Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
¡Hola!El capítulo 35 necesitaba crecer. Tras alcanzar las 17k palabras y como afectaba a escenas futuras que he tenido que reescribir, he optado por dividirlo en dos. Al principio no tenía muy claro cómo, pues eso significaba cortar los finales de los dos PoV del capítulo de hoy, pero creo que ha sido buena idea hacerlo. Además, esto permite que varias escenas tengan su propio protagonismo en lugar de diluirse en la acción y que haya podido reorganizar los PoV, cambiar algunos títulos y el sentido de algunas escenas. Esto quiere decir que el fic ahora mismo tiene 59 capítulos y que, aunque no hoy, habrá doble publicación en algún momento. Por ahora, voy a sentarme a disfrutar durante unas horas de la sensación de haber sido productivo esta semana, pues he conseguido corregir hasta el capítulo 37.
¡Muchísimas gracias por leer y comentar!
Trigger Warning: Siguen peleando. Referencias con descripciones explícitas de heridas, quemaduras y sangre. Creo que en la parte final puede ser angustioso (al menos para mí lo es).
FIEL A TU CORAZÓN
Tras dejar atrás a Shinsou, Suneater y el nomu, Izuku se topa con la niebla negra de Kurogiri, que le da la espalda. Inquieto por la naturaleza del Don del villano, ya que no está dispuesto a permitir que lo aleja del campo de batalla, Izuku salta a un lado y trata de rodearlo. Eso llama la atención de Kurogiri, que se vuelve a hacia él durante un instante antes de desvanecerse en el preciso momento en el que Lemillion sale disparado del suelo, adoptando una forma tangible de nuevo. Izuku da un traspié hacia atrás y está a punto de caer al suelo, pero el héroe lo sostiene a tiempo, equilibrándolo, y sus ojos se desvían al brazo izquierdo, y ausente, de Izuku.
—Tengo que llegar hasta Dynamight —se apresura a decir, temiendo que Lemillion trate de protegerlo a él o disuadirle de seguir combatiendo. Sin embargo, el héroe sonríe de oreja a oreja, con orgullo, y levanta el dedo pulgar al mismo tiempo que le guiña un ojo.
—¡Te cubro! —grita al mismo tiempo que cae hacia el interior del suelo, apareciendo varios metros más allá, empujando a Kurogiri a alejarse más del camino que separa a Izuku de Katsuki. No muy lejos de ambos, Shigaraki, corre, tratando de interponer obstáculos visuales entre Hawks y Eraserhead, pero no ha visto a Izuku.
—¡Gracias! —dice Izuku, aunque el héroe profesional no lo está escuchando, y corre sin preocuparse por mirar la posición de Kurogiri o Shigaraki, seguro de que Lemillion no va a permitir que se acerquen a él, y, sin perder el tiempo, se abalanza sobre All for One.
El líder de los villanos no lo ve venir. Está defendiéndose de los ataques continuados de Katsuki, que lo está obligando a retroceder a fuerza de explosiones, que retumban por las paredes del complejo, hasta arrinconarlo tras un muro. Katsuki ha perdido una de sus granadas y tiene una marca roja, que está empezando a amoratarse, en la cara. La ceja le sangra en un hilo rosáceo de sangre diluida en sudor y el agua de lluvia que se desliza por su mejilla y nariz, pero no tiene el ojo hinchado y, quitando esto, está indemne, a juzgar por la potencia de sus rugidos.
Aunque llega por detrás de Katsuki y de frente al villano, no está seguro de que All for One pueda verlo con ese rostro desfigurado, pero no se para a considerarlo. Sin dudarlo, Izuku salta, en una de las patadas aéreas en las que Katsuki lo ha entrenado, con una pierna por delante, dispuesto a impactar en las rodillas de All for One y desestabilizarlo. No ha calculado bien la potencia, porque estaba preocupado por el equilibrio de su brazo izquierdo, pero tampoco le importa demasiado: puede que si golpea fuerte le cause lesiones, pero no serán graves en ningún caso.
—¡Muere! —brama Katsuki, triunfal, cuando Izuku pasa a su lado, pero no es suficiente para distraer a All for One, que lo detecta sin problema a pesar de la desfiguración de su rostro.
Sin volverse hacia él, All for One levanta una mano en su dirección y una ráfaga de aire empuja a Izuku hacia atrás, frenando su patada y derribándolo al suelo. Aunque el golpe le arrebata el aliento, Izuku se pone de pie enseguida, alerta y en guardia.
—¡Por la derecha, Deku! —grita Katsuki, que sigue atacando con saña.
Al escuchar el apodo de héroe que escogió en Musutafu, Izuku se queda paralizado un instante, pero reacciona enseguida. No esperaba que Katsuki todavía lo recordase y le ha gustado cómo suena. Le parece oír a Ochaco, sonriendo, diciendo que le gusta y mirándole con sus ojos grandes y llenos de confianza.
—¡Sí! —murmura para sí mismo, sonriendo con satisfacción y cerrando el puño de la mano derecha delante de él con determinación—. ¡Sí! —grita una vez más, al obedecer la orden de Katsuki y atacar por la derecha del villano, esta vez con el puño cerrado, buscando el plexo solar. All for One consigue rechazarlo de nuevo, pero en su ataque Katsuki ha dirigido las siguientes explosiones al suelo, no a All for One, y este pierde el equilibrio cuando el suelo tiembla bajo sus pies y cede, desmenuzándose
—¡Otra vez! —brama Katsuki con un grito salvaje y entusiasmado.
Sin pensarlo, Izuku obedece automáticamente, apoyando la mano derecha en el suelo para lanzar una patada hacia arriba, en dirección a la barbilla, cubierta por el mecanismo respirador que utiliza, de All for One. El villano despliega dos escudos de color azul transparente, similares al que estaba utilizando para detener las explosiones con las que Katsuki lo estaba arrinconando, pero Izuku nota, en la forma en la que las detonaciones reverberan y traspasan parcialmente la superficie azul, que la potencia es mucho menor.
—¡Si crea dos, son menos fuertes! —grita a Katsuki.
—¡Ya lo sé! ¡No necesito que me lo digas! —Katsuki sigue atacando sin dar un respiro a All for One, utilizando milimétricamente sus explosiones para mantenerse en el aire alrededor de él con habilidad.
—Una forma interesante de recibir a los refuerzos —dice All for One en un tono extrañamente afable que sintoniza con Izuku, que ladea la cabeza y lo mira con interés.
—¡No lo escuches ni te distraigas! —grita Katsuki. Izuku asiente, un tanto confuso, y parpadea—. ¡Una vez más, Deku!
—¡Sí!
