Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

NOTA IMPORTANTE: No, no te has equivocado de capítulo. Efectivamente, si eres de las personas que lee semana a semana, el primer PoV de este capítulo, el de Dabi, ya lo has leído antes. La semana pasada, concretamente. Lo siento mucho. Si vas al capítulo anterior, descubrirás que ha desaparecido de allí y que ese capítulo ahora es más corto (además de una nota aclaratoria). Quería meter dos escenas que antes no estaban, y eso significó reorganizar los capítulos y la posición de los PoV (además de añadir uno para Katsuki y otro para Shinsou). Y, por supuesto, que podéis saltar al PoV de Izuku directamente si ya leísteis la semana pasada la parte de Dabi. Siento mucho que a causa de esto los comentarios puedan quedar descontextualizados. ¿Me dejáis que os pida perdón haciendo una doble publicación? Al fin y al cabo, el plan era que hoy se publicase hasta lo que ahora mismo es el final del capítulo 34, me parece lo más justo*Se arrepentirá de esto la semana que viene, cuando no tenga capítulo corregido de ventaja*. Pues sí, pero hoy estoy muy satisfecho con todos los cambios que he hecho, y un tanto entusiasmado también, lo admito.

Breve nota: En ajedrez, cuando un peón llega a la última casilla del tablero, del lado contrario al que comenzó, "corona". Esto es, se convierte en una reina, la pieza más poderosa (técnicamente, puede elegirse cualquier pieza, pero la reina es la más poderosa y versátil y contiene los movimientos de todas las demás a excepción del caballo). Nada, sólo señalarlo por si alguien no lo sabe :P

Trigger Warning: Violencia explícita, Toga sigue teniendo comportamientos de abuso sexual. Hay detalles gráficos de violencia que pueden no ser agradables.


LA LIGA DE VILLANOS ATACA (PARTE III)

Dabi baila.

Baila encima de las llamas azules que brotan de sus manos, que aplasta con los pies, que lamen la ropa y la consumen.

Baila, notando el potente e intenso calor de su propio fuego en la piel que todavía tiene sensibilidad, pero no quema. El Don de enfriamiento de All for One, aunque se sienta extraño, como un apósito molesto, funciona y las llamas de Dabi compiten formidablemente contra las de Endeavour.

Baila, danzando alrededor de Endeavour, burlándose de él, obligándolo a atajar sus flechas de llamas, a esquivar los muros azules y ardientes que levanta, riéndose del sudor que se forma en la frente de su padre.

Apenas ha tenido tiempo de explayarse, de incendiar todo el complejo antes de que Shigaraki lo destruya, así que danza, tratando de avanzar hacia sus compañeros para unir fuerzas con ellos, procurando aislar a Endeavour entre sus llamas y separarlo de los demás héroes.

El plan era sencillo, igual que en el ataque al complejo. Rápido y veloz. Toga los situaría en una posición de ventaja, aprovechando el camuflaje de su Don, junto a la multitud, pero sin estar en el centro de esta. Lo suficientemente cerca para que Shigaraki encadenase un ataque con su Don en el patio lleno de gente y las llamas de Dabi los acorralase y cortase sus vías de escape sin arriesgar la suya propia. La misión del resto, incluido All for One, que ha decidido que a falta de Twice él también era necesario allí, era cubrirlos y defenderlos de los posibles héroes que llegasen hasta ellos durante el tiempo suficiente para permitírselo.

El plan ha fallado.

Como todos, siempre. Ya debería estar acostumbrado. Cuando All for One y Kurogiri los han materializado junto a la posición de Toga, contando con sembrar el pánico entre una muchedumbre aterrorizada, se han visto apenas unos metros más allá del lugar donde estaban esperando, frente a los mismos héroes que frustraron el ataque a Musutafu. Y ahora todos los malditos héroes están aquí y no hay forma de quemar la piedra que tiene cerca, ni de llegar a los edificios que están detrás de su padre, y Shigaraki no está desintegrando nada.

Las palabras de All for One resuenan en la mente de Dabi. No hay un solo plan, no hay una sola opción.

No tiene que hablar siquiera con sus compañeros. Antes de que Kurogiri terminase de movilizar al nomu, Dabi ya estaba peleando contra alguien, una pequeña heroína exasperante que se ha limitado a huir de sus llamaradas mientras atacaba con inteligencia a Shigaraki. Aunque, al conseguir quitársela de encima, lanzándola a lo lejos al ver a su padre volar directo hacia él, le ha parecido poco más que una imprudente jovenzuela con ínfulas.

Y, aun así, no ha conseguido abrirse paso a través de ella y de los otros dos antes de que Endeavour haya llegado a enfrentarse a él.

Aunque a Dabi tampoco es que le importe mucho. Al fin y al cabo, ese era su objetivo. Su plan. Así que ya no está demasiado preocupado de qué está haciendo el resto. Lleva demasiados años, desde antes incluso de que todo se torciera en Kamino, que deseaba que se presentase la oportunidad que tiene ahora. Frente a él está el que fuese el héroe profesional número uno, el héroe flamígero: Endeavour. Y no lo está pasando nada bien. La temperatura de sus llamas no es mucho mayor que las de Dabi, a pesar de que este no está sacando la totalidad de su potencial y su padre sí, y además cuenta con el Don de All for One, que le permitirá rematarlo sin salir ardiendo.

—¿Esto es todo lo que tienes que ofrecer… Endeavour? —Dabi pronuncia el nombre del héroe con desprecio burlón, sonriendo.

Endeavour no se ha dado cuenta. Dabi sabe por qué. Siempre ha sido así. Ajeno a todo lo que le rodeaba, a los sentimientos de los demás, a lo que ocurría a su alrededor. No supo ver el dolor de Dabi, lo desgraciada que era su madre ni el anhelo de Shouto. Dabi sí había podido verlo, pero no le había importado demasiado, porque por encima de su dolor, sobre todo, había sentido rencor y odio.

Un rencor que Endeavour había sido incapaz de atajar, a pesar de que Dabi lo había dirigido hacia él. Un rencor que había sido alimentado durante años y que todavía había crecido más durante el encierro. Un rencor que no había sido doblegado ni siquiera cuando nuevos héroes, más jóvenes, más inteligentes, más carismáticos, habían reemplazado a Endeavour en el ranking de héroes, expulsándolo fuera de los primeros puestos del podio.

