Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
Esta vez sí, el título es de la OST de Mulán: The Master Plan.
¡Muchísimas gracias por leer y comentar!
EL PLAN MAESTRO
La principal preocupación de Dabi es que todo resulta demasiado normal, anodino. Su desconfianza natural le hace sospechar de una posible trampa y que la intuición le indique que All for One tenía inquietudes similares a las suyas no contribuye a tranquilizarlo, a pesar del ímpetu de Iguchi y la desidia optimista de Shigaraki sobre realizar un nuevo ataque. Sin embargo, el líder de la Liga de villanos se ha mostrado tranquilo y optimista en todo momento, incluso cuando ha ordenado a Toga y Shigaraki, a quienes les es más fácil pasar desapercibidos, camuflarse entre la gente de la ciudad y echar un vistazo al terreno antes de movilizar al resto hasta allí para poner el plan en marcha.
—Al final, la frase hecha de que un asesino siempre vuelve al lugar del crimen ha acabado convirtiéndose en cierta —dice Iguchi, riéndose entre dientes, cuando salen a la azotea de un enorme edificio, transportados por Kurogiri. All for One, que ha ladeado la cabeza, pareciendo escuchar algo que sólo él oía, ha decidido no seguir esperando el resultado de la expedición de Toga y Shigaraki y transportar a todos ya al destino.
Bubaigawara secunda las palabras de Iguchi con una carcajada y Dabi sonríe, pues es cierto que la ciudad de Musutafu está a apenas unas decenas de kilómetros del complejo militar que han atacado. Kurogiri los ha transportado a lo alto de una azotea de uno de los mayores edificios de la ciudad de Musutafu. Desde la azotea donde están, se puede ver el lejano monte Fuji recortándose en el paisaje con su cumbre nevada. Sin embargo, no es un objetivo al azar, han elegido el lugar intencionadamente y no precisamente por su cercanía, sino por lo que la ciudad acoge entre sus edificios. Al principio, mientras elaboraban el plan, tanto Iguchi como Dabi habían propuesto atacar una ciudad lejana, quizá buscar otro complejo donde asestar otro golpe contra los héroes, pero All for One se había negado. «Nada de sitios pequeños ni secretos», había dicho, solemne, con una sonrisa malévola esbozándose en su expresión a pesar de la máscara. «Es hora de empezar a pensar a lo grande, un plan maestro que dé un golpe fuerte a toda la sociedad ahora que tenemos la iniciativa y vamos por delante de los héroes, para que la gente despierte y nos vea con toda claridad».
Iguchi se enzarza en una conversación con tintes absurdos con las dos personalidades de Bubaigawara que se turnan para hacer uso de su verborrea y Dabi se acerca al borde de la azotea y mira hacia al suelo, decenas de pisos más abajo. La gente camina por las calles, diminutas hormigas desde su punto de vista, continuando con su vida como si no hubiese habido un ataque a gran escala a pocos kilómetros de allí. De nuevo, el gesto de All for One de ladear la cabeza igual que si intentase sintonizar un canal de radio, los hace ponerse en alerta. Todos guardan silencio, expectantes.
—Kurogiri, ve a recogerlos al punto de encuentro. —Ante la orden de All for One, el nomu asiente y desaparece en su manto negro. Apenas tarda unos segundos en regresar, trayendo de vuelta a Toga y Shigaraki.
—Me pone los pelos de punta que hagas eso, joder —masculla Dabi, un poco disgustado por la forma en la que ese Don en específico de All for One parece trabajar.
—No hay ni rastro de los héroes —informa Toga antes de que nadie pueda decir nada más. Ha adoptado la forma de alguien, seguramente un transeúnte despistado al cual haya podido atacar discretamente, pero enseguida recobra su propio cuerpo. Tapándose teatralmente los ojos, Bubaigawara le tiende su ropa, que ha quedado a su cargo; sin embargo, Dabi no aparta la vista, levantando una ceja con interés—. Igual que en Hamamatsu, todos los héroes parecen desaparecidos, pero la gente está tranquila y sigue con sus vidas. Es como si no se hubieran enterado de lo ocurrido.
—La ciudad tampoco está evacuada —añade Shigaraki, dejándose caer al suelo y sentándose con las manos tras la nuca y la cara entre las rodillas. Suspira, como si estuviese agotado por el esfuerzo. Es extraño. Dabi esperaba que, aunque sólo fuese por la cercana de la ciudad al complejo que atacaron, la Comisión de Héroes habría tomado algún tipo de medida preventiva—. No se han enterado. Pasé por un lugar de estos donde venden televisiones justo a la hora a la que ponían el informativo. Había un comunicado de la Comisión de Seguridad Pública tranquilizando a la población, pero después pasaron directamente a no sé qué partido deportivo, como si no hubiera noticias más importantes.
—Todo parece… demasiado normal —susurra Toga, encaramándose al borde de la azotea, sin vértigo alguno, mirando hacia abajo.
—Nos están ocultando al público —masculla Iguchi.
—Eso ya lo suponíamos —dice Dabi. No se han acercado a la zona del complejo para valorar el daño que han causado, pero si algo tiene claro es que la arrogancia de los héroes no tiene límite y no están esperando otro ataque tan rápido y tan cerca. Las diminutas hormigas que caminan por debajo de ellos, ignorando quiénes observan la ciudad desde la cima de los edificios, son una prueba de ellos—. No quieren que la gente se alarme y entre en pánico.
—Ya os dije que no iban a evacuar nada —insiste Iguchi, arrastrando las palabras. Está de pie al lado de All for One, con la espada desatada, listo para entrar en acción—. Con tanto secretismo como tenían, lo raro sería que ahora lo hubiesen anunciado a los cuatro vientos.
—Ni siquiera se han preocupado por la gente, por ponerla a salvo —murmura Bubaigawara, con tono de divertida ironía—. Se creen que todo el mundo es igual de idiota que ellos.
—Los héroes sólo fingen proteger a la gente, Twice. E ignoran a quien no pueden salvar —murmura Shigaraki—. Durante el ataque, se lanzaron a por nosotros mientras mi Don consumía los edificios. Ignoran a quien no pueden salvar y luego —añade, apartándose del lado de All for One para señalar el vacío que se abre a sus pies, donde la gente sigue caminando, sin alzar la vista, sin sospechar absolutamente nada—, hacen todo lo posible para esconder los fallos.
