Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

Nota original (y desfasada) de este capítulo: Os voy a contar un secreto. Este capítulo estaba tan mal escrito (tengo mis dudas de que siga estándolo, la verdad xD), que ha crecido de 5k palabras a 9k sólo en arreglar cosas. Y, con esas 4k palabras extra, el manuscrito original (del que están corregidos 32 capítulos de 57 y varios tienen tantas notas de corrección como este) ha sobrepasado ya las 400k palabras en el contador de Word, xD. Estoy un poco impresionado, he de admitirlo. Tanto como para contároslo.

Nota actualizada: Uno de los inconvenientes de no llevar ventaja en la corrección, es que a veces la corrección no va siempre hacia adelante, sino que requiere cambiar cosas de atrás. No de la trama, en este caso (que, en todo caso, sólo hay que asentar ciertas cosas de cara a los capítulos futuros), pero sí lo hace a nivel organizativo. Como ya me pasó en otros dos lugares anteriormente (y a pesar de que creía que no iba a volver a ocurrir) ha llegado un momento en el que he querido partir dos capítulos muy largos (9,5k y 11,5k, respectivamente) en tres y, además, añadirles algunas cosas. El problema es que uno de los capítulos afectados era este y ya estaba publicado cuando decidí el cambio. Por tanto, el último PoV que originalmente estaba aquí, está ahora en el siguiente y este capítulo ha perdido 2k palabras. En conjunto, en cambio, los capítulos 32, 33 y 34 (originalmente 32 y 33) han pasado de 20k palabras a 23k. y que las 400k palabras que mencionaba en la otra nota en total son 406k con los cambios. Supongo que podemos decir que ha sido una ganancia neta, xD. Perdón por la confusión.

Trigger Warning: Hay una referencia velada y no muy explícita en la que un personaje se frota contra otro de forma obviamente no consentida. Lo digo porque es abuso sexual, aunque la historia no se centre en ello. También hay menciones a violencia y peleas.

Muchas gracias por leer y comentar.


LA LIGA DE VILLANOS ATACA (PARTE II)

Kurogiri ha transportado a Dabi, Shigaraki y All for One a cierta distancia del complejo, como la vez anterior en el de Musutafu, pero esta vez han abandonado las precauciones y están lo suficientemente cerca como para ser detectados a plena luz del día, porque All for One afirma que puede sentir la seguridad de Toga de que no van a percibirlos. Desde luego, su líder no parece preocupado al respecto y espera con placidez, así que Dabi tampoco lo hace, flexionando los dedos con impaciencia.

No ha transcurrido un minuto completo cuando ven a una chica joven caminar hacia ellos. Es más baja que él, de cabello rosado y lleva un uniforme familiar, similar a los que vieron en el complejo que incendiaron, pero también unos guantes sin dedos. A pesar de su apariencia, quizá porque la convivencia y los años que hace que se conocen la hace inconfundible, Dabi identifica al instante a Toga.

Reflexiona un instante en lo que le oyó decir a Dynamight a su hermano Shouto en la batalla de Musutafu, acerca de que no necesitaba una contraseña para distinguirlo de la copia que había creado Toga, y decide que quizá es así, efectivamente. La forma de caminar, pausada y petulante, la expresión de avidez en sus labios y sonrisa, lamiéndose los caninos superiores con la punta de la lengua, y sus ojos brillantes y satisfechos la delatan a los ojos de Dabi, tanto que le sorprende que ninguna de las personas del complejo que se hayan relacionado antes con la chica suplantada, cuyo aspecto físico es más angelical y no cuadra con la expresión de Toga, no se hayan dado cuenta también.

—Nadie me ha visto salir. Es sorprendente lo bien que llega a funcionar este Don de sigilo a la hora de desplazarse sin ser vista. —Toga no se molesta en saludarlos, como si no hiciese casi un mes que no ve a algunos de ellos, como All for One o el mismo Dabi. Este rebusca en su interior el Don que le otorgó a él All for One. Se ha esforzado en utilizarlo para potenciarlo durante las semanas anteriores, pero sigue sintiéndolo como una impostura. No lo percibe natural, ni está tan adaptado a él como Toga.

—Es extraño verte caminar siendo otra persona —murmura Shigaraki, poniendo en palabras parte del pensamiento de Dabi. Al llegar a su altura, los ojos extraños de la chica que usurpa Toga, con forma de objetivo de radar, los examinan con curiosidad.

—No he tenido muchas oportunidades de practicar —responde Toga, sonriendo—. Pero su Don es muy útil, porque permite ver extraordinariamente bien y desde muy lejos, así que creí que era el más conveniente.

—Entonces no han sospechado de ti —dice Dabi, dejando la interrogación en el aire. Toga niega con la cabeza, sonriendo.

—Ochaco es una chica dulce y bonita, pude intuirlo cuando me enfrenté a ella. Al principio me costó hacerme pasar por ella, pero Mei fue muy amable conmigo. Y la quiere tanto, que a mí también ha empezado a gustarme. Creía que su amiga, es decir, yo, estaba afectada por el combate y por eso me comportaba de forma extraña. Eso me ayudó a entender cómo es Ochaco y a perfeccionar mi imitación. Sin embargo, estaba deseando poder ser Mei. Le saqué sangre mientras dormía, ni siquiera se enteró.

—¿Estás imitando a una persona que está en el complejo? —pregunta Dabi, tensándose y entrecerrando los ojos.

—Sólo ahora que ya no importa que lo haga. Quería transformarme en ella, aunque fuese por las noches, pero no podía arriesgarme a que me viesen por accidente —lamenta Toga, que ha hablado con un tono soñador que Dabi no le había escuchado desde antes de terminar encerrados en Gunkanjima—. Además, ya os digo que su Don es muy interesante, gracias a él os he podido detectar nada más he salido del complejo. Al principio aturde un poco, porque no percibes los colores exactamente igual, es todo más colorido, más vivo, pero cuando te acostumbras es muy útil.

—Bien hecho —la felicita All for One.

—Me gusta. Mei, digo —añade Toga, sonriendo y levantando una de las manos enguantadas frente a sus ojos y moviendo los dedos con alegría. Es una chica guapísima y muy maja. Me he hecho su amiga en este tiempo Dabi está a punto de recordarle que el plan es que sobreviva la menos gente posible, pero se contiene a tiempo y se calla, porque la expresión de avidez de los ojos de Toga, o de Mei, se ha agudizado, y la forma en la que se lame los colmillos, menos acusados que los del cuerpo original de Toga, es demasiado reveladora—. ¿Puedo hacerme cargo yo de ella?

