Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

No me di cuenta de decirlo en el capítulo anterior, así que lo digo ahora: este capítulo da pie al Libro 5. Es el último de la trama principal (el Libro 6 son capítulos extra y epílogos). En mi esquema organizativo, este compendio de capítulos (9 por ahora, yo ya no me atrevo a arriesgarme a no decir que vayan a ser menos o más xD) se llama Escucha a tu corazón. El título de este capítulo, por cierto, está inspirado por Morning Assemble, de Mulán xD. Es también, junto al capítulo siguiente, el que más veces ha cambiado, ha pasado por cuatro títulos provisionales xD.

Oh, y creo que no lo llegué a decir, pero los diez anteriores capítulos, el Libro 4, se titulaban La Liga de Villanos ataca (aunque creo que era un poco obvio xD). ¡Muchísimas gracias por estar ahí semana a semana y por vuestros comentarios!


REUNIÓN EN EL DORMITORIO

Encuentran a las chicas en la habitación de los chicos. Sero está sentado en una de las dos sillas plegables, con los codos apoyados en los muslos, y mueve la rodilla con impaciencia. Hatsume y Uraraka están sentadas en la cama inferior. La del medio está vacía, porque Shinsou y Kaminari ocupan la superior. El primero está sentado cerca de los pies de la cama, con la espalda apoyada en la pared y las piernas recogidas, que se abraza por las rodillas; Kaminari, más relajado, se ha tumbado cuan largo es, aprovechando todo el espacio restante, con las manos detrás de la nuca y una de las piernas colgando por el borde. Parecería dormido si no fuese porque, justo antes de entrar, Izuku ha escuchado su voz hablar, haciendo una pregunta, pero no ha escuchado la respuesta, porque todos han guardado silencio en cuanto Katsuki golpea un par de veces la puerta antes de abrirla, y ahora lo miran con interés y sorpresa.

—¡Izuku! —Hatsume es la primera en reaccionar, saltando sobre él para besarle la mejilla y rodearle el cuello con los brazos con tanto ímpetu que Izuku tiene que amortiguar el impacto basculando un pie hacia atrás.

—Hola, Mei —murmura Izuku, ruborizándose, y le devuelve el abrazo con cierta torpeza, emocionado por verla también.

—¿Estás bien? Estaba preocupadísima por ti. —Izuku asiente, sonriendo. La chica se separa unos centímetros, con las manos todavía encima de los hombros de Izuku, para examinarlo con atención.

—Yo también me alegro de verte. ¿Cómo estás?

—Un poco impresionada por lo de Toga ahora que todo ha terminado y tengo tiempo de pensarlo, pero bien. En realidad, no me ha… ¡Oh! —se interrumpe. Ha descubierto el muñón y lo sostiene entre las manos, sin ningún tipo de aprensión. Izuku está un poco incómodo por la atención y las miradas del resto clavadas en él, pero no lo retira—. ¿Has pensado ya en una prótesis? Si tuviera material y herramientas, estoy segura de que podría conectarla a tus sinopsis neuronales. Casi todos los estudios en este campo afirman que, si se implanta la prótesis antes de que los nervios se atrofien, el éxito roza el cien por cien. Deberías pasarme los planos que tienes de los guantes aquellos que hiciste, seguro que podemos adaptar parte de su diseño para que puedas tener prestaciones parecidas y…

—Mei… —Izuku intenta intervenir en el torrente de palabras de la chica, pero es imposible.

—Desde luego, necesitaríamos tener acceso a material de alta calidad. Esa es la parte más peliaguda, porque es caro, pero seguro que podemos conseguirlo sin problema a través de los proveedores que hemos conocido en la facultad. Nanofibras similares a las de la bufanda que le ha prestado Eraserhead a Shinsou serían lo ideal, porque no pesa, tiene una resistencia enorme y aguantaría la fuerza de tus mecanismos —Se interrumpe un segundo para mirar a Izuku. En los ojos de la chica hay un brillo entusiasmado que sólo se presenta cada vez que se le plantea un reto o una idea para un nuevo artilugio cruza por su mente—. Sí, estoy segura de que podrías implementar todas las prestaciones de tus guantes. Deberías pedirle a Dynamight que te preste un taller como la vez anterior y empezaríamos a trabajar en el diseño ya mismo, así cuando podamos comprar el material estaríamos listos para empezar a trabajar con él.

—No creo que eso sea posible…

Mei, que en realidad no está escuchándolo, sigue hablando con entusiasmo, proponiendo ideas de diseño a cada cuál más alocada. Izuku intercambia una mirada desesperada con Katsuki, pidiéndole apoyo. No es sólo que el coste del material, que hasta Mei ha tenido que definir como «caro» sea inasumible en su situación actual, tampoco se ve con fuerzas de ponerse a trabajar en nada que tenga que ver con su brazo en ese momento. Ha evadido el tema durante las últimas semanas porque no ha querido parar a pensar en ello, aunque gracias a las escasas sesiones de terapia que ha tenido antes de volver a escaparse para regresar al complejo ha entendido que sólo estaba compartimentando problemas y asumiéndolos uno a uno. La terapeuta le ha aconsejado, en cualquier caso, que no soslaye la cuestión durante demasiado tiempo, pero Izuku todavía no ha podido detenerse el tiempo suficiente para pensar en ello, absorto por avisar a tiempo a sus amigos primero y combatir después.

—¿Se puede hacer un molde del muñón ya o lo llevas vendado aún porque hay algún problema con su curación? Da igual, para trabajar en el diseño de la mano artificial no es necesario…

—¡Hatsume-san! —Es Kaminari quien acude en su auxilio. El chico, que ha interpretado bien la situación, se deja caer al suelo con gracilidad y posa la mano en el hombro de Mei, que se distrae por fin del hilo de sus pensamientos y sonríe descaradamente, sin avergonzarse por haberse dejado llevar—. Deja que el resto también podamos saludar a Midoriya-kun.

De pronto, Izuku se ve rodeado. Hatsume se separa de Izuku tras darle otro abrazo, breve. A pesar de que no hace mucho rato Sero y Kaminari estaban escoltándolo en busca de Katsuki en el campo de batalla, ahora el primero le aprieta el hombro y se lo rodea con el brazo, en un gesto de cariñosa cercanía, felicitándole por su victoria, lo que hace que Izuku se sonroje. Kaminari tiene menos reparos y le da un breve abrazo antes de revolverle el pelo y dejar su turno a Ochaco, que lo retiene entre sus brazos tanto tiempo como Hatsume y le da también un beso en la mejilla.

—¡Qué alegría verte bien! Sero-kun y Kaminari-kun nos habían dicho que estabas bien, pero estábamos un poco preocupadas.

—Uraraka nos ha puesto al día sobre lo que habéis estado haciendo este mes y cómo descubristeis lo que estaba ocurriendo. Conchesumadre, la cosa podía haberse puesto penca si Toga no hubiese estado dispuesta a esperar a hoy y hubiera atacado antes —dice Sero, torciendo la boca en una mueca de preocupada resignación.

—Ninguno nos dimos cuenta —dice Mei, y un rastro de miedo, tristeza y culpabilidad asoma a sus ojos, con los acontecimientos demasiado recientes como para hablar de ellos con banalidad—. Ni siquiera yo, que dormía con ella. Sí que noté que actuaba raro tras el ataque a Musutafu, pero quién no después de todo lo que pasó. Yo pensaba que estaba actuando así de cautelosa y distante porque le había dolido enterarse de que tú no… —Mei se interrumpe, sacudiendo la cabeza, pero no se da cuenta de que el rostro de Izuku se ha entristecido en una expresión de arrepentimiento.

—Creo que tenéis que hablar. Voy a ver si darán la comida en el comedor o, en su defecto, conseguir que traigan de comer a toda la planta. Y descarta lo del taller, Zoom. No creo que sea mínimamente posible conseguirlo ahora mismo —sentencia Katsuki desde la puerta. Izuku le dirige una mirada de pánico, pero Katsuki niega con la cabeza y luego hace una mueca, casi una sonrisa, para tranquilizarlo. Y, antes de que Izuku pueda decir nada, Katsuki se marcha.

Aunque ya se ha disculpado con todos ellos por mentirles, escuchar de labios de Mei que su mentira permitió crear el clima perfecto para que alguien como Toga pudiese infiltrarse sin sospechas le provoca un nudo pesado en el pecho. Ahora que ya ha pasado todo, es fácil respirar aliviado, pero la sola idea de que Mei o alguno de sus amigos hayan corrido un peligro serio y real le atenaza la garganta.

