Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

En esta ocasión, todas las notas al pie, por los posibles spoilers. ¡Muchísimas gracias por leer y comentar!

Trigger Warning: Referencias con descripciones explícitas de heridas, quemaduras, dolor, lesiones y sangre. Muertes de personajes. Para mí, el primer PoV de este capítulo califica como angst. Para que os hagáis una idea, originalmente estaba al final, cuando Dabi pierde el control de sus llamas, sin separar. También hay una referencia no muy explícita a sexo con kink de escarificación.


LA CHISPA QUE PRENDE EL FUEGO

El fuego duele.

Duele tan jodidamente como hace veinticinco años.

Un puñado de imágenes, una tras otra, igual que en las películas antiguas, pasan por delante de sus ojos.

Fuyumi, preocupada y asustada, negando con la cabeza y suplicándole que no entrene más.

Natsuo, riendo en respuesta a algo que él había dicho.

La ira de Endeavour, o quizá de Enji Todoroki, al descubrir que el niño llamado Touya había practicado su Don a escondidas, hasta dañar su piel con quemaduras.

Un diminuto Shouto Todoroki, mirándolo con ojitos desiguales y melancólicos, serio e inexpresivo como el adulto con el que ha peleado y que ahora luce una cicatriz que en ese entonces aún no tenía.

All Might alzando el puño en el televisor, pronunciando sus características palabras de victoria, empañadas por una dualidad de sentimientos contradictorios mientras Endeavour cambia de canal y masculla para sí mismo.

Fuyumi, Natsuo y él mismo, jugando a la pelota en el jardín de la casa familiar mientras escuchan, e intentan ignorar, los sonidos del entrenamiento de Endeavour con Shouto.

La sonrisa de su madre, mucho antes de que la vida se la borrase y cambiase por tristeza y lágrimas.

Sus manos, envueltas en llamas azules que unos segundos antes eran rojas, consumiéndose.

Su piel, ardiendo y encogiéndose como pergamino quemado. Siendo sustituida por parches de injertos torpemente grapados, regalo de un villano que más tarde lo invitaría a unirse a él.

Su cuerpo en un espejo.

La resignación en un adolescente pequeño y abandonado.

Sexo insatisfactorio en un callejón de los barrios más bajos y despreciables de Tokio, con un chico desfigurado por un Don monstruoso que suplica y jadea de placer cada vez que las yemas de los dedos de Dabi lo queman y escarifican la piel de su espalda, añadiendo nuevos surcos.

Stain, lamiendo su espada, con los ojos más determinados que Dabi ha visto jamás.

La inspiración de Stain. Sus mantras, sonando una y otra vez en su mente.

Endeavour posando en la televisión, orgulloso, admirado por el público. Sin hijo mayor, sólo un héroe que cumple con su deber y un hijo menor que sigue sus pasos.

Toga, a su lado. La primera vez que vio a Shigaraki. All for One recibiéndolo con los brazos abiertos. Liderar una guerra fracasada. Perseguir un sueño, que no era el que tenía, pero que le parecía un camino, al menos.

Gunkanjima.

La soledad.

La compañía, en los ruidos familiares e infructuosamente cuerdos, durante el encierro.

Endeavour de nuevo, Endeavour siempre en su mente, en sus sueños, en sus rencores, sus miedos y expectativas.

Le duelen los lacrimales y tiene los ojos más secos que nunca, pero no puede cerrar los párpados para protegerlos. Sospecha que, de manera similar a lo ocurrido años atrás, ya no están ahí. Medita en lo poético e irónico que resultaría ahora, en la hora postrera, una lágrima rodando por su mejilla, igual que la de su padre, redimiendo los actos de alguien que lleva más de la mitad de su vida buscando materializar la venganza contra quien se la destrozó y muere tras haber conseguido satisfacer parte de su sed, pero la vida es menos lírica de lo que los autores literarios quieren creer.

Desearía, no obstante, poder hacerlo. Una última vez.

Parece que Shouto por fin lo comprende, comprende que las llamas azules están descontroladas y que ni siquiera él puede hacer nada para apagarlas.

Lo suelta, dejándolo caer de rodillas, y Dabi deja de sentir el frío de su hielo tratando de entrar inútilmente en su cuerpo. Shouto se aleja un paso. Sin embargo, su expresión, esta vez abiertamente nerviosa y asustada, no se rinde. Ve su silueta desfigurada a través del fuego, moviendo la mano derecha para invocar más hielo, en una carrera contrarreloj contra la potencia de su fuego que lo derrite tan pronto como lo crea, tratando de encerrar las llamas azules para sofocarlas mediante la privación de oxígeno.

El hielo de su hermano es tan potente que, incluso con el agua que se derrite del hielo, evaporándose en una nube de vapor al instante, consigue sobreponerse y rodear a Dabi con una gruesa capa de hielo que se cierra herméticamente sobre él, creando más y más capas sin cesar, contrarrestando el fuego sin piedad.

«Una tumba de hielo para un cuerpo de hielo que albergaba el fuego más potente», piensa Dabi, satisfecho porque al fin la lírica haga presencia en su hora postrera.

El intento de Shouto es inútil, porque el fuego nace del interior de Dabi, que no sabe cómo contenerlas. No sabe cómo las contuvo en su paso a la adolescencia y ya no queda suficiente de él como para repetir aquel milagro.

«Al menos, una vez el fuego quema tus nervios, ya no sientes dolor. Y la oscuridad azul del interior del hielo sellado de Shouto resulta reconfortante», piensa, agradeciendo no haberlo matado y poder morir rodeado de sus propias llamas y el hielo que su cuerpo reconoce como legítimamente propio.

.

El nuevo Don que ha usado All for One, una onda expansiva cuyo epicentro es el mismo villano, los empuja hacia atrás a ambos, que caen al suelo de espaldas a un par de metros de distancia. Izuku se levanta lo más rápido que puede, conteniendo un gemido de dolor al hacerlo. Katsuki ha sido más veloz que él y ya está a su lado, en posición defensiva, pero no está preocupado y sonríe, presuntuoso. All for One sigue tumbado en el suelo, sin moverse. Con un gesto brusco, arrebata la máscara de All for One de entre las manos de Izuku, que la mira, a medio camino entre la sorpresa de haberlo conseguido y la incredulidad de que haya funcionado.

—¿Esto era lo que querías quitarle? —pregunta Katsuki, y en su tono hay un matiz de aprobación. Izuku asiente, jadeando con cansancio.

—Creo… Me parece que necesita esto para respirar adecuadamente. A lo mejor puede utilizar sus Dones, pero no podrá hacer grandes esfuerzos.

—Por supuesto —dice Katsuki, devolviéndoselo—. Físicamente, ya estaba hecho mierda hace años. Aunque me da que esa explosión final ha sido el último Don del que va a poder hacer uso —añade, intercambiando una mirada rápida con Izuku, todavía sonriendo con malicia.

»Vamos. —Aliviado porque Katsuki siga contando con él, Izuku asiente y se apresura a seguirlo.

En el suelo, la respiración jadeante de All for One es un estertor agónico que le impide obtener suficiente oxígeno como para hacer movimientos bruscos.

—Se acabó —dice Katsuki, de malhumor.