—¡Hasta la gente de a pie prefiere al niñato borde y maleducado que no tiene control de la ira antes que a ti, Endeavour! —grita Dabi. Esta vez sí, ha conseguido captar la atención del héroe—. Siempre quisiste ser el número uno y, cuando por fin tu principal rival a batir se retira, apenas te da tiempo a disfrutar del puesto porque héroes imberbes y sin experiencia se imponen por encima de ti. El pueblo nunca te amó, Endeavour, porque tú nunca amaste a nadie que no fueses tú mismo.

Dabi escupe en el suelo, con rabia. Las llamas de Endeavour, que sigue intentando atacarlo, aplicándose concienzudamente, en silencio, lo acarician, pero no llegan a quemarlo. El Don de hielo que lleva dentro debe haberse fortalecido por el uso que ha hecho de él las últimas veces, porque lo siente más cómodo, más dúctil. Por encima de ellos, un helicóptero sobrevuela la zona y Dabi no tiene dudas de qué es: contaban con la presencia de los medios de comunicación que cubriesen el evento a su favor.

—Hemos vencido, Endeavour. Ni siquiera hoy podrás salvar esa amada sociedad de héroes que tanto te has empeñado siempre en liderar, que querías dominar a toda costa con tu hijo híbrido. Hemos vencido —añade Dabi, moviéndose con elegancia y girando sobre sí mismo para esquivar una llamarada de Endeavour y crear un remolino de fuego propio que se expande con fuerza—, porque nadie va a creer a los héroes después de esto. No habrá manera de devolver la fe en unos héroes que ni siquiera han podido atajar un ataque, evitar que la gente sepa lo que Enji Todoroki hizo. Si los reporteros son listos, van a atar cabos antes incluso que tú y ese será tu fin y el de tu amada sociedad.

Dabi camina sobre las llamas danzando con pasos seguros. Es más ágil que Endeavour, que ya no tiene la fuerza física ni la resistencia que poseía una década atrás. Los años pesan y, aunque Endeavour esté en forma, la estilizada figura de Dabi es más adecuada para esquivar sus ataques.

—Voy a matarte, Endeavour —dice Dabi, en voz mucho más baja, cuando se acerca a Endeavour lo suficiente como para asegurarse de que este le está prestando atención. Tan cerca que puede ver los goterones de sudor evaporándose en su frente, las marcas rojizas de su rostro que revelan que la temperatura empieza a serle molesta—. Y voy a hacerlo gracias a ese punto débil que tanto intentaste cubrir en mí y que al final, ha sido otra persona quien lo ha conseguido.

—¿Qué dices? —masculla Endeavour con esfuerzo, intentando asestarle un puñetazo flamígero que Dabi esquiva con facilidad, burlándose.

—Que ahora ya no hay límite, padre. —Dabi enfatiza la última palabra y espera a que los ojos de Endeavour se abran de par en par, cuando la información por fin llega a su obtuso cerebro, comprendiendo, reconociéndolo—. Lo que tú fuiste incapaz de darme me lo dio él. All for One. Un Don que me permite utilizar mis llamas sin control, alentar ese estúpido sueño que tú metiste dentro de mi cabeza y que luego reventaste contra el suelo cuando dejó de servir para tus propósitos.

—¿Qué?

—¿No me vas a decir nada, papá? —Endeavour se ha quedado paralizado por la sorpresa. La boca entreabierta, los ojos como platos, sus llamas disminuyendo en potencia. Dabi hace que las suyas suban aún más de temperatura, casi blancas por el calor. La piel de los injertos le tira, siempre lo hace a pesar del Don de All for One, pero no combustiona. Tanto poder al alcance de la mano… y la satisfacción de que se encuentre tan lejos de las manos de Endeavour que a este le aterrorice en lugar de poder sacar provecho personal de ello—. ¿No era este tu sueño? ¿El que hizo que me desecharas en favor de Shouto? Vamos a hacer que todo Japón se dé cuenta, ¿te parece bien, papá? Obsérvame.

—¿Touya? —El rostro de Endeavour enrojece con más rapidez. Las llamas anaranjadas prácticamente no se ven, ahogadas por las azules de Dabi. Endeavour, que sigue sin reaccionar, apenas atina a componer una cara de terror antes apagar, estúpidamente, sus propias llamas. Dabi sonríe, satisfecho.

—¿Esto es todo, papá? ¿Es que ahora vas a ser incapaz de ser un héroe y matar a tu propio hijo? Porque yo no tengo tantos escrúpulos para acabar con los héroes profesionales. Igual que tú no los tuviste cuando era pequeño y me desechaste a un lado, después de haber encendido mis llamas —grita Dabi, envolviendo a Endeavour en sus llamas mientras un sentimiento de dulce satisfacción vengativa, le inunda—. Dejemos que el mundo vea el fraude que eres, Enji Todoroki. Que el mundo vea quién es Touya Todoroki y cómo mataste a tu hijo porque no te servía para crear al héroe que deseabas para dominar esta sociedad de héroes que ahora se derrumba como un castillo de naipes.

.

Toga aúlla de dolor a causa del golpe que Izuku le ha dado en el brazo ausente. En un movimiento involuntario que asusta a Izuku por lo similar que se ve a él mismo, se abraza a sí misma. Con la mente obnubilada por el mantra de Katsuki de no dejar pasar la oportunidad de noquear a su adversario cuando lo tiene en el suelo, sin darle opción a levantarse de nuevo, embiste hacia ella, con la cabeza por delante, impactándola en el pecho e interrumpiendo una incipiente transformación. Ambos ruedan por el suelo, Izuku tratando de frenarlos y golpear una vez más a Toga y la chica lanzando mordiscos con más potencia que puntería, hasta que chocan con un muro de piedra que los detiene.

Tambaleándose un poco, Izuku se pone en pie. Toga también lo intenta, pero no está acostumbrada al desequilibrio de la ausencia del brazo izquierdo, así que se deja caer de nuevo. Izuku, jadeando, le ofrece la mano derecha para ayudarla a levantarse, aunque se pregunta cómo la va a inmovilizar en medios de todo el caos que los rodea. Hay varios héroes a unos metros peleando contra los villanos y puede percibir el calor de las llamas en la piel desnuda, a pesar de que están relativamente lejos de ellos dos.

—Se ha acabado. Estáis rodeados de héroes y todos vais a ser reducidos antes o después. Mejor ahora que empeorarlo todavía más —dice Izuku, tratando de recuperar el aliento. Tras mirarlo fijamente unos segundos, Toga acepta la mano de Izuku, incorporándose hasta quedar sentada. Un poco nervioso, Izuku adopta una postura que espera que sea intimidante, dispuesto a golpear si la villana intenta alguna treta, decidiendo cómo va a inmovilizarla hasta que pueda entregarla a algún héroe o heroína—. Desátate los cordones de las zapatillas —le ordena. Muy despacio, Toga asiente y empieza a obedecer.

