Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

Trigger Warning: Hay lesiones, secuelas y parte de la acción transcurre en un hospital. Heridas graves. Menciones a dolor, infecciones y sangre.

¡Hola, Amy! Lo primero: sí, tienes razón, es un momento ideal para publicar dos capítulos a la vez. Estuve a punto de hacerlo, de hecho, con la Avalancha. Y he estado a punto con este. Hay un detalle que me ha decidido a no hacerlo. Y es que en anime se acerca la danza (si alguien que esté leyendo no sabe de que hablo, no preocuparse, ya se enterará cuando salga, que falta poco), y resulta que hay un detallito que podría ser susceptible de spoiler dentro de un par de capítulso que... dejará de serlo una vez empiece la danza, jajaj. Y he pensado: voy a dejar que pase la danza y luego ya publico dos de golpe. Además, he estado muy vago en noviembre y he escrito poco, pero he corregido aún menos, así que tengo sólo capítulos listos para publicar hasta el día 23 de diciembre xD. Seguro que me pongo las pilas, dont worry. Siento lo de Best Jeanist. Un abrazo enorme y gracias por la paciencia.

¡Muchísimas gracias a todos, todas y todes por leer y comentar!


UNA CHAQUETA ENTRE LOS RESTOS

Por segunda vez en un rato, Izuku parpadea para despejar la vista. Está en el suelo de una de las camionetas militares, pero no hay movimiento que indique que está en marcha. Trata de articular alguna palabra, pero el sonido de su voz es más bien un gemido gutural. Tiene la garganta rasposa y le duele al tragar saliva.

—¿Eh…? ¿Hisashi…? —La voz de Hatsume termina de atraerlo hacia la consciencia. Al lado, una voz infantil familiar que no es capaz de ubicar.

—¿Mei? —balbucea Izuku, desorientado. La voz le sale más clara. Dos Hatsume y dos Katsuma se ciernen sobre él, ligeramente borrosos, antes de bailar bambolearse durante unos instantes y unificarse en una sola imagen, más nítida, de ellos mismos.

—Has despertado. ¿Te encuentras bien? —dice la chica, sonriendo aliviada. Tiene los ojos enrojecidos, pero el rostro seco.

—Hola, Mei. Hola, Katsuma —murmura Izuku, sonriendo también. Se alegra más que nunca de verlos sanos y salvos—. Estáis bien.

—Claro que estamos bien, idiota. Te advierto, eso sí, que tienes que abandonar esta manía de desmayarte o la próxima vez seré yo quien te deje inconsciente. —Izuku se ríe con una carcajada que suena más como el graznido de un cuervo. Después, inspira profundamente, llenando los pulmones de aire limpio.

—Lo siento, Deku —dice Katsuma en ese momento, con voz apenada. Retira la mano que tiene sobre el rostro de Izuku y este deja de sentir la corriente cálida que lo ha despertado. «Su Don de nuevo», comprende—. No puedo más.

—No te preocupes. ¡Estoy bien! ¡Muchas gracias! —asiente Izuku, con un poco de cargo de conciencia por haber puesto al niño en la tesitura de utilizar su Don dos veces con él.

—Si sigo, me quedaría dormido, y Dynamight me dijo que no lo hiciese —añade Katsuma.

—¡Dynamight! —exclama Izuku, borrando la sonrisa de su rostro al tiempo que trata de incorporarse. Hatsume lo empuja contra el suelo de la camioneta con delicadeza, pero Izuku insiste hasta quedar sentado—. ¿Dónde está? ¿Dónde está Katsuki? ¿Y los villanos?

—Se han ido. Bueno —dice Hatsume, moviendo la cabeza, no muy segura—, hemos capturado algunos, pero otros han escapado. Ya no hay villanos en la ciudad y han llegado héroes de refuerzo y soldados. La pelea ha terminado.

Lejos de tranquilizarse por las palabras de su amiga, un vistazo al interior de la camioneta en la que están lo preocupa aún más. Kaminari y Sero están conscientes, pero su rostro revela lo destrozados que se encuentran. Sero ha perdido su sempiterna sonrisa y está completamente centrado en Kaminari, que todavía parece en shock. Un hilo de baba se desliza por la comisura de sus labios y Sero se lo limpia, solícito, con una chaqueta manchada de humo y cenizas. Verlos así hace que la ansiedad de Izuku se dispare todavía más.

De los cuatro, Hatsume es la que más entera parece. Uraraka está en el suelo también, inconsciente aún. Se muerde la lengua para no pedir a Katsuma que la ayude, recordándose a sí mismo que el niño está agotado, aunque habría preferido que ayudase a su amiga en lugar de él. Está a punto de bromear, diciendo que Uraraka también parece sufrir de su misma tendencia a perder el conocimiento, pero el ambiente es demasiado funesto. Además, el rostro de Katsuma está pálido y perlado de sudor frío, como si tuviese fiebre. Tiene manchas oscuras bajo los ojos, similares a ojeras y respira superficialmente. Hatsume lo abraza y lo sienta en su regazo y el niño se queda adormilado inmediatamente.

—No tenía que haber utilizado su Don —murmura Izuku, avergonzado.

—Se lo pidió Dynamight —replica Hatsume, con sencillez. Dirige una mirada preocupada a Izuku, que se está levantando.

—Tengo que ir con él —dice Izuku, levantándose de nuevo. Esta vez Hatsume, que tiene al niño sentado encima de ella, no se lo impide, aunque sus labios se aprietan en un rictus de preocupación. Gracias al vendaje improvisado de Sero, su brazo izquierdo, aprisionado contra su pecho, no se mueve, aunque sí le duele con intensidad—. Estaré bien —promete, tratando de tranquilizarla.

—No. Dynamight está bien, tú no. No deberías moverte en ese estado… —dice Hatsume, pero su protesta es tan débil que no es suficiente para Izuku, que salta de la camioneta. Se marea con el impacto de sus pies contra el suelo y dos manos lo sujetan para impedir que caiga al suelo.

—¡Midoriya! —La voz le resulta familiar, pero no la ubica hasta que no mira hacia arriba y ve el rostro de quien le está ayudando.

Hitoshi Shinsou. Su cabello violeta es inconfundible, así como sus gestos lánguidos, y su expresión indolente, incluso en los ojos, bordeados por eternas ojeras similares a las que Katsuma presenta tras utilizar su Don, pero más permanentes, que Izuku recuerda que ya tenía incluso cuando estaban en la escuela media.

—Shinsou… ¿Qué haces tú aquí?

Los ojos de Izuku se abren de par en par, asustado por la perspectiva. Con la presencia de su antiguo compañero, Hatsume ya no es la única persona ahí que conoce su identidad. De su mejor amiga puede fiarse para que le cubra, pero de Shinsou no puede estar seguro. Múltiples recuerdos le llegan a la mente. Muchos ni siquiera están relacionados directamente con Shinsou, pero sí con la gente que, riéndole su desafortunada ocurrencia, convertía en burlas el nombre que ahora ha escogido para autodenominarse como héroe, Deku.

—He ayudado —dice Shinsou, inexpresivo—. Deberías estar descansando dentro de la furgoneta.

Shinsou lo examina con los ojos, del mismo color que el cabello, con atención y lástima. Parece un poco indeciso. Lo acompaña un héroe, en silencio, cubierto por una capucha. Izuku no recuerda quién es, así que no sabe cómo avisarle de la situación en la que está y rogarle discreción. Se debate entre rogar a Shinsou que no lo delate, no decir nada precisamente para no darle un arma que pueda utilizar contra él o postergar el problema hasta después de haber visto a Katsuki, algo que cada vez le urge más. Y quizá pueda encontrar un momento en el que ser sincero con él antes de que sea demasiado tarde.