—La gente tampoco es inocente —masculla Iguchi, resoplando por la nariz—. Mucha de esa gente los apoya, personas que se han acomodado con la exigua y falsa protección de los héroes.
—Son unos hipócritas. Unos y otros —asiente Toga, que está jugueteando distraídamente con las afiladas jeringas de su equipamiento.
—Bastante tienen con lamerse las heridas que les hemos causado —dice Bubaigawara, cuyas personalidades vuelven a entrar en conflicto, mutando de la compasión a la fiereza en una milésima de segundo—. Es el momento ideal para atacar.
Dabi mira de reojo a All for One, que parece estar más cansado de lo que ha estado desde la fuga debido al uso continuado de varios Dones que se ha visto obligado a hacer durante las horas anteriores, pero este parece más determinado que antes.
—Entonces, el plan sigue adelante. Por un bien mayor. La gente ha de darse cuenta de que la sociedad de héroes no funciona y que estos no son más que marionetas de un sistema defectuoso y corrupto que hay que limpiar desde adentro, incapaces de defenderse a sí mismos y mucho menos a la sociedad —dice finalmente, con voz tranquila, All for One.
—Un bien mayor, claro que sí —asiente Bubaigawara, caminando nerviosamente de un lado a otro por la azotea—. Vamos a hacerles tanto bien que acabarán agradeciéndonoslo o pagando por ello.
—Y conseguiremos que nuestro mensaje llegue a las masas. —All for One se levanta lentamente y camina hacia Kurogiri—. Ha llegado la hora.
—Sí, señor.
Dabi, mirándose los dedos y flexionándolos, se concentra en llamar a ese Don que apenas le ha dado tiempo a catar durante el ataque al complejo. El Don que All for One ha encontrado para paliar el daño de sus llamas al cuerpo hoy le va a hacer falta, así que busca en su interior esa sensación de gelidez que nota un poco impostada, supone que porque no es suya realmente, y la fuerza a extenderse por todo su cuerpo, desde el centro del pecho hasta la punta de los dedos. Cuando lo consigue, reprime un escalofrío y, ante la mirada inquisitiva de All for One, asiente.
—Hagamos que la gente se entere de que estamos aquí. —La voz de All for One se eleva, arengándolos. Bubaigawara se ajusta la máscara, Toga sonríe y se quita el abrigo, doblándolo con cuidado y dándoselo a Kurogiri. Iguchi ya está desenvainando la espada, Shigaraki no se ha molestado en levantarse siquiera. El manto oscuro de Kurogiri se levanta, enorme, ocupando tanto sitio que su presencia en lo alto de la azotea ya no pasará desapercibida y de su interior sale caminando, con agilidad sorprendente para su tamaño, una bestia gigantesca—. Mi pequeño… adelante… Es tu turno…
A las órdenes del Don de carisma con el que All for One lo controla, el enorme nomu abre sus fauces y emite un chillido penetrante que llama la atención de todas las personas que caminan por las calles. En apenas unos segundos los gritos de la gente al correr, los pitidos de los automóviles y el caos horrorizado se unen a los alaridos que el nomu sigue soltando. Con más agilidad de la que su enorme tamaño podría sugerir, el nomu corre por la azotea, cogiendo carrerilla antes de saltar por el borde con tanta potencia que, en su caída, consigue salvar todo el ancho de la calle y aterrizar en el edificio de enfrente.
—Uno de los Dones que posee es, precisamente, aligerar su masa corporal —dice la voz de All for One, satisfecho. Dabi sigue con la mirada los movimientos del nomu, que clava sus garras retráctiles en la pared como si esta fuese de esponja. Pronto, se ha abierto paso al interior del edificio—. Será mejor que nosotros también nos pongamos en movimiento.
Prácticamente no han dormido desde el ataque al complejo, pero Dabi está listo para proteger con su Don al nomu de posibles ataques. Kurogiri había dado con la clave de su plan. El laboratorio donde el secuaz de All for One había estado creando varios nomus seguía en el mismo sitio, sin muestras de haber sido localizado por las agencias de héroes que se habían encargado de desmantelar la escasa infraestructura de la Liga de Villanos tras la derrota de Kamino. A pesar de ello, los años no habían pasado en balde y, aunque pusieron todo su empeño en regenerar y despertar a los seis nomu allí almacenados, sólo han conseguido hacerse con uno de ellos. El más poderoso y con más capacidad de regeneración, había asegurado All for One antes de hablar al monstruo con palabras susurradas e impregnadas de carisma, dándole órdenes que poder obedecer.
—Dabi… —indica All for One. Con un gesto rápido de sus manos, varias oleadas de llamas salen dirigidas desde sus dedos con habilidad hasta quedar marcadas, negro incandescente, en una de las fachadas: «Libertad de Dones. Muerte a los héroes, verdaderos villanos».
Siguen al nomu corriendo lo más rápido que pueden, hasta llegar a su destino. Dentro del edificio, enmarcado con el nombre de Agencia Endeavour, los sonidos de destrucción del nomu, que ha podido violar todas las medidas de seguridad, se mezclan con el de las personas que están dentro. Con una sonrisa satisfecha, Dabi marca también el edificio de enfrente con otra consigna, para dejar claro que su objetivo son las agencias de héroes de la ciudad.
«Una fuerza capaz de levantar varias toneladas, regeneración molecular a alta velocidad que le proporciona inmortalidad en la práctica, resistencia ignífuga, cese gravitacional… Y es venenoso», indicaba el informe que reposaba junto a la matriz llena de líquido donde el nomu flotaba antes de que lo despertasen. «Un ejemplar magnífico», había dicho, aprobándolo, All for One. «Y puede pensar por sí mismo. Uno de los más avanzados que Garaki y yo conseguimos crear».
