Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
¡Llego, llego, llego! Justo a tiempo, jajaja. Sorry por el (leve) retraso.
¡Muchísimas gracias a todos, todas y todes por leer y comentar!
EL COMPLEJO EN LLAMAS (PARTE II)
Dabi camina sobre el suelo de hierba, que se hunde bajo sus pies, hasta salir de la sombra de Kurogiri, que se retira rápidamente, dejándolos a él y a Toga solos. En otro lado, en ese preciso momento, Shigaraki e Iguchi deben estar siendo teletransportados también por All for One.
—Sigo pensando que Jin haría esto muchísimo más rápido y aterrador —dice Toga, que está casi escondida tras él, rebuscando en su abrigo entre los frasquitos que tintinean y que, Dabi sabe, contienen la sangre que ha ido robando desde el día de la fuga hasta ahora. Incluida la del propio Dabi y el resto de los miembros de la Liga, excepto All for One—. Ojalá tener sangre de Mr. Compress. Podría adoptar la forma del héroe e introducirte en el complejo militar en una canica y una vez dentro ni siquiera se enterarían de qué ocurre hasta que todo esté ardiendo.
—Es mejor no desvelar todas nuestras bazas en el primer golpe —niega Dabi. Y, dado que él y Shigaraki han estado utilizando su Don en todas las incursiones que han hecho, los héroes deben tener una noción de lo que ha crecido su potencia, pero eso permite pasar desapercibido a Bubaigawara y su recién recuperada capacidad de multiplicación.
Además, de esa manera este permanecerá junto a All for One y Kurogiri, preparado para, en caso de que todo se tuerza, estar listo y acudir como refuerzo y garantizar que el portal que será su vía de escape para cuando hayan terminado pueda activarse. Ninguno de los otros dos participará en el asalto; Kurogiri por temor a que pueda volver a sufrir daños que lo suman en la inconsciencia y All for One, no sólo por ser el líder de todos ellos y quien podría formar gente para liberarlos o continuar con el plan si sale mal y los atrapan, sino porque su debilidad desaconseja que intervenga si no es necesario.
Ha sido precisamente All for One quien ha zanjado el debate sobre Bubaigawara: «Aún no es el momento de que Twice se muestre», ha dicho, provocando que el pobre Bubaigawara se enfade y alegre al mismo tiempo. Dabi sólo espera que esa especie de dualidad acentuada no vaya a peor antes de que llegue el momento de mostrarlo en combate. Un arma potente es algo bueno, pero un arma potente fuera de control es contraproducente y puede volverse contra ellos con demasiada facilidad.
—¿Vamos? —dice Dabi, caminando con decisión hacia el complejo, que se alza en la oscuridad con las ventanas iluminadas de algunos edificios como única fuente de luz para guiarlos, como un faro que señala el destino.
—Va a ser muy emocionante —susurra Toga, apresurándose para mantenerse a su altura.
—No es un juego.
—No he dicho que lo sea, sólo que es emocionante. Tienes que aprender a disfrutar de las cosas buenas de la vida, Dabi —dice la chica, alegremente. Camina dando pequeños saltitos, entusiasmada por la perspectiva de combatir. Dabi sonríe ladinamente, porque él también tiene ganas de lo que van a hacer. Se acabó atacar casas y pueblos. Atacar héroes tiene otro sabor que se disfruta de otra manera.
—Concéntrate en lo que estamos haciendo para que ambos salgamos bien de esto —dice Dabi, no obstante, ignorando deliberadamente los saltitos que ha comenzado a dar la chica a su alrededor.
—Son muy inocentes, ¿verdad? Nada de poner alarmas en el perímetro, ni de establecer vigilancia.
—En realidad, no sabemos si no hay vigilancia o si no tienen alarma. Que nosotros no hayamos oído no nada no significa que sea así. Pueden estar utilizando Dones con algún tipo de rastreo.
—Yo creo que se han vuelto cómodos y confiados —murmura Toga alegremente, escudriñando el paisaje a su alrededor—. Son diez años, seguro que han olvidado lo que era realmente la Liga de Villanos. Al principio no era así. ¿Recuerdas a la rata aquella que quería interrogarnos todo el tiempo cuando nos capturaron? Antes de que nos movieran a esa prisión de mierda. Creo que siempre lo supo.
—¿El qué? —pregunta Dabi automáticamente, sin prestar atención del todo al parloteo de la chica.
—Que acabaríamos escapando. La última vez, justo antes de llevarnos a la isla, la rata, el chillón y el amargado de pelo largo me preguntaron acerca del estado mental de Jin. Creo que querían saber de qué era capaz en realidad. Claro que perdían el tiempo, porque yo no podía saberlo.
—En cualquier caso, no supieron o no pudieron preverlo —dice Dabi, intentando dar por zanjada la conversación, aunque piensa en el hecho de que sólo Hawks se acercó en todos aquellos años a la prisión en medio del océano.
El único héroe que puede presumir de haber seguido en contacto con ellos y sin embargo, apenas lo hizo. A lo mejor Toga tiene razón y por eso están siguiendo una estrategia tan extraña que envuelve civiles en lugar de tratar de dar con ellos y arrasar con todos los héroes al mismo tiempo. Los tiempos han cambiado, está claro, y la sociedad ha bajado la guardia, confiada de que nunca iba a enfrentarse a villanos de la talla de Dabi, Shigaraki o All for One. O Bubaigawara, que puede ser la perdición de unos héroes con la guardia baja. Y es posible que no tenga que ver con ninguna conspiración que esté tratando de moverlos como piezas en un tablero mucho más grande, como han creído hasta ahora.