—Vivir hoy para rebelarse de nuevo mañana, ¿eh? —All for One jadea al hablar con un deje que le resulta familiar a Izuku y le recuerda vagamente al tiempo pasado en la nube negra, pero sonríe mientras lo hace—. Tienes un Don muy potente, Katsuki Bakugou. Pura fuerza bruta, pero lo canalizas bien. No podría haberte ayudado a entrenarlo mejor si hubieras aceptado nuestra oferta hace años.

—Cállate —gruñe Katsuki.

Izuku ayuda a Katsuki a mover a All for One, que se muestra dócil y colaborativo. Al ver la mirada cauta y desconfianza de Katsuki, que está atándole las manos a la espalda, adopta también una actitud precavida, preparado para reaccionar si manifiesta algún nuevo Don. Ahora que ya no están peleando, puede ver al villano con claridad. Lo ha visto en televisión, pero casi todas las imágenes eran de archivo y centradas en su busto o bien vídeos confusos de su último combate contra All Might. Nunca como ahora, de cerca y en vivo.

—Todavía puedes cambiar de opinión. —Es grande, aparentemente casi tan alto como Katsuki y tan corpulento como él. Y su voz jadeante aún conserva un poco de la tonalidad amable que antes ha cautivado a Izuku y que ahora le produce una sensación de leve asco.

—No lo escuches, Deku —dice Katsuki, que ha terminado de inmovilizar a All for One, mirando a Izuku con el ceño fruncido. Este sonríe, tranquilizándolo, comprendiendo que Katsuki, quizá por su carácter explosivo o por lo claras de sus ideas, puede oír el Don de All for One, pero no se ve afectado por él y le preocupa que sí arrastre a Izuku.

Y, quizá, en los ojos rojos hay un atisbo de comprensión y algo más que no sabe interpretar, al comprender qué es lo que le está ofreciendo, que es lo que ya le ha ofrecido. Pero Izuku no tiene dudas y tampoco ha cambiado de opinión.

—Yo ya he aceptado que no tengo Don. Me ha costado entenderlo, he tenido que pasar por mucho, pero lo he entendido y he aprendido a ser feliz con mi suerte. Ahora es problema de la sociedad entenderlo también, pero yo seguiré siendo yo, sin Don. El Don no me define. Jamás me arrodillaré delante de alguien como tú —dice del tirón, mirando el respirador de All for One, que todavía tiene en las manos, sin levantar la cabeza hasta que ha terminado. inspira profundamente, mirando de reojo a Katsuki, que lo recompensa con una mirada de aprobación que aletea con orgullo en el pecho de Izuku.

—Es una lástima… —Katsuki empuja levemente a All for One por la espalda, incitándole a caminar delante de él. All for One obedece, pero se vuelve hacia Izuku una vez más, observándolo con curiosidad. «Antes quería tentarme. Ahora quiere analizarme», comprende Izuku, que baja la mirada, incómodo—. ¿Cómo te llamas?

—Midoriya. Izuku Midoriya —responde automáticamente Izuku, por segunda vez en un día.

La primera ha sido para presentarse a un héroe. Ahora, es un villano quien pregunta su nombre. Izuku sacude la cabeza, porque el pensamiento de que apenas unos meses atrás ninguno de los dos habría sentido interés alguno por su identidad, apenas un insecto bajo ellos, algo que salvar o sacrificar, le cruza la cabeza. Y sonríe, contento porque, aunque All for One no lo sepa, el cambio ha comenzado.

«Una chispa puede prender el incendio más potente». No sabe de quién es la cita, y cree que no es exactamente así, pero ahora está seguro de que algún día ocurrirá.

—¡No lo escuches! —lo reprende Katsuki de nuevo, endureciendo el tono. Izuku enrojece de vergüenza, pero Katsuki la mirada que intercambia con él no es airada—. Y, recuerda que te llamas Deku, nerd. Es tu nombre de héroe.

—Buena… elección de nombre profesional —dice All for One, en cambio, provocando que Katsuki frunza más el ceño y le dé un pequeño empujón. Ha hablado con esfuerzo, en tono amable y tomando el aire a pequeñas bocanadas, mientras Katsuki e Izuku lo guían de vuelta al complejo. Izuku se sorprende al ver que se han alejado bastante y admira la capacidad de Katsuki de dirigir a su enemigo a un área donde poder combatir cómodamente sin preocuparse por el entorno y poder desatar todo el poder de su Don sin miedo a daños colaterales—. Es cierto que tienes mucha suerte, héroe. ¿Midoriya, has dicho que te llamas? Un apellido interesante. ¿El pelo verde también lo heredaste de tu padre?

—No conocí a mí padre —reconoce Izuku, incómodo por la insistencia del villano, sin tener muy claro por qué se siente impelido a contestar las preguntas de All for One ahora que el Don cautivador no parece afectarle—. No sé cómo tenía el pelo, pero el de mi madre es verde también.

—Es muy interesante. Un niño con una fortaleza como tú, sin Don… Ojalá haberlo sabido antes, habría sido perfecto para mi objetivo y no habríamos llegado a este punto —murmura All for One, más para sí mismo que hacia Izuku o Katsuki, que intercambian una mirada a medio camino entre la aversión y el horror por las implicaciones que tiene la distraída verborrea de All for One—. Pero… no hablas dialecto Gifu-Aichi, Izuku Midoriya. Tu forma de hablar es más bien… ¿Shizuoka?

—Musutafu. —Izuku mira a Katsuki con expresión culpable por contestar de nuevo. Este resopla, pone los ojos en blanco y, aunque no dice nada, inclina levemente la cabeza, atento a la conversación.

—Vaya, habría apostado a que eras de Nagoya —dice All for One en tono casual.

—En realidad… bueno, yo nací allí. Mi madre… —murmura Izuku, más para sí mismo, desconcertado. Ese ha sido un dato muy certero para no disponer de información adecuada. Él mismo no lo ha sabido hasta hace apenas unas semanas, así que no es algo que pueda ser evidente, pero no le da lugar a pensar en ello, pues se sumergen de vuelta en el caos que habían dejado atrás.

Al entrar en el complejo, por la puerta principal y no por el agujero del muro que Katsuki ha abierto, les recibe un tremendo caos de gritos, carreras y llamas azules rodeadas de enormes y extensos muros de hielo que tratan de contenerlas en su interior. Aunque sigue lloviendo, las gotas de agua se evaporan mucho antes de tocar el suelo o la piel de Izuku, cuya piel se calienta al instante y su ropa, empapada de barro húmedo que se está convirtiendo en costra seca sobre la tela, exuda un vapor casi invisible, secándose al instante.

Un grupo de militares están estableciendo un cordón de seguridad, claramente insuficiente y demasiado cerca de las llamas. Accidentalmente, un bloque de hielo derriba a varios soldados. Izuku está a punto de salir corriendo en su ayuda, pero Katsuki lo retiene. El mismo hielo que los ha tirado al suelo forma una cúpula protectora sobre los soldados que no tarda en derretirse en un enorme charco por el calor de las llamas azules de Dabi que los ataca acto seguido.

Entre gritos, algunos héroes profesionales que Izuku ha visto en el funeral, como Gang Orca que es quien ayuda a evacuar a los soldados antes de que otra llamarada azul ocupe el lugar de que ocupaban, están intentando proteger a los militares y asegurar el cordón, ayudados por unos pocos reclutas que van con el uniforme del complejo. Sin embargo, comprende Izuku inmediatamente, no pueden llegar hasta el sitio exacto donde se está librando el combate y que Shouto está controlando los daños que la muralla de fuego de Dabi inflige.