—Midoriya… —Un mal presentimiento le atenaza el pecho, porque el rostro serio de Shinsou parece dudar y sus ojos brillan con un destello de compasión—. También he ayudado a buscarte tras el derrumbamiento. Al principio no lo he entendido, y me ha parecido importante identificarte correctamente. Fue algo instintivo. Ahora me doy cuenta de que probablemente te llamaban Hisashi por alguna razón, pero en ese momento no lo pensé y ahora saben que te llamas Izuku. Lo siento, Midoriya. —Shinsou aprieta tanto los labios que desaparecen en una fina línea. La cara de Izuku demuda a una expresión de terror y palidece aún más al confirmar sus peores temores. Primero le invade la ira y querría gritar y pegar a Shinsou por haberlo delatado, pero sería injusto. Además, recuerdos como flashes del rostro destrozado de Twice bajo su puño derecho, que ahora le duele como mil demonios, le quitan todas las ganas de golpearlo.

«Si es cierto que ha ayudado a rescatarme del derrumbamiento…». No recuerda qué ha ocurrido después de que se ha lanzado encima del cuerpo inconsciente de Twice, tratando de protegerlos a ambos de los impactos más graves del derrumbe. Nunca ha culpado a Shinsou por inventarse el apelativo de Deku, porque siempre vio el mismo destello compasivo que brilla ahora en su mirada, y no puede, o no quiere, culparle por revelar un secreto que ha durado demasiado tiempo. Lo que le gustaría es poder retroceder en el tiempo, lo suficiente para correr hacia Katsuki y decírselo él mismo antes de que sea demasiado tarde, antes de que la decepción de la verdad se una al dolor de la mentira descubierta a través de un tercero. «Es demasiado tarde», comprende, y las lágrimas brotan de sus ojos con frustración e impotencia.

—No tenía que haber sido así… —susurra Izuku, demasiado cansado como para cabrearse o lamentarse más.

—Lo siento. Nunca quise perjudicarte. Aunque supongo que lo hecho, hecho está —dice Shinsou que, sin nada más que añadir, lo rodea para llegar a la camioneta y montar en ella. El otro héroe, que parece escoltarlo y ha escuchado la conversación con atención y sin intervenir, lo sigue en silencio. Izuku sabe que debería conocer su nombre profesional y Don, pero es incapaz de recordarlo con tantos pensamientos y emociones cruzando su mente y su pecho.

Divisa enseguida a Katsuki, arrodillado en medio del asfalto, y camina hacia él, menos decidido ahora.

Hay rastros de lucha reciente por doquier, pero no parece que el héroe haya estado peleando justo ahora. Sin embargo, el ambiente es serio y fúnebre, se puede palpar en el ambiente. Al lado de Katsuki están Shouto y Lemillion, hablando en voz baja entre ellos. Con las piernas temblándole y un nudo en el estómago, Izuku camina hasta donde están. Shouto lo ve primero y se vuelve, lo que llama la atención de Lemillion, que se da cuenta de la presencia de Izuku también y hace un gesto, como si fuese a decirle algo, pero el héroe de fuego y hielo lo detiene con un gesto, mira unos segundos a Izuku con sus ojos desiguales y luego asiente, permitiéndole acercarse a Katsuki.

Izuku no sabe qué decir ni qué hacer, así que se limita a dejarse caer sobre sus rodillas también, al lado de Katsuki, que no parece enterarse de que está ahí.

—¿De… de quién es? —pregunta en voz baja al ver la chaqueta vaquera que Katsuki sostiene entre las manos, apretándola con tanta fuerza que está estrujándola. No aparta la vista de ella, ni siquiera cuando Izuku habla.

—Best Jeanist —contesta Katsuki. Tiene la mandíbula apretada y su eterna expresión de enfado está acentuada por las arrugas de su frente. Aprieta los ojos con fuerza, conteniendo las lágrimas que los empañan. Izuku querría saber cómo consolarle, pero ni siquiera está seguro de que esté siendo bien recibido. Katsuki sigue hablando en voz baja—. Fue mi mentor cuando estuve en la U.A. y después me contrató como héroe autónomo en su agencia cuando me gradué, hasta que pude formar la mía propia. Era… —La voz se le quiebra y Katsuki aprieta tanto los dientes que estira los labios en una mueca que sería feroz si no transmitiese tanta tristeza.

—¿Cómo… tu padre? —pregunta Izuku, que nunca ha tenido una figura paterna en la que reflejarse. Aun así, siente tanto la pérdida de Katsuki y el dolor de este es tan palpable, que se le saltan a él las lágrimas que el héroe mantiene bajo control. Trata de contenerlas, pero no puede. Le gustaría enjugárselas, pero el brazo izquierdo aprisionado contra el pecho y la mano derecha rota le recuerdan, con un estallido de dolor, que no puede, así que se limita a dejarlas caer por sus mejillas pegajosas y sucias.

—No. —Katsuki mueve la cabeza y abre los ojos. Están enrojecidos y húmedos, pero tiene las mejillas secas—. Mi padre es mi padre. Él era otra cosa. Un maestro. Un guía. Me ayudó mucho a poner las ideas claras en mi cabeza hace años, cuando no sabía lo que era ser un héroe. Me comprendía, sabía cuál era exactamente mi potencial. Me enseñó el camino a seguir, pero también me dejó recorrerlo por mi cuenta.

—Shigaraki… —«Ha dejado la chaqueta en un alarde de crueldad», comprende Izuku. «Una firma desalmada». La suave brisa mueve las pavesas, dando a la escena tétrica un bucólico aire primaveral a juego con el radiante sol que no cuadra con la sensación de vacío y derrota que Izuku tiene dentro de sí y el dolor que exuda Katsuki.

—Yo no quería hacer esto así. Me parecía mala idea —masculla Katsuki, cabreado, con la voz impregnada de dolor. Aprieta tanto la chaqueta vaquera entre sus manos que los nudillos se le ponen blancos. Izuku quiere darle la mano y consolarle, pero el dolor y la visión de sus dedos rotos y retorcidos lo hacen desistir. Katsuki parece darse cuenta del movimiento, porque lo mira con atención unos segundos, pero no dice nada al respecto—. Todo esto era una mala idea, implicar a civiles era una mala idea; podíamos haberlo hecho de otra manera, pero no. La Comisión de Héroes nunca ha tenido una puñetera buena idea en toda su puta vida. Y ahora él ha tenido que pagar el precio por las nefastas decisiones de otros.

—Lo siento mucho, Katsuki —susurra Izuku, llorando más fuerte, a pesar de que no conocía a Best Jeanist más que como figura pública, porque siente el intenso dolor que emana de Katsuki.

—Yo también lo siento, Izuku Midoriya. —Los ojos carmesíes de Katsuki, doblemente enrojecidos por los capilares que manchan el rojo de sus ojos, se clavan en los de Izuku con una expresión dura. Izuku baja la mirada, avergonzado y arrepentido de no haber sido sincero antes, y más lágrimas limpian sus mejillas, tantas que tiene que ahogar un sollozo para poder seguir hablando.

—Siento eso también. Yo… —Se calla, al darse cuenta de que quizá este no es el mejor momento para ponerse a explicarlo todo—. Podemos hablarlo más tarde, hay un motivo por el que…

—Me da igual —lo interrumpe Katsuki. Izuku se calla, asustado y ve cómo Katsuki se pone en pie. Con torpeza, porque no puede apoyar las manos ni usarlas para equilibrarse, lo imita. Katsuki se cuelga la chaqueta de Best Jeanist al hombro, sujeta la mano derecha de Izuku entre las suyas, con cuidado, y la examina atentamente, sin mirar a Izuku a la cara—. ¿Cuál es tu Don, Izuku Midoriya?

