Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
Ha ocurrido xD. Normalmente, corrijo/reescribo varios capítulos del tirón. Tiempo después, los repaso y los dejo preparados para publicar (así, si algo pasa un viernes o no estoy en casa, la publicación no se retrasa). Hoy no tenía el capítulo repasado y en la corrección/reescritura voy por el 32... porque esta semana he avanzado el 31 y este, jajaj. No hay nada como procrastinar para que se te eche la fecha encima y te pongas las pilas. Además, no sé por qué, el capítulo ha crecido 800 palabras mientras lo repasaba. Quizá tenía más errores/omisiones de lo habitual. Bueno, al menos está, en tiempo y forma, listo para publicar. Y la semana que viene también estará el siguiente, no os preocupéis. El día que no habrá capítulo será el día 6, como estaba planificado.
Ante todo, felices fiestas. En mi casa somos más de Papá Puerco y de la noche de vigilia de los puercos, el 32 de diciembre, pero me pareció más oportuno felicitaros lo que sea que celebre cada quien aquí y así la semana que viene os deseo un feliz nuevo año xD. Quizá tendría que escribirle una carta a Papá Puerco. ¿Estaré a tiempo todavía?
Trigger Warning: Hay referencias al proceso de recuperación de Izuku y, por tanto, a su pérdida. Tiene un pequeño periodo depresivo. Además, una de las escenas transcurre en un hospital. Dolor fantasma y trauma.
¡Muchísimas gracias por leer y comentar!
REFLEJO
—Es tu turno. Aliméntalo. —Dabi no dignifica la orden de Shigaraki con una respuesta ni abre los ojos, a pesar de que su compañero sabe que está despierto y lo ha oído perfectamente.
Shigaraki frunce el ceño y hace un mohín de desprecio, pero no insiste y se deja caer en el sofá, lo más lejos de él que puede. El carácter de Dabi, irascible desde lo que él considera una derrota, ya que no ha conseguido materializar ninguna faceta de su venganza y, además, han perdido a varios compañeros, no alienta a que Shigaraki se muestre colaborador. Tampoco el que este esté de mal humor por haber pasado prácticamente todo el ataque congelado en un callejón, sin poder hacer nada, aunque después tuviese la oportunidad de acabar con uno de los principales héroes profesionales.
Han pasado varios días desde el ataque a la ciudad y el agobio del encierro, sumado a su cabreo, ha empezado a pasarle factura a Dabi. No ha habido nuevas incursiones, ni más ataques relámpago. Bastante han tenido con esconderse para lamerse las heridas que suponen las pérdidas de Iguchi, Bubaigawara y Toga. No es el único que está frustrado y cabreado. El carácter habitualmente amargo de Shigaraki se ha vuelto insoportable. Dabi y él nunca han sido especialmente cercanos y la convivencia está obligándolos a compartir más tiempo y espacio del que están acostumbrados, sin un Iguchi, un Bubaigawara o una Toga que engrasen y alivien las interacciones sociales.
No poder salir es otro factor determinante. Los días se le hacen cada vez más pesados, pero All for One ha dado órdenes explícitas de no moverse del nuevo refugio hasta nueva orden, salvo Shigaraki y Kurogiri, que aprovechan las horas nocturnas para incursionar en busca de suministros y víveres. Eso provoca que las noches sean eternas, sin nada más que hacer que mirar la televisión, abstraído y con la mente prácticamente en blanco.
La casa es bonita, de aspecto acomodado, y está situada en uno de los emplazamientos más bellos de Nagoya. Desde el piso superior, donde están los dormitorios, puede divisarse una vista del puerto que muchos turistas pagarían por fotografiar. Un enorme jardín, agreste por la falta de cuidado, pero con plantas autóctonas y un pequeño estanque lleno de vegetación salvaje y anfibios, que imprimen un aire bucólico al entorno, los aísla del campo de visión de las otras casas que los rodean, todas a una distancia suficiente como para pasar desapercibidos. Desde su punto de vista, no deben ser más que unos vecinos díscolos que han regresado a la casa tras años de descuidado abandono.
No lo han encontrado por casualidad, ni han tenido que violentar la entrada para acceder a ella. Fue All for One en persona quien los transportó después de que Kurogiri cumpliese su parte del plan, recogiéndolos en pleno fervor de la pelea, y averiguar que rescatar a sus compañeros estaba fuera de su alcance. Le supuso un esfuerzo notable, a pesar de que Kurogiri había cargado con la tarea de movilizar al nomu. Cuando Shigaraki le había preguntado al respecto, poniendo en palabras lo que Dabi estaba pensando, señalando lo útil que habría sido un refugio tan lujoso durante las semanas anteriores, All for One se había limitado a responder que la incursión en Musutafu le había refrescado la memoria.
Tras mirar durante largos minutos el panel electrónico que abría la puerta de entrada, buceando en las profundidades de sus recuerdos, mientras Shigaraki y Dabi permanecían atentos a su alrededor, impacientes y preocupados por si aparecía alguien que pudiera reconocerlos y manteniendo un ojo sobre el nomu que, excitado por la pelea hacía demasiado ruido, All for One había asentido, murmurando para sí mismo, y había tecleado un código que había abierto las puertas de entrada y habilitado el sistema eléctrico de la casa.
Aunque es el sitio más cómodo y agradable en el que han estado desde que escaparon de la prisión, Dabi está inquieto, harto de esperar sentado ahora que han probado la acción real, asestando golpes reales a los héroes, causándoles daño real. La primera discusión la mantuvieron en el mismo momento en el que todos se sintieron seguros detrás de las paredes de la casa. Dabi y Shigaraki eran partidarios de contratacar una vez más para tratar de rescatar a sus compañeros antes de que a los héroes les diese tiempo a reaccionar o a encerrarlos en Tártaro, pero All for One se negó, aconsejándoles paciencia para reelaborar el plan y adaptarse a las circunstancias.
Ahora, Dabi tiene que reconocer que el descanso les ha venido bien a todos. Shigaraki, que apenas tuvo oportunidad de pelear, no ha dado muestras del agotamiento que mostró tras el ataque al complejo militar, pero Dabi sí ha tenido que lidiar con algunas consecuencias debido al uso de su Don. Ya apenas nota la piel tirante por el excesivo calor de su fuego. El Don de secundario de enfriamiento que le ha otorgado All for One funciona peor de lo que esperaba, quizá por la falta de entrenamiento, pero aun así ha impedido que su piel se queme como antaño y le ha ayudado durante el duelo contra Shouto a utilizar llamas de potencia insospechada que no sacaba desde que, de crío, casi se había consumido a sí mismo a lo bonzo.
Sin embargo, aunque no se haya quemado, sí ha tenido que sufrir la piel, sobre todo las partes que son suyas y tienen sensibilidad, tirante y dolorida tras la batalla. También las articulaciones de los brazos le molestan y Dabi sospecha que tiene ver con el uso excesivo del Don, pero no se ha quejado.
