Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
¡Capítulo extra! ¡Capítulo extra! En realidad, originalmente toda esta parte formaba parte de lo que era el capítulo 33, así que estaba planificado que se publicase hoy igualmente. La extensa longitud y el haber reordenado los PoV (bueno, y escribir el primer PoV, el de Katsuki, de este capítulo, que originalmente no estaba en el manuscrito), así como haber reescrito tooooda la escena del último PoV de este capítulo (el de Dabi), que inicialmente trataba de otra cosa y ha perdido 700 palabras que probablemente acaben borradas pero que, por ahora, se han ido al siguiente capítulo, ha hecho que haya elegido duplicar el capítulo 33. Así que aquí tenéis, en lugar de un capítulo de 13k palabras, dos de 8000. Esto quiere decir que, de los 57 capítulos del fic (que inicialmente eran 56) pasamos a tener 58 en total.
¡Muchísimas gracias por leer y comentar!
Trigger Warning: Siguen peleando. Referencias con descripciones explícitas de heridas, quemaduras y sangre.
LA LIGA DE VILLANOS ATACA (PARTE IV)
Cuando la Liga de Villanos ha aparecido ante ellos, Katsuki no lo ha dudado ni un instante. Abalanzándose hacia adelante con un rugido de ira que ha resonado en casi todo el recinto, ha conseguido dispersar a los villanos, cuya unidad se ha disgregado en pequeños combates individuales ante su avasalladora presencia. Confiando plenamente en los héroes que ha visto llegar por el rabillo del ojo y en Izuku y Uraraka y como líder del ranking de héroes, ha decidido escoger la mayor presa entre todas las disponibles: All for One.
Tiene que reconocerlo, el villano no ha mostrado miedo ni preocupación al ver al héroe número uno abalanzarse sobre él con una metralla de explosiones. Su aspecto es horrible: la desfiguración del rostro, que aparentemente no le impide disfrutar plenamente de sus sentidos, se une a la respiración asistida que porta. Sin embargo, a pesar de un defecto tan notorio, Katsuki todavía no ha conseguido atacarle con la suficiente contundencia para noquearlo y acabar con todo de una vez. Además, es un oponente formidable. Combate sin apenas moverse del sitio, desplegando diferente Dones que obligan a Katsuki a moverse continuamente, defendiéndose en más ocasiones de las que ataca.
Hasta ahora, únicamente ha podido acercarse a él en una ocasión, y sólo porque el propio All for One se lo ha permitido, abriendo intencionadamente una brecha en su férrea defensa. Katsuki ha comprendido inmediatamente que era una trampa, pero ha decidido aprovecharla para mermar su defensa y calibrar la magnitud de sus ataques a corta distancia. Volando hacia el villano, ha conseguido golpearlo en el hombro. All for One ha conseguido volver el rostro, el verdadero objetivo de Katsuki, que pretendía arrebatarle la máscara que utiliza como apoyo para la respiración, y desviar la explosión, anulándola con un pequeño escudo al mismo tiempo que ha levantado la otra mano hacia la cara de Katsuki.
Este ha interpuesto una de sus granadas entre ambos, impulsándose con una explosión de la otra hacia atrás para alejarse, pero era demasiado tarde: la granada de su brazo izquierdo se ha deshecho en un chapoteo de agua que ha caído al suelo en un charco que se ha unido a la humedad de la lluvia, que cae con más fuerza ahora, enturbiando el ambiente y reduciendo la visibilidad.
—¿Asustado? —pregunta All for One. A pesar de que no tiene rostro con el que sonreír visiblemente, el tono en el que lo dice tiene un punto sarcástico que saca de quicio a Katsuki.
Lanza un par de explosiones desde su posición. La de la izquierda, que sólo dispone de su propio sudor, sin la acumulación que le otorga la granada de la derecha, es mucho menos potente y precisa, pero tampoco importa demasiado, pues un escudo de color azul transparente se levanta inmediatamente entre él y All for One, protegiéndolo del ataque. Decidido a arrinconarlo y vencerlo al precio que sea necesario, utiliza la mano izquierda para impulsarse y la derecha para atacar sin descanso, haciendo retroceder a All for One y así alejarlo del resto de combatientes, aislándolo de sus subordinados.
La lluvia cae incesantemente, mojando la ropa del traje de Katsuki y haciéndola más pesada. Se mezcla con el propio sudor de este, que empapa su torso y espalda. Se está moviendo tanto y tan rápido que su calor corporal consigue contrarrestar el ambiente fresco y húmedo. Gracias a ello, puede desplegar su Don con total libertad, lo cual es una suerte, pues All for One pronto se cansa de limitarse a interponer escudos entre ambos y pasa a la ofensiva.
Alrededor de Katsuki, una poderosa oleada de viento se arremolina, obligándolo a aterrizar en el suelo para no ser arrastrado por ella. Comprende que es un Don de All for One por la forma en la que este mueve las manos, así que corre en su dirección, pretendiendo otro ataque a corta distancia para interrumpir lo que sea que esté haciendo y recuperar su ventaja de pelear en el aire.
Su cabello se eriza en todas las direcciones y un escalofrío premonitorio le recorre la espina dorsal.
Identifica la sensación al instante. Ha entrenado suficientes veces con el chico rubio de su escuadrón, el del rayo eléctrico. La forma en la que el cuerpo de Katsuki responde siempre a los momentos previos a la descarga, quizá por la concentración de sales en las grandes cantidades de su sudor o porque la nitroglicerina que contiene se combina bien como transmisor de la electricidad, siempre ha sido capaz de predecir los rayos del chaval e impedir que le impacten en los múltiples duelos que han mantenido en el anterior complejo. La sensación ahora es similar, pero más potente, tanto que su cuerpo actúa por sí mismo, en un acto reflejo.
—¡Joder! —masculla, arrojándose a un lado al mismo tiempo que un brutal rayo de electricidad surge de entre las nubes que el viento de All for One ha convocado e impacta contra el suelo, sacudiendo a Katsuki y los edificios más cercanos con una vibración retumbante similar a un terremoto.
Rueda por el suelo, poniéndose en pie con la misma inercia con la que se ha tirado y adoptando una posición defensiva, dispuesto a evitar el siguiente rayo, pero All for One ahora ataca con una sucesión de balas de color púrpura que esquiva con facilidad. Al impactar, las balas horadan el suelo y las paredes, levantando una nube de polvo y cascotes, pero Katsuki sonríe de oreja a oreja, despejando los escombros con una explosión certera al recordar la ventaja que dieron a su oponente en otro combate. De nuevo, ha entrenado suficientes veces contra las balas de aire de Izuku como para que su reacción no sea instintiva a la hora de evitar los disparos sin pensar.