Siguen acercándose al complejo. Ahora que están más cerca, los edificios quedan ocultos tras el enorme y grueso muro de hormigón que los rodea, sin que ninguna señal visible indique reacción alguna de las personas que están dentro.
—Creo que es simplemente que nadie quiere problemas. Es más fácil vender problemas resueltos que admitir que somos peligrosos. Los políticos son así —afirma Toga. Dabi la mira, de reojo, admirando la capacidad de deducción de la chica. Asiente, pensativo, porque la idea es interesante, pero luego trata de redirigir la mente dispersa de la chica.
—Puede que la alarma suene cuando franqueemos el muro —advierte Dabi, en cambio, tratando de que se centre en lo que están haciendo y deje de hablar, porque ya están lo suficientemente cerca como para que alguien pueda oírlos.
En realidad, han basado todo el plan en las estimaciones de Toga. La Comisión de Héroes ya ha subestimado en una ocasión la capacidad de la Liga de Villanos de resurgir de sus cenizas, conformándose con encerrar juntos a sus miembros más peligrosos en una isla aislada y acondicionada como prisión, lejos de sus compañeros menos conocidos para el público, internados en el Tártaro. Una forma de vender una victoria para el pueblo japonés, que confía ciegamente en sus héroes. Pero también es un indicativo, y tanto Dabi como All for One han estado de acuerdo en ese punto, de la dejadez de esos héroes, que buscan medidas más efectistas que efectivas. Si realmente creen que han podido evitar que la Liga de Villanos se entere de su plan de entrenar ciudadanos para utilizarlos como carne de cañón para vencerlos por simple mayoría numérica, es que están subestimándolos muchísimo. No han pasado ni veinticuatro horas desde que averiguaron la información en la agencia de aquel héroe de medio pelo y Dabi está seguro de que la Comisión todavía no se ha percatado de su desaparición. Si fuera así, habría mucho más revuelo en el complejo militar que tienen delante, está seguro. Y una Comisión de Seguridad de Héroes desinformada es también un punto vulnerable para el enorme sitio de entrenamiento que se alza enfrente de ellos.
—Allá vamos —murmura Dabi cuando por fin llegan al pie del muro, mirándolo con aire evaluador.
Toga saca uno de los pequeños frascos que utiliza para preservar la sangre de su abrigo y lo bebe. Se relame con deleite el labio superior y su cuerpo se estira y transforma, adoptando la forma de Shigaraki con una sonrisa torva extraña de ver en el rostro del chico, demasiado afilada y sincera, muy distinta de la suya propia.
—Tomura me gusta mucho, ¿sabes? —dice Toga, distraídamente, al mismo tiempo que se concentra y pone la mano en el muro de piedra—. Es fantástico beber la sangre de aquellos que te gustan, ¿verdad?
Dabi ignora sus palabras, concentrándose también en los finos dedos de la forma de Shigaraki, apoyados en el hormigón. Han practicado durante el día, para regocijo de Toga, que adora, según lleva repitiendo todo el tiempo, transformarse en Shigaraki, pero no ha conseguido los resultados del original con el Don ni de lejos. Aunque tampoco los necesitan, Dabi cree que hubiera sido interesante poder devastar todo el complejo de un solo toque. Shigaraki podría haberlo hecho, pero habría quedado demasiado agotado como para poder ser útil en los siguientes días, y eso es algo que no pueden permitirse. All for One también ha instado a Dabi a ser prudente con su Don, deben reservar fuerzas y no desgastarse en un ataque inicial. Dabi está de acuerdo, desde luego. Aún queda camino por recorrer y es más importante llegar a la meta que desgastarse en las victorias conseguidas en el camino.
Una brecha ancha se abre en el muro, deshaciéndose en polvo. Dabi observa con interés cómo la argamasa va volatizándose, casi puede oír el susurro que crea, cada vez más lenta según agota la potencia que Toga le ha impreso. Sorprendido, constata que no ha saltado ninguna alarma a pesar del boquete de casi tres metros de ancho que hay en lo que debería ser la salvaguarda del complejo militar.
—Te lo dije —dice Toga, sin contener su alegría y entusiasmo—. Vigilan las puertas, pero no los muros traseros, porque creen que son invulnerables. Ni siquiera se les ha ocurrido pensar que podríamos atacar de improviso. No pensaron que podríamos averiguar dónde estaban.
—Tanto mejor para nosotros. Vamos.
Encabezando la marcha y confiando en que Shigaraki e Iguchi han conseguido hacer lo mismo que ellos en otra parte del complejo, Dabi camina hacia el edificio más cercano a ellos, satisfecho al comprobar que hay ventanas iluminadas que indican que hay gente dentro.
—Diez minutos —anuncia Toga. Dabi mira su reloj, conseguido en una incursión en los días pasados, y lo sincroniza con el de la chica. Deben estar de vuelta junto al muro, cerca de donde Kurogiri los ha materializado, en el horario previsto, o quedarán a merced de los posibles supervivientes.
—Empezaremos por este, entonces —asiente Dabi, encendiendo el fuego de sus manos. Toga abre otra brecha en la pared del edificio con el Don de Shigaraki y después se coloca tras él, vigilando. Una vez abierto el paso, su función es protegerle, utilizando el Don de Shigaraki para pelear contra aquellos que quieran hacerse el héroe o impedir su huida.