—De acuerdo —asiente All for One—. Pero no hay que olvidar el objetivo principal.

—Es una lástima que no tuviésemos todos la previsión de sacarnos un par de viales de sangre antes de atacar Musutafu —gruñe Shigaraki. Dabi asiente, de acuerdo con él—. Nos vendría estupendo que ahora pudieras replicar el Don de Bubaigawara.

—No sirve de nada lamentarse. Con que esta vez no te retrases, bastará —dice Dabi, ácidamente. Shigaraki resopla con desdén, pero no contesta.

—Deberíamos haberlo liberado primero. A Jin —murmura Toga, apesadumbrada. Se ha enterado del destino de Bubaigawara mientras estaba en el complejo, así como los detalles de cómo lo han vencido, y puso al día a Shigaraki la primera vez que consiguieron contactar con ella. Por lo visto, uno de los reclutas con los que Toga se relaciona en el complejo presenció lo ocurrido después de que ella y Dabi fuesen evacuados por Kurogiri.

—Primero hay que vencer aquí —la interrumpe All for One—. Si lo conseguimos, la sociedad de héroes recibirá una herida mortal de la que jamás se recuperará y podremos aprovechar el caos que se desate después para liberar las prisiones.

—A Jin —insiste Toga, mirando con fiereza a All for One.

—A él y a Iguchi en primer lugar, por supuesto —promete este, sin perder el ritmo al que habla—. Al fin y al cabo, vosotros y ellos seréis los nuevos líderes que guiarán a esta sociedad por el camino correcto.

—Entonces, vamos —dice Toga con determinación. Dabi asiente, impaciente. A él, ser un nuevo líder se la trae al pairo, aunque admite que sentirá satisfacción al liberar a Stain del Tártaro y que disfrutará de su propia venganza y de sentarse a observar los resultados, por fin en paz consigo mismo y su dolor—. Es mucho mejor de lo que creéis, han venido héroes de todas partes y han juntado a los del otro complejo militar, los que sobrevivieron, aquí. Están todos los importantes, incluido el número uno. Va a ser una masacre —anuncia, sonriendo con anticipación.

—¿Por qué no materializarnos dentro directamente? —pregunta Shigaraki, tan impaciente como Dabi.

—Demasiada gente —niega Toga—. El patio donde están llevando a cabo el acto está hasta atestado.

—Mejor para mi Don. Si conseguimos actuar antes de que reaccionen, será pan comido. No podrán evitar la reacción en cadena.

—Y probablemente nosotros tampoco —dice All for One—. No te preocupes, Tomura. Podrás hacerlo igualmente, aunque entremos desde un lado.

—No hay problema. No nos esperan. Hay algo de vigilancia, pero yo me he encargado de ellos ya. —dice Toga alegremente. Se vuelve hacia la puerta por la que ha accedido al exterior y sus ojos enfocan como si fuesen una mira telescópica—. Sigue despejado, pero no tardarán en descubrir los cadáveres. No estaban dispuestos a dejarme salir, así que tuve que quitarlos de en medio. Si nos damos prisa, podremos entrar por allí.

—Endeavour… —comienza a decir Dabi, impaciente.

—Sólo lo he visto de lejos, pero está aquí, seguro. Su hijo también, a él lo veo más, porque es amigo de Dynamight, que es el que está a cargo de mi grupo. Es muy guapo y su sangre es deliciosa —Dabi pone los ojos en blanco, recuerda que dijo lo mismo en el ataque a Musutafu—, no me importaría bebérmela. Me pregunto si esta tiene una temperatura diferente según en qué lado del cuerpo esté —dice Toga, riéndose y luego poniéndose seria de inmediato, en un gesto que a Dabi le recuerda demasiado a la locura de Bubaigawara—. Pero no puedo utilizar sus dos Dones, así que primero deberé encontrar a alguien cuyo Don sí pueda. Hay un chico con que puede utilizar rayos y otro que atrapa gente con celofán, he podido observarlos de cerca y sé más o menos cómo usarlos.

—Está bien —la interrumpe All for One. Ahora son todos ellos, salvo el impasible Kurogiri, quienes están impacientes por entrar en acción, preocupados porque el tiempo se les agote—. Vuelve, Himiko. Asegúrate de que nadie nos ve llegar antes de tiempo. Kurogiri, trae al nomu, es hora de entrar por esa puerta y arrasar ese patio. Tomura, si él te abre paso, podrás llegar hasta ellos y desencadenar tu poder.

—Por supuesto.

—Entonces, vamos —gruñe Dabi, sonriendo por el deseo de, por fin, tener su venganza al alcance de los dedos.

.

—¡Número uno! —La voz de Hawks, en su habitual tono engolado y sonriente, lo detiene. Katsuki se vuelve hacia él sin soltar la mano de Izuku, con el ceño fruncido. No tiene precisamente el estado de ánimo más adecuado para aguantar el estúpido sentido del humor del héroe, que sonríe un par de centímetros por debajo de él. No es precisamente pequeño, pero a lo mejor porque las alas le sobresalen un par de decenas de centímetros por encima de la cabeza y es de constitución muy delgada y ligera, siempre parece más diminuto de lo que realmente es—. Ocurre algo. —No es una pregunta. La mirada de Hawks se dirige a Izuku, mucho más bajo aún que él, y a sus manos entrelazadas y su sonrisa se ensancha. Luego ve el brazo mutilado y sus ojos reflejan compasión. Katsuki se enciende de ira, a pesar de que no es el momento más oportuno, porque no quiere oír ni una sola broma estúpida relacionada con Izuku Midoriya en este momento—. Hola, yo soy Hawks. Supongo que tú eres uno de los reclutas de Dynamight.

—¡Izuku Midoriya, señor! ¡Y usted es el héroe alado, sí! —dice Izuku, no obstante, apretando la mano de Katsuki con emoción.

—El mismo. —Orgulloso de despertar tal entusiasmo en un fan, la sonrisa de Hawks se ensancha más.

—Creía que estabas fuera de la escena profesional porque los medios dijeron que habías tenido un pequeño problema de salud —prosigue Izuku, que en realidad no ha dejado de mascullar alabanzas desde que se ha presentado, cada vez más entusiasmado.

—Joder, olvidé que eras un puñetero friki de los héroes —masculla Katsuki, un poco fastidiado por el hecho de que Izuku parece conocer toda la información de todos los héroes, no sólo de él mismo. Apretando la mano de Izuku para hacerlo callar, se vuelve hacia Hawks—. No te veía desde que empezó esta mierda.