Aunque lo habría deseado y ha aprovechado para lanzar algún comentario desagradable, tampoco ha discutido con Shigaraki sobre la falta de su presencia que habría decantado la batalla contra los héroes de pacotilla a su favor e impedido la derrota de Bubaigawara: ha experimentado en primera persona el desagradable control mental del crío de pelo morado al que ha jurado quemar en cuanto tenga la oportunidad, sin darle tiempo a utilizarlo de nuevo. Ni siquiera sabe si él ha escapado del control mental gracias a que Kurogiri lo sacó de allí justo cuando el edificio se derrumbó encima de ellos y el Don no trabaja a tanta distancia o porque el chico se desconcentró por la avalancha de escombros.
Perezosamente, Dabi cambia de canal en el televisor, demasiado rápido como para enterarse de qué están emitiendo en cada uno de ellos. Ha sido su único entretenimiento durante los últimos días. Le ha permitido comparar entre la preocupación general de la gente sobre lo sucedido en Musutafu, su desconfianza creciente ante la inutilidad de los héroes profesionales y los tímidos cuestionamientos, incluso teniendo en cuenta que el ataque apenas ha sido cubierto por las principales cadenas del país.
A su alrededor, la casa, que ninguno se ha molestado en limpiar, ha perdido el atractivo aire empolvado y la elegancia que tenía cuando llegaron. Los envases de comida rápida, la ropa sucia y las manchas se extienden por doquier. Shigaraki se quejó el primer día de que convertían todo lo que tocaban en una puñetera pocilga, pero Dabi le había contestado que, si le molestaba, lo limpiase él. Apenas han vuelto a hablar entre sí desde entonces, aunque Shigaraki ha utilizado su Don para eliminar algunos de los desperdicios más malolientes y ahora una capa de pavesas cubre el suelo y se une a la suciedad general.
En la habitación contigua, los profundos ronquidos del nomu hacen vibrar las finas paredes. Dabi ha pasado varias noches sin pegar ojo por su culpa, sobre todo las últimas, en las que sus nervios están más a flote. Por un lado, se alegra de que All for One disponga de un Don que le permita hacer que el nomu reduzca su actividad al mínimo, igual que una bestia encadenada con una cuerda a un tocón, pero por el otro, le enerva ese ronco sonido seguido de un suave resoplido que ha empezado a marcar los tiempos en la casa.
Si bien es All for One quien le da las órdenes, utilizando el mismo Don de carisma que le ha visto en varias ocasiones y que en el nomu tiene un efecto potentísimo, reduciéndolo a un fiel y leal animal a su servicio, son Shigaraki, Kurogiri y Dabi quienes se encargan de alimentarlo y vigilarlo los breves lapsos del día que despierta, algo que le asquea. Curiosamente, es Kurogiri el que, con movimientos espasmódicos que Dabi nunca le ha visto y en silencio, más cuidadosamente se hace cargo del nomu y sus necesidades fisiológicas, manteniendo la habitación en la que lo han encerrado en unas condiciones casi mejores que algunas de las estancias de la casa invadidas por ellos.
—Puta mierda, ¡ya voy! ¡Cállate! —grita Dabi al escuchar al nomu emitir un alarido inarticulado, revelando que está despierto. Shigaraki se apodera del mando a distancia del televisor con una sonrisa aviesa en el mismo instante en que Dabi se levanta del sofá, fastidiado.
Pasa por la cocina para recoger una lata de macarrones precocinados de la despensa. La casa estaba sorprendentemente bien surtida de latas de conserva, garrafas de agua mineral y platos precocinados de larguísima duración, pero incluso la más reciente de todas las conservas ha caducado hace al menos un lustro. Al nomu, que devora todo lo que le echan, no parece importarle ese dato ni le afecta que su comida no esté en buenas condiciones.
El aire fétido golpea a Dabi en cuanto abre el cuarto donde este está. Es la habitación de una criatura torturada: antes de caer en el sueño inducido de All for One, el nomu ha arañado las paredes, destrozado el mobiliario y, en las ocasiones en las que está despierto y Dabi entra a darle de comer o tirarle una de las garrafas de agua, lo ha encontrado apretándose el cerebro que le sobresale en la cabeza con las zarpas, como si le sufriera un horrible dolor.
Dabi no entra, se limita a tirar la lata, que impacta contra el suelo de madera noble, mellándolo profundamente, y rueda hacia el nomu, que se abalanza sobre ella y la abre con facilidad, utilizando sus uñas para atravesar la hojalata de la cubierta. No le importa que estén fríos, con el tomate en un emplasto gelatinoso de aspecto poco apetitoso, porque lo devora inmediatamente.
—Joder, qué puto asco —masculla Dabi antes de cerrar la puerta, esbozando una mueca de desagrado.
Lo que peor lleva no son los gritos que da cuando exige comida, sino todas las veces en las que se coloca las manos en la cabeza y llora, en un gemido bajito, hasta que All for One vuelve a utilizar su Don para adormecerlo. Ha observado que, en esas ocasiones, Kurogiri se mueve inquieto por la casa, sin rumbo fijo ni destino concreto, un movimiento que nunca antes lo ha visto hacer, habituado a sus gestos perfectamente medidos y controlados.
Decide volver al comedor, pero los pasos le guían hasta la habitación de All for One. Este está en el único dormitorio de la planta baja, el que correspondería al matrimonio de la familia. Es el más lujoso de todos, con baño propio, y All for One apenas sale de ahí más que a comer, recordarles que deben ser discretos o dominar al nomu. Nadie, ni siquiera Kurogiri, ha entrado en la habitación en todos estos días, permitiéndolo descansar y pensar.
—¡Eh! ¿Qué estamos esperando? ¿A que vengan ellos? —Dabi golpea la puerta un par de veces, pero desiste rápidamente al no obtener respuesta.
Varias horas más tarde, está tirado en el sofá, indolente, fumando un cigarro en la oscuridad. Sólo la luz anaranjada de la punta brilla en la oscuridad del destrozado salón. Shigaraki y Kurogiri han salido en busca de comida que no sea enlatada ni caducada, pero todavía tardarán un buen rato en regresar. Como All for One les ha ordenado efectuar los robos lo más lejos posible de la prefectura de Aichi, donde se encuentran, para evitar que ubiquen su posición, es posible que Kurogiri haya necesitado hacer varios saltos, así que tampoco es una tardanza anómala. Todavía es pronto para estar preocupado por ellos. El estómago le ruge, pero no se mueve. El sofá no es pequeño, pero Dabi es larguirucho y las piernas le cuelgan por el extremo.