—Eres más fuerte de lo que me esperaba, Izuku. Y es tan romántico que no tengas brazo… —dice en voz baja, tirando de los cordones rojos lentamente—. Eso me gusta. Hacía mucho que no me gustaba tanto un chico como lo haces tú. —Sin darle tiempo a reaccionar, Toga mueve el pie que ha estado desatando, enganchando el tobillo de Izuku con él y tirando hacia atrás.

Izuku se tambalea, trastabillando hacia adelante al moverse para mantener el equilibrio, y apoya la mano derecha en el suelo para evitar caerse. Sin pensar, se lleva el brazo del muñón hacia la cara, protegiéndose de un posible golpe de Toga, que se está levantando con agilidad. Aunque el muñón le duele cuando la villana se abalanza sobre él, lo está esperando y no permite que le ciegue de dolor, respondiendo a los golpes que le alcanzan.

Su cuerpo, el replicado por Toga, es fuerte. Por primera vez, ahora que se enfrenta a los puñetazos que la chica le devuelve, Izuku es plenamente consciente de lo mucho que ha mejorado en ese aspecto gracias al entrenamiento con Katsuki, incluso después de un mes de inactividad y recuperación, pero es cuando toma conciencia real de cuál es su propia fuerza.

Al contrario que ella y gracias al entrenamiento, Izuku pelea con más técnica, lo cual le da cierta ventaja, pero Toga sabe aprovechar los efectos de un rodillazo bien encajado en los huevos. De un momento a otro, Izuku ha pasado de tener la iniciativa, de arrojarse sobre la villana y no dejarla respirar el tiempo suficiente como para reaccionar, a estar doblado sobre sí mismo, paralizado por el dolor intenso que le atraviesa desde las ingles hasta la base de la columna vertebral.

—Da igual que tengas o no Don, eres un chico y yo sé cómo manejar a los chicos que soban demasiado a las chicas —se jacta Toga, inclinándose sobre Izuku tras hacerle dar un traspié que lo tira al suelo—. Pero tú eres un buen chico, Izuku Midoriya. Tú no eres de los que soban a las chicas, ¿verdad? Mei habla mucho de ti, dice que eres un gran chico. Al principio pensé que le gustabas, y me puse un poco celosa, pero ahora me parece totalmente normal, porque a mí también me gustas mucho y no me importa compartiros a los dos.

—Cállate. —Izuku escupe un salivazo manchado de sangre al suelo, pensando en lo parecido que ha sonado a Katsuki en esa única y contundente palabra, que no tiene efecto en Toga. La chica sonríe ladinamente y saca una jeringuilla idéntica a las que utilizó en Musutafu.

—No podré utilizar tu sangre para tener un Don con el que combatir, pero me encanta transformarme en la gente que me gusta y tú me gustas mucho, Izuku Midoriya. —La aguja se clava en el hombro derecho de Izuku. Aprieta la mandíbula, anticipando el pinchazo, pero duele menos de lo esperado. Izuku se retuerce, pero la chica se ha sentado a horcajadas sobre él, pisando con un pie su mano derecha para inmovilizarlo—. Hay una solución para tu problema, Izuku. Él tiene muchísimos Dones, ¿sabes? All for One. Y quiere justicia: que todo el mundo que quiera un Don pueda tener uno. Hay gente que no los quiere, porque se ven feos o creen que son malos Dones, y entonces él se los quita.

»Hace feliz a la gente —concluye Toga, con una sonrisa llena de fe.

—Sólo son excusas para ser quien manda —masculla Izuku, que no cree en la buena voluntad de alguien como All for One, ni tampoco comparte sus métodos—. ¿En serio piensas que ir destruyendo ciudades y matando gente es la forma de hacer feliz a la gente?

—La gente tiene que entender nuestro proyecto. Para darlo a conocer… hay que asumir riesgos. Las bajas son algo necesario. Lamentable, pero necesario. El progreso exige sacrificios, siempre lo ha hecho en la historia de la humanidad, pero nos conduce a un futuro mejor —insiste Toga, haciendo caso omiso de la expresión asqueada de Izuku.

—¿Mejor para quién?

—Para toda la sociedad. Un futuro dominado por All for One y su justicia es mejor que el tipo de sociedad que hemos tenido hasta ahora. Un futuro donde cada cual pueda elegir tener o no Don, utilizarlo a placer y no tener que esconderse —dice Toga en tono apasionado—. Quiero poder utilizar mi Don, Izuku. A mí me gusta mi Don, por mucho que la gente crea que es horrible y que debo esconderlo.

—Ves el mundo en blanco y negro —masculla Izuku, entrecerrando los ojos. A su alrededor, siguen sonando los combates de los demás, pero nadie parece fijarse en ellos dos, excepto una persona—. En realidad, todo es de color gris. El miedo y la discriminación generan inseguridad e ira, que se acumula y explota, pero lo que hacéis vosotros no es mejor. No podéis dar lecciones a los héroes después de todo lo que habéis hecho.

—Los héroes son un escollo a eliminar, porque se interponen en el sueño de la felicidad de toda la humanidad. Quiero que el mundo sea más fácil y para eso sobráis los héroes —responde Toga, tirando del émbolo de la jeringuilla para llenarla, e Izuku comprende que está totalmente enajenada y no lo ha escuchado—. Aunque tú no eres un héroe, lo pareces. Un héroe sin Don, qué heroico y romántico. Ven conmigo, le pediremos a All for One que te dé un Don que puedas utilizar.

Sin perder la calma, Izuku cierra los ojos para no ver cómo Toga, ignorando la jeringuilla de sangre que ha llenado, apenas unos mililitros, pero que parece mucha más cantidad en el recipiente transparente, se inclina sobre él, haciendo gala de una flexibilidad pasmosa, para morder y succionar el agujero diminuto que la aguja ha dejado en su hombro, del que brota una gota oscura y rojiza. Ni siquiera considera la oferta de la villana. Toga está tan convencida de su discurso que ella misma cree que es verdad, que All for One busca una sociedad mejor, pero Izuku no cree que un mundo donde los Dones cambien de persona dependiendo de alguien que hace de transmisor y que ha demostrado no tener escrúpulos a la hora de masacrar a la población pueda ser mejor que una sociedad que se divide en categorías según si tiene Don o la clase de efecto que este tiene.

«Sólo es inclinar la balanza al otro lado, no equilibrarla».