—Shouto. Necesita ayuda —dice Katsuki, apretando los labios, cuando varias llamas superan el cerco de hielo que ha creado Shouto. No obstante, no se separa de All for One y lo empuja sin mucha fuerza—. No te pares, nerd.

—Iré yo —dice Izuku al momento, aunque no sabe cómo podría atravesar el fuego y el hielo que pelean enconadamente, pero Katsuki niega con la cabeza, serio.

—No —dice Katsuki en tono firme. Izuku lo mira, confundido—. No te desconcentres, Deku. Shouto es un héroe profesional. Sabe lo que se hace y ha entrenado muchos años con su padre, podrá lidiar con esto.

—Pero… —Izuku asiente, comprendiendo que no lo está tratando con condescendencia. «Me está pidiendo que me comporte como un héroe que cumple su deber, no como un civil imprudente que se arriesga y distrae al resto de héroes». La sonrisa de Katsuki, más elevada en la comisura derecha que en la izquierda, se ensancha.

—Primero terminemos con esto y luego vamos. Es lo que haría él.

—¡Sí! ¡Por supuesto! —asiente Izuku, pero no ha terminado de articular la frase cuando un enorme estruendo y una fuerte onda expansiva, que ni siquiera Katsuki o Gang Orca pueden aguantar, lo derriba y arrastra por el suelo a toda velocidad, alejándolo de Katsuki y All for One, hasta topar contra el muro de piedra de uno de los pabellones con un golpe tan fuerte que se le corta la respiración.

La explosión ha sido brutal. Tanto que, durante unos segundos, Izuku es incapaz de respirar. Mucho más potente, ha sido diferente a la onda expansiva que All for One ha utilizado contra Katsuki y él unos minutos antes. Y venía desde otro lugar.

Tras un angustioso segundo de incertidumbre, coge aire por la boca, inspirando tan brusca y rápidamente que los pulmones le restallan de dolor, y jadea, aliviado. El aire huele a humo y ozono y está sumamente caliente, más incluso que cuando han llegado y el bochorno estaba a punto de transformarse en lluvia fresca. Abre los ojos y le cuesta enfocar hasta que comprende que no son sus ojos, sino el vapor que se extiende en bancos de niebla alrededor de él.

A varias decenas de metros, donde han visto a Shouto peleando, puede ver la luz azulada de las llamas de Dabi ardiendo, incluso a pesar de la escasa visibilidad. Las llamas son tan altas y anchas que triplican la estatura de Shouto, al cual no puede distinguir desde donde está, porque ha apagado sus llamas rojas y anaranjadas. El fuego azul está completamente descontrolado y envía oleadas de llamas abrasadoras en direcciones aleatorias. Una de ellas se acerca rápidamente a Izuku, pero es atajada rápidamente por un bloque de hielo que se evapora al instante antes de que pueda reaccionar y levantarse.

Se incorpora con dificultad, con los oídos pitándole con fuerza, hasta quedar sentado con la espalda en la pared y abrazándose el muñón. A lo lejos, la hoguera azul en que se ha convertido Dabi ha desaparecido y sólo queda el espeso humo negro que provocaba al combustionar el hormigón que lo rodeaba.

Una finísima cúpula de hielo prácticamente transparente cubre el cielo como un paraguas, abarcando toda la zona afectada por la explosión y luego estalla en silencio en miles de millones de esquirlas que se derriten paulatinamente en ligeros copos de nieve y luego en refrescantes gotas de agua que enfrían el ambiente y disipan los bancos de niebla del vapor en menos de un minuto.

A su alrededor, varias personas permanecen en el suelo. Otras, vestidas con uniformes militares, corren de un lado a otro mientras gritan órdenes que Izuku no oye. Sólo escucha un intenso pitido en ambos oídos que se va atenuando paulatinamente. Gime, y sabe que ha hecho ruido, porque le vibra la mandíbula y la garganta, pero no se oye.

Le duele la espalda, donde se ha golpeado, pero también los pulmones. Por un momento, teme haberse roto una costilla en el impacto, así que se queda quieto, apoyado contra la pared, respirando lenta y profundamente, dejando que el dolor remita por sí sólo. Agotado, apoya la nuca en la pared y vuelve a cerrar los ojos hasta que percibe una presencia moviéndose a su lado.

El rostro familiar de Sero le sonríe. Está arrodillado junto a él y dice algo, pero Izuku, aunque sí percibe levemente el sonido y el pitido de sus oídos ya no es tan intenso, no lo entiende. En cambio, sí nota la cabeza más despejada que unos momentos antes y cae en la cuenta de que ha perdido el respirador de All for One. Busca a su alrededor, preocupado, y trata de levantarse, pero Sero se lo impide, poniéndole la mano en el hombro con gentileza. El chico sigue hablando, más alto, y esta vez Izuku sí lo entiende, porque el pitido de los oídos sigue disminuyendo:

—Quieto, quieto, ¿cómo estay? —La voz de Sero sigue llegándole embotada, pero al menos ya le oye y también percibe el murmullo del caos del resto de personas que están llegando a ayudar.

—El respirador. El respirador de All for One… Yo lo llevaba, porque All for One lo necesita para respirar, pero no queríamos que lo recuperase hasta que… —Izuku sigue buscando, pero Sero lo interrumpe, palpándolo con las manos.

—¿Te has hecho daño? ¿Has perdido el conocimiento?

—No… Sí. No lo sé. No estoy seguro. Si ha sido ahora mismo, creo que no. ¿Qué ha ocurrido?

—Creo que ha sido cosa de las temperaturas del fuego, el hielo y la lluvia. Han provocado una explosión o algo así por la diferencia entre el hielo y el fuego —explica Sero, tanteando la nuca de Izuku, en busca de algún golpe. Izuku hace una mueca de dolor cuando los dedos del chico rozan un chichón—. Ha sido hace un par de minutos, como mucho.

—Entonces, no —niega Izuku, convencido de que esta vez no se ha desmayado—. Aunque creo que la onda expansiva me ha aturdido al lanzarme contra la pared. Me dolía el pecho al respirar, aunque ya se me ha pasado —se apresura a aclarar, pero Sero ya está palpándole en busca de alguna costilla rota. Además, ya lo escucha mucho mejor y el pitido del oído es prácticamente residual, aunque no se lo dice para no preocuparlo más.

—Sipo que sólo te has golpeado la cabeza. Parece un simple golpe, sin sangre, pero no habría que descartar la contusión hasta que te vea alguien especializado —dictamina Sero, con confianza—. Pero no creo que te hayas hecho daño en el pecho, sólo ha sido el impacto de la onda de choque. Ha llegado hasta donde estábamos nosotros también y a algunos de los pacos los ha tirado al suelo, y eso que estábamos mucho más lejos que vosotros. ¿Podi ponerte en pie?

—¡Sí! —dice Izuku, apoyándose en Sero, que lo ayuda. Ahora que el otro chico le ha encontrado el chichón, el golpe le duele y arde levemente. Como Sero se ha situado a su izquierda, rodeándole la espalda con el brazo para dejarle la mano derecha libre, Izuku se palpa la nuca, tentativo.