All for One no tiene muchas más opciones que permanecer a la defensiva. Los ataques simultáneos de Izuku y Katsuki lo obligan a levantar escudos y ráfagas de aire para desviarlos. Cuando Katsuki le ordena A pesar de que hace un mes que no entrena, el cuerpo de Izuku responde con la facilidad y familiaridad de la costumbre. Jadea más y está más cansado de lo que debería, fruto de la inactividad del reposo, y también comete errores por culpa del desequilibrio del brazo izquierdo, aunque se adapta rápido y Katsuki le cubre.
Es, sin embargo, uno de sus fallos, una patada que se pierde en el aire y de la que All for One no necesita defenderse, el que abre un hueco en sus ataques que el villano sabe aprovechar. De pronto, Izuku tiene que pivotar sobre un pie para evitar las balas que se dirigen hacia él y Katsuki deja de atacar a All for One para defenderse de la enorme cabeza de una serpiente marina que se dirige hacia él. Izuku habría querido enlazar con otro ataque, pero al escamotear el ataque de las balas púrpura no ha podido mover el brazo izquierdo para mantener el equilibrio y trastabilla hacia atrás. No llega a caer al suelo, pero All for One avanza hacia él con un paso más veloz del que cabría esperar de alguien con la desfiguración física que sufre.
—¡Que no te toque! —grita Katsuki. All for One sonríe, satisfecho. Sin boca, labios o algo que se le asemeje, no hay manera de verlo físicamente, pero la sensación es tan clara que Izuku nota un escalofrío recorriéndole la espina dorsal.
Izuku no tiene tiempo de pensar. All for One ha recuperado la iniciativa y, de pronto, es capaz de encadenar varios ataques casi simultáneos. La serpiente marina desaparece, esfumándose en el aire, pero Izuku se tiene que tirar al suelo para evitar que varias balas láser le den. Katsuki aprovecha el momento para atacar, pero sus explosiones se chocan con el muro de los escudos azul transparente que se desvanecen cuando Izuku le tira una piedra con sorprendente puntería, directa a su rostro, ya que supone que es su punto débil más expuesto. All for One la atrapa en el aire, con habilidad, y la piedra se licua en un borbotón de agua que cae al suelo, mezclada con el resto de la lluvia que empapa a Izuku y se desliza por su rostro. El agua no ha terminado de caer al suelo cuando la serpiente marina, que sale de la espalda de All for One, le ataca.
La esquiva con facilidad: es veloz, pero no tanto como el propio Katsuki durante sus entrenamientos, y embiste de la misma forma. Se mueve a un lado, e intenta golpearla, pero es Katsuki quien lo consigue, reventándola con una explosión que la destruye en trozos que se retuercen al mismo tiempo que el brazo metálico que queda de ella serpentea hacia atrás, recogiéndose en dirección a All for One antes de desvanecerse.
El vello del brazo se le eriza y una sensación eléctrica le cosquillea en el pelo corto de la nuca.
—¡A un lado, nerd! —ruge Katsuki, y en su voz hay una urgencia que Izuku no ha escuchado en sus órdenes anteriores—. ¡Ahora!
Izuku no lo cuestiona y se lanza al suelo, protegiéndose el muñón con la mano mientras rueda entre los escombros. Apenas ha rozado el pavimento, cuando un estruendo familiar para alguien como él, que ha entrenado con Kaminari, más potente que cualquiera de las explosiones de Katsuki, retumba en sus oídos, que le duelen y pitan con fuerza, y una luz cegadora lo deslumbra a través de los párpados, que ha cerrado al comprender qué ocurre.
Se pone en pie lo más rápido que puede, temblando un poco por la impresión, pues ha sido un rayo mucho más potente que los que utiliza Kaminari, incluso que el que utilizó en Musutafu, justo al lado de ellos. Abre los ojos, que tardan unos segundos en acostumbrarse a los cambios súbitos de luz, y parpadea, para acelerar el proceso. A través del pitido de los oídos, le llegan las explosiones de Katsuki, que vuelve a acosar a All for One al mismo tiempo que se ríe con una carcajada de maniático.
«Los audífonos funcionan», piensa Izuku al comprender que Katsuki los lleva equipados y que es la razón por la que ha podido oír a All for One hablar y, al mismo tiempo, no necesitar recuperarse de un estruendo tan potente como el del rayo.
Orgulloso de ello, corre hacia All for One, dispuesto a seguir atacando hasta que él o Katsuki rompan su defensa o lleguen todavía más héroes. Las piernas han dejado de temblarle a la segunda zancada y, en la tercera, ve cómo All for One deja que su escudo se disipe y una niebla negra lo envuelva.
—¡No! —grita Izuku al reconocer qué es por haberlo visto unos minutos antes en Kurogiri, mientras que los disparos precisos de Katsuki se pierden en el infinito interior de la niebla, sin salir por el otro lado.
Justo antes de que All for One se desvanezca en la niebla, Izuku se lanza sobre él.
No ve nada dentro, ni siquiera a All for One, y no sabe siquiera dónde está el suelo. Sólo nota una sensación de caída constante, ingrávida. Extiende la mano, dispuesto a tirar del cuerpo del villano hacia atrás en lugar de golpearlo, impidiéndole así escapar, y encuentra su rostro. Cerrando los dedos alrededor de la máscara con la que se cubre la parte inferior, la que lo ayuda a respirar, hace fuerza, pensando de repente que si consigue arrebatárselo, habrá hecho un movimiento decisivo.
La mano de All for One se cierra sobre la muñeca de Izuku como una garra.
Su rostro, desfigurado, sin boca ni labios visibles y horripilantemente sonriente aún así, aparece delante de él, recortándose en la oscuridad.
La otra mano de All for One, grande y de dedos gruesos y largos, sujeta el rostro de Izuku, cubriéndolo por completo. No sabe si es el Don de la nube negra de All for One o sólo un efecto secundario de la aparente falta de gravidez del interior de esta, pero siente un pequeño y momentáneo tirón en la piel, como si su rostro quisiese acercarse más a las yemas de los dedos de All for One, pero antes de que pueda pensar en ello, el villano habla con voz suave y melosa.
—Pocos candidatos mejores que tú he visto. —Izuku frunce el ceño, desorientado. El agarre de All for One es férreo, la sensación de vértigo se ha desvanecido, pero flota en medio de la nube negra, sin poder ver nada más que el rostro del villano a través de sus propios dedos, con su mano a punto de tirar del respirador, retenida únicamente por la fuerza de la de All for One—. Ah, podría hacerte grande. Tienes todo lo que Tomura tiene y, además, estás limpio. Bajo mi mando, ambos podríais gobernar el mundo… o destruirlo.
—No —dice Izuku, tratando en vano de removerse—. Se lo dije a Twice, se lo he dicho a Toga y te lo digo a ti: yo no soy como vosotros.