—Sobre eso… Ya sé que os lo he dicho, pero… Siento mucho haberos mentido —dice, de todos modos, sintiéndose culpable.

—No digas pendejadas, weón. Nadie te va a culpar por eso, ¿cachaste? —niega Sero, descartando las disculpas moviendo la mano delante de su rostro.

—Entonces… ¿no estáis molestos? ¿Ni siquiera por haber provocado un ambiente en el que Toga pudiese disimular? —pregunta Izuku, con timidez, pero su temor está infundado. Sus compañeros, salvo Shinsou, que no se ha movido de donde está sentado y lo mira con una expresión enigmática en los ojos, sonríen con sinceridad y no parecen juzgarlo.

—¿Por lo del Don y el nombre? —Kaminari pone los ojos en blanco. No es el único: Mei resopla con impaciencia, Sero sacude la cabeza, Ochaco se ríe entre dientes y Shinsou entorna más los ojos, sin apartar la mirada de Izuku.

—Izuku, eres muy inteligente, valiente y te adoro, pero a veces resultas un poco obtuso, ¿eh? Nadie está enfadado contigo por eso —dice Mei, fingiendo el tono hastiado de quien ha explicado las cosas demasiadas veces.

—En realidad, yo creo que eres bacán, Midoriya. Nos sacaste del dormitorio cuando estábamos encerrados, conseguiste proteger a aquel niño, has combatido contra el mismísimo All for One… —afirma Sero, entusiasmado.

—Hitoshi también nos ha contado que lo ayudaste con el nomu —dice Kaminari, que ha vuelto a auparse hasta la cama superior, sentándose al lado de Shinsou y dejando que las piernas le cuelguen en el aire. Este no dice nada, sólo frunce el entrecejo, un poco disgustado, pero se relaja cuando el chico rubio toma su mano entre las suyas.

—Eres un héroe genial, Deku —concluye Ochaco con una sonrisa sincera y orgullosa.

—Tú también estuviste genial, Ochaco —dice Izuku, emocionado—. No habría podido llegar aquí sin ti, y te enfrentaste a Toga. Fuiste muy valiente también. —La chica se sonroja y sonríe, avergonzada—. De hecho, sois geniales todos. No pude decíroslo la otra vez, pero es genial todo lo que habéis hecho, cómo habéis peleado tanto hoy como en Musutafu, todas las cosas que hicisteis. Fue genial que Kaminari utilizase el rayo, el dominio de Sero sobre su Don es genial también, y Shinsou con el nomu… Ostras, Shinsou, me has salvado la vida gracias a tu Don, ha sido genial. —Se calla repentinamente, dándose cuenta de que lleva un rato repitiéndose.

—¿Deku? —pregunta Shinsou, no obstante, cuando Izuku lo mira, sonriendo, agradecido. Este, avergonzado, baja la mirada, clavándola en sus deportivas y abrazándose el muñón—. ¿Por qué Deku?

—Es… Dynamight me ordenó que escogiese un nombre en clave para ser un héroe. Supongo que para proteger mi identidad personal, por si acaso... Y pensé…

—¿Usas Deku como nombre de héroe? —insiste Shinsou. Izuku asiente, ruborizándose.

—Me pareció… que podía darle un buen uso. Resignificarlo. Convertir lo que significaba en algo nuevo, algo… No es una recriminación, te lo aseguro. Sólo… me pareció adecuado. —Se calla, porque no sabe cómo explicarlo mejor. Comprende cómo se siente Shinsou al respecto y no quiere que este lo malentienda. Tampoco puede darle el argumento de Ochaco, pues a él no se le había ocurrido antes de escoger el apodo.

—Yo no pienso que seas un inútil —dice Shinsou, hablando quedo y despacio, como si estuviese meditando cada palabra que utiliza—. Fuiste muy valiente allí fuera.

—Tú también. Si no llegas a controlar al nomu justo en ese momento, no lo habría contado. Usaste tu Don de una manera tan genial, tan heroica… —se calla de nuevo, sonrojándose. Mei rompe la tensión, riéndose a carcajadas.

—Izuku es un poco friki de los Dones. Me extrañaría que no tuviera ya un cuaderno lleno con la descripción de todos los vuestros y cómo los usáis. A mí me dedicó siete páginas —presume, orgullosa. Izuku se sonroja más todavía, porque Hatsume tiene razón. No se pregunta cuándo ha podido Mei cotillear sus cuadernos, es más que consciente de que su Don es muy útil para leer disimuladamente desde la distancia.

—Del Don de Shinsou, en realidad, tengo muy poco. Apenas lo utilizabas cuando eras pequeño y no éramos amigos, así que no podía preguntarte —explica Izuku, encogiéndose de hombros, cuando Shinsou ladea la cabeza con interés.

—No me importa darte detalles, si quieres —asiente Shinsou lacónicamente, un poco tenso. Izuku desea percibir eso como una oferta de amistad tras tantos años, así que asiente entusiasmado.

—Pero no ahora mismo —dice Kaminari, que sigue sosteniendo la mano de Shinsou entre las suyas y ahora le acaricia el dorso en un gesto de cercanía que descoloca a Izuku—. Uraraka nos estaba contado cómo habéis llegado hasta aquí cuando has entrado. ¿En serio había un taxista que os ha predicho el futuro?

—No exactamente, eran más bien certezas sobre decisiones que debía tomar —protesta Ochaco. A Izuku no se le escapa la ceja alzada de Shinsou, pero este no dice nada y deja que sea Kaminari quien, excitado, demande más detalles.

Desperdigados por la habitación, ya sea sentados en el suelo, las sillas o en uno de los colchones, los seis se embarcan en una conversación caótica, tratando de ponerse al día. Izuku se entera de los entrenamientos de Shinsou con el profesor Aizawa y Mei tiene que interrumpirlos de nuevo cuando Izuku se embala en un interrogatorio, que incomoda a Shinsou a pesar de su anterior oferta, acerca de sus técnicas de combate y de sus progresos con la bufanda de microfibras del héroe profesional.

—Lo siento —dice Izuku, sonrojándose una vez más, cuando Mei le ordena burlonamente que no monopolice la conversación—. Es que vi cómo las utilizabas durante la batalla, pero no tuve tiempo de fijarme.

—No sé si me habría asustado más haber estado allí que ayudando en la retaguardia —dice Kaminari, haciendo un mohín de preocupación con los labios al mismo tiempo que mira a Shinsou, que parpadea, meditabundo.

—Tuvimos suerte. Gracias a empezar a evacuar rápido, cuando empezó el ruido de los combates, ya no había tantísima gente abarrotando el patio y casi todo eran héroes que ya estaban alerta sobre lo que estaba ocurriendo, así que pudimos evitar una estampida —explica Sero.

—Por eso apenas hubo daños más allá de ansiedades o pánico entre civiles —añade Kaminari con el pecho hinchado de orgullo—. Cuando se escuchó la explosión, Creati y Hawks nos enviaron como refuerzos a Hanta, a mí y a algunos más, pero ya lo habíais hecho todo.

—A mí eso también me parece alucinante. Para mí, todes vosotres sois unos héroes alucinantes —admite Izuku, sinceramente admirado.

—Ojo, que aquí el único con nombre de héroe eres tú —bromea Kaminari, arrancando algunas carcajadas. Sin embargo, Izuku piensa en ello unos segundos.

—¿Cómo te llamabas, Kaminari-kun? —pregunta, curioso. El chico rubio alza las cejas, inquisitivo—. Cuando eras pequeño y jugabas a ser héroe, antes de decidir que seguirías otro camino. ¿No tenías un nombre?

—¡Oh! ¡Por supuesto! —La carcajada del Kaminari, alegre y optimista, resuena con fuerza—. Yo era el héroe Chargebolt.

—¡Topísimo, weón! —celebra Sero, estallando en carcajadas.

—¡Stun Gun Hero: Chargebolt! —exclama Kaminari, con entusiasmo infantil. Cierra una mano, imitando una pistola, apunta a un objetivo imaginario al mismo tiempo que cierra un ojo y un arco eléctrico chisporrotea entre sus dedos—. ¿Qué te parece, Hitoshi? —Este se encoge de hombros, incómodo, y agacha la mirada, pero eso no amedrenta a Kaminari, que sigue simulando disparar arcos eléctricos con el dedo.

—¿Y tú, Sero-kun? —pregunta Izuku, contagiándose del entusiasmo de Kaminari y recordando que el chico ha contado alguna vez que él sí quiso ser un héroe.