—Eres un hombre de acción, Dabi. —La profunda voz de All for One hace que, a su pesar, Dabi se sobresalte. No lo ha escuchado salir de su cuarto, a pesar del silencio total que rodea la estancia. Inmediatamente, se incorpora en el sofá hasta estar sentado, tosiendo el humo del cigarro que ha tragado sin querer—. Estar aquí parado, sin hacer nada, te frustra.
All for One luce… diferente. Dabi no está muy seguro de en qué exactamente, así que se incorpora un poco en el sofá, reacomodándose para poder observarlo con los ojos entornados, tratando de ver en la oscuridad. El villano está de pie junto a sofá, con los brazos cruzados y aire pensativo.
—He estado empleando el Don de sanación en mí mismo —explica All for One, adivinando la pregunta no formulada de Dabi.
Este frunce los labios con disgusto. El uso cada vez más frecuente y más potente de los Dones de All for One se está volviendo una constante, pero el que más le sigue molestando es esa forma que tiene de detectar pensamientos e ideas directamente de su mente. Aunque no todo son desventajas: gracias a él, All for One pudo localizar los pensamientos de Shigaraki mientras este estaba paralizado por el Don del crío y encontrarlo antes de que lo hiciese algún héroe o policía. Por lo que dijo, había podido detectar sus pensamientos en la distancia debido al uso continuo del Don desde que destruyeron Gunkanjima para escapar.
—Te ves mejor —admite, reticente, Dabi. Eso es lo que nota diferente en el villano. Sus movimientos son más fluidos y ha desaparecido el constante rastro de cansancio que ha mostrado desde la huida de la prisión—. ¿Por eso querías que no nos moviésemos de aquí?
—Era necesario. —All for One asiente, solemne—. Mantenía demasiados Dones activos, así que necesitaba encontrar el equilibrio que mi cuerpo perdió durante el encierro para poder seguir sosteniéndolos y cuidar de vosotros.
—¿Y ahora lo has conseguido? —pregunta Dabi, genuinamente interesado. Hace tiempo que intuyó la vasta cantidad de Dones que este debe albergar en su interior, ya sea robados u obtenidos mediante convencer a sus poseedores o concederles sus peticiones, por lo que un All for One en plena forma, capaz de recordarlos y utilizarlos a discreción es una idea… interesante.
—No te parece bien que hayamos perdido tanto tiempo —dice All for One amablemente. Dabi cree detectar el tono de su Don de carisma, pero últimamente no es capaz de diferenciarlo cuando lo usa con el nomu, quizá porque lo utiliza constantemente.
—Más bien no lo entiendo. Llevábamos la delantera —dice Dabi con un gruñido. El ataque al complejo militar fue un éxito y en el de la ciudad han podido comprobar que los héroes no están preparados para responder a amenazas de ese calibre y, de pronto, en lugar de seguir atacando, de seguir escalando los ataques, se han encerrado en una casa a esperar a saber qué—. En Musutafu sólo reaccionaron los mismos héroes que en el complejo. Si no llegan a estar cerca…
—¿Has visto la televisión últimamente? —All for One se sienta a su lado, pensativo. Dabi enciende otro cigarro, pero no le ofrece y el villano tampoco pide. No está seguro siquiera de que pueda fumar con ese cuerpo.
—No hay otra cosa que hacer —masculla Dabi, disimulando su molestia en un tono de hastío que no necesita fingir. La televisión es lo único que conecta esa casa con el exterior y gasta en ella todas las horas del día que no está durmiendo o haciéndose cargo del nomu.
—Yo también. No han informado de lo que hicimos en ese complejo militar, y lo de Musutafu ha sido un «incidente aislado que ya está bajo control». Es una cita textual. —All for One sonríe. Dabi hace una mueca, no entiende qué tiene eso de bueno—. Han hablado de que se ha arrestado a algunos de nosotros, aunque no han dado nombres, y la Comisión de Héroes está sacando pecho de la actuación.
—Por eso teníamos que haber atacado inmediatamente. Esos héroes no podrían haberse defendido dos veces si hubiéramos conseguido liberar a Bubaigawara. Estuvieron a punto de morir y eran dos de los mejores contra él solo.
—Quizá no habría salido bien. Estaban llegando refuerzos. Es mejor replegarse y pensar con calma antes de atacar a lo loco. Tal y como habíamos planeado en un inicio. —All for One mira a Dabi, que se ha incorporado del todo y está sentado, con los codos sobre las rodillas. El cigarro se consume entre sus dedos, olvidado—. No podemos olvidar que nos están usando. Y, si queremos usarlos también, tenemos que permitir que su relato de victoria se propague en una sociedad que sólo ve más y más inseguridad. Están cavando su propia tumba, están dejando a nuestras ideas entrar en los miedos de la gente. Ese será nuestro mejor triunfo.
—Hablas como si hubiésemos vencido —gruñe Dabi, disgustado.
—Lo hemos hecho. En cierto modo —responde All for One con calma—. Estaban confiados cuando estábamos todos fuera de su alcance. ¿Cómo estarán ahora que creen que nos han diezmado? Es cuestión de tiempo que podamos quebrar su fingida alegría y paz y adelantar a quienes han querido utilizarnos para sus propios fines. Y a ellos les será difícil recobrar la confianza de la gente. Además… tú no has cumplido tu objetivo.
«Endeavour». La imagen del héroe aparece en la mente de Dabi.
—Peleé contra su hijo pequeño —dice con aversión, pronunciando las palabras despacio—. Al final, el cabrón consiguió lo que quería, crear genéticamente y moldear a un hijo suyo a su imagen y semejanza para utilizarlo como arma. El culmen perfecto de la profesión de héroe.
—¿Deseas matarlo también? —pregunta All for One.
—Es un héroe, como su padre. Está tan corrupto como él y todo el sistema. Y representa precisamente el triunfo de Endeavour y sus indignos propósitos. —Dabi se encoge de hombros, tratando de aparentar indiferencia, pero sonríe con satisfacción sólo con pensar en la idea. En su fuego, infinitamente superior al de Shouto, a pesar de que este tenía al hielo de su parte. En cómo ahora, gracias a All for One, él también tiene una dualidad de Dones similar en su cuerpo que podría rivalizar contra la del héroe profesional.
—Tienes unos ideales muy nobles, Dabi.
—No son míos, son…
—Los de Stain, el Asesino de héroes. —All for One finaliza la frase por él. Dabi exhala el humo despacio, haciendo que flote alrededor de él y suma la habitación en niebla azulada durante unos segundos—. Un cambio en la sociedad que nos iguale a todos los desposeídos. Me gusta. Te aferras a las ideas y tus objetivos, Dabi. Es tu mayor virtud. Eso es lo que más me llamó la atención de ti hace años.