La alarma no comienza a sonar hasta casi dos minutos después, cuando las llamas de Dabi han prendido en prácticamente todo el edificio. Sin dudar, Toga y él ya han corrido hacia el siguiente, abriendo otra brecha y lanzando más llamas al interior. Al molesto ruido de la sirena no tardan en unírsele gritos y chillidos y, si no se equivoca, la risa maníaca de Shigaraki a lo lejos, distorsionada por la distancia. A lo lejos, a pesar del humo de su fuego, Dabi ve miles de millones de pavesas que originalmente habían sido un edificio deshaciéndose por completo. No necesita consultar el reloj, ha ido contando los segundos mentalmente. Todavía quedan ocho minutos y un montón de edificios que devastar antes de que los héroes profesionales se organicen.
.
Katsuki levanta la cabeza al oír la alarma, alerta, y automáticamente cambia la expresión de su rostro, dirigiendo la mirada hacia el techo como si quisiera ver a través de él. Inconscientemente, fruto de la costumbre, se lleva la mano al oído derecho. La costumbre automatizada de ponerse los protectores auditivos sigue arraigada en él, pero topa con el audífono que el nerd ha hecho para él. Ahora que la alarma está sonando, incansable, es inequívoco el calor que inunda el pasillo, el olor penetrante a humo y el resplandor titilante que se percibe por las ventanas.
—Ve al pabellón de dormitorios, recoge tu mochila de emergencia y luego sal al patio de entrenamiento —ordena a Hisashi, que lo mira con los ojos abiertos de par en par. Un recluta novato asustado en la primera situación de alarma que se presenta es justo lo que menos necesita en este momento, así que darle instrucciones concretas ayudará—. No es momento de dejarse llevar por el pánico, simplemente hazme caso, coge todas las cosas y sigue las señales de salida de emergencia.
—¡Espera! ¡Voy contigo! —grita Hisashi cuando Katsuki comienza a enfilar a grandes zancadas en dirección al pasillo.
—¡No me jodas ahora! ¡No necesito un jodido nerd lastrándome! ¿No eres capaz de seguir unas jodidas instrucciones? —No ha terminado de decirlo y Katsuki ya sabe que ha sido un error. Un destello de dolor cruza los ojos de Hisashi, pero ahora no tiene tiempo de lidiar con eso, lo prioritario es averiguar qué está ocurriendo. La sirena no ha dejado de sonar, pero ahora un griterío se oye en los pasillos adyacentes y hay gente entrando en pánico—. Escucha, si quieres ser de utilidad, sólo tienes que hacer lo que te estoy diciendo. Ve al pabellón de los dormitorios, coge la mochila de emergencia y sal al patio de entrenamiento, allí os darán más instrucciones. Si te encuentras con alguien por el camino, dile que haga exactamente lo mismo.
—¡Tú nunca huyes! ¡Nunca das un paso atrás! —vuelve a gritar Hisashi, con los puños apretados de rabia y los ojos llenos de ira—. ¿Por qué me pides que lo haga yo?
—¡No te estoy diciendo que huyas, imbécil! ¡Es sencillo, ponte a salvo hoy para poder pelear mañana!
—¿Y tú?
—Voy a intentar poner a salvo a quien lo necesite mientras me cargo al que haya provocado esto —dice Katsuki, fieramente.
—¡Entonces, déjame acompañarte! —insiste Hisashi con decisión. Impaciente, Katsuki resopla, pues está perdiendo el tiempo discutiendo por una tontería.
—¡Te he dicho que no! ¿Qué clase de ayuda puedo esperar de alguien que no es capaz de seguir unas instrucciones tan sencillas como que te pongas a salvo para que no tenga que hacerlo yo por ti?
—Pero yo puedo… —La expresión de dignidad dolida vuelve a aparecer en los ojos de Hisashi, pero Katsuki sabe que no puede ceder en algo así. El tiempo es importante y esos segundos lo están retrasando en lo que debe hacer.
—Coge la mochila de emergencias y evacúa el edificio yendo al patio de entrenamiento, joder —brama Katsuki, una vez más, tratando de dar la discusión por zanjada. Sin esperar a oír su respuesta, se da media vuelta y, con la ayuda de las explosiones de sus manos, sale disparado por el pasillo en dirección al caos del exterior, gritando a un par de miembros del personal del complejo cuando se cruza con ellos y obligándolos a hacerse a un lado para cederle el paso—. ¡Coged la mochila de emergencia y dirigíos al patio de entrenamiento!
La situación en el exterior es caótica. Todo está lleno de un penetrante humo negro que sube de varios de los pabellones del complejo. Otros están, literalmente, deshaciéndose en volutas.
«La Liga de Villanos», comprende Katsuki súbitamente, reconociendo el Don de Shigaraki. El fuego azulado que consume el edificio que tiene enfrente suyo delata al de las cicatrices, cuyo nombre no llegó a molestarse en memorizar aquel día que fue secuestrado por ellos y que All Might puso fin a varios años de terrorismo indiscriminado por parte de All for One. «A un alto precio».
Intentando no pensar en que aquello fue el fin de la era de All Might, algo que ha marcado toda su carrera como héroe y que ahora todo parece estar a punto de volver a cambiar de forma igual de drástica, e intentando relegar al fondo de su mente todos esos recuerdos, llega hasta el patio de entrenamiento. Un par de personas pertenecientes al personal del complejo están allí, intentando coordinar la evacuación del edificio, pero solo hay unos pocos reclutas con ellos. No puede evitar notar que ninguno de los amigos del nerd está presentes, pero no pierde el tiempo preguntando por ellos en concreto.