—¿Eso es todo lo que tienes? —All for One sonríe, si es que hay forma de hacerlo con ese rostro, y un par de brazos metálicos, flexibles y con forma de serpientes marinas, surgen de su espalda y atacan simultáneamente a Katsuki, que salta en el aire, impulsado por una de sus explosiones, pisando una de ellas y destrozando la otra con un estallido descontrolado de su granada derecha. No es exactamente como evitar las pegajosas cintas del chico celofán, pero si tiene un punto débil similar, así que se ríe despectivamente—. ¡Vas a tener que esforzarte más! ¡Te enfrentas al héroe número uno!
Se ríe de nuevo, con una carcajada enloquecida, porque está empezando a disfrutar de la adrenalina del combate y de la ligera ventaja que ha descubierto frente a All for One. El entrenamiento con sus reclutas, que inicialmente había visto como una pérdida de tiempo, ahora comprende que no sólo ha mejorado las capacidades de su escuadrón y la potencia de sus Dones. También, como ya hizo All Might, Best Jeanist o el propio Endeavour en el pasado, moldeando el Don de Katsuki y su forma de pelear para permitirle adaptarse a villanos poderosos, han curtido y permitido que adquiera nuevas formas de pelear y contrarrestar a sus enemigos.
Eso le hace sentir orgullo. Orgullo por cada uno de sus reclutas que, incluso aquellos que no fueron capaces de vencerlo en un absurdo y prepotente juego de pelea, han conseguido trabajar sus habilidades a niveles similares a los que puede utilizar un villano de la talla de All for One. La manipulación de la gravedad de Uraraka, el rayo de Kaminari, la habilidad de fijarse en los detalles de Hatsume, las balas de aire de Izuku… Todos ellos se han esforzado tanto, que el propio Katsuki ha tenido que trabajar también para mantenerse delante de ellos. Han hecho de él un héroe mejor por razones que no tienen nada que ver con su Don.
«Porque ser un héroe es mucho más que tener Dones», piensa Katsuki con satisfacción, al mismo tiempo que All for One retrocede un par de pasos y recoge la serpiente marina que Katsuki no ha destrozado. «Es cauteloso, sus Dones no le dan tanta ventaja como podría parecer. Joder, parezco el nerd analizándolo».
—De acuerdo, entonces —dice All for One, todavía con la espeluznante sonrisa en su forma de hablar, melosa y cautivadora—. Hay muchos Dones en mi interior esperando su oportunidad de brillar con éxito y demostrar que pudieron llegar a ser el número uno también.
—¡Eres idiota si piensas que eso te hará vencer! —se burla Katsuki, moviéndose con agilidad alrededor de él y utilizando varias explosiones para volver a elevarse en el aire—. Estoy más que acostumbrado a lidiar con gente como tú. No estás al nivel de Phantom Thief y eso que él tenía que adaptarse a los Dones sobre la marcha.
—Phantom Thief… —All for One inspira aire, pensativo. Katsuki ataca, creyendo entrever un momento de debilidad, pero los escudos de color azul transparente vuelven a levantarse para interceptar sus explosiones—. No, ni siquiera pudo contra mis chicos, aunque le reconozco su habilidad.
El rostro de Katsuki muda de la burla a la cólera en un segundo. Nunca se ha llevado bien con Monoma, lo considera petulante, insoportable y creído. Más o menos, los mismos apelativos que el otro héroe utilizaba contra él en las innumerables invectivas verbales que se han dirigido mutuamente, más sarcásticas y burlonas las de Monoma y más agresivas y zafias las de Katsuki. Sin embargo, siempre lo ha apreciado como héroe y ha admirado el uso denodado de su Don y la forma en la que lo despliega. O desplegaba, a juzgar por las palabras de All for One.
—La ira es mala consejera, héroe —dice All for One. Katsuki reacciona por instinto, esquivando lo que cree que van a ser balas láser de nuevo, pero en esta ocasión es el traje del villano, empapado de lluvia y barro durante la pelea, el que se deshilacha y acude a la punta de sus dedos, lanzando finos, pero fuertes, hilos en dirección a Katsuki.
—¡No! —ruge este. Su mente se nubla por el cabreo y el dolor y, durante unos instantes, todo lo que ve se filtra a través del color rojo que inunda su cabeza entera. No ha dejado de gritar, pero se precipita hacia All for One, atacándolo. Este trata de inmovilizarlo con las cuerdas de Best Jeanist, pero el ataque de Katsuki es tan feroz y arrollador, que consigue romper las fuertes y delgadas fibras de tela y llegar hasta él antes de que nuevos hilos lo atrapen.
La piel de All for One se transforma en una especie de placas duras, pero lo hace demasiado lentamente, tanto que no consigue evitar que una de las explosiones consiga acertarle en el hombro derecho y otra en el brazo izquierdo, destrozándole la ropa que los recubre y dejando dos enormes quemaduras que enrojecen al instante, generando ampollas que burbujean.
Un fuerte estallido cuyo epicentro es All for One lo expulsa hacia atrás, haciéndolo rodar sobre el pavimento. Katsuki se levanta una vez más, jadeando, antes de que el villano tenga tiempo de reaccionar. Ya no está cubierto de las placas defensivas con las que ha intentado eludir el ataque explosivo de Katsuki, y las ampollas se están reduciendo a un ritmo rápido, sanando la piel de All for One, pero ahora ya sabe un dato fundamental.
«Sólo un Don por vez», piensa Katsuki, apretando los dientes y cargando de nuevo en un ataque antes de que el villano termine de curarse. Como ha previsto, este renuncia a hacerlo, utilizando de nuevo el Don de Best Jeanist, atrapando esta vez a Katsuki en sus hilos, tantos que apenas queda ropa encima de All for One, y suspendiéndolo en el aire frente a él.
—Suplicó —dice, en el tono cautivador que utiliza cada vez que habla.
—¡Mentiroso! —ruge Katsuki, que está cargando la granada que le queda al mismo tiempo que se sujeta a las fibras textiles con ambas manos, aferrándolas con fuerza y moviéndolas sobre ellas—. Lo asesinaste, pero nunca te suplicaría. ¡Y menos a ti!
—¿Ves? La ira te invade al hablar de él y pierdes el control. ¿Fue tu referente? ¿Tu ídolo? Ah… tu mentor… —«Sólo un Don físico a la vez», corrige mentalmente Katsuki, porque All for One sigue manteniéndolo suspendido en el aire con las fibras de tela, pero parece capaz de seguir utilizando su voz melosa y algo parecido a un Don de telepatía—. No, no hablaba de él. Murió dignamente. Intentó atraparnos a todos, pero mi nomu es muy fuerte. No tuvo la más mínima oportunidad de vencernos en cuanto Tomura llegó. Ninguno de sus hilos puede resistir el Decay, mucho menos ahora que se ha vuelto tan poderoso. Peleó hasta el final, héroe, si eso tranquiliza a tu corazón.