—Pues… La verdad es que nunca me lo planteé —dice Sero, riéndose, pero Kaminari se adelanta:

—¡Cellophane! ¡Taping Hero: Cellophane!

—¡Pero eso es una descripción de mi Don, no una aplicación piola como el tuyo, chancho culiao! —protesta Sero, riéndose. Kaminari se ha inclinado hacia adelante, ignorándolo, para señalar a Ochaco, que, tímidamente, lo detiene levantándolo la mano.

—Uravity. —La chica se sonroja y, antes de que Izuku se entusiasme también, se explica—: Se me ocurrió en el tren, mientras veníamos hacia aquí, por aquello de la gravedad y mi nombre… —Izuku la mira con cariño, recordando la habilidad de su amiga para hacer conexiones y juegos de palabras con la resignificación de su apodo.

—¡Bacán! Aprende, weón, eso sí que es un buen nombre —dice Sero, riéndose.

—¿Y tú, Mei? —pregunta Izuku, pero su amiga se encoge de hombros, sin darle importancia.

—Yo nunca he pensado en ello. A diferencia de vosotros, nunca me interesó ser heroína, quería construir mis pequeños juguetes y es algo que ya estoy consiguiendo. Mi nombre es mi marca, así que no necesito encontrar otro.

—¿Y tú, Hitoshi? —pregunta Kaminari, apretando la mano del chico para llamar su atención, pues tiene la mirada perdida en la pared blanca. Sin embargo, Shinsou niega con la cabeza. Kaminari, que se ha acercado más a él hasta quedar hombro con hombro, le aprieta la mano de nuevo en un gesto de ánimo—. Seguro que tú alguna vez has pensado alguno.

—En realidad… no. No lo sé. No… —Hitoshi inspira profundamente. Está más concentrado en la mano que Kaminari sostiene con la suya y la mira, ensimismado, que en contestar la pregunta de los demás. Además, Izuku reconoce en el tono de su voz cierta tensión que le resulta familiar por todas las veces que la ha experimentado él. Está pensando qué decir para cambiar de tema, pero un bufido procedente de la puerta los interrumpe. Todos se vuelven hacia Katsuki, que está plantado en ella con varios envases de color verde oscuro en las manos.

—Se os oye gritar desde el fondo del pasillo, héroes —dice, malhumorado, y luego reparte un paquete a cada uno—. Raciones militares. Todo está patas arriba y parece que no habrá turno de comida en el comedor, así que no las desperdiciéis.

Gracias a sus reflejos, Izuku atrapa en su regazo el que le lanza. Ha utilizado ambos brazos instintivamente, pero nadie parece haberlo notado y, al menos, ha conseguido que no se le resbale al suelo. Apenas prestando atención al dolor que le ha causado el gesto en el muñón, apenas una sombra del que experimentó los primeros días, abre su paquete, hambriento y descubriendo un menú completo compuesto por filetes en salsa, arroz y verduras fritas en una bandeja de plástico desechable.

—Los he calentado todos en un microondas antes de traerlos, pero de eso hace un rato, así que comedlos antes de que se enfríen más. —indica Katsuki, que se sienta en el suelo, al lado de la silla de Izuku, cruzando las piernas—. Shouto opina que era mucho más seguro que encender varios hornillos en la habitación y provocar un accidente. O que salten los sensores de humo. —Levanta la cabeza al techo, con ojo crítico, y frunce el ceño.

Incómodo por no poder imitar a sus compañeros, que abren y sujetan la pequeña bandeja desechable con una mano y utilizan los palillos para comer con la otra, pero poco dispuesto a ser el único que se levante y pedir la silla a Sero para poder usar la mesa, Izuku trata de apañarse con una sola mano, moviendo las rodillas para mantener todo en un equilibrio precario.

—¿Qué va a ocurrir ahora, Dynamight? ¿Volvemos a casa? —pregunta Mei entre bocado y bocado. La chica tiene una chispa de ansiedad en los ojos e Izuku tiene en mente lo que acaba de decir acerca de que nunca ha querido ser heroína profesional, que lleva demasiado tiempo alejada de su verdadera pasión y está deseando regresar a la vida normal.

Katsuki la mira en silencio, sereno y serio, durante varios segundos, masticando con movimientos secos y bruscos. Izuku lo observa atentamente, ensimismado por la forma en la que come, igual de decidida que cuando los entrenaba o mientras pelea. Y, por la forma en la que el resto de sus amigos también lo miran, ansiosos por escuchar su respuesta, supone que todos han aprendido ya que esa expresión hostil, explosiva y malhumorada que el héroe siempre exhibe es sólo una fachada.

Regresar a casa.

De pronto, la idea de volver lo disgusta. No es que no quiera regresar a casa, retomar sus estudios o abrazar a su madre. Trabajar en un taller, dormir en su propia cama, regresar a clase, reanudar sus rutinas… Sin embargo, al mismo tiempo, tampoco desea marcharse. Todavía no. Ha pagado un precio alto, uno del que no se arrepiente. Más allá de la tristeza por haber perdido el brazo, ha encontrado mucho más a cambio: ser un héroe y salvar vidas como siempre quiso hacerlo.

Nunca más volverá a ser un inútil.

No quiere volver ahora, quiere seguir salvando vidas. Dejar que el sueño continúe un poco más, porque aún no ha conseguido hacerlo con una sonrisa, ni tampoco con la determinación con la que lo hace Dynamight.

Dynamight. Katsuki. Dynamight. Ya no sabe bien cómo debe referirse a él. Si sigue teniendo permiso para llamarlo Katsuki, aunque en su cabeza ya lo es siempre, incluso cuando lleva su traje y granadas equipadas.

Volver a casa significa dejar de estar con él. No sólo con Dynamight. Para Izuku, ser el sidekick de Dynamight, incluso a pesar del miedo, el estrés, la ansiedad y el peligro, ha sido algo correcto. Una pieza que encajaba por fin en su sitio. Aunque está seguro de que en algunos momentos ha sido más un estorbo que otra cosa, también siente que una de las mejores cosas que le ha ocurrido en la vida es conocer a la persona que hay detrás de su héroe favorito. Al chico serio, borde y malhumorado que intuyó en sus primeras apariciones televisivas y que lo cautivó. Al héroe profesional que tuvo fe en él, lo entrenó y le dio la oportunidad de ser uno de los suyos. Al que lo creyó ciegamente cuando volvió después de haberle contado una mentira, una mentira grande.

Ahora, Izuku lo mira de reojo, temiendo la respuesta afirmativa. Ya no tiene sentido que las tropas de héroes civiles permanezcan movilizadas, pues la amenaza de la Liga de Villanos se ha disipado.

—¡Cuidado! —Sero, que está sentado en la otra silla plegable de la habitación, cerca de Izuku, alcanza a atrapar en el aire a tiempo la bandeja de comida que se ha deslizado por las piernas de este cuando la ha soltado inconscientemente para abrazarse el muñón al ensimismarse mirando fijamente a Katsuki.

—Lo siento. Todavía no estoy acostumbrado a… —se apresura a disculparse, ruborizándose. Sero le devuelve la bandeja, depositándola cautamente en su regazo.

—Deberías comer en la mesa. Así podrás apoyarte mejor —dice Katsuki, serio. Izuku niega con la cabeza y escudriña la bandeja de su regazo, sin deseo de comer nada más para evitar la expresión inquisitiva del héroe. Katsuki lo taladra con su mirada de ojos rojos, pero Izuku no está seguro de si es por lo que acaba de decirle o porque adivina qué ha estado pensando.

Las expresiones de Sero, Kaminari, Uraraka y Hatsume son expectantes y esperanzadas. Incluso la de Sero, que en su adolescencia se planteó seriamente escoger una carrera como héroe y que no hacía muchas semanas había jugado con la idea de no tener que volver a la cotidianeidad. Shinsou, en cambio…

La expresión de Shinsou es un espejo de los sentimientos de Izuku, incluso cuando el rostro de uno es mucho más hermético que el del otro. Todos tienen vidas a las que desean regresar, pero ellos dos no tienen particular prisa. Ser héroes por una vez les ha devuelto una esperanza abandonada, el fuego de un deseo largamente suprimido para encajar en la sociedad.

Y ahora no pueden dejarla marchar, al mismo tiempo que desean no abandonar lo que ya han conseguido.