—Tú… —Izuku abre los ojos. Toga lo mira con curiosidad a través de los propios ojos verdes de Izuku, su pelo, unos pocos rizos cortos, alborotado y despeinado, las pecas destacando sobre las mejillas sucias y sonrojadas—. Es cierto lo que dices. Yo no tengo Don. He vivido sin Don toda mi vida. Acepté eso. También he conocido gente como tú, gente que tiene Don, pero que no gusta a quienes están alrededor. ¿Sabes cuál es la diferencia entre tú, esa gente y yo?

»Que tú te rendiste, Toga. Escogiste el camino más fácil para ti, el de odiar a todo el que se te pusiese por delante. Te justificas en que la gente cree que tu Don es horrible y probablemente haya muchos que lo piensen, pero no todo es horrible. No tiene por qué ser horrible.

Ahora sí, Toga lo escucha, con la cabeza inclinada, los ojos muy abiertos y una expresión intrigada en el rostro, mientras se lame la yema del dedo pulgar, donde ha quedado una gota de la sangre de Izuku.

—Un compañero mío era capaz de controlar la mente de otros y siempre se esforzó en ser un héroe. Y cuando no lo dejaron, porque su Don estaba mal visto, no se convirtió en un villano que quisiera venganza, siguió intentando ser mejor cada día—continúa Izuku, que ha percibido un movimiento por el rabillo del ojo, hablando deprisa—. Eso es ser un héroe. Así que sí, yo soy un héroe sin Don y estoy más cerca de conseguir cambios para otras personas como yo que tú, que sólo las aplastas sin misericordia.

Los recuerdos de Shinsou peleando contra él en el festival deportivo, ambos confiando en que serían admitidos como héroes profesionales si hacían un buen papel a ojos de todos los héroes que les estaban observando, de los profesores que los juzgaban, de los compañeros que los jaleaban y animaban, inundan la mente de Izuku. Los dos habían peleado por lo mismo: ser héroes a pesar de que todos los que les rodeaban les insistían en que no lo eran, uno por no tener Don y otro por tener un Don más propio de un villano.

—No nos rendimos, Toga. A pesar de todo, quisimos ser buenas personas, dar lo mejor de nosotros mismos, mejorar cada día. Ser héroes. Y los dos lo hemos conseguido, los dos estamos aquí. Tú a mí no me gustas, Toga, porque lo que quieres para ti no es lo mismo que yo quiero para mí, para ti o para Shinsou. Yo quiero igualdad, quiero que todos tengamos las mismas oportunidades, el mismo valor. Tú sólo quieres formar parte de aquellos que pisan con la bota el cuello de los que están debajo, cambiar la jerarquía para estar en la parte más conveniente de la balanza. Y All for One quiere exactamente lo mismo, quiere quitar al rey para coronarse él mismo, vendiéndote que sois peones cruzando un tablero de ajedrez en busca de la oportunidad de ser reinas —concluye Izuku con amargura.

Sabe bien su madre, que es quien mejor ha conocido esa faceta de él, cuánto le duele a Izuku admitir algo así. Cuánto habría dado años atrás porque alguien llegase, le tendiese la mano y le prometiese un Don. Que le tranquilizase y le dijese que su sueño de ser un héroe podría hacerse realidad. Que reparase la injusticia de vivir sin Don en un mundo rodeado de ellos. Con un estremecimiento, Izuku se pregunta qué habría ocurrido si alguien como All for One hubiese llegado en los tiempos más oscuros, cuando él estaba desesperado y triste por tener un Don y su madre hubiese accedido a su felicidad, en lugar de ahora, cuando tiene claro qué son los villanos y cuáles son los ideales que defienden.

Ahora que ha visto suficiente de la vida adulta como para desconfiar de los propósitos de alguien que hace promesas alegremente mientras utiliza la violencia para imponerse sobre una sociedad entera. Ahora que comprende el precio que habría tenido que pagar. Izuku querría que la sociedad fuese diferente, que no abocase a gente como Toga, Shinsou o él mismo a la marginalidad y al ostracismo social, pero no cree que imponerse por la fuerza para repartir o arrebatar Dones sea solución de nada.

—Hay otras formas —le asegura Izuku, sonriendo satisfecho cuando los ojos de la villana, que seguía absorta en su discurso, con las pupilas dilatadas y expresión ensimismada, se abren de la sorpresa.

Toga afloja la presa sobre Izuku, que nota el súbito aligeramiento del peso de esta sobre su cuerpo. Sin dudarlo, empuja hacia arriba con las caderas, lanzando a Toga al aire. Ochaco está tras la villana, ha conseguido acercarse sigilosamente, sin atraer su atención, y tocarla con las manos, atrapándola. Izuku, que ya contaba con ese movimiento y por eso no había opuesto más resistencia, se incorpora en el suelo, frotándose el lugar donde le ha pinchado con la jeringuilla y tratando de olvidar la sensación de la lengua de la villana sobre su piel.

—Trabajo en equipo —dice Ochaco con tono festivo, extendiendo la mano hacia Izuku, que la acepta, agradecido, para ayudarlo a levantarse.

—Gracias, Ochaco. —Está genuinamente agradecido. Está relativamente seguro, después de haber peleado contra la villana y haberla derribado en un par de ocasiones, de que habría podido ganar, pero de esta manera ha sido una victoria más limpia, menos violenta y, sin duda, menos sangrienta. Además, le satisface compenetrarse tan bien con su amiga: han bastado un par de miradas de soslayo, lanzadas con disimulo, para coordinarse.

—Sabía que me habías visto acercarme. Buen trabajo entreteniéndola. ¿Qué estabas diciéndole que la tenía tan interesada?

—Nada que no piense realmente —murmura Izuku, mirando hacia arriba, en dirección a la villana, que los observa a ambos con ojos airados y expresión traicionada.

Ochaco asiente, con una sonrisa cansada, y cancela el efecto de su Don. Toga cae a plomo, no desde lo suficiente alto como para noquearla, pero sí para aturdirla. Durante el ascenso, ha intentado cambiar a la forma de Ochaco, pero en la caída regresa a su propia forma, la original. Ochaco vuelve a utilizar su Don, pero esta vez no deja que Toga flote a su aire y la inmoviliza con una de las llaves que han aprendido en los entrenamientos del complejo. Esta vez sí, Izuku aprovecha para arrodillarse y arrebatarle los cordones, inmovilizándole las muñecas.

—Así, aunque adoptase tu cuerpo, no tendrá forma de cancelar tu Don —dice, con los labios apretados.

—La llevaré con los soldados, ellos tendrán con qué contenerla de manera más eficaz.