—Y, sin embargo, no he permanecido ocioso —contesta Hawks, todavía sonriendo, sin contestar a Izuku—. Mi posición, al no tener agencia, me ha permitido moverme entre los organizadores de esto y comprender algunas cosas sobre qué está ocurriendo aquí para transmitir al primer ministro una visión más… objetiva. —Hawks mira alrededor, con expresión meditabunda, y luego niega con la cabeza—. He intentado hablar con Endeavour, pero me temo que no ha tenido demasiado tiempo de escucharme, está preocupado por los civiles.

—Todos lo estamos —gruñe Katsuki. Un trompeteo de música fúnebre comienza a sonar y en el escenario aparecen varias imágenes proyectadas de Best Jeanist, Present Mic y Fat Gum y Katsuki toma una decisión. El héroe alado no termina de caerle bien, no lo ha hecho nunca, y no comprende bien su juego político—. Escucha, Hawks. Van a atacar ahora. La Liga. —Los ojos de Hawks se abren de par en par tras las gafas y pierde la sonrisa—. Podemos hablar de esto más tarde, pero ahora hay que intentar que no lleguen aquí o esto va a ser una masacre.

—¿Qué necesitáis? —dice Hawks, reaccionando inmediatamente, sin cuestionar la información que Katsuki le acaba de dar. Luego, vuelve a observar a su alrededor y sigue hablando, bajando el volumen, con preocupación—. No podemos desalojar a toda esta gente.

—Dices que has estado con los de la Comisión y el gobierno, podrían decir desde el estrado a la gente que vaya saliendo ordenadamente, acabar el acto ya —dice Katsuki, pero Hawks niega.

—Ese es precisamente el problema, Dynamight. ¿No te has fijado en que la única persona de la Comisión en el escenario es Mera? ¿Y la poca seguridad que hay más allá del estrado para haber tres miembros del gobierno, entre ellos el primer ministro? Quienes han organizado esto sabían, o al menos sospechaban, que algo podía ocurrir y no les ha importado demasiado que existiera esa posibilidad. —Katsuki aprieta los labios al comprender que sus sospechas y las de Togata son ciertas y hay más de lo que parecía inicialmente.

—Da igual la seguridad que haya encima de ese escenario, si Shigaraki o Dabi entran en este patio, ni siquiera ellos estarán a salvo —dice Katsuki, ásperamente, con una mueca de desprecio.

—Desde luego, sería una catástrofe para el país que ocurriese algo así tan cerca del primer ministro. Y eso sin entrar en la posibilidad de… —Un resoplido impaciente de Katsuki, que ha puesto los ojos en blanco, exasperado por la ambigüedad y el cinismo del héroe, lo interrumpe—. No confío en nadie de la Comisión lo suficiente como para avisar de algo así y quedarme tranquilo. Si ni siquiera yo sé algo de esto… A lo mejor estoy equivocado y no es cosa suya…

—Entonces, si no confías en esa pandilla de extras, despliega las alas y rastrea la zona a ver si los encuentras. Una de ellas está camuflada aquí y lleva semanas infiltrada, así que debería haber dos personas con el mismo aspecto. O avisa a Endeavour, a Gang Orca, lo que sea, joder —gruñe Katsuki. A su lado, Izuku vuelve a apretarle la mano y Katsuki baja la mirada hacia él. Ve el miedo en sus ojos y también la determinación.

—Ochaco… Uraraka, quiero decir —murmura el chico, preocupado por su amiga, a la que ha perdido de vista unos minutos antes. Katsuki aprieta la mandíbula, se les acaba el tiempo y el desastre se avecina.

—Tenemos que encontrar a los civiles con los que esa villana puede estar, están en peligro inmediato —concluye, hablando rápidamente—. Haz lo que sea, pero que sea útil, y deja de hacerme perder el tiempo. Protege al gobierno, o al menos trata de que algunos héroes estén preparados para controlar la estampida que se va a producir aquí dentro cuando todo estalle.

—Tan pragmático como de costumbre —dice Hawks, pero se lleva la mano a la sien en un gesto de asentimiento militar y despliega las grandes alas emplumadas para emprender el vuelo sin discutir más.

A su alrededor, la gente se aparta para permitírselo y es obvio, por la actitud general de la multitud, que el estado de ánimo ha cambiado de un respetuoso silencio a un inquieto murmullo que se expande como una onda en la superficie de un lago. Desde donde está, Katsuki puede ver que algunas personas han empezado a abandonar discretamente el patio y no sabe si alegrarse o sospechar aún más.

—Vamos —repite Katsuki, tirando de la mano de Izuku.

—Entonces, es cierto que hay algo que no… —murmura Izuku, más para sí mismo, pero lo suficientemente alto para que Katsuki lo escuche.

—Más tarde. Ahora concéntrate, ¿entendido? —le ordena Katsuki, secamente.

—¡Sí! —asiente Izuku con determinación, mirando a su alrededor mientras se abren paso entre la gente para buscar con la mirada a su amiga. Katsuki no sabe si es consciente o inconsciente, pero el chico se protege el muñón apretándolo contra el pecho. Por un momento, duda de si soltarle la mano para permitirle que pueda maniobrar con el brazo derecho, pero teme perderlo entre la gente, igual que él ha perdido a Uraraka.

—Ahí están. —Es Katsuki quien, más acostumbrado a divisar e identificar personas en escenarios caóticos que Izuku, los ve primero. El pelo amarillo de Denki Kaminari es lo suficientemente claro y brillante como para destacar entre la multitud. Además, la figura espigada y estilizada de Hanta Sero, a su lado, es inconfundible. Al oírlo, Izuku también los busca con la mirada, poniéndose más nervioso al ver que sólo están los dos chicos con Mei Hatsume. Los tres parecen inquietos al ver a Katsuki avanzando a grandes zancadas hacia ellos, pero cuando Izuku sale de detrás de él, mostrándose, la sorpresa los descoloca durante algunos segundos hasta que la alegría de verlo se superpone a todo lo demás.

—¡Izuku! —Hatsume se sobrepone a la sorpresa más rápido que los otros dos chicos y se lanza sobre Izuku.

—¡Mei! —Reacio todavía a soltar su mano, Katsuki observa cómo este devuelve el abrazo a su amiga sólo con el muñón, apoyando la barbilla en su hombro.

—No hay tiempo para explicaciones. —A pesar de que le duele tener que interrumpir el momento emotivo, Katsuki se está impacientando: han perdido demasiado tiempo hablando. No necesita mirar a su alrededor para darse cuenta de que falta una chica, la única que les interesaba, en el grupito, y eso hace crecer exponencialmente su preocupación—. Ochaco Uraraka, ¿dónde está? —Los tres amigos de Izuku miran desconcertados a su alrededor, buscando a su amiga.