—Ah, ya sé quién eres. El chico que derrotó a Jin. Sorprendente, desde luego, teniendo en cuenta que él estaba llegando a la cúspide del poder de su Don. Y sin embargo… derrotado por un chaval como tú. —La voz de All for One es cautivadora, e Izuku deja de removerse. Abre más los ojos, prestando toda su atención al villano, cuya espeluznante sonrisa ahora le parece… amable—. Un muchacho sin Don. —Al contrario que él, All for One no tiene ojos, pero siente su mirada. No de forma psicológica, nota físicamente un leve calor en el rostro, rozándole las mejillas. Una mirada magnética, una sonrisa amable, una voz que no puede dejar de escuchar.
—¿Cómo lo sabes? —susurra, cautivado.
—Sé que no tienes Don porque ese es mi Don. Liberar a aquellos que sufren el Don que su nacimiento les otorgó. Traspasárselos a aquellos que, como tú, nacieron sin él. Yo podría ayudarte. Tengo muchos Dones en mi interior. Eres ágil, ¿quizá uno que te haga flotar? ¿O que te haga más veloz? —El calor en su cara se incrementa e Izuku cierra los ojos, entregándose a la sensación, que ahora nota procedente de las yemas de sus dedos, preguntándose si es así cómo se siente un Don.
Sonríe, beatíficamente, y luego abre los ojos.
—No. —La reacción de All for One es minúscula, pero Izuku ve cómo su rostro se sobresalta. Cómo se retira hacia atrás, apenas un milímetro. La contrariedad de su expresión inexistente.
—No te aceptarán jamás, chico. Quizá ahora creas que sí. Que están de tu parte. Cuando la amenaza que suponemos desaparezca, volverás a tu escalón inferior, de donde nunca debiste subir. Dará igual cuánto hayas hecho. Así son los héroes. —La voz vuelve a ser melosa y cautivadora, pero Izuku ya sabe en qué consiste, así que inspira hondo y se limita a escuchar sin moverse, con los ojos bien abiertos—. Podrán enfatizar y declararse a favor de la dignidad e independencia del individuo, escudados en los Dones, pero al final no es más que una sociedad de opresión y control. Los individuos que no encajan, son eliminados o ignorados.
»No hay excepciones, ya sea una democracia o un socialismo declarado lo que profesen, la base es la misma. Es una cuestión de presión social. Son los fundamentos de la vida comunitaria —concluye, acercando el rostro al de Izuku, que trata de alejarse, asqueado, pero la mano de All for One sigue sujetándolo con fuerza.
—No. —Ahora sí, la contrariedad de All for One es evidente. Izuku sonríe con orgullo. El villano, en cambio, ha dejado de exudar comprensión, afabilidad y magnetismo y ahora sólo hay odio y desprecio—. La vida comunitaria es tender la mano a todos por igual. Los problemas de la sociedad no desaparecerán el día que todo el mundo tenga un Don, como no desaparecerán el día que todo el mundo tenga una casa. Lo que tú propones no es proteger a los más desfavorecidos, sino perpetuar la individualidad, opresión y control.
—Cuando todo el mundo tenga un Don con el que sentirse a gusto y pueda utilizarlo sin necesidad de pertenecer a una clase privilegiada…
—Entonces, todo dependería de ti. De tu magnanimidad. Porque quien tiene la facultad de dar, puede arrebatar —lo interrumpe Izuku—. No veo cómo podríamos ser una sociedad mejor bajo tu yugo. Hay que cambiar los prejuicios de base, aprender a aceptarnos, perder el miedo…
—¿Cómo puedes rechazar algo así? Tienes suerte de haberme conocido. Una suerte que muchos en tu lugar envidiarían, chico. —All for One habla despacio, jadeante. Izuku tiene problemas en entender algunas de las palabras—. Has visto alguno de mis nomu, aunque sea el de hoy, ¿verdad? Yo soy el que los ha creado, el que les ha otorgado los Dones. Les he dado un poder más temible que el de cualquier héroe, y tú ni siquiera tienes uno.
—Puedo rechazarlo y lo rechazo. —Izuku contesta con firmeza y el entrecejo fruncido, pensando en las palabras de Shinsou—. Sé lo que son los nomu. Sé… lo que hay en sus mentes, en su interior. Lo… —titubea, porque no quiere delatar el Don de Shinsou delante de All for One, pero sí tiene una idea clara—. Alguien que ha creado eso no… No está bien. Siempre he querido tener un Don, pero no a cualquier precio. Alguien que ha creado un nomu no puede tener un ideal que a mí me parezca correcto —concluye Izuku, y lo tiene más claro que nunca.
Súbitamente, siente cómo una mano le sujeta el tobillo con fuerza, tirando de él hacia atrás. El rostro de All for One se desvanece en la oscuridad y, de pronto, sólo está su propia mano derecha, extendida frente a él con los dedos curvados en la forma del respirador del villano. La sensación de ingravidez regresa, pero la mano que aferra su tobillo no lo suelta, halando con fuerza y de pronto la niebla se disipa en un vórtice que lo marea y está de rodillas en el suelo embarrado.
La explosión de colores y sonidos lo aturde durante unos segundos, hasta que se acostumbra a la gravedad atrayéndolo bajo sus pies, las explosiones de Katsuki, que maldice e insulta a gritos, los colores de los Dones de All for One mientras se defiende. Parpadea, desorientado, y coge aire con fuerza, llenando los pulmones y sintiéndose vivo. Los ojos se le llena de lágrimas y, antes de que pueda contenerlas, se deslizan por sus mejillas, aclarándole la vista lo suficiente para darse cuenta de que el muro contra el que All for One estaba arrinconado está completamente destrozado, fruto de las explosiones de Katsuki, que ha retomado la iniciativa del ataque y lo está empujando fuera del recinto del complejo.
«Un segundo».
No sabe cómo lo ha hecho All for One, pero apenas deben haber transcurrido uno o dos segundos dentro de la nube negra, desde que se ha lanzado hacia el rostro de All for One y Katsuki le ha sujetado del tobillo, destrozando la pared por el impulso de las explosiones con las que lo ha arrastrado fuera de la sombra, impidiendo entre ambos que el villano escape con su teletransporte fuera de su alcance.
Un segundo que, sin embargo, llena varios minutos, quizá horas, de su memoria.
Para cuando lo asimila, Katsuki y All for One se han alejado un par de decenas de metros. Izuku se incorpora y corre hacia ellos, el rostro contraído en una expresión de furia. Dispuesto a obligarlo a utilizar el Don de la nube negra de nuevo o a repelerlo de cualquier otra forma, se arroja sobre el villano, buscando golpear su rostro en el respirador. Katsuki parece comprender su plan, porque ataca al mismo tiempo, obligando a All for One a defenderse de los dos.