—Tienes un buen cototo ahí, weón, pero no hueles a gladiolo todavía —lo tranquiliza Sero con una sonrisa. Izuku está a punto de preguntar qué ha dicho, pero Sero sonríe y se adelanta—. Un chichón. Y que no te vas a morir. Bueno, po, te ayudaré a llegar detrás de las líneas de seguridad, ya están atendiendo a la gente, te ayudarán. —Esta vez, Sero sí se pasa el brazo derecho de Izuku por los hombros, pero este niega con la cabeza, recordando de nuevo el respirador de All for One. El rápido y somero examen físico de Sero le ha hecho olvidarlo momentáneamente.

—No. Tengo que ir con Dynamight y All for One. Traíamos a All for One para que lo inmovilizasen y ahora… Tengo que…

—Estay tranquilo, Midoriya. Está piola. Vamos, tienen que revisarte ese golpe de la cabeza.

—No. Tengo que ir con Dynamight —insiste Izuku, poniéndose cada vez más nervioso. Sero lo mira, evaluándolo silenciosamente, y luego asiente.

—Está bien. Dynamight, po. Vamos.

—Gracias. —Izuku se apoya en Sero y se deja conducir.

El vapor está desvaneciéndose del todo, pero el lugar está cubierto de polvo en suspensión y todavía hay retazos del humo negro de olor penetrante característico del fuego de Dabi. Allá donde mire, ve las consecuencias de la batalla: los edificios ennegrecidos por el humo, suelo vitrificado por el fuego, escombros al lado de un muro derribado, la sangre del soldado que ha perdido la vida a manos de Toga… Parpadea, levemente mareado, pero se le pasa en cuanto dan unos pasos, los primeros cautelosos y tímidos y los siguientes más apresurados. Sin embargo, no parece tan grave como el incendio del otro complejo, ni tampoco tan catastrófico como la batalla de Musutafu.

También el humo empieza a despejarse lentamente y, de nuevo, gruesos goterones impactan en el rostro de Izuku, que alza la mirada al cielo, todavía oscuro y cargado de nubes de tormenta veraniega, exactamente igual al que ha visto desde la ventanilla del taxi de camino a aquí.

—En realidad, no ha dejado de llover en ningún momento —dice Sero, adivinando sus pensamientos—. Pero aquí no lo habéis notado por el fuego. Debía de ser muy potente.

Izuku asiente, pensando en que, en realidad, él ha estado empapado y mojado durante toda la pelea contra All for One, sobre todo cuando lo han arrastrado fuera del recinto, pero no dice nada, pensando en lo potente que ha debido ser el fuego combinado de Dabi y Shouto para provocar que la lluvia no alcance el suelo en varios metros a la redonda.

—¡Hanta! —Kaminari, con gesto grave y preocupado en el rostro, los ha visto y se acerca a ellos—. ¡Eh, Midoriya! ¿Estás bien?

—Se ha golpeado la cabeza —se apresura a contestar Sero antes de que Izuku pueda responder quitándole importancia—. Hay que llevarlo con el personal sanitario para que se lo revisen.

—¡Estoy bien! —protesta Izuku, sonrojándose. Se percata de que es la primera vez que habla con sus dos compañeros de habitación desde que entraron en la tienda para despedirse de él cuando lo trasladaron al hospital y eso lo hace sentir un poco incómodo, dadas las circunstancias en las que ocurrió—. ¿Vosotros? ¿Está todo el mundo bien? —pregunta un poco ansioso.

—Estamos bien —dice Kaminari con una sonrisa cansada—. Nos asustamos cuando Uraraka apareció con la tía vampira, toda empapada de sangre, pero ahora está bajo control y Hatsume está con ella y algunas personas que estaban en el patio, para que puedan asearse y cambiarse de ropa.

—¿Y el resto? —pregunta Izuku, extrañado. No se ve a Shouto peleando tampoco, cuando antes de la explosión el crepitar del fuego, su calor y los bloques de hielo, resonaban con fuerza.

—Está todo el mundo bien, creo. Más o menos —dice Kaminari, situándose al otro lado de Izuku y pasándole el brazo por la cintura cuando este intenta deshacerse del agarre de Sero para caminar por su cuenta—. Es todo un poco confuso, pero creo que ha terminado todo. Aunque no encuentro a Hitoshi.

—¿Shinsou no ha aparecido? —pregunta Izuku, notando la ansiedad atenazarle la garganta.

—Está bien, weón —lo tranquiliza Sero, que luego se dirige a Kaminari—. Estaba con Creati, lo dejé allí antes de venir a ayudar aquí. Adelántate, si querí, yo me encargo de Midoriya —ofrece, pero Kaminari niega con la cabeza.

—A lo mejor ya le han ordenado que se retire a descansar. —Mira a su alrededor, que cada vez está más despejado y la gente herida está siendo atendida—. Además, ya están llegando los paramédicos militares, no tenemos nada que hacer. Antes, Hanta ha estado ayudando a improvisar camillas para moveros, pero ya no hacen falta —dice Kaminari, orgulloso de su amigo—. Se le dan muy bien los primeros auxilios.

—No seas weón —protesta Sero.

—Eso he podido comprobar por mí mismo —asiente Izuku, estirando la cabeza para buscar a Katsuki entre la cada vez más escasa gente que permanece en el campo de batalla.

—Nos han entrenado duro este mes. Al principio, como Dynamight no nos daba clases de pelea, igual que en el otro complejo, nos hicieron practicar —dice Kaminari. Izuku se siente peor, porque siente que es una carga para los dos chicos que, por su aspecto cansado y alerta, no han dejado de trabajar desde que ha comenzado el ataque. Además, escuchar de su entrenamiento le hace recordar que ambos chicos han sido víctimas de su engaño, aunque estén comportándose con naturalidad.

—Puedo solo —protesta Izuku una vez más, intentando infructuosamente desterrar el último pensamiento de su cabeza.

—Bacán, weón, pero aun así no te vamos a soltar —dice Sero, demostrando una vez más lo intuitivo que es, quizá por la diferencia de edad con respecto a él y Kaminari.

Izuku se detiene, emocionado, con los ojos llenos de lágrimas y una fuerte opresión en el pecho que no tiene nada que ver con el golpe. Sus dos amigos, que se han detenido a la misma vez que él, lo miran con preocupación.

—Lo… lo siento. Por mentiros y... —susurra, acongojado, interrumpiéndose cuando le falla la voz.

—No digas tonterías, Midoriya —lo interrumpe Kaminari, esbozando una sonrisa cansada, pero sincera—. Está todo bien, no te preocupes. Hatsume nos contó por qué lo habías hecho.

—Sí, lo de que no tienes papá, que a tu mamá le habían mandado una carta porque los Dones de tu familia tenían potencial… Además, todo lo que has conseguido hacer, sin tener Don, es la zorra, weón. —Sero tiene en la voz un tono de admiración que abruma a Izuku—. Conchesumadre, Midoriya, lo hacías brígido, mejor que nosotros que sí teníamos un Don.

La niebla se ha disipado completamente y, aunque no ha dejado de llover, se ha abierto una brecha en las nubes por donde entran rayos de sol tan cegadores como luminosos. Aunque cada vez hay menos gente, un grupo de militares, policías y héroes se apelotonan, rodeando algo o alguien. Reconoce al héroe que estaba en su autobús cuando lo llevaron al complejo, lidiando con las cámaras de televisión que tratan de acercarse, cuyos potentes focos brillan y destacan.

