llamado Hatsume en su momento. «Se diría que quiere provocar, Midoriya», había contestado, perplejo, el rector de la universidad a su petición de entrar en la clase del profesor Watanabe. «No eres un héroe, Midoriya. Tampoco tienes Don. Creo que mejorarás exponencialmente e impresionarás mucho más a los ojeadores que vengan una vez asumas esto»; las palabras del profesor le duelen especialmente porque parece que Izuku ha echado a perder la oportunidad de su vida.

—A mí me ha parecido un imbécil. —Izuku se rinde, con el corazón a punto de estallarle de dolor. Hatsume le ha guardado el secreto con lealtad, pero el profesor Watanabe no lo hará. Aunque lo haya dejado estar momentáneamente por lo inesperado de la situación y la habilidad de le profesore Katô, es cuestión de horas que se sepa de su condición o que lo exponga ante los héroes profesionales de manera formal. Bien pensado, sería hasta lo más prudente y bienintencionado, prejuicios aparte.

—En realidad, si tú supieras lo que él sabe acerca de mí, también… —comienza a hablar Izuku tentativamente, cerrando los ojos con fuerza para no ver el momento en el que diga la verdad y la confianza y esa especie de amistad que ha conseguido forjar con Katsuki se rompa en mil pedazos.

—¿No hueles a humo? —pregunta Katsuki de pronto, frunciendo el ceño e ignorando sus palabras, repentinamente alerta.

—¿Humo? No lo sé, yo… —tartamudea Izuku, completamente desubicado, mirando a su alrededor.

—Y hace más calor de repente. —Un mal presentimiento le oprime el pecho a Izuku, que olfatea el aire hasta descubre un agrio olor del plástico quemado que hace que la adrenalina se le dispare en el cuerpo, poniéndolo en guardia.

—Es verdad, huele a… —No llega a terminar la frase. Un estridente sonido de sirena que se expande por todos los pasillos lo interrumpe, sobresaltándolos a ambos.


NdA. Por supuesto, El complejo en llamas también es una canción de la OST de Mulán, jajaja. Concretamente, The Burned-Out Village. Aunque lo cierto es que aquí fue donde comencé a desviarme de la trama de Mulán. Pero no puedo decir más sin spoilear, sorry xD.