Mientras Toga y Iguchi averiguaban cómo desencadenar la reacción que despertase al nomu y reconociese a All for One como su amo, este les había contado el sistema de cesión de Dones que posee en su interior y que Dabi ya ha experimentado en primera persona durante los últimos días. Un sistema que le permite transmitir cualquier Don que poseyese. «Y poseo muchos», había añadido con orgullo. Dones que no le habían podido ser arrancados por la Comisión de Héroes, quienes sólo habían intentado suprimir que los aplicase durante su condena. «Aunque el arte no está sólo en la cantidad de Dones que transmito a alguien… sino en que consiga que no le maten».
Dabi había fruncido el ceño. Todavía le incomoda la explicación que All for One le ha dado acerca de que los cuerpos de las personas son vasijas que contienen el Don asignado. Más de un Don dentro de la vasija hace que esta se vea forzada a acogerlos a la fuerza, existiendo el riesgo de que estalle. Tampoco ha decidido si le importa. All for One ha asegurado que queda tiempo para llegar a ese límite, sobre todo con un solo Don como el que le ha otorgado a él, y que después de conseguir su objetivo puede retirárselo de nuevo, pero la prioridad de Dabi es vengarse y su supervivencia a dicha venganza no le preocupa en lo más mínimo, aunque sí le gustaría vivir para ver un mundo sin héroes, sin Endeavour.
Al final, había sido la habilidad de Toga para transformarse tras lamer una gota de sangre seca que persistía bajo una capa de polvo en el laboratorio en un desconocido que Dabi no había visto en su vida, pero aparentemente familiar para Shigaraki y All for One, la que había conseguido la clave para activar al nomu. Algo asqueroso que incluso había provocado arcadas a Bubaigawara, que se había debatido entre felicitarla y celebrar y contener las náuseas, pero efectivo. La huella dactilar de ese tipo, un viejo feo y barrigón con bata de médico sin nada especialmente destacable, había sido la clave que había permitido activar al nomu que ahora destroza el vestíbulo de la sucursal de la agencia de Endeavour en Musutafu delante de ellos.
—¡No hay héroes aquí! —grita la chica del mostrador de la recepción, aterrorizada, cuando Iguchi le pregunta. Shigaraki la sostiene con una de las manos, cerciorándose de mantener el meñique apartado. La forma en que la chica intenta apartar las manos de este de su cuello indica que sabe quién es y qué puede hacer—. ¡No están! ¡Nadie de los que estamos aquí somos héroes, sólo personal administrativo y de apoyo!
—Vendrán —dice Toga, confiada. La chica tartamudea, balbuceando, sonidos ininteligibles—. En cuanto las llamas de Dabi prendan en el edificio, vendrán y comprobaréis que son incapaces de defenderos, que son falsos héroes inútiles que sólo buscan reconocimiento y admiración.
—Dice la verdad. —Un hombre mayor, tras ellos, con una pose de digna valentía al dirigirse a ellos. Dabi levanta una ceja, pero a pesar del caos reinante no se confía. Es cierto que debería haber mucha más gente en el edificio, aunque fuesen héroes de apoyo o personal especializado en catástrofes y desastres. En cierto modo se asemeja a la pequeña agencia de Hosu que allanaron un par de días atrás en que no parece estar operativa—. Soltadla y os diré lo que necesitáis saber.
—Dinos lo que quieras y luego ya veremos si la soltamos —responde rápidamente Iguchi.
—¡Oh, yeah! ¡Mic drop! —celebra Bubaigawara, que se ha desdoblado en un par de clones de sí mismo que están rebuscando por la estancia algo útil a la vez que esquivan los destrozos que el nomu está provocando.
—Shouto, Endeavour y sus héroes de apoyo están cerca de aquí, en un complejo militar. Todas las agencias han sido movilizadas para combatiros, ninguna está funcionando de la manera tradicional —dice el hombre. El chillido horrorizado de la chica corrobora que está diciendo la verdad, aunque eso es algo que ya sabían o habían deducido por su cuenta tras la incursión en la agencia del héroe acuático y el ataque al complejo, aunque a Dabi le decepciona constatar que ha estado tan cerca de Endeavour y no haber podido enfrentarse a él.
—La actitud de ella me hace creer que tus jefes no van a estar contentos contigo por decirnos esto —señala All for One amablemente—. Tienes un Don interesante, ¿no querrías unirte a nosotros?
—Antes muerto, hijos de puta —escupe el hombre. Sin previo aviso, un armario al lado de All for One y otro al lado de Shigaraki explotan violentamente, pero Kurogiri los protege de forma automática, haciendo que su portal traslade los escombros, disparados como proyectiles, diseminándolos por toda la sala, pero lejos de ellos.
—Muy bien. —En un parpadeo, All for One está al lado del hombre, sujetando con energía su cara entre las manos y robándole el Don, a pesar de su aspecto cansado antes del ataque. La chica custodiada por Shigaraki se deshace en fino polvo que se arrastra por el suelo.
—No dijiste que ella tuviera un Don que quisieras —dice Shigaraki cuando todos le miran, encogiéndose de hombros—. Y forma parte del sistema que los héroes tienen montado, es absurdo que nos pongamos exquisitos. —El resto sonríe con diferentes niveles de aprobación, deleitándose en los gritos horrorizados del hombre.
—Que arda todo el edificio —dice All for One, llamando de vuelta al nomu. Las llamas salen disparadas de las manos de Dabi, reproduciéndose rápidamente. A pesar de la potencia utilizada para que el edificio prenda en lo que ellos salen, el Don de gelidez que All for One le otorgó para potenciar sus llamas apenas se ha resentido y su cuerpo sigue frío—. Una antorcha que ilumine la ciudad señalando nuevos derroteros para la sociedad. Es hora de representar el fin de la era de los héroes.
—Ha sido demasiado fácil —celebra Toga cuando salen del edificio. Tras ellos, las llamas restallan con fuerza, elevándose hacia el cielo y rematándolo con una columna de espeso humo negro.
—¡Somos invencibles! —grita Bubaigawara, desdoblándose en dos más al tiempo que sus dos clones salen, un tanto manchados por el humo, del interior del edificio, mirando con curiosidad hacia su alrededor.
—Esto debería verse desde cualquier parte —masculla Shigaraki—. Incluso desde Shizuoka, incluso.