—¿Dónde están los demás?
—En el pabellón de dormitorios, organizando la evacuación —responde uno de los que está allí, vestido con un uniforme semejante al que les proporcionan a ellos, pero con estampado militar y el logotipo de Detnerat serigrafiado—. Esto está siendo un caos, héroe Dynamight.
—Debimos haber organizado un simulacro de evacuación —dice el otro hombre. Katsuki reprime el impulso de reprenderlo por parecer asustado—. La empresa no nos ha dado instrucciones para estos casos y la gente no sabe qué tiene que hacer, no dejan de ser civiles que…
—¡Pues dadles instrucciones cortas que puedan comprender y obedecer fácilmente, pero no los dejéis a su aire! ¿Qué pasa en el resto de pabellones?
—El complejo está ardiendo y deshaciéndose —informa el primero que ha hablado, negando con la cabeza—. Suponemos que cada héroe está haciéndose cargo de sus propios civiles y personal de apoyo.
—Entonces sacadlos de ahí dentro, intentad contactar con la Comisión si es que nadie lo ha hecho ya y que manden refuerzos —ordena Katsuki, enfadado porque nadie haya tomado esa decisión por su cuenta y estén esperando instrucciones sobre qué hacer en una situación de emergencia.
—¡Sí, señor! —contestan ambos—. ¿Qué vas a hacer tú?
—Ir a por esos malnacidos de la Liga de Villanos, no pueden estar muy lejos —masculla Katsuki, enseñando los dientes con fiereza.
Sale disparado sin esperar respuesta de los dos hombres. No confía plenamente en ellos, pues no dejan de ser personal contratado de una empresa privada, pero espera que al menos sean capaces de tener la suficiente lucidez mental como para obedecer sus órdenes o, al menos, dar la alarma y pedir refuerzos. Este tipo de personas, que dependen de alguien que esté encima de ellos para actuar, es la razón por la que Katsuki prefiere trabajar a solas en la agencia, sin tener que preocuparse de héroes de apoyo o con Dones especializados en soporte a héroes y de que sepan moverse exactamente en cada momento, como si hace Shouto sin necesidad de darle instrucciones todo el tiempo. Sin pensar, se dirige hacia donde el fuego parece menos alto, suponiendo que probablemente sea donde el tío de las cicatrices y la piel quemada esté encendiendo nuevos focos.
—¡Dynamight! —Delante de él, Shouto se levanta sobre una pasarela de hielo, deslizándose ágilmente. Han llegado más o menos a la vez.
—¿No puedes congelar ese maldito fuego? —ruge Katsuki, sin molestarse en ser mínimamente cortés.
—¡Dabi no está aquí! Hace unos minutos he visto un edificio desaparecer al otro extremo del complejo, así que creo que están divididos para hacer el más daño posible, pero si estaba, Dabi ya se ha marchado de esta zona —le informa Shouto, ignorando como siempre sus invectivas y recordándole el nombre del villano.
—¡Voy para allá!
—¡Espera! —A pesar suyo, Katsuki se da media vuelta, expectante. Shouto niega con la cabeza—. Voy contigo, aquí está todo devastado, no hay nada que hacer.
Los dos se apresuran en cruzar el complejo de parte a parte. Bajo ellos, el caos cunde y la gente está saliendo corriendo de los edificios. Katsuki trata de no pensar en el desastre que está siendo, porque si consiguen atrapar a alguno de los villanos, al menos habrá servido para algo. Su rostro, en cambio, se muda a una encendida indignación cuando ve que, literalmente, un tercio del complejo ha desaparecido en una nube de polvo.
—Lemillion, Fat Gum y Suneater… —murmura Shouto a su lado, impresionado a pesar de que su rostro no deja traslucir emoción alguna.
Katsuki hunde las uñas en las palmas de sus manos por la rabia. El sudor de sus palmas se mete dentro de los pequeños arañazos que se causa, haciendo que la piel le escueza, pero no presta atención. Los pabellones asignados a la agencia de Fat Gum ya no existen, salvo un par de edificios pequeños, los más cercanos a donde están él y Shouto ahora mismo. Un pequeño movimiento en la oscuridad, en el campo que rodea al complejo, llama su atención.
—Allí —señala. Shouto mira en la dirección que Katsuki le indica y asiente al verlos él también: dos figuras que corren en dirección al campo abierto—. ¡Vamos, joder!
Los dos se lanzan hacia adelante a la máxima velocidad que pueden. Katsuki sonríe enseñando todos los dientes, como si fuese un psicópata, deseando ponerle las manos encima al tipo que ya amenazó con matarlo una vez si no se unía a él. Su movilidad es muy buena, mientras que los dos que corren lo hacen torpemente, como dos personas que no están acostumbradas a hacerlo. Piensa durante un segundo que hasta Hisashi, que no tiene ningún Don que le ayude a moverse, sería capaz de alcanzarlos en una carrera después de tan solo una semana de entrenamiento duro.
—¡Se van! —grita Shouto a su lado, dando un pisotón que crea un enorme bloque de hielo para impedir que Shigaraki y el otro lleguen hasta donde, repentinamente, ha aparecido Kurogiri para teletransportarlos—. ¡Su plan era causar destrozos e irse gracias a ese!