—Katsuki, yo…

—¡Que cual es tu Don, joder!

—No tengo Don —susurra Izuku con voz casi inaudible, ahogada por las lágrimas y los sollozos—. Lo siento…

—Deku significa inútil y puede escribirse en japonés con los mismos caracteres que Izuku —dice Katsuki, no obstante, con la mirada fija en los dedos rotos de Izuku.

—Sí.

—¿Quién es Hisashi?

—Mi padre. —Izuku intenta pensar qué decir, cómo justificarse. La voz de Katsuki, a pesar del contacto físico, se siente lejana. El interrogatorio lo hace sentirse vulnerable y asustado. Sólo quiere abrazar a Katsuki y consolarlo por la pérdida de su mentor y que este le consuele a su vez por el dolor que tiene y le diga que todo va a salir bien. Quiere que, como un par de noches antes, no lo deje solo. Pero ahora le habla como a un desconocido mientras lo mira con una expresión extraña en los ojos que evita su rostro—- No… yo no lo conocí, pero llevo su apellido. Él sí tenía un Don útil que salía en los registros. Pensé que sería más fácil y que nadie comprobaría la edad.

—¡Joder! —grita Katsuki con rabia, y suelta la mano de Izuku bruscamente, dirigiendo sus dedos hacia el cielo. Una fuerte explosión aturde a Izuku, que se intenta cubrir los oídos instintivamente, sin éxito, provocándose a sí mismo otra oleada de dolor al mover los brazos y cae de culo al suelo. La explosión, sin embargo, no iba dirigida a él, sólo a desfogarse, e Izuku, incapaz de moverse del sitio, ve cómo Katsuki camina a grandes zancadas hacia las camionetas y escoge el vehículo contrario del que ha bajado Izuku. Desolado y aturdido, es incapaz de regresar junto a sus amigos hasta que Lemillion y Shouto lo guían hasta la otra camioneta con el resto de sus amigos.

.

Katsuki, que está de pie, con la chaqueta de Best Jeanist estrujada en las manos, mira al horizonte. Han escogido un parque cercano al lugar donde ha derrumbado el edificio y están acomodando a la gente herida y asustada como pueden. Han llegado la policía y los bomberos, y en una de las furgonetas que han traído Lemillion y Suneater había algunas tiendas de campaña y mochilas de supervivencia de la noche anterior. No son suficientes, pero se apañarán hasta que los trasladen a un hospital.

—Los refuerzos de Detnerat ya están de camino. —Shouto se acerca a él, serio. Se ha estado encargando de coordinar a todos en medio de las secuelas del desastre.

Desde el parque donde han instalado las tiendas de campaña, a escasos cientos de metros del, cualquiera que conozca la zona puede percibir que el paisaje urbano está mellado, falta uno de los edificios más altos, el que Katsuki ha derribado. A una decena de metros de donde debería estar, despunta la agencia Dynamight, ennegrecida y todavía con rescoldos activos que los bomberos se esfuerzan en extinguir, está a punto de derrumbarse también. El ambiente aún huele a humo y a quemado, un olor que Katsuki no está seguro de que se vaya a poder quitar de encima nunca.

—La Comisión ya ha preparado una versión oficial de lo ocurrido. Hay algunos vídeos circulando por internet, sobre todo del inicio del ataque, pero la gente no va a entrar en pánico. Declararán esta parte de la ciudad como zona catastrófica que…

—Me importa un cuerno —repone Katsuki, de mal humor. Se arrepiente al instante, porque sabe que Shouto sólo está haciendo su trabajo, el que debería estar haciendo él también, pero no puede evitarlo. El dolor lacerante de la pérdida de Best Jeanist, la decepción al descubrir las mentiras de Izuku Midoriya y la preocupación por el estado de este, al que ha solicitado trasladar a un hospital, le impiden pensar con claridad. Y eso sin contar las pérdidas humanas y materiales de su agencia y el no saber qué ha sido de su plantilla y de las personas que ha rescatado del edificio.

—Izuku Midoriya está en una de las tiendas de campaña, he pedido que lo atienda un médico en cuanto coordinen las labores de rescate —informa Shouto con voz suave, observando de reojo a Katsuki.

—Dije que lo llevasen a un hospital lo antes posible. —Katsuki frunce el ceño. Imagina que los hospitales y centros médicos de la ciudad deben de estar colapsados. Hay mucha gente herida, ya sea directamente por encuentros con los villanos, como por las consecuencias de las estampidas que se han formado en algunas de las calles, pero las heridas de Izuku Midoriya son graves.

—Las órdenes de la Comisión es que es Detnerat quien tiene que valorar y organizar los desplazamientos médicos y coordinarse con el ejército en las acciones de rescate. No tardarán mucho. Mi padre me ha avisado de que a nosotros, salvo aquellos que estén heridos y deban quedarse aquí, van a trasladarnos a Osaka.

—¡Joder! —maldice Katsuki, y no sabe bien por qué lo hace. Quizá la frustración de no poder hacer nada, la sensación de que es Detnerat, y no la Comisión, quien tiene la sartén por el mango, el recelo a abandonar Musutafu justo ahora…

—Deberías descansar. —dice Shouto. Ambos tienen ojeras, los pómulos les resaltan, la barba de varios días les ensombrece el mentón, incluso en la parte en la que su amigo le sale el vello blanco. Ofrecen un aspecto lamentable.

—Tú también te ves hecho mierda —masculla. Shouto resopla, y ambos saben que ninguno de los dos va a parar. No ahora. No los han entrenado para sentarse a esperar a que una empresa de logística se dedique a organizarlo todo. Y hay muchas cosas que hacer. Shouto contempla una última vez el hueco que falta entre los edificios y el horroroso aspecto de la agencia de Katsuki y, poniéndole la mano en el hombro, le da un apretón consolador.

—Pedí a mi padre que enviase a Recovery Girl. Detnerat no pudo negarse. Llegará por la mañana —dice antes de marcharse.

Katsuki no dice nada, pero agradece que Shouto haya hecho el esfuerzo. A pesar de los años, su relación con su padre sigue siendo complicada. No puede culparlo. Durante unas prácticas conjuntas, cuando Shouto le había convencido de continuar la breve tregua establecida durante el examen de licencias, habían acabado entablando su actual amistad. En una ocasión, comiendo en casa de los Todoroki tras una invitación de la hermana de Shouto, asistió a una desagradable discusión. O, más bien, la espió. Y, años más tarde, Shouto se lo contó por iniciativa propia, ayudándole a terminar de encajar las piezas de información en el puzle.

Enterarse de las acciones de Endeavour con respecto a cómo había concebido a sus hijos igual que una camada de perros elegidos por sus características genéticas había quedado opacada por la información de un hermano fallecido tras ser dejado de lado por su padre por no tener el Don adecuado. Como le dijo a Shouto en ese momento, Endeavour tiene suerte de que Shouto haya decidido que puede colaborar con él en el plano profesional y que Fuyumi no esté dispuesta a dejar que la familia se fracture definitivamente. Katsuki no tiene la mejor de las relaciones con su madre, aunque sin duda la quiere; a pesar de que ambos chocan mucho en su carácter y no fue la persona más asertiva durante su educación, no le sometió al maltrato físico, psicológico y emocional que parecen haber sufrido todos los hermanos Todoroki y que queda manifiesto sobre todo en el carácter reservado de Shouto.