«Ojalá poder tener todo lo que quiero. Por una vez. No tener que renunciar a nada», piensa Izuku con amargura, agradeciendo con un asentimiento a Sero y dejando la comida en el minúsculo escritorio, tal como le ha sugerido Katsuki. Ya no importa: ha perdido el apetito. El héroe lo observa durante unos segundos más, serio y con los ojos entornados, antes de volverse hacia Mei.

—No lo sé —dice Katsuki. La expresión de Mei, decepcionada y desilusionada, encuentra un débil eco en la desazón que siente Izuku por la perspectiva contraria a la de su amiga. Los demás, salvo Shinsou, también parecen defraudados, pero su cara de decepción parece más resignada—. No tengo información oficial.

Katsuki se queda en silencio, todavía con el ceño fruncido, y se concentra en su comida. La respuesta ha sido seca y concisa, pero no malhumorada, aunque pueda parecerlo para alguien que lo haya tratado menos. «No está diciendo todo lo que sabe», comprende Izuku. Intrigado, se lame el labio inferior y se lo mordisquea, reuniendo valor para hacer la pregunta que tiene en la garganta, y eso atrae la atención de Katsuki, que frunce más el ceño.

—¿Pero? —pregunta Izuku finalmente, sin disimular su sospecha en el tono de su voz. Katsuki, sin apartar la vista de él, traga el bocado que está masticando antes de contestar.

—Espero que sí. Que ahora que la Liga de Villanos está neutralizada, todo el mundo pueda recuperar sus vidas y se acabe esta tontería de involucrar civiles que no debió empezar en ningún momento —dice Katsuki bruscamente, y ahora sí parece enfadado. O frustrado, Izuku no capta bien la diferencia.

Izuku aprieta los labios, viendo confirmadas sus sospechas de que todos en general y él en particular, han sido un estorbo para los héroes profesionales y sobre todo para Katsuki. De que, aunque haya tenido la deferencia de tratarlos como héroes, no los ve como iguales, sino como civiles a proteger. Qué, a pesar de sus palabras de hace un rato, probablemente dichas con la intención de levantarle el ánimo y quitarle una preocupación de encima, no piensa de verdad que haya sido un héroe.

Y le frustra, pero lo comprende. Y eso le hace sentirse peor.

—Pero también creo que debéis tener toda la información antes de decidir si queréis marcharos ya o quedaros un poco de tiempo más —añade Katsuki al cabo de unos instantes.

—No entiendo —dice Kaminari, desconcertado—. Si la amenaza ha sido neutralizada, tendrán que disolver esto. Tenemos trabajos, estudios, familia… —Mira hacia Shinsou, que baja la mirada, frunciendo los labios de una forma similar a la que lo está haciendo Izuku, con un atisbo de rebeldía por la decisión, y la comprensión se abre paso—. Tú no quieres irte.

—No —admite Shinsou, con sencillez. Kaminari, lejos de soltarle la mano que todavía sostiene entre las suyas, se centra en ella, acunándola mientras procesa la información.

—La decisión la tomará la Comisión de Seguridad Pública, en cualquier caso —interrumpe Katsuki, tajante—. La cuestión es que nunca deberíais haber estado aquí. Es absurdo, poco inteligente y ha tenido un coste mayor del que habría tenido si hace diez años las agencias de héroes no hubiesen recibido las limitaciones de personal que actualmente que tienen.

—¿Qué quieres decir? —pregunta Mei, apretando la mandíbula con decisión.

—Que aquí hay algo más. Todo esto ha sido demasiado extraño. No todos los héroes estábamos de acuerdo con este reclutamiento de civiles. No creíamos que fuese la manera oportuna de hacer las cosas. Ahora creemos… —Katsuki se interrumpe cuando tocan suavemente en la puerta del dormitorio. Shouto, alto e imponente, está allí. Tras él, están también algunos de los héroes con los que han trabajado esa mañana, todos vestidos con los sencillos uniformes que Izuku y los demás han estado utilizando en los complejos—. Nosotros tenemos que hablar. Y hemos pensado que a lo mejor os interesa escuchar y opinar.

Siendo tantos dentro de la habitación, esta está atestada. Son tantos que hace calor y no saben dónde colocarse. Optan por retirar las dos sillas plegables a un rincón, así que Izuku acaba sentado en el suelo entre Sero y Katsuki, hombro con hombro con este último, abrazándose las rodillas con el brazo derecho y apoyando en ellas la barbilla. Kaminari y Shinsou se quedan en la cama superior y las chicas en la inferior, donde también se sienta Togata. Amajiki prefiere quedarse de pie y Shouto, lleno de vendas y con los ojos apagados en una expresión triste que contrasta con su habitual semblante impasible, se sienta en estilo seiza cerca de la puerta.

A excepción de este último, que comparte su nombre propio con el de su actividad profesional, todos los demás insisten en dejar de lado sus apodos oficiales de héroes profesionales y se presentan con sus apellidos, incluido Katsuki, que mira a Izuku con una expresión extraña en los ojos que este no sabe cómo interpretar.

—¿Y bien? —pregunta Sero, un poco desconcertado, al cabo de unos segundos de silencio. El resto se inclina hacia adelante, intrigados por escuchar qué tienen que hablar los héroes, pero Shouto niega, señalando la puerta, todavía abierta.

—Falta Yaomomo —dice Shouto en voz baja y átona, dirigiéndose a Katsuki. Este asiente, de acuerdo en esperarla—. Creati, la heroína —aclara, al ver la cara de curiosidad del resto.

.

Cuando Yaoyorozu llega, es Shouto quien pone al día a todos con su estilo sobrio y pragmático, sin perderse en los detalles, acerca de sus sospechas compartidas con Togata y Amajiki, pero no dice nada de la conversación que han mantenido con Endeavour, algo que a Katsuki le parece bien: cuanto menos influencien a los demás, más objetivas serán sus conclusiones. No cree que pueda salir nada positivo si les transmiten la advertencia de Endeavour acerca de la Comisión desde el principio, sobre todo teniendo en cuenta que Yaoyorozu forma parte activa de su estructura jerárquica.

Los chavales son listos, Katsuki los observa mientras escuchan, atento a sus reacciones. Hatsume abre la boca un par de veces para replicar con impaciencia a Shouto, aunque no llega a hacerlo, frunciendo el ceño. Uraraka permanece cabizbaja y se mira las manos con mucha atención, pero asiente cuando Shouto plantea la ineficacia que supuso Gunkanjima y encerrar a los miembros más relevantes de la Liga de Villanos en un mismo sitio, en lugar de apresarlos en alguna de las prisiones de máxima seguridad, como Tártaro.

—Recuerdo las explicaciones del primer ministro de entonces —dice Sero entonces, hablando despacio. Es el más mayor de los chicos, de una edad similar a la de Katsuki, tiene sentido que se acuerde con más claridad que el resto, ya que los otros eran demasiado pequeños. Está serio y, por primera vez desde que lo conoce, su expresión es cautelosa y no intercala modismos al hablar—. Algo así como que la distancia respecto a la civilización y el sistema de borrado que los contenía iba a ser mucho más eficaz que arriesgarse a que un Don de All for One pudiese romper los dispositivos de contención de Tártaro. Resaltó a menudo que la barrera era infranqueable y tanto o más segura que la prisión, donde estarían con villanos cuyas lealtades podían subvertir.

—Tienes buena memoria —murmura Togata, mirando de soslayo a Amajiki, que ha apoyado la frente contra la jamba de la puerta y tiene los ojos cerrados, agobiado por la cantidad de gente que hay reunida en el dormitorio.

—En el fondo, el concepto es similar a Tártaro, ¿no? —pregunta Hatsume, que sigue con el ceño fruncido—. Una prisión de altísima seguridad en medio del mar. Aunque me pregunto cómo consiguieron el borrado de Dones.

—Es una tecnología similar a la que se usa en los nulificadores que utilizamos al arrestar a villanos, pero a gran escala. Sé que se desarrolló al amparo de Detnerat y que se basa en el Don de Eraserhead, pero no tengo muchos más datos —explica Yaoyorozu, diligente.

—Lo que queréis decir es que debería haber sido una prisión inexpugnable —dice Izuku en tono cauto. Yaoyorozu asiente.

—Lo era —murmura Amajiki, que ha escuchado en silencio hasta ese momento, con los ojos prácticamente cerrados y semblante pensativo—. O eso nos dijeron a nosotres también. Infranqueable y permanente. Pero no lo fue.

—¿Qué sabes de ello? —pregunta Katsuki bruscamente, mirando a Yaoyorozu.