»La que suplicó fue la que me dio este Don tan ventajoso, uno que sabia que iba a necesitar si me enfrentaba a ti o al hijo de Endeavour. Gracias a ella, puedo permitir que tus explosiones me quemen tanto como a ti, con la diferencia de que yo no necesito acudir a nadie para utilizar el Don en mis heridas.
—¡Bastardo! ¡Pagarás por lo que les hiciste! —Con otro rugido, Katsuki desencadena una serie de explosiones localizadas que reptan desde sus manos por las fibras textiles, empapadas en la nitroglicerina de su sudor mientras All for One hablaba, consumiéndolas con una llama fugaz que obliga al villano a deshacerse de las cuerdas de tela—. ¡No sólo me enseñó a controlar la ira, también se aseguró de que supiese cómo contrarrestar su Don! ¡Tú necesitarías décadas de arrepentimiento para tener la mínima dignidad de poder hablar de él o de cualquiera de tus víctimas, inútil!
Lanza varias explosiones más hacia All for One, recuperando la iniciativa. Le escuecen las palmas de las manos, despellejadas por los hilos de tela del villano y luego quemadas por las explosiones, pero ignora el dolor como lo hace con el que le tortura las articulaciones de las manos, codos y hombros. Ser consciente de lo útil que sería en este momento disponer de un traje como aquel en el que Izuku trabajaba para suavizar los impactos de sus explosiones, le hace caer en la cuenta de lo útiles que están siendo los audífonos que este diseñó y que ahora mismo lleva en los oídos: ni el brutal rayo, ni sus propias explosiones, ni la detonación de All for One le han afectado o ensordecido en lo más mínimo, protegiéndole del incapacitante dolor que le habrían producido, al mismo tiempo que le han permitido escuchar con claridad no sólo a All for One, sino los gritos lejanos y el crujido del hielo de Shouto, anunciando su llegada a algún punto de la batalla, lo cual lo tranquiliza.
All for One vuelve a lanzar los dos brazos metálicos con forma de serpiente marina y, esta vez, A Katsuki no le funciona el truco de saltar sobre ellas, porque el villano se adelanta al movimiento y una de ellas consigue golpearle en el rostro, partiéndole una ceja y derribándolo hacia atrás. Katsuki tiene el ánimo necesario, recordando la dificultad de All for One para utilizar varios Dones al mismo tiempo, de disparar la granada cargada, casi a ciegas, contra el villano. Se levanta del suelo de inmediato, generando otra explosión con la que destrozar la serpiente marina que lo ataca, y comprueba que, aunque no ha acertado de pleno, el ataque contra All for One ha sido lo suficientemente potente como para alcanzarlo.
«Está cansado. No está acostumbrado a pelear, lleva demasiado tiempo haciéndolo a través de otras personas o inactivo en una celda», piensa, esbozando una mueca fiera en el rostro antes de agazaparse y saltar de nuevo al aire, estrellando otro par de explosiones contra los escudos de All for One. Este contrataca con un Don cortante que le hace una herida superficial en la cadera y Katsuki consigue encajar un disparo certero de su ataque focalizado en el hombro del villano.
—Esa decisión tuya… Esa forma de encauzar tu explosividad, incluso en el carácter… Recuerdo… Sí, recuerdo por qué quise invitarte a formar parte de…
—¡Cállate! —brama Katsuki, atacando de nuevo. All for One retrocede un paso cuando las explosiones impactan en sus escudos con fuerza.
—No te paras a pensar. Es un defecto incluso peor que la ira, héroe. Porque… si acabas conmigo, ¿cómo sabrás quién es tu verdadero enemigo? —Katsuki se interrumpe durante un segundo, desconcertado, pero luego sacude la cabeza para deshacerse del empalagoso tono de voz del villano, y reanuda sus ataques—. ¿Cómo sabrás quién me liberó? ¿Quién quería y por qué que yo tuviese una nueva oportunidad?
—¿Acabar contigo? —se burla Katsuki, enjugándose el sudor de la frente con la mano izquierda, que chisporrotea en diminutas explosiones—. No tendrás esa suerte, bastardo. Yo no soy un criminal, como tú. Ahora cállate. —Se eleva en el aire, concentrando toda la potencia posible en la siguiente explosión—. ¡Muere!
Dispuesto a sacar toda la ventaja posible del agotamiento y falta de entrenamiento de All for One, asumiendo que es muy posible que no puedan llegar refuerzos en su ayuda, Katsuki se emplea a fondo, rugiendo para liberar la adrenalina mientras prepara su siguiente ataque.
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Es consciente de que la rápida reacción del héroe que presume ser el más veloz de todos ha salvado la vida del profesor Aizawa, pero el sonido y la visión de la afilada hoja segando la carne del héroe con tanta sencillez lo va a acompañar el resto de su vida. En sus pesadillas, probablemente. Mareado, Hitoshi se vuelve, conteniendo una arcada. No vomita, porque no le queda nada más en el estómago, pero vuelve a sentir náuseas al ver la sangre, roja y oscura, deslizarse lentamente por el suelo y alcanzar sus zapatos.
—Ayúdame, chico —le ordena Hawks, aparentemente indiferente a su estado, en tono perentorio.
Agradecido porque el héroe profesional le dé algo que hacer, algo en lo que concentrarse y sentirse útil, Hitoshi obedece con movimientos torpes y un poco desmadejados. Hawks ha sacado una de las bridas que los héroes utilizan para inmovilizar a los villanos, y la emplea para improvisar un torniquete en el corte limpio de la pierna de Aizawa con la ayuda de Hitoshi, apretando lo más posible. Suneater le tiende su capa, blanca y enorme, junto con otra brida. Hitoshi la enrolla alrededor del muñón y la fija con la otra brida, esperando que el vendaje ayude más que perjudique. Aizawa, que sigue utilizando su Don en Kurogiri a pesar de todo, aprieta los dientes durante el proceso.
Cuando han terminado, Hitoshi ayuda a su antiguo profesor a ponerse en pie sobre la pierna sana, ofreciéndole su hombro a modo de muleta para que se apoye y ayudarlo a caminar.
—Me mareo —susurra Aizawa con voz débil, y los párpados le tiemblan.
—Es la pérdida de sangre, Eraserhead —responde Hawks con voz suave y serena, ayudando a sostenerlo del otro lado—. Aguanta un poco, te llevaremos a que te atiendan. Recovery Girl ha venido al funeral, no debe andar lejos. Estoy seguro de que podemos localizarla rápido. —Hitoshi, en cambio, piensa en el brazo izquierdo de Midoriya y en cómo ni siquiera el Don de la anciana heroína consiguió salvarlo, a pesar de que sí estaba ahí, al contrario que la pierna del profesor.