Guardando la chaqueta de Best Jeanist con cuidado, Katsuki se acerca a ayudar a preparar el terreno para la llegada de los efectivos de Detnerat. Trabajar con movimientos mecánicos no le ayuda a no pensar, pero al menos le da algo que hacer con las manos. Al final, tardan más de seis horas en tener montado un hospital de campaña en el parque. A través de Shouto, que puede comunicarse con su padre, Katsuki se entera de que Endeavour y el resto de tropas civiles y militares han conseguido llegar sanos y salvos a Osaka, pero no puede importarle menos. La ciudad es un caos y el intento de organizarlo se ve constantemente interrumpido por las solicitudes de informes de situación por parte de la Comisión.

La Comisión envía efectivos para ayudar a la limpieza, reconstrucción y recuperación de la ciudad, pero Katsuki no tiene paciencia para tratar con ellos y deja que sea Shouto quien lo haga. La crisis de héroes es notable. Shouto ha expresado sus dudas sobre qué saben de los hechos los demás héroes del ranking, pero el único con el que tiene contacto es Endeavour y, ahora que Detnerat está al cargo junto con el ejército, no hay mucho más que puedan hacer u opinar. Aun así, los cuatro héroes presentes en el improvisado campamento ofrecen sus servicios y, como no hay suficientes manos, enseguida reciben órdenes con las que ocupar el tiempo y ayudar.

Así, mientras Shouto lidia con las competencias y los mandos militares, Lemillion está ocupado arrastrando a Suneater, que está más melancólico de lo habitual por la reciente pérdida de Fat Gum, detrás de él para organizar las partidas de búsqueda de desaparecidos y recuento de fallecidos. Katsuki ayuda, repartiéndose entre montar tiendas para el hospital de campaña, trasladar a ellas heridos leves y la reunificación de familias, pero se niega a trabajar en el depósito de cadáveres. Entra lo mínimo necesario en él, un pabellón habilitado con hielo de Shouto a modo de refrigerante para conservar los cadáveres en tanto y cuanto sus familias los reclaman. No todos ellos son reconocibles y esos irán a una fosa común en la que, según ha mencionado Shouto, figurarán los nombres de Best Jeanist y Fat Gum presidiéndolos, aunque sus restos no estén allí, dándoles el estatus de héroes honoríficos. Cómo puede la Comisión planificar un detalle así cuando todavía hay gente que está siendo atendida en el suelo de una tienda de campaña por un paramédico militar es algo que escapa a la comprensión de Katsuki, que se limita a gruñir despectivamente al enterarse.

Del ataque a la base militar ningún civil sabe nada y los medios de comunicación callan y se les ha ordenado guardar secreto.

Una de las primeras cosas de las que se ocupa es de buscar a la familia del niño. Una vez se organizan listas, es fácil correlacionar a Katsuma con su padre, que llora desbordado de alegría cuando el niño se lanza a sus brazos. Al lado de Katsuki, Hatsume aprieta los labios, con los ojos húmedos por la emoción, y se despide del pequeño moviendo la mano con una sonrisa que no le alcanza a los ojos.

Después, a pesar de sus sentimientos contradictorios hacia Izuku Midoriya, Katsuki ha intentado, sin éxito, que sea derivado al hospital central de la ciudad. Demasiados heridos, y la ciudad tiene que seguir con su ritmo de vida, así que tiene que conformarse con que, al menos, la tienda de campaña de Izuku y las de sus amigos estén cerca de la suya. A mitad de la noche, cuando Katsuki apenas se ha dejado caer encima de un saco de dormir, resignándose a pasar otra velada más en el suelo, Hatsume y Sero irrumpen en su tienda para avisarle de que Izuku Midoriya ha empeorado. Está en una de las tiendas que comparte con Shinsou, Sero y Kaminari. Este último, de rodillas a su lado, observa a Katsuki con los ojos muy asustados cuando este se inclina para asomar la cabeza.

—Creíamos que se había quedado dormido, pero ahora… —Izuku suda profusamente y convulsiona, aparentemente inconsciente.

La mano derecha, fracturada a base de dar puñetazos a Twice, se la colocaron y entablillaron en cuanto llegaron los primeros paramédicos militares. Los gritos de dolor de Izuku, incapaz de reprimirlos, todavía resuenan en sus oídos. También le han limpiado las múltiples heridas, raspones y golpes que tiene por todo el cuerpo. El brazo izquierdo, por otro lado, no lo han tocado más que para cambiar el tosco vendaje de Sero por uno limpio y más duradero, asintiendo cuando Katsuki les ha ordenado que lo trasladen al hospital, orden que ha caído en saco roto. La forma en que Izuku delira cuando Katsuki lo alza en sus brazos para llevarlo a uno de los pabellones que están utilizando como barracas de hospital le hace pensar que los paramédicos han obviado una posible infección, pero no puede hacer más que dejarlo en sus manos cuando lo acomodan en una de las camillas.

Se queda un rato allí, observando como uno de los soldados le intenta bajar la fiebre con paños humedecidos en agua fría y cómo los médicos le inyectan un calmante para el dolor y antibiótico para la infección. El chico farfulla frases inconexas en su delirio, suficientes para que, si Shinsou no lo hubiese expuesto ya, Katsuki hubiese captado la suficiente información de sus palabras. Cuando Izuku parece caer en un sueño profundo, pero intranquilo, el personal a cargo del pabellón le obligan a abandonarlo, asegurándole que está a buen recaudo. Katsuki intenta una vez más exigir que sea trasladado a un hospital, pero el paramédico a cargo de ese pabellón lo trata con tanta condescendencia que Katsuki se marcha del lugar bruscamente para no dar rienda suelta a su Don.

No duerme esa noche, pensando en Izuku Midoriya cada vez que consigue relegar el dolor por la pérdida de Best Jeanist a un segundo plano. Al amanecer, cuando oye la voz de Shouto fuera, llamándolo por su nombre, se levanta inmediatamente y sale de la tienda. El rostro de Shouto es serio y tiene marcas de cansancio por todas partes: profundas ojeras, la piel pálida, la barba hirsuta y los párpados entrecerrados.

—Recovery Girl acaba de llegar.

—Vamos —dice Katsuki, lacónicamente, echándose la chaqueta vaquera de Best Jeanist encima de los hombros para abrigarse y caminando hacia el pabellón.

En el exterior, a pesar de lo temprano que es, están los amigos de Izuku Midoriya. Hatsume se abraza a sí misma, con frío a pesar de tener puesta una chaqueta que le queda grande y que debe pertenecer a alguno de los chicos. Hitoshi Shinsou está sentado en el suelo, en silencio, junto a Kaminari y Sero, respondiendo lacónicamente a los susurros del primero.

Katsuki no termina de entender qué es lo que le preocupa al chaval exactamente de un antiguo excompañero al que no parece unirle ninguna amistad. La otra chica, la de las mejillas sonrosadas, también está ahí, pero parece un tanto ausente y desubicada. Inicialmente su estado había parecido lo suficientemente grave como para considerar también su traslado al hospital en un primer momento, lo suficiente como para que Katsuki también se haya preocupado por ella, como parte del personal civil asignado a su entrenamiento, pero el optimismo de los paramédicos en su caso ha sido más acertado y la chica ha despertado de su inconsciencia y está en buen estado de salud.

Comprende, al ver sus ojeras y rostros cansados, que no es que hayan madrugado, sino que no han dormido, esperando noticias del estado de salud de Izuku. Ahora le pesa haberse cabreado la noche anterior, olvidándose por eso de informarles al respecto.

—¿Cómo está? —pregunta Hatsume directamente a Katsuki cuando llegan a la entrada del pabellón.

—Si no me dejáis pasar, no podré saberlo —masculla Katsuki, exasperado.