—Estaba aquí hace un momento —murmura Hatsume, frunciendo el ceño. Hay tanta gente, que están apelotonados unos contra otros, lo suficientemente cerca como para que Katsuki vea el Don de la chica actuando y regulando sus ojos cuando otea a su alrededor.

—Da igual. Tenemos que encontrarla —dice Katsuki, frustrado. Había pensado en solucionar ese inconveniente antes de que se uniese a los villanos, pero ve que ya no va a ser posible.

—¿Qué es lo que ocurre? —pregunta Kaminari, con un matiz de ansiedad en la voz.

—Ochaco no es Ochaco —aclara Izuku rápidamente, pidiendo permiso con una mirada de soslayo a Katsuki, que asiente para hacerle entender que puede contarlo—. Es Himiko Toga, la villana de Musutafu, la que atrapó Kaminari. La verdadera Ochaco estuvo… la cosa es que ha venido conmigo hasta aquí, pero ahora la he perdido. Hay que encontrarla. Hay que encontrarlas a ambas.

—No puede hacer más de un minuto que se haya marchado. Quizá dos, así que la mina no debe andar muy lejos —murmura Sero.

Los rostros de los tres se han ensombrecido y Katsuki ve en ellos la misma determinación que en Izuku, comprendiendo que es ya la tercera vez que se ven involucrados en un ataque de la Liga de villanos. Esa perspectiva, de pronto, lo llena de orgullo. No ha entrenado con ellos todo lo que debería, pero aún así reaccionan como lo habría hecho él mismo durante sus estudios de preparación para héroe: con rapidez y economía de explicaciones.

—Pero Ochaco… —Izuku duda, frunciendo las cejas al pensar—. Ochaco es valiente y sabe que yo ya había encontrado a Kats… a Dynamight. Así que no estará buscándonos a nosotros, sino a ella.

—¿A Toga? —pregunta Kaminari con voz débil. Izuku asiente.

—A eso hemos venido, ¿no? —responde con sencillez y, al mismo tiempo, con la voz estrangulada por la preocupación—. Si encontramos a Toga, no será necesario encontrar a Ochaco. Da igual a cuál busquemos. Y es posible que Toga ya no tenga el aspecto de Ochaco, hay demasiada gente, podría….

—Encontradla —ordena Katsuki, entornando los ojos y con media sonrisa de fiero orgullo, interrumpiendo a Izuku, que inspira de golpe, callándose—. A cualquiera de ellas. E inmovilizadlas hasta estar seguros de quién es —añade, mirando a Sero, que es quien tiene el mejor Don para ello.

—Pero… Nosotros sólo somos… Hay héroes aquí. —Kaminari abre los ojos de par en par y comienza a observar a su alrededor, con cara de angustia.

—Estáis más que preparados, habéis potenciado vuestros Dones. Ayudad a encontrarla y reducirla —repite Katsuki, tirando ya de la mano de Izuku—. Si no la encontráis, cuando esto estalle, ayudad a la gente a evacuar y cercioraos de que nadie sale herido mientras intenta huir.

—¡Sí! —Sero palmea la espalda de Kaminari y asiente, sonriendo con ferocidad—. La última vez lo hiciste de lujo, weón, no te arrugues ahora.

—¡No me arrugo! —protesta Kaminari, pero Katsuki no escucha más. Las palmas de la mano le pican, anticipando la acción, y la sensación de urgencia de su estómago se incrementa.

Llueve con más fuerza, el pelo se le está empezando a pegar a la frente y a despeinar en sus habituales mechones alborotados. Es un inconveniente, porque la humedad enfriará el ambiente y le costará más sudar con el traje de verano, pero no se para a pensarlo. Katsuki comienza a caminar entre la gente de nuevo, buscando la salida del patio más cercano a una de las garitas de entrada al complejo. Si los villanos se materializan dentro, entre la multitud, será un desastre. Y, aunque no las tiene todas consigo, porque Kurogiri está con ellos y pueden hacerlo, cree firmemente que no les compensa. Para los villanos, es más fácil y seguro desplegar Dones tan destructivos como los suyos desde una posición de ventaja que desde el centro de la multitud y podrán evaluar la situación desde el exterior; unos muros de hormigón no son problema para ninguno de los Dones que tienen. Y, si se materializan fuera, con suerte conseguirán contenerlos y no llegarán a entrar dentro. Está a punto de decírselo a Izuku discretamente, para que entienda cuál es su plan, pero este está murmurando para sí mismo, llegando a una conclusión muy parecida a la suya, todavía mirando hacia atrás, donde sus amigos han empezado a organizarse y dispersarse.

—¡Concéntrate! ¡Saben cuidarse por sí mismos! —le reprende, al mismo tiempo que consiguen salir del patio.

—¡Lo siento! —se disculpa Izuku, acelerando el paso para situarse a su altura. Hasta este momento, iba un paso por detrás de él, sujeto de su mano, para aprovechar el espacio vacío que quedaba tras él cuando la gente le abría paso. Sin embargo, a pesar de que ya no tienen que pelear contra la multitud y ya no hay riesgo de perderse mutuamente, no le suelta de la mano.

—¡No lo sientas! —grita impaciente Katsuki. Hay más gente que, como ellos, abandona el patio, pareciendo agobiados por la muchedumbre, pero se quedan cerca de él, sin alejarse. En la distancia, puede oírse la música y la voz que habla, que Katsuki percibe perfectamente gracias a sus audífonos. En el ambiente se respira ya el caos que está a punto de estallar, pero no se cruzan con nadie hasta que llegan a la calle que desemboca en la garita de entrada al complejo e Izuku se detiene de golpe, ahogando una exclamación—. ¡Tú! ¡Maldita extra!

Ochaco Uraraka está agachada en la puerta de la garita, arrodillada junto al cuerpo cubierto de sangre de un hombre con el uniforme de los soldados. Bajo él se extiende sobre el asfalto, lentamente, un charco de sangre oscura y densa. Es una carnicería que ha pasado desapercibida porque la garita busca proteger el acceso al complejo del exterior y está fuera de la vista desde el patio donde todo el mundo está reunido. Las manos de Uraraka, que tiene sobre el cuello del guardia caído, están rojas y empapadas de sangre. Katsuki suelta la mano de Izuku y comprueba la carga de las granadas, pero el propio Izuku lo retiene, sujetándole del codo y tirando de él hacia atrás antes de salir corriendo imprudentemente hacia la chica.

—¡Ochaco!