—Dudo que Recovery Girl sea capaz de arreglar esto —dice Aizawa, verbalizando los pensamientos de Hitoshi. Su voz ha sonado débil y, a través de las gafas que utiliza, los ojos de Aizawa se entornan, con sueño. Tiene la frente sudorosa y los labios resecos y cabecea, descargando casi todo su peso sobre Hitoshi y Hawks.
—No te duermas, Eraserhead —dice Lemillion, que ha perdido también su sonrisa optimista. Él y Suneater siguen centrados en inmovilizar a Kurogiri y Shigaraki, pero al contrario que este último, cuyo Don no se activa en tanto y cuanto no pueda utilizar las manos, ninguno está seguro acerca de Kurogiri.
—Creo… Puedo hacerme cargo de él yo, para que el Aizawa-sensei pueda descansar —dice Hitoshi, con más seguridad de la que siente en realidad. Se encara con Kurogiri, que se ha quedado completamente inmóvil, de una manera poco natural, nada propia de un villano acorralado. «Ni siquiera de una persona, que al menos se movería o retorcería, como está haciendo Shigaraki», piensa Hitoshi, mientras una sospecha sobre la naturaleza de Kurogiri se adueña de él. Sin miramientos, hace la pregunta a bocajarro, volcando en ella su rabia, miedo y horror por la pierna de Aizawa—: ¿Y tú qué coño eres?
—El más fiel sirviente de All for one —responde Kurogiri con voz metálica.
No sabe qué respuesta esperaba o si Kurogiri es consciente de su verdadera naturaleza, porque es, desde luego, más inteligente que el otro, que apenas podía hablar, mucho menos conversar. Hitoshi aprovecha la oportunidad y se apodera de la voluntad del villano, esta vez con más seguridad al lidiar con las diferentes personalidades y Dones del interior de su mente, gracias a que esperaba algo así tras ver el comportamiento de Kurogiri en los últimos segundos. La mente de este tiene un caos mucho menor en su interior. Es una entidad mucho más asimilada, sin tanta competitividad entre las voces, aunque sí tanto dolor. Es más perfecto, más simple e inteligente que el otro nomu. Tiene emociones menos primarias, más concretas y su voluntad es más consistente, está más unida.
—Es un nomu también —dice Hitoshi a los demás, que arquean las cejas por la sorpresa, asqueado por el horror de las voluntades mezcladas, el experimento, la aberración que es la criatura en sí misma. Quizá por estar más perfeccionado que el otro nomu, que parecía más una bestia que una persona, Hitoshi acusa más la naturaleza de este y la pesadumbre que le produce el sufrimiento de todas las voces que contiene—. Una mezcla de gente. Un monstruo de Frankenstein. —Los rostros de los cuatro héroes oscilan entre el desagrado y la tristeza.
—No lo sueltes —asiente el profesor Aizawa con voz aséptica. Tiene los ojos enrojecidos y secos tras las gafas, pero no parpadea mientras cambia el objetivo del Borrado a Shigaraki de nuevo.
—Descansa, Eraserhead —dice Suneater, que tiene a Shigaraki bien inmovilizado con sus tentáculos, levantándolo en vilo en el aire—. Reserva tus fuerzas. —Aizawa asiente y deja caer la barbilla sobre el pecho con un leve suspiro casi inaudible.
—No te duermas —dice Hawks, moviéndose para acomodarlo mejor y así despertarlo.
—Hay que ayudar… A Bakugou y… Todoroki… —susurra Aizawa, no obstante. Hitoshi mira, pero más allá del efecto de los Dones de ambos que revela que siguen combatiendo, no sabe qué está ocurriendo.
—No —dice Suneater, frunciendo el ceño—. Primero hay que buscar ayuda médica y poner a estos dos a buen recaudo. Cuanto antes lo hagamos, antes podremos regresar como refuerzos. —Hitoshi está asintiendo, ansioso, pero Lemillion interrumpe la conversación, señalando detrás de ellos.
—¿Quién ha traído a esos? —Está señalando a la línea de cámaras y periodistas que llegan, como una pequeña multitud, y los graban a lo lejos. Hitoshi no es consciente de cuándo han llegado, pero se interponen entre ellos y el complejo, van a tener que pasar a través de ellos para poder poner a salvo a Aizawa.
—Ayudaré a desalojarlos —dice Lemillion, pero Hawks lo detiene—. Aquí pueden correr peligro. Si no sabemos lo que ocurre con…
—No —insiste Hawks—. Es mejor no enemistarse con la prensa ahora. Además, es posible que a Japón le venga bien saber a ciencia cierta que la Liga de Villanos ha sido detenida y que los héroes seguimos estando aquí aunque no nos vean en sus calles. —Hawks sostiene la mirada de Suneater, que se encoge de hombros, aunque no parece muy convencido.
—Espero que sepas lo que estás haciendo —dice Aizawa, igual de escéptico.
—Yo también lo espero —suspira Hawks—. Pero mejor ese relato, que la gente pueda agarrarse a nosotros, que no una desbandada en pánico de radicales que apoyen a los villanos. —Por la forma de hablar del héroe, Hitoshi, que ha apretado los labios al escucharlo, comprende que no está muy alejado de la realidad que él mismo ha vivido en las semanas anteriores a incorporarse al complejo—. Suneater, encárgate de que mantener quieto a Shigaraki. El chico y yo llevaremos a Eraserhead. Lemillion, ábrenos paso. Que nadie dé ningún tipo de declaración.
Los siguientes momentos quedarán borrosos en la memoria de Hitoshi. Los flashes de las cámaras y las preguntas insistentes de los reporteros, que Lemillion trata de aplacar con evasivas y avisos de que nadie declarará, los escoltan durante varios metros hasta que llegan al mismo patio donde han celebrado el acto de memoria, que ahora está sensiblemente más vacío.
La pierna con la que Aizawa se apoya en el suelo flaquea, y Hawks e Hitoshi se detienen, dándole tiempo a recuperarse. Hitoshi mira a su alrededor, buscando no sabe bien qué. Lemillion se ha quedado atrás, lidiando con las cámaras y los reporteros después de facilitarles el paso. En el patio hay un puñado de gente a unos pocos de metros de distancia. Hitoshi reconoce a Hatsume, que guía a un puñado de personas fuera del patio, en dirección a los pabellones dormitorio, y frunce el ceño, porque Kaminari y Sero deberían estar cerca también. No tarda en divisar el cabello rubio del primero en el grupo de personas que se apiñan en el centro del patio y al que apenas había prestado atención en un principio.