Alrededor de Izuku, el interior de la tienda huele al sudor de las sábanas empapadas, a infección y a medicina. Izuku está dormido, pero es un sueño inquieto por la fiebre. Shouto no entra con él y se aparta para permitir que Hatsume se cuele dentro. Inmediatamente, la siguen todos los demás. Katsuki frunce el ceño, porque van a llamar la atención y conseguir los echen. La chica tarda unos segundos en localizar a su amigo, pero cuando lo hace, se acerca a su camilla, susurrando su nombre, el verdadero, en su oído. Recovery Girl, que ya está en el pabellón, atendiendo a otras personas, se acerca renqueando con vitalidad. Katsuki respira aliviado, porque si alguien puede ayudar a Izuku en las actuales circunstancias, es ella.

—Buenos días, buenos días. ¡Qué mala cara tienes, Shouto! ¡Con ese aspecto, te pareces más a tu padre! —Shouto aprieta la mandíbula ante el comentario de la vieja, pero esta no le da tiempo a reaccionar, golpeándole con el bastón para obligarlo se agacharse y poder besarlo con más facilidad. En pocas horas, los dolores del cansancio se habrán disipado y Shouto tendrá mejor aspecto—. Siempre estás en el meollo de todo lo que pasa en este país, Dynamight.

—Cállate, vieja —protesta Katsuki. Esta no se inmuta por el exabrupto, tirando de él para inclinarlo y besarlo también. Una corriente cálida inunda el interior de Katsuki. El alivio en sus músculos cansados es inmediato. El Don de Recovery Girl es tan eficaz que al día siguiente no van a quedar rastros de sus heridas, moratones o cansancio—. ¡A mí no, vieja chocha! ¡A él!

—Hay para todos, no te preocupes —ríe Recovery Girl, dándole unas palmaditas condescendientes en la cintura, lo más alto que llega, antes de sacar algunos caramelos y ofrecérselos a los amigos de Izuku, que aceptan, incómodos—. Veamos qué tenemos aquí. Uhm…

La vieja heroína se concentra en Izuku y, al contrario que a ellos, no lo besa inmediatamente. Cuando la vieja mueve la pequeña cortina que han instalado para simular un mínimo de privacidad en el pabellón, Shouto empuja delicadamente a los amigos de Izuku para guiarlos fuera de la tienda, murmurando algo sobre dejar trabajar, pero Katsuki no se mueve. Tampoco aparta la mirada cuando Recovery Girl destapa a Izuku. Bajo la sábana, el chico está en ropa interior y su cuerpo está recubierto de una fina película húmeda de sudor. También de heridas recientes, golpes y moratones en varias partes del cuerpo, superficiales, que le recubren el brazo derecho, las piernas, el abdomen... Izuku abre los ojos al notar el aire frío secándole la piel, pero no enfoca la mirada y tampoco reacciona a ningún estímulo más.

—¿Cuánto tiempo lleva así? —pregunta Recovery Girl.

—Toda la noche —admite Katsuki de mala gana y se apresura a adelantarse a la reprimenda de la vieja—. No nos dejaron derivarlo a un hospital, lo han tratado con calmantes y antibióticos.

—Puedo ayudarle a sanar esos dedos de la mano derecha y también bajarle la fiebre. No han hecho un buen trabajo al colocárselos —dice Recovery Girl con pesimismo. Hay un «pero» suspenso en el aire. Katsuki frunce el ceño, sin comprender por qué habla de su mano derecha y no del brazo izquierdo.

—Los dedos rotos se los colocaron los médicos que envió la Comisión —asegura confundido, recordando el dolor sufrido por Izuku durante el proceso. Otea a su alrededor, pero no reconoce a ningún paramédico de los que se encargaron de la valoración inicial cerca. Sí se fija en que algunos llevan uniforme militar y otros el de Detnerat, pero no sabe si eso es importante. Sí sabe, en cambio, que todo el material proporcionado, igual que el del complejo de entrenamiento, es de la empresa. Se lo comenta a Recovery Girl, que se encoge de hombros.

—Nunca es bueno dejar la salud de las personas en manos de empresas privadas —suspira la vieja, negando con la cabeza—. Mucha de esta gente debería estar en un hospital ya, no en manos de paramédicos, por mucha experiencia que puedan tener. Una empresa que trabaja por objetivos puede olvidar que sus pacientes son personas, por muy humano que sea el personal que los trata y se esfuerce por hacer un buen trabajo. Pero, por supuesto, no sé si este es el caso.

—¿Entonces? —pregunta desabridamente Katsuki, que no está en condiciones de filosofar sobre la incidencia en la salud de los intereses corporativos de ninguna empresa.

—Sólo sé que sus dedos están mal colocados, Katsuki. —La vieja utiliza su nombre ahora que están a solas. La ha visitado suficientes veces en la enfermería de la U.A. como para que ella lo considere alguien cercano. Como le dijo en una ocasión, «he visto a tantos alumnos en ropa interior, que no puedo tomármelos en serio cuando vienen presumiendo con sus trajes de héroe profesional».

—¿Puedes arreglarlo?

—Esos dedos sí —asiente Recovery Girl, inmune a su brusquedad—. Pero hay que llevarlo igualmente al hospital, su brazo izquierdo está fuera de mi alcance.

—He solicitado varias veces que lo hagan, pero la coordinación con los centros médicos es lenta y todavía no han autorizado el traslado —explica Katsuki, impaciente, y un poco desesperado. No necesita que alguien le diga que su recluta necesita un hospital, ha podido verlo desde el primer momento.

—¿Y desde cuando eso es un problema para ti, Dios de la Gran Explosión Asesina Dynamight? —dice, incisiva, Recovery Girl, mirándole con los ojos entrecerrados y una chispa de diversión en las pupilas. Al oírla, comprende que tiene razón. Y la ira le invade por dentro, por haber no haber sido él quien actúe antes de que nadie se lo diga. Ha estado compadeciéndose de sí mismo y regodeándose en lo poco que le gusta la situación en lugar de reaccionar como lo habría hecho en cualquier otro momento: siguiendo su intuición y haciendo lo correcto.

—¿Qué hay que hacer para curarle bien los dedos de la mano derecha? —pregunta Katsuki, tratando de frenar su cabreo para no salir de la tienda y comenzar a dar voces a quien corresponda, centrándose en priorizar correctamente sus siguientes decisiones.

—Nada complicado. Le dolerá, eso sí, pero tiene tanta fiebre que dudo que se entere o lo recuerde.

—¿Qué necesitas? —pregunta Katsuki, yendo al grano.

—Ayúdame a quitar ese vendaje y trae una tablilla y vendas nuevas.

Katsuki se asoma fuera de la tienda. Shouto está en la puerta, montando guardia y discutiendo con uno de los oficiales al mando, que parece protestar porque los amigos de Izuku Midoriya no pueden estar ahí. En realidad, más bien el oficial está discutiendo contra la expresión impertérrita e inamovible de Shouto, que no se inmuta ante sus órdenes ni exigencias.

—Necesito una tablilla de… —El oficial, cabreado por la interrupción y ser ignorado, grita algo que Katsuki ni siquiera se molesta en escuchar—. ¡Cállate! ¡Cállate y lárgate a otro sitio donde alguien tenga tiempo que perder contigo!

—¡Las órdenes que tenemos…!

—¡Me importan un comino tus órdenes! ¡Me da igual quién sea la autoridad al mando aquí! —grita Katsuki, dando rienda suelta a la ira de su interior—. ¡Cállate y fuera de aquí o empezaré a reventar caras con explosiones!

—El comandante sabrá de esto —dice el oficial antes de marcharse a grandes zancadas, indignado.