Algo ha cambiado en el villano. Izuku puede notarlo. Sus movimientos son más lentos. Jadea. Ya no tiene la presencia flemática y cómoda de unos minutos antes.
Katsuki grita instrucciones a Izuku, que las obedece sin pensar. Ataca una y otra vez, levantándose cada vez que un escudo o una serpiente marina de All for One lo derriban al suelo, lanzando patadas a la barbilla cuando este deshace la granada derecha de Katsuki en agua, interponiéndose cuando varios hilos de tela salen de la ya exigua vestimenta de All for One en dirección a Katsuki para que este pueda esquivarlos y quemarlos al mismo tiempo que ataca con la otra mano.
Rueda a un lado. Se retira el barro de los ojos con una mano igual de sucia, y lanza otra patada que no consigue impactar en su objetivo.
Simultáneamente, Katsuki ataca con la mano derecha. Izuku está a punto de gritar que siempre empieza con ese movimiento, que lleva haciéndolo toda la pelea y All for One ya es capaz de crear un escudo varias décimas de segundo antes de que el ataque se produzca, pero Katsuki cruza una mirada rápida con él.
Sus ojos se mueven durante una milésima de segundo, apenas un instante, hacia la izquierda.
—¡A la derecha, Deku! —grita, en cambio.
No ha terminado de gritarlo e Izuku ya se ha arrojado a la izquierda de All for One. Katsuki gira el cuerpo en el aire y adelanta la mano izquierda, en lugar de la derecha, esquivando el escudo que All for One ha creado frente a él. El villano consigue reponerse a tiempo de la sorpresa y crea otro escudo para protegerse de Katsuki y la explosión de este se deshace en el aire sin rozar al villano, pero la patada de Izuku, más baja, debido al cansancio, de lo que habría deseado, sí impacta en el pecho de All for One, que se tambalea, sorprendido.
Expectante, Izuku observa cómo el villano cae de espaldas a pesar de su corpulencia y peso.
Con un movimiento torpe y desmadejado, se deja caer encima de él y, esta vez sí, alcanza la máscara que le cubre la parte inferior del rostro, extendiendo la mano lo más que puede. Katsuki parece haber adivinado lo que Izuku quiere hacer, pero está más lejos, así que tira con fuerza, tratando de arrancarla antes de que el villano se recupere del golpe y contraataque. Tarde, ve un suave destello cubrir todo el cuerpo de All for One, que se estremece cuando utiliza un nuevo Don.
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—No voy a matarte. —La expresión de Shouto, por primera vez en todo el combate, se muestra afectada. Sus ojos desiguales se abren, el labio inferior le tiembla, y su impasibilidad de las dos ocasiones anteriores en las que han podido enfrentarse ya no existe.
—No seas demasiado inflexible, hermanito. —Como Endeavour, el fuego de Shouto disminuye de potencia. Su hielo se retira. No del todo, pero si deja de acosar a Dabi, que esboza una mueca de desprecio—. Eres igual que él. Al final, sí que te ha forjado como quería, ¿no?
Shouto no responde. Traga saliva con fuerza y su boca se tuerce en un rictus de indecisión. Dabi sonríe, mostrando los dientes, y extiende los brazos.
—A veces, matar puede suponer la salvación.
—¿Deseas morir para salvarte? —pregunta Shouto. Dabi está a punto de echarse a reír, pero el rostro de Shouto es sincero.
—Eres muy ingenuo, hermanito. Por eso padre sí pudo entrenarte. Yo sabía lo que él pretendía antes incluso de que tú nacieses. Tú estás aquí, treinta años después, considerando matarme si es lo que deseo realmente.
—No voy a matarte —repite Shouto y Dabi resopla—. Ríndete. No hay nada que podáis hacer. Ha sido una locura atacar hoy aquí. Colabora conmigo, descubramos juntos quién ha estado moviendo los hilos. Escucharé lo que tengas que decir sobre mí y los héroes.
—Si voy contigo, me perdonarás la vida, ¿es lo que estás diciendo?
—No voy a matarte —niega Shouto—. Puedo ayudarte si me ayudas. —Extiende la mano hacia Dabi, la derecha. Las llamas que salen de esta tremolan unos segundos antes de desaparecer, en una muda oferta de paz.
—Me condenarías a una vida de cárcel. Ni siquiera tú podrías evitar que construyesen otra prisión donde recluirme. ¿Crees que eso te hace mejor persona? ¿Crees que es más compasivo encerrar que matar?
—No tiene por qué ser así.
—¿Crees que eres mejor héroe por utilizar tu influencia para mejorar la condición de mi condena?
—No he dicho que vaya a hacer nada de eso —niega Shouto, y su voz suena enfadada y dolida—. Podemos contar lo que ocurrió. Hay atenuantes. Programas de rehabilitación. Puedes ser mejor persona.
Dabi, ahora sí, se ríe a carcajadas.
—Efectivamente, eres un ingenuo, hermanito, si crees en todo lo que acabas de decir. —Shouto va a decir algo, pero Dabi intensifica sus llamas, obligándolo a atajarlas con hielo—. Eso significaría contar lo que hizo padre. Contar que es un fraude. Y que tú eres el resultado de su fraude. ¿Estarías dispuesto?
—Estaría dispuesto a ofrecerte la justicia que mereces. —Dabi muestra sorpresa por un segundo, pero luego endurece el rostro en una sonrisa macabra al ver, a unos metros de distancia, a un puñado de periodistas y reporteros que enarbolan micrófonos y cámaras, enfocándoles directamente, relatando la batalla en directo, al mismo tiempo que algunos héroes tratan de desalojarlos.
—Dices que yo soy una herramienta, pero ¿qué eres tú? —La intensidad de las llamas de ambos se ha reducido a apenas un círculo que los rodea, estableciendo un perímetro que Shouto mantiene controlado con su hielo—. Bien, vamos a comprobar hasta dónde estás dispuesto a ofrecerme justicia. Hasta dónde está dispuesto el resto del mundo a ofrecerme justicia —añade, con una carcajada complacida porque, aunque sabe que no va a escapar de ahí, Shouto le acaba de ofrecer en bandeja su venganza.
—Dabi… No… —dice Shouto, compasivo, al comprender que no va a aceptar su trato. Sin embargo, no lo ataca. «No cree que vaya a asesinar a nadie. Sólo está pendiente de mi fuego, no de mis palabras», comprende. Se aferra a esa oportunidad.
—No me llames así, hermano —dice, fingiendo jovialidad—. Mi nombre no es ese, ¿verdad? Tengo un nombre muy bonito, ¿a que sí? Antes lo has usado, aunque te agradezco la deferencia de respetar mi nombre elegido. —No ha dejado de mirar a las cámaras que emiten en directo, iluminándolo con sus pequeños focos portátiles—. Mi nombre es Touya. Touya Todoroki.
»El hijo mayor de Endeavour.
