Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
Os diría que este es el capítulo más largo del fic hasta ahora, pero es que va a dejar de ser cierto la semana que viene. Muchísimas gracias, como siempre.
Trigger Warning: Referencias a quemaduras y lesiones.
EL AMARGO SABOR DE LA VICTORIA
Kurogiri obedece dócilmente las órdenes de Hitoshi. Más o menos al mismo tiempo que la onda expansiva, que ha llegado hasta ellos como una fuerte corriente de aire sin potencia suficiente para derribarlos, ha ocurrido algo extraño dentro de la mente del enigmático nomu. Aunque su voluntad era similar a la del nomu grande que han derrotado, estaba mucho más asentada y unificada y formaba una personalidad individual marcada. En cambio, aunque ahora sigue habiendo varias voluntades mezcladas dentro de su cabeza, una de ellas lucha por sobresalir sobre las demás, sobre todo cada vez que el profesor Aizawa habla.
—Has tenido suerte, Eraserhead —dice la vieja heroína, al mismo tiempo que golpea con su bastón a Hitoshi para obligarlo a agacharse lo suficiente y poder besarlo en la mejilla. Una corriente de agradable calor le recorre los músculos cansados y, de pronto, es consciente de su agotamiento—. Mi Don debería ayudar a que tu cuerpo reponga la sangre perdida, pero deberían trasladarte a un hospital cuanto antes. Es posible que necesiten trasfundir igualmente, aunque ya no será preciso suturar o cauterizar la herida.
Antes de marcharse para seguir ayudando a otros heridos, Recovery Girl ha examinado el corte limpio de la pierna y ha negado con tristeza antes de utilizar su Don con un casi inconsciente Aizawa. Hitoshi ha asistido atónito al proceso acelerado de creación de una delgada piel de cicatrización sobre el corte, conteniendo el sangrado. Ahora, el profesor Aizawa está un poco más despierto y es capaz de hablar, aunque sea con voz débil y la heroína Creati está utilizando su Don para crear vendajes y material desinfectante con el que realizar la primera cura. Por la familiaridad con la que Aizawa y ella conversan mientras Creati coloca vendas sobre la herida y presiona, similar a la que tiene con Hitoshi mientras entrenan, este deduce que la heroína fue su alumna.
—¿Qué ocurre, Shinsou? —pregunta el profesor, perspicaz, cuando una nueva pulsión en la voluntad de Kurogiri, en respuesta a un quejido de dolor reprimido de Aizawa, hace que Hitoshi frunza el ceño, intrigado.
Hitoshi no contesta inmediatamente. Kurogiri, en apariencia, sigue estando tranquilo. Como ha asegurado que no hay problema en mantenerlo bajo control mientras nadie lo golpee accidentalmente, los militares al servicio de la Comisión han dejado al nomu oficialmente bajo la custodia de Creati y están más centrados en inmovilizar y trasladar a Toga y Shigaraki, terminar de evacuar a las personalidades políticas que han asistido al acto y asegurar el área en primer lugar.
—No estoy seguro…
El profesor Aizawa cierra los ojos, agotado, esperando con paciencia una respuesta. Hitoshi lo medita varios segundos, sin dejar de observar a Kurogiri. El nomu mira al infinito. Exteriormente, está tranquilo y sosegado, pero su voluntad es tan caótica como la del nomu gigantesco que Shigaraki ha destruido accidentalmente y su trenza de voluntades se desestabiliza constantemente, tratando de elevar una voz sobre el resto.
—Creo que lo conoce a usted, profesor.
—Eraserhead. Mi nombre de héroe es Eraserhead —masculla Aizawa, sin abrir los ojos. La voluntad de Kurogiri reacciona ante ese nombre—. Has trabajado como un héroe y los héroes nos tratamos como tales unos a otros cuando compartimos misiones. Tú deberías ir pensando uno para ti. Deberíamos haberlo decidido antes, pero nunca es tarde.
—Lo reconoce. —Hitoshi aprieta los labios, pensativo, pero está seguro—. Kurogiri reconoce ese nombre de héroe.
—Me he enfrentado a él en un par de ocasiones. —Hitoshi niega con la cabeza, no se refiere a eso.
—Es distinto a un mero reconocimiento. Es una reacción. Hay ansia y anhelo.
—¿Y eso qué quiere decir?
—No lo sé. Controlo sus acciones, puedo… ver… ¿sus emociones? —Hitoshi no sabe explicarlo mucho mejor. Hasta ahora, siempre que ha controlado a alguien ha sido en contra de su voluntad, así que había miedo o ira, que son emociones potentes—. Puedo visualizar, metafóricamente hablando, su voluntad. Si quisiera saltar, yo puedo intuir que desea hacerlo. Si le ordeno sentarse, sabré que lo hace contra su voluntad. Sé que quiere… ¿hablar?
—Ordénaselo —sugiere Aizawa, pero Hitoshi niega con la cabeza.
—No funciona así. No puedo ordenarle que hable. Puedo ordenarle que recite las palabras que yo le diga, pero no que diga algo que piensa.
«Si es que piensa por sí mismo».
Durante el combate, ha podido ver a este nomu comportarse con razonamiento y estrategia. El otro, en cambio, era poco más que una bestia irracional, independientemente del diminuto brillo de inteligencia en sus ojos y la capacidad de responder sus preguntas, por sencillas que fuesen. Ahora, en cambio, Kurogiri es poco más que una marioneta sin hilos que en su interior bulle descoordinado.
Nervioso, Hitoshi frunce el ceño y entorna los ojos. No sabe cuánto del anhelo y la incomodidad que siente es suya o procedente del nomu. Ha utilizado tan pocas veces su Don en otras personas y durante tan poco tiempo seguido, que nunca le había dado tiempo a establecer un vínculo tan largo, así que no está tan seguro de cómo de normal es.
—¡Hitoshi!
Sus pensamientos se interrumpen al escuchar su nombre. Denki Kaminari, seguido de cerca por Hanta Sero, se dirige hacia ellos, esquivando a la gente que se cruza en su camino. Hitoshi lo examina, un poco ansioso, desterrando a Kurogiri de su mente por un momento. El uniforme del chico rubio está lleno de polvo y ennegrecido por la ceniza; su rostro muestra los mismos signos de cansancio que debe tener el suyo, pero está sano y salvo, sin heridas visibles.
Kaminari reduce el paso al llegar a ellos y desvía los ojos fugazmente hacia la herida de Aizawa. Como siempre le sucede con él, la profusión de emociones del rostro de Kaminari aturde a Hitoshi: alegría cuando lo ha visto, compasión al percatarse de la herida de Aizawa, un breve gesto de dolor por empatía, preocupación al volver a mirar a Hitoshi y alivio al constatar que, al contrario que Aizawa, está bien, seguido por una súbita sonrisa radiante para celebrarlo.
Todo en menos de tres segundos.
—Estás bien.
No es una pregunta, constata Hitoshi, sino una declaración aliviada, así que asiente torpemente. Kaminari sonríe más ampliamente y luego su alegría se diluye en un instante de duda y una chispa de decisión. Es tan rápido que Hitoshi aún está analizando los cambios de emoción cuando Kaminari da un paso adelante, invade su espacio personal y lo abraza, rodeando su cintura, sin darle tiempo a predecir qué iba a hacer.
—Estás bien —repite una vez más, con un suspiro aliviado, escondiendo el rostro en el hueco del hombro de Hitoshi.