Izuku distingue a Katsuki entre la pequeña multitud. Está discutiendo con varios militares con rudeza, que lo rodean. Sero y Kaminari también lo han visto y, haciendo fuerza para impedir a Izuku soltarse y adelantarse, se dirigen hacia allí con él. Se abre camino entre los militares con la naturalidad de quienes saben que pueden estar allí, hasta llegar a Katsuki. Izuku está a punto de disculparse y avisar de la pérdida del respirador, cuando baja la vista al suelo, donde, a los pies de Katsuki, descansa el cuerpo inerte de All for One.

.

—¡Dynamight! —lo llama Izuku.

Katsuki, que estaba contemplando el difunto cuerpo de All for One con la mirada perdida, e inmenso en pensamientos funestos, levanta la vista al oírlo. Gran parte de su cabreo, pensando en todas las vidas destrozadas por un villano al que no le ha importado ser una pieza de un plan mayor y desconocido con tal de poder encontrar su oportunidad de alcanzar el poder y desplegar su reinado del terror, se disipa al instante.

La rabia por no tener la oportunidad de interrogarlo y de hacerle pagar justamente sus crímenes, de poder acusarlo por los asesinatos de Monoma y Best Jeanist sigue dentro de él y probablemente lo hará durante mucho tiempo; pero la forma en la que Izuku se detiene a un par de metros de él, dubitativo porque uno de los militares, no le ha quedado claro si un sargento o cabo, alguien que no es soldado raso, en todo caso, sigue hablándole del informe que tiene que rellenar y la declaración que le tiene que tomar, le ayuda a relegarla al fondo de sus pensamientos y dejar de regodearse en su frustración y dolor.

Dos de sus reclutas están ayudando a Izuku a caminar y lo sostienen, así que Katsuki inmediatamente aparta a un lado al militar que, enfadado, le dice algo en tono acusatorio, pero lo ignora para acercarse a él y comprobar por sí mismo qué le ocurre. Ha tenido que recurrir a toda su fuerza de voluntad y formación profesional para no salir volando por todo el recinto después de la explosión, buscándolo. Confiar en que recibiría la ayuda y atención necesaria, que podría encontrarlo después de ocuparse de All for One y asegurarse de que está realmente muerto o inmovilizado, ha sido duro. La insistencia de los militares a cargo del complejo en avasallarle con preguntas y requerimientos no lo ha hecho más llevadero, precisamente.

—Deku. ¿Estás bien? —Izuku asiente. Trata de librarse de la sujeción de los dos chicos, que no se lo permiten.

—Estoy bien. La explosión me tiró al suelo y me aturdió un poco, pero puedo caminar por mí mismo y no me duele nada. Tengo un pequeño chichón, pero estoy seguro de que no es nada importante —asegura Izuku, ansioso.

Habla rápido, Katsuki no sabe si porque quiere convencerle o convencerse a sí mismo, así que decide comprobarlo por su cuenta. Mientras Izuku habla, lo examina de arriba abajo. Su ropa está acartonada por haberse mojado y secado rápidamente y también sucia, igual que todos los demás. El vendaje del muñón está negro, probablemente por el humo de Dabi que ha invadido casi todo el recinto, pero aguanta en su sitio y no se ha dañado. También tiene enormes manchas oscuras de sangre en la ropa, aunque Katsuki cree que pertenecen al soldado fallecido antes de pelear contra All for One. Aliviado porque, efectivamente, Izuku está ileso y no parece tener nada más grave que el chichón de la nuca, respira hondo.

—Estás bien.

—He perdido el respirador de All for One, pero… —Izuku no ha dejado de hablar y forcejear para deshacerse del agarre de Kaminari y Sero mientras lo examinaba, ajeno totalmente a las prioridades de Katsuki, que niega con la cabeza al escuchar lo que acaba de decir.

—Eso ya no importa. Ha acabado todo —dice, haciendo un gesto discreto a Sero y Kaminari, que permiten que Izuku se suelte y se acerque a Katsuki.

Levantando la cabeza para mirarlo a los ojos, Izuku lo observa con los ojos verdes chispeando por la preocupación y luego con alivio al constatar que Katsuki está bien. Está tan cerca que Katsuki puede sentir su aliento en el rostro. Tiene la necesidad y el deseo de rodearlo con los brazos para obligarlo a quedarse a su lado, de asegurarse de que no se aleja otra vez y protegerlo, pero no lo hace y tampoco lo expresa en voz alta.

Tampoco le cuenta que, cuando la explosión los ha derribado y lanzado por los aires, ha intentado sujetarlo a él antes que a All for One para no perderlo de vista, pero no lo ha conseguido. Y después, cuando la onda de choque ha terminado y se ha levantado, estaba al lado de All for One, rodeado de militares desubicados y un mando militar que no se callaba. No dice nada de todo eso, pero sí taladra con la mirada a los otros dos chicos, que se han quedado rezagados a un par de metros, sin saber bien qué hacer o decir.

—¿Está bien? —les pregunta a ellos, con voz desabrida.

—Está bien —asiente Kaminari, sonriendo. Ese chico siempre sonríe, es pura electricidad, incluso ahora, cuando su rostro está agotado y preocupado.

—Sólo tiene el chichón de la cabeza, pero no sangra —dice Sero, que no parece tan preocupado como el otro chico. Izuku aparta la mirada de Katsuki para fulminar a su amigo por delatarlo, que se encoge de hombros sin demasiada culpabilidad—. Tampoco ve doble ni tiene las pupilas dilatadas. No está de más que le echen un vistazo, pero no parece que sea algo grave.

—Estoy bien —repite Izuku, volviendo la mirada a Katsuki, ofendido y frunciendo el ceño de una manera tan graciosa que Katsuki no puede reprimir una media sonrisa maliciosa. Un carraspeo del mando militar, que vuelve a estar a su lado con cara de circunstancias e impaciencia, lo hace recordar que todavía tiene burocracia y declaraciones que resolver.

All for One yace en el suelo, rodeado a poca distancia por varias cámaras con los potentes focos iluminándoles a varios metros de distancia, apenas contenidas por otros héroes y militares, que intentan infructuosamente ampliar el cordón de seguridad. Katsuki mira una vez más el cadáver de All for One, con desprecio. No hay dudas, está muerto. Lo ha comprobado él mismo tomándole el pulso, y también varios de los soldados, pero no aun así lo han atado y contenido hasta que ha llegado un médico castrense a medirle las constantes vitales y anunciado el óbito formalmente. Sólo por si acaso, ya que no es la primera vez que un pulso mal tomado se convierte en un cadáver reanimado problemático al que volver a detener.

—No es tan complicado, joder —dice Katsuki al mando militar, que no se amilana ante las voces del héroe. Katsuki no lo reconoce, pero supone que no es la primera vez que trata con él, porque normalmente los miembros de los cuerpos de seguridad suelen mostrarse más cautos cuando aún no lo conocen—. Hubo una onda expansiva a causa de la explosión de Shouto. Nos ha derribado a todos e incluso ha afectado a los edificios cercanos. All for One estaba muerto después de eso. No hay más, es obvio.

No dice, sin embargo, nada de lo que el villano ha dicho antes de morir. Ni durante la pelea, ni en su conversación con Izuku. No, si no es necesario, al menos hasta saber más. También decide no preguntarle a Izuku sobre lo ocurrido en el segundo que ha estado dentro de la niebla negra de transporte, sospechando que ha sido diferente para él, salvo que el chico quiera contárselo.