»Yo sé quién eres, Touya Todoroki —murmura All for One. Al escuchar su nombre de nacimiento, olvidado en el fondo de su mente desde hace tantos años como no lo oye pronunciar, Dabi se levanta del sofá como un resorte, incómodo. Al darse cuenta de lo que está haciendo, se acerca a la ventana, intentando disimular su nerviosismo escudriñando ahora la oscuridad exterior, débilmente iluminada por las primeras luces del amanecer, para evitar mirar directamente a All for One—. Y creo que tu cruzada es justa. Te prometo que, si tienes paciencia, tendrás tu oportunidad.
—Me uní a ti porque creí que así la tendría —dice Dabi, sarcástico, ignorando su nombre real, el cual odia profundamente.
—Así es. Tu interés alienta completamente al mío. Si consigues lo que deseas, no sólo te habrás vengado, también asestarás un golpe a la Comisión de Héroes y a la sociedad cuando todo el mundo se entere de lo que te hizo, y eso hará que todo el mundo se vuelva hacia nosotros en busca de un liderazgo firme. Sólo tienes que tener un poco más de paciencia.
»Viví en esta casa casi dos años —dice All for One, cambiando de tema. Dabi se vuelve y lo mira con desinterés—. Con una mujer. Era guapa y encantadora, sonreía todo el tiempo y a todo el mundo.
—Y yo me creo que una mujer guapa y encantadora se enamorara de tu atractivo —gruñe Dabi. El aspecto de All for One para él siempre ha sido el mismo: un hombre deformado por la presencia de innumerables Dones en su interior, de sus intentos por buscar la inmortalidad, por ir más lejos y a causa de sus heridas tras pelear contra All Might.
—Ni siquiera fue la primera, aunque sí la última. Tras ella, no tuve tiempo para entretenerme con mujeres. Cambié el apellido, siempre lo hago, es más fácil perder la pista. El que usaba con esa mujer era tan real como el que utilizaba cuando conocí a Tomura y le proporcioné un nuevo apellido que sustituyese al anterior. Además, no siempre tuve este aspecto. De hecho… es algo reciente. Un experimento fallido del profesor. Conocí a esta mujer hace al menos veinte años. En aquel entonces tenía un rostro diferente, de hombre maduro. Uno de mis Dones es el de envejecimiento extremadamente lento —confirma All for One. Dabi ya lo sospechaba. La forma de hablar de All for One suena algo arcaica algunas veces, más como los escasos recuerdos que tiene de sus abuelos paternos que las expresiones más actuales. Se pregunta si, tras casi una década de encierro en Gunkanjima, su forma de hablar también se diferencia de la del resto de personas, si el lenguaje ha evolucionado en su ausencia.
—¿Temías encontrarla aquí si veníamos? ¿O esperabas hacerlo?
—Simplemente recordé la casa. Ella era de la prefectura de Shizuoka. Quizá incluso del mismo Musutafu. Estábamos lo suficientemente cerca como para que los recuerdos dormidos en mí aflorasen a la superficie. A veces, cuando ha pasado tanto tiempo, cuesta hacerlo. —«Como con el nomu», comprende Dabi, cuestionándose por primera vez si All for One está, tras los diez años de prisión, completamente en sus cabales.
—¿Qué le pasó? —pregunta Dabi, paseando hasta una de las ventanas y mirando hacia afuera, a la oscuridad y las luces lejanas de la ciudad de Nagoya.
—No tenía ambición, ni ideas propias. Era débil. También bonita, escuchaba lo que yo tuviera que decir, pero pronto comprendí que mis ideas… políticas… no le iban a interesar. Estaba conforme con su Don, uno mediocre, y ni siquiera pretendía fortalecerlo o mejorarlo. Le gustaba el sistema de héroes, su anodina posición en la sociedad. Podría haber tratado de romperla, de abrirle los ojos, pero eso le habría restado belleza. Y no me servía de nada más, ni siquiera para pretender una eugenesia similar a la que tu padre intentó contigo y con tus hermanos, así que me marché de esta casa —dice All for One, sin demasiada afectación.
—¿Debería abandonarte? ¿Es lo que me estás diciendo? —All for One sonríe con suficiencia. Dabi pone los ojos en blanco—. ¿O que hay que ser prácticos y quedarnos aquí quietos en lugar de seguir minando la reputación de los héroes?
—Paradójicamente, sí. Los medios de comunicación no hablan, ni lo harán; la Comisión de Héroes no comparece, pero la gente sí conversa y habla entre ellos, asustados por lo que oyen de otras personas. Tomura y tú tenéis un sello muy característico, es fácil relacionar unas pocas casas ardiendo, una agencia de héroes devastada y lo del otro día. La gente está hablando, los rumores se esparcen como la pólvora, la verdad y las suposiciones se entremezclan entre sí hasta que es imposible distinguir unas de las otras.
La voz de All for One se mete dentro del pecho de Dabi. Tiene carisma y sabe pronunciar un discurso, eso está claro. Y Dabi comienza a comprender qué quiere decir. All for One utiliza el mando a distancia para conectar el televisor a los servicios de streaming de internet en lugar de a los informativos locales. No tarda en dar con un chico joven, que habla excitado. En la pantalla, enorme junto a su rostro, hay una imagen de Stain y otra del mismo Dabi superpuestas sobre un tipo que habla muy deprisa. Acto seguido, aparecen imágenes borrosas del fuego de Dabi en Musutafu, grabadas con un móvil desde muy lejos.
Curioso, Dabi se pregunta si ese oportunismo de encontrar algo con sólo encender el televisor forma parte de algún Don de su interior.
—La Comisión de Héroes ya era lenta hace diez años. Ahora lo es más. Tienen miedo: de perder su estatus e influencia, de que el sistema que sostenía All Might se derrumbe sin él, de que la gente se dé cuenta de que cree en un espejismo. Por eso nos necesitan a nosotros. Necesitan una amenaza real.
—Y si callan mientras la gente habla, ellos solos se inmolan en su propio silencio. —All for One asiente.
—Ellos no se atreverán a matar a Himiko, Jin y Shuichi. Son demasiado mojigatos, se creen superiores. Sería la única manera de detenernos, matarnos, pero su código moral, ese que se han autoimpuesto para llamarse héroes, se lo impide. La última vez esperamos diez años a ser libres para vengarnos, ahora ni siquiera necesitaremos tanto, la mitad de la población estará de nuestra parte antes de que acabe el mes. Y si no saben dónde buscarnos, tampoco sabrán dónde atacamos. Ahora mismo, una amenaza oculta es mucho más efectiva que un ataque abierto —concluye All for One. Dabi deja caer la colilla del cigarro consumido al suelo y lo aplasta con la bota.
—¿Y si cambian de idea? ¿Y si deciden que es justo matarnos en combate? ¿O rastrearnos hasta encontrarnos y asesinarnos antes de volver a actuar?