Este, desconcertado, tarda en reaccionar y devolverle el abrazo, que se prolonga durante varios segundos, suficientes para que las manos del otro chico asciendan por la espalda de Hitoshi, apretándolo más fuerte contra él. Antes de retirarse, con un movimiento fugaz, Kaminari lo besa en la mejilla y luego aparta la mirada, sonriendo avergonzado. Hitoshi abre los ojos de par en par, sorprendido y sonrojado, pero tanto Creati y Aizawa como Sero aparentan ignorarlos y estar profundamente distraídos.
—Estaba preocupado por ti —se justifica Kaminari en voz baja.
—Ya le dije al huevón que estabas aquí y que estabas bien, pero no quería cacharlo —interviene Sero, burlándose. Kaminari le da un codazo a su amigo, pero vuelve a centrarse en Hitoshi.
—Oí que has estado en la primera línea de batalla.
—No es necesario que te preocupes por mí —niega Hitoshi, serio y un poco incómodo.
—No es algo que pueda evitar. —Pasando el peso de un pie a otro, nervioso y ruborizado, Kaminari se frota la nuca con una sonrisa avergonzada y desvía la mirada a sus pies.
Cuando el chico rubio levanta de nuevo la vista hacia él, con la sonrisa iluminándole el rostro a pesar del bochorno que siente, la misma sensación que invadió su estómago la vez anterior que le escuchó esta frase se apodera de Hitoshi, que hace un esfuerzo por tragar saliva. No sabe qué decir y ahora ni Creati, ni Sero ni Aizawa disimulan: los tres tienen una sonrisa nostálgica y cómplice en los labios mientras los observan.
—¿Tú también estás bien? —pregunta Hitoshi, queriendo cerciorarse también, aunque ya ha constatado que es así, y de pronto la idea de que pueda tener alguna lesión no visible lo aterroriza.
—¡Sí! Ni siquiera llegamos a entrar en combate, no como tú y Midoriya. Dynamight nos encargó que ayudásemos en la evacuación del funeral y eso fue lo que hicimos, aunque nos costó un poco que algunos nos hiciesen caso —dice Kaminari, hablando rápidamente, con una sonrisa orgullosa—. Después, llegó Uraraka con Toga y pensamos que estaba herida, porque estaba llena de sangre. En ese momento, Creati nos organizó para que ayudásemos con los primeros auxilios y la organización de los que volvían de la pelea. Luego explotó todo por los aires y hemos estado ayudando en controlar y acordonar la zona y localizar a los heridos.
—En realidad, este weón estaba buscando a alguien en particular —se burla Sero de nuevo, riéndose entre dientes.
—¡Hanta! —protesta Kaminari, con un mohín que a Hitoshi se le antoja adorable en su bonito rostro—. Primero encontramos a Midoriya. Estaba un poco hecho polvo, pero entero. Es impresionante, creo que ni él mismo es consciente de lo dura que es la pasta de la que está hecho. —El parloteo incesante de Kaminari, que ha vuelto a sonrojarse, continúa—. Después, buscamos a Dynamight, que nos ordenó que viniésemos a buscarte y volviésemos a los dormitorios. Quiere que nos reunamos con las chicas y no nos separemos hasta que él nos avise.
—Esa es buena idea. —Es Creati quien interrumpe a Kaminari, levantándose del suelo, donde se ha sentado tras terminar de vendar correctamente las heridas de Aizawa.
Todos miran en la dirección de la heroína, que se ha puesto seria y adoptado una pose formal. Un hombre alto, corpulento y con una protuberante y aguileña nariz, lidera un pequeño grupo de personas que se acercan con paso decidido. Además de algunos militares y un par de hombres trajeados, lo acompañan una mujer alta y de expresión inteligente y Hawks, que tras dejar a Aizawa en manos de Creati se ha marchado, precisamente con el hombre, Rikida Yotsubashi.
—Es el CEO de Detnerat —susurra Kaminari. En su rostro franco, se dibuja enfado, desconfianza y desprecio. Hitoshi parpadea, sorprendido, porque nunca había visto ese tipo de sentimientos en el chico hasta ahora—. Quería utilizar su posición para cruzar hacia donde estaban las cámaras. No llegamos a tiempo de evitar que los periodistas cruzasen, pero nos dijeron que no permitiésemos a ningún civil evacuar en esa dirección. Se puso tan desagradable que te juro que parecía más enorme a cada vez que le decíamos que no.
Se calla cuando la comitiva llega hasta donde están. La mujer hace un gesto en dirección a Hawks y los militares, que se apresuran a colocar las esposas y un dispositivo alrededor del cuello envuelto en bruma negra de Kurogiri.
—Para anular su Don —aclara el profesor Aizawa, adelantándose a la pregunta de Kaminari, cuyo rostro deja paso a una efímera curiosidad entre el rechazo y la incomodidad por la presencia de Yotsubashi—. Detnerat lo desarrolló a partir de mi Borrado.
—Y ahora estoy seguro de que podremos aprender mucho de un nomu tan complejo como este —dice Yotsubashi, que luego mira hacia Hitoshi con una sonrisa cortés que no le llega a los ojos y que, comparada con cualquiera de las de Kaminari, resulta espeluznante—. Hawks nos ha dicho que has sido tú quien lo ha averiguado. Buen trabajo. Un Don muy interesante también, el tuyo.
En cuanto el dispositivo anulador queda ajustado, la niebla negra se disipa, dejando ver la verdadera forma del nomu. Sin la cobertura de oscuridad, no es más que un amasijo de piezas apelmazadas simulando vagamente una forma humanoide. Hitoshi se frota el cuello distraídamente. Sabe que en Tártaro, donde los villanos tienen Dones peligrosos para la sociedad, estos son contenidos, pero nunca se había preguntado si en cárceles normales también era así. O si alguien que no es legalmente una persona, como Kurogiri, va a ir siquiera a una cárcel y no a un laboratorio, como ha insinuado Yotsubashi.
—¿Hitoshi? —Kaminari vuelve a parecer preocupado, pero Hitoshi sacude la cabeza, restándole importancia. Sonaría ridículo mencionar en voz alta el súbito temor a que, si alguna vez comete un error o se ve en una situación susceptible de ser arrestado, su Don sea anulado por ser peligroso y una herramienta para escaparse. La idea, ahora que por fin se ha reconciliado con su Don, en un entorno donde despierta elogios, le da vértigo y le duele sólo pensarla e imaginarse privado de él, no por elección, sino por obligación.
—¿Pueden llevárselo ya? —pregunta Hawks a Hitoshi—. ¿Necesitas romper el vínculo con él de alguna forma antes de que lo hagan?
—Puedo hacerlo cuando quiera. Ya está —dice Hitoshi. Aliviado, libera la voluntad de Kurogiri, quien no sólo no reacciona a la recuperación de su voluntad, sino que tampoco parece importarle el hecho de que lo estén arrestando y privando de una de sus principales habilidades.
Hawks asiente en dirección a los soldados, que golpean bruscamente a Kurogiri para obligarlo a caminar. Hitoshi pone los ojos en blanco, ese golpe habría bastado para romper el lavado de cerebro sin necesidad de tanta ceremonia. Con una mirada de disculpa hacia todos ellos, Hawks se despide con otro asentimiento y va tras ellos. El CEO de Detnerat y la mujer, que identifica como la presidenta de la Comisión de Seguridad Pública de Héroes cuando se detiene un minuto a conversar con Creati e interesarse en la salud de Aizawa, no tardan en seguirlos con el resto de su escolta.
Al verlos alejarse, Hitoshi de pronto tiene la certeza de que, ahora sí, ha terminado la batalla. Muy despacio, deja salir el aliento que ha estado conteniendo, tenso por la presencia de gente que gobierna ámbitos políticos y económicos tan poderosos. A su lado, Kaminari todavía tiene el ceño fruncido y los labios apretados, pero suaviza la expresión cuando mira a Hitoshi, esbozando media sonrisa cansada.