—No hay héroes en la ciudad —confirma Dabi, mirando a All for One—. Y si los más cercanos están lidiando con las consecuencias del ataque de ayer…
—Es una oportunidad que no debemos desaprovechar en una ciudad tan grande con varias agencias. Vamos, tenemos mucho trabajo que hacer.
Dabi sonríe mientras caminan por la calle desierta. Las sirenas de la policía y los bomberos empiezan a oírse a lo lejos, pero pronto habrá demasiados focos de incendios en la ciudad para poder asumirlos con unos recursos mermados por la ausencia de héroes.
.
Katsuki ya no está a su lado cuando Izuku se despierta. Intentando abrir los ojos, hinchados por las escasas horas de sueño y deslumbrado por la luz solar que entra a través de la tela de la tienda, palpa el otro lado del saco de dormir, que ya está frío. Abre la cremallera de la tienda y una ligera brisa le alborota los escasos cabellos quemados, algo que agradece, pues el aire del interior está cargado. Al asomar la cabeza fuera, constata que ha dormido muchísimas horas, porque el sol ya está más bajo del mediodía. Lo cual explica el agujero hambriento que siente en el estómago. Se ha saltado al menos dos comidas.
Se pone sus pantalones, un poco acartonados por el humo y el sudor de la noche anterior, pero se queda con la camiseta que Katsuki le ha prestado para dormir, que le cae hasta la mitad del muslo y casi deja al descubierto uno de sus hombros por lo ancho del hueco del cuello. Saliendo de la tienda, busca con la mirada sus zapatillas rojas, pero no las encuentra. La noche anterior, Katsuki debe haberlas lanzado más lejos de lo que había parecido. O las han recogido y tirado, porque no se ve ningún desperdicio. Un tanto desorientado, mira a su alrededor, sin saber exactamente qué o a quién busca. No tarda en localizar a Katsuki a una decena de metros de distancia, de espaldas, desmontando hábilmente una tienda de campaña mientras charla secamente con Shouto, el héroe mitad fuego y mitad hielo que Izuku es capaz de reconocer al instante gracias a su aspecto físico.
Los movimientos de ambos, precisos y mecánicos, fruto de la práctica, se coordinan perfectamente, como si llevasen años haciendo aquello juntos. Apenas tardan un minuto en terminar de empacar la tienda y guardarla en una de las mochilas de supervivencia, que dejan en un montón junto a varias decenas de estas más, y comienzan a desmontar la siguiente. Izuku intenta reprimir un bostezo sin mucho éxito mientras sopesa si acercarse a ellos y ofrecerles su ayuda, entrar en la tienda a recoger sus cosas o ir a ver si encuentra a sus amigos para saber si tienen algo de información nueva. Primero descarta acercarse a Katsuki. Shouto es un héroe imponente, tan alto y de expresión seria y grave. Sabe que era alto, como Endeavor, pero verlo al lado de Katsuki, aunque mucho más delgado, impone. Además, ambos parecen estar hablando de temas serios por la expresión preocupada de sus rostros, así que Izuku no se atreve a ir e interrumpirlos por muchas ganas que tenga de estar al lado de Katsuki.
Los mira durante unos segundos más, con una extraña sensación agobio extendiéndose por su pecho al mismo tiempo que varios retazos de recuerdos de la noche anterior inundan su mente. Katsuki extendiendo crema en sus quemaduras, sus dedos rozando suave y gentilmente su piel. El calor de la espalda de Katsuki junto a la suya, su aroma a quemado por debajo del acre olor del humo provocado por el incendio, la suave luz del amanecer inundando la tienda que no ha sido suficiente para desvelarlos, los sonidos pausados y relajados de la respiración de Katsuki, cosquilleándole en la nuca cuando este se ha dado media vuelta para cambiar de postura mientras dormía.
Izuku sospecha que, si él ha tardado varias horas en poder conciliar un sueño profundo, Katsuki no ha debido de descansar plenamente en ningún momento, mucho menos teniendo que compartir el saco de dormir y la manta. Sin embargo, sus movimientos veloces y precisos mientras desmonta la tienda no hacen sospechar lo contrario. Trabaja con eficacia y desenvoltura, deteniéndose solamente a secarse de vez en cuando el exceso de sudor de las palmas de las manos en el pantalón. Las mismas manos que, durante la noche, Izuku ha soñado que lo abrazaban protectoramente por la cintura. Izuku sonríe con tristeza, evocando las sensaciones de un sueño que recuerda tan realista que casi podría desear que sea uno de esos retazos de la duermevela. Sí está seguro, no obstante, de que a partir del momento en el que ese sueño se ha producido, es cuando mejor ha dormido y por fin ha podido descansar.
Está a punto de decantarse por la segunda opción, recoger sus cosas para estar listo si le ordenan desmontar la tienda, al observar que a su alrededor hay más gente desmontando las tiendas de campaña, cuando Hatsume, Sero, Kaminari y Uraraka llegan, cargados con un par de mochilas de supervivencia que lanzan al mismo montón donde los héroes han dejado las otras.
—¡Hisashi! —Le saludan con tanto entusiasmo y con un volumen tan alto que atraen la atención de todos los que están cerca, incluidos el héroe Shouto y Katsuki, que están terminando de plegar la tercera tienda desde que Izuku se ha despertado.
—Hola —dice Izuku cuando sus amigos se acercan a él, abrazándose a sí mismo, un poco vulnerable por la enorme camiseta, casi como un vestido, cuyo tamaño desvela de quién puede ser. También sigue descalzo, aunque nota la hierba seca y cálida bajo los calcetines, holgados, que le dio Katsuki la noche anterior—. ¿Cómo estáis? ¿Estáis bien?
—Peor que tú, weón —bromea Sero, palmeándole la espalda con energía—. Has estado durmiendo un montón de horas, nosotros hace rato que nos reclutaron para recoger todo este jaleo.
—Vinimos a preguntar por ti a última hora de la mañana —informa Uraraka, observando de reojo a los dos héroes que, a varios metros de distancia, han terminado de recoger la tienda y ahora intercambian algunas palabras mientras miran en su dirección. Izuku se queda ensimismado en la mirada de Katsuki hasta que se da cuenta de que Uraraka le ha seguido hablando—. Y entonces nos dijeron que mejor te dejásemos descansar.