No puede aseverarlo, pero parece serio y disgustado mientras gesticula frente a un hombre altísimo y de nariz prominente. A su lado, Sero niega con la cabeza, respaldando a su amigo. Una mujer alta y de cabello oscuro, se une a la discusión. A Hitoshi le suena su rostro, así que asume que debe ser una heroína. La discusión no parece llegar a buen término, porque el hombre alto y corpulento gesticula más bruscamente. Hitoshi juraría, incluso, al verlo secarse el sudor de la frente, que su presencia es más grande que hace un momento. O quizá es que Kaminari, que da un paso a un lado, rindiéndose, parece más pequeño a su lado ahora.
—¿Qué ocurre? ¿Por qué os habéis parado? —Lemillion ha llegado a su lado, después de deshacerse de los reporteros.
—Yotsubashi —dice Hawks. Hitoshi lo mira, extrañado, pero el héroe no da más explicaciones. No es el único que no ha comprendido a qué se refiere, a juzgar por las expresiones de Suneater y Lemillion, pero al menos ellos dos sí parecen saber a quién se refiere.
—Creati está ahí. Ella sabrá dónde está Recovery Girl —dice Lemillion, adelantándose de nuevo, y acercándose a la heroína de cabello oscuro. Ella y el hombre alto, más incluso que ella, están caminando en la dirección en la que están, escoltados por algunos hombres y mujeres que llevan el característico uniforme de Detnerat que Hitoshi vio en el hospital de campaña. Kaminari y Sero se han quedado atrás, guiando, como Hatsume, a algunas personas fuera del patio.
«Detnerat…», piensa Hitoshi, cayendo en la cuenta de quién es el hombre alto: Yotsubashi, CEO de la famosa empresa de dispositivos de soporte para héroes.
Creati se ha detenido cuando Lemillion la ha interceptado. Yotsubashi hace un gesto condescendiente, sobrepasándolos en dirección al lugar donde se está desarrollando la batalla. Ni siquiera los saluda, aunque Hitoshi no está muy seguro de que los haya visto, pues ha pasado a varios metros de distancia y no ha mirado en su dirección. Paradójicamente, visto más de cerca, no parece tan alto como antes.
—¡Eraserhead! —Creati se acerca corriendo hacia él. Lemillion utiliza su Don para hundirse en el suelo y salir más adelante, disparado hacia arriba, y alcanzar a Sero, que se vuelve hacia ellos y, tras escuchar al héroe, echa a correr en su dirección—. Tenemos que llevarle con Recovery Girl. ¿Puedes fabricar cinta? —pregunta a Sero, que ya ha llegado, jadeando, hasta donde están. Sin perder tiempo, este empieza a hacerlo, mientras Creati extrae dos largas varas de madera de su pecho.
—¿Qué quería Yotsubashi? —pregunta Hawks, que ha dejado a Hitoshi sujetando a solas al profesor Aizawa para ayudarles a asegurar la cinta alrededor de las dos varas de madera, improvisando una camilla.
—Por lo visto, hacer declaraciones frente a los reporteros —dice Creati, concentrada en lo que están haciendo. Hawks la mira, frunciendo el ceño—. Los chicos de Dynamight nos estaban ayudando a evacuar el patio y, cuando la prensa salió corriendo en dirección a la batalla, les pedimos que impidiesen el acceso a la entrada, para evitar que más civiles se expusiesen al riesgo.
—Por eso Kaminari estaba discutiendo con él —murmura Hitoshi, comprendiendo.
La improvisada camilla está lista e Hitoshi no tiene tiempo de pensar en nada más que en ayudar al profesor Aizawa a tenderse en ella. Sero y Creati se encargan de transportarla entre ambos. Hawks, Lemillion y Suneater caminan tras ellos, arrastrando a los dos prisioneros consigo. Hitoshi los observa, ensimismado y agotado. Se vuelve por un segundo hacia atrás, en la dirección donde la batalla todavía continúa, pero el vínculo de control mental que todavía mantiene en Kurogiri es más importante, así que se apresura a seguirlos.
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Dabi sonríe y baila, exhalando llamaradas azules que crecen, rodean y sofocan las anaranjadas de Endeavour.
Este ha dejado de atacar y, por lo que puede ver, su defensa apenas tiene potencia alguna. Lenguas de fuego azul lamen la piel de Endeavour que, incluso a pesar de su natural resistencia al fuego, entrenada durante décadas, se enrojece y burbujea en ampollas por el exceso de calor, quemándose.
—Ya te lo he dicho, padre. Hemos vencido. Da igual lo que pase hoy, ¿lo comprendes? Cuando la gente vea quién eres realmente, qué eres realmente y lo que hiciste…
—Touya… —Oye el susurro suplicante de Endeavour entre el crepitar de las llamas. Y comprende que su venganza es más completa de lo que jamás se atrevió a soñar.
Ha pensado en múltiples ocasiones en este momento. En la expresión de su padre cuando le revelase su verdadero nombre. Se han enfrentado más veces en el pasado, pero nunca de forma directa, sin acercarse para no correr el riesgo de que lo reconociese antes de tiempo. Algunas veces, ha fantaseado con que su padre formaría una sonrisa de orgullo al ver sus llamas, por mucho que sepa que eso no iba a ocurrir. La última vez que soñó con eso, era aún un adolescente imberbe. Si es que la expresión tiene sentido en alguien como él. La mayoría de ocasiones, se ha deleitado mentalmente en la cara de confusión y sorpresa de Endeavour, tratando de digerir la información, muy similar a la que ve ahora delante de sí, aunque ahora, además del desconcierto, en los ojos de Endeavour hay arrepentimiento y tristeza también.
—Nadie creerá en una sociedad de héroes después de esto. Nadie creerá en ti jamás. —Desde donde están, no puede ver si hay prensa grabando y retransmitiendo, pero espera que sí. Una de las razones de no materializarse dentro del patio directamente era no correr el riesgo de perjudicarse a sí mismos, pero otra, igual de potente, la de no asesinar a quienes pudieran mandar un mensaje de la Liga de Villanos al mundo. Y desea, sinceramente, que estén tomando nota ahora mismo, que vean las similitudes, que averigüen quién es Endeavour… y quien es Dabi. Los ojos de Endeavour, que balbucea alguna incoherencia, reflejan ahora dolor y responsabilidad. Dabi esboza una mueca de desdén—. Siempre más preocupado por tu imagen de héroe que por cualquier persona, incluso de la familia.
—Eso no… Yo no sabía —dice Endeavour. Las llamas anaranjadas son casi inexistentes. Dabi suspira, frustrado, comprendiendo que el héroe va a ser incapaz de seguir peleando con la misma decisión con la que ha entrado al combate ahora que sabe la verdad—. Creímos que estabas… Hemos honrado tu memoria todo este tiempo. Tu madre…
—Cállate —masculla Dabi, interrumpiéndolo. No piensa dejarse conmover. No ahora, que ha llegado tan lejos—. Tú asesinaste a tu hijo.