—Ese es tu transporte —le dice Creati al profesor Aizawa cuando un todoterreno militar entra en el patio, dirigiéndose hacia ellos.
—Marchaos —ordena Aizawa, dirigiéndose a Sero, Kaminari e Hitoshi—. Haced lo que ha dicho Dynamight, id a vuestros dormitorios y descansad. Habéis hecho un buen trabajo. —Hitoshi se quita la bufanda de microfibra para devolvérsela a su profesor, pero este niega con la cabeza—. No me servirá para nada en el hospital. Quédatela por ahora. Sólo por si acaso.
—Los villanos ya están bajo control, no voy a necesitarla —dice Hitoshi, un poco desconcertado.
—Entrena con ella, entonces. Tendrás tiempo de devolvérmela la próxima vez —concluye Aizawa, dando por zanjada la conversación.
Creati está generando una sujeción, que ajusta a Aizawa para que no se caiga de la camilla, a través de su traje. Hitoshi intenta no mirar demasiado, pero a Kaminari se le van los ojos en su dirección un par de veces. Cuando se da cuenta de que Hitoshi lo está observando, baja la mirada, murmura algo incomprensible y se sonroja. Hitoshi suspira, no se siente capaz de entender a Kaminari y la gran cantidad de emociones que parece ser capaz de sentir y exteriorizar constantemente. Son Sero y Creati quienes alzan la camilla para introducirla en la parte trasera del todoterreno y luego la heroína salta dentro, dirigiéndose una última vez hacia ellos para despedirse.
—A partir de aquí, yo me hago cargo. Eraserhead y Dynamight tienen razón, habéis hecho un gran trabajo, pero ahora es momento de os retiréis a descansar —dice Creati, con una sonrisa amable. Hitoshi intercambia una última mirada con Aizawa, que cierra los ojos, tranquilo y sereno, cuando el vehículo arranca.
Hitoshi, Sero y Kaminari observan cómo el todoterreno se aleja, bamboleándose suavemente sobre el terreno. Hitoshi no está seguro de cuánto tiempo se quedan allí de pie, quietos incluso cuando ya han salido no sólo del patio, sino también del complejo, pero la mano de Kaminari lo distrae, devolviéndolo a la realidad, al sujetar la suya y tirar suavemente de Hitoshi para guiarlo hacia el dormitorio que comparten los tres.
Aunque Hitoshi se deja llevar sin oponer resistencia y se sabe el camino, Kaminari no lo suelta hasta que llegan.
.
—¿Puedes esperar aquí? —Izuku, con ojos tan abiertos que parecen refulgir y mordiéndose el labio inferior, asiente.
Exasperado, Katsuki pone los ojos en blanco. Unos minutos atrás, Izuku era un torbellino de determinación y valentía, demostrando con denuedo una valía más que probada. Ahora, en cambio, vuelve a abrazarse el muñón, morderse el labio y mirar a su alrededor con el aspecto vulnerable de un conejito fuera de su jaula. Y eso, por alguna razón, a Katsuki no le saca tanto de quicio como debería.
Izuku se ha dejado arrastrar hasta la habitación sin decir nada por el camino. Katsuki, por su estatus de héroe profesional, no comparte su dormitorio con nadie más y ahora Izuku está plantado en él, examinándolo con curiosidad. Es pequeño y no hay mucho que ver, así que no tarda en bajar la vista al suelo. Hay sólo una cama de aspecto austero, más pequeña incluso que la que tenía en casa de sus padres cuando era adolescente y que le obligó a dormir en diagonal para que los pies no sobresaliesen por el extremo inferior desde que dio un estirón a los dieciséis años. Completan la estancia un escritorio con una incómoda silla occidental plegable de la que cuelga la chaqueta de Best Jeanist y una taquilla metálica a modo de armario. Al menos, justo al lado tiene un pequeño baño para él solo conformado por un retrete, un plato de ducha estrecho y un lavabo diminuto con un espejo aún más diminuto. Con las paredes encaladas de blanco y el suelo de baldosas esmeriladas, el dormitorio tiene un aspecto aún más desangelado con Izuku parado en medio, un tanto desubicado, cabizbajo y mirándolo a él de reojo.
Katsuki maldice para sí mismo. Se siente dividido entre querer ir a apoyar a Shouto y acompañar a Izuku, sobre todo ahora que parece haber perdido todo su aplomo, no perderlo de vista de nuevo y que no vuelva a ocurrirle algo tan horrible como lo de Musutafu. A pesar de la aparente serenidad de Shouto, sabe identificar cuándo su amigo está devastado. Y nunca lo ha visto como lo ha visto justo antes de separarse de él.
Izuku sigue abrazándose el muñón con la mano derecha. Ha observado que lo ha hecho varias veces, antes y después de la batalla. Con los ojos tan abiertos, verdes y brillantes, siguiendo con la mirada a Katsuki, su aire vulnerable y los labios rojos y entreabiertos, no queda ni rastro en su apariencia externa del héroe que Izuku esconde dentro de sí, el que se lanza sin pensar en su propio bienestar para ser un puñetero héroe de los de la época dorada, de los tiempos en que el mismo Katsuki se acercaba demasiado a la pantalla del televisor, admirando a All Might y deseando ser como él algún día.
—No te metas en problemas. No tardaré en volver —dice Katsuki con brusquedad, más para tranquilizarse a sí mismo que para Izuku que, no obstante, asiente de nuevo, aunque no hay problema alguno en el que meterse en un dormitorio tan pequeño como ese. Sin embargo, no se mueve, todavía reticente a abandonar la habitación.
—Lo siento —murmura Izuku, de nuevo cabizbajo.
—¿Qué? —pregunta Katsuki, que frunce el ceño, extrañado.
—Siento causar problemas. No… No es mi intención. Sólo quería… —La voz se le apaga mientras habla, en un murmullo para sí mismo que no finaliza.
A Katsuki le resulta desconcertante que los dos Izuku Midoriya que conoce, el que está determinado a hacerlo lo mejor posible al precio que sea necesario y el que de pronto se apaga en un baño de humildad y resignación, convivan al mismo tiempo. Lo más doloroso, quizá, es que sabe el motivo. Ha visto a otras personas como Izuku. Pocas, porque está estadísticamente demostrado que cada vez nacen menos personas sin Don. Izuku es una anomalía cada vez más rara en un mundo donde la excepcionalidad se ha convertido en una norma. Ha conocido a más personas como él, con pasados semejantes al que él cuenta y que ahora comprende mejor, sólo que Katsuki estaba en el otro extremo de sus historias, uno que no le hace sentirse orgulloso.
Bufa, embrollado por sus pensamientos, e Izuku abre aún más los ojos y se lame los labios en un gesto nervioso, pero Katsuki no se siente capaz de poner sus pensamientos en palabras. Ni tampoco de mantener una conversación sobre la falta de Don de Izuku. Le ha dado muchas vueltas en las últimas semanas, recordando los rostros y los nombres de todas y cada una de las personas a las que ha mirado con menosprecio por no tener un Don. A las que ha ignorado, hablado con condescendencia o rescatado de una situación difícil sin reprimir el orgullo de ser capaz de hacerlo. De los compañeros de clase que, igual que Hitoshi Shinsou contó en la camioneta, él también acosó cuando era pequeño. Uno de ellos, el recuerdo más difuso, un vecino que luego más tarde se mudó de ciudad, del que ni siquiera recuerda el rostro y lo ha sustituido en su cabeza por la expresión desvalida que tiene Izuku cuando no está peleando y su cabello y ojos verdes. Y, allí donde esté ahora, Katsuki desea que ese chico se encuentre bien y que sea feliz, porque ahora sabe, sin lugar a dudas, que habría podido ser un héroe, a pesar de las burlas que le dedicó.