Los reporteros, que enarbolan sus micrófonos en dirección a ambos, tratan de acercarse más, pero Shouto es lo suficientemente previsor como para bloquearles el paso con hielo. «Y lo suficientemente inteligente como para no impedirles que sigan grabando», constata Dabi, con una sonrisa amarga y satisfecha, mientras cuenta su historia.
Mayor de cuatro hermanos. Hijo de Enji y Rei Todoroki. Prematuro, de constitución pequeña y desarrollo tardío. De él, Endeavour, el eterno número dos del ranking de héroes, heredó el Don del fuego, tan potente que no sólo rivalizaba con el de Endeavour: lo superaba. De ella, sólo su constitución física, adaptada para tolerar un Don de hielo, pero sin este, así que pronto se estancó en el progreso del manejo de sus potentes llamaradas anaranjadas.
—Mamá creyó que sería bueno tener más hijos. Que me sentiría más arropado —dice, mirando a Shouto con los ojos entrecerrados. Había creído que lo haría callar al momento, pero Shouto sólo lo mira, paralizado, con un gesto de compasión y dolor en los ojos, húmedos y brillantes. «¿Te duele, Shouto? ¿Te duele haber creído muerto a tu hermano? ¿O es la historia de tu precursor?». El resto de gente está igual: inmóvil, escuchando. Dejando que la verdad se abra paso a través de ellos. No hay nadie más combatiendo, al menos a la vista, así que la derrota ya es segura—. Endeavour, en cambio, no había desechado el deseo de tener un niño que fuese mitad fuego y mitad hielo.
Así había nacido Fuyumi, pero esta sólo albergaba el Don de Rei en su interior. Para ese momento, a pesar de ser poco más que un niño, ya había superado ampliamente a Endeavour, que depositó en él todas sus esperanzas y ambiciones.
Quemaban.
La rabian, la envidia de Endeavour, su aspiración al puesto número uno, ocupado por All Might, todas sus emociones más despreciables, se volcaron en Touya al mismo tiempo que seguía buscando crear su obra perfecta.
—A la cuarta lo logró. ¿Verdad, Shouto? —Natsuo había sido otra decepción. Grande y corpulento, la esperanza depositada en su Don se había esfumado en apenas unos pocos años—. Pero incluso a ti te levantó la mano. El adorado héroe número dos y, posteriormente, número uno no es más que un lobo solitario que no alberga buenos sentimientos y se ahoga en su ego. ¿Alguien así se puede denominar héroe?
«Hoy es fiesta, papá. Quédate conmigo a entrenar el Don. ¿Por qué no quieres?»
Un niño pequeño cuyo pelo oscuro ha empezado a decolorarse, volviéndose tan blanco como el de su madre y el de su hermano, perdiendo cada vez más mechones rojos, llora mientras enfrenta a su padre, que le da la espalda y se marcha.
«Es por tu bien».
Un niño pequeño, cuya estatura lo hace parecer menor de lo que es, presume delante de su hermana, que lo mira con una mezcla de susto y preocupación.
«Sólo son unas quemaduras de nada, las aguanto bien. ¿Sabes, Fuyumi? Tú no lo entiendes. Yo quiero ir más allá. Es papá quien ha prendido la mecha».
—Para ese momento, yo ya sabía qué buscaba mi padre. No lo consiguió con Natsuo, pero llegó Shouto. La quimera perfecta.
«Papá… yo también puedo. ¿No lo ves? Mira que llamas más poderosas soy capaz de sacar». La voz suplicante del niño de pelo blanco, que corre tras su padre, tratando de llamar la atención, vuelve a los recuerdos de Dabi por primera vez en muchos años. «Quiero que estés atento a mí, papá. No apartes la mirada».
Entonces lo ve. Endeavour está cerca de los periodistas. Tiene el cuerpo lleno de quemaduras, incluso allí donde el traje debería haberlo protegido, indefenso ante la temperatura de Dabi. Una reportera lo ha visto y está intentando llamar la atención del héroe, sostenido en pie a duras penas por otros dos héroes profesionales, pero este mira, desolado, hacia Dabi, con el terror que sólo la verdad puede infundir reflejado en el rostro.
«Ya basta, ¿por qué lo haces? ¡Mírate esas quemaduras! ¿Por qué no lo entiendes?»
El niño llora, frustrado, cuando su padre le levanta la camiseta, descubriendo las heridas recientes producidas por el fuego de su Don, con el que practica a escondidas, aspirando a mejorar lo suficiente como para captar de nuevo la atención de su padre.
«¡Porque yo soy tu hijo! En el cole todos quieren ser héroes. ¿Cómo quieres que lo entienda? Tú has prendido esto. Esto no se apaga. ¡Ahora no puedes fingir que no ha pasado nada! ¡Mírame! ¡Estate atento, Endeavour!»
—¡Estate atento, Endeavour! ¡Atento! ¡A mí! —ruge en dirección a Endeavour, y luego se vuelve hacia Shouto—. ¿Lo recuerdas, Shouto? ¿Recuerdas cómo te apartaron de nosotros, de mí? ¿Cómo padre me desechó, igual que a un producto defectuoso? ¿Eras acaso lo suficiente mayor para recordar ahora que tú ni siquiera querías lo que yo ansiaba?
—No mires fuera, Shouto —murmura Shouto con voz monocorde, demasiado bajo para que lo escuche nadie que no sea el propio Dabi—. Shouto, no mires fuera. Tus hermanos mayores pertenecen a un mundo diferente al tuyo. Yo quería jugar con vosotros, al menos una vez, pero él me obligaba a entrenar. No eres el único que sufrió a Endeavour, Touya. Estoy seguro de que mamá…
Mamá. Dabi deja de escuchar. Una madre sobrepasada e impotente. Una madre dolida y suplicante. Una que no entendía que quien pertenecía a otro mundo, un jardín del edén que Endeavour le había mostrado para luego expulsarlo sin contemplaciones.
«Touya, hijo, ¿de verdad quieres convertirte en un héroe?»
«¿No pensarás volver a la montaña?»
«¿Por qué no pruebas a quedar con la gente de tu clase?»
«Soy tu madre y sólo veo que sufres al seguir atado a lo que quiere tu padre. En el mundo hay muchas otras opciones, no sólo está tu padre, mira al exterior, encuentra lo que de verdad quieres ser por ti mismo».
—¿Qué sabrás tú, mamá? Te vendieron. No te quedó de otra, ¿no? Por eso me tuviste, ¿no? Que sepas que tú eres cómplice, mamá.
Para cuando por fin se desarrollaron los caracteres sexuales secundarios propios de la adolescencia, tardíos en el cuerpo de prematuro nacimiento del niño, el fuego de su Don cambio de rojizas a azuladas.
«La excitación emocional aviva el fuego. Soy la caña».