—En ese momento nos convertiríamos en mártires para la sociedad. Su triunfo sería otra causa de su derrota.
—¿Siempre tienes tantos planes? —All for One ríe y asiente. Dabi resopla—. Estar dentro de tu cabeza debe ser horrible.
—En ocasiones… E incluso así, a veces sólo hay que esperar una señal para disponer de otros planes nuevos. Algo que detone la acción. —En ese momento, Kurogiri y Shigaraki hacen acto de presencia en el salón, atravesando uno de los portales del primero. No saludan, señal de que todo ha ido bien. Dabi atrapa en el aire una hamburguesa que le lanza Shigaraki, todavía caliente, y desenvuelve el paquete, hambriento.
—No sé dónde me ha llevado Kurogiri esta vez, pero ha sido fácil —presume Shigaraki, tirándose en el sofá al lado de All for One, sin cuestionarse que este no esté no está en su habitación, tal como todos esos días de atrás.
Súbitamente, All for One se pone en pie, interrumpiendo la incipiente conversación. Es un movimiento extraño, poco medido, muy diferente de los gestos elegantes y afectados que suele utilizar. Dabi no es el único que se ha dado cuenta, porque Shigaraki se ha quedado mirándolo con la hamburguesa a medio masticar. Kurogiri está inmóvil donde ha abierto el portal, atento a su líder. All for One ladea la cabeza y luego sonríe. No tiene rostro con el que sonreír, pero Dabi nunca tiene dudas de cuándo está haciéndolo.
—Vaya, parece que el detonante ha llegado antes de lo que cabría esperar. Sí que vamos a tener que elaborar otro plan más, Dabi. —Parece escuchar algo en su interior, pero Dabi no entiende muy bien qué, porque él no percibe nada. Frunce el ceño, pero lo suaviza cuando All for One vuelve a hablar—: Con suerte, podrás articular tu venganza personal antes de lo que crees.
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Tras diez días ingresado en el hospital, Izuku ya ha regresado a casa con su madre. La mano derecha, gracias al Don de Recovery Girl, sana adecuadamente y el muñón del brazo izquierdo no necesita más atención que las curas y limpiezas periódicas, así que nada justificaba que estuviese ocupando una cama en el centro hospitalario.
Ahora, su madre pasa el día pendiente de él, cocinando algunos de sus platos favoritos para cenar, acomodándole los cojines para que pueda reposar allí donde quiera sentarse y procurando que no le falte de nada. A Izuku le gusta mucho sentirse mimado por ella, pero admite que, después tenerla revoloteando a su alrededor varios días, preocupada y feliz al mismo tiempo, le alivia que su madre tenga que volver al trabajo.
Durante la primera mañana que pasa a solas, Izuku ha deambulado por el apartamento, un poco perdido, sin tener muy claro qué hacer para pasar el tiempo, mantener la mente ocupada y alejar los pensamientos que tratan de abordarla. Inko ha dejado comida preparada que sólo necesita calentar en el microondas y la casa reluce como los chorros del oro, así que Izuku no tiene nada que hacer. Su madre se enfadaría, además, porque el médico le ha recomendado reposo, aunque no sea absoluto, y no hacer demasiados esfuerzos. No es hasta que almuerza, masticando lentamente cada bocado, terriblemente aburrido e intentando hacer caso omiso del dolor sordo del muñón, que decide sentarse en su escritorio a estudiar.
Este está exactamente como lo dejó cuando salió en medio de la noche para unirse a los reclutas en lugar de su madre. Sin saber demasiado bien qué va a hacer o cómo va a estudiar, aparta descuidadamente los restos de materiales que dejó encima y despeja la mesa, pero no saca ningún libro. Inmóvil, mordiéndose el labio inferior con tristeza, cae por primera vez en la cuenta de que ha perdido la mochila de tela con el prototipo y, lo que más le duele, su preciado estuche de herramientas.
Abatido, se deja caer en la silla de su escritorio, con la mirada perdida en la madera del tablero, mordisqueándose todavía el labio con pesar. Trata de hacer un esfuerzo de recordar qué hizo con ella tras dársela a Katsuma para que la guardase mientras peleaba contra Spinner, pero la sucesión de acontecimientos y el ataque posterior están confusos en su cabeza. Desconsolado por la pérdida, aprieta los labios para contener, sin éxito, las lágrimas que brotan de sus ojos.
El estuche de herramientas lleva con él desde que entró en la U.A. y era una de sus posesiones más valiosas. Inko gastó en él una buena porción de sus ahorros tras enterarse de la admisión de Izuku en el departamento de apoyo, contenta porque este, aunque no hubiese cumplido su sueño de ser entrenado como héroe, al menos fuese aceptado en la prestigiosa escuela, trabajando en algo relacionado con la profesión que tanto había ansiado. Casi todos sus compañeros habían comenzado el curso con un set básico de herramientas que fueron completando y cuyas piezas iban sustituyendo poco a poco por otras de mejor calidad, pero gracias a la implicación de su madre, Izuku había tenido desde el principio unas herramientas de alta calidad que le habían permitido hacer sus primeros pinitos y progresar rápidamente.
Y ahora lo ha perdido. Aprieta los puños con rabia, pero tiene que ahogar un gemido de dolor porque no sólo ha cerrado el puño derecho; su mente sigue percibiendo el brazo izquierdo cuando no está pensando en él e insiste en enviar las órdenes necesarias para moverlo. El espasmo del músculo hace que el muñón, todavía una herida abierta que debe curar, duela como los mil demonios. Además, son las ocasiones en las que más le molesta la falta de la extremidad, porque cuando consigue olvidarse de que la ha perdido, cuenta con ella para utilizarla.
Ha sido culpa suya perder el estuche de herramientas, se dice, porque nadie en su sano juicio habría llevado algo a lo que concede tanto valor a una situación como el reclutamiento, pero Izuku está tan acostumbrado a llevarlo encima, a trabajar con él y depende tanto de sus útiles, que ni siquiera considero no hacerlo. Además, su tamaño es práctico, es ideal para trabajos de precisión y le habían permitido perfeccionar los guantes.
Sin embargo, ahora que los guantes no existen y todo ha terminado para él, el precio que ha pagado por ello se le antoja excesivamente alto. En un gesto reflejo, trata de abrazarse a sí mismo, pero otro latigazo de dolor en el muñón del brazo izquierdo le recuerda que eso tampoco es posible ya. Tratando de calmar el malestar y de serenarse, Izuku se aferra a su brazo izquierdo con la mano derecha, permitiendo que sus lágrimas se derramen por sus mejillas hasta impactar contra su camiseta y el tablero del escritorio.