—Traerá problemas —murmura Shouto en tono desapasionado, observándolo marcharse.

—¡Que les jodan! ¡A todos!

—Estoy de acuerdo. —Shouto lo mira con los ojos desiguales, leyendo a Katsuki con la facilidad de quien le conoce desde hace más de una década y luego asiente con un gesto de aprobación, lo cual contiene un poco su ira durante unos segundos—. ¿Qué has dicho que necesitas?

—Llevarlo a un puñetero hospital, joder.

Tras conseguir el material, Katsuki pasa las siguientes horas manteniendo su ira bajo el férreo control de la concentración y asistiendo a Recovery Girl en el proceso de recolocar los dedos de Izuku, que se despierta por el dolor y delira por la fiebre. También aleja a los paramédicos que se acercan, preocupados, y remoja la frente de este para disminuirle la fiebre. Cuando la vieja heroína termina, Katsuki tiene el estómago revuelto, la cabeza le duele al pensar y tiene una opresión en el pecho que le impide respirar profundamente, pero la mano derecha de Izuku, entablillada de nuevo, tiene un aspecto menos amoratado. Y trabajar concentrado le ha permitido pensar menos en su propio dolor y también no fustigarse por no haberse impuesto antes.

—Ahora, utilizaré mi Don. Mañana estará bien si sigue el tratamiento antibiótico, el efecto de mi regeneración lo amplificará. Sólo necesita dormir bien mientras tanto —dictamina Recovery Girl al arropar a Izuku con la sábana de nuevo.

—¿Recuperará la movilidad? —pregunta, ansioso. La vieja asiente, asegurándole que la mano derecha sanará sin secuelas—. ¿Y el brazo izquierdo?

—Dudo que a estas alturas ni siquiera en el hospital consigan salvarlo —niega Recovery Girl, con pesar. La culpabilidad regresa a su pecho. Alguien sin Don que ha tenido que perder una extremidad sólo por creer que eran más importantes las órdenes que actuar inmediatamente—. Mira, fíjate en esto.

Recovery Girl le muestra las yemas oscurecidas de los dedos de Izuku, la profundidad de la herida a la altura del codo cuando le aparta el vendaje, el feo aspecto del corte, verdoso, supurante y maloliente. Katsuki aprieta la mandíbula, con el cabreo bullendo dentro de él, pero no sabe con quién está más cabreado: consigo mismo, los villanos, el ejército o con el idiota de Hisashi Midoriya. Lo ha llamado Izuku desde que se enteró de la verdad, intentando borrar y disociar el Hisashi que él conocía, pero todavía le cuesta no pensar en él así. No interrogó a fondo al niño para no hacerle revivir el combate con Spinner, pero sí se enteró de lo suficiente como para saber cómo le había salvado Hisashi la vida. Ahora, con el remordimiento de haber dejado a un civil sin Don lidiar con un villano, se pregunta si el precio a pagar no ha sido demasiado alto.

—Me lo llevo al hospital —anuncia Katsuki a sus amigos cuando por fin sale de la tienda, aprovechando que el beso de Recovery Girl ha espabilado a Izuku. Cierra los ojos, abrumado por la situación, e inspira profundamente para relajarse—. Está consciente, aunque un poco desorientado. Podéis pasar a verlo.

Hatsume, Sero y Kaminari se apresuran a sortear a Katsuki y entrar en el pabellón médico. Uraraka duda durante varios segundos, como si no estuviese segura de ser bien recibida. Katsuki se pregunta si es que la chica se siente culpable por haber quedado fuera de combate demasiado pronto y no poder ayudar más. Entiende la culpabilidad, él cargó y lidió con ella durante años. Primero fue su comportamiento en la escuela secundaria con otros niños, algunos sin Don, como Izuku Midoriya, luego All Might y su sacrificio en el incidente de Kamino. Ahora se suman Best Jeanist e Izuku Midoriya a una lista que empieza a intuir que no está cerrada.

Al final, Uraraka también entra en la tienda cuando Hatsume se vuelve hacia ella haciéndole un gesto para que se apresure. Afuera sólo queda Hitoshi Shinsou, que se ha puesto de pie y pasa el peso de una pierna a otra, visiblemente incómodo. Katsuki no se ha fijado mucho en si interacciona con el resto de compañeros, sólo que nadie, ni siquiera él, sabe muy bien cuál es su lugar. Katsuki tampoco lo tiene claro. La situación es irregular, pero le da igual. Sabe qué ha hecho con su Don y lo útil que ha sido. Una entrada triunfal de Shigaraki y un nomu en la calle atestada de réplicas de Twice y fuego de Dabi habría sido una sentencia de muerte segura para todos ellos. Y, si tan sólo hubiese podido contener a Shigaraki un poco más, Best Jeanist quizá habría podido sobrevivir.

—Togata no tardará en llegar. —La llegada de Shouto, que ha aparecido de improviso, lo sobresalta—. Su Don es… útil para conseguir vehículos si no lo obtenemos por las buenas.

—Si voy yo, les saco las camionetas a golpes —masculla Katsuki, volcando su frustración en las bravatas.

—No lo dudo, pero la paz entre nosotros ya es lo suficientemente frágil, tenemos que hacer lo posible para no contribuir al caos —dice Shouto en tono neutro.

—Caos porque en la Comisión son una panda de incompetentes que sólo quieren conservar sus privilegios y a los cuales les preocupa más la opinión pública que el bienestar real de la población —gruñe Katsuki. No puede evitarlo, cuando está tan enfadado siempre carga contra Shouto. Quizá porque es el único que aguanta sus embates con impasibilidad.

—Enséñale lo que me has mostrado a mí —dice Shouto, haciendo un gesto con la cabeza hacia Shinsou. El chico saca un teléfono móvil, teclea unos momentos y luego se lo tiende a Katsuki, que lee con atención antes de cedérselo a Recovery Girl, que ahoga una exclamación disgustada al reproducir el vídeo, de un streamer de Musutafu con muchas reproducciones, mostrando imágenes del desastre que es ahora mismo la ciudad mientras carga contra la incompetencia de los héroes.

—Esto no pinta bien —murmura Recovery Girl.

—Es lo de Stain otra vez —dice Shouto. Shinsou recupera su teléfono con ansia. Katsuki lo entiende. Él ni siquiera sabe dónde tiene el suyo a estas alturas. La mayor parte de la gente que está allí los ha perdido en cualquiera de los dos ataques y las comunicaciones de la Comisión llegan a través del ejército—. No se solucionó aquella vez, sólo se tapó con toneladas de incidencias de villanos solventadas por héroes profesionales y se le dio carpetazo tras la captura de la Liga en Kamino, pero la imagen de los héroes quedó mellada hasta hoy.

—All Might venció… —comienza a decir Katsuki, pero Shinsou lo interrumpe.

—Va más allá. Tener un Don peligroso ya estaba mal visto. No tenerlo también. Cuando los villanos prometen cosas imposibles de alcanzar, hay gente despreciada dispuesta a escuchar. Tras Kamino, se reprimió a la sociedad y su uso de los Dones, en lugar de integrarlos.

Katsuki lo entiende al instante. All Might ya no está ahí, lleva años sin estar. La sociedad ha seguido la inercia tras su marcha, sobre todo gracias a la victoria sobre la Liga de Villanos, pero el vídeo viral que les ha mostrado Shinsou no deja lugar a dudas.

—En los medios de comunicación no ha salido prácticamente nada del ataque. Están intentando que no cunda el pánico —confirma Recovery Girl, pensativa.

—Ha sido demasiado grande para eso —dice Katsuki, más bruscamente de lo que desearía, no tiene paciencia en su interior—. La gente no se va a quedar callada e intentar taparlo es como poner vallas al mar.