«Papá. el próximo día que libres, ven al monte Sekoto».
«Ni Shouto llegará a lo que yo consigo. Ni siquiera All Might. Te alegrarás de haber venido, papá, ya verás que sí».
—Nunca apareció —dice Dabi, mostrando los dientes en una sonrisa macabra—. Aquella vez sí que dolió. No pude detener las llamaradas, porque no me enseñó otra cosa que a subir la potencia del fuego. ¿Sabes? Ahora soy más fuerte, Shouto. Ahora soy todo lo que padre siempre quiso que fuese. Y no gracias a él. Gracias a él soy un asesino —anuncia, y Endeavour palidece. «Cómo si no lo supieses, papá»—. He matado decenas de personas. Y quiero que sepáis por qué.
»Porque Endeavour se desesperó por no poder superar a All Might. Soy un fruto obtenido para lograr el sueño egoísta de mi padre. Una obra fallida, así que me abandonaron al olvido. He calcinado gente con mi fuego, el fuego de Endeavour. Y nunca, nunca he quitado mi mirada de Endeavour. Ni de Shouto. De su rectitud y honradez. Estuve a punto de matarte, ¿lo sabías, hermanito? Cuando comprendí que me había reemplazado por ti, su nueva marioneta. El pasado es imborrable. Uno siempre recoge lo que siembra. Llevo años esperando a bailar en mi fuego con padre, Shouto. Pero si quieres tomar su lugar, hagamos de esto un infierno.
«Shouto. Endeavour. Mamá, Fuyumi, Natsuo… os va a tocar mirarme y estar atentos a lo que haga. Y será desde lo más profundo del infierno. Ha sido una larga espera».
La conmoción de la revelación de Dabi recorre a todas las personas presentes en la destrozada sección del complejo en la que se encuentran. Sólo se escuchan las voces rápidas de los presentadores y corresponsales de prensa, hablando rápidamente hacia sus cámaras. Una lágrima se desliza por la mejilla de Endeavour, que apenas se sostiene en pie por las quemaduras que le ha causado.
«Demasiado tarde, papá. Es hora de matar a Endeavour y a su mejor obra».
La parálisis se ha roto. Poco a poco, una ola de murmullos recorre a la gente, estrellándose contra el muro de silencio que se ha creado. Algunos sorprendidos, otros incrédulos, los más, escandalizados. Menos Endeavour, que cierra los ojos y cuyas rodillas fallan. Si no es por los dos héroes que lo sostienen, habría caído al suelo. Las quemaduras que le ha infligido son brutales y cubren gran parte de su cuerpo. Sin atención médica, podrían llegar a ser mortales y, sin embargo, los héroes que lo sujetan siguen ahí, no sabe si porque quieren saber qué ocurre o porque el propio Endeavour se lo ha pedido.
Le da igual.
Sin perder la sonrisa ni previo aviso, levanta las manos y el fuego azul le obedece al instante. Tres enormes llamaradas salen de él en tres direcciones diferentes, desplegando tres ataques simultáneos. La primera, hacia Endeavour, que recorre la distancia que los separa en una alta y afilada cuchilla, precisa y certera. La segunda, una ola ancha y tumultuosa, barre el suelo hacia los reporteros y militares que los rodean, que sólo aciertan a gritar y correr despavoridos. La tercera serpentea hacia Shouto, tratando de rodearlo.
—¡No! —exclama Shouto, reaccionando al instante. Están tan cerca que puede ver cómo el dolor y la compasión de sus ojos parpadea, síntoma de la forma en la que Dabi ha conseguido desestabilizarlo emocionalmente, y es sustituido por la determinación del deber.
Por el héroe.
Su respuesta es veloz. Tanto, que consigue sofocar la ola de fuego con un enorme muro de hielo, tan alto y grueso que, aunque suda por el calor de las llamas, acaba congelándolas. Una línea fina de hielo corre junto a la que va dirigida a Endeavour, adelantándola por los pelos y abriéndose en un abanico que hace las veces de cortafuegos. Dabi obliga al fuego a bordearlo, buscando escapatorias, pero para cuando consigue sublimar el hielo y avanzar, Gang Orca está corriendo hacia los militares y civiles, ayudándolos a evacuar, y Rock Lock retira a Endeavour, todavía conmocionado por su discurso, del campo de batalla sobre una camilla con la ayuda de varias personas.
El fuego que ha enviado hacia Shouto sí llega a su destino. Incluso tras anular sus dos ataques, permitiendo que el fuego de Dabi lama su piel y en enrosque alrededor de sus extremidades, Shouto elige levantar un grueso muro de hielo, similar al que ha utilizado para sofocar su ola de fuego, rodeándolos a ambos en un ring que pronto se encharca por el agua derretida.
—Un Don potente, ese hielo. Lo has practicado mucho. Pero tu fuego no se queda atrás —grita Dabi, para hacerse oír por encima de los crujidos del hielo y el crepitar de las llamas azules, que arden a tal temperatura que tratan de consumir absolutamente cualquier cosa. Shouto, todavía envuelto en las llamas azules, no responde. Su rostro es sereno e inexpresivo, igual que las veces anteriores que ha combatido hacia él y, cuando mueve las manos, no es para crear hielo sobre su cuerpo, sino para generar llamas anaranjadas, que se unen a las de Dabi.
Cuando por fin levanta la mirada de ojos desiguales, clavándola en Dabi con dureza, exhala un profundo y relajado suspiro, el que utilizaría cualquier persona para calmarse antes de acometer una tarea dura.
Su aliento está tan frío, que se condensa en el infierno de llamas en que Dabi ha convertido el interior del particular ring de hielo que Shouto ha cerrado.
—¡Eres igual que él! ¡Igual que cualquiera de esos héroes que no merecen más que la muerte! ¡Igual de arrogante! —lo acusa Dabi en voz alta, una vez más. Shouto sigue sin contestar, serio y concentrado. No sólo no hay ni rastro de la compasión, sino que sólo sus labios, levemente apretados, delatan el esfuerzo que está realizando. Ni tan sólo una gota de sudor se desliza por su frente a pesar del agobiante calor que los rodea, que obliga a Dabi a forzar el Don de enfriamiento de su interior para que su piel no empiece a sufrir. La expresión facial de Shouto es, más que nunca, similar a la seriedad con la que Endeavour suele mostrarse todo el tiempo, con la que ha entrenado a Dabi durante la infancia—. ¡Stain tenía razón! ¡No sois más que un hatajo de engreídos con poder que os creéis con derecho de administrar justicia y que, en realidad, la habéis prostituido a vuestro beneficio!