—¡Ya lo sé! ¡No hace falta que me lo expliques! —Un par de explosiones obligan a Shigaraki a saltar a un lado, impidiéndole llegar al portal creado por el nomu, que ha intentado reaparecer—. ¡Céntrate en Shigaraki y olvídate del otro! —grita a Shouto, suponiendo que Kurogiri está priorizando el rescate del más peligroso de los dos villanos. Si es capaz de devastar una extensión tan amplia en apenas unos pocos minutos, detener a Shigaraki es una prioridad.
—Tomura, resiste —dice la impersonal voz de Kurogiri, apareciendo al lado del lagarto y llevándoselo.
—¡Mierda! ¡Joder! —maldice Katsuki, lanzándose hacia Shigaraki para hacerle un placaje y atraparlo. Este consigue extender la mano, pero Katsuki, que ya se esperaba el movimiento por parte del villano, le sujeta de la muñeca para impedirle tocarlo.
—Eso no te servirá para evitar que ambos nos vayamos —murmura Shigaraki con una sonrisa torva. Kurogiri aparece justo al lado de Katsuki, envolviéndole junto a Shigaraki en su sombra oscura de teletransporte, pero Shouto impacta con todo su cuerpo contra el nomu, obligándolo a alejarse de ambos e interrumpiendo la canalización del transporte.
—¡Ten cuidado! —grita Shouto a la vez que intenta congelar a Kurogiri. No tiene éxito, pues este ha desaparecido al instante en un suspiro de humo negro.
—¡Lo tenía bajo control! —protesta Katsuki que, en realidad, es consciente de lo cerca que ha estado de repetirse lo que ocurrió años atrás, cuando lo secuestraron y todo acabó en la devastación de Kamino. Esta vez no hay un All Might que pueda salvarlo aún a costa de toda una ciudad.
—¡No necesitamos otro desastre como el de Kamino! —dice Shouto, atacando implacablemente con el hielo a Shigaraki, que sigue sonriendo como un desquiciado a pesar de la fiereza del héroe.
—¡Ya lo sé! —grita Katsuki, odiando que su amigo sea capaz de adivinar y poner en palabras todo lo que está pensando y deseando que se calle para no tener el recordatorio constante del desastre que fue Kamino al ver lo que está ocurriendo en el complejo.
—Eso tampoco te servirá —susurra Shigaraki con voz desganada, pero lo suficientemente alta como para que Katsuki lo oiga, al tocar el hielo en el que Shouto le ha atrapado con la mano derecha y hacer que se deshaga de una manera antinatural, sin gotear una sola molécula de agua. Sólo se desvanece en el aire, en una multitud de pavesas heladas que caen flotando como plumas hasta el suelo.
—¿Qué? —Shouto se muestra desconcertado un momento e intenta deslizarse lejos de Shigaraki, pero el hielo que ha creado, hasta ahora todo conectado entre sí, está empezando a volatizarse bajo el Don del villano, incluso aquel que ha dejado atrás en el complejo.
—¡No dejes que utilice la mano! ¡Salta, joder! —grita Katsuki en su dirección, pero no es necesario, porque Shouto ya lo está haciendo por iniciativa propia, antes de que el Don de Shigaraki llegue a sus pies. Impulsándose con las explosiones de las manos, llega hasta Shouto antes de que caiga al suelo, sujetándolo del antebrazo e impulsándolo hacia arriba lo suficiente para que pueda crear algo más de hielo que lo sostenga—. ¡Que no te toque lo que sea que esté destruyendo con su Don! ¡Es más potente de lo que recordábamos!
—Veo que lo vais pillando… héroes… —El desprecio con el que Shigaraki pronuncia la última palabra desquicia a Katsuki, que se lanza a por él, intentando esquivar su mano, pero Kurogiri ha aparecido a su derecha, dejando a otro Shigaraki y a Dabi cerca de ellos. Una llamarada potente de este último lo obliga a desviarse.
—Vaya, creo que llegamos justo a tiempo, Kurogiri —dice Dabi sin perder la compostura, creando una enorme muralla de fuego alrededor de los cuatro villanos—. Pero me decepciona que Endeavour no esté aquí. Supongo que ahora que es viejo, prefiere que sea su hijo el que pelee sus batallas.
—¡Ni lo soñéis, escoria! —Katsuki ve cómo Shouto contrarresta las llamas de Dabi con su hielo, pero ya no está seguro de cuál es el Shigaraki real y cual la pantomima. Ambos están agachados, junto a Dabi, al tiempo que Kurogiri los cubre con su manto. Ponen las manos en el suelo y el Decay de Shigaraki comienza a vaporizar toda la hierba, avanzando con rapidez en un radio amplio alrededor de ellos, dejando atrás un hueco gigantesco y profundo allí donde se extiende el Don del villano.
Shouto se eleva, intentando salvar la altura de las nuevas llamas que Dabi está lanzando y Katsuki utiliza sus explosiones para saltar en el aire y evitar el suelo, pero no necesita hacer grandes cálculos para comprender que no hay manera de alcanzar a Kurogiri antes de que este se lleve a los villanos fuera de su alcance. Cuando desaparecen, en el último segundo, Katsuki se fija en que uno de los dos Shigaraki tiene un rictus de agotamiento en el rostro que el otro, mucho más sonriente, no posee. Deduciendo que es el verdadero, que ha hecho demasiado esfuerzo para utilizar su Don, Katsuki, lanza una explosión a la desesperada en la dirección del villano, que se pierde en la nada porque Kurogiri y los tres villanos desaparecen del campo al activarse el Don de este, poniéndolos a salvo.