—¡Izuku! ¡Aún está vivo! —Izuku se tira sobre la chica y la rodea el cuello con el brazo, aliviado por encontrarla. Es entonces cuando Katsuki se da cuenta de que la chica no lleva el uniforme del complejo, como Izuku, y que no está atacando al soldado, sino intentando contener la hemorragia.

—No por mucho tiempo —dice Katsuki, agachándose junto a ellos y observando a la víctima con ojo crítico. El soldado está inconsciente y pálido mientras Uraraka sigue intentando contener la hemorragia, sin éxito. El corte es profundo y afecta a una arteria, lo sabe por la forma en la que la sangre, roja y brillante, brota con fuerza al ritmo de cada latido del corazón, cada vez más exiguo. No hay nada que pueda hacer por él, salvo cerrarle los ojos e impedir que Uraraka se desgaste más tratando de salvarlo—. Acaban de hacérselo ahora mismo, no pueden haber pasado más de cinco minutos, nadie puede sobrevivir mucho rato a algo así.

—Ha sido ella. Himiko Toga. —Izuku ha hablado con los dientes apretados. Katsuki asiente, con los labios apretados; el exceso de sangre por doquier apunta a ello. La lluvia, que cae con gotas gruesas y rápidas que impactan en el suelo levantando polvo, deslavaza la escena al hacer que la sangre corra en riachuelos de agua rosada.

—Se me ocurrió que podía buscarla desde fuera del patio, cuando lo he visto, pero no estaba seguro de que hubiese sido ella —dice Uraraka. Katsuki la mira con interés, preguntándose por qué lo duda—. No creo que haya pasado más de medio minuto desde que ha ocurrido hasta que yo he llegado, y acabo de hacerlo. No hemos coincidido por apenas unos segundos, por lo que si hubiese sido alguien que entraba al complejo, tendríamos que haber visto a alguien antes de llegar aquí.

—Es decir, que no entraba, sino que salía —concluye Izuku, impresionado, levantando el rostro hacia la puerta de la garita con el rostro desolado.

—La Liga de villanos ha atacado la puerta norte, Toga sigue en paradero desconocido. Estoy con Midoriya y Uraraka, de mi escuadrón, y solicito refuerzos —dice Katsuki, hablando al intercomunicador que hay detrás de su oreja. Le llegan un par de confirmaciones, pero no las escucha.

—¡Mei! —Izuku se ha incorporado, limpiándose la sangre de la mano en la pernera del pantalón. Hatsume camina hacia ellos, sonriendo con alegría.

Sin embargo, esta vez es Katsuki quien retiene a Izuku por el hombro para prevenir que salga corriendo como ha hecho con Uraraka, pero no es necesario, el chico no hace amago de lanzarse hacia ella. La chica no viene del interior, sino del exterior y su uniforme tiene varias salpicaduras de color rojo oscuro. Además, aunque sonríe, lo hace con la cabeza ladeada y cierta expresión lobuna, nada que ver con la franca expresión de la verdadera Hatsume que, desde luego, no habría tenido tiempo de salir del complejo y volver a entrar por delante de ellos.

—Es Toga —masculla Katsuki entre dientes, aunque no sea necesario. Bajo sus dedos, Izuku está tenso y listo para lanzarse a pelear contra la villana, con Don o sin él. Con las yemas de los dedos, enfundadas en los guantes de las granadas provisionales que le han fabricado, más pequeñas que las habituales y que sólo buscan garantizar la funcionalidad de su Don, Katsuki comprueba que los receptores de sudor todavía no están a pleno rendimiento y gruñe una maldición por el húmedo y refrescado ambiente que les ha deparado la lluvia.

—¡Hola! Oh, ¿tú eres Ochaco Uraraka? ¡Que emoción! —Toga, que parece genuinamente feliz al ver a Uraraka, se lleva las manos a la boca en un gesto de excitada sorpresa, sin rastro alguno de preocupación por haber sido descubierta—. ¡Eres genial, ¿sabes?! Me encanta tu sangre, tiene un sabor delicioso y tu Don es muy divertido. Me gustas mucho, Ochaco.

—¿Qué? —pregunta con estupefacción Uraraka, que se incorpora también y se sitúa al lado de Izuku, mirando a la villana de hito en hito.

—Me he pasado un mes siendo tú, no habría podido soportarlo si no hubieses sido tan guay, ¿sabes? Es importante, me gusta convertirme en la gente que me gusta. —Toga sorbe de un tubo discreto que tiene enganchado en el cuello del uniforme. Katsuki se maldice, debería haberlo visto antes, pero no ha prestado suficiente atención a sus reclutas durante el último mes, o no le habría pasado desapercibido un comportamiento tan extraño. Con un sonido desagradable, de arcilla deshaciéndose, se transforma delante de ellos en una copia idéntica de Uraraka, conservando el uniforme del complejo—. Apenas me quedan unas gotas de tu sangre, así que me alegro un montón de que nos veamos. Podríamos hacernos amigas e ir juntas a un montón de sitios, ¿te parece?

—¿Has conservado mi sangre durante un mes? —dice Uraraka, con un rictus de desagrado en el rostro al verse a sí misma, con un gesto de asco.

—Es ingenioso, ¿a que sí? —La sonrisa de Toga se ensancha, y muestra los dientes caninos sensiblemente más puntiagudos y afilados—. Me lo fabricaron hace años, pero apenas tuve oportunidad de probarlo, porque entré en la cárcel. Me alegro de haberlo recuperado, porque permite conservar la sangre perfectamente —dice, tirando del cuello del uniforme para mostrar el intricado sistema de tubos, jeringas y pequeños dispositivos que preservan la sangre—. En realidad, si hubiese bebido suficiente sangre cuando te encontré, no habría necesitado hacerlo periódicamente, pero no podía arriesgarme a matarte. Y me alegro de no haberlo hecho, porque así he podido conocerte —añade, sorbiendo de otro tubito.

Katsuki entrecierra los ojos, cabreado, porque ha estudiado el Don de la villana y, si ha conseguido potenciarlo al nivel de Shigaraki, Twice o Dabi, permitirle beber más sangre almacenada sólo puede derivar en sorpresas desagradables. Si no se ha movido aún, atacando, es porque está esperando que lleguen los refuerzos que ha solicitado, pero no va a esperarlos más. Apenas han transcurrido unos segundos, un minuto a lo sumo, desde que lo ha hecho, pero la distancia no es mucha y no tardarán en llegar.

O eso espera.

—¡Déjate de charla y muere! —grita Katsuki, elevándose en el aire con un par de explosiones.