Shouto se limita a crear nuevas capaz de hielo, estrechando el espacio del que ambos disponen, y a subir la temperatura de las llamas anaranjadas, acercándolas más a él, tratando de imponerse a las de Dabi. A pesar de que su piel está rodeada por las llamas azules de Dabi, Shouto no se quema. Maldiciendo, Dabi sube más la temperatura de sus llamas, que es, como ha dicho en su declaración, la parte más entrenada de su Don. Por primera vez desde que lo guarda en su interior, siente suyo el Don concedido por All for One: gracias a él está pudiendo soportar sus propias llamas y las de Shouto con la misma entereza que este, que parece haber heredado una resistencia mucho mayor que la del propio Endeavour.
El odio visceral que siente hacia Endeavour y su fuego crece más que nunca dentro de Dabi.
Para su propia suerte, sabe transformar el odio en rabia y la rabia en fuego. Sabe apretar los dientes e incrementar el volumen y la temperatura de sus llamas, aunque la piel le duela y los músculos se quejen. Aunque el cerebro, liberando adrenalina en pleno pánico a morir consumido en fuego, como estuvo a punto de ocurrir en el monte Sekoto hace veinticinco años, le alerte de que se detenga, puede seguir aumentándola, haciendo que el cabello de dos colores de Shouto, ahora empapado en sudor por el exceso de calor, se le pegue a la frente.
«Porque no me enseñó a hacer otra cosa que subir la potencia del fuego. Más y más calientes, fascinado por la enorme potencia, muy superior a la suya, y seguramente más que la tuya, Shouto».
Si algo sabe perfectamente Dabi es cuál es el punto débil de los héroes como Shouto. No está dispuesto a matarlo… ni a sacrificar población civil o militar. Dabi había contado con enfrentarse a Endeavour, provocarlo para que se acercase cuerpo a cuerpo a por él, tal y como ha hecho, y ahí utilizar las llamas para darle en el punto más débil: el aguante de la temperatura. Sin embargo, Shouto es más cauto y su Don de hielo está muy bien entrenado. Si no lo ha derrotado todavía, es porque está más preocupado por contener las llamas azules de Dabi, por crear cortafuegos con sus propias llamas y muros de hielo, sofocarlas con el agua del hielo derretido y proteger a los militares que corren inútilmente a su alrededor, como si pudieran siquiera aspirar a acercarse a ellos dos con la temperatura de las llamas que está creando, que por combatirle activamente.
Por tanto, sólo tiene que obligarlo a elegir para que forzarle a darlo todo. A buscar su propio límite. A quemarse a sí mismo, a pesar incluso de su Don de hielo.
Las llamas de Dabi crecen, arden tan alto, que superan el muro de hielo de Shouto. Los gritos de horror cuando las llamas se derraman sobre la superficie del muro, sublimándola, son música. Dos militares no consiguen escapar de sus llamas y sus gritos de horror y dolor cuando sus cuerpos se queman, combustionando al momento por la altísima temperatura, llegan hasta Dabi.
Sin embargo, la sonrisa triunfal de Dabi se ve interrumpida porque comprende, al ver la expresión de Shouto, que este ha dejado de alimentar el muro de hielo y atacarlo directamente. Ha comprendido que no va a poder contener a Dabi de manera indefinida. Ya no suda, pues su cuerpo ha superado el umbral donde el exceso de calor se lo impide, y su frente y mejillas se han enrojecido por la alta temperatura de ambos fuegos.
Está alcanzando su límite y el Don de enfriamiento de Dabi todavía funciona. Además, al contrario que Shouto, todas las partes que son injertos en su piel no sudan, igual que sus lacrimales, quemados tras la vez que perdió el control en el monte Sekoto, no pueden producir lágrimas. Además, es piel muerta, insensible, que no nota el calor ni el dolor. Las partes que sí pertenecen a su piel real están calientes, tirantes y tensas. No es consciente hasta ahora de que el fuego de ambos, combinado, ha consumido toda su ropa. Sin embargo, el traje profesional de Shouto aguanta indemne, proporcionándole una protección de la que él no dispone.
Con un pisotón, Shouto ataca con hielo, de frente.
Un camino helado se abre paso entre el fuego de ambos, reptando hasta los pies de Dabi y envolviéndolo de manera ascendente. En apenas un instante, ha alcanzado su cuello, inmovilizándolo. No dura mucho, pues la temperatura de su cuerpo es más alta de lo que preveía, y Dabi suspira con alivio al sentir el agua tibia del hielo que se derrite y evapora sobre su piel, ayudando al Don de enfriamiento que le permite subir más la temperatura de las llamas.
Lo hace una vez más, tanto que Shouto tiene que volver a levantar el muro protector de hielo, cerrándolo esta vez sobre ellos con una cúpula, para que esta vez Dabi no pueda adquirir ventaja. El interior del improvisado iglú se convierte en un infierno apenas contenido por los muros de hielo que Shouto mantiene alimentados constantemente aún a costa de menguar su fuerza de combate. El hielo que lo recubre se derrite y se evapora con un siseo agradable, demasiado rápido como para formar vapor o niebla, pero una nueva capa lo reemplaza cada vez al instante.
Cambiando de estrategia, con la prisión de hielo cerrándose más y más sobre ellos a cada capa de hielo que crea, Shouto salva la distancia que los separa y entra cuerpo a cuerpo, imitando un ataque de Endeavour. Un puño flamígero que se estrella contra la mandíbula de Dabi a pesar de que este intenta esquivarla. El rostro de Shouto está cada vez más enrojecido, pero seco.
—¡Tienes el mismo punto débil que padre! —grita Dabi, alborozado, al comprender que Shouto lamenta realmente la muerte de los dos militares y que se siente responsable, y que por eso ha optado por arriesgarse a sufrir el mismo destino que casi mata a Endeavour en lugar de seguir atacando para reducirlo—. Mi venganza ya está completa. Endeavour ha muerto, incluso aunque Enji Todoroki siga vivo. Su creación más perfecta va a asesinar a su hijo o morir a manos de él. La sociedad ya no mirará a los Todoroki con esperanza, ilusión ni admiración.
»Ya te lo dije. Hemos vencido. —Se ríe. Querría girar en un paso de baile elegante, como ha hecho al principio del combate, sólo por el gusto de hacerlo una última vez.
La piel de sus injertos empieza a arrugarse, cediendo al calor, pero la piel sana aguanta con el Don de hielo todavía. Mientras Shouto siga utilizando el hielo para enfriarse y encerrarlos, enfriará a Dabi también y no podrá atacarlo con él, abriendo posibilidades a nuevos ataques. Si usa el fuego, la temperatura combinada de ambos será fatal para ambos.
Se inclina hacia atrás cuando Shouto levanta la mano derecha, tratando de esquivar el impacto de un nuevo puñetazo, pero este se limita a sujetarle de la muñeca. Un frío helador asciende por el brazo de Dabi en un intento de congelarlo, esta vez desde la extremidad, tratando apagar el fuego desde su interior, pero no es posible. No funciona así. El fuego pertenece al interior de Dabi de la misma manera que lo hacen el corazón o sus pulmones. No pueden arrebatarle lo que es suyo de nacimiento.