—Genial —jadea Izuku. Mientras Ochaco se aleja, empujando a una Toga flotante que todavía forcejea, infructuosamente, Izuku mira a su alrededor.

La pelea con la chica, que en realidad apenas ha durado unos minutos, no ha hecho mella en su entorno, porque durante ella se han alejado de los demás unas decenas de metros. Hay héroes en el suelo y en el aire, centrados en diferentes villanos, pero el único que está peleando a solas es Katsuki, que se está enfrentando a All for One y ha conseguido alejarlo del resto de villanos, sacándolo prácticamente del complejo. Sin dudarlo, aunque tendrá que atravesar al menos una de las peleas que se están produciendo, Izuku corre hacia él.

Pasa al lado de Suneater, que le grita algo que no entiende. Justo delante de Izuku, el enorme nomu le corta el paso a él y a todos los demás. Shinsou está enfrentándolo cara a cara, escamoteando el cuerpo con habilidad y utilizando la bufanda de Eraserhead para desviar algunos de los puñetazos.

—¡Shinsou! —grita Izuku, asustado cuando este, rodando por el suelo, esquiva por los pelos un golpe del nomu, más veloz de lo que cabría esperar de su tamaño.

Un tentáculo de Suneater consigue que el siguiente tampoco lo alcance y Shinsou se pone de pie. Izuku intenta rodear al nomu por la izquierda, preguntándose si es posible colarse sin ser visto y, una vez rebasada su línea, ayudar a Shinsou provocando que el nomu tropiece o desestabilizándolo, pero la bestia es mucho más inteligente de lo que parece a primera vista y lo sigue con la mirada, apresurándose a moverse hacia él y cortarle el paso otra vez.

Izuku retrocede unos pasos, tratando elaborar otro plan, y el nomu pierde rápidamente el interés en él y vuelve a centrarse en Shinsou, que grita cosas que Izuku no consigue oír, ahogadas por el ruido del caos y las explosiones de Katsuki, que resuenan con fuerza incluso desde la distancia a la que se encuentran. El nomu rechaza otro de los ataques de Suneater y utiliza la bufanda de microfibras con la que Shinsou ha intentado inmovilizar su puño, para tirar de ella y derribar a Shinsou, que cae al suelo, desprevenido acerca del movimiento.

Dispuesto a machacar a Shinsou sin piedad, el nomu alza el puño. Un tentáculo de Suneater lo detiene, pero el nomu ya contaba con ello y ha alzado también el otro, listo para golpear.

—¡No! —Izuku se lanza hacia Shinsou y lo arrastra al mismo tiempo que el puño impacta en el suelo, librándose ambos por apenas unos centímetros.

Tiende la mano a su antiguo compañero, que la acepta al instante y se levanta de un salto para acto seguido empujar a Izuku, que pierde el equilibrio y cae al suelo, arrastrando a Shinsou de nuevo tras él. A la espalda de Shinsou, el puño del nomu golpea de nuevo, pero gracias al empujón de Shinsou, este los ha sacado a ambos de su trayectoria.

—¿Esto es todo lo que sabes hacer? —grita Shinsou, desesperado. Izuku ni siquiera piensa en contestar, desconcertado por la pregunta, pero Shinsou sigue hablando con el nomu—. ¿Así piensas acabar con nosotros? ¿Golpeando el suelo hasta que tengas suerte?

—¡Sí! —ruge el nomu, asestando otro puñetazo que ambos esquivan por los pelos, rodando por el suelo en direcciones opuestas.

El nomu es ágil y rápido, y no los deja respirar. Izuku observa, horrorizado, cómo a pesar de los esfuerzos de Suneater por controlar la fuerza de sus inconmensurables brazos, el enorme puño del nomu se alza sobre él una vez más, listo para golpearle con todas sus fuerzas. Cierra los ojos, apretándolos con fuerza, y se cubre el rostro con el brazo derecho, en un movimiento involuntario y reflejo, pero el golpe no llega.

—Detente. —La voz de Shinsou suena estrangulada, en un jadeo angustiado. Izuku abre los ojos. El puño del nomu está a apenas unos centímetros de su rostro, inmóvil. Arrastrándose por el suelo, Izuku se aleja de él, sin atreverse a respirar hasta que ha salido de debajo.

—Gracias —murmura con un susurro estrangulado en dirección a Shinsou, que se sujeta una rodilla con una mano y tiene la otra alzada hacia el nomu en un gesto a medio camino entre ordenar detener y señalar, los ojos cerrados con fuerza y la frente perlada de sudor. La nuez de su garganta sube y baja una sola vez, pero no contesta.

.

Es demasiado fuerte.

Hitoshi no está seguro de que vaya a conseguir controlarlo.

Traga saliva, tensando los músculos de todo el cuerpo a causa del esfuerzo, y trata de no desfallecer, de no caer al suelo sobre las rodillas, de no rendirse.

Hay demasiadas voces gritando lamentos, demasiadas voluntades desafiando la sumisión a su Don, todas ellas sin fuerza y, al mismo tiempo, potentes. Rezuman odio y son tan desagradables que Hitoshi cierra los puños, asqueado por la sensación de suciedad que lo invade, y pelea por no soltar la conexión, por imponerse a todas las voces y voluntades que pugnan por el control.

Para Hitoshi, subyugar la voluntad del nomu es igual que intentar agarrar un manojo de cuerdas deshilachadas con una mano empapada en grasa, pero no desiste. Apenas ha llegado a tiempo de dar la orden de detenerse. No sabía a cuál de todas las voces que hablan en la mente del nomu dársela, así que la ha lanzado al aire. Cree que ha funcionado, porque no ha oído ningún golpe y Midoriya le ha dado las gracias, pero no se atreve a abrir los ojos y perder el escaso control que tiene.

Relajando los dedos de la mano, respira hondo, concentrándose en su Don.

Deshilachar los hilos figurados que representa cada una de las voluntades desfiguradas que tiene en su mente le parece peligroso, así que se centra en imaginarlas como una cuerda trenzada, una sola voluntad compuesta de múltiples voces. Una voluntad llena de rabia contenida que, sorprendentemente, no va dirigida contra los héroes sino contra los villanos. Voluntades que estaban dormidas y latentes en el fondo de la mente del nomu y que, al recuperar su voz en la mente de Hitoshi, expresan su horror por aquello en lo que se han convertido.

—Son diferentes personas —jadea por fin, atreviéndose a abrir los ojos cuando está razonablemente seguro de que no va a perder el control del nomu. Midoriya está frente a él, mirándolo con expresión preocupada, y le sujeta de un hombro con la mano buena. Suneater también se ha acercado y observa al nomu con un gesto impresionada en el rostro—. Dentro del nomu. No es… Lo han… Son personas, joder.