Y también sabe que, probablemente, aquellas burlas sigan doliéndole hoy día, como le duelen a Izuku.
Un héroe como lo es Izuku, aunque duda de que el chico sea consciente de ello. No ahora, que lo está mirando con los ojos verdes, brillantes en contraste con el tizne negro y sucio que le cubre las mejillas, la frente y le oscurece el pelo. También le brillan los labios, húmedos ahora que Izuku se los ha lamido, rojos como cerezas maduras. Katsuki sacude la cabeza, intentando alejar los pensamientos que la cruzan y empiezan a agobiarlo.
—No quería decir eso. Sólo… —No sabe expresarlo mejor y vuelve a bufar, cabreado—. Sólo espera aquí a que regrese, ¿entendido?
Izuku asiente y él se va, recorriendo deprisa los pasillos. El pabellón hospitalario queda al otro lado del complejo respecto al edificio que alberga los dormitorios, así que tiene que cruzar el recinto de un lado a otro, pasando por el destrozado lugar donde han combatido. Un puñado de personas, con el uniforme de Detnerat, trabajan recogiendo los escombros con cierta desgana. El ambiente, sin embargo, está regado de frases pronunciadas en voz alta, sonrisas y cierta alegría. El peligro, por fin, ha desaparecido, aunque la desazón del interior de Katsuki sólo ha aumentado.
«¿Cómo sabrás quién me liberó? ¿Quién quería y por qué que yo tuviese una nueva oportunidad?»
Sospecha que, aunque All for One estaba usando ese Don de persuasión que endulzaba sus palabras, no podía mentir mientras lo utilizaba. Un peso y un contrapeso. Y esa posibilidad, la de que haya verdad en sus preguntas, le preocupa.
Tarda un buen rato en conseguir localizar dónde está Shouto. En el pabellón hospitalario hay bastante ajetreo y no hay nadie en los puestos de enfermería y las personas que van de un lado a otro no saben o no están dispuestas a decirle dónde están los Todoroki. Es, al final, la suerte quien permite que se tope con Recovery Girl quién, tras un par de minutos de charla intrascendente y un beso que Katsuki no necesitaba y ha tratado de rechazar entre improperios cabreados e impacientes, le ha indicado el número de habitación de Endeavour, asegurándole que podría encontrar allí al padre y al hijo.
Preocupado, con las manos en los bolsillos, Katsuki se dirige hacia allí. Shouto trabaja con su padre mano a mano, pero su enemistad viene de largo y los detalles que Katsuki tiene de ello datan de una confesión avergonzada tras una cena con amargos resultados en la casa familiar de los Todoroki durante unas prácticas de la U.A. Que ahora esté junto a él habla más del estado emocional de Shouto que el del propio Endeavour.
Entra sin llamar, cerrando la puerta tras de sí. La habitación es más grande que la suya, con dos camas de hospital tan pequeñas que Endeavour, tumbado encima de una de ellas, parece gigantesco. Shouto está sentado en el borde de la otra cama, con los pies descalzos apoyados en el suelo. Se ha aseado y lleva puesto un pantalón del uniforme del complejo limpio, con el torso al aire. Todas las partes de su cuerpo que están a la vista están llenas de vendas blancas y pulcras: brazos, pecho, abdomen, rostro, tobillos y pies. Sospecha que bajo la ropa también. Es evidente que acaban de ponérselas. Sorprendentemente, el pelo de Shouto es muy resistente al fuego y se encrespa, indemne y húmedo por la ducha todavía, encima de las vendas. Todo está tan limpio que Katsuki, que todavía viste su traje de héroe, sucio y destrozado, no se atreve a tocar nada.
Al principio, Katsuki cree que se está mirando las palmas de las manos, pero la voz queda de Shouto le indica que está hablando por teléfono en una videollamada. No tarda en colgar, levantando la vista hacia Katsuki. Shouto siempre ha sido escueto en las llamadas telefónicas y prefiere los mensajes escritos. Ahora que está allí, con Endeavour inconsciente y ambos llenos de vendajes, Katsuki no sabe qué decir. Mientras estaba con Izuku, sentía el deber de acompañar a Shouto y ahora tiene ganas de regresar con el otro chico.
Es la mirada de Shouto, que se clava en él con tristeza, la que lo detiene de gruñir una disculpa por molestar y marcharse por donde ha venido. No sólo está el abatimiento que ha visto tras la batalla, poco habitual en el normalmente poco expresivo Shouto, sino también el agradecimiento por la presencia de Katsuki que tira de sus comisuras en una sonrisa tan tensa e incómoda como breve.
—Hablaba con Fuyumi. Ha preguntado por ti y te envía saludos —dice, tecleando en su teléfono un mensaje. Al contrario que con Natsuo, al que sólo ha visto en un par de ocasiones, Katsuki tiene una relación agradable con Fuyumi.
—¿Cómo está? —Katsuki señala con el mentón a Endeavour, que tiene los ojos cerrados y una postura hierática sobre la cama, cuando Shouto suspira y arroja el teléfono a un lado.
—Jodido. Van a quedarle unas cuantas cicatrices feas y ha dicho Recovery Girl que necesitará injertos de piel. Irónico, teniendo en cuenta quién le ha causado las heridas. Tiene quemaduras en gran parte de la superficie del cuerpo y va a dolerle de narices desde que despierte hasta que se cure. —Katsuki observa con aprensión la enorme cicatriz roja, hinchada y brillante, que cruza medio rostro de Endeavour en vertical, desde la frente hasta el mentón, sin vendar. Shouto parece adivinar sus pensamientos—. No va a perder la visión, pero va a ser más grande que la mía. No me parece mala contrapartida —añade, señalándose su propia cicatriz con amargura.
—¿Qué ha ocurrido allí fuera? —pregunta Katsuki bruscamente. A pesar de ello, Shouto no se inmuta ni se enfada. Nunca lo hace, aunque Katsuki sí se enerve cuando Shouto se toma su tiempo para contestar o interpreta una metáfora con demasiada literalidad.
—Dabi le reveló a mi padre que era Touya. Sólo decírselo sirvió para dejar al viejo fuera de combate. Llegué justo a tiempo de salvarlo. Dabi quería revelarle al mundo, a través de la prensa, qué le hizo mi padre. Comprendí que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa si no le dejaba completar sus objetivos y que tendría que matarlo si quería pararlo, así que le dejé hablar. Aun así, no pude salvarlo. Creo que él mismo se había sentenciado y no contemplaba otras opciones. —Una de las cosas que más le gustan a Katsuki de Shouto es su capacidad de síntesis, pero en esta ocasión suena tan dolido que se acuclilla junto a él, todavía con las manos en los bolsillos.
—No tendría que haber sido así —dice, pensando en que, de haberlo sabido, se habría enfrentado él a Dabi, pero Shouto niega con la cabeza.
—Dabi era mi hermano. Touya, mi hermano mayor. Aunque haya tenido que ser así, era algo que teníamos que arreglar nosotros, incluso aunque no hayamos sabido que debíamos hacerlo hasta el último momento.