—No se ha enterado de nada —dice Hatsume, mordaz, examinando a Izuku con los ojos entrecerrados.
—Lo siento —admite Izuku, azorado. Uraraka se rasca la nuca y se ríe nerviosamente. Izuku corresponde a su sonrisa, sin saber bien por qué es gracioso, él sólo se siente incómodo.
—No sabíamos dónde habías ido después de que anoche te fueses con Dynamight y esta mañana te hemos estado buscando, pero Dynamight nos dijo que estabas descansando y que no te molestásemos —resume Kaminari.
—Acabo de despertarme ahora mismo. Lo siento —repite Izuku, cuando la información de que sus amigos llevan más tiempo que él levantados por fin llega a su todavía soñolienta mente.
—No te preocupes, weón; en realidad, tampoco había mucho más que hacer —dice Sero en tono práctico—. Nada que desayunar excepto unas barritas energéticas y un par de tragos de agua, nada con qué lavarse… sólo esperar a que nos llegue el turno de largarnos de esta mierda.
—¿Barritas energéticas? —pregunta Izuku, anhelante, y su estómago ruge ante la perspectiva de comida.
—No se nos ha ocurrido guardarte algunas, pensamos que también te darían —dice Kaminari con gesto culpable—. Aunque seguro que, si buscamos, encontramos a alguien de los que estaban repartiéndolas. Había menús de maniobras militares en las mochilas que lograron sacar de los edificios, pero los reservaron para las personas más mayores y heridas, así que no hemos podido comer nada más que las barritas energéticas hasta que no han llegado a recogernos los camiones de la Comisión con más recursos.
—Algo que no tardará mucho, creo. Lo de recogernos, quiero decir. Los primeros camiones empezaron a llegar hace una hora y ya se han llevado a algunas personas, por eso hay que recoger las tiendas, ya que no han tenido tiempo de hacerlo antes de marcharse —aporta Uraraka con entusiasmo.
Izuku vuelve a mirar de reojo hacia los dos héroes. Siguen hablando entre ellos, pero ahora Shouto está asintiendo con aire serio y ambos caminan en dirección a Izuku y su grupo de amigos. Izuku aparta la vista, sonrojándose, cuando ambos llegan a su altura, un poco impresionado por la altura de ambos héroes y lo imponentes que parecen a pesar de estar vestidos como él, con una combinación de las ropas que han utilizado de las mochilas y las que llevaban el día anterior. Sus barbas incipientes, más abundantes que la de Izuku, que apenas tiene un vello invisible en la cara contando incluso que hace días que no se afeita, los hace parecer más adultos y serios, aunque en Shouto crea una sensación extraña por el contraste de colores entre ambos lados de su cara.
—Has despertado —dice Katsuki al llegar a su altura. Los otros, también un poco acobardados por la presencia de ambos héroes, guardan un silencio respetuoso—. Ya era hora, joder.
—Lo siento, no era consciente de…
—Hay que sacar las cosas de nuestra tienda y recogerla —lo interrumpe Katsuki secamente. Izuku desvía la mirada para no enfrentar los ojos de Hatsume, que lo mira con una expresión divertida en el rostro al escuchar lo que ha dicho Katsuki—. Y no pienso hacerlo yo solo. Hemos dormido los dos, recogemos los dos, así que ya estás moviendo el culo. Vosotros —añade, dirigiéndose a Sero, Uraraka, Kaminari y Hatsume—. Si habéis acabado de recoger vuestra zona, id con Shouto y ayudadle a recoger las tiendas que quedan en esta zona. No podemos irnos hasta que quede todo guardado y limpio.
—Vendrá una de las camionetas de carga a por todas estas mochilas —dice Shouto en tono calmado—. Seguidme, os indicaré qué tiendas quedan por recoger.
Con alguna que otra mirada de soslayo hacia Katsuki e Izuku, los amigos de este siguen al héroe. Katsuki entra en la tienda. Izuku suspira, con los retazos de recuerdos de la noche anterior difuminándose en su mente a la luz del sol y del carácter brusco de Katsuki, y entra en la tienda tras él, que lo recibe arrojando a los pies de Izuku unas zapatillas deportivas.
—Gracias —susurra Izuku, con una sonrisa. Al recogerlas y notar que son su número, deduce que debe haberlo mirado en sus zapatillas rojas para buscar un recambio que le sirvan.
—Best Jeanist y Endeavour pudieron regresar a sus pabellones y recoger algunas cosas —explica Katsuki, rebuscando algo dentro del bolsillo de su pantalón y lanzándoselo. Izuku, que está calzándose, no reacciona a tiempo, pero se muerde el labio, contento, al ver qué es—. No es mucho, pero come. Tendrás hambre.
—¡Sí! ¡Muchas gracias! —Más animado, Izuku recoge las tres barritas energéticas que Katsuki le ha tirado al regazo cuando termina de atarse los cordones. Están un poco aplastadas y el papel de aluminio se ha pegado ligeramente al chocolate ligeramente derretido que las recubre, pero no le importa; tiene tanta hambre que cualquier cosa le vale.
—No las he guardado para ti, es que no tenía mucha hambre —masculla Katsuki. Izuku reprime una expresión incrédula para no ofenderlo y se apresura a comerlas, masticando con rapidez a la vez que ayuda a Katsuki a recoger el saco de dormir y enrollarlo.
—Si quieres, puedo recoger la tienda yo solo —se ofrece Izuku, seguro de que hay mucho más trabajo en el campamento y consciente de que Katsuki debe llevar unas cuantas a sus espaldas ya. De hecho, un par de semicírculos morados se dibujan bajo sus párpados, revelando su agotamiento, que con la barba color rubio oscuro que le cubre la barbilla y los pómulos le da cierto aspecto desaliñado—. Tú tendrás más cosas que hacer y pareces un poco cansado, así que yo...
—Cállate —ordena Katsuki, enfundando con movimientos bruscos el saco en su bolsa y dándole un par de golpes innecesarios—. Es culpa tuya. Das demasiadas patadas al dormir, ¿te lo habían dicho alguna vez? Y te mueves todo el tiempo, es imposible conciliar el sueño de esa manera.
—Lo siento —se disculpa Izuku, abochornado.