Se lanza sobre la chica y la encañona con una de las granadas, modulando una explosión de fuerza moderada, pero la chica se desvanece en una pequeña nube negra, que se disipa durante unos segundos antes de volver a aparecer a unos metros de él, más cerca del muro que bloquea la entrada esta vez, con Kurogiri irguiéndose tras ella unos instantes antes de desvanecerse.

—¡Mierda de nomu! —brama Katsuki, lanzándose una vez más contra la chica, sin miedo, pero el cuerpo de Toga vuelve a chapotear, adquiriendo una forma que a Katsuki reconoce al instante—. ¡No os acerquéis! —advierte a gritos a Izuku y Uraraka, abortando el ataque y desviándose a un lado, cabreado.

—Ah… ¿Lo conocías? Nos fue muy útil —presume Toga, que ha adoptado el aspecto de Manual y retrocede tranquilamente hacia el muro que sostiene la garita. Sonríe exactamente igual que lo ha hecho bajo su propia forma o la de Hatsume, y es incongruente en el rostro del héroe, que Katsuki conocía apenas superficialmente, pero recuerda como alguien amable y risueño, pero con un Don interesante. Apresurándose, regresa al lado de Izuku y Uraraka.

—Que no os toque. Si puede usar su Don, puede… —A Katsuki no le da tiempo a terminar la frase.

Toga ha rozado con los dedos la sección del muro que tiene más cerca, que se derrumba en una catarata de agua que se esparce con tanta fuerza que llega a salpicarles las botas. Aunque Izuku y Uraraka no se han movido, Katsuki se mueve de manera que queda entre ellos y Toga, precavido por si esta ha conseguido perfeccionar el Don de Manual hasta un punto similar al de Shigaraki.

Unos metros a la derecha de Toga, caminando entre la niebla negra de Kurogiri, aparece el resto de la Liga de Villanos, con el mismo All for One cerrando la comitiva y Toga, que ha recuperado la forma de Uraraka, al frente, sonriendo y, con una desagradable expresión de entusiasmo en el rostro, se une a ellos.

Al lado de Katsuki, Uraraka respira profundamente e Izuku adopta una de las posiciones de defensa que le ha enseñado durante el entrenamiento y entorna los ojos con fiereza. Katsuki resiste la tentación de ponerse estirar el brazo y esconderlo mejor detrás de él. Aunque la tentación de protegerle es muy potente, no quiere ofenderlo y no ha olvidado que fue capaz de vencer a Spinner y contener a Twice incluso sin brazo y guantes. Ajeno a sus pensamientos, Izuku intercambia una mirada rápida con él y asiente. Katsuki le corresponde, esperando no arrepentirse de no haberlo obligado a quedarse atrás.

—¡Idos al infierno, estúpidos extras! —Rugiendo, Katsuki se lanza contra todos ellos—. ¡Morid!

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Izuku no duda ni un segundo.

Corriendo detrás de Katsuki, que vuela en el aire gracias a sus explosiones, se lanza sobre Toga, que ha regresado a la forma de Ochaco. A su lado, la verdadera Ochaco se rezaga unos segundos, tocando el suelo y haciendo levitar con su Don algunos trozos grandes de cemento que impulsa con fuertes patadas hacia los villanos.

En el último momento, Izuku salta y pone en práctica una de las patadas aéreas que entrenó con Katsuki. Toga, que todavía está riendo a carcajadas en un gesto que resulta repulsivo en el rostro de Ochaco por lo poco familiar, no se espera el golpe en pleno plexo solar. Izuku rueda por el suelo y se levanta, utilizando la mano derecha como apoyo y aprovecha la confusión de la villana, que se sujeta el abdomen, para mirar a su alrededor.

La verdadera Uraraka está tras una cortina de llamas azules. Entre ellas, consigue divisar a su amiga, que corre para esquivar las llamaradas al mismo tiempo que sigue lanzando piedras que Shigaraki se ve obligado a interceptar y desintegrar para que no golpeen a sus compañeros. Hay otro villano apareciendo en la nube negra de Kurogiri, uno enorme, como si no fueran ya demasiados para ellos tres solos. Katsuki, bramando insultos y maldiciones, se ha lanzado directamente contra el jefe, All for One, así que descarta pedirle ayuda contra el gigantesco nomu que se ha materializado cerca de él.

El instante de distracción, observando al nomu a la vez que trata de pensar rápidamente, está a punto de costarle muy caro: Toga salta sobre él con un cuchillo en la mano. Izuku escamotea el cuerpo, esquivando el impacto, pero aun así siente el filo de la hoja hacer un corte superficial desde su sien hasta la mejilla.

Atiza un puñetazo en la cara a Toga, no demasiado fuerte, porque no ha cogido suficiente impulso, sólo lo justo para quitársela de encima. Cuando la chica se levanta, otra patada consigue enviar el cuchillo a un par de metros de ellos. Izuku nota la sangre deslizándose por su cara y provocando que la visión de su ojo izquierdo se tiña de rojo; la enjuga, impaciente, con el hombro, y se prepara para un nuevo ataque de la chica, que se lame los caninos superiores en una expresión que retuerce los rasgos amables de Ochaco, hasta hacerla casi irreconocible.

Los ojos de la villana se desvían un instante hacia un punto detrás de Izuku, pero este resiste la tentación de mirar. Sin embargo, el sonido es esclarecedor: llegan más héroes. Los oye de lejos, de la misma manera que si estuviese sumergido en un tanque de agua, y apenas les presta atención. Sí oye claramente las explosiones de Katsuki, que le indican que este sigue peleando, dándolo todo.

Ahora que hay más héroes profesionales cerca, los villanos no pueden concentrarse sólo en él, Ochaco y Katsuki, así que tiene una oportunidad. Una que no piensa desaprovechar. Tiene que apañarse él sólo. Katsuki ha confiado en él lo suficiente como para llevarlo hasta allí, como para no ordenarle esconderse y esperar a que todo pase. El pecho se le infla de orgullo. No tendrá Don, pero su valía sigue intacta a los ojos de Katsuki incluso después de perder un brazo y no piensa decepcionarlo.

Venció a Spinner, no va a rendirse ahora.

Toga vuelve a abalanzarse sobre él, con otro cuchillo en la mano, que Izuku ni siquiera sabe de dónde ha salido. No piensa, sólo se mueve, dejando que sus músculos y reflejos tomen las decisiones por él. Esquiva, patea, gira sobre sí mismo, encaja otra patada en la mandíbula de la chica, intentando repetirse una y otra vez que es Toga, no Ochaco, aunque el cuerpo que está golpeando sea idéntico al de su amiga.