Katsuki conoce el nombre. También ha visto la fotografía, una vez. Un chaval con el pelo blanco, sonriente que miraba a cámara con alegría e ingenuidad infantil, muy alejado de la amargura de un villano consumido por sus propias llamas. Sin embargo, por primera vez, Shouto le cuenta detalles más allá de los datos asépticos acerca del egoísmo de Endeavour. Le habla del chico brillante, del que él apenas se acuerda, pero que sigue vivo en las memorias de Fuyumi, Natsuo y su madre, Rei. Le habla del Don poderoso con un cuerpo que no podía soportarlo y de la tiranía de un padre con expectativas demasiado altas, pero también de la ilusión de ser un héroe, de los momentos en los que jugaba con sus dos hermanos pequeños, de la ansiedad de Shouto por salir a jugar con ellos. De las quemaduras que Fuyumi tenía que consolar, de las aficiones compartidas con Natsuo, de lo lejanos que Shouto ha visto siempre a sus hermanos, Touya sobre todo, por culpa de su padre.
Por primera vez desde que conoce a Shouto, la muerte de Touya es la historia de una muerte trágica que destrozó a una familia que ya estaba rota, aunque sus trozos todavía no se hubiesen desplomado. Egoístamente, Katsuki piensa en Izuku: un cuerpo preparado para tener un Don, un deseo de ser un héroe, pero ningún Don que utilizar, por ausencia en lugar de por perjuicio. Una similitud demasiado evidente con Touya Todoroki y un camino de elecciones diametralmente diferente.
—En verdad, yo apenas tengo recuerdos —murmura Shouto—. La mayor parte de lo que recuerdo de él son… ¿cómo se llama eso de que recuerdas cosas que realmente no has vivido, que son recuerdos prestados?
—No tengo ni idea, joder.
—Bueno, seguro que lo entiendes. Era Natsuo quien sí lo conocía. Quedó destrozado tras su muerte. Nunca pudo perdonárselo a Endeavour. No puede ni verlo. Y ahora… ¿Cómo le digo que el responsable soy yo, Katsuki?
—No has sido tú. —Katsuki responde sin vacilar—. Si no lo hubieras parado…
—Habría quemado todo el recinto, con todos nosotros dentro. —Shouto levanta la mirada hacia Katsuki—. Pero yo no estaba tratando de acabar con él, sino de apagar el fuego que lo quemaba. No podía elegir matarlo, quería salvarlo.
Comprende el dolor, el sentimiento y el dilema de Shouto. Para empezar, los héroes no matan. Izuku golpeó a Twice y le destrozó la cara, pero sólo buscaba noquearlo, no asesinarlo. Él mismo tiró el edificio encima para detener a Twice, no para matarlo, pero cualquiera de los dos podría haber cometido un mínimo fallo de cálculo y habrían tenido que lidiar con las consecuencias. Un asesinato es un asesinato, incluso si eres un héroe y la sociedad y las leyes comprenden que no tenías otra opción. Moralmente, para Katsuki habría sido un fracaso. Y eso, teniendo en cuenta que Twice no es su hermano.
—He pensado que sería más fácil decírselo primero a Fuyumi. —La chica, por lo que sabe Katsuki, es la que más se ha esforzado en mantener los débiles lazos de la familia en pie. También es la que más se ha empeñado en que él o Eijiro cenen de vez en cuando en la casa de los Todoroki, en calidad de amigos de Shouto—. Al principio no he sido capaz, así que me ha preguntado por ti y por Endeavour con normalidad. Cuando por fin se lo he dicho, no se lo creía, pero ha encendido el televisor y lo ha visto allí también. Al final ha gritado y ha dicho algo que no he entendido. Luego lloraba. He colgado, nunca sé que decir cuando llora, mucho menos si estoy lejos.
—Joder…
—A Natsuo… ¿Cómo le cuento esto a Natsuo? ¿Cómo se lo cuento a mamá? —Shouto había retomado la relación con su madre años atrás, pero Katsuki no la conoce personalmente. Pertenece al ámbito más privado de Shouto, ese al que nadie, ni siquiera él, tiene acceso—. Padre ha destrozado nuestra vida. Y también la de Touya. Y, por su culpa, ahora tengo las manos manchadas con la sangre de Touya y de todos los que este ha atacado y no he podido defender, y no puedo culparle a él de eso.
—No ha sido culpa tuya —repite Katsuki. Shouto se mira las palmas de las manos. Tiene los ojos secos, pero enrojecidos y llenos de dolor—. Escucha, joder. Te conozco, he trabajado durante años contigo, aprendimos juntos a hacer esto. Sé que no es culpa tuya. Que has hecho todo lo que ha estado en tu mano para evitarlo. Para salvarnos a todos, incluido a él, de su fuego. Pero Shouto… No podemos evitar algunas cosas. No está en nuestra mano. Lo sabes tú tan bien como lo sé yo.
«Pero a ninguno se nos había muerto ningún villano en diez años de trayectoria y hoy han sido dos», piensa con amargura. Es irónico, ya que es probable que Shouto sea más responsable de la muerte de All for One que de la de su hermano Touya, pero Katsuki no dice nada al respecto. No necesita añadir más carga innecesaria en los hombros de Shouto, que ha hecho todo lo que debía hacer y todavía tiene la humanidad suficiente para sufrir con las decisiones que ha tomado.
—Los médicos también pierden pacientes a veces, ¿no? Forma parte del riesgo de la profesión —dice Katsuki, en cambio, tratando de infundirle consuelo a través de la lógica, que suele ser lo que mejor funciona con Shouto—. Pues nosotros hemos trabajado durante años sin perder ni un solo villano, sin una sola víctima civil desde el momento en que llegamos al escenario de combate. Es una gran proporción. Y eso no es culpa tuya. Ni de tu padre —añade, mirando a Endeavour de reojo.
Está despierto. Tiene los ojos fijos en el techo, los labios apretados y parece contener las lágrimas, pero no ha dicho nada. Shouto ni siquiera se ha dado cuenta.
—Lo que ha hecho Touya… toda la gente a la que ha… —La voz de Shouto se desvanece de nuevo.
—Bakugou tiene razón. —La profunda voz de Endeavour sobresalta a Shouto, que lo mira asustado primero, y luego con dureza—. No es culpa tuya, Shouto. Ha sido culpa mía. Generé un problema que ahora ha tenido que pagar la sociedad y que tú has tenido que enfrentar porque yo no era capaz. Lo siento, Shouto.
Katsuki se queda de piedra. No es el único. Shouto mira atónito a su padre. Es la primera vez que Katsuki oye al héroe, más orgulloso y engreído que él mismo, disculparse por algo y, por la expresión de su amigo, no es una impresión suya. Endeavour ni siquiera los mira, pero una lágrima le recorre la parte del rostro que no tiene quemada.
—He cometido muchos errores en la vida. Uno de ellos ha vuelto a mí, pero no debes culparte, Shouto. Lo hiciste bien allí fuera. —Un cumplido, aunque sí ha habido alguno en el pasado, es casi tan extraño como una disculpa en labios de Endeavour, que parece totalmente abatido—. Has salvado a todo el mundo y, a pesar de todo, mucha gente lo recordará. No has matado a Touya, Shouto. Lo has salvado del monstruo que era Dabi y que era mi entera responsabilidad. Soy yo quien debería haberme enfrentado a él.
—Sin mi hielo, habrías muerto, incluso aunque no te hubieses quedado en shock, y eso sólo habría empeorado las cosas —dice Shouto en tono inexpresivo, pero los ojos, que tiene clavados en Katsuki, dejan entrever su rabia.
—Habría sido justo.
—Eres un gilipollas, padre. —Shouto se levanta de la cama. Ahora sí tiene los ojos húmedos. Katsuki se incorpora al mismo tiempo y, aunque no le impide acercarse a la cama de Endeavour, se queda alerta por si tiene que intervenir y relajar la tensión—. Dime al menos que no lo sabías.