—No lo sientas tanto y aprende a dormir sin que tengan que sujetarte con una cuerda para que no te muevas, joder. —La sensación de Katsuki aprisionándolo entre sus brazos cuando estaba quedándose dormido por un momento parece más real que sólo un sueño, pero este no le da tiempo a pensarlo—. A ver, mete tu estuche de herramientas y todas tus cosas en esa bolsa de tela y no te separes de ella, ¿entendido? No es que alguien vaya a querer quitártela, pero todo lo demás va a ir en una camioneta aparte, así que ni se te ocurra dejarla con lo demás si no quieres perderla, nerd.
—¡Sí! —asiente Izuku, mordiéndose el labio inferior y apresurándose a obedecer.
Entre los dos y gracias a las certeras órdenes de Katsuki, no tardan mucho en recoger y doblar la tienda de campaña adecuadamente dentro de la enorme mochila de supervivencia. Izuku se admira de que tantos metros de tela y varillas quepan en un espacio tan pequeño y ya no está tan seguro de haber podido hacerlo solo, pero Katsuki conoce la mecánica y eso ha agilizado el proceso. Eso sí, también es consciente de que, si en lugar de él hubiese estado el héroe Shouto, Katsuki habría tardado mucho menos, pero este no se queja, dirigiéndose hacia la siguiente tienda.
Hay algo placentero en trabajar mano a mano con Katsuki, en un cómodo silencio sólo interrumpido por las instrucciones del héroe. Con la mochila de tela colgada en la espalda, Izuku ayuda a recoger tienda tras tienda hasta que no queda ninguna en pie y ambos se reencuentran en el montón de mochilas con Shouto, los cuatro amigos de Izuku y algunos de los reclutas con los que han compartido pabellones y comedor los días anteriores.
—Los camiones con la gente de Endeavour están saliendo ahora mismo —informa Shouto cuando llegan—. Endeavour y todos los héroes de su agencia van con ellos.
—¿Y tú? —pregunta Katsuki.
—Saldré con Best Jeanist ahora. Ha enviado a casi todos los héroes de su agencia con Amajiki y Togata, así que le vendrá bien una mano extra. Tengo que reunirme con él en cuanto acabemos aquí.
—Ve yendo ya. Terminamos nosotros —responde Katsuki. Shouto asiente con la cabeza y se aleja. Una camioneta militar se acerca a ellos, rebotando en la irregularidad del terreno. Entre todos, apenas tardan quince minutos en cargar todas las mochilas, que lanzan sin demasiado cuidado dentro de la caja del camión, pero cuando terminan el efecto de las barritas energéticas se ha disipado e Izuku siente el estómago vacío y los brazos agarrotados.
—Está todo —confirma la soldado a cargo de la camioneta, intercambiando unas palabras en voz baja con Katsuki, que este escucha atentamente sin dejar de asentir bruscamente y con el ceño fruncido.
—Nos vamos también —informa al terminar, guiándolos hasta el lugar donde varias camionetas de estilo militar los esperan. Allí, otro soldado reparte más barritas energéticas entre ellos y todos los compañeros con los que han estado entrenando durante las dos últimas semanas. Izuku busca con la mirada a los profesores Watanabe y Katô, pero no los ve—. Aprovechadlas bien. Es lo único de lo que dispondremos hasta que lleguemos a Osaka y podamos ducharnos y cenar en condiciones.
—¿Osaka? —pregunta Sero con asombro. Izuku calcula mentalmente la distancia. La ciudad está a poco menos de 400km de Musutafu, pero estima que, dado que van por carretera en vehículos militares de carga, debe estar a casi cinco horas de viaje. Y eso contando con que son camionetas que podrán alcanzar una buena velocidad y no harán paradas o transbordos: en transporte público probablemente tardarían el doble.
—Sí, viajaremos toda la tarde y es posible que lleguemos ya de noche. Estos cacharros son más seguros que veloces —dice Katsuki, indicándoles que suban ordenadamente en la parte trasera de las camionetas. Izuku y sus amigos, que han llegado los últimos, esperan pacientemente su turno.
—Hemos conseguido llegar aquí en seis horas —les informa el soldado que les ha repartido las barritas energéticas, que ha escuchado la conversación—. Para volver tardaremos algo más, no creo que vayamos tan deprisa yendo cargados y seguramente hagamos algunas paradas para que podáis ir al baño, así que estimaría entre una y tres horas más.
—Una tarde entera viajando sin poder movernos del asiento —se queja Kaminari al tiempo que sube. Katsuki lo fulmina con la mirada, pero este no se da por aludido.
No sabe cómo, pero Izuku termina sentado entre Hatsume y Katsuki, que ha subido en último lugar. La camioneta le recuerda a las películas americanas de la Segunda Guerra Mundial que ha visto en el cine, cubiertas por una tela verde por la parte superior y abiertas por la parte de atrás. Katsuki se apoya en la puerta trasera una vez la cierran y contempla el paisaje como si fuese muy interesante, ignorando deliberadamente a los amigos de Izuku, que parlotean nerviosamente. La camioneta se pone en marcha, bamboleante, y se une a la larga fila de vehículos que abandonan el lugar. Son los últimos. Tras ellos, solamente quedan unas pocas camionetas más con material que han rescatado del complejo y mochilas, pero sin gente a bordo, que cierran la comitiva.
.
Desde el aula de la universidad donde se encuentra, puede oír el ensordecedor griterío de la calle. Hitoshi, frunciendo el ceño extrañado, pues esta es una de las pocas clases que ha continuado con la normalidad después de la fuga de los villanos y nunca había pasado algo parecido, mira disimuladamente por la ventana y ve cómo varias personas esquivan a coches que parecen descontrolados y conducen de manera imprudente. Incorporándose más en el asiento, con una sensación extraña en el pecho, intenta ver de qué huyen, pero no es capaz de averiguarlo desde donde está.