—¡Vanishing fist! —La potente llama de Endeavour a su lado lo distrae durante medio segundo. Este pasa de largo y se lanza contra Dabi, ardiendo con fuerza. De pronto, aunque está lloviendo, Izuku deja de sentir la lluvia: el calor es excesivo y empieza a sudar.

Toga, que se ha levantado del suelo, adquiere la forma del héroe que ha utilizado antes, convirtiendo parte del suelo en agua, que humea rápidamente. Aprovechando de nuevo el momento de distracción de Izuku, lo ataca de nuevo, con fiereza. El aspecto de su cuerpo cambia rápidamente, adoptando la forma de Ochaco para evitar con su menor estatura una de las patadas altas de Izuku y luego la de Mei para confundirlo para esquivar un puñetazo que hace que Izuku se desestabilice.

Este trata de mantener el equilibrio, pero la villana no tiene reparos en golpearle el muñón con fuerza, adivinando que es uno de sus puntos débiles. Izuku ruge de dolor y las rodillas le tiemblan por el efecto del impacto, pero embiste contra la chica, derribándola. Ambos caen al suelo y ruedan, al mismo tiempo que Toga cambia de nuevo a Ochaco. Izuku pierde la visión durante varios segundos cuando su espalda golpea dolorosamente el suelo, notándose a la vez ligero por el Don de Ochaco.

Toga no tiene ese problema, ha caído encima de él. Cuando Izuku abre los ojos, está flotando en el aire y la chica ha recuperado su verdadero aspecto, el líquido gris que antes parecía arcilla encharca la ropa y el suelo alrededor de Izuku. Está desnuda y sus colmillos, prominentes, destacan dentro de su boca. Toga se los acaricia con la punta de la lengua en un gesto descarado y sensual que a Izuku le repugna.

En algún lugar, donde sea que Ochaco esté peleando, ha unido las yemas de sus dedos y, al parecer, eso es suficiente para cancelar el efecto de su Don, incluso aunque sea Toga quien lo haya utilizado en su lugar, porque Izuku cae al suelo de nuevo y el golpe le hace perder el aliento durante un segundo. Toga se ha agachado a su lado, poniendo las manos a cada lado de los hombros de Izuku, mirándole a los ojos con un brillo malicioso en los suyos propios.

Con asco, Izuku piensa en la multitud de cosas que ha leído o visto acerca de vampiros. Toga es más fuerte y pesada de lo que parece a simple vista, pero sobre todo es una especie de repulsión cerval lo que lo mantiene sometido debajo de ella. Cierra el ojo izquierdo instintivamente cuando Toga le pasa la lengua por la mandíbula, la mejilla y la sien de Izuku, lamiéndole la cara y deleitándose en el sabor de la sangre de este que sigue brotando por la herida abierta. Izuku gime con asco. La villana se estremece de placer. Puede sentir, sin atisbo de duda, cómo ella frota su cuerpo contra el de él, descaradamente.

—Sabes delicioso. Ya imaginaba que ibas a saber delicioso, porque eres un chico guapísimo —jadea Toga, extasiada, sonriendo y relamiéndose la sangre que le mancha los labios. Acelera la velocidad con la que se frota contra las caderas de Izuku y entrecierra los ojos.

Con un sentimiento de repugnancia que le da fuerza suficiente, Izuku la empuja y consigue quitársela de encima. Toga rueda a su lado, todavía con la respiración acelerada, pero cuando Izuku se arrastra hacia ella, todavía asqueado y dispuesto a golpearla con toda la potencia que pueda, igual que hizo con Twice, tanta que deje a la chica fuera de combate definitivamente, ella escamotea el cuerpo y se pone en pie ágilmente. Izuku la imita, pero le cuesta más trabajo hacerlo. Se estremece de asco una vez más, mucho más afectado por lo que ha hecho la chica, a pesar de que apenas lo ha dañado, que por los recuerdos de la máscara destrozada de Twice.

A Izuku le tiemblan las rodillas, nota la ropa fría y húmeda a pesar del calor y la cara de deleite de la chica le produce profunda repulsión. Con el mismo desagradable chapoteo de líquido gris, la chica se transforma, en apenas un segundo, en una copia exacta de Izuku, incluía su ropa y el vendaje del muñón. Toga alza la mano derecha y se la mira, con los ojos muy abiertos, antes de volver a mirar a Izuku, atónita.

—No tienes Don —dice Toga, en un susurro sorprendido.

—¿Qué? —Izuku está tan desconcertado que ni siquiera sabe cómo reaccionar.

—No tienes Don —repite Toga, parpadeando.

—No. Y ahora tú tampoco —sonríe Izuku con una mueca espeluznante, comprendiendo inmediatamente cómo juega a su favor esa ventaja súbita.

Salva de un salto las dos zancadas que le separan de Toga, empujando su cuerpo con el brazo derecho y golpeando sin piedad el muñón de la chica. Vuelve a hacerlo cuando la chica aúlla de dolor, pues la réplica es tan exacta que imita, incluso, el punto exacto de sanación en el que está. Toga se revuelve bajo el peso de Izuku, exactamente el mismo que el suyo, pero él lleva un mes sin brazo, acostumbrado a la sensación de falta de equilibrio y, además, Katsuki entrenó con él para que pudiera fortalecer y utilizar sus piernas. Decidido a no permitirle transformarse de nuevo en alguien que sí tenga un Don que pueda dejarlo fuera de combate, como el de Ochaco, Izuku pelea con todas sus fuerzas.

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—¡Hay que separarlos!

Han llegado justo a tiempo. Midoriya, Uraraka y Dynamight han avisado a Aizawa por el intercomunicador e Hitoshi ha tenido que correr tras el héroe que es rápido, a pesar de su edad y aspecto alicaído, abriéndose paso entre los asistentes al funeral que, ahora sí, han entrado en pánico y desorden. Hitoshi sabe, por la experiencia vivida en Musutafu, que el caos es contraproducente, pero Aizawa ha ido ordenando a los héroes profesionales que se han cruzado que ayuden a evacuar el patio y protejan a los civiles.

Hitoshi no está seguro de si Dynamight ha escuchado la orden de Aizawa, pero ha empezado a atacar sin miramientos a All for One, que se defiende con unos escudos que materializa en el aire. Por lo que puede ver, la verdadera Uraraka está esquivando el fuego de Dabi al mismo tiempo que ataca a Shigaraki y Midoriya se ha lanzado sobre Toga, pero de repente todo es muy confuso. Cuando Kurogiri abre el portal de niebla negra una vez más, Hitoshi se estremece al ver entrar al enorme nomu con el que ya se encontró en Musutafu. El suelo vibra bajo sus pies por los fuertes pisotones. Delante del nomu, como si este le estuviese escoltando y desintegrando aún piedras procedentes de Uraraka, que cada vez se ve más obligada a esquivar a Dabi que a atacar, Shigaraki sonríe lánguidamente, despreocupado por todo lo que le rodea.