—Para. —Las llamas de Endeavour crecen un poco, imitando el ánimo del héroe, que ahora le tiende la mano. Dabi llama al Don de All for One, el que le enfría la piel, para subir la temperatura de las llamas azules y ahogar las anaranjadas de nuevo. Después, lo rodea con el fuego, sin piedad, satisfecho al ver la piel de su padre quemarse.
—Ni siquiera voy a tener que esforzarme para cremar tu cadáver —presume Dabi.
—No tiene por qué ser así, Touya —suplica Endeavour con la voz teñida por el dolor de las quemaduras. Las piernas le tiemblan, y está a punto de caer al suelo, de rodillas.
—Demasiado tarde. Fuiste tú quien… —Dabi se interrumpe. Un crujido anticipa la llegada de un muro de hielo que rodea a Endeavour y sofoca las llamas de ambos durante un momento, antes de sublimarse en una espesa nube de vapor.
Enfurecido, Dabi lanza llamas en la dirección donde ha visto a Endeavour por última vez, carbonizando el suelo de cemento, que se derrite y cristaliza bajo sus pies, pero cuando la nube de vapor se disipa, no hay ni rastro del antiguo héroe número uno. Frente a él, serio, con los labios apretados y los ojos tan abiertos que, por el efecto visual que causa su cicatriz, sus pupilas parecen tender a juntarse, se alza su hermano pequeño.
Su reemplazo. El hito genético de Endeavour. La quimera. El héroe perfecto.
Dabi suelta una palabrota, frustrado. Endeavour ya estaba en sus manos, el fuego recorría el cuerpo de su padre, su venganza estaba a punto de completarse. Ha faltado muy poco, pero ahora Endeavour no está a la vista y Shouto se interpone entre él y el resto de sus compañeros.
—Qué bonito es el cariño a un padre… Shouto —dice, en tono de burla. Ha visto a su hermano pequeño en la televisión. No sólo ahora, tras salir de la cárcel, también antes, cuando este apenas era un estudiante de la academia y ya aparecía en la pantalla, joven promesa símbolo de ese héroe perfecto que Endeavour buscaba al engendrar a sus hijos con una mujer con un Don de hielo. Fue quien estuvo a punto de reconocerlo, cuando secuestraron al héroe arisco y malencarado que desplazó a Endeavour en el ranking, y por el que decidió no acercarse demasiado a Endeavour antes de poder consumar su venganza. Una venganza que todavía es posible, pues apenas han transcurrido unos segundos desde la llegada de Shouto hasta ahora—. No puedes habértelo llevado demasiado lejos. Sólo tengo que acabar contigo y, luego, dudo que él esté en condiciones de presentar batalla contra su hijo, después de perder su sueño más ansiado. Y… qué mejor venganza que matar a su mejor obra, al hijo que acumulaba todas sus expectativas y esperanzas… y por el que renunció a todos los demás, como si fuéramos escoria.
Shouto no contesta. Se limita a atacarlo con hielo y fuego, tratando de pillarlo desprevenido. Dabi lo esquiva con facilidad y no tarda en percibir la diferencia entre su hermano y su padre. No sólo tienen estilos de lucha diferentes, ni siquiera utilizan el Don del fuego de la misma forma. Su padre apenas ha evolucionado, sigue siendo potencia en estado casi puro, de un modo similar al de propio Dabi, cuyo entrenamiento durante la infancia consistía, sobre todo, en aumentar la temperatura de su fuego y aumentar su tolerancia a él. Es un poder tan grande que a Endeavour lo elevó a los primeros puestos del ranking y a Dabi lo convirtió en uno de los villanos más poderosos tras Shigaraki y el propio All for One.
En los recuerdos que Dabi tiene de su hermano, la mayor parte de ellos de hace una década, siempre pensaba que la diferencia entre Endeavour y Shouto era meramente física: uno más corpulento, el otro espigado y flexible como un tallo al viento, pero ahora descubre que Shouto combina la habilidad con la potencia y utiliza su Don de una manera más controlada y sutil. Si bien parece seguir conservando su preferencia y mayor dominio sobre el hielo, hay una forma en lo usa simultáneamente con el fuego que obliga a Dabi a rodearse de sus propias llamas e incrementar la potencia del Don impostado de su interior para no arder él antes de que el combate termine.
Como Fuyumi, Touya siempre ha tenido el físico de su madre. Combinado con el Don de su padre, aquello había sido un desastre de grandes proporciones. Natsuo, en cambio, parecía el otro lado de la moneda, un físico impresionante similar al de su padre, pero sin el talento que este buscaba. No tenía un Don lo bastante fuerte, ni había heredado el rasgo principal de su padre más allá de la corpulencia.
Sin embargo, Shouto combina la altura de Endeavour y su anchura de hombros con la esbeltez y forma ágil de su madre, el pelo de uno y de la otra, los Dones de ambos.
Una mezcla perfecta.
La quimera con la que soñó Endeavour.
Y, por primera vez, Dabi ve las ventajas a la posibilidad de que Endeavour todavía esté vivo. Incluso, quizá, si consigue llegar a él, pueda decirle en persona quién ha acabado con su gran logro antes de completar su venganza.
—¿Vas a defenderlo? ¿Tanto te ha manipulado para que creas que le debes algo sólo porque eres la culminación de su proyecto de eugenesia? —se burla Dabi, buscando hacer mella en el ánimo de Shouto, que pelea con determinación, apagando las llamas azules con su hielo, cercándolo con su propio fuego anaranjado, similar al de Endeavour, aunque de una temperatura más elevada de lo que Dabi esperaba, mucho más disciplinada y entrenada que la suya propia. Frunce el ceño, porque va a ser difícil superar al héroe creado para superar al mismísimo Endeavour—. Ni Fuyumi ni Natsuo tenían el Don, así que para él no contaban. Yo lo tenía, pero no tenía el cuerpo, así que dejé de importarle en cuanto pudo ponerte la mano encima. —Dabi ha empezado a expresarlo en voz alta, rabiando de furia—. ¿Qué se siente al estar al servicio de un tío que ve a su familia como un experimento que llevar a cabo?
Una llamarada anaranjada impregnada de sorprendente furia lo empuja hacia atrás, al mismo tiempo que un bloque de hielo le corta el paso. El rostro de Shouto roza el de Dabi cuando este se acerca, veloz, envuelto en una bola de fuego incandescente y le sujeta de las muñecas.