—No lo sabía —dice Endeavour inmediatamente y otra lágrima recorre la mejilla que no tiene quemada, seguida por un reguero constante que deja a Shouto helado. Al final, opta por dar la espalda a su padre y no ver cómo llora—. No podía saberlo. He llorado la muerte de Touya durante años y ahora ha muerto por segunda vez y no sé cómo voy a…
—Tendrás que averiguarlo, entonces —dice Shouto y, si no lo conociese y no supiese que es su forma habitual de expresarse, Katsuki habría pensado que está siendo cruel. Sin embargo, se ha vuelto de nuevo, mirando a su padre, y sus propios ojos brillan, húmedos.
«Y te merecerías que fuese así», piensa Katsuki, con amargura. «Te lo merecerías, pero si todos pagásemos por los errores como nos merecemos, Izuku no debería ni mirarme a la cara y aun así lo hace y cree que es él quien debe disculparse conmigo cuando es toda la sociedad la que está en deuda con él y debería arrodillarse para pedirle perdón».
—Tengo que volver. Izuku Midoriya está en mi habitación, lo he dejado allí para venir a verte, pero… —dice en cambio, nervioso. Shouto se vuelve hacia él, asintiendo.
—Necesitas estar allí —comprende Shouto, esbozando una leve sonrisa. Todavía tiene ira y tristeza en los ojos, pero ya no está tan abatido como cuando ha entrado. Por primera vez, Katsuki se da cuenta de que a Shouto le cae bien Izuku, aunque quizá se habría dado cuenta antes si no hubiese estado tan hundido en su propia autocompasión—. Yo aprovecharé para tener una charla con mi padre ahora que está despierto y luego llamaré a Fuyumi de nuevo para intentar gestionar esto. Ella —añade mirando a Endeavour, que tiene la decencia de asentir, mostrándose de acuerdo— no se merece tener que lidiar con esto sola, con Natsuo y con mamá, sólo porque tú hayas cometido muchos errores.
—¿Te ves con fuerza para reunirnos después? —pregunta Katsuki, antes de salir de la habitación—. Con Togata y Amajiki. Podríamos avisar a Aizawa también, los cuatro lo conocemos perfectamente, podemos confiar en él y tiene más intuición que todos nosotros juntos. No hay problema si no quieres, sería lo más normal. Es sólo que… Tengo la sensación de que esto no ha terminado. Ha sido todo…
—La Comisión. No confiéis en ella —grazna Endeavour.
Los dos se giran hacia él. Shouto puede estar enfadado y la admiración que Katsuki sintió antaño por Endeavour como héroe número dos y número uno hace tiempo que se desvaneció, sobre todo desde que es amigo de Shouto, pero llegó hasta la cumbre porque es inteligente y poderoso. Sus palabras no conviene tomarlas a la ligera, sobre todo si menciona algo que lleva escamándolos semanas.
—Ni que eso fuese una novedad —gruñe Katsuki con desdén.
—¿Lo dices tú, que eres prácticamente su marioneta desde que All Might se retiró tras lo de Kamino? —dice Shouto, dejando, ahora sí, salir parte de su enfado.
—Precisamente por eso, Shouto. Esto no ha terminado aún y la gente necesita héroes a los que mirar. Endeavour ha muerto. No voy a poder devolver la mirada a la sociedad y ser aceptado como un héroe de nuevo, pero vosotros sí.
—Son sólo las declaraciones de alguien a una cámara, sin ninguna prueba que… —Sin embargo, el propio Shouto no se cree sus palabras.
—La duda está sembrada. Y es una duda con muchas certezas. Ya no soy un héroe y no volveré a serlo nunca. La gente no creerá que gente como yo esté en la prerrogativa de detener a ningún villano o que una Comisión a la que yo pertenezca decida quién puede utilizar su Don.
»Dabi… Touya… Él creía en Stain. —Eso no es un secreto. Había habido un juicio tras el incidente de Kamino. Dabi, Spinner y Toga habían declarado ser estandartes de la ideología de Stain. Algo que no sólo no se había difuminado durante la última década, sino que había ido en aumento en la percepción de la sociedad tras la fuga de Gunkanjima—. Qué conveniente escapar ahora. Que los principales defensores de la ideología de Stain estuvieran en una prisión diferente a la de Stain.
—Stain fue derrotado hace años —señala Shouto, pero Katsuki niega con la cabeza, comprendiendo dónde quiere ir a parar Endeavour. Es una conclusión similar a la que él ha llegado por su cuenta, conversando con Togata, Amajiki y el propio Shouto.
—Pero sus ideas no. Y esas ideas están presentes incluso en la Comisión. Los héroes de ahora…
—Todo cambió tras lo de Kamino —asiente Katsuki. La gente dejó de verlos como algo puramente beneficioso y empezó a reducirse en ese momento—. ¿Quieres decir que la Comisión redujo el número de héroes porque la gente cree en los postulados de Stain? ¿O que buscaba que la gente creyese en las ideas de Stain y por eso redujo el número de héroes?
—¿Qué fue primero: el huevo o la gallina? —responde Endeavour en tono cansado—. Da igual, la cosa es que está ahí. Hemos cometido muchos errores como sociedad. La gente ha olvidado qué es ser un héroe y sólo puede ver que sus Dones no están bien vistos si no son útiles para pelear contra villanos, algo que decide una Comisión de forma casi aleatoria. Alguien como Phantom Thief podría haber sido un villano sólo con rechazar su Don. Igual que yo hice con Touya. —Apretando la mandíbula, Katsuki decide no interrumpirle para contarles lo que sabe de Monoma. No quiere cargar a los Todoroki con más aún, al menos por ahora.
»Y, de pronto, hemos aplastado a los últimos héroes de la ideología de Stain. El soplo de esperanza para la gente como Touya. Hemos actuado rápido en un ataque terrorista, nadie se ha enterado de un ataque a un complejo que no existía, a las familias se les ha dicho que los fallecidos murieron de manera heroica defendiendo Japón. Es un momento delicado. —Katsuki y Shouto intercambian una mirada. Es información de la que no disponían, aunque sí sabían que el ataque al complejo no había trascendido a los medios de comunicación.
—¿Dices que somos herramientas de la Comisión? —pregunta Shouto con desprecio.
—Al menos, han intentado usarnos como tal. Si a nosotros o a la Comisión al completo, no lo sé. Tampoco sé si les ha salido bien. Si pretendían acabar con la Comisión de Héroes, el ataque terrorista les ha fastidiado, porque actuasteis rápido en un lugar donde no se suponía que estuvieseis. Si pretendían reforzarla… bueno, les ha salido mal también. Destrozasteis parte de Musutafu y, aunque hoy habéis atajado un ataque terrorista en directo, también hemos demostrado que los héroes somos los culpables de la existencia de los villanos. Que nuestra existencia provoca el nacimiento de villanos. Si alguien quería sacar beneficio de la situación, puede hacerlo.
—O sea, son suposiciones —dice Katsuki, impaciente.
—Suposiciones no muy alejadas de las vuestras, según me ha parecido entender.
—No, desde luego —admite Katsuki, intercambiando otra mirada con Shouto.
—Por eso tienes que guardar tu dolor un poco más o pronto no habrá héroes.
—Siempre haces que, cualquier cosa que venga de ti, suene horrible —se queja Shouto—. Llegaremos al fondo de este asunto. Aunque sólo sea por curiosidad. Tengo la sensación de que todo esto ha ocurrido a pesar de nosotros o a causa nuestra, pero sin nosotros
—No confío en nadie de la Comisión, ahora que no está Best Jeanist, salvo en Recovery Girl y en Hawks —dice Endeavour, cerrando los ojos y tragando con esfuerzo. Katsuki hace una mueca, la mención a Best Jeanist le duele—. Quizá Hawks sí sepa algo más pero, aunque ni Recovery Girl ni yo tenemos más información, ambos estamos de acuerdo en que esto ha sido extraño desde el inicio.