—Shinsou, ¿hay algún problema? —La profesora ha preguntado desde la pizarra. Hitoshi se siente tentado a contar lo que ha visto, pero ahora parece una tontería. No debe ser el único que ha escuchado el jaleo de voces y pitidos y, aunque algunos alumnos más parecen inquietos, sus expresiones son de curiosidad y no de preocupación. Seguramente sea un problema menor y haya algún héroe disponible para resolverlo que aparezca tarde o temprano, así que resiste la tentación de mirar hacia la calle y corroborar que todo va bien, aprieta los labios y niega con la cabeza—. Pues bien, como iba diciendo, resolver esta incógnita acerca de la distribución de los cromosomas en las personas con Don fue una prioridad durante la segunda mitad del siglo…
El pensamiento, automático, se atasca en la mente de Hitoshi. Porque es propio de antes de la fuga de la Liga de Villanos, pero ahora no hay héroes en Musutafu. No los vio cuando quiso enrolarse, no acudieron en el intento de atraco del callejón. La profesora continúa su perorata sin prestarle más atención, alzando la voz para hacerse escuchar mejor sobre el ruido. Un mal presentimiento lo invade y mira a su alrededor. No es el único, varios de sus compañeros han pasado de estar inquietos y curiosos a fruncir el ceño con preocupación.
—¿Tú también lo hueles? —La pregunta de Kendo, sentada a su lado, lo distrae de sus pensamientos.
—¿El qué? —susurra en respuesta, mirando fugazmente a la profesora que, debido al ruido de la calle, no se ha dado cuenta de que están hablando. Kuroiro y Tetsutetsu también se inclinan hacia ellos, ignorando la pizarra, así que ninguno se da cuenta de que la profesora también ha dejado de impartir la clase y olfatea el aire.
—Huele a quemado. —Es Tetsutetsu quien contesta. La respuesta activa la sensación de su Don, indicándole que puede tomar posesión de la voluntad de su compañero, pero Hitoshi se apresura a descartarla. Es la primera vez que uno de sus compañeros, incluida Kendo, que suele ser más discreta a la hora de calcular cuándo responder una pregunta directa, contesta tan francamente sin preocuparse por su Don, una muestra de lo asustado que está.
—Creo que no... —No ha terminado de decirlo cuando nota el olor acre a humo.
Asustado él también, se levanta de golpe. No es el primer alumno en hacerlo, alguno más se ha lanzado contra las ventanas por las que antes ha intentado mirar Hitoshi con disimulo. La profesora titubea, mirando a su alrededor desconcertada, preguntándose, como todos, si el incendio es dentro del edificio y por qué no ha saltado la alarma o si debe ordenar evacuar, aunque no haya sonado. Hitoshi se apresura a mirar por la ventana de nuevo, pero salvo un coche cruzando la calle a toda velocidad y saltándose un semáforo en rojo ya no hay absolutamente nadie, lo cual resulta más inquietante que el caos de apenas un minuto antes.
—La gente ha huido —dice en voz alta.
—Chicos y chicas... —murmura la profesora, un tanto impresionada, pero antes de poder terminar la frase, la alarma del centro la interrumpe, taladrando los oídos de Hitoshi y desatando el caos en el interior del aula—. ¡Salid en orden, no recojáis vuestras cosas! ¡Ya sabéis, igual que hemos practicado en los simulacros!
Es inútil, porque el pánico ya ha cundido bastante antes de que la alarma suene, imparable. Todo el mundo se agolpa para salir del aula, sólo unos pocos están dispuestos a recoger. Hitoshi no lo hace, dejando su mochila y sus cosas encima de la mesa, pero tampoco corre hacia la puerta de salida, dejando que sus compañeros salgan primero.
La alarma sigue sonando, y se le mete dentro del cuerpo, disparándole la adrenalina.
Comienza a faltarle el aire cuando sale al pasillo, donde se une a la marea del resto de alumnos que trata de salir del edificio. Afortunadamente, hay muchos menos de lo habitual por las clases sin profesorado y la gente recuerda bastante bien las salidas practicadas en los simulacros a pesar del pánico, pero Hitoshi puede sentir la tensión en el aire y el miedo que rebosa, a punto de estallar. Al pisar el suelo del campus, adornado con jardines y anchas avenidas peatonales, suspira de alivio durante un segundo, pero se detiene al percibir que el aire es caliente, más de lo habitual para la altura de la primavera en la que están, huele más fuerte a quemado y apenas luce el sol.
Alza la vista y ve un espeso humo negro que viaja en la dirección del viento, parte de uno de los edificios cercanos, uno de los más emblemáticos de la ciudad, la sucursal de la agencia Endeavour, que arde con un antinatural fuego azul que se eleva hacia el cielo. Gracias a que la facultad de Ciencia de Dones tiene una arquitectura atípica en una ciudad, con grandes espacios abiertos, puede ver cómo en otro punto no muy lejano otro edificio, probablemente la agencia de Dynamight por el lugar donde está situado, comienza a arder también.
—Jo… der… —masculla Hitoshi, tragando saliva con dificultad y comprendiendo que los edificios de la facultad no están amenazados, al menos por el momento.
No es el único que lo ha visto, pero sí el único que no ha salido corriendo, mirando fascinado cómo las llamas, potentes, se elevan hacia el cielo consumiendo el edificio y pasando a los de al lado. El temor contenido ante lo desconocido mientras evacuaban el edificio de la facultad se apodera de todo el alumnado, que sale corriendo despavorido en todas direcciones.
Hitoshi se queda inmóvil. Dos agencias de héroes ardiendo significan que los héroes no están consiguiendo rechazar el ataque de los villanos. Que, efectivamente, los héroes no están en Musutafu y que ni siquiera pueden defender lo suyo del incendio. El fuego tiene tanta temperatura y es tan potente, que puede sentir las oleadas de calor de este a pesar de que las llamas se encuentran a varios cientos de metros de distancia, lo cual explica lo rápido que se está apoderando del edificio, consumiéndolo, y propagándose a los adyacentes.
—¡Shinsou! ¿Qué coño haces ahí parado? —Aturdido, Hitoshi se vuelve hacia Kuroiro, que lo llama. Tetsutetsu y Kendo no están con él, así que debe haberlos perdido de vista. Está asustado y frenético, puede verlo incluso en su rostro negro y oscuro y comprende la vulnerabilidad de su compañero en un entorno diurno repleto de llamas—. Joder, tío, das miedo con esa cara inexpresiva todo el tiempo. ¡Venga, vámonos!