—¿Qué? —pregunta Midoriya, sorprendido, abriendo mucho los ojos.

—Hay… alguien… —intenta explicar Hitoshi, cerrando los ojos otra vez, durante unos segundos, para asegurarse de que lo que va a decir es verdad— cuyo Don era la regeneración. Alguien cuyo Don era la fuerza. Alguien sin Don, pero que tenía un Don que no le pertenecía, velocidad… —Hitoshi ni siquiera sabe cómo conoce todos esos datos. Nunca había controlado una mente así, tan caótica, tan provista de voluntades y, al mismo tiempo, tan desprovista de inteligencia.

—All for One… —comprende Midoriya—. Es… una especie de monstruo de Frankenstein, ¿no?

—Es una abominación —susurra Hitoshi, apretándose el esternón para contener las náuseas que se le agolpan en la boca del estómago. No lo consigue. Una convulsión y una arcada, y el amargo líquido quema su garganta, obligándolo a escupirlo en el suelo. Midoriya y Suneater colaboran para sostenerlo, sujetándolo cada uno de un codo, pero nota las piernas más fuertes y seguras. La mirada de Midoriya, franca y preocupada, busca sus ojos de nuevo—. Lo he conseguido. Lo he controlado. Me obedece.

—Sí. —Midoriya sonríe—. Y me has salvado. Gracias.

—Te he oído antes. No me voy a caer —añade, amagando deshacerse de la sujeción de los dos chicos.

—Lo siento. No sabía si… —dice Midoriya, dando un paso atrás para proporcionarle su propio espacio. Suneater, en cambio, no lo suelta.

—Tú también me has salvado —dice Hitoshi con un hilo de voz. La garganta le arde por el vómito y carraspea, tratando de quitarse la molesta sensación de quemazón. Midoriya sonríe de nuevo, esta vez con algo de vergüenza, y se encoge de hombros—. Además, no había conseguido que me contestara hasta ahora. Creo que alguien lo había aleccionado para que no lo hiciese, y que lo que le distrajo para hacerlo fue que éramos tres y tenía que dividir su atención.

—¿Qué vamos a hacer ahora? —pregunta Suneater, que todavía observa al nomu, impresionado, acercándose unos metros. Hitoshi está a punto de decirle que no lo toque, porque no está seguro de poder mantener el control incluso si es un golpe suave, pero el héroe no parece tener intención de hacerlo. Y, ahora que ya han pasado los primeros y angustiosos segundos, la firmeza con la que su Don ata la voluntad del nomu se ha incrementado, ya no se siente al borde de dejarlo caer en cualquier momento. Midoriya, también lo mira, inmóvil, hasta que Suneater se vuelve hacia él.

—Yo necesito llegar hasta Kats… Dynamight —dice Midoriya, señalando hacia donde el héroe está enfrentándose a All for One—. Si consigo acercarme sin que All for One me vea, quizá consiga una distracción que le permita…

—No queda otro remedio —suspira Suneater, mirando en la misma dirección que Midoriya—. Antes, Mirio ha conseguido cruzar, pero parece que sólo esté combatiendo Bakugou.

—No ha podido llegar —murmura Hitoshi, señalando el punto donde Lemillion aparece desde el suelo, tratando de atrapar a Kurogiri, que a su vez intenta llegar hasta Shigaraki para alejarlo de la línea de visión de Aizawa—. Y menos mal, porque si despliega su Don, estamos todos muertos.

—Kats… Dynamight está peleando solo —insiste Midoriya, mirando, no obstante, con angustia hacia Shigaraki, y mordiéndose el labio inferior con indecisión. En silencio, Suneater afirma levemente con la cabeza, apenas un movimiento de la capucha.

—Bien. Ve, Midoriya. El nomu no se va a mover si no se lo mando. —Midoriya asiente, lo mira con preocupación una vez más y sale corriendo sin más dilación, rodeando con agilidad al nomu para no tocarlo, demostrando así que se acuerda de cómo funciona su Don.

Suneater se queda a su lado, sosteniendo parte de su peso. Hitoshi nota el cuerpo agotado y drenado de energía, pero percibe que cada vez domina mejor el vínculo mental y ya no parece que se le vaya a escapar al mínimo roce. En última instancia, aunque el nomu sea una mezcla de varias personas, ya no son tal y sólo tiene una identidad. Confusa, pero una, al fin y al cabo.

—Quizá es mejor que no te pregunte acerca de lo que pienso hacer ahora —dice Hitoshi, que no está seguro de que el héroe vaya a aprobarlo, pero que no cree que puedan permitirse el lujo de no emplear todos los recursos posibles a su favor. No quiere, en ningún caso, que se repita lo ocurrido en Musutafu—. Te ordeno que atrapes a Shigaraki, nomu.

—Buena idea —dice Suneater, un tanto inexpresivo, e Hitoshi asiente, apretando los labios con decisión.

—Creo que, en realidad, lo está deseando —murmura Hitoshi, impresionado, al ver al nomu reaccionar a su orden levantando la cabeza con agilidad pasmosa, igual que un depredador olfatea su entorno, hasta ubicar la posición de Shigaraki y rugir—. Es como… si desease venganza. No… no está aquí voluntariamente, me parece. O su voluntad es artificial. No lo sé seguro, nunca había controlado una mente así. —«Aunque», piensa, «visto de esa forma, tampoco es que tenga mucha más experiencia en otras mentes».

—Tampoco tiene mayor importancia ahora —dice Suneater con voz átona, pragmático.

—Es mejor… Lo mejor es que no me aleje mucho de él. En la distancia, mi Don sigue funcionando, pero no puedo darle órdenes.

El profesor Aizawa le ha ayudado a trabajar con su Don durante las últimas semanas, gracias a unos autómatas con inteligencia artificial fabricados y cedidos por Detnerat con los que puede simular el uso de su Don, pero no es lo mismo que hacerlo con una persona. Lo supo en el mismo momento en el que trató de controlar la IA y, aunque esta obedecía puntualmente o conseguía controlar dos autómatas al mismo tiempo, no podía detectar ni encontrar un vínculo, ni tampoco emociones o sensaciones al otro lado del control. Además, un entrenamiento de unas pocas horas no es suficiente para contrarrestar la falta de uso de toda una vida y el Don de Hitoshi sigue siendo débil, comparado no ya con un héroe, sino con cualquier persona.