—¡Tenemos que alejarnos! —grita Shouto por encima de él. Suena preocupado, y con razón. Katsuki, sin dejar de moverse, intenta regresar en dirección al complejo. Debajo de ellos, toda la hierba, la parte superficial de la tierra que la sustentaba y el hielo de Shouto que este genera de manera constante van resquebrajándose y deshaciéndose en pedazos, porque el Don de Shigaraki sigue actuando incluso aunque se haya marchado, avanzando como una oleada de destrucción masiva a la que no sobrevive nada que roce—. ¡Katsuki! ¿Me has oído? ¡Tenemos que…!
—¡Te he oído, sí! —gruñe Katsuki, adelantándolo, preocupado porque no conocen la potencia que le ha imprimido Shigaraki a su último ataque y la posibilidad de que este alcance el complejo, no demasiado apartado del sitio donde han peleado con ellos.
Consiguen llegar al complejo, sobrepasando por un amplio margen la devastación del Don de Shigaraki, que continúa avanzando, cada vez más lentamente, en una enorme circunferencia que languidece a pocos metros de ellos. Los dos héroes se detienen y la observan unos segundos, anonadados, mientras recuperan la respiración. Katsuki se fija en el rostro, ligeramente pálido por la situación, de Shouto, que trasluce más preocupación de lo habitual.
—Su Don ha crecido mucho —murmura Shouto casi para sí mismo. Katsuki frunce el ceño y Shouto, malinterpretando su expresión, repite sus palabras en voz mucho más alta, costumbrado a esa situación—. ¡Digo que su Don ha crecido mucho!
—Te he oído perfectamente la primera vez —dice Katsuki, sin poder evitar un matiz de orgullo en la voz. Llevándose la mano al oído derecho, se cerciora de que el audífono está perfectamente ajustado. No se ha movido y funciona sin problema. Si no fuese porque Shouto lo ha malinterpretado, ni siquiera habría recordado que los llevaba puestos. «Y eso que es sólo un prototipo del nerd», piensa sin poder contener una sonrisa—. Me han fabricado unos nuevos audífonos que me permiten oír perfectamente al mismo tiempo que cancelan el ruido.
—¡Oh! Entiendo —asiente Shouto—. Tendrás que avisarme de qué empresa ha sido. Tenemos un par de héroes de apoyo en la agencia a los cuáles les vendría bien algo así.
—Han estado entrenando sus Dones —dice Katsuki, contestando a la afirmación inicial de Shouto, para evitar mencionar a Hisashi. Al girarse, ve todavía que hay varios edificios ardiendo con las llamas azules de Dabi—. Este también, ese fuego se come cualquier cosa y no recuerdo que antes pudiera generar tanto de golpe ni a una temperatura tan alta como para derretir estructuras de hormigón y acero.
—Y el otro Shigaraki debía de ser Toga. Ha utilizado también el Don de él, así que…
—Ya lo sé —le interrumpe Katsuki, impaciente. La villana que él recuerda y cuyos datos ha repasado antes de venir al complejo podía imitar las formas de otras personas si bebía su sangre, pero no emplear el Don de dicha persona. Otro problema añadido que la Comisión ni siquiera se ha molestado en tener en cuenta—. Yo también sé pensar. Vamos, hay que ayudar a apagar esto y poner a todo el mundo a salvo.
Con un último vistazo al Decay de Shigaraki, que se ha terminado de estancar a apenas un par de metros de donde están, los dos se apresuran a volver a la zona donde el incendio todavía está devastando el complejo. Al contrario de la sección donde Shigaraki ha actuado, donde sólo reinaba el silencio y ellos eran los únicos que lo interrumpían, la zona que está ardiendo lo hace todavía sin control, los gritos salpican el área entera y parece que el caos gana al orden que los héroes de apoyo de las agencias intentan poner en la evacuación.
—¡Shouto! ¡Dynamight! —Los dos se detienen al reconocer la voz de Lemillion, que junto a Suneater ayuda a varios reclutas, de edades similares a las del grupo de Katsuki a alejarse de la zona del Decay.
—Pensábamos que… —comienza a decir Shouto, esbozando una sonrisa aliviada al verlos ahí.
—¿Dónde está Fat Gum? —pregunta Katsuki, interrumpiendo a Shouto antes de que complete su frase. Él también los daba por muertos al ver la devastación del Don de Shigaraki, pero no es necesario decirlo tan llanamente. «Luego se atreve a decir que soy yo el que no tiene tacto», gruñe mentalmente.
—¿No estaba con vosotros? —pregunta Suneater, señalando con la cabeza hacia el vacío que han dejado los pabellones asignados a su agencia y sus reclutas. Shouto niega con la cabeza, apretando los labios—. Mierda. Joder. Joder, joder, joder.
—¡Eh! ¡Eh! Tamaki, mírame —dice Lemillion, llamando la atención del héroe encapuchado. Suneater, al cual Katsuki apenas le ha oído decir más de dos o tres frases seguidas en las veces que ha coincido con él hasta ahora, parece a punto de perder el control, pero Lemillion se acerca a él y lo mira mientras habla—. Concéntrate en lo que estamos haciendo. Un poco más, ¿vale? Él querría que primero terminemos esto.
—¿Os apañáis? —pregunta Katsuki, incómodo. No tiene el valor de dar voces a Suneater para que demuestre de que pasta están hechos los héroes, porque sabe que el chico, una de las mejores promesas de la U.A. y uno de los héroes más eficaces en las actuaciones en las que se ha visto implicado en los últimos años, ha trabajado para Fat Gum desde antes de graduarse. Aparta la vista, mirando a su alrededor y calculando cuánta gente está con los dos héroes de apoyo. «Muy pocos», concluye con cierta pesadumbre.