Para tragarse las lágrimas, reúne algunas de las herramientas que tiene por la habitación, las que utiliza cuando no tiene el estuche a mano. Son básicas, de calidad cuestionable, están maltratadas y no tiene la variedad que desea, pero tendrá que apañarse. Rescata todos los trozos de tela y metal que puede de entre el material que apartó antes de abandonar su casa y, otra vez procurando olvidarse de que su brazo izquierdo es tan inútil como su carencia de Don, se concentra en trabajar en un nuevo prototipo de guantelete, decidido a revisar una estructura lo suficientemente fuerte para no sólo amortiguar los golpes, sino también proteger eficazmente los dedos de quien lo utiliza.
«Que yo ya no vaya a tener la opción de usarlo no significa que no haya héroes con Dones basados en fuerza que se puedan beneficiar de un objeto de apoyo así», piensa, mordiéndose el labio con determinación.
Sin embargo, al contrario de lo que es habitual en él, no se distrae lo suficiente como para no escuchar el sonido de la puerta cuando su madre regresa a casa. Izuku se vuelve hacia la puerta cuando esta entra en su cuarto para saludarle. Accidentalmente, roza con el muñón un destornillador que está en el borde del escritorio y este se precipita hacia el suelo. Izuku, automáticamente, extiende el brazo izquierdo para cogerlo en el aire e impedirlo, con el subsiguiente latigazo de dolor que le hace apretar los dientes y tragarse, sin éxito, un gemido de dolor.
—¡Joder! —Con el puño derecho, que aprieta con fuerza, clavándose las uñas en la palma de la mano, golpea la mesa para desahogar el dolor del muñón, al tiempo que cierra los ojos para retener las lágrimas que le brotan. Es la quinta vez que le ha ocurrido durante toda la tarde. Las ha contado todas, las ha sufrido y se ha detenido a esperar a que se le pase el dolor y la rabia, pero sigue intentando utilizar un brazo que no tiene.
—¡Izuku! —Alarmada, Inko se abalanza hacia él, preocupada, ya sollozando también.
—Lo… lo siento… Es… —No sabe por qué se está disculpando exactamente. Supone que por haber dicho una palabrota, algo que su madre no soporta, pero no se arrepiente de ello. Últimamente se arrepiente genuinamente de pocas cosas.
—Izuku, cariño… —La voz de Inko es cariñosa y compasiva, pero Izuku no quiere sentirse objeto de lástima, así que se deshace del abrazo que intenta darle su madre.
—Ya puedo yo —dice Izuku, bruscamente, cuando su madre se adelanta a él y recoge el destornillador del suelo. Su madre se separa de él, comprendiéndolo, y deja el destornillador encima de la mesa. Parece estar a punto de decir algo, pero Izuku la ignora y trata de concentrarse de nuevo en los materiales que tiene en el escritorio. Finalmente, Inko le acaricia la cabeza y sale de la habitación en silencio.
Izuku se queda mirando fijamente la tela que ha estado intentando coser. También ha querido reprogramar el código del software que ayuda a controlar el guante, pero nada de lo que ha empezado a hacer le ha salido bien. Hasta escribir a mano en sus cuadernos de notas se le complica, porque no puede sujetarlo para que no se mueva mientras desliza el bolígrafo a toda velocidad por la superficie.
Tampoco se ha visto con fuerzas para completar la información que tiene sobre Dynamight, pensar en el héroe le hace sentir una mezcla de confusión, frustración y tristeza, porque le gustaría haber podido disculparse con él y explicarle personalmente la situación, pero dilató tanto su mentira que ahora es imposible.
Al final, se limita a encender el ordenador y navegar por internet. Al menos es algo que sí puede hacer. Utilizar el teclado con la mano derecha le impacienta, pero deslizar los dedos para manejar la flecha es un movimiento familiar que no ha cambiado, y eso ayuda a que se relaje un poco. Invierte prácticamente toda la tarde en saltar de enlace en enlace, de noticia en noticia, buscando información sobre los villanos que componen la Liga. El estómago se le revuelve al ver una antigua fotografía en baja calidad de Spinner, tomada por alguien desde la seguridad de la barrera policial, durante su arresto, recordando su combate contra él. A pesar de haber vencido, de haber hecho lo correcto, no es algo satisfactorio de rememorar, y eso es algo que no tiene que ver, no del todo, con la pérdida de su brazo.
Aun así, repasa todo lo que sabe sobre él y sus compañeros, sorprendiéndose por la poquísima información pública que hay sobre All for One, incluso tras su internamiento en la prisión de Gunkanjima. También lee acerca de esta y de los detalles de su construcción que, si alguna vez le interesaron o vio en las noticias, ya los había olvidado. El nombre de la empresa encargada de ello, Detnerat, aparece por doquier, plasmada en su logotipo y llenando titulares. Fotografías y noticias sobre los acuerdos firmados con el gobierno, que a su vez tienen como enlaces relacionados otros artículos periodísticos de índole económica que señalan su enorme crecimiento en los últimos años y la absorción de otras empresas del sector.
Un anuncio publicitario de Detnerat salta por encima del artículo de una de las noticias, interrumpiendo su lectura. Es más agresivo de lo habitual, pues es un vídeo breve con sonido que ha sorteado el bloqueador de publicidad de su navegador. «Un anuncio costoso», piensa con cierto sentimiento de antipatía hacia la empresa que no sabe bien de dónde sale, pero al moverse para acomodarse mejor sobre la silla, el dolor sordo del brazo izquierdo corta la línea de sus pensamientos.
Tratando de obviarlo, vuelve a ver el anuncio, que alaba las virtudes de la empresa, y piensa en todo lo que ha admirado a Detnerat hasta ahora. En la solicitud que habría formulado para trabajar con ellos al terminar sus estudios universitarios. En el ojeador que asistió a una de sus clases. Y también en que era la empresa responsable del mantenimiento de la prisión de Gunkanjima y, a la vez, del complejo donde ha pasado las últimas semanas.
Durante la cena, come en silencio, reflexionando acerca de todo lo que ha leído. Su madre le ha partido la carne en pequeños trozos que puede pinchar fácilmente con un tenedor. No utiliza los palillos porque, para comer el arroz o los fideos que la acompañan, usualmente coge el bol con la mano izquierda y se lo acerca a la boca mientras utiliza los palillos con la derecha, algo que ahora es inviable. Su subconsciente vuelve a traicionarle cuando extiende el brazo izquierdo para tomar un poco de pan. El dolor le pilla de sorpresa y, con el sobresalto, se golpea el muñón sin querer contra el borde de la mesa y derriba el vaso de agua, derramándolo por toda la mesa. Inko se apresura a levantarse y limpiarlo, mientras Izuku se sujeta el brazo con la mano derecha, por encima del vendaje, como si eso pudiese ayudar a calmar el dolor del golpe, que no ha sido fuerte pero sí suficiente para hacerle llorar.