Sin decir nada, Suneater cambia su posición, sosteniendo a Hitoshi en brazos y, desplegando unas alas gallináceas de aspecto raquítico y horrible, a juego con las patas de pollo en las que se convierten sus piernas, se apresura a perseguir al nomu, que ya ha encarado a Shigaraki y corre tras él. Hitoshi se afianza, pasando los brazos alrededor del cuello de Suneater, mientras examina la situación desde la altura. El patio, que puede ver desde donde están, está casi vacío, aunque varias pequeñas multitudes se agolpan en las salidas. Resiste la tentación de buscar el característico pelo rubio de Kaminari, deseando que todos ellos hayan conseguido ponerse a salvo. Varios militares salen al encuentro del combate, armados hasta los dientes, y se topan con Uraraka y la villana, reducida con su Don. Desde el cielo, como ellos, Hawks y el profesor Aizawa siguen esforzándose por no perder de vista a Shigaraki, que se mueve, tratando de salir al encuentro de Kurogiri e intentando interponer un obstáculo entre la visión del héroe y él, sin éxito. El otro villano, desvaneciéndose en sus nieblas oscuras, esquiva los diferentes ataques de Lemillion, que trata de sorprenderlo y atraparlo atacando desde el suelo. Más allá de ellos, una fuerte muralla de hielo rodea el punto donde Shouto combate con otro villano y las fuertes explosiones de Dynamight retumban entre las paredes del complejo.

El nomu es veloz y ágil. Ahora que Hitoshi sabe que es cosa de uno de los múltiples Dones que la criatura alberga en su interior, no resulta tan extraño que una mole tan grande y tan fuerte se mueva a ese ritmo. Kurogiri se muestra indiferente a la llegada del nomu, probablemente porque lo considera un aliado, y desaparece en su niebla negra, enzarzándose en una persecución particular con Lemillion. Shigaraki, sorprendido por la hostilidad del nomu hacia él, en lugar de la esperable ayuda, apenas tiene la oportunidad de esquivarlo.

La primera vez lo consigue, más por suerte que por habilidad, con un chillido nada digno; la segunda cae de bruces al suelo tropezando consigo mismo.

No hay una tercera, el nomu se incorpora con el cuerpo de Shigaraki apretado en su enorme puño. Este se resiste, empujándole los enormes dedos con las manos para incitarle a abrirlos, dándole órdenes, chillando amenazas desesperadas, pero no surte efecto. El nomu, una vez cumplida la orden de atraparlo, se queda inmóvil, sosteniendo al villano entre sus manos con más eficacia que cualquier cepo o brida.

—Buen trabajo —dice el héroe, en voz lo suficientemente alta para que Hitoshi pueda escucharlo. Hitoshi asiente, satisfecho, pues la idea de utilizar al nomu no sólo ha sido eficaz, sino también rápida, y permitirá al profesor Aizawa ayudar a anular los Dones de Kurogiri y poder atraparlo también.

—Ha sido fácil —murmura para sí mismo, preguntándose si deberá lanzar al nomu contra Dabi o enviarlo detrás de Midoriya para ayudar a Dynamight. No está dispuesto a arriesgarse a que Kurogiri se lo lleve tan lejos que pierda el control sobre el nomu, aunque espera que el profesor Aizawa pueda ponerle remedio.

Suneater e Hitoshi aterrizan cerca de donde están ambos. Suneater deja a Hitoshi en el suelo, próximo al último lugar donde se ha desvanecido Lemillion, hundiéndose en el suelo, y se acerca más todavía, dispuesto a inmovilizarlos con unas enormes bridas que saca del interior de la capa de su traje de héroe.

La niebla negra de Kurogiri se extiende detrás de Shigaraki antes de que Hitoshi tenga la oportunidad de ordenar al nomu que facilite el arresto a Suneater. Suneater grita en cuanto lo ve, avisando al profesor Aizawa para que borre el Don de Kurogiri. Hitoshi levanta la vista hacia él, angustiado.

En ese instante, todo se desmorona.

Hawks, que ha llegado a la misma conclusión sobre la prioridad de anular el Don de Kurogiri ahora que Shigaraki está inmovilizado, se gira en el aire, con el profesor Aizawa sujeto por los brazos, hacia el último punto donde todavía permanece la niebla negra, disipándose, sin conseguir llegar a tiempo de anularlo. Hitoshi grita también, angustiado, pues han perdido el control en un momento, ha visto lo que esa nube negra puede hacer y si se lo lleva demasiado lejos y se rompe el vínculo antes de regresar, el nomu quizá tenga la suficiente inteligencia como para no contestar de nuevo otra de sus preguntas.

—¡Contenle los brazos! —aúlla en dirección al nomu al ver que este ha aflojado la presa sobre Shigaraki, que se impulsa con las manos en los enormes antebrazos, aupándose para escapar de la férrea sujeción, comprendiendo que el Borrado de Aizawa va a dejar de de hacer efecto en el villano y en cualquier momento puede tocar el suelo y borrar medio complejo de la faz de la tierra.

Uno de los hilos de la cuerda trenzada de voluntades que visualiza en su mente se rompe con un chasquido imaginario. Luego otro. Y un tercero. Hitoshi cierra los ojos, concentrándose lo más posible, tratando de mantener todas esas voluntades y voces, que ahora le transmiten angustia, miedo y horror, bajo control.

Una palabrota de Shigaraki, gritada con rabia y frustración, restalla en el aire.

Al abrir los ojos de nuevo, con chiribitas de colores flotando en su visión por lo fuerte que los ha cerrado, la nube negra de Kurogiri se retira: el profesor Aizawa vuelve a tener los ojos en dirección a los villanos, pero esta vez no mira a Shigaraki, sino que se concentra en el medio de transporte de estos. Kurogiri ladea la cabeza y tiembla, haciendo que su cuerpo vibre, e Hitoshi piensa que parece no comprender qué ocurre.

«Ha conseguido atraparlo y ya no puede desaparecer en su niebla», comprende Hitoshi antes de caer al suelo de rodillas, sujetándose la cabeza con las manos y gritando de angustia cuando el vínculo de control se deshilacha en varios puntos más. La velocidad a la que las voluntades de la mente del nomu se quiebran y desaparecen aumenta.

Cuando un hilo más desaparece de la mente de Hitoshi, desvaneciéndose en una nube de pavesas similares a las que vio en Musutafu junto a un pasadizo comercial que conectaba dos calles, entra en pánico y, con un grito desesperado y frustrado, corta el vínculo de control mental que le une al nomu antes de que la destrucción arrase el resto de las voluntades de este.