Hay un charco de sangre bajo la cabeza de All for One. Como Izuku, debe haberse golpeado la nuca al caer por el impacto de la onda expansiva, pero la zona donde están está llena de escombros y algunos bloques de hielo que se derriten lentamente. La explicación más plausible, como le ha explicado al mando militar, es que ha debido de golpearse contra el suelo o alguno de los escombros y que esa ha sido la causa de la muerte, a juzgar por la cantidad de sangre que hay ya en el cemento bajo el cadáver.

—¿… el respirador? —Katsuki parpadea, prestando atención al alto mando y a su última pregunta, que deduce por sus últimas palabras.

—Le quitamos la máscara que utilizaba para respirar. Para neutralizarlo y luego mientras lo escoltábamos —aclara Katsuki. El militar anota diligentemente en su informe—. No podía respirar bien sin él, lo cual mermaba su capacidad de acción. Era un hombre débil, físicamente hablando. Si no pude reducirlo antes era porque quería alejarlo de sus cómplices y porque tenía múltiples Dones que podía utilizar para mantenerme a raya, pero era alguien que no estaba acostumbrado a combatir, sino a mover hilos desde la retaguardia.

—En cuanto entré cuerpo a cuerpo sin un escudo que lo protegiese, no pudo aguantar el golpe —dice Izuku, voluntariosamente. Katsuki lo fulmina con la mirada para que se calle, pero el militar no parece darle mayor importancia.

—Comprendido. —El militar lo saluda formalmente y Katsuki asiente para despedirlo, agradeciendo mentalmente que por fin se haya quedado satisfecho.

—¿He hecho bien en no mencionar lo que me dijo? —pregunta Izuku, un poco ansioso, cuando el militar se aparta, ordenando a sus subordinados que recojan el cadáver y procedan con su traslado. Katsuki asiente y el chico respira, aliviado—. Tú tampoco me has preguntado.

—¿Quieres contármelo? —Izuku primero niega y luego se encoge de hombros.

—Ha sido… raro. Más largo para mí que para ti, creo. Quería convencerme de que podía darme un Don, claro, pero no sé si estaba pensando en que podría utilizarlo contra él. Creo… Me parece que la gente a la que él le daba un Don luego no podía rebelarse o… no sé… —murmura, pensativo, Katsuki hace una mueca, porque eso podría tener implicaciones legales a la hora de juzgar al resto de la Liga de Villanos que sí le ha sobrevivido. Sin embargo, antes de que se plantee si llamar al mando militar y contárselo, Izuku frunce el ceño—. Hacía unas preguntas muy extrañas.

—No era necesario que le contestases —dice Katsuki, comprendiendo que se refiere a las de después, que Izuku no ha podido resistir contestar por el Don del villano que ha empleado durante todo el combate cuando hablaba, no a lo ocurrido en la niebla negra. Es cierto que ha sido algo insólito, dadas las circunstancias, pero no sabe qué pensar al respecto.

—Lo sé. No podía evitarlo, era… Sólo… Ha sido extraño…

—¿Estás bien? —pregunta Katsuki de nuevo, en voz baja, fulminando con la mirada a Kaminari y Sero, que están repentinamente interesados en sus propios zapatos. Esta vez no se refiere al golpe de la cabeza. Quiere cogerle de la mano, apretársela con fuerza, sentir que está ahí y llevárselo fuera del devastado escenario, pero hay demasiados espectadores, demasiada gente a su alrededor como para que Katsuki se sienta cómodo.

—Sí. —Izuku sonríe, nervioso. Katsuki se da cuenta de que se abraza a sí mismo con el brazo derecho, sujetándose el vendaje del muñón con la mano. También de que lo está mirando fijamente, más de lo que sería considerado cortés, y que el malhumor del último mes se ha disipado. El dolor sigue ahí, pero puede lidiar con él más tarde. Ya lo está haciendo, de hecho.

—¿Te duele?

—¿Eh? —Izuku parpadea, sin comprender la pregunta, hasta que se fija en qué está mirando Katsuki—. Ah, no. O sea, sí, a veces. Pero no ahora. Es… una manía. —Nervioso, Izuku se suelta el brazo y, como no sabe qué hacer con la mano derecha ahora que la tiene libre, se la frota contra la camiseta sucia.

—Hay que cambiarte el vendaje —decide Katsuki. El blanco de las vendas ya no existe, están sucias y ennegrecidas. Izuku se mira el muñón, como si fuese algo ajeno a él y luego se encoge de hombros una vez más, como si no supiera exactamente cuál es su lugar ahora que ha acabado la misión que se ha impuesto—. ¿Hay que hacerlo ya o puede esperar?

—Está bien. Sólo se ha ensuciado por fuera, está seco y firme —concluye Izuku tras unos segundos de titubeo, mirando el vendaje con ojo crítico.

—Entonces, vamos en busca de Shouto y luego encontraremos a alguien que pueda ponerte un vendaje nuevo y limpio —decide Katsuki, que está preocupado por su amigo. Lo ha divisado apenas un segundo cuando el vapor y el humo han comenzado a disiparse, a lo lejos, informando como él de lo ocurrido. También ha visto a Endeavour cuando lo han sacado de allí en una camilla, despierto, pero no indemne, así que supone que Shouto necesitará apoyo emocional—. Ha sido él quien ha causado esta explosión, lleva su firma, pero no sé si ha sido intencionadamente, porque suele tener mucho cuidado con no causar daños colaterales ni humanos.

Evaluando una última vez a Izuku y concluyendo que, sin duda, no necesita la ayuda que Kaminari y Sero le estaban proporcionando antes, hace un gesto con la cabeza y camina delante de ellos. Izuku lo sigue al instante, por su cuenta, con paso firme. Sin nuevas órdenes que seguir, Sero y Kaminari también van con ellos, obedeciendo la muda instrucción de Katsuki, que no quiere que ninguno de sus reclutas tenga algún problema ahora que todo parece haber terminado.

Se dirige con decisión hacia donde ha visto a Shouto por última vez, hablando con el militar. Cuanto más avanzan, más calcinado está el entorno. El suelo de hormigón y asfalto se ha resquebrajado igual que en un desierto seco cuya arena está cristalizada, y cruje bajo sus pasos, aunque no se quiebra más. En el epicentro del destrozo está Shouto, arrodillado y sentado sobre sus talones, con las manos apoyadas en las rodillas y la mirada perdida en las cenizas que cubren el suelo, demasiadas, tantas que sólo pueden ser de una persona. Por culpa del hielo derretido y las gotas lluvia, que caen de nuevo en abundancia, forman un emplasto de barro encima de los huesos ennegrecidos y los restos metálicos a medio derretir que salpican el resto de la escena.

—Esa temperatura debe haber sido impresionante —dice Katsuki en tono serio y franco, mirando asqueado los restos.

—Era suya, sobre todo. Yo sólo intentaba… —La voz de Shouto se ahoga, aunque su rostro permanece inexpresivo—. Se consumió. Su fuego tenía una temperatura impresionante, creo que ni siquiera yo la he conseguido, a pesar del Don de hielo. Intenté utilizar el frío y el calor para que la explosión lo aturdiera o me permitiese inmovilizarlo sin peligro para él mismo o los demás, pero en ese momento… —Guarda silencio algunos segundos, mirándose las palmas de las manos, llenas de ampollas por las quemaduras—. Al final, estaba fuera de control. Quise enfriarlo, pero las llamas iban a aniquilar todo el complejo si las dejaba extenderse. Traté de sofocarlas encerrándolas en hielo, pero el fuego de los Todoroki no se alimenta de oxígeno al producirse.