—Momo Yaoyorozu. —Katsuki asiente. Shouto tiene razón, sí pueden confiar en Yaoyorozu, que siempre ha sido una persona honrada y una heroína intachable, incluso cuando dejó parte de la acción en la calle para trabajar en la Comisión—. Es posible que no sepa nada, porque si lo supiera, no habría tolerado nada de esto, pero…
—Podemos empezar por ahí —concluye Katsuki.
—Yo avisaré a Momo, tengo su número de teléfono. Vete, Katsuki. Izuku Midoriya está esperándote.
—No lo digas en ese tono —gruñe Katsuki, saliendo de la habitación para impedir que su amigo siga hablando. Se detiene en el primer puesto de enfermería que ve para saquear algo de material sanitario antes de regresar al dormitorio.
Al llegar, Izuku está exactamente en el mismo sitio donde lo ha dejado. Sigue con la misma ropa, la cara manchada, y las manchas de sangre seca por todo el cuerpo. Se ha sentado al estilo seiza en lugar de permanecer de pie, pero eso es todo.
Ha dejado de abrazarse el muñón, al menos.
—¿Qué haces ahí? ¿Por qué estás sentado en el suelo? —espeta Katsuki. Le viene a la mente un fugaz recuerdo de Izuku, lleno de ceniza y humo, sentado en medio de una tienda de campaña para no manchar nada. Si no fuese por el brazo y porque ha recortado los largos rizos chamuscados y ahora lleva el pelo tan corto que apenas le caracolean los mechones en el extremo, casi podría creer que no ha pasado el tiempo.
—Yo… —Izuku hace una mueca y se encoge de hombros, contrito—. Estaba cansado y no quería ensuciar tus cosas.
—No seas idiota, no te he preguntado por qué no estás de pie —masculla Katsuki, arrepintiéndose al momento de haberlo dicho. Lo rodea para cruzar la habitación, abre la taquilla y saca una toalla y un uniforme limpios—. Toma. Te va a quedar enorme, pero hasta que consiga uno de tu talla, tendrás que apañarte.
—Lo siento —dice Izuku.
—¿Por qué te disculpas tú? Debería haberte dicho dónde estaba antes de irme, en lugar de dejarte ahí en medio sin siquiera posibilidad de ducharte. —Está siendo sincero. Había dado por hecho que sería lo que hiciese Izuku durante su ausencia y no ha pensado en ello. Suspirando, le señala la puerta del cuarto de baño—. Dúchate tranquilamente, luego hablamos. Y deja de disculparte —dice bruscamente, un poco impaciente, cuando Izuku abre la boca para pedir perdón de nuevo.
Este tiene el buen juicio de cerrarla sin decir nada más y entra en el baño. El sonido del agua corriendo llena el silencio de la habitación durante los siguientes minutos. Katsuki pasea impaciente por la habitación mientras tanto, pensando en lo que Endeavour ha dicho, en todas las conversaciones que han tenido Shouto, Togata, Amajiki y él, en lo que desearía poder consultar sus dudas con Best Jeanist y lo mucho que lo echa de menos, a pesar de que siempre ha presumido de no necesitar a nadie.
«Esto es a lo que debían referirse con hacerse adulto», piensa, con ironía.
Sin embargo, sus pensamientos derivan constantemente hacia la persona que está duchándose al otro lado de la puerta. Han vencido gracias a él, que les ha avisado justo a tiempo de permitirles evitar un desastre gigantesco y ha sido decisivo peleando, y, a pesar de todo, cuando está delante de Katsuki se transforma en un conejillo asustado que se deshace en disculpas.
Al escuchar que el agua deja de correr, Katsuki prepara otra toalla y otro uniforme limpios. Izuku sale del baño con el uniforme de Katsuki ya puesto, el cual le queda tan amplio que tiene que sujetar el pantalón con la mano derecha para que no se le caiga. Vestido así, Izuku parece todavía más pequeño y vulnerable, pero quizá porque ha podido asearse o porque la ducha lo ha reanimado, sus ojos vuelven a brillar con ánimo y determinación y luce una pequeña sonrisa en los labios que Katsuki alienta con lo que espera que se entienda como una sonrisa también.
—Lo siento, no podía cargar la ropa sucia al mismo tiempo que…
—No importa, luego la recojo yo. Y no te sientes en el suelo —le advierte Katsuki, quitándose los audífonos antes de entrar al baño.
Se ducha rápidamente, quitándose el polvo y la suciedad de encima, desenredándose el pelo con los dedos, y secándoselo con la toalla. Sale del baño vestido con el uniforme limpio y tira la toalla húmeda a un rincón, ya la llevará después a la lavandería. Izuku está sentado a los pies de la cama, al borde del colchón, y se abraza el muñón. La camiseta del uniforme es tan grande que le deja prácticamente al descubierto los hombros delgados y parte del pecho lampiño. En cambio, la manga, que es corta, le cubre hasta el muñón. Katsuki no contiene la carcajada de burla al ver su aspecto, pero no importa, porque Izuku, que se está revolviendo el pelo con la mano derecha para ayudarlo a secarse, también se ríe con un sonido alegre y sincero.
—Más tarde te conseguiré uno que no tengas que ir sujetando —dice Katsuki, todavía con la sonrisa burlona revoloteándole en los labios.
—¿Podrías conseguirme también ropa interior? ¿Por favor? —Katsuki asiente. Ya se había dado cuenta de que en el montón de ropa sucia del baño están no sólo los vendajes viejos del muñón, sino también la ropa interior de Izuku, que ahora está descalzo y sin calcetines.
—Claro. —También descalzo y con el pelo aún húmedo, Katsuki se arrodilla delante de Izuku con las tijeras y las vendas que ha sustraído del puesto de enfermería—. Imagino que habitualmente te ayudan a cambiar el vendaje.
—Al principio lo hacían las enfermeras, pero ahora lo hace mi madre y no tengo que ir al hospital —asiente Izuku, avergonzado—. Es la única forma de que quede ajustado y firme. Si lo intento yo sólo, lo dejo flojo y suelto y se me deshace al cabo de un rato. En realidad, la herida ya está prácticamente curada, sólo tengo que lavarla con agua tibia, pero me dijeron que la tapase al menos seis semanas y sólo han pasado cuatro, así que… —Katsuki deja de prestar atención a lo que dice Izuku, que murmura para sí mismo en una letanía incomprensible.
Con delicadeza, sube la manga de la camiseta, doblándola varias veces sobre sí misma, y empieza a vendar. Lo hace con destreza. Su trabajo como héroe nunca se ha centrado en esa faceta de ayudar a las personas con las heridas, porque siempre ha tenido cerca a otras personas especializadas en ello, pero no ha olvidado su formación en atención sanitaria durante la adolescencia. Le resulta relajante, incluso aunque puede percibir de reojo la mirada de Izuku clavada en él.
—Pensaba que sería más fácil —murmura Izuku, mientras Katsuki termina de vendar.
—Sujeta ahí un momento —ordena Katsuki con voz queda.