—Pero polarizará la opinión pública. El peor enemigo de un gobierno sobrepasado es un pueblo que considere que no está haciendo lo que debe. Y, a un pueblo asustado, una media verdad dicha con contundencia puede encenderlos para tener ideas que habitualmente no defenderían. —El rictus apesadumbrado de la vieja heroína le hace pensar a Katsuki que, quizá, no es la primera vez que ella vive algo así.

—Mi madre decía algo así —murmura Katsuki, reflexionando—. Decía que una media verdad era mucho más eficaz que una mentira, porque hacía que todo el mundo se confrontase según la parte de verdad o mentira que le tocase.

—¿Y qué vais a hacer vosotros? —La pregunta de Shinsou deja desconcertado a Katsuki, que frunce el ceño. Va a contestar, cabreado, algo desagradable, pero se contiene a tiempo al recordar lo que ha dicho de la gente con Dones peligrosos. O sin Don. Como Izuku Midoriya. Ahora se pregunta qué le ha podido llevar a querer pelear por defender un sistema que penaliza su existencia y que ni siquiera le habría aceptado sin su engaño. Por un segundo, se siente tentado a entrar en el pabellón y preguntárselo, antes de recordar que ha huido, literalmente, en cuanto el beso de Recovery Girl le ha terminado de despertar.

Como ninguno de los héroes contesta, Shinsou suspira y se aleja caminando lentamente en dirección a una de las tiendas de campaña cercanas. Katsuki siente la ira bullir dentro de él, arrasando con su tristeza una vez más, recordando que, probablemente, Shinsou era uno de los compañeros de los cuales Izuku Midoriya le habló.

—No tiene ningún derecho a hablar así —dice, cabreado, pero Shouto está mirando su teléfono móvil con expresión preocupada—. ¿Y ahora qué cojones pasa? —pregunta, adivinando que no son buenas noticias.

—Nos ordenan llegar a Osaka cuanto antes. El hospital de campaña queda en manos de Detnerat y los héroes tenemos que seguir con el plan inicial hasta que podamos detener a la Liga de Villanos.

—¡No podemos dejar a toda esta gente aquí! —dice Katsuki, en voz demasiado alta.

—Entiendo que estés preocupado por el chico, pero…

—¡Claro que estoy preocupado por el chico! Y por la chavala que estuvo inconsciente durante horas. Y por todos ellos, que han tenido que enfrentarse a unos villanos sólo porque la Comisión se niega a dejarnos trabajar por nuestra cuenta.

—Katsu…

—¡Sólo estoy cumpliendo con mi responsabilidad! ¡Y no me llames Katsu! —grita Katsuki, frustrado. Un chisporroteo le recorre el sudor de las palmas de sus manos, así que respira hondo, tratando de controlar sus emociones—. ¡Joder! Deberíamos estar detrás de los villanos que faltan. Mientras tengan a Kurogiri serán difíciles de encontrar y atrapar, pero ahora podemos llevar la iniciativa, dudo que estén alegres habiendo atrapado a tres de los suyos.

—Estoy de acuerdo —dice Shouto, apretando los labios—. Ahora la prioridad debería ser controlar a Twice y tomar la iniciativa antes de que esto continúe. No podemos permitirnos el lujo de dejarles ser ellos quienes ataquen primero otra vez. Estamos perdiendo el tiempo y deberían dejarnos trabajar.

—Eso también es consecuencia de Kamino —dice Recovery Girl, suspirando—. La credibilidad de los héroes está en entredicho desde entonces. La Comisión quiere resultados, hacerse imprescindible en el estamento gubernamental, les da pánico perder la influencia que, de facto, ya han perdido.

—Entonces, nosotros —masculla Katsuki, pero la vieja lo interrumpe una vez más.

—Los héroes tampoco podemos imponernos sólo porque tengamos un mejor control sobre nuestros Dones. ¿En qué nos diferenciaría eso de los villanos? ¿No es, precisamente, lo que tememos que hagan las personas con Dones peligrosos o incontrolables? —dice Recovery Girl, sentenciando la conversación. Fastidiado, Katsuki resopla por la nariz y aprieta los dientes, pero no responde. Shouto lo observa de reojo, pero no dice nada tampoco.

El sol brilla en la mañana primaveral, pero Katsuki percibe el mundo alrededor de él en tonos de color rojo oscuro, fruto de su rabia y del pesimismo que tanto Shouto como Recovery Girl parecen aceptar con tanta naturalidad. A Katsuki la inactividad hace que le piquen las manos, siempre ha sido de actuar en el momento, la paciencia es algo que labró al lado de Best Jeanist, y ahora mismo está tan cabreado con la Liga de Villanos que no distingue la necesidad de impartir justicia de la de vengarse por haberlo matado.

«Tienes el rostro lleno de ira, Katsuki Bakugou. ¿Piensas salvar a la gente enseñándoles los dientes?».

Las palabras de Best Jeanist vuelven a su cabeza, una y otra vez. Se las dijo por primera vez en sus prácticas de héroe. Se las repitió mucho más a menudo, más adelante. Katsuki le había contestado que, si quisiera sonreír, se habría ido con All Might, pero este lo había reprendido.

«No es necesario sonreír todo el tiempo. Hay muchas cosas a medio camino entre estar enfadado permanentemente y sonreír como un psicópata».

Togata y Amajiki por fin llegan, irrumpiendo en el incómodo silencio. Katsuki y Shouto se encargan de sacar a los amigos de Izuku de la tienda al tiempo que Lemillion traslada a este al furgón de seguridad que ha conseguido. Katsuki va en la cabina, junto a los dos héroes. Ha preferido dejar a Shouto en la parte de atrás, con Izuku, que está completamente despierto y se ha despedido de sus amigos con voz clara. Katsuki ha observado atentamente los rostros de estos, buscando en ellos decepción o enfado por el engaño, pero no ha encontrado nada más que esfuerzos por sonreír para disfrazar la preocupación que sienten.

Por eso no ha querido ir en la parte trasera, donde habría estado en el mismo espacio con Izuku. No quiere que este, ahora que es capaz de hablar y razonar lúcidamente, le haga preguntas. O examine su rostro y sí vea, además de la preocupación, la tristeza, la decepción y el cabreo. No está seguro de cuánto de esos cuatro sentimientos le pertenece a Izuku Midoriya y cuánto a los villanos, a la Comisión, a ver Musutafu y su agencia destrozadas… Y, por supuesto, al dolor de la pérdida de Best Jeanist, con la que está lidiando a base de refocilarse en recuerdos y luego aparcarla en el fondo de sus pensamientos.

—Oficialmente, nos han ordenado escoltar hasta el hospital a los soldados al cargo del traslado de los villanos a Tártaro, pero antes de salir hacia allá nos da tiempo a hacer una pequeña excursión al hospital —está explicando Togata, alegre. No ha parado de parlotear desde que han salido y eso, sumado a la excesiva precaución con la que conduce Amajiki, está empeorando su humor y haciéndole arrepentirse de haber elegido la cabina.

Cuando llegan al hospital, la camilla de Izuku, que ha vuelto a caer en un sueño inquieto durante el trayecto, desaparece por uno de los pasillos en medio de un revuelo de preocupadas instrucciones y órdenes gritadas. Katsuki y Shouto siguen a uno de los enfermeros por uno de los pasillos hasta una amplia sala de espera. Los minutos se estiran. Katsuki camina de un lado a otro, impaciente, con las manos en los bolsillos. Una médica joven, poco mayor que ellos dos, llega con un impreso de autorización para la intervención quirúrgica de Izuku, que ya ha comenzado. Katsuki frunce el ceño mientras lee la descripción del procedimiento.