Le arrebataron ser un héroe sólo porque no era óptimo, porque no era el producto eugenésico perfecto para que su padre consiguiese sus ambiciones personales, pero no le pueden arrebatar el fuego que produce y que es capaz de consumir hasta el hormigón bajo sus pies, derritiéndolo y cristalizándolo en vítreas rocas negras.
Con movimientos lentos, porque el calor ya casi le impide moverse, Dabi trata de asir el rostro de Shouto con la mano que tiene libre, marcar ahí con fuego la forma de sus dedos y hacer que los ojos se le derritan igual que el hormigón que los rodea, que revienten de la misma forma que los bloques de hielo que estallan a su alrededor, antes de licuarse o evaporarse, golpeando con sus esquirlas a muchos metros de distancia.
Shouto se lo impide en el último momento y enciende su lado izquierdo también. Uno de los brazos de Dabi se congela, el otro arde. Los dos duelen. La combinación de ambos Dones al unísono y el rostro de determinación de Shouto hacen que Dabi comprenda que ha llegado el momento de cumplir su amenaza. De proporcionar a Endeavour una última pesadilla, un último remordimiento, de asestar el golpe definitivo.
«Aquella vez sí que dolió. No pude detener las llamas, porque no me habías enseñado otra cosa que a subir la potencia. Que tus dos proyectos mueran debido a tu fracaso como maestro es justicia poética».
Incrementa la potencia de las llamas, decidido a todo, llevado por la furia. Todos los recuerdos de su padre entrenándolo, exigiendo más, de él intentando esforzarse, obtener su aprobación, todos se anudan en el interior de su pecho con rabia, invaden su mente. Frente a él, el rostro de Shouto comienza a quemarse, pero su expresión no varía. El Don de enfriamiento de All for One empieza a llegar a su límite: Dabi ya nota las yemas de los dedos calientes y la piel, la suya propia, tirante, pero a estas alturas todo vale.
Shouto exhala aire lentamente. Aire cuya humedad prácticamente se congela al abandonar sus labios, a pesar del calor que los rodea. Dabi no comprende qué es lo que pretende Shouto, recordando la vez anterior que utilizó ese truco para intentar librarse de Bubaigawara, hasta que es demasiado tarde.
Todo el lado derecho de Shouto se recubre de hielo, que sale disparado dentro del horno que ha fabricado. El equilibrio de temperaturas, sumamente delicado hasta este momento, colapsa.
Con un ruido sordo, que Dabi siente más que oye, el iglú estalla, enviando una fuerte onda expansiva alrededor de ambos.
La deflagración lo empuja hacia atrás. Dabi se tambalea, desorientado, a punto de perder el equilibrio. Shouto le tiende la mano derecha, aferrándole en el último momento e impidiéndole caer. La expresión de compasión ha vuelto a su rostro y Dabi grita, cabreado, pero sus cuerdas vocales ya no responden. Sus llamas azules arden con descontrol, fuera de su capacidad de contención, y lo queman de dentro hacia afuera.
De pronto, el Don de All for One se desvanece de su interior. Lo busca. Ha estado ahí durante semanas y, ahora que lo necesita, que realmente lo necesita, no está. Sin enfriamiento que mantenga las llamas desbocadas de su Don a raya y regule la temperatura de su piel, traspasa el punto de control.
«Traidor», piensa para sí mismo, aunque no está seguro de que no haya sido su propio fuego, capaz de devorarlo como ya lo hizo antaño, quien lo ha consumido, como hace con todo, hasta reducirlo a cenizas. Además, ha desaparecido justo en el preciso momento en que Shouto ha hecho explotar su hielo de forma brutal, aunque no se le ocurre cómo puede haber influido en un Don cedido por All for One.
No le da tiempo a pensar más, porque las llamas crecen alrededor y por encima de su cuerpo, provocándole dolor. Delante de él, tratando de acercarse a través de las llamas azules que arrasan con todo lo que tocan, Shouto grita algo, desesperado, pero no puede oírlo. Sólo escucha un pitido fuerte e intenso, provocado por la deflagración y pronto ni eso.
Al menos, constata con agradecimiento, se ha librado de la molestia intrusa del Don que no le pertenecía, aliviado. Ha sido molesto y desagradable, extraño todo el tiempo a pesar de su natural inclinación hacia ese tipo de Dones. Y, aunque eso equivalga a firmar su sentencia de muerte, lo percibe como correcto.
Aquí, al final de todas las cosas, únicamente restan su fuego y él.
No hay manera de contener las llamas que tremolan por su cuerpo, consumiéndolo con rapidez ahora que ya no hay hielo en su interior.
Tan sólo nota fría la muñeca que Shouto le aferra con fuerza con su mano derecha, transmitiéndole el frío de su Don, tratando de congelar el fuego de las llamas azules que incineran su cuerpo. La expresión de Shouto sigue siendo serena y compasiva, pero también profesional, decidida y determinada, dispuesto a salvarlo, incluso ahora que, aunque no lo pretendiese, puede reducir a cenizas el complejo militar entero y a todas las personas que contiene. Se ríe a carcajadas, una risa enloquecida, deseando poder gritarle, hacerse oír. Decirle que no lo va a lograr, que su hielo, que penetra desde el exterior, no puede helar su núcleo interior, que mana sin cesar y lo derrite sin esfuerzo antes siquiera de que Shouto pueda acercarse siquiera a congelarlo.
Notas:
- Espero sinceramente que la narración no esté resultando confusa en cuanto a la línea temporal de los hechos. He intentado incluir elementos que den pistas sobre en qué punto se solapan los diferentes PoVs y que se entienda que, más o menos, todo está ocurriendo al mismo tiempo. Si no lo he conseguido, mil disculpas.
- "Aquí, al final de todas las cosas", es una de mis frases favoritas de El Señor de los Anillos. Quien la pronuncia está junto a su mejor amigo y cree que van a morir. En realidad, es una frase muy bonita y esperanzadora.
- "Fiel a tu corazón" es, por supuesto, una canción de Mulán True To Your Heart. Fun fact: Originalmente, era el título de los capítulos 38 y 39. Además, es el único repetido (habrá otros dos con el título "Escucha a tu corazón"). El título original de este capítulo también estaba repetido, en el 46, donde siempre me gustó más. Reordenar los títulos me ha permitido pasar el del 35 al 46, poner otras dos caciones de Mulán en los 38 y 39 y quedarme con este aquí.
- Muchísimas frases de Dabi, All for One y Shouto de este capítulo son del manga original, no de mi autoría.