—Cállate —masculla Shouto entre dientes. Dabi sonríe e incrementa la temperatura de sus llamas azules mientras busca una vez más en su interior el Don que le ha regalado All for One y enfría tanto su piel que hasta el mismo Shouto lo percibe bajo sus dedos, mirándolo con el ceño fruncido por la sorpresa.
—Al final lo conseguí —murmura Dabi, riéndose para sí mismo. Intenta levantar las manos, pero Shouto se lo impide. Aunque es delgado como su madre, tiene mucha fuerza, más que Dabi—. ¿No lo ves? No me quemo. Conseguí lo que Endeavour quería, y lo hice por mi cuenta. Soy todo lo que él siempre quiso que fuese, pero al contrario que tú yo no estoy bajo su control. Lo he conseguido por mí mismo, sin necesidad de héroes jodidamente cabrones que juegan a ser dioses.
—Hablas demasiado —dice Shouto. La intensidad de sus llamas baja y una corriente helada azota a Dabi. Si la temperatura de Shouto es realmente alta en el fuego, también es extremadamente baja cuando utiliza el hielo.
—Habéis perdido. Endeavour no ha querido creerlo, pero es cierto.
—Mira a tu alrededor —dice Shouto, imperturbable.
Dabi parpadea. El impulso de adrenalina que ha sentido al ver a Endeavour se desvanece de su interior con una incómoda sensación. No sabe qué le lleva a obedecer a Shouto. Quizá que, a diferencia de su padre, que siempre se ha impuesto a través de su presencia y fuerza, Shouto lo hace con una mirada limpia y un rostro inescrutable.
Shouto no le ha soltado las muñecas y lo observa. Dabi sigue produciendo llamas, pero el hielo que entra dentro de su cuerpo a través de los dedos de Shouto, férreos como dos esposas, las anulan antes siquiera de que abandonen su piel. Aumenta todavía más la temperatura de su fuego, temiendo quedar congelado si no lo hace. Ya está cerca de su propio límite, incluso contando con el Don de hielo de All for One, pero está seguro de poder forzar un poco más. Al pensarlo, una sensación de horrorosa certeza arde en su interior cuando cobra conciencia de que el héroe no parece tener grandes problemas en someterle.
Mira a su alrededor.
Shouto disminuye la altura de sus llamas y muros de hielo, permitiéndole ver más allá, donde están sus compañeros peleando. All for One se bate contra el chico desagradable e insufrible y parece estar teniendo éxito. Pero a lo lejos ve a Shigaraki siendo apresado, con Kurogiri al lado, anulado. No hay ni rastro de Toga ni del nomu.
—¿Qué sentido tenía venir a un sitio donde el plan podía salir tan mal? ¿Vengarte de Endeavour? —pregunta Shouto. El tono que emplea es tan comprensivo y tranquilo, que enerva a Dabi—. Créeme, puedo entender la necesidad de vengarte de él, pero ese no es…
—¡Qué fácil es decir que ese no es el camino cuando eres el que desplazó a toda la familia! —dice Dabi, recuperando el aplomo.
—¿Por qué no lo dijiste nunca? Quién eras. Me habría gustado saberlo. Habría podido ayudarte. Comprenderte. —La expresión de Shouto sigue siendo seria, aunque sus ojos han suavizado un tanto su expresión, reflejando un poco de dolor en la forma en la que aprieta los labios. De repente, del interior de Dabi brota un rencor terrible hacia él.
Por ser el que tuvo la oportunidad, por impedirle vengarse de Endeavour, por estar ahí, mirándole como si él necesitase compasión. Por todo.
—¿Eres gilipollas? Eres la misma mierda que Endeavour. ¿A qué hemos venido? A mataros a todos: Endeavour y su mejor obra incluidos. Literal y metafóricamente —añade Dabi, no muy seguro de que Shouto, que lo mira sin variar de expresión, haya entendido—. Los héroes no sois más que escoria egocéntrica. Stain os caló bien: juzgáis desde vuestra posición de poder y magnanimidad.
—No es así.
—¿Qué vas a saber tú? —Dabi incrementa más la potencia de sus llamas. Una fina capa de fuego azul cubre su piel, pero Shouto no lo suelta
—Soy un héroe.
—¡Ja! —Dabi resopla y pone los ojos en blanco. «No tiene intención de matar. Puedo aprovechar eso. Sigue hablando, hermanito», piensa, mientras le responde—. Tú tienes el Don perfecto que nuestro padre buscaba. Eso hizo de mí un desecho, un producto defectuoso que no servía para los nobles propósitos del héroe que todo el mundo admiraba. Un héroe corrupto, tal y como Stain señaló.
—Eso es trampa —dice Shouto, muy serio, apretando más los dedos que tiene alrededor de las muñecas de Dabi, aprisionándolo con más fuerza.
—¿Qué dices?
—Que es trampa. Yo conocí a Stain. Combatí contra él cuando aún no era un héroe. Antes de que te apresasen. También me juzgó con dureza. Stain no confiaba en el sistema de héroes, pero sí en la heroicidad en sí misma. No le habrías gustado a Stain, Touya. Ni All for One tampoco.
—No me llames así.
—Dabi, pues. —Shouto sigue con expresión helada, mirándolo con los ojos ligeramente entrecerrados—. ¿Por eso sigues a All for One? ¿Porque crees que él instaurará un sistema donde todo el mundo pueda ser su propio héroe en lugar de hacer un negocio de ello? Hay una diferencia entre Stain y All for One.
»Stain cree en una sociedad mejor. Puedo no estar de acuerdo con sus métodos, pero realmente cree estar haciendo algo bueno. All for One… —Shouto mira con el ceño fruncido hacia donde All for One está peleando. No parece excesivamente preocupado, a pesar de que el rubio gritón cae al suelo tras un ataque de All for One—. No te dará lo que Stain buscaba. Puede parecer que utilizan métodos similares, pero persiguen fines muy diferentes. Romperá la sociedad, el mundo y a ti, sí lo estima necesario, para obtener lo que desea: poder. Sólo eres una herramienta.
—No me parece algo desdeñable luchar por ello —masculla Dabi, cabreado. Las palabras de Shouto le han hecho más mella de lo que quiere admitir, pero el odio que siente hacia Endeavour y hacia Shouto es mayor que la pequeña voz de la razón que está alertándole de que algo va mal.
—Entonces, no eres mejor que aquellos que Stain juzgaba y ejecutaba —sentencia Shouto, negando con la cabeza con pesar—. No quieres justicia, sólo invertir la jerarquía de poder.
—Es fácil hablar cuando tu Don es perfecto, justo lo que todo el mundo espera de un héroe. Tú no te consumes en tus propias llamas, aullando de dolor porque tu cuerpo arde con ellas. Tú no has vivido lo que he vivido yo —escupe Dabi con rabia.