—No demasiado. —Yaoyorozu está dentro de la estructura interna de la Comisión de Héroes. A pesar de haberse graduado con las mejores notas posibles en la U.A., que varias agencias se disputasen su contratación y que disponía de suficiente capital económico como para abrir la suya propia, había elegido ese camino, apartándose del ejercicio práctico de la profesión—. Es un misterio por qué pudieron salir de ella.

—¿No fue porque la destruyeron ellos desde dentro? —pregunta Shouto. Yaoyorozu se encoge de hombros, insegura. Katsuki está seguro de que sabe algo, pero es Shouto quien mejor se lleva con ella, no él, así que no interviene.

—No lo sé a ciencia cierta. —Yaoyorozu, de pronto, parece insegura de sí misma—. Da igual, supongo. Escapar y destruirla, destruirla y escapar… El orden de los factores no altera el producto.

—Eso es una gilipollez. No es en absoluto lo mismo —interrumpe Katsuki, exasperado por la ingenuidad de su antigua compañera—. Si la destruyeron después de escapar, la pregunta es por qué pudieron salir. Y tengo la sensación de que eso podría explicar por qué han podido moverse con libertad hasta ahora.

Togata y Amajiki miran a Shouto, interrogándolo con la mirada. Katsuki mira al techo para evitar que hagan lo mismo con él, exasperado. Si no hubiese estado de acuerdo en contar lo que saben, no habrían hecho esta reunión. Con más rodeos y explicaciones que Shouto, Togata relata lo que descubrió un par de semanas atrás en sus espionajes por el complejo. Diversas expresiones de horror y enfado pueblan las caras de los demás, pero Katsuki se da cuenta de que ninguno parece sorprendido por los ataques sufridos por otros héroes y personas civiles mientras ellos han estado entrenando en el complejo.

—No tenía sentido que los villanos estuviesen ociosos. Lo que me pregunto es por qué nadie dijo o hizo nada al respecto en lugar de mantenernos ocupados en sitios como este —dice Izuku cuando lo expresa en voz alta.

—Es como si nos hubieran estado distrayendo —murmura Amajiki.

—En esencia, así ha sido —asiente Shouto—. Las ciudades y la población han estado sin héroes durante semanas enteras.

Yaoyorozu se levanta y pasea por la habitación. Apenas puede dar un par de pasos antes de tener que darse media vuelta, pero lo hace durante varios segundos, bajo la atenta mirada de todos.

—Sabes algo —afirma Katsuki, malhumorado, dirigiéndose a ella. Por ahora, le han dado ellos más información a ella que al revés. Sabe que Shouto confía en ella y que siempre han sido buenos amigos y colegas, pero la sensación de malestar sobre todo lo relacionado con la Comisión de Héroes no se termina de ir de su estómago.

—En realidad, no. No estoy tan arriba dentro de la organización como podéis creer —niega Yaoyorozu—. Pero…

—Solamente dilo, joder —se impacienta Katsuki.

—Datos que sé —enumera Yaoyorozu, deteniéndose en su nervioso paseo. Se arremanga la chaqueta y, utilizando su Don, extrae de su brazo un rotulador y una pizarra que entrega a Uraraka. La chica sostiene la pizarra para permitir que la heroína pueda escribir en ella a la vez que habla—. La criminalidad desde Kamino hasta ahora ha descendido brutalmente. A comienzos de este año, estaba en mínimos históricos. Sin embargo, los incidentes de uso accidental, inadecuado o ilegal de Don han ido aumentando progresivamente y ahora están disparados.

—¿Qué tiene que ver eso con lo que estamos diciendo? —protesta Katsuki, pero Shouto niega con la cabeza para pedirle silencio, mirando intrigado a Yaoyorozu.

—Lo siento, Katsuki, pero yo sólo puedo hablar de lo que yo conozco y en la Comisión me dedico a evaluar esto. Mi departamento es el que concede las licencias de uso autorizado de Don en entornos civiles.

—Como el mío —asiente Uraraka. Todos la miran sorprendidos, menos Izuku—. Tengo autorización para utilizar el Don en la empresa de mis padres, nos ahorra muchísima maquinaria.

—Por eso tienes tanto control de él —dice Hatsume, orgullosa. Uraraka asiente y se sonroja. Katsuki observa que Izuku sonríe a su amiga con afecto también.

—También ha aumentado muchísimo la demanda de autorizaciones. —Yaoyorozu lo apunta en la pizarra—. La mayor parte se deniegan, por supuesto. Nuestras encuestas informan de que hay un descontento creciente entre la ciudadanía debido a estos rechazos.

—Es cierto —dice Sero, pensativo—. Ha salido en los informativos en varias ocasiones.

—Y también es verdad que en nuestra agencia crecieron los casos de incidencias por uso accidental o no autorizado —confirma Togata, intercambiando una mirada con Amajiki, que asiente para darle la razón.

—Sigo sin ver el sentido a todo esto —vuelve a repetir Katsuki, pero Yaoyorozu está apuntando en la pizarra, en una segunda columna, la información de Togata y Shouto.

—Yo sí —dice Izuku, súbitamente. Katsuki lo mira, airado por la contradicción, pero el chico no se amilana y se incorpora torpemente—. Claro que tiene sentido, Dyn… Kats… Bakugou. —Exasperado, Katsuki pone los ojos en blanco. Cuando ha dado permiso al resto para referirse a él por su apellido en lugar de su nombre de héroe, ha intentado indicarle a Izuku que él ya lo llama por su nombre en privado y que la orden de ser formal con él en público ya no está vigente, pero no se ha enterado—. Es como un puzle. Como cuando Hatsume y yo necesitamos encontrar la forma de encajar un mecanismo. Tenemos las piezas, sólo hay que colocarlas en su sitio.

»Stain —continúa Izuku—, marcó un antes y un después. Yo era muy pequeño, pero recuerdo perfectamente las noticias alrededor de sus ideas. De hecho —admite avergonzado—, tengo en casa un libro que detalla su ideario y aplicaciones. Como… un tomo de filosofía. Estaba en las lecturas recomendadas de mi instituto de secundaria, y me pareció muy interesante en su momento.

—Un análisis profundo de la ideología de Stain: vida e ideas de Chizome Akaguro —dice Kaminari, incorporándose con interés. Izuku asiente, entusiasmado. Katsuki resopla y Shouto frunce el ceño, es la segunda vez que el villano sale a relucir en unas pocas horas. Primero Endeavour y ahora Izuku—. Yo también lo leí. Se puso muy de moda hará cosa de unos seis o siete años.

—Y yo —interviene Shinsou lacónicamente.

—¿Os hacen leer a Stain en el instituto? —pregunta Shouto, atónito.

—Sólo es una lectura recomendada en la asignatura de filosofía —matiza Izuku, un poco azorado.

Las chicas también asienten. Katsuki no necesita ser un genio para darse cuenta de qué tienen en común todos ellos, dado que ni sus compañeros ni Sero han parecido reconocer el título del libro: la edad. Para Amajiki, Yaoyorozu, Togata y él mismo, Stain es un villano cuya detención fue muy relevante durante su formación, pero jamás se habría planteado leer un libro desde el punto de vista de un villano asesino de héroes. Para Shouto, que se enfrentó a él junto con Iida, quizá tenga una influencia diferente por el impacto que supuso hacerlo, pero tampoco lo imagina leyendo un libro así.

—Stain defendía el uso de los Dones, fundamentalmente. Renegaba de la sociedad de héroes profesionales y decía que estos habían corrompido el verdadero heroísmo. Así que, en esencia, lo que quería decir es que todo el mundo puede ser un héroe y utilizar su Don como tal, sin la gentrificación que supone clasificar y profesionalizar las habilidades innatas —explica Izuku a los héroes, señalando las estadísticas que Yaoyorozu ha apuntado—. ¿Cuántos de estos incidentes se deben a actos heroicos por parte de civiles?

—Intromisiones imprudentes —matiza Yaoyorozu, pero Izuku sacude la cabeza y encoge los hombros, sin importarle la denominación.

—El chaval tiene razón —murmura Amajiki en voz baja al mismo tiempo que Yaoyorozu se embarca en una extensa explicación de porcentajes. Exasperado, Katsuki, los interrumpe a ambos:

—¿Por qué está todo el mundo empeñado en que esto es culpa de Stain? —Izuku y Kaminari se encogen de hombros al mismo tiempo, no muy seguros de qué han querido decir, ya que no saben acerca de la conversación con Endeavour—. Lleva encerrado en Tártaro desde que Shouto e Iida ayudaron a capturarlo, es absurdo que…

—En realidad… —Izuku se muerde el labio inferior. Katsuki ve cómo sus dientes blancos se clavan en suave textura de la carne unos segundos. Abre los labios y los lame acto seguido, provocando que se enrojezcan con sorprendente rapidez, destacando en el rostro pensativo de Izuku—, lo que estoy intentando decir es que las ideas de Stain han acabado distorsionándose y calando en la sociedad y han encontrado un caldo de cultivo ideal para desarrollarse. ¿Cuánta gente quiere utilizar su Don? Más que nunca. ¿Cuántos héroes hay en activo ahora mismo? Ni la mitad que cuando yo era pequeño.