—Joder —susurra, angustiado, jadeando a causa de la presión que nota en el pecho. Suneater, con la tranquilidad y pragmatismo de su entrenamiento como héroe, se agacha a su lado, ayudándole a levantarse y sosteniéndolo por segunda vez. Se le ha caído la capucha hacia atrás, dejando ver sus orejas puntiagudas y un rostro triste y preocupado, pero con una chispa de interés en la mirada. Hitoshi trata de explicar qué ha ocurrido—. Es… empezó a deshacerse… desvanecerse… dentro de mi cabeza. Creí que iba a hacerme polvo el cerebro.

Suneater asiente, comprensivo, y señala al nomu, que ha soltado a Shigaraki y se mira las manos, desconcertado. Hitoshi pasea la mirada de las pavesas en las que los brazos de este se deshacen lentamente en un espectáculo dantesco digno de una película de horror, a Shigaraki, que intenta detener el efecto de su Don y salvar al nomu, sin éxito. Una corriente de empatía lo invade, aunque no sabe si Shigaraki lamenta la pérdida de este como compañero o como arma.

Hawks y el profesor Aizawa aterrizan junto a los villanos al mismo tiempo que el nomu termina de deshacerse, un proceso que, desde que Hitoshi ha abierto los ojos, ha transcurrido en tan sólo unos pocos segundos. Pronto no hay más rastro de él que unas pocas cenizas que se apelmazan en el suelo con la fuerza de la lluvia que los empapa a todos y de la cual Hitoshi se había olvidado durante la pelea, a pesar de que tiene el cabello y el rostro empapado. Suneater y Aizawa, que ha vuelto a utilizar su Don en Shigaraki, inmovilizan con movimientos profesionales al villano, quien aprieta la mandíbula con rabia.

—Profesor… —murmura Hitoshi para sí mismo al ver los ojos de este enrojecidos e hinchados, resecos por el vuelo y el esfuerzo de mantener los párpados abiertos.

En cuanto el Borrado deja de hacerle efecto, Kurogiri se acerca a ellos y extiende su manto negro, que roza a los tres. Hitoshi grita, tratando de advertirles, pero Aizawa ya está dirigiendo su mirada hacia el villano, obligando a la niebla negra que este utiliza a modo de portal a retroceder al mismo tiempo que Lemillion salta desde el suelo, justo al lado de este y lo inmoviliza, sujetándolo por el cuerpo ahora que puede verlo claramente. El profesor Aizawa vuelve su mirada hacia Shigaraki, que chirría los dientes a causa de la ira.

Parpadea.

El cabello erizado del profesor Aizawa se posa sobre sus hombros, indicando la inactividad de su Don. Hitoshi no está seguro de que haya sido consciente, pero Shigaraki, que está lo suficientemente cerca del héroe como para verlo, se revuelve y se empuja hacia adelante, embistiendo con todo el cuerpo al profesor Aizawa. Este se tambalea y, salvo Lemillion, que no se ha percatado de lo que está ocurriendo, concentrado en asegurar a Kurogiri, los demás se apresuran a estabilizar al héroe. Con un rugido de dolor que se introduce hasta lo más hondo de Hitoshi, Shigaraki tira con rabia de su mano derecha, desollándose la piel contra la firme atadura que le sujeta las muñecas.

—¡Cuidado! —grita Hitoshi, corriendo hacia adelante, sin pensar en las consecuencias, cuando los dedos de Shigaraki rozan la capucha de la capa de Suneater. Este está empujando con el hombro al villano, transformando sus manos en tentáculos con los que sujetarle de la muñeca y tirar de sus tobillos con fuerza, haciéndolo trastabillar hacia adelante y perder el equilibrio.

Shigaraki cae al suelo, de bruces, con Suneater aplastándole la espalda con una rodilla, al mismo tiempo que multiplica los tentáculos que crea en sus extremidades para inmovilizarlo por completo.

No es lo suficientemente veloz. Ninguno de ellos lo es. Antes de que Suneater pueda inmovilizarlo, o que cualquiera de ellos llegue a tiempo de empujar al héroe a un lado o siquiera que este, agotado como está, pueda alejarse, los dedos de Shigaraki se cierran alrededor del tobillo izquierdo del profesor Aizawa.

La sensación de irrealidad es tan grande que Hitoshi oye los sonidos igual que si estuviese sumergido en un tanque de agua. Horrorizado, se queda paralizado a medio camino entre Shigaraki y su antiguo profesor. Escucha a Lemillion gritar de horror y ve, más que oye, el jadeo y los ojos, abiertos por la sorpresa, de Aizawa.

Aunque una eficaz patada de Suneater es suficiente para hacer que Shigaraki suelte su presa, ya es demasiado tarde. Bastan unos pocos instantes para que el pie del profesor desaparezca en las mismas pavesas de color cenizo en las que se ha disuelto el nomu. A cámara lenta, sin saber qué hacer, Hitoshi ve el Decay de Shigaraki ascender por la pantorrilla a la vez que Suneater somete por completo al villano, aplastando y rompiéndole los dedos contra el cemento del suelo. Shigaraki se ríe con una carcajada desquiciada que, Hitoshi comprende, va a poblar sus pesadillas durante muchos años.

Hawks se aparta del profesor Aizawa, soltándole los hombros, mientras el Don del villano sigue subiendo velozmente por la pierna del héroe. Hitoshi tarda un par de segundos en identificar que la voz que grita en un lamento horrorizado es la de Lemillion y el Decay termina de engullir la pantorrilla de Aizawa que, en cambio, abre más los ojos, forzándose a no parpadear, y fija la vista en Kurogiri, cerciorándose de que no pueda desplegar, en medio del caos, su niebla de transporte pese a la inmovilización de Lemillion.

Un sonido cortante, aterrador, que le hace daño en los tímpanos, se le clava a Hitoshi en el fondo del cerebro y del alma, provocándole otro estremecimiento de horror. El grito de Lemillion se ve opacado, durante un segundo, por uno más corto y doloroso, que enseguida es ahogado por un gemido. De pie junto a ellos, con los ojos desorbitados tras las gafas protectoras y un rictus a medio camino entre el pavor y la determinación en el rostro, Hawks sostiene una de sus plumas, larga y afilada, en la mano. Está empapada de sangre y chorrea gruesas gotas de color rojo oscuro al suelo, donde la rodilla de Aizawa, que apenas ha emitido un quejido de dolor, sin parpadear ni apartar la vista de Kurogiri, termina de desvanecerse una vez separada del resto del cuerpo.


Etsuko: Muchísimas gracias por tu comentario. Me alegra un montón que estés leyéndolo y que te guste tanto. ¡Un abrazo enorme!