—No. He vivido otras cosas, que me duelen igualmente, pero esas no. Sí he visto a un chico que amaba tanto, no sé si sus sueños o a su país, como para ser un héroe sin Don. Alguien a quien él mismo Stain respetaría. Alguien que ha tenido que sufrir lo peor de esta sociedad, como tú, y que no pretende ascender al poder para ejercerlo con despotismo.
Dabi incrementa el calor de sus llamas todo lo que se atreve. Se incendia a sí mismo e incendia a Shouto, buscando que ceda la resistencia de este, que se asuste, que retroceda, que lo suelte. Ágilmente, Shouto gira las muñecas de Dabi con un movimiento envolvente. Este gruñe por el dolor, pero no puede evitarlo. Su hermano pequeño es demasiado fuerte, está mejor entrenado, y Dabi lleva demasiado tiempo ocioso, ha confiado demasiado en su Don y en el Don de hielo que le ha dado All for One. La llave ha hecho que Shouto quede detrás de Dabi, inmovilizándolo. Dabi considera la idea de intentar resistirse, pero la mano helada de Shouto sigue contrarrestando sus llamas antes de que salgan y tiene claro que perdería en un forcejeo físico.
—Os habéis confiado. All for One puede parecerte muy inteligente, pero ha sido una locura traeros aquí. En el complejo nos pillasteis por sorpresa. En Musutafu ni siquiera contabais con que pudiésemos reaccionar y, sin embargo, pudimos atrapar a algunos de los tuyos. Si os ha hecho atacar este complejo, es porque él confía en sobrevivir a ello, en ganar esta batalla de otro modo. Él —remarca Shouto. Sus palabras hacen mella en el interior de Dabi.
Es más que consciente de que el plan ha fallado, pero la nueva perspectiva lo hace reconsiderar la idea. Entrar por sorpresa en el complejo, rodear con fuego y utilizar el Don de Shigaraki. Simple y efectivo. Tenían a alguien infiltrado, información… Era un plan arriesgado, pero incluso aunque hubiese salido bien, habría acabado igual que ahora, con ellos sometidos de nuevo al poder de la sociedad de héroes.
Resopla y se ríe, con una carcajada amarga.
—Conejillos directos a una trampa —susurra Dabi para sí mismo. Han sabido, desde el principio, que estaban a merced de los planes de alguien más, la misma persona, o personas, que los han liberado de Gunkanjima, permitiéndoles actuar. Alguien que, obviamente, ha estudiado detenidamente a All for One y confiaba en que su forma de actuar sería útil como herramienta para su propósito. Alguien que, probablemente, persiga un fin similar al de ellos mismos.
—¿Conejos? —pregunta Shouto, genuinamente desconcertado.
—Es una metáfora, joder.
—¡Ah, sí! Sí, yo también lo veo así. La cuestión es… ¿quién es el cazador que ha tendido las trampas? Porque él no lo es —dice Shouto lacónicamente, refiriéndose a All for One. Dabi asiente, todavía con la sonrisa en los labios. Sin embargo, que su hermano haya llegado a la misma conclusión que ellos hace semanas le confirma que son acertadas.
—Una vez agarras una metáfora no la sueltas, ¿eh? —masculla Dabi, que, ahora que Shouto empieza a amarrarlo con una brida, arrestándolo, ve a lo lejos las cámaras y los periodistas, que enfocan a los focos de combate que aún quedan activos, registrándolo y emitiendo sin cesar.
—Los héroes tampoco hemos sido, sospecho que la trampa era la misma para los dos.
—No. No era la misma trampa. Por eso te he dicho que da igual lo que ocurra, hemos vencido —dice Dabi, satisfecho—. La gente nos ha visto, ha escuchado el mensaje de All for One. Dentro de poco, esa duda germinará y no habrá confianza en una sociedad basada en un sistema de héroes. Y nosotros seguiremos vivos, esperando dentro de una celda una nueva oportunidad. Y, con suerte, podré vengarme personalmente de Endeavour, incluso aunque ahora no lo consiga.
—La gente también ha visto cómo os derrotábamos.
—También ha escuchado nuestras ideas. Ha visto vuestras flaquezas. Las está viendo ahora mismo, en directo. Ahora sabe lo que es el miedo. Lo recuerda, si vivió lo ocurrido en Kamino. No podréis impedir ese cambio.
Tras él, Dabi puede notar cómo la duda crece en el interior de Shouto. Cómo la revelación llega a él, igual que unos instantes antes la de que alguien ha tenido que planificar liberarlos. Bruscamente, retuerce el cuerpo. Shouto no se lo espera, ha relajado inconscientemente la fuerza con la que lo sujetaba.
Consigue zafarse de su mano helada y, sin el Don de Shouto impidiéndole, las llamas que no ha dejado de generar se disparan tan rápido que las bridas con las que le ha atado las muñecas se derriten al instante y la piel le duele, quemándose, durante los segundos que transcurren antes de que utilice el Don de All for One para regular la temperatura.
—¡Touya! —grita Shouto, y de nuevo parece dolido y misericordioso. Dabi gruñe. La huida no es factible, y ahora que lo sabe está dispuesto a llevarlo a sus últimas consecuencias.
—Los héroes, siempre tan honorables, aupados en un podio de falsa moralidad desde la que sojuzgan a toda la sociedad, no matan —dice, enfrentándose de nuevo a Shouto, que ahora sí ha roto la imperturbabilidad de su rostro en un rictus de angustiada preocupación—. Ya has visto el futuro, ¿no? Has mirado a tu extinción. Somos la única cara visible que podíais combatir y, una vez hayáis acabado con nosotros, no habrá nada que los héroes podáis hacer para evitar que las personas rechacen a los héroes y reclamen sus Dones para sí mismas.
»Ahora tendrás que decidir si me matas ahora, delante de las cámaras, y aceleras el proceso, o mueres con tu sociedad de héroes, lenta y despiadadamente. O puedes sacrificarte, convertirte en un mártir frente a la sociedad, y quizá puedas evitar ese futuro. En cualquier caso, mi venganza quedará completa. Habremos vencido. —Mientras, habla, una enorme llamarada azul consume el escaso terreno que le separa de Shouto, que se aparta a un lado de un salto, rodando, y sigue hacia adelante.
Nota: Y aquí termina la tanda de capítulos titulada La Liga de Villanos ataca, que inicialmente sólo iban a ser tres partes y han acabado siendo cuatro. La semana que viene cambiamos de título: Un héroe con suerte. Ahí es nah. Muchísimas gracias por seguir leyendo y mil disculpas por el lío que ha supuesto reformar completamente los últimos capítulos sin haberlo hecho con previsión suficiente. Hago propósito de enmienda e intentaré corregir con suficiente ventaja para que, si ocurre algo similar, no lo notéis una vez publicado.