—Lo siento —musita Izuku con tristeza , mientras su madre se agacha para secar el agua que ha caído al suelo—. No quería… Olvidé… Lo siento… —murmura finalmente, más para sí mismo que en voz alta.
—Izuku… —Su madre no habla hasta que no ha terminado de recoger el agua. Izuku tiene la mano derecha extendida en la mesa, con la palma hacia arriba, y la mira fijamente. Si cierra los ojos, visualiza ambas manos en su mente, pero si los abre, sólo hay una de ellas. Si aprieta los puños, ambos a pesar de que sólo tiene uno, o intenta mover los dedos, el muñón duele e Izuku es capaz de percibir el movimiento de unos dedos que no están—. Izuku, escucha: tienes que tener paciencia. Acabarás por acostumbrarte a la situación. Tenemos que acostumbrarnos. Además, no es por mucho tiempo; recuerda lo que dijo la cirujana.
—Cuando el muñón cicatrice, podré empezar a explorar diferentes prótesis —asiente Izuku, esta vez en un tono mucho más brusco.
No es optimista, es otra de las cosas que ha estado investigando en internet durante la tarde justo antes de cenar, frustrado por la sensación de peso en el estómago al leer sobre la Liga de Villanos y Detnerat. Una prótesis es carísima, muchísimo más que un estuche profesional de herramientas. Y eso siempre que se conforme con una gama baja, sin demasiadas prestaciones. Podría diseñarse y fabricarse una él mismo y ahorrarse parte del coste… si tuviera dos manos y suficiente tiempo para elaborar los programas necesarios, así como el material preciso para confeccionarla. Y, aunque tiempo no le falta, no está seguro de tener todos los conocimientos necesarios sobre el sistema nervioso del cuerpo humano. Por no entrar en el hecho de que no tiene dos manos.
—No es el fin del mundo, Izuku —insiste su madre. Esta vez, Izuku sí se deja abrazar por ella y esconde la cara en su hombro, sollozando con fuerza y agradeciendo su consuelo.
—Es… Cuestan tanto… De verdad que no puedo arrepentirme, no de esto, pero… —Izuku llora, sin conseguir terminar ninguna frase por el hipo.
—Ya encontraremos alguna solución, mi niño. Ya lo verás. —Izuku se deja acunar y consolar por su madre, que también llora con él. Cuando por fin se calman, Inko ayuda a Izuku a enjugarse las lágrimas y secarse las mejillas—. Ya sé que ahora parece todo horrible, pero irá a mejor. Y no te preocupes por el precio, habrá maneras de hacerlo. Podemos hipotecar la casa para pedir un préstamo, o ahorrar durante un tiempo, ya tengo algún dinero guardado —murmura su madre, acariciando las mejillas de Izuku para secarle las lágrimas.
—No he hecho más que darte problemas siempre, ¿verdad? —Izuku habla en voz baja, más para sí mismo que para su madre—. Queriendo ser un héroe cuando no tenía Don, intentando hacer las cosas por mí mismo, creyéndome más listo que todo el mundo…
—No digas eso, Izuku —lo reprende suavemente Inko—. No voy a negar que a mí también me habría gustado que las cosas saliesen de otra forma, pero…
—También he perdido el estuche de herramientas que me compraste —confiesa Izuku repentinamente, compartiendo esa pérdida también con su madre.
—Lo siento mucho, hijo.
—Perdóname. Te costó mucho comprármelo, y yo…
—Sé que era valioso para ti, pero siguen siendo cosas materiales, Izuku —lo interrumpe Inko—. Lo importante es que tú estés bien. Todo se solucionará, poco a poco.
—¿Por qué no estás enfadada conmigo, mamá? —pregunta Izuku, desconcertado por cómo su madre se está tomando las cosas. Nunca ha sido una madre que se enoje fácilmente, y siempre lo ha tratado con muchísimo amor, pero podría entender que estuviese disgustada con él y le dejase apañarse con las consecuencias de sus decisiones. Al fin y al cabo, es un adulto.
—Ya te dije que sí estoy enfadada —dice Inko, estrechándolo con más fuerza entre sus brazos—. Pero también estoy muy contenta de que estés aquí, conmigo, vivo. No puedo evitar pensar en todas las cosas que podrían haber salido mal y aliviarme de que no haya sido así. Y también estoy triste porque tengas que pasar por esta situación, pero sé que eres valiente y capaz de adaptarte a cualquier cosa y que lo conseguirás. Sea como sea, yo estaré a tu lado siempre y te apoyaré, incluso cuando esté enfadada contigo.
—Mamá… —La voz de Izuku se quiebra y deja que las lágrimas de su madre consuelen las suyas propias, agradecido por, incluso siendo un adulto, la presencia maternal que lo abraza, dispuesta a protegerla del mundo y hasta de su propio pesimismo.
Dos días más tarde, cuando Izuku acude al hospital para hacer las curas del muñón, plantea sus dificultades con este y las sensaciones que le despierta la ausencia del antebrazo y la mano a la cirujana que lo operó.
—Es normal. Se llama dolor fantasma, les pasa a más personas en tu situación —asiente esta, distraídamente, mientras examina con atención la sutura. Izuku ha desviado la mirada para no verlo, apretando la mandíbula. Sabe que tendrá que enfrentarse a lo que hay debajo de la venda en algún momento, pero prefiere que sea cuando tenga un aspecto más definitivo y menos doloroso—. Esto tiene muy buena pinta, Midoriya. Está curando a la perfección, más rápido de lo que cabría esperar.
—El Don… ¿es posible que el Don de Recovery Girl haya tenido algo que ver?
—Quizá. No sé exactamente cómo funciona, así que no te lo puedo asegurar, pero sí te puedo decir que parece que lleva un par de meses cicatrizando y no quince días. En cualquier caso, eres joven y fuerte, eso también influye —dice la cirujana, asintiendo con satisfacción. Con una sonrisa, da su aprobación al estado del muñón y deja que la enfermera termine la cura y vende el brazo.
—Supongo —murmura Izuku, que no consigue empaparse del optimismo de la cirujana.
—¿Has pensado ya en las prótesis? —pregunta la cirujana. Izuku se encoge de hombros. Hay prótesis de muchos tipos, tantas como gamas de precios, pero se le revuelve el estómago cada vez que piensa en su madre, que trabaja duro a diario para sacarlos adelante a ambos y costear sus estudios, gastando semejante fortuna, a pesar de la disposición de esta—. Es importante que lo hagas. Una prótesis básica podrás utilizarla cuando quieras, pero creo que, a ti que eres tan joven, te vendría mucho mejor una más sofisticada. —Izuku asiente distraídamente y la cirujana lo interpreta como un gesto para continuar hablando—. Tus nervios todavía están funcionales y el cerebro no ha asumido la pérdida, eso hará que una prótesis inteligente dé mejores resultados y el tiempo de rehabilitación se acorte, pero si lo dejas estar demasiado tiempo…
—¿Eso quiere decir que en algún momento dejaré de intentar utilizar un brazo que ya no tengo? —pregunta Izuku, esperanzado, ignorando intencionadamente el comentario de la prótesis inteligente, la gama más cara de todas.