—Yo… —Hitoshi no sabe bien qué está diciendo, no consigue que su mente y su boca trabajen al mismo ritmo, una sensación de shock desconcertante que nunca antes había experimentado.
—¡Hay que salir de aquí! —insiste Kuroiro, cada vez más aterrorizado. Tras unos segundos más, en los que Hitoshi lo mira fijamente sin saber cómo reaccionar, Kuroiro menea la cabeza, dándose por vencido, y sale corriendo.
—Pero ¿dónde vais? —pregunta Hitoshi finalmente, al aire, consiguiendo salir del shock—. Dos agencias de héroes. ¡Están atacando las agencias de héroes! ¡Hay que defender la ciudad! —grita, pero los pocos estudiantes y trabajadores que están abandonando el edificio corriendo a su alrededor lo ignoran—. Héroes. No hay héroes… Están con los reclutamientos, con Ojiro —murmura.
Un fuerte crujido restalla en el aire, presionando físicamente los oídos de Hitoshi, que aprieta los dientes con fuerza, y, en el horizonte, aunque no puede ver el edificio afectado, ve otra columna de humo elevarse hacia el cielo, confirmando su teoría de que los villanos no están quemando edificios al azar y han escogido deliberadamente los objetivos a atacar.
«No hay héroes». El pensamiento se abre paso, imponiéndose, a través de su cabeza, mezclándose con las imágenes de él en el callejón, enfrentándose sin éxito al atracador y de la policía enviándolo a casa cuando se ofreció a ayudar.
—¡No hay héroes! —exclama antes de percatarse de que eso podría ser contraproducente y aumentar el pánico. Afortunadamente, nadie lo ha escuchado, aunque duda que el pavor pueda incrementarse más.
«No hay héroes». Las palabras palpitan en sus sienes. Se muerde el labio.
«No tienes un Don que sirva para ser un héroe, chaval». Apenas queda gente a su alrededor, el campus está prácticamente vacío.
«Chaval, vete a casa con tu familia, eres demasiado joven para esta mierda, seguro que otra persona que pueda hacerlo». Una sensación de vértigo en el estómago lo incita a moverse. Incapaz de dirigir conscientemente sus pasos, está caminando, no, corriendo, en dirección a cualquier parte.
«Guau, Shinsou, con tu Don, podrías ser un villano si quisieses». Corre al límite de sus fuerzas, ignorando los pinchazos que empiezan a molestarlo en el pecho, fruto de la falta de costumbre del ejercicio, el humo cada vez más espeso, las oleadas de calor y las columnas de humo y fuego que ya se elevan desde varios puntos de la ciudad.
«¿Control mental? ¿Qué clase de Don es ese? ¿De qué sirve tener un Don que no puedes utilizar? Es casi como no tenerlo». Corre, forzando a sus piernas a ir más y más deprisa, adelantando incluso a algunos de los que han salido antes que él. Pronto, está corriendo al lado de Kuroiro, que esboza una expresión de alivio al verlo. Una expresión que Hitoshi, a pesar de que el otro chico y él nunca han terminado de llevarse bien por el recelo de Kuroiro al Don de Hitoshi, agradece fugazmente.
«Son nuestras decisiones las que hacen que un mismo acto pueda ser negativo o positivo. Una villanía o una heroicidad. Escuchar un grito de auxilio y correr hacia él en lugar de en dirección contraria, Hitoshi, es un acto heroico. Incluso aunque pueda ser calificado de imprudente o ilegal». Las palabras de su psicóloga rebotan en su cabeza.
Hitoshi se detiene de golpe, sujetándose las rodillas con las manos y jadeando. Inhala profundamente. Huele a humo y a quemado, pero respira mejor a pesar del esfuerzo, paradójicamente, porque la presión de ansiedad de su pecho ha disminuido. Kuroiro también se detiene, mirándolo con horror una vez más.
—¿Qué coño haces, tío? ¡No te pares otra vez! —«¿Quién es el héroe en una sociedad que ha ordenado y legislado quién puede serlo y quién no y que, de repente, se encuentra huérfana? ¿Quién puede detener a los villanos si los héroes no están?», se pregunta Hitoshi, respirando mejor a pesar.
—Son nuestras decisiones las que marcan si un acto es heroico o una villanía —dice, tragando saliva con dificultad, porque tiene la garganta seca.
—¿Qué dices, Shinsou? —Kuroiro lo mira como si se hubiese vuelto loco. Hitoshi se pregunta si es así.
—Correr hacia el grito de auxilio es lo que te hace ser un héroe, no tu Don —repite, mirando con los ojos muy abiertos a Kuroiro. Ya ha tomado una decisión, y su compañero parece darse cuenta, porque niega con la cabeza y arruga los labios oscuros en un gesto de desagrado.
—¡Vuelve! ¡No puedes hacer eso! ¡No somos héroes, joder! —grita Kuroiro, cuando Hitoshi, sin mediar ninguna palabra más, echa a correr hacia el lugar donde ha prendido el tercer edificio.
Respuesta a Amy que puede contener spoilers ligeros (por si alguien quiere saltársela xD): ¡Hola Amy! El desarrollo... bueno, habrá que verlo :P. Si te puedo decir que Mulán va de una mujer haciéndose pasar por un hombre para entrar en el ejército :P. Kirishima estaba en la historia. Mucho xD. De hecho, tanto, que cuando me di cuenta de que lo quería en otro sitio, tuve que cambiar un personaje entero (con todo lo que ello implica en cuanto a reacciones, diálogos, etc). Confirmo, por tanto, que Kirishima estuvo en el rescate de Kamino (aunque por error haya olvidado mencionarlo, trataré de añadirlo en alguna corrección). Y sí, lo veremos... como personaje esporádico (sale en un sólo capítulo, y casi casi al final del todo, sorry T.T). Pero sí, sigue siendo una persona importante para Katsuki (al nivel de Shouto, aunque con este trate más actualmente). Sobre lo último no voy a decir nada, cada une tiene que concluir lo que crea, porque los personajes... bueno, cada uno va con su rollo JAJAJA. Muchísimas gracias por leer y comentar, me alegro de que te gustase!