—Ese fue el regalo de All Might. Su última contribución como símbolo de la paz —dice Shouto, impasible—. Su retiro supuso el fin del símbolo de la paz, pero parar a All for One y detener a la Liga de Villanos, incluso al coste que supuso Kamino, fue el regalo que nos hizo. Los datos que Yaoyorozu ha dado son correctos: desde ese momento el número de villanos ha descendido, salvo que consideremos villanos a quienes utilizan el Don ilegalmente para ayudar a otras personas.

—No estoy de acuerdo —dice Hatsume. Shouto la mira, con interés. Katsuki también, la chica ha demostrado ser tan inteligente, o más, que Izuku, y ambos están acostumbrados a pensar creativamente—. Correlación no significa causalidad, eso es de primero de análisis de datos. Creo que estáis haciendo una lectura simplista: All Might se retiró y el número de villanos bajó, así que ya no eran necesarios tantos héroes. Sin embargo, yo creo que se pueden interpretar de otra manera: El número de héroes descendió y eso provocó una bajada en la incidencia criminal.

—¡Eso es absurdo! —protesta Katsuki, y una pequeña explosión en sus dedos acompaña el exabrupto. Sin embargo, Izuku está asintiendo. Y Yaoyorozu también. Hasta Amajiki se ha separado de la jamba de la puerta para mirar con interés a la chica.

—No lo es. Está demostrado que hay una correlación entre disminuir el número de efectivos policiales y el descenso de la criminalidad —insiste Hatsume—. La tendencia en bajada de la criminalidad data desde los inicios de All Might, pero ha continuado de forma similar durante todos estos años según los datos recogidos.

—All Might era el símbolo de la paz —dice Shouto que, pese a su rostro inexpresivo, está dolido por el cuestionamiento de la chica.

—Lo era a ojos de la sociedad. Pero el caso es que su retiro no supuso incrementar la plantilla de héroes profesionales, sino todo lo contrario. —Es Kaminari quien ha contestado, no Hatsume. Cuando todos le miran, vuelve a encogerse de hombros—. Está en el libro sobre Stain, en la parte en la que comenta que, en cierto modo, triunfó. Stain consideraba a All Might el único héroe profesional legítimo y su retiro suponía, desde su punto de vista, el final de la era de los héroes profesionales.

Tras unos segundos de silencio, Yaoyorozu anota en la pizarra lo que acaban de comentar Izuku, Kaminari y Hatsume. Sólo el rotulador, chirriando sobre la superficie, suena en la habitación.

—Lo siento, pero estoy con Bakugou. No le veo el sentido. Sí —dice Togata, levantando la mano para pedir silencio antes de que Hatsume lo interrumpa—, entiendo qué queréis decir y me parece interesante, pero no tiene que ver con lo que estábamos diciendo.

«Sólo que sí. Es el caldo de cultivo perfecto», piensa Katsuki, comprendiendo que Izuku tiene razón al sacar a colación la forma en la que la sociedad ha cambiado de mentalidad respecto a los héroes durante la última década y por qué. Le dirige una mirada de orgullo, pero Izuku no se da cuenta, demasiado ensimismado en elaborar el siguiente razonamiento.

—Que una fuga de estas dimensiones es… conveniente, sí. Justo en este momento —dice finalmente Shouto, muy despacio, buscando las palabras y aprovechando para resumirles, de forma somera, las sospechas de Endeavour. Izuku asiente al escucharlo.

—Pocos héroes, una generación que ha crecido en paz, sin conocer el peligro de la Liga de Villanos ni villanos con Dones devastadores, y un montón de gente a la cual la sola posibilidad le despierta miedos enterrados hace años —dice, mordiéndose de nuevo el labio—. De pronto, es necesario reclutar más héroes. Convertir a toda aquella persona con posibilidad de pelear en uno de ellos. Stain no triunfó, pero podría hacerlo ahora. Como podría haberlo hecho All for One —añade, mirando a Kaminari en busca de apoyo, que asiente lentamente, con los ojos muy abiertos.

—Satisfacer una necesidad para resolver un problema que has creado tú mismo no es algo novedoso en política —remata Shinsou, interviniendo de nuevo.

—Entonces… ¿estamos aquí para determinar que toda esta cagada ha sido culpa… de los weones del gobierno? ¿De la Comisión de Seguridad Pública? ¿Del primer ministro o el emperador? —Sero frunce el ceño y parece incómodo.

—Yo sólo digo que o bien la prisión no era inexpugnable, o bien la Liga de Villanos recibió ayuda externa —dice Hatsume—. Y, dado que nadie se ha arrogado el mérito y la Liga no tenía cómplices, hay que buscar quien se beneficia de las consecuencias para empezar a encontrar respuestas.

—Yo apostaría por la Comisión —dice Izuku—. Cuando quieres saber quién ha creado el problema, tienes que mirar también quién se ha apuntado el tanto de la resolución de este. Fue la Comisión quien redujo el nivel de héroes, consiguiendo atajar un problema. Tiene sentido que haya sido la Comisión también, con este reclutamiento en el que, de pronto, los civiles pueden utilizar sus Dones libremente, consiga llevarse el mérito de la victoria y reconectar con la población.

—All for One también lo creía. —Los héroes miran a Katsuki, sorprendidos por la información que, hasta ahora, se había callado—. Él también pensaba que había alguien más. Intentó cautivarme durante nuestro combate utilizando ese argumento. Creo que el Don que utilizaba funcionaba mejor con verdades, porque eran las que realmente iban impregnadas de ese carisma empalagoso.

—No consta en los informes que…

—Creí que era mejor callármelo por ahora —interrumpe a Yaoyorozu—. Igual que he preferido no decir que sé que Monoma está muerto. Lo asesinó la Liga de Villanos. —No aclara que eso también lo sabe por el villano, pero no es necesario. La reacción entre sus compañeros es más de tristeza que de sorpresa.

—¿Eso es lo que nos espera a todos? ¿Morir sin que a nadie de la Comisión le importe lo suficiente como para investigarlo? ¿Ser herramientas de una… conspiración? —pregunta Amajiki con amargura. Katsuki aprieta los labios, recordando que él ha perdido a Best Jeanist, pero que tanto Togata como Amajiki, a pesar del buen humor habitual y el entusiasmo del primero, han perdido a Fat Gum.

Yaoyorozu parece querer decir algo, pero se arrepiente en el último segundo y Katsuki lo agradece: no quiere escuchar ninguna excusa sobre lo ocupada que ha estado la Comisión durante las últimas semanas.

—Aun así… Una… ¿conspiración política? Ha muerto mucha gente para que sea algo tan… estúpido. —Togata se mesa el pelo. Ha perdido su habitual sonrisa y su rostro está tan sombrío como el de Amajiki.

—Sólo encajo las piezas del puzle con la información que hay —dice Izuku con tono de disculpa, señalando la pizarra. Katsuki, que quiere gritarle que no se disculpe, que si les están contando todo esto es, precisamente, porque necesitaban oídos objetivos y externos a la Comisión que pudieran señalarles las obviedades que se estaban escapando por estar demasiado metidos en el bosque como ver los árboles, le toma la mano y se la aprieta con decisión. Izuku se muerde el labio y frunce el ceño, mirando hacia el punto donde sus manos se unen, pero no lo suelta.

—También importa quién se ha embolsado el dinero —interviene Shinsou, atrayendo la atención de todos, perplejos—. Hay dinero de por medio, estoy seguro. Siempre lo hay. Mantener estos complejos, toda la gente que debe trabajar aquí para los reclutas… todo esto cuesta dinero. Hay alguien embolsándose ese dinero, sólo hay que seguirle el rastro. Siempre hay alguien que se enriquece con las crisis, basta con mirar en su dirección para comprender muchas cosas.

—Eso no es un secreto —gruñe Katsuki, señalando el logotipo que adorna la mayoría de los mobiliarios e, incluso, sus uniformes—. Detnerat.