—¿El fuego de los Todoroki? —pregunta Katsuki, con una sospecha que le estremece. Conoce la historia de la familia Todoroki y sabe que sólo había, aparte de Endeavour y el propio Shouto, una persona capaz de producir un fuego así, tan potente como para devorar el cuerpo que lo produce.

—Touya. —Katsuki está a punto de preguntar cómo es posible, pero se calla, apretando la mandíbula con rabia, empatizando con el dolor de Shouto—. Sobrevivió todo este tiempo. No lo sabíamos. Si hubiéramos sabido que…

—Ni se te ocurra culparte de esto —masculla Katsuki, malhumorado, poniéndose en cuclillas al lado de Shouto y mirándolo con el ceño fruncido. No sabe cómo consolarle, igual que no sabe cómo aplacar su propio dolor, pero tampoco quiere levantarlo y sacarlo de allí, exigirle que no gestione sus emociones en un momento así. En situaciones como esta, echa de menos a Eijiro; él seguro que habría sabido qué hacer y decir, porque siempre lo sabe. Igual que supo cuándo colgar el uniforme, al contrario que Shouto y Katsuki. Pero no ha podido comunicarse con él desde que todo se fue a la mierda en Musutafu, y Shouto tampoco lo ha hecho más que para no preocuparlo por su ausencia.

—Sus ojos cambiaron. Era como si de pronto hubiese comprendido algo. Había… eran… cálidos —susurra Shouto, todavía concentrado en las palmas de sus manos, con voz ausente—. No quería matarlo. Intenté llegar hasta él con hielo, regularle la temperatura, cuando empezó a arder, pero se consumió en apenas unos segundos, no conseguía bajar la temperatura lo suficiente para llegar hasta él. —Alza la cabeza y mira directamente a Katsuki. Sus ojos desiguales están tristes. Hacía años que Katsuki no veía a Shouto tan perdido. Posiblemente, nunca le haya visto tan desorientado—. Eran temperaturas inhumanas, podría haber matado a Endeavour o a mí mismo si yo no hubiese estado rebajando la temperatura con mi hielo todo el tiempo.

—Tenía otro Don. —Sorprendido, Katsuki mira a Izuku, que es quien ha hablado, tímidamente, temiendo inmiscuirse en la conversación. Como se queda callado, le hace un gesto con la cabeza para que continúe—. Spinner y Toga también tenían Dones extra, se los había dado él. All for One.

—¿Cómo lo sabes? —pregunta Katsuki, aunque no duda de que tiene razón. Tiene mucho sentido, pero necesitan más pruebas que simplemente su sospecha o la de Izuku después de pelear contra All for One. Un villano con múltiples Dones que proporciona Dones a sus secuaces, suficientes para potenciar sus habilidades, pero no tantos como para que puedan rivalizar con él.

—Lo dijeron mientras peleábamos —responde Izuku, sencillamente. Katsuki frunce el rostro en un gesto de desagrado, porque va a tener que informar de ello para que los interroguen al respecto antes de trasladarlos a alguna de las prisiones de máxima de seguridad—. Quizá todavía lo tengan, si All for One no se lo puede quitar de nuevo.

—Ni siquiera sabía que era posible tener más de un Don —murmura Sero, detrás de Izuku, pensativo.

—Él los tenía. Y podía entregarlos. —Katsuki no necesita que Izuku aclare a quién y qué se refiere. El resto tampoco parece necesitarlo. Se pregunta si es la forma que tiene el chico de asimilar lo ocurrido. Un tono extraño en la voz de Izuku le indica que algo no está bien, pero tampoco sabe determinar el qué sin preguntarle.

—Vamos, Shouto, regresemos al complejo —dice Katsuki, con determinación, tendiéndole la mano, cuando ve que varias cámaras y un par de periodistas se acercan con poco disimulo, dispuestos a abordarlos. No quiere hacer ningún tipo de declaraciones en este momento. Shouto no está en condiciones de responder ninguna pregunta y los reclutas es mejor que permanezcan callados hasta elaborar un informe oficial de lo ocurrido.

Shouto parece pensar lo mismo, porque se deja ayudar para ponerse en pie y se sacude las perneras del uniforme, que ha aguantado bastante bien teniendo en cuenta el enorme calor las temperaturas a las que se ha enfrentado. Ninguno habla mientras toman el camino de regreso, tratando de poner distancia entre ellos y los reporteros. Katsuki tira de la mano derecha de Izuku para guiarlo, encerrándola en su propia mano, y Sero y Kaminari los siguen en un respetuoso silencio, aunque miran con curiosidad a Shouto.

Lemillion y Suneater, que parecen tan cansados como todo el mundo, sobre todo el segundo, aparecen justo a tiempo. Mientras el primero se encara a los periodistas con una enorme sonrisa y los redirige fuera de la zona acordonada por los militares, Suneater se acerca al grupo con las manos escondidas dentro del traje. No lleva su habitual capa blanca con capucha, así que su cabeza y sus orejas en pico quedan a la vista a través de su cabello alborotado.

—¿Estáis heridos? —pregunta, sin saludar. Katsuki niega con la cabeza.

—Pero creo que él necesita ayuda igualmente —dice, señalando a Shouto con la cabeza. Este lo mira, todavía con la expresión perdida y desolada en los ojos, y luego se vuelve hacia Suneater.

—¿Endeavour? —pregunta con un hilo de voz. Katsuki frunce el ceño, nunca antes en ninguna de las muchas misiones que han llevado a cabo juntos le ha oído preguntar por su padre.

—Grave, pero está vivo. Lo ha estado curando Recovery Girl hasta hace un rato y lo han trasladado a un dormitorio del pabellón hospitalario. Sobrevivirá —dice Suneater en voz baja. Katsuki sospecha que la capacidad del héroe para comunicar noticias con tacto es semejante a la suya propia.

—¿Puedes llevarme con él? —Suneater echa un vistazo hacia atrás, en dirección a Lemillion, que sigue ocupado con los periodistas, y luego a Izuku, Kaminari y Sero.

—Yo me encargo de estos. Son de mi escuadrón —dice Katsuki, comprendiendo que, una vez más, como han hecho tantas veces durante el mes anterior, se han acercado a él para hacerse cargo de sus reclutas. Es algo que, debido a la actitud que ha tenido durante varias semanas, forma parte de su rutina ya, pero Katsuki no quiere perder de vista a Izuku y Shouto probablemente necesite ver a su padre ahora. Es, al fin y al cabo, el miembro de su familia más cercano ahora mismo. Y ambos acaban de enfrentarse a un hijo y hermano que creían muerto más de veinte años atrás.