—¡Que no toque el suelo! —grita Dynamight, atento a él a pesar de estar combatiendo contra All for One, que ahora ha desplegado unas púas metálicas que lanza a discreción sobre el héroe. Hitoshi, que conoce de primera mano lo que el Don del villano puede hacer, está paralizado. Dynamight no es el único que grita, porque han llegado más héroes, pero Hitoshi es incapaz de lanzar la bufanda de microfibras, no tiene tanto dominio de ella como para asegurarse de que Shigaraki no la toque con las manos si le ataca de frente.

Sonriendo con malicia, Shigaraki se arrodilla y pone una mano en el suelo.

No ocurre nada.

La sonrisa de Shigaraki flaquea durante unos instantes y los ojos de Hitoshi se abren de par en par, respirando agitadamente.

—¡Nomu! ¡Ábreme camino! —ordena el villano, arrastrando las palabras. Sus ojos rojos se cruzan con los de Hitoshi, que aprieta los puños en una reacción de miedo y asco al mismo tiempo.

—¡Shinsou! ¡Cúbreme! —El profesor Aizawa lo ha golpeado en el hombro para situarse justo delante de él. Hitoshi, al ver los cabellos erizados del profesor, comprende qué está ocurriendo y se apresura a desenvolver la bufanda y lanzarla contra el nomu, que ya se abalanza sobre ellos dos para obligar al profesor a dejar de utilizar el Don de borrado.

La bufanda se envuelve alrededor del puño del nomu, que tira de ella con fuerza y desestabiliza el equilibrio de Shinsou, derribándolo contra el suelo. Otro cuerpo le golpea, cayendo encima de él: Uraraka, que tose, con la piel del rostro ennegrecida por el humo. No sabe de dónde ha salido o quién la ha lanzado contra él, pero no le importa.

Por encima de ellos, el nomu ruge, excitado.

El profesor Aizawa todavía grita órdenes, manteniendo el borrado del Don de Shigaraki. Hitoshi prepara las tiras de nanofibra para lanzarlas de nuevo, pero un muro de hielo se interpone entre él y el nomu y unos tentáculos le ayudan a incorporarse, igual que a Uraraka. El caos a su alrededor ahora es peor, pero también más optimista. Han llegado más héroes, incluido Endeavour, que se está enfrentando a Dabi, pero no es consciente de cuándo ha ocurrido eso.

—¡Eraserhead, hay que borrar a Kurogiri! —dice Shouto cuando el villano emplea la niebla negra para engullir el ataque helado en el que el héroe trataba de atrapar a Shigaraki.

—¡No! ¡Shigaraki! ¡Recuerda lo que ocurrió en Musutafu! —Los tentáculos de Suneater se interponen entre el nomu y Aizawa, abofeteando al primero antes de enroscarse en sus extremidades. Hitoshi se apresura a ayudarlo con las tiras de la bufanda, pero el nomu es demasiado fuerte y consigue interponerse entre la mirada de Aizawa y Shigaraki.

—¡Es nuestra oportunidad de atraparlos, pero no podemos si no…! —Todo sucede tan deprisa que Hitoshi ni siquiera está seguro de quién parten las órdenes o cuáles debe seguir. Aizawa corre hacia un lado, intentando deshacerse del nomu y recuperar la línea visual antes de que Shigaraki consiga activar su Don, pero le interrumpe el paso una llamarada anaranjada, procedente de Endeavour, que combate contra Dabi y ha bloqueado una deflagración azul de este.

Una potente ráfaga de aire está a punto de derribarlo. Hawks barre el suelo con sus plumas cuando aletea, muy cerca del suelo, y levanta a Aizawa por los aires, sujetándolo por las axilas.

—¡El nomu! —grita Hawks, en dirección a Suneater e Hitoshi. El cabello de Aizawa, cuando están lo suficientemente altos como para que el nomu no lo estorbe en su línea de visión, vuelve a erizarse al activar su Don contra Shigaraki.

Sin embargo, aunque los héroes intentan acercarse al nomu, que protege a Shigaraki con toda su fuerza, no pueden hacer más que esquivarlo y mantenerse fuera de su alcance. Los tentáculos de Suneater y la bufanda de Hitoshi sólo consiguen contener golpes concretos o ralentizarlo; Lemillion pasa corriendo a su lado y, cuando el nomu le asesta un puñetazo, le atraviesa el cuerpo, circunstancia que el héroe aprovecha para hundirse en el suelo y salir disparado detrás de él. Consigue golpear al monstruo, pero no le hace mucho más y, por lo que Hitoshi puede ver, ha superado la barrera que supone el nomu, pero no sabe si ha podido llegar a Shigaraki o Kurogiri.

—¡No! ¡Pasas! —ruge el nomu, lanzando hacia atrás a Suneater, que había conseguido rodearlo aprovechando el golpe de Lemillion. Suneater rebota contra el suelo, al lado de Hitoshi, frunciendo el ceño y lamentándose en murmullos al tiempo que se levanta.

—Es verdad… Puede hablar —murmura Hitoshi para sí mismo, recordando el dato del ataque a Musutafu.

—¿Qué? —Suneater lo mira, intrigado.

—Puede hablar. Si puede hablar, puedo hacerle preguntas. Ya lo conseguí en Musutafu, pero no llegué a apoderarme de su mente, así que no sé si podré controlarlo o será demasiado fuerte. —Suneater todavía lo mira sin comprender, pero Hitoshi no tiene tiempo para más explicaciones—. ¿Puedes cubrirme lo suficiente como para que me acerque a él?

—Puedo. —Suneater apenas ha vacilado una décima de segundo y a Hitoshi esa determinación le basta. Ha visto más veces al héroe, siempre en segundo plano e inseguro, pero ahora puede ver lo fuerte que es cuando un par de alas se despliegan a su espalda y, combinando el vuelo con los tentáculos, tira de los brazos del nomu para evitar que golpee de nuevo. Que no haya puesto ninguna pega o pedido explicaciones, confiando en él, hace que Hitoshi asienta, dispuesto a intentarlo.


Nota final: ¡Espero no haberos liado con la pequeña distorsion temporal del inicio! Evidentemente, ese PoV de Dabi se sitúa justo al final del PoV de Katsuki, pero me interesaba más contarlo al principio para luego no romper la continuidad de los puñetDE LA ACCIÓN.