—¡Sí! Vosotros id a otra zona donde hagáis más falta, nosotros organizaremos esta parte —responde Lemillion.
—Dirigíos a la zona de Best Jeanist —sugiere Shouto, señalando hacia el extremo que parece no haber sido afectado por las llamas y el Decay—. Reuníos allí con los evacuados de su zona y poneos a sus órdenes.
—¡De acuerdo! Vamos, un poco más, chicos. ¡Plus ultra! —exclama Lemillion.
—Podemos hacerlo —susurra Suneater, con la voz acongojada y el rostro oculto tras la capucha de su traje de héroe.
Katsuki les dirige una mirada evaluadora y acaba concluyendo que tanto los héroes como sus reclutas están lo suficientemente enteros y sanos, así que asiente y, sin esperar a Shouto, aunque este le sigue inmediatamente, sale disparado hacia la zona de las llamas, sumergiéndose en el caos.
—¡Voy en busca de Endeavour! ¡Tenemos algunos héroes de apoyo en la agencia que pueden ayudar a controlar las llamas! —oye gritar a Shouto, que se separa de él en dirección a su cuadrante que, aunque también ha sido afectado por las llamas, parece mucho más indemne que el de la agencia Dynamight, cuyos edificios al completo oscilan entre diversas magnitudes de incendio.
Katsuki aterriza en el patio de entrenamiento que, aunque ya estaba destrozado por lo brutal de algunos combates cuerpo a cuerpo con los que sus reclutas intentan sacarle del círculo, ahora parece totalmente desolado. Los dos hombres del personal del complejo que ha dejado allí siguen organizando a la gente que llega, ahora apoyados por algunas personas más, todas de uniforme con estampado militar y el logotipo de Detnerat. Salvo el pabellón de dormitorios, que parece entero, aunque enormes penachos de humo salen de algunas de sus ventanas, todos los demás, incluidos comedores y pabellones de entrenamientos, están siendo pasto de las llamas azules de Dabi.
—¿No hay nadie con ningún Don que pueda apagar las llamas? —pregunta al aire, sin dirigirse a nadie en particular.
—Hemos enviado una petición de auxilio a la Comisión, pero no creo que lleguen a tiempo —responde alguien al instante, en tono de respeto—. ¿Cómo está la cosa en los demás recintos?
—Jodida. Fat Gum ha desaparecido junto a todo su complejo, varios héroes de apoyo y casi todos sus reclutas. ¿Nadie que controle el agua? —El subalterno niega y Katsuki, frustrado, suspira profundamente—. ¿Está todo el mundo a salvo?
—Estamos haciendo recuento, porque creemos que faltan reclutas. Algunas personas pueden haberse dirigido a otros puntos de evacuación en el intento de alejarse de las llamas, pero…
—¡No hables y hazlo! —ordena Katsuki, volviéndose hacia la gente.
Reconoce a casi todos los que van con el uniforme que han proporcionado a los civiles, todos se han enfrentado a él en el círculo y se han desempeñado con entusiasmo. Al contrario de lo que esperaba, caras desoladas como las de los reclutas que estaban intentando poner a salvo Lemillion y Suneater, los suyos tienen caras determinadas a pesar de estar sucios por las manchas de ceniza y humo. Todos ellos tienen las mochilas de supervivencia a los hombros y ninguno parece herido ni aterrorizado, aunque sí preocupados.
—¿Podemos ayudar en algo, héroe Dynamight? —pregunta la chica de las orejas con forma de jacks—. Aquí estamos bien, podemos intentar colaborar en labores de rescate si es necesario.
—Mejor no nos separemos, todavía pueden volver a atacar —niega Katsuki, pensando en lo veloz que podría ser una escabechina si Kurogiri transporta a los villanos en medio del patio de entrenamiento.
—¿Cree que podemos sufrir más ataques? —pregunta el chico de la cola que domina las artes marciales. En realidad, Katsuki cree que Shigaraki ha hecho un enorme esfuerzo para poder devastar un espacio tan grande y unos edificios tan sólidos tan rápidamente y que no puede repetir su hazaña ahora mismo, pero no está nada seguro. Cualquier cosa podría ocurrir y no tienen suficiente información para afirmar nada tajantemente, sobre todo porque ha quedado patente que no sabían todo lo necesario para estar preparados. De pronto, la presa se ha convertido en cazador y esa es una sensación que Katsuki odia profundamente.
—No lo descarto. —«Pero espero que se estén lamiendo las heridas», desea internamente—. En cualquier caso, antes nos han pillado de improviso, ahora estamos alerta.
—¡Katsuki! —Lo llaman por su nombre por segunda vez esa maldita noche. Katsuki se vuelve hacia Best Jeanist, que se acerca—. ¿Estáis todos bien?
—No lo sé, estamos evaluando daños —responde Katsuki a su viejo mentor—. ¿Vosotros?
—El ataque no ha llegado a nuestra zona, estamos apoyando a Endeavour. Shouto salió a perseguir a los atacantes.
—Necesitan más apoyo en el sector de Fat Gum, envía gente allí para ayudar a evacuar la zona.
—¿Los habéis visto? —pregunta Best Jeanist, asintiendo y haciendo un gesto a uno de sus héroes de apoyo, que sale corriendo por donde han venido para transmitir las instrucciones de Katsuki.