Diligente, Yaoyorozu escribe el nombre de la empresa en la pizarra, junto a los demás conceptos y datos que ha ido anotando. Duda un instante, pero al final añade los nombres de la presidenta de la Comisión y el CEO de Detnerat y los relaciona con dos círculos entrecruzados.

—¿Están casados? —Yaoyorozu asiente ante la pregunta incrédula de Shinsou—. ¿Y a nadie le parece mal el claro conflicto de intereses que eso conlleva?

—Bienvenido a la corrupción política —gruñe Katsuki, que se está tallando los ojos, un poco frustrado por tanta información aparentemente plagada de villanos invisibles.

—No es un dato muy conocido. Y quizá no sea relevante —dice Yaoyorozu, dubitativa aún sobre añadir el dato, pero un resoplido común por parte de todos los demás zanja la cuestión—. Aun así, me parece un dato pobre para sustentar responsabilidad alguna.

—¿Cómo no va a ser relevante que la presidenta de la entidad que debe autorizar los productos de una empresa esté casada con el dueño de dicha empresa? —Kaminari resopla, disgustado, volviendo la mirada alternativamente entre Yaoyorozu y Shinsou.

—¿Sabéis una de las quejas más frecuentes del sector de apoyo? —pregunta Hatsume, repentinamente. Izuku asiente inmediatamente, anticipando qué va a decir su amiga, pero el resto la mira expectante—. Que no hay trabajo suficiente. Cuando el número de héroes se redujo, lo hizo paulatinamente. No se sustituyeron los héroes caídos en Kamino, unas agencias absorbieron a otras, las academias se fusionaron o redujeron la matriculación disponible en las especialidades de héroe.

—Ya lo sabemos —gruñe Katsuki, que comprende por dónde va la chica y está empezando a impacientarse con rumbo que está tomando la conversación. Sospecha que, al final, van a meterse en otro lío que no se soluciona con explosiones y atrapando a un par de villanos y esa es la parte que peor se le da de su trabajo de héroe.

—Debido a ello y a que no se dejó de formar en esa área, hay un exceso de inventores y mecánicos. Varias empresas importantes han cerrado en los últimos años o han sido absorbidas por Detnerat —explica Hatsume—. Es lógico, no hay demanda suficiente al no haber tantos héroes activos. Detnerat se ha hecho con la mayor cuota de mercado y es prácticamente un monopolio. Incluido esto —añade, señalando el logotipo de la empresa en su uniforme—. Shinsou dice que hay que mirar quién se está embolsando el dinero, yo lo veo claro.

—¿En qué quedamos, po? —Sero sacude la cabeza con impaciencia al hacer la pregunta—. ¿Es la Comisión o Detnerat?

—Decir que una empresa ha liberado a un grupo de villanos sólo para enriquecerse con contratos gubernamentales es un tanto… ¿excesivo? —dice Togata, pero Katsuki puede ver en sus ojos, y en los de los demás, que ninguno lo considera descabellado. Ni siquiera él. Nadie en esa habitación, por muchas trabas que se planteen a los argumentos, es idiota.

—Cuadra —musita Izuku, pensativo. Todavía tiene la mirada fija en la mano que Katsuki envuelve con la suya, pero no parece verla—. Un país con menos criminalidad implica menos héroes. Si resulta que menos héroes redundan en menos criminalidad, como ha dicho Mei… eso es menos poder para la Comisión de Seguridad y, por tanto, para quienes la gestionan.

—Y ahora, desde la Comisión, hemos alentado que un grupo numeroso de civiles practiquen su Don con fines defensivos —murmura Yaoyorozu—. Esto va a considerarse un éxito: gracias a la organización de la Comisión y al patriotismo ciudadano, se ha conseguido salvar un problema que, hace apenas una década, era algo que sólo All Might podía conseguir.

—¿Tienes información oficial al respecto? —pregunta Shouto, pero Yaoyorozu niega con la cabeza.

—No creo que tarden mucho en planificarlo. Sólo pensar en cómo se ha organizado este funeral en reacción a lo ocurrido en Musutafu da pistas sobre cómo van a gestionarlo desde la Comisión. Ya hace unas semanas, tras el arresto de Spinner y Twice, se empezó a hablar de lo oportuno que sería que más porcentaje de la población tuviese formación.

—Una especie de… ¿servicio militar? —pregunta Kaminari, pero Yaoyorozu hace una mueca, pensativa, y no responde.

—En internet ya hay gente aprovechándose ya de ello —dice Shinsou, secamente—. Personas que abogan por poder emplear los Dones, que dicen que All for One tenía parte de razón, quizá no en los métodos, pero sí en el fondo. La Liga de Villanos ha calado hondo en un sector de la sociedad. —«El suyo», piensa Katsuki y después, al mirar a Izuku de reojo, comprende que también en el de las personas sin Don que quieren encajar en el mundo.

—Como con Stain —apunta Kaminari, deseoso de apoyar al chico, al que mira con intensidad.

—Y la conexión entre todo eso no es difícil de hacer —murmura Uraraka, que mira la pizarra desde arriba, bizqueando levemente los ojos de una forma que Katsuki habría considerado cómica en otras circunstancias—. Más personas queriendo utilizar sus Dones o capaces de hacerlo y más héroes para rentabilizar el miedo de la población significan muchos más dispositivos de soporte y licencias para todos ellos que la Comisión tiene que regular.

—Y para la gente sin Don —murmura Izuku de forma casi inaudible.

—En resumen, la Comisión es quien obtiene influencia y poder y Detnerat quien gana dinero —resume Uraraka, dando la vuelta a la pizarra y pidiendo el rotulador a Yaoyorozu para apuntar la conclusión, subrayándola dos veces.

—Son una panda de corruptos como la mierda —masculla Sero, sacudiendo la cabeza.

—Dabi tenía razón. —Katsuki frunce el ceño, cabreado al oír a Shouto, pero este parece más triste que otra cosa—. La Liga de Villanos ha vencido, pues. La gente ha perdido la confianza en los héroes y querrá utilizar sus propios Dones de forma individualista. La Comisión pervivirá políticamente, porque seguirá regulando ese aspecto. Detnerat crecerá económicamente. Y se enriquecerá.

—Probablemente, hasta haya un aumento del número de héroes —apunta Togata, con amargura—. Más gente utilizando su Don, legal o ilegalmente, será justificación suficiente para incrementar la plantilla, y a la gente le atraerá la idea, porque se sentirá insegura al creer que otros pueden utilizar sus Dones de manera perjudicial. A mí me habría parecido bien hasta hace un rato, antes de esta conversación.

—La inestabilidad y la inseguridad es donde medran los cabrones sin escrúpulos —murmura Katsuki, con un rictus de desagrado en los labios.

—Por no hablar de que Detnerat tiene en su poder muestras de muchísimos de los Dones de los mejores héroes del país, como Eraserhead… —La voz de Yaoyorozu se pierde mientras se sume en sus pensamientos.

—Eso son dispositivos de soporte que pueden crear y vender a gente que los necesite para controlar o aprovechar su Don. O, incluso —añade Hatsume, mirando de reojo a Izuku—, sustituirlos. —Izuku asiente, distraídamente, y Katsuki piensa en cómo los guantes que el chico diseñó, rústicos y primitivos, habían bastado para disimular un Don inexistente.

—Con la tecnología que tienen a su disposición, Detnerat estaría en condiciones de ofrecer a través de sus dispositivos lo que prometía All for One en un momento en el que la sociedad está más receptiva que nunca a algo así —dice Shouto, verbalizando los pensamientos de Katsuki—. Por eso lo necesitaba a él y no a Stain o a algún otro villano de Tártaro. Con sus objetos de soporte, podría recrear Dones, por ejemplo. O ayudar a gente que no pueda utilizar los suyos.

—¿Y quién se va a negar a que eso ocurra, planteado así, después de todo lo que ha ocurrido? Alguien con un altavoz potente que enfrentase a unas elecciones con algo así en su programa probablemente arañaría votos gracias a ello —dice Shinsou.

—No debería ser así —murmura Izuku, mirando a su antiguo compañero de clase—. Tiene que haber otras formas de plantearlo, de que la gente comprenda…

—Eso no les importa a personas que son capaces de liberar a un puñado de villanos peligrosos y dispuestos a imponerse violentamente sobre la sociedad —dice Katsuki, negando con la cabeza.

—Es asqueroso —dice Togata, con gesto de asco—. Una consolida su puesto de trabajo con las influencias que reporta y el otro aumenta sus ganancias, mientras el resto perdemos, ocurra lo que ocurra.