Suneater asiente con la cabeza, sin responder, y se aleja caminando. Shouto lo sigue en silencio. Katsuki maldice por lo bajo porque, aunque siempre que estén juntos proteste, el otro héroe es uno de sus mejores amigos y está claro que la situación le ha afectado y lo necesita a su lado. Durante el último mes, Togata y Amajiki han pasado mucho tiempo con Shouto y él y han profundizado su relación con ellos, pero a Shouto lo conoce desde que fueron rivales en la U.A. y luego compañeros de prácticas en la agencia de Endeavour. Aunque Katsuki se lleva bien con todos sus compañeros de promoción, son Eijiro y Shouto quienes siempre han estado a su lado, de un modo u otro, y con quienes tiene una relación más estrecha. Y, por primera vez, se siente dividido entre estar con ellos, acompañar a Shouto, y quedarse donde está.

—¿Dónde están la chica radar, la cara redonda y el marionetista? —pregunta, dirigiéndose a Kaminari y Sero.

—Hatsume se llevó a Uraraka al pabellón de dormitorios para ducharse y cambiarse. Fueron las órdenes que dimos a todos los que evacuamos del patio —explica Kaminari también, cambiando el tono a uno más profesional y solemne. Katsuki entorna los ojos al escucharle. Ninguno de esos chicos y chicas, con los que se ha sentado a comer cuando lo hacía con Izuku y que los han seguido a ambos lealmente en cada ataque de los villanos, demostrando su valía, muestra ya hacia él esa impresión aterrorizada de admiración del principio, algo que Katsuki aprueba con una media sonrisa feroz.

—Y a Shinsou lo dejé con Creati y Recovery Girl. Estaba ayudando a Eraserhead que… también está herido. —El titubeo de Sero le indica a Katsuki que hay problemas por ese lado también, pero no sabe cuánto más puede cargar y parece que está atendido.

—¿Creati está al cargo de los heridos? ¿Hay muchos?

—No —responde Sero al instante—. Graves, sólo Eraserhead y un par de militares con mala suerte. Y Endeavour, supongo, aunque yo no lo he visto. Hay unas pocas personas que se han lesionado cuando la evacuación se ha vuelto como la verga, pero son esguinces o ataques de pánico. Creati es quien nos ha organizado y repartido las tareas de evacuación y auxilio, po.

Katsuki rumia la información. No ha visto a la otra heroína de su promoción en el acto, pero es consciente de que probablemente estuviera cerca del escenario, seguramente en primera fila, como parte de sus labores para la Comisión. Además, la conoce lo suficiente como para saber que no es capaz de evacuar si puede ser de ayuda y siempre se le ha dado bien improvisar y liderar.

—¿Hay alguna cama libre en vuestro dormitorio? —Ambos niegan con la cabeza al momento.

—Hitoshi…, Shinsou —se corrige Kaminari rápidamente ante la expresión impaciente del héroe—, está ocupando el lugar de Midoriya.

—No os preocupéis por eso, entonces; le buscaré otro sitio. Reuníos con Shinsou y haced como las chicas. Volved a los dormitorios, asearos, cambiaros y descansad. Aseguraos de que Uraraka y Hatsume estén bien, sobre todo la segunda: ha compartido dormitorio con Toga todo este mes. Si alguien os pregunta, o si Creati y Recovery Girl quieren saberlo, decidles que son órdenes mías. Después, quedaos en vuestro dormitorio o en el de las chicas, y no salgáis de ellos hasta que yo vaya a buscaros. A ser posible, no os separéis —ordena Katsuki. La mano de Izuku se aprieta fuerte en la suya y, al mirarlo, Katsuki ve en sus ojos miedo. Los otros dos chicos también le miran un poco asustados y preocupados—. Es sólo que quiero cerciorarme de que estáis todos bien y no ocurre nada raro ahora que no tiene sentido que estemos aquí. Yo mismo os iré a buscar en cuanto sepa algo. —«O nos largamos todos de aquí y que le den por culo a la Comisión», piensa para sí mismo, pero se contiene para no decirlo en voz alta y asustarlos aún más.

Kaminari y Sero obedecen inmediatamente, alejándose con paso rápido en dirección al patio donde se ha organizado el acto. Katsuki piensa en lo buenos héroes que podrían haber sido. Es consciente de haberlos desatendido en las últimas semanas, pero no es idiota y sabe ver el talento y potencial que tienen. Ellos y muchos más de los que han estado en su unidad de reclutas y que ahora se reparten con Togata y Amajiki. Quizá, si las cosas hubieran sido diferentes, si la profesión de héroe como tal no hubiese estado bajo mínimos, con una demanda de empleo desoladora respecto a los años anteriores al desastre de Kamino, esos chicos habrían estado en la U.A., habrían perfeccionado su Don y profesionalizado lo que ahora hacen con más voluntad e intuición que entrenamiento.

El calor de la mano de Izuku, tan pequeña dentro de su mano que esta la cubre por completo, es un doloroso recordatorio de que no tiene la seguridad de que hubiese podido ser así. Hitoshi Shinsou no pudo entrar en la división de héroes porque su Don era percibido como algo negativo, por potente y útil que pueda resultar. Izuku acabó en la división de apoyo porque no tenía Don, a pesar de que ha demostrado más espíritu heroico y resolutivo que la mayoría de los héroes profesionales que Katsuki ha conocido en su vida, además de una voluntad y moral intachable en los momentos cruciales.

—¿Ocurre algo? —Izuku formula la pregunta en voz alta. En su rostro todavía se ve la preocupación. Katsuki se percata de que no es cómodo para Izuku darle la mano con la granada puesta, así que le suelta la mano, se desprende la granada del antebrazo izquierdo, transportándola en la mano derecha, y vuelve a sujetarle la mano. La gente de alrededor ni siquiera los mira, el caos imperante todavía es suficiente como para confundirse en él y Togata ya ha alejado a los medios de comunicación.

—Vamos —dice finalmente Katsuki. Izuku asiente, con la misma mirada de determinación con la que se ha enfrentado a villanos y ha salido victorioso, y camina junto a él en dirección al pabellón de dormitorios.


Notas:

- Izuku no sabe de quién es la frase «Una chispa puede prender el incendio más potente», pero yo sí. Se refiere concretamente a la cita «De una pequeña chispa puede prender una llama» y es de Dante Alighieri. No es la única versión, a mí me gusta más la del Libro de Buen Amor: «De chica centella, nace gran llama de fuego».

- El título, por tanto, se debe a esta cita, no a ninguna canción de Mulán. Sin embargo, la idea sí viene de Mulán. En concreto, de la chispa que prende el proyectil que provoca la avalancha. Le di muchas vueltas a esa idea en su momento y la he acabado rescatando como título.

- Nos despedimos de Dabi y sus PoV. Tuve claro cuál iba a ser su final desde el principio y cómo quería gestionar el de AFO también (no quería que muriesen a manos de los héroes, pero tampoco que sobreviviesen), así que me esforcé en verlo todo el tiempo como el villano que es, pero no funcionó. Y, si bien con AFO no tuve problemas, al final Dabi me dio pena y me costó despedirme de él. Tanto, que he tenido que reescribir completamente sus dos últimos PoV porque no creía que le estuviese haciendo justicia. Quizá fue porque tuve que buscar maneras de intentar empatizar con su dolor y su gestión emocional. Y es posible que eso haya hecho que lo haga OoC, porque cuando coges cariño a un personaje, sientes debilidad por él. Lo siento.

- También nos despedimos, al menos durante un puñado de capítulos, de la trama de Mulán (quienes hayáis visto la película estaréis esperando dos escenas del final en concreto. Vendrán, os lo aseguro, porque son mis dos escenas de Mulán favoritas).