Izuku obedece, poniendo un dedo para evitar que la venda se afloje mientras Katsuki corta un trozo de esparadrapo lo suficientemente grande. Cuando termina, suelta la manga y deja que caiga sobre el brazo de nuevo, ocultando el vendaje blanco y limpio. Antes de recoger el resto de vendas y guardarlas en la taquilla por si las necesitan más tarde, aprovecha para improvisar un pequeño apósito que se coloca en la herida de la ceja, levemente hinchada, pero limpia tras la ducha. Después, se sienta en cuclillas sobre sus talones frente a Izuku, aprieta los labios y frunce el ceño.
—Nunca es fácil.
—Lo siento, no quería decir que… —Izuku se disculpa inmediatamente, con cara culpable.
—Sé lo que querías decir, porque yo también lo pensé en su momento. Y, aun sabiendo a ciencia cierta que no estaba siendo como creías cuando deseabas ser un héroe, viniste. Gracias a eso, pudimos reaccionar rápido y adelantarnos a ellos.
—No tenía intención de matarlo. Tampoco de que tuvieras que responsabilizarte de…
—No lo has matado tú —farfulla Katsuki, cabreado porque hoy todo el mundo esté dispuesto a asumir más responsabilidades de las que le tocan—. No podemos responsabilizarnos de lo que no estaba en nuestra mano evitar. All for One estaba más débil de lo que parecía. Por eso no había participado en los ataques anteriores, supongo. Aquí debieron de creer que tenían opciones. O estaban desesperados por ganar.
—Aun así, era muy fuerte. Cuando hablaba… ¿era un Don? —Katsuki asiente, comprendiendo que Izuku no lo ha procesado hasta ahora, mientras esperaba su regreso.
—Creo que sí. Aunque a mí me afectaba menos, me parece.
—Lo siento.
—No lo sientas. Lo hiciste bien —dice Katsuki, pensando en lo extraño que ha sido escuchar a Endeavour felicitar a Shouto y en lo mucho que admiraba a All Might, que siempre tenía un elogio en los labios para cualquiera.
—Lo que decía resultaba familiar. Sabía… demasiadas cosas. —Katsuki lo observa fijamente, pero Izuku sacude la cabeza, al parecer poco dispuesto a dar pábulo a sus pensamientos. Luego, Izuku alza la mirada—. ¿Se equivocaba, entonces? En lo de su liberación, quiero decir. Sonó… lógico. —Katsuki medita su respuesta unos segundos, considerando sus palabras.
—Se equivocaba en muchas de las cosas que dijo. Pero creo que no en esa.
—Entonces, ya lo sospechabas.
—Esto olía a podrido desde el principio —asiente Katsuki.
—Por eso vosotros también estabais alerta
—No nos gustaba un evento de estas características ahora, con tantas cosas sin atar. Era… imprudente —dice Katsuki, pensando para sí mismo que había sido casi una invitación para el ataque—. Aun así, si no hubieses llegado a avisarnos de que estaban infiltrados, probablemente habríamos reaccionado más tarde y habría habido muchas más bajas. Los Dones de All for One, el de Dabi, la destrucción que Shigaraki es capaz de desencadenar… Habría sido un desastre social y político gigantesco.
»El país se habría sumido en una crisis devastadora. —«Y la hemos evitado por los pelos», añade para sí mismo. Ahora se pregunta si realmente la han evitado o sólo han allanado el camino a alguien.
Para Katsuki, derrotar a los villanos y atraparlos suele ser el final de la misión. A partir de ahí, son otras personas quienes se encargan de lo que viene después. Esta vez, en cambio, ha demasiadas incógnitas y ve varias de ellas dibujadas en el mohín pensativo de Izuku, que debe estar masticando toda la información en la cabeza. Está a punto de preguntarle qué conclusiones saca, porque valora la inteligencia del chico, pero al final se decanta por repetirse.
—Lo hiciste bien. Viniendo a avisarnos y luego peleando contra los villanos. Lo hiciste bien, Izuku Midoriya. —Katsuki pronuncia el nombre completo en voz alta, paladeándolo—. Deku. Creo que tenías razón escogiendo ese nombre como héroe.
—Perdón por eso. Por mentir. —Poniendo los ojos en blanco, Katsuki extiende la mano y le pellizca la nariz para interrumpir el murmullo en el que el chico está a punto de embarcarse. Izuku se queja, frotándose la nariz, que ha enrojecido tanto como lo están haciendo ahora sus mejillas, pero luego esboza una sonrisa cansada. Incorporándose, Katsuki se sienta cerca de Izuku, apoyando la espalda contra la pared a la que está adosada la estructura que sujeta el colchón.
—¿Tenías otra opción? —Katsuki ha pensado mucho en ello estas cuatro semanas. En sus razones para mentir, en el Don de Shinsou, en la falta de Don de Izuku, en el nombre de Deku y cómo este ha resignificado no sólo el apodo cruel de la infancia, sino también todo lo que tiene que ver con la identidad de ser un héroe. Es irónico, Izuku posee mucho más de la ideología de Stain y la representa mucho mejor de lo que Dabi jamás fue capaz y sin aplicar más violencia que la proporcional para defenderse.
Tras dudar durante casi un minuto, Izuku niega con la cabeza.
—Entonces no te disculpes. Eres un héroe y los héroes cumplimos con nuestro deber. —Los ojos de Izuku se empañan y una lágrima se desliza por su mejilla. Katsuki frunce el ceño, frustrado, porque no entiende qué ha dicho mal.
—¿Qué pasa? —pregunta, porque nunca sabe qué hacer cuando alguien llora.
—Nada. Es sólo que siempre… —La voz de Izuku tiembla, y se enjuga los ojos con el brazo derecho—. Siempre quise ser un héroe.
—Pues lo eres, joder. Mira, me equivoqué cuando dije que con tu fuerza no llegarías a serlo. Era una chorrada, la fuerza no hace un héroe. Eres más héroe que muchos que llevan el nombre. Ser un héroe es más que un Don. —Izuku lo mira, con una sonrisa agradecida y más lágrimas en los ojos—. Soy yo quien no pensaba así hace unas semanas, así que soy quien tiene que disculparse. Siento haberlo dicho. —No añade nada más. Izuku tampoco lo necesita, porque asiente y sonríe, a pesar de que sigue llorando.
Katsuki lo observa en silencio. Izuku se abraza el muñón, pero ahora es más un gesto inconsciente que uno defensivo y protector. Las lágrimas empañan sus ojos verdes y hacen que brillen más. La forma en la que se muerde el labio inferior provoca que se hinche y enrojezca. Desviando la mirada y buscando otra cosa en la que pensar para no quedarse mirándolo como un idiota, Katsuki suspira y echa la cabeza hacia atrás hasta que golpea la pared con la nuca.
—Me gustaría… —Izuku interrumpe el silencio al cabo de un rato—. No he visto a Ochaco desde que empezó la pelea y tampoco he podido hablar con Mei. ¿Crees que podría…?
—Sí. Te acompañaré y de paso averiguaré cómo están las cosas ahí fuera y si nos van a dar de comer o qué. —Katsuki se levanta, aliviado de tener algo que hacer. Al ver cómo Izuku se sujeta el pantalón, para que no se le caiga, le tira un cinturón y se agacha para recogerle la tela sobrante de las perneras de estos—. No tengo calzado que prestarte, pero puedo dejarte unos calcetines hasta que encontremos un uniforme completo.
—Bastará —asiente Izuku, sonriendo más ampliamente.
Dato random: Hablando de los recuerdos prestados a los que se refiere Shouto, tengo un recuerdo clarísimo de mis dos hermanas mayores mirando por una ventana a un patio interior donde una vecina tenía varios pavos que criaba para vender. Lo cual sería un recuerdo muy bonito si no fuese porque yo nací años después de que mi familia se mudase a otra casa y nunca vi uno de esos pavos con mis propios ojos.