—Bueno… sí. Sí, el trauma de una amputación para el sistema nervioso es enorme, porque tarda en asumir la pérdida, pero eventualmente lo hará y dejarás de sentir la extremidad que ya no está y no te dolerá ni te picará a pesar de no estar ahí. —La cirujana frunce el ceño al comprender el porqué de su pregunta—. Estás planteándote no utilizar una prótesis. —Izuku se encoge de hombros otra vez, notando el estómago revuelto. La enfermera termina de vendar el brazo e Izuku se levanta, suponiendo que la consulta ha terminado, pero la cirujana parece tener algo que decirle—. Midoriya, sé que es difícil, trabajo con pacientes que se enfrentan a esto a diario. ¿Has considerado acudir a algún tipo de terapia psicológica que te ayude con el trauma? —Izuku niega con la cabeza, sintiendo más náuseas. La cirujana está siendo muy profesional, pero términos como trauma, amputación o pérdida, por profesionales que sean, le están haciendo mella en el ánimo—. Deberías. De hecho, no pensaba hacer seguimiento el resto de esta semana dado lo bien que cicatriza, pero te daré cita para el viernes y así podrás preguntarme todas las dudas que tengas sobre tu dolor fantasma y yo buscaré algún colega que recomendarte, ¿de acuerdo?
Izuku asiente y se despide, incómodo, sin responder a la pregunta. Tampoco es que tenga más opciones. Tras la cura, el brazo izquierdo le palpita y eso ayuda a no sentir la mano ausente, porque lo que le duele es la herida en sí por la manipulación para limpiarla, curarla y volver a vendarla. Distraído, Izuku roza el vendaje con la mano derecha, pasando la yema de los dedos por la parte inferior, redondeada y de tacto suave gracias a las vendas. No puede evitar un escalofrío cuando lo hace. Sigue teniendo el estómago revuelto, el olor a hospital y desinfectante le resulta especialmente molesto, así que entra en el primer cuarto de baño que encuentra para mojarse la nuca con agua fría.
El Izuku del espejo, de gesto sombrío y piel tan pálida que las pecas de su rostro destacan, grandes y oscuras, le devuelve la mirada. No se ha mirado en un espejo desde que todo se torció con el ataque de los villanos al complejo y le cuesta un poco reconocerse en la imagen del reflejo.
Está mucho más delgado que cuando salió de su casa para ser un héroe, y ya estaba delgado antes. Las facciones de su rostro, angulosas, le recuerdan por un momento a la mandíbula y los pómulos de Katsuki y no a su más familiar forma redondeada y suave, heredada de su madre. Algunas cicatrices de cortes y quemaduras le cruzan la cara, todavía rosadas a pesar del Don de Recovery Girl. Le han asegurado que acabarán siendo prácticamente invisibles, al contrario que los cortes de su mano y antebrazo derechos y ambos brazos, que son más anchas y le acompañarán de por vida. También tiene cicatrices recientes de quemaduras en las piernas, bajo los muslos, todas sanadas por Recovery Girl, pero que dejarán su huella descolorida sobre la piel por muchos años que pasen, según le ha explicado el personal de enfermería que las ha revisado durante su ingreso.
Las ojeras, moradas e intensas, y las bolsas que tiene bajo los párpados inferiores, fruto de la falta de sueño provocada por despertarse cada vez que mueve el brazo izquierdo o intenta rodar sobre él mientras duerme, acentúan su aspecto enfermizo. El pelo es un desastre. Es consciente por primera vez de que sus rizos verdes han desaparecido, chamuscados y consumidos por el fuego, y ahora se alborotan en mechones desiguales. Se peina con los dedos de la mano derecha, tratando de aplastarlos, pero están ásperos. Otra pérdida que lamentar. Aunque esta es una que no durará mucho tiempo, espera. Suspirando, decide que le pedirá a su madre que se lo rape cuando vuelva a casa, para permitir que el pelo sano crezca fuerte y lustroso. Es algo que, al menos, sí podrá recuperar.
Con la tranquilidad de haber tomado una decisión, de hacerse con las riendas de al menos un aspecto de su vida, sus ojos se desvían a lo que no está en el espejo, ni tampoco en su cuerpo. Sin apartar la vista del reflejo, se toca tentativamente el muñón igual que ha hecho antes. Se ve extraño sin esa parte de sí mismo, un vacío que le provoca más escalofríos.
—No debería haber ido. Este es mi lugar y el precio a pagar por osar intentar cambiarlo —dice en voz baja. Aun así, sigue sin encontrar arrepentimiento en su interior, sólo el rostro de Katsuma, vivo, o la imagen de su madre y de su ciudad, indemnes a pesar de las heridas sufridas o los edificios afectados.
Se lava la cara una vez más para borrar los rastros de lágrimas de sus ojos hinchados y se seca torpemente con la camiseta, empapándola. Sale del cuarto de baño, decidido a marcharse a casa, desechando de plano la sugerencia de la prótesis inteligente y contento de que su madre no haya podido acompañarlo. No desea cargarla todavía con más preocupaciones económicas y una terapia psicológica no debe ser barata; si llega a escuchar a la cirujana, ahora estaría buscando al mejor profesional posible y planteándose la prótesis más cara posible.
El agua fría no ha ayudado a reprimir sus náuseas, así que camina por el pasillo todo lo deprisa que se atreve, todavía mareado, deseando salir del hospital y dejarlo atrás para llenarse los pulmones de aire fresco. Su respiración cada vez es más superficial y es consciente de las miradas de extrañeza que le dirigen las personas con las que se cruza, pero nadie lo detiene hasta que, sin querer, porque tiene la vista nublada por la ansiedad y su prisa por encontrar la salida, tropieza con una silla de ruedas empujada por una mujer.
—¡Hisashi!
—Lo siento, no iba mirando por dónde iba. —Izuku contesta automáticamente mientras hace una reverencia de disculpa, antes de darse cuenta de qué nombre han utilizado para dirigirse a él. La chica, de pelo castaño y vestida con ropa de hospital, sonríe ampliamente, contenta de verlo. Los ojos de Izuku se abren de par en par cuando su cerebro por fin procesa la información, olvidándose por una vez de su brazo, el dolor y todas sus preocupaciones.
—¿Uraraka-san?
Nota: Sí, el título es por Mi reflejo, de la OST de Mulán. Creo que fue más o menos aquí cuando decidí que quería utilizar, siempre que fuese posible, un título de la OST de Mulán para cada capítulo xD.
