Disclaimer: Todo le pertenece a J.K Rowling y a la Compañía Warner. Lo que escribo lo hago como un pasatiempo.
Notas previas: Muchas gracias por comentar, créanme. Me han animado mucho más de lo que posiblemente haya hecho con ustedes. Tengo que advertir que en esta colección no habrá drabbles de Harry, Hermione, Ron, Draco, Pansy, Lavender, Blaise Zabini, Theodore Nott ni de Neville (sí, qué lástima). Y todo es porque ellos tienen más fanfics que los demás estudiantes de su curso.
Los Otros
Personaje: Susan Bones
Casa: Hufflepuff
Rating: K+
Sumario: Adiós a una gran bruja.
Palabras: 444
Cementerio
La Mansión Bones estaba llena de gente, toda vestida con túnicas negras. Demasiado llena como para que Susan empezara a sentirse incómoda. Magos y brujas se habían reunido allí por un solo motivo: darle la despedida a Amelia Bones, cruelmente asesinada por El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.
Hoy era un día especial, un día que se suponía debía ser de alegría, pero que terminó convirtiéndose en un desfile interminable de condolencias y lágrimas. Era el cumpleaños de Susan, o eso se suponía. Susan no era nada egoísta, en lo absoluto. Ella quería demasiado a su Tía Melly, sólo que todavía no lograba comprender cómo ella la había abandonado. Lo único que en realidad le fastidiaba de todo aquello eran las miradas lastimeras que le dedicaban y el titubeo de las personas cada vez que pretendían decirle algo.
Deprimida, la chica de cabello castaño echó a correr por el inmenso jardín. Se dejó caer en el reseco césped, dejando escapar un mar de dolor que había contenido desde el mismo día en que le habían anunciado aquella funesta noticia. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba en uno de los lugares más antiguos y tenebrosos de su casa: el cementerio de la familia.
—Feliz cumpleaños, Susan —susurró una voz inconfundible— Vamos, ¿qué haces allí en medio de las tumbas?
—¿Justin? —ahogó un grito, completamente confundida— ¿Por qué diablos arriesgas tu vida apareciéndote en este lugar? Los hijos de Muggles...
Pero el otro Hufflepuff hizo como si no hubiera escuchado aquella última frase sin terminar. La chica debería estar agradecida con su presencia. ¿No había venido con sus otros compañeros a celebrarle el cumpleaños a la distraída bruja, años atrás?
—No creo que tu tía aprobara esta conducta, Susan...
—¡Cállate, idiota! ¡Tú no sabías nada de ella! —gritó por fin— ¡LÁRGATE, QUIERO ESTAR SOLA!
Y de nuevo Justin hizo caso omiso. La abrazó fuertemente, dejando que la mezcla de ira y tristeza de la muchacha se desbordara en el cuello de su camisa. Duraron así alrededor de cinco minutos, tras lo cual Susan murmuró con un ligero rubor en sus mejillas:
—Gracias, Justin. Por todo. No sabes todo lo que...
—No hay de qué, cabeza hueca —la cortó— Ya, es en serio, tenemos que irnos. Ya debe de haber empezado el discurso.
Y Susan se acordó: ella era la encargada de darlo. Ambos se encaminaron al patio delantero, en donde un coro de hadas intentaba darle un toque de elegancia a la trágica ceremonia. Sólo en ese momento, mientras Justin aferraba su mano fuertemente, la muchacha por fin lo había comprendido.
Él tenía razón: Tía Melly jamás hubiera querido tristeza para ella, menos en un día tan especial.
Notas de la Auotora: Oh, vaya. No sé si me ha gustado. Ha sido un poco extraño, en realidad. Quizá Justin y Susan puedan llegar a tener algo. Quizá.
De nuevo, muchas gracias por creer en este proyecto. Como muestra de mi entero agradecimiento (deben estar pensando que molesto mucho) les daré el nombre de la próxima viñeta:
Terry Boot: Diccionario
¡Hasta pronto!