—Eran al menos cuatro —informa Katsuki, un tanto distraídamente mientras comienza a caminar y buscar entre la multitud de reclutas a Hisashi y sus amigos. No ha contado exactamente, pero más o menos están todos… menos el grupillo que tienen montado y que se sientan juntos en las comidas—. Perseguimos a Shigaraki y la lagartija y luego aparecieron Dabi y Toga, esta transformada en Shigaraki. Puede usar su Don. Kurogiri los ayudó a escapar. Hemos enviado a Lemillion y Suneater a tu zona con varios damnificados para reacomodarlos en vuestros pabellones.
—No. Tenemos que irnos de aquí. Ya —dice Best Jeanist, siguiéndolo sin dejar de hablar—. Los refuerzos de la Comisión no van a llegar a tiempo, las llamas avanzan y el complejo está perdido. Somos vulnerables ante otro ataque, no podemos quedarnos aquí, tenemos que evacuar y dirigirnos a otra parte, a la ciudad más cercana para poder atender adecuadamente a los heridos.
—Todavía no, creo que me falta gente —niega Dynamight, volviéndose hacia el hombre vestido con uniforme de estampado militar, cabreado por su incompetencia—. ¿Está el puñetero recuento ya?
—Faltan varios reclutas, pero… —Ignorándolo, Katsuki comienza su propio recuento. Puede que no se haya molestado en aprenderse los nombres de todos y cada uno de ellos, pero desde luego se sabe sus Dones y habilidades, la mejoría que han logrado durante la semana y cómo se han desempeñado en los entrenamientos de memoria, así que empieza a organizarlos a voces, pidiendo que se coloquen de manera que pueda repasarlos en la multitud sin dejarse a nadie atrás.
—¡Dynamight! —insiste Best Jeanist—. Los edificios en llamas ya han sido evacuados, no queda nadie que…
—¡Todavía no, joder! —ruge Katsuki, frustrado, cabreado y preocupado.
—¡Hay que marcharse!
—¡Idos, entonces! —dice Katsuki, enfrentándose a Best Jeanist, que no retrocede ni un milímetro a pesar de la agresividad del héroe—. Yo os seguiré lo antes posible, en cuanto consiga reunir a todo el mundo. No me voy a ir dejando a nadie atrás. Ni siquiera os dará tiempo a sacarnos ventaja.
—No deberíamos separarnos. La Comisión…
—¡Me importa un comino la comisión! —Desesperado, Katsuki sigue contando a los reclutas, enumerando para sí mismo los Dones, pero ya casi no tiene ninguna duda: no hay ninguna cabellera verde entre la multitud, ni siquiera camuflada por lo escaso de su altura. El chico alto de acento extranjero, el rubio atontado, las dos chicas que van con ellos... Ninguno está allí y no tiene ni idea de por dónde empezar a buscarlos.
—Musutafu, Katsuki. —Impaciente, Katsuki se vuelve hacia Best Jeanist, conteniendo su cada vez más irritante malhumor—. Si no nos dan otras instrucciones, id a Musutafu. El complejo más cercano de donde puede venir ayuda es el de Osaka, así que los refuerzos que envíen a evacuarnos tienen que pasar por allí sí o sí. En Osaka están Gang Orca y Ryuku, ¿recuerdas? Katsuki, escúchame.
—Musutafu, de acuerdo —contesta Katsuki, escuchándolo sólo a medias, girando hacia el edificio de los dormitorios, que ahora arde con fuerza a pesar de que unos minutos antes sólo una larga columna de humo abandonaba sus ventanas, y un mal presentimiento le invade el pecho.
—No os retraséis demasiado. No podemos sacrificar a todos. Katsuki…
—¡¿Qué?! —grita Katsuki.
—Los que te falten pueden estar en otro de los recuentos, la gente ha huido donde ha podido —dice Best Jeanist con gesto compasivo. Katsuki asiente secamente, ignorándolo, y el otro héroe se da media vuelta y se aleja.
—¿Has visto al nerd de pelo verde? El de los guantes —pregunta Katsuki, un poco desesperado, a alguien con el uniforme de personal de servicio del complejo. Ahora está seguro: no está en el enorme grupo de gente que espera allí entre reclutas, personal de apoyo y empleados del complejo. Señala a uno de estos últimos, tratando de hacer memoria—. Ve donde están reuniendo a otras personas y busca a Hisashi Midoriya, Ochaco Uraraka y…
—¡Dynamight! —La voz del chico de pelo negro y ligero acento extranjero lo alivia sólo durante un segundo, porque cuando se vuelve ve que, detrás de él, caminan también Hatsume, Kaminari y Uraraka, que son los compañeros inseparables del nerd, pero Hisashi no está con ellos. Vienen cansados y agotados y traen caras preocupadas y angustiadas que hacen que sospeche todavía más—. ¡Está todavía dentro, Dynamight! ¡En el pabellón de servicios!
—¡Le dije que fuese a los dormitorios y evacuase! ¡Sólo le permití entretenerse para avisar a otras personas de lo que había que hacer!
—Lo hizo —confirma Hatsume, que luce más aterrorizada que el resto de sus amigos—. Nos quedamos atrapados en el fuego y pudimos salir gracias a él y nos dijo que hiciésemos eso, pero él… volvió de nuevo. Dijo algo de un taller.
—¡Joder! —exclama Katsuki, apretando la mandíbula y mirando hacia el edificio de servicios, donde están las cocinas, los comedores y el maldito taller, que arde en las descontroladas llamas azules de Dabi.