—Pensaba que primero intentarían salvarle el brazo—gruñe, asustado al leerlo, recordando que va a firmar algo que, en realidad, ya está ocurriendo.

—Me temo que no hay manera —contesta la médica, con cara de circunstancias.

—Si hubiéramos llegado antes… —dice Katsuki, con el monstruo de la ira mordisqueándole el estómago. La mano de Shouto, que se ha levantado al escucharlos hablar, se pone sobre su hombro.

—No se torture con esos pensamientos, héroe Dynamight —aclara la médica, negando con la cabeza—. Es probable que el brazo no fuera salvable desde el mismo momento en que se produjo la lesión, pero vamos a necesitar que alguien firme igualmente el documento de responsabilidad y consentimiento. Es un trámite meramente burocrático, porque… —La médica se encoge de hombros y aprieta los labios, dejando el resto de la frase flotar entre ellos.

—Puedo hacerlo yo, si quieres —se ofrece Shouto con voz neutra, pero Katsuki niega, estampando un garabato en la parte inferior.

—Estaba en mi unidad, a mi cargo, es mi responsabilidad —dice, más para sí mismo que para Shouto y la médica, que asiente comprensivamente.

—Hay opciones, no se acaba el mundo tras una amputación. Además, es el brazo izquierdo, si el paciente es diestro, será más fácil —explica la médica con voz profesional. Katsuki se pregunta cuántas veces ha mantenido esa conversación. Cuantas personas sin brazo ha tenido que atender y ofrecer optimismo a modo de consuelo—. Los avances actuales, sobre todo en el sector de accesorios, son tan avanzados que podrán encontrar uno que se ajuste perfectamente al paciente y…

—Eso cuénteselo a él cuando despierte. —Katsuki es incapaz de escuchar nada más. La médica se sorprende por su actitud, pero pronto la sonrisa profesional, tranquilizadora, vuelve a su rostro. Dice algo más, pero Katsuki ya no la escucha y deja que sea Shouto quien lidie con ella.

—No podrá venir con nosotros a Osaka —dice Shouto al volver a sentarse a su lado, cuando la médica ya los ha dejado solos en la sala de espera de nuevo.

—Claro que no. No soy idiota, no me trates como tal.

No hablan durante las siguientes horas. Es la mejor parte de la amistad con Shouto, este no tiene la necesidad de rellenar cada silencio con palabras.

Cuando una cirujana con aspecto agotado entra en la sala de espera, los dos se levantan automáticamente con el cuerpo engarrotado. Katsuki no registra todas sus palabras, pero se queda con lo esencial: el chico ha despertado, han conseguido salvar el brazo hasta la altura del codo, la operación ha salido bien y lo subirán a una habitación de planta donde podrán verlo y estar con él cuando lo reanimen.

—Bien, entonces nos vamos —dice Katsuki en tono seco. La cirujana lo mira sorprendida y luego se vuelve hacia Shouto, que niega con la cabeza—. Cuando despierte, denle un teléfono para que pueda contactar con su familia. Nosotros aquí ya no pintamos nada.

—¿Vas a marcharte sin pasar a verlo? —Shouto lo alcanza en el pasillo. Katsuki no ha perdido más tiempo con la cirujana, que se ha quedado atónita. Shouto ha debido despacharla rápidamente, porque no tarda en ponerse a su altura. Katsuki ni siquiera se digna a contestar—. Sé que estás enfadado, yo también lo estaría, pero pensaba que tú y…

—Cállate, joder —farfulla, cabreado.

—Le he dicho que le explique que no podrá venir y queda eximido de sus deberes como…

—¡Qué te calles! —Shouto obedece y no vuelve a decir nada más. Normalmente, se suele tomar sus exabruptos con indiferencia, pero ahora tiene el ceño fruncido y lo mira con una mezcla de compasión, preocupación y tristeza que no quiere ver, así que lo ignora todo el trayecto de regreso al parque donde están instalados. Shouto, que parece comprender, se limita a caminar a su lado sin añadir mucho más.

Se encuentran al campamento hundido en el caos cuando llegan. Extrañados, se dan cuenta de que sus compañeros, que suponían ya de camino a Tártaro tras todas las horas pasadas en la sala de espera, siguen en el hospital de campaña. Togata ha perdido su eterna sonrisa y hasta Amajiki, habitualmente tan inexpresivo como Shouto, tiene una expresión de cabreo en el rostro que rivaliza con la del propio Katsuki. Ni Shouto ni Katsuki tienen tiempo de preguntar qué ocurre, porque es este avanza hacia ellos al verlos.

—La han perdido. A Himiko Toga. —informa, con voz tensa—. Por lo visto, no saben dónde está desde esta mañana y a nadie se le ha ocurrido darnos parte hasta que hemos entrado a trasladarlos a los furgones de seguridad. Han puesto gente a buscarla, pero…

—¡Joder! —exclama Katsuki, apretando los dientes y dejando escapar, ahora sí, una explosión involuntaria de entre los dedos—. Mirad, ¿sabéis qué? No es mi puñetero problema. ¿No quieren que los de Detnerat estén al cargo? Pues que les jodan y la busquen. Nos han dado órdenes de volver a Osaka, ¿no, Shouto? —Este asiente, cauto ante la explosión y el carácter de Katsuki—. Pues vamos a organizar la salida. Si quieren dar las órdenes, que asuman también las responsabilidades ellos o que nos ordenen intervenir.

Ninguno de los otros héroes se mueve durante un instante, pero cuando Katsuki comienza a vociferar órdenes en dirección a los amigos de Izuku, que estaban esperándole para obtener alguna noticia del estado de su amigo, se unen a él. Intentando no pensar más en Izuku Midoriya, Katsuki se centra en trasladar sanos y salvos al resto de sus reclutas a Osaka.


NdA. Llegamos al tramo final del Libro tres: Avalancha. Inicialmente, traté de encontrar una variación del título de la melodía de The Doll Survives para este capítulo, haciendo referencia a la chaqueta de Best Jeanist y a la escena de Mulán en la que encuentran la muñeca y la armadura del padre del General Li Shang, pero ninguna de las que se me ocurrieron me gustaba. El capítulo siguiente se titulaba Hisashi, en referencia a Ping, otra canción de la OST con el pseudónimo de Mulán, así que acabé decidiendo que se llamarían igual. Cuando corregí el capítulo hace un mes, acabé cambiándole el título a Una chaqueta entre los restos, porque aunque en el capítulo Hisashi es algo muy relevante, creo que Best Jeanist, Katsuki y su dolor se merecían un título para ellos. Por tanto, queda un capítulo más: Hisashi, antes de dar por cerrado el arco (y comenzaría el penúltimo, de hecho, capítulos extra aparte). Irónicamente, tanto este como el siguiente, son los dos capítulos más largos de la Avalancha que comenzó en Salvar con una sonrisa y terminará la semana que viene con Hisashi (+9500 y de 8500 palabras xD).

Como última curiosidad, aunque es probable que el fic crezca todavía un poquito más en las partes que me quedan por corregir, ahora mismo estamos justo a la mitad del fic completo (capítulos extra incluidos, no de la trama principal, que ya hemos pasado la mitad hace unos cuantos capítulos). Calculo que, al ritmo que han ido creciendo los que he corregido ya, calculo que finalmente la mitad del fic estará en el capítulo 28 (la mitad de 57 xD), pero hoy por hoy es la mitad exacta del manuscrito (página 334 de 669 y hay 200k palabras publicadas de casi 400k).

Muchísimas gracias por seguir leyendo semana a semana, es muy emocionante para mí.