—Es lo que tiene ser herramientas: que estamos a disposición de quienes las usan. Y no todo el mundo quiere martillos para machacar clavos —masculla Amajiki.

—Lo dijeron en la reunión, ¿recordáis? —dice Shouto, dirigiéndose a los héroes profesionales—. Que era hora de que la sociedad volviese a confiar en los héroes profesionales como en la época de All Might y al mismo tiempo querían dar tiempo a la Alianza de Villanos a prepararse, a dispersar parte de su miedo e ideas. Querían controlar el posible daño. Y consiguieron que estuviésemos más o menos de acuerdo.

—Ocurriese lo que ocurriese, ellos ganaban —comprende Amajiki.

Un silencio ominoso se apodera de la atestada habitación. Hace tanto calor que Katsuki está sudando y tiene la camiseta empapada y las palmas de las manos húmedas. Angustiado por la idea de que a Izuku pueda molestarle, le suelta la mano y se seca el sudor en el pantalón. Va a volver a sujetársela, porque lo nota removerse nervioso y frustrado por las conclusiones que han sacado, pero Izuku se ha abrazado a sí mismo en cuanto le ha dejado la mano libre, sujetándose el muñón. En su rostro, pensativo y con el ceño fruncido, se dibuja también enfado y frustración.

—En realidad, todo esto da igual. No tenemos pruebas. —Yaoyorozu tira el rotulador sobre el pequeño escritorio y se acuclilla, mesándose el cabello—. Sé que todo tiene sentido y que es una explicación plausible, pero… Sólo son elucubraciones.

—Yo creo que estamos en lo cierto —dice Togata, con el semblante serio. Kaminari, Sero e Izuku expresan su acuerdo de manera más o menos audible, pero el resto tiene la misma expresión cauta que Yaoyorozu.

—¿Y ahora qué? —pregunta Sero, preocupado—. Somos civiles, weones sin importancia para cualquiera que tenga poder real y esta información es grave. ¿Por qué habláis de esto con nosotros?

—Era justo —dice Shouto, encogiéndose de hombros.

—Nosotros queríamos poner nuestras ideas en común, vosotros teníais algo que aportar —murmura Togata.

—Habéis puesto en peligro vuestras vidas y habéis peleado a nuestro lado contra unos villanos que, según todos los indicios, podrían haber soltado desde la misma Comisión de Héroes que os ha hecho venir aquí. Claro que os merecíais estar aquí. A mí me habría gustado saberlo —dice Katsuki, mirando de reojo a Izuku, que parece más enfadado que antes.

—Esperad, ¿no vamos a hacer nada? —pregunta Izuku, con los ojos abiertos de par en par por la incredulidad. Katsuki, por su parte, frunce el ceño. No está seguro de qué deben hacer. Hace una década se habría lanzado contra quien hubiese hecho falta, ahora ni siquiera tiene claro que haya alguien contra quien pelear—. ¿En serio creéis que la presidenta de la Comisión ha liberado unos villanos para enriquecerse ella y su marido y no vais a hacer nada?

Shouto levanta las cejas, Yaoyorozu las frunce, Amajiki golpea la frente contra el lateral de la puerta y Togata niega con la cabeza. Las palmas de las manos de Katsuki chisporrotean, traduciendo su propia frustración en pequeñas explosiones que estallan y llaman la atención del resto, sobre todo de Izuku, que las mira con el ceño fruncido.

—¿Sin pruebas? —pregunta Shouto.

—Se pueden conseguir —dice Izuku, insistiendo, pero Amajiki niega con la cabeza.

—A mí tampoco me gusta que me utilicen de esta forma, y mucho menos ser un peón sacrificable en un tablero —dice Katsuki, que comprende la frustración de Sero, la de Izuku e incluso la que se intuye en los labios apretados de Shinsou—. Pero no podemos entrar en la Comisión, zarandearlos y obligarlos a confesar o allanar las oficinas de Detnerat y arrestar a Yotsubashi. No serviría de nada.

—Son gente lo suficientemente poderosa como para organizar esto sin que nadie los señale públicamente. Cuentan con el poder fáctico, económico y mediático —dice Yaoyorozu, apoyándolo—. Si estamos en lo cierto… bueno, ya lo han conseguido. A vosotros os mandarán a casa, a nosotros nos enviarán de vuelta a las agencias, quizá alguno sea reclutado para dar clases en alguna academia...

—Alguien hará un discurso político a toda la población, felicitándose por el éxito de la actuación de la Comisión y la inestimable colaboración de Detnerat, como han hecho esta mañana durante el funeral. Quizá, incluso, cuenten con algunos de los que estamos aquí para avalar sus palabras. —Shouto mira directamente a Katsuki al decir estas palabras—. No hay duda de que las imágenes de esta mañana se divulgarán por las televisiones de todo Japón, quizá de todo el mundo. Para cuando se puedan señalar y demostrar los cambios, fundamentar una acusación sólida, será demasiado tarde.

—Además, seguro que os condecoran. Al menos a Midoriya, Uraraka y Shinsou, que estoy seguro de que han salido en las imágenes en directo de los informativos —añade Togata, apretando los labios—. Aprovecharán vuestras historias de superación, os pondrán como ejemplos. Hablarán de una nueva época para los héroes, igual que cuando lo de Kamino.

—Y a vosotros dos —dice Katsuki, señalando a Izuku y Hatsume. Izuku sigue negándose a levantar la mirada y tiene el ceño fruncido—, si se cumplen nuestras peores expectativas, no os faltará trabajo en los próximos años.

Llevan muchas horas charlando. Katsuki está agotado y ve rastros del mismo cansancio en los rostros de los demás. Hay frustración en Shinsou, pero juraría que ve alivio en el Uraraka. Togata parece dolido todavía. No lo culpa, llegar a la conclusión de que Best Jeanist y Fat Gum han muerto sólo por los movimientos megalómanos de un par de personas poderosas y ricas que quieren ser más poderosas y ricas es repugnante.

Exasperado, Katsuki se pone en pie y se sacude los pantalones antes de contestar. Extiende la mano hacia Izuku para ayudarlo a levantarse también. Aunque duda varios segundos, el chico la acepta y Katsuki tira de él, dispuesto a marcharse con él de regreso al dormitorio para alejarlo del ambiente creado en la improvisada reunión y despejar su mente de cualquier idea que pueda estar cruzándola.

—Esto es política. Los héroes no nos metemos en política. Sin pruebas, sólo son suposiciones. Conclusiones en el fragor de una conversación que, quizá, sólo esté sacando las cosas de quicio —murmura Shouto, desanimado.

—¿Vamos a dejar que unos villanos se salgan con la suya sólo porque no están utilizando sus Dones? ¿De qué sirve hablar de ello si no hacemos nada? —pregunta Izuku, levantando la mirada hacia Katsuki—. ¿O sólo es que no quieres involucrarnos?

—Nunca debisteis veros involucrados, pero teníais derecho a saber y participar. Ahora, en cambio, no hay nada que hacer, más allá de elucubrar —replica Katsuki un tanto enfadado, al comprender que Izuku está cabreado por lo que ha dicho antes y por la decisión de no hacer nada—. Volveréis a casa. Regresareis a vuestra vida y recordaréis esto como una aventura. Y, con suerte, estaremos equivocados y algún día todos recordaremos esta conversación como una estupidez.

Katsuki mira directamente a Izuku mientras dice esto que, a pesar de sus palabras anteriores, agacha la cabeza. También Sero o Kaminari, que habían estado expectantes ante la perspectiva de regresar, parecen un tanto confusos y no muestran alegría. Shinsou ha apoyado la nuca contra la pared y mira el techo, su expresión es indescifrable. Uraraka parece aliviada, aunque triste. Hatsume está pensativa, aunque tuerce la boca en un gesto de inconformidad.

Izuku, en cambio, sigue cabizbajo y no lo mira.


Nota: Este es, hasta ahora, el capítulo más largo del fic, con más de 10k palabras. La semana pasada estuve a puntito de tomar los capítulos 37, 38, 39 y 40 y dividirlos en cinco en lugar de en cuatro, pero el corte de este capítulo no me gustaba (aunque sí la idea de dividir la reunión en dos partes y que tuviera al inicio y al final, respectivamente, el final del anterior capítulo y el inicio del siguiente. En fin, al final decidí no tocarlo, espero no arrepentirme, jajaja. Además, con este capítulo sobrepasamos las 300k palabras de fic publicadas y por tanto quedan menos de 150k por delante.

Muchísimas gracias por la paciencia.